CAPÍTULO 10: DIPLOMACIA.
"… provocará acciones inmediatas de mi parte, acciones que repercutirán sobre aquellos a quienes dirige tan negligentemente.
Tiene cinco días para contestar las imputaciones aquí descritas así como para ofrecer las medidas correctivas necesarias; de actuar de dicha manera, acordaremos de consuno los detalles de la junta en que discutiremos los detalles definitivos de la implementación de dichas medidas y de las eventuales compensaciones que ustedes deberán practicar para dar por superadas la suma de situaciones descritas aquí, así como todas aquellas que por su gravedad no pueden ser indicadas en un documento del carácter del presente, todo ésto a fin de evitar medidas más enérgicas de mi parte y de las fuerzas shinobi de Konohagakure no Sato.
Una negación de dichas ofensas o de nuestra petición de solucionarlas se considerará suficiente justificación para la aplicación sobre usted y sus fuerzas de la plenitud del poder de Konoha, recayendo sobre su persona la responsabilidad final de cualquiera que sean las consecuencias de nuestras futuras acciones.
Dese por advertido. No habrá un segundo aviso.
Uchiha Fugaku.
Godaime Hokage de Konohagakure no Sato.
En Hi no Kuni, a-"
"¡BASTA, NO TIENES POR QUE LEER ESA PARTE, IDIOTA!"
El grito del Raikage causó que el chunnin asistente que estaba dando lectura al extenso comunicado del Hokage palideciera, temiendo ser presa de la ira de su líder. Pero A, más que golpear a un inocente escribano, lo que quería era romperle la cara al tal nuevo Hokage.
Un Uchiha. Un inútil que ocupaba esa posición por cuestiones políticas. El más débil e insignificante de todos aquellos que habían ocupado esa posición en la aldea rival se atrevía a exigirle cuentas y pretendía ordenarle como proceder con sus propias fuerzas.
Había leído ese pretencioso comunicado varias veces, mismo que ahora presentaba ante sus consejeros para solicitar su parecer respecto a como proceder. Y es que si no fuera por su situación con Iwa y ese viejo hincha pelotas de Onoki el Raikage habría ordenado una operación inmediata y contundente que arrasara las tierras del norte del Fuego como represalia por la absurda pretensión del líder militar de dicho país.
Pero con una posible guerra contra un verdadero oponente en ciernes se veía obligado a recabar más información, no relativa a esas supuestas faltas o a una eventual negociación con ese atrevido Uchiha, sino para saber si estaban en condiciones de castigar la soberbia del nuevo líder de la Hoja sin arriesgar una debacle en el Oeste.
Los pareceres de sus consejeros, así como de los comandantes de las diferentes secciones de su fuerza shinobi coincidían: era imposible que Konoha pudiera movilizar una fuerza de tamaño suficiente para amenazar realmente a su Aldea; a lo sumo podían pretender una operación de castigo contra sus territorios del sur, pero sin tener cómo llevar allí una fuerza demasiado grande: la estrecha península que conectaba al País de los Campos de Arroz y los separaba del Fuego con su propia frontera sur era tan escabrosa y alargada que era imposible de ser ocupada por una fuerza considerable, y sin asegurar el único camino de entrada y salida entre el Rayo y el Fuego cualquier fuerza invasora que no controlara el mar quedaría aislada de cualquier posible refuerzo o posibilidad de avituallamiento.
O sea que si el Hokage pretendía invadir no podía movilizar el total de su fuerza, so pena de perderla y dejar indefenso su propio País, lo que no podía hacer sin temer un ataque de parte de Suna. Iwa no podía ser aliado de Konoha, no con lo fracturadas que quedaron sus relaciones después de la muerte del Relámpago Amarillo y los consecuentes enfrentamientos que siguieron a dicho evento, y Kiri no contaba con ninguna posibilidad de embarcarse en una guerra, no con el estado en que había quedado luego de la caída de Yagura, y su nueva Mizukage, la joven e inexperta Terumi Mei, no tenía ni el ascendiente ni los recursos para poder empujar a sus subordinados a enfrentarlos en apoyo de un aliado tan poco seguro como Konoha.
Todo eso le dejaba al Raikage una única y posible conclusión: la actitud amenazante del nuevo Hokage no era más que una bravata, fundada en la situación existente ente Kumo e Iwa, pero sin mayor asidero que ese, lo que implicaba que mientras lograra contener la situación con el Tsuchikage e impedir cualquier tipo de alianza entre la Tierra y el Fuego una guerra total con Konoha era poco menos que imposible.
De ser verdad las amenazas de Uchiha Fugaku su ejecución solo llevaría a una única e inevitable conclusión: la destrucción de las fuerzas que les atacaran desde el sur. Ante eso, el aparecer cediendo sería lo mismo que regalarle a esos estúpidos del sur una victoria que no podían conseguir por ningún otro medio.
Una sola voz se alzó para intentar ofrecer un enfoque diferente al del resto de los consejeros de la Sombra del Rayo, una que pertenecía al más joven de todos los allí presentes: Darui, un joven jounin de dieciocho años, discípulo del padre del actual Raikage y la más deslumbrante estrella de la élite de la Nube, un prodigio ya famoso entre las cinco grandes Aldeas Shinobi y el más fuerte luego del propio A y del jinchuriki del ocho colas. Alguien que a pesar de su fama era novel en las lides políticas y que en otras circunstancias habría callado, pero su instinto era más fuerte y sintió que debía hablar, incluso en contra del pensamiento del propio Raikage:
"Antes de aconsejar el simplemente despreciar a nuestros competidores del sur deberíamos preguntarnos: ¿Realmente el nuevo Hokage es tan ciego como para no ver lo que nos parece tan evidente a todos nosotros?
Si algo nos ha enseñado la historia es que Konoha, a pensar de su menor tamaño en comparación con nosotros o con Iwa, siempre ha podido medirse en nuestra contra. Incluso más, buena parte de nuestra propia fuerza la debemos al gesto del primero de sus líderes, alguien con la fuerza suficiente para imponerse a todos y que prefirió renunciar a su ventaja a cambio de la paz, una política que muchos calificaron de cobarde pero que ninguno pretendió poner a prueba mientras el primer Shinobi no Kami caminó entre nosotros.
Luego, cuando ese temible oponente dejó de ser un peligro y nos sentimos libres de retomar el camino de la sangre y la guerra nos vimos en la situación de que sin importar nuestra ventaja numérica y de recursos la Hoja, siempre, fue capaz de resistir. Aquello no se debió a la justicia o la fortuna, sino al hecho de que siempre tuvieron un líder fuerte que sobresalía sobre el resto.
