"Dijiste que nunca quisiste verme herido. ¿Cerraste los ojos cuando lloré?"
Anónimo.
Lo primero que sintió James fue que su espalda fue duramente golpeada en un suelo de madera polvoriento, oscuro y mugroso.
El chico logró entreabrir los ojos. Viendo unas vigas avejentadas que le resultaban muy familiares.
—¿Que pasa Potter? ¿has olvidado donde llevas al sucio de tu perro a transformarse en luna llena?—preguntó con malicia mientras Severus empezaba a dar vueltas alrededor de James.
El león trató de levantarse, pero la varita del Slytherin apuntándolo le indicaba que era una buena idea.
—Te salvé de que te matase Snape.
—¡Oh!, ¿Ahora soy Snape?—Severus se inclinó hacia el Gryffindor clavándole su varita en la yugular con fuerza—¿Que creías que debería hacer Potter?—preguntó con un suave susurro parecido a una serpiente—¿besarte los pies por que así no tendrías que dar explicaciones de que el cucho sarnoso de Black me atrajo aquí para matarme? ¿que me salvaste por conveniencia? Porque algo tan jugoso como un licántropo en un colegio es muy tentador ¿no crees?
James apretó con fuerza la mandíbula. Fue iluso al pensar que podría usar aquello como bote de salva vidas. Grave error.
El Slytherin se enderezó de repente sin dejar de apuntarlo con su varita.
—¡Levanta!
James acató las ordenes sin rechistar. Su propio instinto le indicaba que aquel momento no era el más idóneo para revelarse contra uno de los mejores duelistas que había en Hogwarts.
—Dime Potter—escupió con asco—¿que creer que te va a ocurrir ahora?
James levantó el mentón sin dejar que el miedo que tenía en esos momentos hiciera que se doblegara ante aquella serpiente que era más una víbora que otra cosa.
—Hum, no lo sé ¿porque no me lo dices?—respondió levantando las manos en señal de rendición.—¿sabes? No te deseo mal, suficiente tienes con esa cara.
—Oh, la arrogancia de los Potter no tiene límites.—sonrió sarcásticamente— que lástima que no te vaya a durar mucho. —Severus alzó su varita, y sin rastro de conciencia alzó su varita.—Crucio.
En ese momento un rayo rojo impactó en el pecho de James causándole una terrible agonía en su cuerpo. Cientos y cientos de cuchillos al rojo vivo se insertaban en su piel. Los gritos no tardaron en hacer oír. Los alaridos de James eran tan fuertes que Severus tuvo que taparse los oídos de lo molesto que era. No supo cuanto tiempo había retenido el hechizo. Quería seguir, seguir hasta volverlo loco, pero en caso de hacerlo no podría seguir haciéndole el daño que el deseaba.
Hizo un suave gesto con la varita. Más bien con una arrolladora desgana provocando que el tormento del león se terminara finalmente.
James trató de pegar bocanadas de aire. No podía más, quería acabar con ese dolor de inmediato. No sabía como Severus había logrado recuperarse con ese velocidad. Y más aún al comprender el verdadero dolor que significaba pasar por esa imperdonable. Todavía podía sentir los cuchillos en sus ligamentos musculares, todavía podía sentir como el fuego le quemaba el cerebro. El terrible dolor de que sus entrañas habían sido atravesado con un hierro incandescente.
—Dime Potter ¿te diviertes?—preguntó Severus dejando que su pie pisara sin contemplación el estómago del león—tendrías que mirarte. Una escena preciosa. El león bajo los pies de una serpiente. Algo irónico ¿no crees?
James no podía ni pensar con claridad. Aquel hechizo había agotado todo rastro de mínima fuerza para defenderse. Ahora estaba a la merced de aquel alumno demente que disfrutaba como perturbado con su dolor.
—Tengo curiosidad, ¿que fue lo que detono la ira del aclamado y amado san Potter?—Severus se puso en cuclillas, agachándose hasta llegar casi a su misma altura—Vivar es un tipo de naturaleza tranquila, por eso pregunto; ¿que fue lo que hizo que te ensañaras con él?
James respiró con dificultad. Contestaría a todas las preguntas, eso sin dudarlo. No quería volver a sentir ese terrible hechizo en su cuerpo.
—L… l… lo s…sien… to.—dijo como pudo en un arranque de fuerzas—no… no… s… se q… que m…e… ocu...rrió. N… n… no s… se q… que p… a… a… so.—James trató de acomodar su espalda en la pared—¿q… que… m… ás… d… da? E… el… e… es… ta… b… bi… bien.—trató de exculparse como pudo.
Severus sin embargo sintió una renovada ira ¿el estaba bien? ¡lo había dejado hospitalizado con huesos rotos! Aunque, por otro lado, Snape no se sorprendió en absoluto de aquella reacción. La mala costumbre de Potter era sin dudas, no cargar con la culpa. Como si el siempre fuera la víctima. Algo, que definitivamente enfureció al Slytherin.
—Te diré unas cuantas cosas. —dijo con un escalofriante tono de voz mientras agarraba por los pelos la cabeza de James—le partiste el pómulo, los ligamentos de la espalda; los destrozaste. Sus manos lo mismo. Su cara, oh. Si que te cebaste. La ceja partida, parte del cráneo fracturado, la nariz rota… y así un largo etcétera—Severus apretó aún más su agarre, empezando a causarle aún más dolor en el cuero cabelludo—ni siquiera conmigo llegué a tener ese estado tan decrépito y miserable.
James tragó con fuerza y en cuestión de segundos su cuerpo se elevó. Snape lo estaba levantando tirándole de los pelos. No pudo ni si quiera llegar a tener un pensamiento claro y lógico de la situación cuando sintió que su rostro era salvajemente estampado contra la pared. La sangre del chico empezó a brotar con fuerza, sintiendo como caía por su rostro. No se atrevía ni a abrir los ojos. De primeras, por que de hacerlo, sentiría que los cristales de sus gafas se clavarían en sus globos oculares.
El agarre del Slytherin cesó, dejando que este cayera abruptamente al suelo con un terrible dolor en la cabeza, con el sonid sordo de las gafas rompiéndose en mil pedazos.
—¿T… tan… to… t… te… im...por...ta?— preguntó incrédulo el Gryffindor al ver en la situación en la que estaba envuelto.
El extraño silencio de Severus hizo que James tuviera fuerzas para darse la vuelta y observar aquella casi imposible expresión de Snape. Lo miró por unos instantes. Parecía confundido. E incluso, el mismo no parecía ni saber por qué estaba llegando hasta esos extremos. Parecía estar teniendo un fuerte debate moral interno.
Severus no comprendía porque ese fuerte apego por el muggle. Un simple y vulgar Squibque no tenía mucho de especial. Demasiados secretos que cargaba en su espalda y que claramente no iba a revelar. Así que; ¿porqué esa preocupación? ¿porque esa inesperada ira al verlo en ese estado? ¿porque esa intensa sensación de hacerle saber que sentía culpa? No era una persona que le preocupase lo que al resto del mundo le pasara… ¿pero porque con Amal si? Ni si quiera habían llegado a conocerse, ni siquiera tenían los mismo años de amistad que había tenido con Lily… ¿porque él? Un sin fín de preguntas cargadas de dudas revoloteaban en su cabeza.
Severus fue bajando lentamente la varita. Dejando que en sus oídos entrasen la burlesca risa de James.
—N… ni… t… tu… m… mis… mo… lo… s… sa… bes.
Por el momento, Severus no sintió la necesidad de maldecirlo. Ya estaba en unas terribles condiciones como para pensar que podría ser una amenaza.
—M… mi… r… ate… pa… te… ti… co.
Severus enarcó la ceja de manera burlona.
—Lo dice el que esta en el suelo arrastrándose como un miserable gusano.
Severus hincó la rodilla en el mugroso suelo y acercó su rostro contra el suyo.
—Sabes Potter, dicen que soy el mejor en legeremancia. Tengo curiosidad por saber que fue lo que realmente pasó en el torreón de astronomía.
James negó la cabeza con insistencia, si el viera los motivos por los que golpeó a Vivar sabía que nada bueno iba a salir. Tenía la terrible sensación de que el no viviría para contarlo. Y sabía que aunque quisiera hacer oclumancia no podría contrarrestarlo teniendo en cuneta el terrible estado en el que se encontraba.
Severus, pese a la insistente negación de James no tuvo ninguna dificultad en derribar las frágiles barreras que Potter había creado. En cuestión de segundos. Se quedó flotando en el aire de sus recuerdos. Vio la absurda charla que había tenido entre su séquito de inútiles. Hablando de arreglar la radio de Peter, hablando de dichosos partido. Conversaciones banales y sin sentido. Viajó enseguida al torreón donde James se había ido. Escuchó la conversación entre James y Amal. Y lo que vino después… aquello… De alguna forma, algo se rompió en él.
La manera en que empezó a desvelar la oscura naturaleza de Severus. Aquella forma tan baja y rastrera de revelar oscuros secretos. Aquellas terribles ansias de separarlo de él. Pero sobre todo, la terrible lealtad de Amal hacia el. La golpiza que sometió a Amal, ver como lanzaba de un lugar a otro como un niño enrabietado. La forma en que lo insultaba. Pero no pudo evitar, que se le quedara grabado en la escena el momento en que le volvió a preguntar si ahora volvía separarse de el.
"Sueña maldito hijo de perra"
Aquellas palabras resonaban como timbales en su cabeza. La acción de valor, que pese en esa situación tuvo el arranque de osadía en hacerle en las condiciones en las que se encontraba un corte de manga.
Vio el cobarde acto de James en hechizar la puerta para que nadie entrara. El descaro de irse de rositas y hacer como si nada hubiese pasado.
Salió de la mente del Gryffindor. Sin llegar a creer lo que había pasado.
¿Porque Amal? ¿porque esa lealtad hacia esa persona? Justamente alguien como Severus ¿porque después de haberlo humillado, denigrado e insultado lo estaba defendiendo? ¿porque permanecer todavía a su lado? La rabia lo estaba consumiendo, la ira lo estaba controlando. Quería más, quería torturarlo de las peores formas. Torturarlo hasta que se volviera loco y no pudiera ni pensar con claridad. Y, pese a las circunstancias, tenía la vaga sensación de que él mismo, si no se controlaba acabaría matándolo. No por que no quisiera. Lo único que lo paraba era la idea de tener que ir a Azkaban.