Al final Kami quiso que una fuerza mayor actuara y quitara de nuestras cabezas la amenaza de un coloso, un guerrero tan temible y poderoso que se transformó en una pesadilla para Iwa y que casi elimina por si solo a nuestro Raikage y a Killer Bee, un suceso que habría significado nuestro fin de haberse producido, todo por mano de un joven que estaba aún a mucho de alcanzar su máximo nivel de fuerza y experiencia: el Relámpago Amarillo.
Cuando todo se volcó a nuestro favor fuimos y tomamos lo que pudimos, adquiriendo una ventaja a costa de nuestra propia reputación, y como si Kami nos reclamara nuestra osadía no logramos nada de la traición de los nuestros y de nuestras promesas".
A, extrañado por las palabras del joven maestro del rayo negro, le preguntó directamente qué era lo que insinuaba. Darui, viendo a todos los allí reunidos, fijó su vista en el hijo de su maestro:
"Digo que pensemos por un momento: privados de su mayor héroe, con nombres tan conocidos entre sus filas como los Sannin, con prodigios como el hijo del Colmillo Blanco o el joven genio del Sharingan, han elegido a alguien que parece ser menos que cualquiera de ellos para liderarlos. Y es éste líder, cuya principal prioridad debería ser asegurar su propia posición, ciertamente amenazada por tan dura competencia, quien ha decidido dar un paso que mal llevado podría llevar a una Cuarta Gran Guerra Shinobi. El segundo Shinobi no Kami aún vive, y todos estamos contestes respecto de su fuerza, y aún así todos ellos han escogido para guiarlos a alguien que parece ser insignificante al lado de sus predecesores, y es éste quien nos provoca, incitándonos a una guerra que a nosotros nos parece fácil de ganar.
No sé usted, Raikage-sama, pero si ese tal Uchiha Fugaku fuese tan insignificante como parece que quieren hacernos creer no faltarían quienes lo derribarían de su precaria posición, y si fuese tan torpe como ese comunicado aparenta jamás habría alcanzado ese puesto. Yo temo, y nada de lo que cualquiera diga al respecto podría sacarme de ese convencimiento, que ni el nuevo Hokage es tan inútil como nos gustaría ni su amenaza es tan vacía como pareciera".
Los murmullos entre los asistentes a la reunión comenzaron a hacerse más y más evidentes, así como a subir de volumen. A escuchaba en silencio ese mar de diálogos inconexos, pero con hilos más o menos comunes entre ellos: los había quienes criticaban el atrevimiento del muchacho por aparecer contradiciendo las palabras de sus mayores, mientras que otros parecían molestos por la insinuación del joven jounin de que se les podía haber escapado algo de todo aquello que habían estudiado y revisado una y mil veces respecto a la verdadera fuerza de sus enemigos del sur, como si despreciara la experiencia de los veteranos.
El Raikage alzó la mano, a fin de hacer silencio. Luego, viendo directamente el discípulo de su padre, le habló: "Supongamos que tienes razón, Darui, y que algo se oculta allí, detrás del propósito del Hokage. ¿Qué propones?". El aludido pareció pensar un momento, para después negar: "No tengo una respuesta clara, Raikage-sama".
Las sonrisas de algunos de los consejeros de más edad, como si las palabras de su líder fuese algún tipo de defensa de los mismos, molestaron sobremanera al Raikage, quien golpeó con fuerza la mesa alrededor de la cual todos estaban reunidos: "Lo que ha dicho Darui ha debido salir de sus bocas, manga de inútiles. Si pretenden ser mis consejeros deben ser capaces de decir lo que yo soy incapaz de pensar: si quisiera un montón de lame botas que repitan exactamente lo que digo iría al jardín de niños y haría mis reuniones de estrategia allí".
Ya con todos los asistentes alineados y atentos, A se dirigió al joven: "No tienes una respuesta porque no la hay: si lo del Hokage es simple habladuría, creyendo que cederemos por la amenaza de Iwa y aceptamos sus exigencias, estaremos regalandoles un triunfo que nos pesará en nuestros conflictos futuros; en cambio, si hay algo que sostiene sus amenazas y elegimos ignorarlas, pagaremos ese error con sangre. Ante esa duda lo único que me queda, como protector de Kumogakure y del Rayo, es elegir creyendo en el valor y la habilidad de las mujeres y hombres bajo mi mando, de los shinobi de la Nube. Eso, la valía de mi propia gente, es lo único con lo que puedo contar. Así, con todo eso en claro, prefiero correr el riesgo con Konoha y su Hokage a aparecer siendo débil. No evitaré un enfrentamiento con la Hoja, porque si lo hago el resto de las naciones elementales se nos arrojarán encima diciendo: "Si Konoha, siendo débil, ha conseguido doblegar a Kumo y su Kage, nosotros también podremos". Siendo así, prefiero jugármela en el campo de batalla, confiando en que los del Fuego no llegarán tan lejos, pero confiando aún más que si llegamos hasta allí los tengo a todos ustedes para obtener la victoria".
El Raikage movió sus ojos alrededor de la mesa, esperando algún tipo de objeción. Viendo que no había oposición a su elección, se dirigió a un jounin de mediana edad: "Mitsui, ¿Inteligencia ha logrado determinar un escenario de conflicto?"
El aludido, jefe del departamento de Inteligencia, Espionaje y Estrategia de Kumogakure, se levantó con unas notas en sus manos: "El escenario más plausible considerando las fuerzas de la Hoja y su situación geopolítica actual es una operación contenida sobre el País de las Olas. Al no existir un acuerdo formal sobre la existencia e independencia de Nami no Kuni la mejor estrategia posible para obtener una ventaja suficiente de parte de Konoha es retomar su costa y con ellos los puertos que necesita para crear su propia armada shinobi. De conseguir dicho objetivo el Rayo perdería la gran ventaja que nos representa nuestra propia armada: si bien es imposible que el Fuego logre equiparar nuestros números, un avance de ese tipo le permitiría a nuestros tres eventuales rivales en el mar, Iwa, Kiri y Konoha, el superar nuestra propia fuerza embarcada y plantear una futura Cuarta Guerra Shinobi en nuestro territorio. Inteligencia ha determinado que ese es el objetivo principal del Hokage si aceptamos que su propósito de recurrir a medidas de fuerza es real".
El jefe de Inteligencia completa su exposición, sentándose. A ve al comandante de la Armada Oriental de Kumo: "Kumomaru, ¿cuál es nuestra actual capacidad de respuesta en caso de que Konoha intente ocupar Nami?". El señalado, un hombre canoso de unos sesenta años, se levanta y responde con voz seca y pausada: "Las fuerzas enviadas a reforzar a nuestra Armada Oriental por la amenaza de Iwa nos han dejado algo limitados de cascos. Sin recurrir a esas unidades, y considerando la sexta y séptima escuadras que deben permanecer vigilando a la flota de Kiri a fin de evitar su despliegue en apoyo de la Hoja… unos mil quinientos shinobi, dos mil si reducimos las condiciones de navegación a fin de acomodar la mayor cantidad de tropas de desembarco posibles".
A pregunta al comandante si podrían llegar a tres mil plazas embarcadas sin debilitar a las fuerzas navales estacionadas frente al País de la Tierra, a lo que el consultado responde: "Hay ocho unidades en construcción próximas a ser lanzadas en reemplazo de igual número de barcos más antiguos actualmente en operaciones cuya terminación puede ser acelerada… Si limitamos la patrulla ante Kiri a una de las escuadras y reducimos las dotaciones de los buques al mínimo para lograr tripular esas ocho naves… sí, se podría. El enemigo no posee una flota por lo que no debemos preocuparnos de que una vez desembarcadas las fuerzas las tripulaciones deban combatir en el mar. Una vez desplegadas las tropas en dos días podemos redistribuir las dotaciones, devolver la escuadra tomada a la frontera con Kiri y tener otras dos operativas para apoyar a nuestra fuerza invasora".
Una vez sentado el comandante de mar A expresó su propósito: "Bien. Trabajaremos en un plan base para enfrentar tres escenarios: una ocupación militar de parte de la Hoja del País de las Olas, un ataque limitado a nuestros territorios del sur y una invasión total del Ejército del Fuego".
Al momento el Raikage le hizo una señal a su asesor, C, quien llamó a unos cuantos chunnin y asistentes para repartir un informe con la totalidad de la información que se tenía de la fuerza que Konoha era capaz de movilizar, su historial de combate y sus relaciones con las demás aldeas, así como comida y bebida para aguantar las horas que estarían allí trabajando.
Mientras sus consejeros revisaban la información y discutían impresiones respecto a la misma el Raikage salió del salón, caminando a su despacho. En el camino se cruzó con una jounin rubia que parecía esperarle, a la que ordenó acompañarle.
Una vez dentro de su oficina A llamó a su secretaria para que redactara un comunicado que le dictaría: su respuesta para el Hokage. Una vez lista y sellada, el Raikage se la entregó a la kunoichi que hizo seguirle: "Llévalo a comunicaciones, Samui. Debe llegar hoy mismo a Konoha".
La rubia se inclinó, recibiendo la carta de su líder, partiendo a toda carrera para gestionar su envío. A se queda solo, viendo por la ventana como su aldea se extiende a sus pies y sobre las salientes de roca que como torres se alzan por sobre el nivel del suelo, para luego levantarse y caminar de regreso a la junta de estrategia.
La mañana será larga y deberán salir de allí con un panorama claro respecto de lo que harán respecto de la amenaza de Godaime Hokage y los que le siguen.
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La reunión ha tardado casi cuatro horas.
El Raikage se ve satisfecho: el escenario es mejor de lo que había imaginado y una eventual incursión de parte de las tropas del Fuego no debería representar mayor amenaza. Así, con el plan general aprobado y las órdenes para la armada oriental, cualquier ataque de la Hoja debería poder contenerse con la rapidez suficiente para evitar una penetración mayor de su territorio y dar tiempo a que parte del ejército acantonado en la costa occidental para prevenir un avance de Iwa pueda concurrir y apoyar un segundo frente.
Los diversos consejeros asistentes se despiden de su líder, a fin de retornar a sus tareas.
Fuera de la torre del Raikage, del pie del jefe de la Inteligencia de Kumo algo parece caer al suelo, lejos de la vista de cualquiera. Mientras el shinobi se aleja, ya a unos metros, del suelo enmaderado de los puentes tendidos entre el cuartel principal y los edificios aledaños parece surgir un sapito muy pequeño, de color petroleo y de dedos muy largos en comparación con su cuerpo, capaces de adherirse a cualquier superficie como si fuese una mosca.
El anfibio, del porte de una moneda, corre con esfuerzo, saltando y esquivando los pasos de los transeúntes mientras busca la manera de bajar al nivel del suelo, en búsqueda de su invocador.
Casi media hora después el pequeño espía llega a su destino: un pequeño parque, desde donde un hombre adulto, de rostro serio y pelo blanco largo y amarrado en una coleta, de rostro limpio y gafas pequeñas, que con ropas de comerciante estaba sentado a la sombra de un árbol, con un cuaderno de dibujo en sus manos.
La llegada del pequeño sapo incomodó al sujeto, quien dejó su cuaderno de dibujos al lado, sobre el césped, mientras dirigía una última mirada al grupo que en su calidad de espía de la Hoja observaba: un grupo de unas quince mujeres en ropa de ejercicio, quienes aprovechando el sol del mediodía estaban allí, practicando yoga. Antes de prestar toda su atención a su retornado agente hizo una última anotación junto a un precario dibujo femenino (¿B100 – B110?), un dato que Jiraiya de los Sannin consideraba de vital importancia.
Frustrado por no poder seguir su tarea de observación, el legendario shinobi ofreció su palma abierta al sapito, invitándolo a subir a ella. Mientras el anfibio de piel lustrosa se acomodaba su invocador le regañó: "Se supone que no me verías hasta la noche, Gamachi". De inmediato Jiraiya extiende el dedo índice en su mano libre, concentrando su chakra en la punta para luego tocar la espalda de su espía, mientras cierra sus ojos y se enfoca en las memorias del pequeño.
Cinco minutos después la transferencia mental cesa. El sabio sapo, satisfecho con lo conseguido por su diminuto agente, le permite desaparecer de regreso a su hogar en Myobokuzan, mientras piensa en que debería tratar de que Gamatsu, el sapo albino jefe de espías del Gran Sapo Sabio, le enseñe la técnica de invisibilidad que tanto aquél como los pequeños de los que se sirve para conseguir información pueden lograr a fin de no tener que quedarse viendo desde tan lejos a las voluptuosas bellezas morenas del Rayo.
Resignado a sus presentes limitaciones en sus habilidades de observación el Sannin crea un clon de sombras, al que le asigna la tarea de redactar un informe completo para el Hokage con la información recibida, mientras él se toma una siesta. Todavía necesita hacer una última ronda nocturna por los alrededores de Kumo y recabar lo último respecto de las defensas de la Aldea antes de poder dar por terminado ese día de trabajo.