Algo terrible empezó a emerger de su interior. Algo terrible y escalofriante. Sus ojos negros perdieron el mínimo rastro de humanidad que le quedaban en los ojos. Y sin compasión empezó a asestar los mismos golpes que James asestó con anterioridad a Amal. No podía controlarse, la imagen de Amal con el rostro ensangrentado. En el suelo. Respirando como podía. Más bien, luchando por respirar. La manera tan mezquino, canalla, rastrero y miserable en que golpeó a aquel muggle dominó por completo sus sentidos.
Estaba perdiendo el control de cualquier rastro de misericordia. No era suficiente. No bastaba con que Severus no sintiera ni siquiera sus nudillos, no era suficiente. Quería hacerlo sufrir, quería que sintiera el mismo dolor que le había causado a Amal.
Cuando notó que los nudillos le dolían con intensidad se levantó del suelo con algo más de calma. Respiró varias veces, tratando de recobrar el aliento perdido.
El chico lo apuntó con su varita con aburrimiento.
—¿Te has muerto ya?—preguntó mientras pisaba con fuerza la cabeza del león.
James escupió burbujas de sangre que borbotaban de su garganta.
—T… to… d… a… b… ía… n… o.
Severus lo miró de arriba abajo con una rabia inhumana. Mientras todavía trataba de procesar el motivo de la brutal paliza al muggle.
"Lo golpeó por el simple echo de mantenerse firme en su decisión de querer estar a su lado."
Severus, que momentos anteriores estaba repleto de una rabia iracunda, pasó a una pacífica y tranquila. Aterrando aún más al Gryffindor, augurándole que lo se le venía encima no iba a ser nada bueno. Más aún, cuando tenía esa extraña sonrisa en sus labios.
Ya era hora de poner a prueba su experimento.
El Slytherin alzó la varita y lo apuntó con desgano.
—Sectumsempra.
Una brillante luz blanca impactó contra el cuerpo de James provocando cientos de cortes profundos en su cuerpo. La blusa, que antes estaba manchada de suciedad y salpicaduras de sangre no tardó en teñirse absolutamente de rojo. Severus no podía sentir ni el más mínimo ápice de lástima. No podía, ni quería. Si con eso podía torturarlo estaba más que satisfecho.
—Pobre Peter, no debe de estar muy cómodo en San Mungo.—soltó con veneno en su voz. James, de inmediato se revolvió pese a las terribles condiciones en las que se encontraban. Ahora era el quien estaba rabioso en ese instante. Severus por su lado, paseó con tranquilidad, consiguiendo el efecto deseado— ¿que crees que pasó? Si lo vieras… llorando como un bebé por que no le escuchabais. Por que le hicisteis creer que era un vulgar adulador. —Severus se agacho apuntándole con la varita—vosotros lo matasteis no yo. Yo lo único que hice fue abrirle los ojos.
—¡Mientes!—vociferó con fuerza.
—¿Mentir? ¿yo? No, solo le fui empujando a un precipicio del cual se caería de todas maneras. Lo único que hice fue… acelerar algo que era inevitable.
James lloraba de rabia, de dolor y de impotencia. Quería estrangularlo allí mismo. Hacerle sufrir.
—V… viv...ar. —una suave risa en medio de toda la sangre que tenía en la boca apareció en su rostro— el ser… á… qui… en… su… fra.
Severus lo miró con repugnancia. Y volvió clavar su varita en la yugular del Gryffindor.
—En ese caso, desvelare en tan importante secreto de que el sarnoso de Lupin es un jodido Licántropo.—pese a la cara ensangrentada pudo ver el miedo que apareció en los ojos avellanas de este—¿cuanto crees que tardarán el colegio entero en descubrir sus desapariciones en luna llena? ¿cuanto crees que tardarán todos los alumnos en atar cabos? No te conviene Potter tenerme de enemigo. Habéis agotado mi paciencia. Separasteis a Lily de mi y no es algo que te vaya a perdonar.
—¿S… e… pa… rar… la?—el chico volvió a reír—t… u… la… abri… stes… l… os… o… jos.—respondió con los mismos argumentos que le dió el Slytherin.
Severus lo miró con indiferencia, como si estuviera viendo el crecer del pasto del césped de Hogwarts.
—Crucio.—volvió a repetir con astenia.
Esta vez, James no tuvo fuerzas ni para gritar. Aquel terrible dolor envolvió todo su ser. Asegurándole que lo que estaba sintiendo era algo "suave".
Severus lo miraba sin compasión. Pero otras dudas empezaron a invadir en su mente. ¿que era lo que le diferenciaba de Potter? ¿acaso no estaba haciendo lo mismo que él? ¿acaso James no había tomado represalias por el daño psicológico que había recibido su amigo? ¿En que le convertía? Sabía, que muy a su pesar que James tenía razón respecto a Lily. El mismo la había alejado de el. No fue el terrible insulto de "Sangresucia" si no las pequeñas cosas que habían empezado a fragmentar su amistad. Aquellos comentarios condescendientes sobre los hijos de muggles. La obsesión por las artes oscuras. Las veces que no hacía nada cuando escuchaba comentarios despectivos sobre los orígenes de Evans.