Los días que siguieron a la reunión reservada del Hokage con los líderes y mandos de la Aldea fueron de una cada vez más creciente tensión entre los pobladores de la Hoja, civiles y shinobi por igual.
Aunque los líderes de los clanes y jefes del cuerpo shinobi que habían asistido a la junta con el Hokage habían mantenido la reserva necesaria sobre lo discutido en aquél lugar, para todos quienes habitaban la villa era evidente que algo pasaba: ni las movilizaciones de tropas, ni el acopio de suministros y armas, ni el cambio en el ritmo de salida de los equipos shinobi en misión, así como la menor disponibilidad de los mismos para misiones dentro y fuera de la aldea era algo demasiado notorio, sobre todo en los mayores, quienes pudieron asociar correctamente lo que sucedía ahora con lo que aconteció en tiempos pasados, un ambiente enrarecido que era igual a los días previos al estallido de alguna guerra.
Solo una cosa parecía faltar a los augurios bélicos: nadie parecía saber de algún suceso de gravedad que justificara un inminente conflicto con alguno de los enemigos usuales ni lo que parecía ser los preparativos para lo mismo.
El ambiente pre-bélico que parecía moverse en Konoha también sirvió de señal a los espías y shinobi en misión de las demás aldeas que por esa época se encontraban en el País del Fuego. Pronto las novedades sobre un posible despliegue del ejército de Konoha comenzaron a llegar a las demás Aldeas Escondidas, las que redoblaron sus esfuerzos de vigilancia y sus recursos de inteligencia para descubrir la verdad detrás de la inquietud que se veía en la más antigua de las Aldeas Shinobi y poder actuar en consecuencia.
En Suna, el Kazekage ordenó un repliegue general de sus tropas en las fronteras, donde las había posicionado a fin de precaver un ataque de Konoha o de las aldeas menores en caso de que un enfrentamiento entre Kumo e Iwa dejara a las demás fuerzas militares del continente elemental libres para realizar sus propias campañas sin el temor de verse atacadas por la espalda por alguno de los dos grandes. Su finalidad era preparar una fuerza de operaciones capaz de una incursión en territorio de su principal enemigo, tanto para poder contener una invasión si ellos eran el blanco de ese ambiente ofensivo en la Hoja (cosa posible ya que sus propios asesores catalogaban como suicida el que Konoha embistiera contra Kumo sin el apoyo de alguna de las otras cuatro grandes aldeas shinobi, que era lo que sus espías informaban era el plan de la Hoja) como para poder aprovechar si, por el contrario, los conflictos del nuevo Hokage realmente eran con la Nube o con alguno de sus otros vecinos y se creaba una oportunidad clara para poder sacar ventaja de su principal competencia.
Terumi Mei, la más joven y novel líder de las cinco grandes aldeas shinobi pudo concluir correctamente el posible destino de la potencial ofensiva de la Quinta Sombra del Fuego: el que Kumo debilitara su guardia naval fronteriza a la mitad era algo demasiado evidente. Pero sin sentirse con la fuerza para involucrar a su mermado ejército luego de las muertes producidas por la rebelión del Shinobigatana optó por la vía diplomática: informó a Konoha de los movimientos de la flota de la Niebla, mientras escribió a los demás grandes Kages a fin de conocer el verdadero estado de las relaciones entre todos y recalcar que en caso del estallido de una guerra Kirigakure optaría por la neutralidad, a fin de que el País del Agua fuese dejado fuera de cualquier despliegue bélico.
En Iwa Onoki, Sandaime Tsuchikage, se vio ante una disyuntiva: sabía que por su posición él era el verdadero árbitro del posible conflicto entre Kumo y Konoha; era su ejército y su flota los que retenían gran parte de los recursos militares del Rayo lejos de un eventual frente de batalla entre dicho país y el Fuego, y que fuera cual fuera la decisión que tomara ésta determinaría lo que finalmente sucedería.
Así, del Tsuchikage dependía todo: si así lo quería podría adelantar diez años la próxima Gran Guerra, para lo que bastaba hacer las paces con A y coordinar a los tres países continentales (la Tierra, el Rayo y el Viento) para aplastar Konoha definitivamente, una alianza que antes habría sido imposible pero con el Raikage enfurecido por la actitud del Hokage podría llevarse a cabo con un mínimo de resistencia y concesiones: lo único que permitía vivir a las tres aldeas menores era la necesidad de Iwa y Kumo de que permanecieran para mantener la balanza equilibrada entre ambas potencias, una balanza que no requería a un tercero capaz de disputar la corona. También podía cambiar las tornas y elegir apoyar al Hokage, ya sea formal (firmando una alianza con Konoha) o informalmente (simplemente atacando al Rayo por su lado) y usarlos para debilitar a Kumo y transformar a su propia aldea en la mayor potencia militar de las cinco grandes Aldeas Shinobi, ganando prestigio militar (lo que nunca estaba de más). O no hacer nada y tan solo quedarse allí, viendo, esperando el curso de los acontecimientos e intervenir cuando las cosas se intensificaran a mayores, dejando que ambas aldeas se desgastaran en una guerra inútil y saliendo de ese conflicto tanto con el mayor ejército de todos así como con la reputación de haber intervenido para detener la guerra, ganando prestigio y autoridad moral, algo más que necesario considerando que por su edad Onoki pronto debería dejar su cargo, y todo sin gastar un kunai ni sacrificar un solo shinobi.
Así, los preparativos para una eventual próxima guerra se desarrollaban en cada una de las cinco aldeas, mientras la diplomacia comenzaba a trabajar abriendo los canales de comunicación entre todas ellas y sus respectivos daimio, a fin de estar todos listos para lo que sea que terminara sucediendo en el choque que se gestaba entre la más antigua de las aldeas ocultas y la que era, en la actualidad, la mayor de ellas.
El Hokage se encontraba leyendo los últimos informes recabados con la situación general.
Faltaba un día para la junta definitiva en que los líderes de la Aldea, teniendo presentes los antecedentes reunidos y la respuesta del Raikage ante la solicitud de concesiones en pro de solucionar los diferentes puntos de conflicto señalados por la Quinta Sombra del Fuego en su comunicado previo, decidirían si aprobar o no un curso de acción en contra de Kumo.
Fugaku había estado preparando el ambiente para una aprobación de su plan bélico, dejando que la respuesta enviada por A se difundiera en toda la Aldea. El Uchiha mayor no dejaba de pensar en la falta de tacto que era capaz de mostrar ese cuadrado cabeza de músculo de la Nube, así como en la extrema confianza que evidenciaba en sus propias fuerzas, a las que consideraba capaces de resistir una guerra contra Konoha mientras contenía a Iwa.
Y es que de la información enviada por Jiraiya, fuera del desglose total de las fuerzas del enemigo y los tiempos de despliegue de su ejército (que le había servido para plantear el desarrollo de la campaña que se llevaría a cabo), surgía la certeza de que de esos tontos del País del Rayo no debía temer nada. Excepto por ese tal Darui, uno del que Fugaku tenía noticia de su fuerza pero no de su sagacidad, y que por lo mismo ahora era un blanco para el Hokage: ese joven prodigio debería morir.
Si su victoria le daría la neutralización del Raikage como amenaza, no podía dejarles a los de Kumo un reemplazo tan prometedor y que tuviese el talento para reconstruir lo que él destruiría.
Hace quince minutos sus asesores de estrategia para la guerra (los líderes Yamanaka y Nara, su mano derecha Niobe y su ahora sumado hijo Itachi) habían dejado la oficina, dejándole con la forma final de su plan de invasión, las designaciones de los mandos y los tiempos que manejaban para el despliegue. Fuera de aquello, ya tenía noticias ciertas de la forma en que procederían ante su movimiento Iwa y Kiri (que se supone solo observarían el desarrollo de los acontecimientos), así como Suna (quienes aparentemente ya se habían enterado de los preparativos de Konoha para una operación militar a gran escala y reunían sus escasas fuerzas para su despliegue en caso de presentarse la oportunidad de atacarles por el oeste).
También hace apenas un par de horas había recibido la confirmación de la presencia en la reunión de mañana de la representante del Amekage, lo que le daría oportunidad de calibrar el real poder de dicho posible oponente al poder ver qué tanto de lo señalado por Niobe de la enigmática segunda de Pain, Konan, la así llamada "Ángel de Dios", era real (y Fugaku reía ante lo que seguramente se encontraría ya que la descripción hecha por Niobe había sido demasiado extraña, así del cómo ese joven líder de un país tan insignificante se arrogaba a si mismo el pomposo título de "Shinobi no Kami").
Lo mejor sería dejar todas esas cosas por el momento. Una comida ligera y una inspección al Hospital Shinobi de Konoha lo relajaría antes de la demostración de esa tarde en que tendría la oportunidad de ver de sus cuatro estrellas, los poseedores del Mangekyo Sharingan, un combate simulado que serviría tanto para comprobar el verdadero nivel del hijo del Colmillo Blanco como para evidenciar a los pocos escogidos que le acompañarían (los líderes de los clanes shinobi de mayor poderío de combate) la verdadera fuerza de Clan Uchiha, incentivándolos a equiparar los recursos que pondría el clan de los ojos rojos con sus mejores guerreros.
Al menos Hiashi había cumplido su parte, y su propio deseo de venganza le había hecho ceder para el ejército lo mejor del Cuerpo de Guardia Hyuga, junto a su propia élite, lo que le daría la oportunidad de medir en batalla la verdadera valía de los portadores del byakugan y compararlos con sus subordinados.
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La demostración había concluido.
Mientras veía como su hijo Sasuke corría alrededor de su hermano mayor, todo emocionado por lo que había tenido el privilegio de ver, Uchiha Fugaku meditaba en lo sucedido y la impresión que los invitados parecían haberse llevado del despliegue de sus cuatro mejores guerreros.
Casi todo había salido excelente. Sus cuatro estrellas controlaban sus Mangekyo Sharingan al nivel necesario para evidenciar sus poderes en batalla, con Itachi y Shisui como los más vistosos de todos (sus Susanoo y Amaterasu eran impresionantes) y un Kakashi cuya velocidad y despliegue de jutsus eléctricos le daba al grupo la flexibilidad suficiente para compensar la extrema especialización de los demás integrantes. Niobe, por su parte, fuera de lograr mostrar su propio Susanoo (de fuego blanco, mucho más estilizado -como si fuese una mujer de armadura y larga cabellera- y armado con una espada corta de chakra) había hecho una exhibición de su técnica única para frenar al líder Akimichi en su forma gigante, ganando los halagos de los asistentes.
Fuera de los líderes de los clanes el Hokage había llevado a su familia.
Los invitados se veían satisfechos, su esposa Mikoto conversaba con algunos de ellos y cumplía su labor de agradar a todos dando la imagen que deseaba proyectar como hombre de familia, mientras dejaba que Sasuke pudiera ver con sus propios ojos el verdadero poder de un Uchiha e impulsarlo a ambicionar dicho poder para si mismo.
Pero no todo había sido perfecto ya que Hiashi no había concurrido. Bajo la excusa de que al no participar en la campaña no tenía sentido su concurrencia a la cita del Hokage había asistido en su lugar el así designado capitán del contingente Hyuga que participaría en la guerra. Así, Hyuga Hirato, uno de los escoltas de la matriarca del clan de los ojos blancos era quien se encontraba entre todos los allí presentes, destacando por su juventud y por el hecho de algo de los que les hizo partícipes a todos: la élite de los Hyuga estaba formada por los cuatro escoltas de Hyuga Himeko, y ellos serían el núcleo de los escuadrones que aportaría Hiashi para la guerra.
Así, la instancia que Fugaku esperaba fuera la oportunidad de impresionar a su futuro consuegro y entusiasmarlo con el porte de su hijo menor, así como del potencial que podría haber en él siendo de la misma sangre de Itachi, se transformó en una pérdida de tiempo en ese aspecto. Peor aún, pudo comprobar con desazón que la espectacular demostración hecha por los cuatro portadores de los ojos rojos no había causado mayor impresión en el joven Hyuga, lo que fue notado por los demás líderes de los clanes. Así, aprovechando que el líder Nara conversaba a cierta distancia con el representante de Hiashi sobre lo sucedido allí el Hokage activó su sharingan para no perder palabra de ambos.
El juicio del hombre de confianza de la matriarca Hyuga era lapidario: aunque vistosas, las técnicas del Mangekyo Sharingan eran de muy difícil control y potencialmente peligrosas para sus usuarios y sus aliados. Y el gran gasto de chakra de las mismas era todavía más peligroso, lo que su byakugan le había mostrado claramente a Hirato. Lo peor fue el final, cuando Shikaku le preguntó a su interlocutor si es que la élite Hyuga podría enfrentarse a los campeones del Hokage con posibilidades de triunfo, a lo que Hirato respondió con perfecta calma y seriedad: "Podemos derrotarlos sin problemas".