No obstante, tan pronto tuvo esas dudas en su mente desaparecieron al instante. El no era un santo, pero a diferencia de Potter, el tenía sus propios motivos para pensar en el modo en que pensaba.
El lo había destruido. Tanto como James lo había echo con el.
Estaba seguro, que después del modo en que había torturado a James, Lily no volvería a dirigirle la palabra. Ahora si que se había convertido en un verdadero monstruo. Al menos para los ojos de la chica.
No sabía cuanto tiempo había pasado. Ni el tiempo en que había torturado salvajemente a James. Estaba cansado, agotado, solo quería irse a dormir. Con una ancha sonrisa en la boca, pero dormir al fin y al cabo.
Agradeció internamente el acto de Dumbledoore de revelarle que la casa de los gritos había una runa de traslación donde Lupin lo usaba para transformarse.
Alzó la mirada en un pequeño ventanuco que había en la parte más alta de la casa. Uno donde las raíces del sauce boxeador dejaba entrever un rastro de luz. No era del todo oscuro, pero la llegada de la noche saludaba con insistencia. Severus se levantó de la silla casi mohosa y carcomida por las polillas. Dejando que un molesto rechineo recorriera la habitación. Posó su mirada en el maltratado cuerpo de James, estaba inconsciente. Realmente se había cebado con el. Pero, se sentía tranquilo. No había rastro de culpabilidad en sus acciones. No sentía que lo que había echo estaba mal, más bien, era una total y absoluta indiferencia.
Dejó que su pie se apoyara en el maltrecho hombro del Gryffindor recibiendo un quejido de dolor. Más bien, un acto reflejo.
—Al menos tengo la decencia de llevarte a la enfermería.—escupió con rabia.
Y en el acto, los dos chicos desaparecieron.
Severus vio que no había nadie en la enfermería a excepción de Albus Dumbledoore que le estaba esperando como ellos habían acordado.
—¿Estás satisfecho?—aquella pregunta no estaba cargada de rencor o de decepción. Más bien, como una lógica obviedad.
—Nunca lo estaré.—respondió de manera escueta.
El hombre avejentado sonrió suavemente y se acercó al chico que estaba tumbado en el suelo sangrando con tal intensidad que uno se asustaría al pensar que podría morir en ese mismo instante.
—Han sido siete... Siete años en un solo día—murmuró para si mismo.
El mago no pudo decir nada más que sentir culpabilidad en esos momentos. Sabía que tenía que haber cuidado y protegido a ese chico. Que ese era su deber. Pero lo había usado como cambio de moneda para un vil y bajo propósito aunque en un futuro sumamente necesario.
—Creo que después de esto, no se acercará a ti por una temporada.—sonrió con complicidad—no te preocupes muchacho, yo me encargaré. Les diré a las enfermeras que os peleasteis cerca del sauce boxeador . Tu tuviste suerte y no te pilló por sorpresa pero el señor Potter fue…
—Daño colateral.
Albus lo miró con cierta simpatía.
—Si, daño colateral.
El Slytherin echó un ultimo vistazo al cuerpo de James mientras era levitado por el Director mientras hizo ademán de irse.
—Si mi vieja memoria no me falla, Vivar está en estos momentos en el ala oeste, sexto piso. Concretamente en el pasillo de Glanmore Peakes.— acotó como si aquello no fuera con él.
Severus asintió con la cabeza y se marchó por donde había venido. Tenía que verlo cuanto antes. El día anterior trató de visitarlo pero se encontró una cama totalmente vacía. No había ni rastro de Amal. Quería encontrarlo, hablar con el. No estaba seguro de que exactamente. Pero tenía al menos que cerciorarse con sus propios ojos que el moreno estaba bien. Tenía que deshacerse cuanto antes de aquella terrible sensación de ansiedad. Ansiedad que no lo dejaba en paz.
A medida que caminaba los recuerdos de Amal magullado, herido y golpeado llegaban como bombas a su mente.
"Severus podrá ser muchas cosas, pero me mantendré firme en mi decisión de seguir a su lado."
Snape tuvo que pararse por unos instantes. ¿Porque dolía tanto? ¿porque Amal era tan terco que optó por ser leal a alguien como el a sabiendas de la paliza que recibiría? Lo peor, es que no era ese preciso motivo por el que dolía tanto la acción del moreno.
¿Porque no pudo hacer eso mismo Lily?
"Me mantendré firme en mi decisión de seguir a su lado."
¿Por qué no pudo hacer lo mismo la chica a la que tanto adoraba? ¿por qué no pudo ayudarlo en un momento donde tuvo la mayor crisis de su vida?
¿Por qué… Lily no pudo ser igual de leal que Amal?
Oh, por Merlín. Aquello estaba empezando a afectarlo más de lo que el quería. Apretó la mandíbula con fuerza. Eso no importaba ahora, ya tendría tiempo para tener debates morales consigo mismo. Ahora lo único que importaba era encontrar a Amal. Subió por la gran escalera de Hogwarts que lo llevó al sexto piso.
Se dirigió hacia un largo pasillo repleto de cuadros y armaduras medievales. No recordaba la última vez que puso un pie en la ala oeste. Puede que alguna vez en su primer año en su descubrimiento con el gigantesco castillo.