Fugaku decidió mirar hacia otra parte, desactivando su dojutsu con celeridad para no evidenciar su molestia por la seguridad mostrada por el enviado de Hiashi. No importaba si es que ese muchacho decía la verdad, si menospreciaba a los Uchiha o si solo era demasiado torpe para ver lo evidente; lo único que importaba era que ese sería el juicio que Hiashi tendría de sus estrellas y de él mismo.
Godaime Hokage tendría que asegurarse de que sus campeones lograran algo lo suficientemente grande durante la guerra para hacer a los suyos destacar por sobre todas las demás fuerzas shinobi de la Hoja.
Shizune miraba la tormenta que caía sobre las altas torres metálicas de la Aldea de Amegakure.
Aquella parte del País de la Lluvia, justo en el centro del mismo, tradicionalmente había sido ignorado por sus pobladores y líderes por dos motivos: de todo ese territorio aquél era el sector con las mayores precipitaciones, tanto así que la saturada tierra acumulaba una cantidad de agua tal que se había formado un enorme lago que a pesar de desaguar en varias corrientes de agua que se extendían hacia el País de los Ríos apenas hacían mella en él. Así aquél enorme cuerpo de agua dejaba como única tierra habitable una antigua altiplanicie que había sido transformada con concreto y metal por los subordinados de Pain, dejando una urbe de aspecto artificioso y enrevesado en que las edificaciones se alzaban para aprovechar el espacio disponible y albergar a decenas de miles de almas.
Pero eso era para el futuro, porque Pain pensaba en los hijos de sus hijos. Ahora la enorme aldea edificada apenas tenía poco más de diez mil habitantes, en su mayoría los shinobi de su armada y sus familias, dándole al poblado un aspecto vacío. Y la constante lluvia que obligaba a sus pobladores a permanecer bajo techo solo empeoraba las cosas.
El segundo problema que tenía el paraje donde Ame había sido construida eran los rayos: las fuertes tormenta de agua, alimentadas por la humedad generada por las cálidas aguas del mar del norte, que separaba la Tierra y el Rayo y que los vientos traían hasta ese punto, al chocar con los vientos ascendentes del desierto del Viento que golpeaban al país desde el suroeste provocaban fuertes tormentas eléctricas que liberaban su furia destructiva sobre la planicie y el lago que lo circundaba. Pero Pain, queriendo demostrar su habilidad para controlar los elementos, había diseñado una urbe que se servía de los rayos. Los altos edificios de metal de Ame tenían una razón de ser, fuera de protegerlos de eventuales inundaciones: eran pararrayos, que conectados en una intrincada red de cables y condensadores acumulaban todo ese poder para alimentar de energía gratis y abundante a la villa, con todo lo que aquello significaba.
Luz, calor, seguridad: todo aquello provenía del ingenio de los líderes de Ame. Todo condensado en la más colosal fortaleza construida por fuerza shinobi alguna.
Y era todo eso algo que resultaba atractivo para sus naturales. Ciertamente Amegakure no Sato no era el lugar más lindo y estilizado del mundo, pero era funcional, y seguro, haciendo habitable un lugar que antes despreciado como tierra inútil estaba ahora destinado a ser la capital del país y el trono del Dios Pain.
Aunque para quienes venían de zonas más verdes y cálidas la Aldea de la Lluvia era deprimente.
La joven aprendiz de la Sannin de las Babosas era incapaz de acostumbrarse al clima, al agua y a los rayos, algunos cayendo tan cerca que incluso los gruesos muros superpuestos de las torres metálicas de Ame eran incapaces de silenciarlos por completo. Y sí, las ventanas eran pequeñas y la abundante luz interior reducían mucho el impacto del destello de los relámpagos, pero estaban allí, y aunque todo mundo pudiera ignorarlos ella no podía hacerlo.
Llevaban ya más de siete meses encerradas allí. Sí, tanto ella como su maestra tenían libertad de ir y venir por toda la villa, y el que fuesen personas de confianza e invitadas del divinizado líder de la Aldea hacía que todo mundo fuese amable y servicial con ellas, pero Shizune era consciente que la situación de ambas era más precaria de lo que parecía.
La hermana del difunto Dan había podido escamotear a su maestra la carta enviada a ella por el nuevo Hokage. Allí pudo enterarse de la suma de amenazas que pesaban sobre la cabeza de Tsunade y el motivo por el cual estaban allí como sirvientes de un poder extraño.
Y lo peor era la resignación con que su maestra se tomaba todo, como si realmente no pensara que eran rehenes, prisioneras… esclavas. Más extraña era la cercanía que había logrado con el tal Pain y con su mano derecha, quienes parecía que hace mucho fueron alumnos de una persona que había sido pretendiente de la nieta del Primero y que la joven creía recordar como el compañero de equipo de su maestra.
Shizune no estaba a gusto allí. Ella no quería permanecer allí, y mientras esperaba el retorno de Tonton (el pequeño cerdo mascota que ella cuidaba en memoria de quienes habían partido) en el umbral de la torre del Amekage, la principal estructura de la villa, un sentimiento incómodo la llenaba. Era como el presentimiento de que algo malo le sucedería a su maestra, a su única familia, si es que permanecían allí más tiempo lo que atormentaba a la muchacha pelinegra.
El regreso del animal, que corría bajo la lluvia, sacó de su letargo a Shizune. Luego de secarlo y devolverle su atuendo a la mascota, la joven le ordena que busque a su ama. Tonton levanta su cabeza, olfateando el aire, hasta el momento en que captura la esencia de Tsunade y se pone a caminar hacia donde se supone se encuentra, con la pelinegra que lo cuida siguiendo sus pasos.
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Llamaban a la puerta.
Senju Tsunade estaba recostada sobre su cama, en una habitación reservada para su uso ubicada en el tercer piso de la torre del Amekage. Sin ganas de nada, solo dejaba pasar el tiempo mientras llegaba la hora del almuerzo. Shizune seguramente había sacado a Tonton al baño, por lo que no tenía ninguna compañía en ese momento.
Una voz femenina pide permiso para ingresar. Al no recibir una respuesta la visitante avisa que va a entrar y abre la puerta.
Una joven de cabello azul aparece en la entrada, una que Tsunade reconoce con facilidad. Viste una camiseta ajustada azul claro, así como un pantaloncillo negro y unas botas largas que se confunden con unas medias negras que suben hasta sus muslos. Ese aspecto era extraño: Konan, la mano derecha de Nagato, usaba el uniforme shinobi estándar (similar al de Konoha, pero de buzo color calipso y chaleco táctico azul marino, que había reemplazado tanto a la capa de nubes rojas del extinto Akatsuki, el ejército revolucionario de Pain, así como al gris de la época de Salamandra Hanzo), uno de los cambios llevados a cabo en los últimos meses producto del impacto del arribo de la Sannin y su protegida, cambios que reflejaban la transformación generada en el mismo Pain.
La rubia siguió a Konan a donde su líder y amigo le esperaba. El camino fue largo, bajando los pisos que distaban entre su dormitorio y el gran mausoleo subterraneo.
El recinto mortuorio secreto había sido construido bajo tierra, a casi veinte metros bajo el suelo de la gran plaza central que se extendía frente a la entrada principal de la torre que era a su vez morada y cuartel del líder de la Lluvia.
Dicho recinto, acomodado en una caverna artificial creada por el poder del Rinnegan, media cuatro hectáreas. Perfectamente cuadrado, el espacio tenía diez metros entre el suelo y el techo, estando en su mayor parte desocupado.
Los únicos sepultados allí eran los caídos en la última gran batalla, cuando Pain derrotó y dio muerte a Hanzo, el dictador de esa tierra azotada por la guerra. En conmemoración a esa victoria Nagato, una vez con la suma de su poder restaurado gracias a la ayuda de la princesa Senju, había decidido crear ese santuario, el que albergaba las tumbas de los muertos de ambos bandos enfrentados en la última guerra civil, con excepción del caído líder enemigo y sus cercanos.
Y el creador del santuario estaba allí, con su cuerpo restaurado gracias a los cuidados de la mejor doctora shinobi de la historia (aunque Tsunade sabía que mucho de su milagrosa recuperación se debía a la particular naturaleza Uzumaki del Pain). Vestía de manera sencilla: calzado negro bajo; un pantalón negro holgado y una camiseta del mismo color de manga larga, todo aquello cubierto por un sobretodo café que llevaba cerrado en todo momento; sobre su frente el símbolo de las tres rayas verticales grabadas en su protector shinobi metálico, el único símbolo persistente del anterior régimen porque más que ser algo propio de Hanzo era lo que simbolizaba ante todos al País de la Lluvia y ahora a su Aldea Escondida. Su cabello cortado como siempre, a la altura del cuello, liso y con el amplio flequillo que cubría la mitad derecha de su cara, en donde esos ojos negros, extraños para un Uzumaki porque no son realmente suyos, permanecen fijos mirando al frente, mientras un leve pero sostenido movimiento de sus labios repiten en silencio los mantras budistas con que el portador del dojutsu legendario, el Rinnegan, pide por el descanso de las almas de sus compañeros caídos.
Cuando la nieta de Senju Hashirama fue localizada por esa partida de cazadores anbu del nuevo Hokage de su aldea de origen lo último que esperó era que la razón para estar tras de ella fuese el que partiera a una tierra ignorada por todos para asistir a un posible nuevo aliado de Konoha. Mayor fue su sorpresa al ver cómo quien le recibía como su guía en Ame era aquella niña pequeña peliazul (ya toda una mujer) que había sido alumna de ese cabeza hueca de Jiraiya, a quienes se encontraron durante la Segunda Gran Guerra Shinobi, cuando su equipo estaba en misión en el País de la Lluvia, en ese entonces nada más que un enorme campo de batalla.
Pero lo más impresionante fue lo que no le fue revelado hasta que se lo encontró, escondido en la única estructura terminada de la gran urbe que se estaba levantando en el lugar más inhóspito y con el peor clima de todo ese país (lo que era mucho decir).
La habitación estaba oscura, con apenas unas pocas luces de velas ubicadas para poder verse los rostros. Tsunade necesito que Konan le repitiera lo que le parecía imposible: ese despojo humano era en realidad Nagato, otro de los discípulos de Jiraiya, líder de Ame y portador del Rinnegan, el ojo que fue en su época portado por el único Rikudo Sennin. Fue esa patética imagen, que la rubia pudo contrastar con el recuerdo de ese muchacho tímido y apocado que hacía parte de los tres huérfanos a quien su impetuoso compañero de equipo quiso proteger lo que la decidió a ayudarle, más allá de lo que Uchiha Fugaku le había ordenado o de las amenazas que el nuevo líder de su aldea dejaba entrever en su carta.
Por que Senju Tsunade era, antes que cualquier otra cosa, una doctora, con una vocación más fuerte de lo que creía. Y Nagato le necesitaba.
Se enteró de todo lo que había llevado al muchacho, hoy un hombre apenas aferrado a la vida, a esa condición: su lucha, la pérdida de su amigo, el despertar forzado de sus habilidades para salvar al resto de sus compañeros, la necesidad de sus avatares para poder continuar con sus esfuerzos hasta su victoria última.
Tanto Konan como Shizune resultaron ser de un valor incalculable en sus esfuerzos por devolverle lo que había sacrificado ese chico. Fueron semanas de esfuerzos, de investigación, de pruebas y muestras, de cada habilidad y destreza aprendida por la Sannin para descubrir qué le había sucedido con exactitud para poder revertirlo.
Sus estudios le dieron muchas respuestas que no se esperaba.
Lo primero y más sorprendente fue descubrir que esos ojos que desde el día en que Nagato se había forzado a si mismo no habían perdido el rinnegan en ellos no eran en realidad suyos, sino que alguien los había implantado allí. Por lo que sabían todos aquello debió haber sido hace mucho tiempo, en la primera infancia de Nagato, pero aquel misterio parecía un callejón sin salida.
Aunque Pain tenia una ligera sospecha, nacida de un encuentro con un extraño que decía ser una legenda del pasado, pero ni siquiera eso era algo seguro.
Lo otro sorprendente para Tsunade fue el verificar que Nagato pertenecía realmente a los Uzumaki del País del Remolino, el clan de su abuela paterna. Eso le dio las respuestas que buscaba: lo que hizo Nagato al forzar su cuerpo para conseguir liberar el poder del rinnegan en su totalidad y derrotar el ejército reunido por Hanzo y su aliado Shimura Danzo de Raíz debió matarlo, pero su propia naturaleza Uzumaki había evitado su muerte. Sin embargo, sin chakra suficiente para alimentar su dojutsu, había inconscientemente marcado su cuerpo con esas lanzas negras que alimentaban con el chakra que extraían a la fuerza de su físico marchito las capacidades de creación del dojutsu legendario, forzando su propio cuerpo más allá de sus límites y lisiándolo en el proceso.