A medida que andaba por aquella elegante alfombra roja pudo escuchar a lo lejos unas voces cargadas de largas risotadas. Se acercó con lentitud, casi incluso con sigilo, donde poco a poco se hacían más nítidos aquellos sonidos. Había una puerta de una elegante talla propia de expertos ebanistas con el grabado de un barco luchando contra un pulpo gigante. Se acercó y vio que estaba Amal con aquella bella mujer hindú riendo a carcajadas.
No pudo evitar echar un vistazo a la habitación. Había una gigantesca chimenea encendía. Tan grande, como hipnótico el hermoso baile creado por las llamas de fuego. Los detalles dorados y rojizos del salón hacía que fuera más que evidente que el Glanmore Peakes había sido un mago escocés de Gryffindor famoso por haber matado a la serpiente de mar de Cromer. Puede que de ahí hubiese usado los colores de su casa para adornar, tanto el salón como el corredor del pasillo.
Dorado y escarlata.
Se fijó en los elegantes muebles de ébano, la elegante talla y los cientos de cuadros de navíos que adornaban la habitación. Quisiera o no, muy a su pesar, sus ojos no podían evitar analizar la brillante habitación.
Dejó que su vista se posara en la mujer estaba sentada en un elegante sillón dorado, propio de la alta nobleza mágica mientras que hablaba en hindí, a la vez que peinaba el cabello rebelde del moreno. Amal, por su lado, estaba de espaldas a la mujer, sentado en suelo con una pequeña mesa de patas cortas de madera donde aparentemente estaba arreglando un pequeño reloj de bolsillo. Tenía unas gafas negras, con varios parches y tiritas alrededor de la cara, que decir de las vendas que tenía en las manos.
"Me mantendré firme en mi decisión de seguir a su lado."
Apretó la mandíbula con fuerza. La traidora de su mente no paraba de restregarle por la cara la imagen de Vivar golpeado y magullado. Abrió ligeramente el umbral, y apoyó su todo su cuerpo en el marco de la puerta. De alguna forma la imagen de aquellos dos le resultaba extrañamente familiar.
Parecían marido y mujer.
Podía notar la perfecta sintonía que se profesaban aquellos dos. El mutuo cariño y respeto que había entre ambos. La clara cercanía que había. Oh, como recordaba aquella sensación. Como recordaba esa extraña sensación fantasmal que se había quedado en lo más profundo de su alma.
Estaban cantando. Bueno, unicamente la mujer. Amal se limitaba a escuchar con una suave sonrisa.
Aunque no le gustase reconocerlo, la mujer tenía una bonita voz. Incluso, se tomó las molestias de cerrar los ojos y dejar que sus oídos se deleitaran con aquella canción. No sabía que decía, ni tampoco el mensaje que quería dar. Pero la suave melodía propugnada por la mujer le indicaba que desde luego, era algo armonioso cargado de un profundo afecto y amor.
Cuanta... calma daba aquella hermosa voz. Parecía como si te estuviera quitando un peso de encima.
No supo cuanto tiempo estuvo escuchando, tenía la sensación de que si tenía la osadía de interrumpir aquella hermosa melodía ni el mismo sería capaz de perdonárselo.
—Parece que tenemos compañía.
La suave voz de Amal despertó del pequeño ensueño que había tenido. La hermosa melodía se había acabado. Abrió los ojos y vio que, tanto Amal como Jodhaa giraron sus cabezas para observar al Slytherin. Aunque con una contraste muy diferente.
Vivar tenía un semblante tranquilo, sereno, manso. Mientras que la mujer Hindú no se molesto en ocultar su evidente desagrado ante la presencia del joven. Si las miradas matasen, definitivamente el ya estaría criando malvas hace mucho tiempo.
—Os dejaré a solas—dijo la mujer con cariño al moreno. Se levantó y se dirigió hacia la puerta no sin antes mirar con una profunda molestia al Slytherin. Como si su simple existencia fuera un error de la naturaleza.
Amal se levantó con un suave gemido.
—¿En que puedo ayudar?—preguntó de repente el mecánico mientras apartaba con el pie la mesa de patas cortas.
Severus se quedó por unos instante confundido. Había entendido claramente la pregunta, pero no comprendía a que se refería.
—No es eso… era simplemente... ver como estabas.—ni el mismo sabía de donde le habían salido esas repentinas fuerzas para ser capaz de hacer semejante declaración. Cerró la puerta detrás de él y se apoyó en ella.
Amal sin embargo no parecía estar muy contento. Su sonrisa se borró de inmediato.
—¿Que te ocurrió en las manos? ¡Virgen santísima!. ¿Quien te a hecho esto? ¿otra vez esos animales?—preguntó alterado y atropellándose con las palabras.
Severus negó con la cabeza, por alguna razón la voz se negaba a salir de su garganta. Amal se acercó a él, sin embargo, el moreno se mantuvo a una distancia prudencial. Daba la sensación de que temía a acercarse al Slytherin.
Algo que notó el Slytherin
—¿Que fue lo que ocurrió? ¿ que pasó para que el director y yo te encontrásemos en ese estado?— muy bien sabía Severus lo que realmente había ocurrido entre Potter y Amal. Sabía con total exactitud lo que había pasado. El detonante. Pero, por alguna razón, quiso escuchar la versión de Amal. Y estaba seguro que sería muy diferente a lo que realmente había pasado.
El Squib dejo que su cuerpo de relajara.
—Nada en especial. Simplemente una tonta pelea entre dos burros—acotó con humor.
Sin embargo, el Slytherin no estaba para reírse (nunca lo estaba). Y ni mucho menos estaba para burlarse después de lo que había visto.
—Conozco a Potter desde hace mucho tiempo Vivar… el no golpea así como así.—respondió levantando la cabeza para encararlo.
Amal sin embargo, tenía una vez más esa tranquilidad tan sumamente propia de él.
—Es… complicado—suspiró— ¿si te lo digo me dirás que ocurrió con tus nudillos para que estén en ese estado?
Severus negó con la cabeza.
—Eso es algo que no te incumbe—respondió con su característica voz arisca.
El chico resopló con desgano ante le reacia declaración de Severus.
—Estaba arreglando un reloj y vino el chico de las gafas. Empezamos a hablar de lo divino y de lo humano. No recuerdo el como, ni el porqué pero acabamos hablando de su bonita novia. A mi no me interesaba así que mandé a freír espárragos. El se enfadó, yo me puse burro; el, como un toro. Y bueno… acabamos así. La verdad, no hay mucho misterio. No fue algo que especialmente…—Amal se quedó pensativo—no sé, no fue algo glorioso. Dos imbéciles peleando como animales. Puff, ya ves tu.
—¿Eso es todo?
Severus vio como se tensaba ligeramente. Fue algo imperceptible, pero el lo notó.
—Si, enserio. Fui idiota al pensar que saldría airoso luchando contra un mago.—respondió con una suave risa a la vez que se rascaba la nuca con nerviosismo.
Severus sin embargo se acercó a el con una firmeza y una seguridad que provocó que Amal diera unos pasos hacia atrás.
—Eh, ¿Q… que ocurre? ¿hi… hice algo mal?—preguntó con un ligero tartamudeo.
Severus daba miedo de esa forma. No decía nada, tan solo lo miraba con esa expresión inescrutable en su rostro. De alguna forma, Amal acabó sentándose abruptamente en el sofá.
—¿Entonces por qué los recuerdos de Potter son totalmente distintos?—preguntó dejando que su cabeza se inclinara ligeramente hacia él. Provocando que Amal poco a poco se quisiera hundir con el sofá—mentiroso.
El Squib tragó con fuerza mientras se hundía en el sillón a medida que las palabras de Severus salían de su boca. Pese a que eran suaves y calmadas. Para Amal resultaba totalmente intimidantes.
—Lo siento—murmuró.
—¡No te disculpes!—bramó Severus.—¡maldita sea! ¡¿tienes algún problema por el que disculpas constantemente?!.—acotó mientras se frotaba el puente de la nariz con molestia.
De alguna forma, por irónico que pareciera, la disculpa de Amal funcionó. Aquello logró que Severus dejara ese aire tan sumamente amenazante y pasara a uno de simple molestia. De alguna forma, aquello era un buen cambio. Y viniendo de el. Era algo.
Amal se acodó en el sillón de tapiz rojo.
—¿Todo?
—Todo—respondió Severus.
El Slytherin lo miró, vio la clara incomodidad que tenía el chico así que, dejó que su mirada se ablandase.
—¿Porque? Después de todo lo que te dije.—el chico renegó con la cabeza—no logro comprender que después de que te humillara fueras tan idiota en… en… —se maldijo a si mismo por ser incapaz de pronunciar una miserable palabra que se negaba a salir de su boca.
—¿Estar a tu lado?—terminó con inseguridad Amal.
Severus lo miró durante un largo silencio. Sin poder procesar todo lo que le había ocurrido en un solo día. Sin embargo asintió con la cabeza.
—Si. ¿Porque yo? De todos las magos que hay en el maldito castillo.—bufó con molestia, Severus viéndose en la situación en la que estaba metido no pudo evitar en pensar en lo ridículo que era. Él, con un simple muggle. Perdiendo la cabeza por alguien qeu precisamente odiaba. Cerró sus puños con fuerza—¿porque tú?—escupió con ira— De entre todas las personas que hay en este ancho mundo. Por qué justamente alguien como tú.
Amal por su parte, no parecía ni tan siquiera alterado. Tal vez curioso.
—¿Que es lo que tanto te asusta?—preguntó Amal mientras se enderezaba del cómodo sillón escarlata.
Severus abrió los ojos con fuerza. ¿Que era lo que tanto le asustaba? Era verdad, ¿por qué tenía tanto miedo de las nuevas sensaciones que empezaba a tener? Miedo, culpabilidad, dolor… una extraña angustia empezó a gobernar su mente. Dominando todos los campos de lógica que tenía el chico. La sola imagen de tener que volver a pasar por el dolor de ser rechazado, de volver a sentir ese vacío infernal en su alma, de volver a sentir que no tenía nadie en el mundo era lo que realmente le aterraba.
En pocas palabras, que lo volvieran a hacer daño.
—¿Que es lo que te aterra?—volvió preguntar Amal, alzando la cabeza.
Severus tragó fuertemente. Ahora, era el quien estaba acorralado como un cachorro asustado. ¿Que era lo que le aterraba? ¿que era lo que le daba tanto miedo?
Volver a confiar en alguien.
La sola idea de sentir aprecio, cariño, afecto, simpatía y un sin fín de sentimientos por otra persona era algo que lo aterraba. Pensar que después de que el se abriera hacia ese sujeto y que este lo echase de su vida por sus errores… era algo que no quería repetir. No lo soportaría. El recuerdo de Lily… la forma en que lo desecho, sus terribles palabras… no, no iba a volverlo a repetir. No de nuevo.
—No te acerques a mi—respondió con rabia.—Mírate, alguien como tú con alguien como yo. No me hagas reir
Sin embargo, Amal pareció quedarse bajo un extraño pacifismo.
—¿Porqué? ¿porqué no puedo acercarme a ti?—preguntó Amal.
El Slytherin quiso correr de ese lugar. Maldijo a sus adentros haberse preocupado. Tenía que haberse ido. Amal estaba aparentemente bien, no había nada de que preocuparse. Diablos ¡tenía que haberse marchado en su momento! El terco Squib le estaba mostrando claramente que el no se iría sin respuestas era el.
—¿Porque?
—¡Deja de preguntarme!
—¿Porque no?
Severus trataba inútilmente de liberarse del agarre de Amal, liberarse de aquellas palabras. Podía irse, podía irse en ese mismo instante, pero algo se lo impedía. ¿Estaba asustado?, no, estaba aterrado. Amal era un remolino lleno de caos que estaba destrozando cada muro que había construido alrededor suyo. El lo estaba destrozando. Quebrando cada armadura que el se había impuesto. Despedazando esa coraza insensible que tantos años había llevado a sus espaldas.
—Solo aléjate de mí.
—Dame una razón.—replicó con testarudez el moreno.
—¿¡Te parece poco la paliza que te han propinado!?—exclamó iracundo el Slytherin—¡Mirate! ¡ese puerco te dejó en la enfermería!… ¡Dos semanas! ¿¡no es suficiente motivo!?
Amal se encogió de hombros.
—Es solo dolor físico.—respondió con tranquilidad.—¿Quieres saber porque empecé a estar cerca de ti? ¿de verdad quieres saberlo?
El Slytherin dejó de pelear. Claro que quería, claro que si. Dejó que su cuerpo dejase de estar tenso. Sin embargo, Amal no dejó de sujetar su muñeca.
—Si.
Amal dejó que un suspiro saliera de su boca. Y esta vez, dejó de sujetar la muñeca de Severus.
—Porque veo sufrimiento en ti. Siento que estás solo, en busca de algo en que puedas apoyarte, lo único que quiero es que no te sientas así, decirte; hey, se que estás sufriendo, no te preocupes, puedes contar conmigo.—Severus trató de interrumpirlo, pero el mecánico siguió con su discurso—lo que quiero, es que aún, cuando no haya nadie a tu alrededor puedas sentir que hay alguien a quien le importas. Mis actos no me guían por la lástima, no soy propenso a profesar esa clase de sentimientos… es simplemente que te veo… y me veo reflejado a mi mismo.
El cuerpo de Severus temblaba en su interior. La fuerza de aquellas palabras habían invadido cada vestigio de inseguridad.
—No sabes lo que dices—respondió Severus negando lo que Amal había dicho—simplemente estás delirando.
Amal por su lado, rió.
—Con todo respeto, pero tus acciones dicen más que tus palabras.—el Squib se levantó de repente y se dirigió a echar unos cuantos troncos a la gigantesca chimenea.—sueltas veneno. Palabras hirientes con la esperanza de que se alejen de ti. Pero tus acciones son contrarias a tus palabras.—añadió quedándose quieto, mirando fijamente las llamaradas de fuego que engullían aquel tronco.
—¿Que te hace pensar eso?
El Slytherin vio como Amal volvía a echar al fuego un buen tronco, dejando de cientos de chispas rojas y amarillas se esparcieran por el brasero. Manteniéndose en cuclillas.
—El conjuro que usaste… como era… Vulnera sanentur. El echo de que fuiste todos los días al torreón secreto de Godric Gryffindor y Salazar Slytherin a visitar a alguien como yo. Y, el hecho de que te tomaras las molestias suficientes para traer a la casa de los gritos a San Potter para propinarle la paliza de su vida. No hay que ser muy listo para ver las salpicaduras de sangre que llevas en tus solapas.—Amal se levantó después de haber movido las brasas del fuego con un palo de hierro—como e dicho antes, tus acciones dicen mucho de ti.—añadió mientras se daba la vuelta.
Severus se quedó durante un largo silencio sin hacer nada. Amal era mucho más perspicaz de lo que el había llegado a pensar. Graso error.
—Dumbledore te lo dijo.
—Más bien se lo tuve que sacar a base de unas cuantas amenazas infantiles.
—Potter te contó lo que hice con Pettigrew.
Amal frunció el morro.
—Acto que no habrías echo si durante cinco años no te hubieran acosado. Vistes una debilidad, un pilar al que poder arremeter y destruir. Simplemente te desahogaste con él. Está mal. Si, obviamente. Pero los Merodeadores tampoco eran unos santos. Lo que quiero decir, es que ambos por igual sois tan inocentes como culpables. Puede que algo más los Merodeadores, tenían el comodín de que el viejo no diría nada.
Severus no lograba apenas escuchar lo que decía el moreno. Tan solo contemplaba su silueta iluminada por el fuego. Cuanta caos le traía.
Amal escuchaba, no juzgaba.
¿Podía sincerarse con el? ¿debía? A un chico que no conocía de nada. Para colmo, la paria entre los magos. Por unos instantes, se tomo el lujo de dejar a un lado esos turbios pensamientos que no le dejaban disfrutar de la situación. Se acercó con lentitud a Amal. Sin prisas, sin intimidación. Solo ellos dos en aquella sala, nadie los molestaba. Ni siquiera el tiempo tendría el valor suficiente para interrumpirles.
Las yemas de los dedos viajaron por la piel del chico. Tan extrañamente caliente. Como si tuviera fiebre constantemente. Aún así, no era algo que lo desagradara. Hum, más bien lo contrario. Sus dedos viajaron finalmente al destino que en un inicio había tenido. Poco a poco, comenzó a quitar las gafas del moreno. Con lentitud, tomándose todo el tiempo del mundo.
Amal trató de impedírselo. Parecía asustado de la repentina acción de Severus. Sin embargo, el siguió. El silencio reinaba la habitación. Con la única banda sonora del fuego devorando con las llamas la madera que Amal había depositado con anterioridad.
Severus acalló el jadeo al ver el estado en el que se encontraba los párpados de Amal. Estaban terribles. Eso como menos.
—Hijo de perra.
El improperio soltado por Severus no tardó en hacerse notar.
Amal no dijo nada. No tenía las fuerzas para hacerlo. Tan solo sonrió con los ojos cerrados. Tratando de darle esa respuesta cálida y complaciente que tanto necesitaba Severus.
—Lo sé—fue lo único a lo que se vio capaz de pronunciar.
—Lo que dijo el cerdo de Potter… es verdad. Lo que hice, lo que dije… todo.
Amal abrió ligeramente los ojos. Dejando entrever unos brillantes ojos naranjas que bailaban al compás de las lenguas de fuego.
—Lo sé.
—Odio a los hijos de muggles.
—Lo sé.
—Ni mucho menos los tipos como tu.
—Lo sé.
—Estallaré de ira y lo pagaré contigo.
—Lo sé
Severus cerró los ojos con fuerza. Amal se iba a quedar a su lado si o si. A testarudo no había quien le ganase. Después de todo. Vivar se lo demostraba con palabras y sobre todo; con echos.
—Nunca diré a los demás que me junto con un descendientes de muggles. Y ni mucho menos dejaré que el mundo lo sepa.
Amal volvió a sonreír.
—Lo sé.
—Soltaré comentarios despectivos sobre ti y tu procedencia.
—Para un poco—dijo entre risas— no estoy aquí en calidad de juez, si no de amigo.
Severus se quedó sin aliento. Se asustó incluso. Pero después de haberle advertido de lo que podría pasar. De como era realmente. Y aún así, el terco de Amal seguía en sus trece de permanecer a su lado… ya no tenía motivos para luchar. Más aún, cuando el sentimiento era reciproco.
—No necesito que me adviertas de los pros y los contras de acceder a tu amistad. Quiero estar contigo; de lo contrario, ya me habría ido hace tiempo.
A Severus le dolía toda aquella situación. ¿Porque Lily no pudo hacer eso mismo con él? ¿porqué tuvo que dejarle tirado en el momento más crítico de su vida? ¿porque no pudo escucharle? ¿porque tenía que ser precisamente la raza que más odiaba la que le volviera a hacer creer en la esperanza? ¡justamente un muggle! Que para colmo, aceptaba todos sus defectos. Aún conociendo ese lado tan oscuro y repugnante. Aún sabiendo lo desagradable que podía ser, aceptaba sin tan siquiera pensárselo la amistad del Slytherin.
¿Tan poco valía los sentimientos que desarrolló con Lily? ¿los seis años de amistad valían tan poco? ¿para que un Squib se ganase su confianza en menos de un mes? Parecía ser que si.
Incluso el mismo sabía que había que pasar página. Pero era tan dolorosamente difícil.
Amigo.
Resultaba poco menos que aterrador.
Severus miró los ojos naranjas de Amal. De echo, fue una acción que ambos imitaron. No sabían cuanto tiempo habían permanecido así. Mirándose fijamente. No fue hasta que Amal entrelazó sus dedos para alcanzar las gafas de sol.
—No hay que poner a las damas de Hogwarts celosas.
—¿Como?—preguntó confuso ante la inusual respuesta del Squib.
—Soy de los poco que portan sombra natural de ojos—respondió mientras se colocaba las gafas.—un panda muy adorable.
Snape rodó los ojos. Lo que le faltaba por escuchar.
Los dos, se sentaron en los sillones en frente de la chimenea, en silencio. Todo lo que se habían dicho se había quedado sellado en sus almas. Estaba de más hablar en esos momentos.