Esas certezas le dieron a la Sannin un curso de acción para afrontar su misión.
Lo primero era fortalecerlo para liberarlo de sus ataduras. Al contrario de lo que creían tanto Konan como Pain, el material de las estacas negras extractoras de chakra no era metal, sino alguna especie de carbono cristalizado, como si fuese grafito pero más negro y mucho más denso, de una resistencia mayor a cualquier metal: algún tipo de sustancia creada de mokuton (elemento madera), más fuerte que cualquier sustancia vegetal jamás existente. Eso era lo que permitía que el chakra circulara por él como si fuese un organismo vivo, reteniéndolo y conectándolo porque era parte de su propia sustancia biológica; por ello también es que podía crearlo a partir de su chakra, e incluso formarlo por medio de sus Caminos quienes se movían con su propio chakra y su rinnegan.
Eso último también representó un nuevo problema: sacar las lanzas sería como si le amputaran un brazo o una pierna, lo que podría hacer su cuerpo colapsar. Pero su biología Uzumaki le permitió a Tsunade probar un mecanismo radical, enseñándole a Nagato algo que ella misma había aprendido de su abuela Mito, también una Uzumaki. Así, el "Sozo Saisei" (Creación del Renacimiento), sumado a las ahora enormes reservas de chakra de un Pain más maduro luego de años de lucha lograron el milagro, permitiéndole sobrevivir a la separación y dándole nuevamente la capacidad de moverse por si mismo.
Lo que siguió las siguientes semanas fue sencillamente milagroso, con el cuerpo de Nagato alimentando el jutsu sanador de la Sannin en su propia fuerza y regenerando su cuerpo atrofiado, devolviéndole la movilidad y agilidad propias de su edad.
La asistencia de la Princesa Babosa, incluyendo una dieta real y terapia regenerativa, lograron en apenas tres meses su total restauración. Konan no pudo evitar llorar cuando por su propia mano cortó el último despunte de cabello cano que ocupaba sus puntas, las que recortadas dejaron al pelirrojo como lo recordaba antes de sucediera todo aquello que desgració sus vidas.
Para ese entonces los cuerpos que correspondían a los Caminos de Pain, sus avatares, habían sido sepultados en el nuevo santuario mortuorio, en cuya inauguración todos quienes obedecían al mandato del Dios Pain pudieron finalmente conocer su verdadero rostro.
Nagato estaba al centro del santuario, arrodillado en señal de respeto ante seis tumbas formadas por cajones de granito abiertas, dentro de las cuales estaban sus pasados avatares, sus antiguos compañeros caídos durante los años en que combatieron contra el miserable que dominaba su país con puño de hierro. Los cuerpos estaban incólumes, como si durmieran, vestidos con la túnica oscura marcada de nubes rojas que señalaban a los miembros del grupo fundado por Yahiko, cuyo cuerpo, que fue a su vez su primer avatar, estaba a la derecha de todos sus demás compañeros.
Al ver como el pelirrojo no parecía reaccionar a la llegada de las dos mujeres Konan detuvo a Tsunade a una distancia apropiada, para luego aproximarse e, inclinándose junto a su amigo, tocó su hombro, haciendo que Nagato abra sus ojos y le mire: "¿Qué sucede, Konan?"; la aludida le responde: "Ella está aquí, Pain-sama".
Nagato se levanta del suelo, haciendo un gesto para que la rubia se aproxime. Tsunade camina a su lado, colocándose junto al líder de Ame mientras mira los rostros de los cuerpos que allí descansan:
- ¿Porqué me llamaste?
- Quería enseñarte ésto.
- Impresionante lugar.
- Si, pero no es eso lo que quería que vieras, sino a ellos.
- No creí que los conservaras: ya no los necesitas.
- Nunca los escogí porque los necesitara. El usar sus cuerpos como mis Caminos fue la forma que encontré de que permanecieran a nuestro lado y que de alguna forma todos ellos, que solo querían lo mismo que yo, lo mismo que mis amigos, pudieran ser partícipes de mis luchas y mis triunfos.
- Pero sin usar esos cuerpos tú jamás habrías podido hacer nada, no en el estado en que te encontrabas.
- Yo no soy nadie…
- Te dices a ti mismo "Dios", eso no habla muy bien de esa humildad que finges cuando hablas conmigo.
- ¿Fingir? Si, tal vez lo hago. Venero a Jiraiya-sensei y no puedo evitar ver en ti a su igual, por lo que trato de agradarte. ¿Y qué piensas de mi?
- Creo que cuando te viste así, con tu cuerpo destrozado, y decidiste usar a tu amigo muerto, descubriste lo bien que resultaba y comenzaste a tomar más y más cuerpos hasta formar el grupo que te permitía combatir y usar tu poder sin poner en peligro tu vida. Eso solo me deja una conclusión: que eres capaz de hacer lo que sea, incluso profanar el cadáver de tu amigo, para lograr tus fines.
- No me conoces.
- No quiero conocerte, Pain.
- No Pain, Nagato. Si me conocieras sabrías que no somos lo mismo.
- ¿No?
- Pain era… Pain es un papel, un título. Pain es la forma en que le declaro al mundo mi verdadera naturaleza, el cómo fue que mi dolor y el dolor de mi tierra la que me dieron forma. Pain es quien soy cuando confronto a mis enemigos o cuando guío a mis subordinados a la batalla, no cuando me abro a otros.
- Konan-san te dice "Pain".
- Porque al igual que a mi a ella le ha marcado su propio dolor. Un dolor que cesará cuando logre devolverle lo que perdió, lo que ambos perdimos.
- La quieres bastante.
- Es mi hermana.
- Pensé que serían algo más, que ahora que eres un hombre sano y completo nuevamente tratarías…
- ¿Qué?
- Todos te ven como un rey, Nagato. Y ella sería una reina ideal.
- Ame tendrá un rey, pero no seré yo. Yo soy un dios, yo… debo ser un dios, uno que trascenderá de los límites de la Lluvia.
- ¿La despreciarás?
- No, haré lo correcto. Y tú lo verás. Antes, cuando Yahiko murió por nuestros errores y mi cuerpo quedó deshecho, quise partir, darle a Konan lo que creía que era mío por derecho de nacimiento, que ella fuese la verdadera heredera de Rikudo Sennin. ¿Sabes? Cuando Jiraiya-sensei me comentó de una vieja profecía que creyó hablaba de mi por este dojutsu que tengo no lo escuché porque era incapaz de verme a mi mismo como aquél que traería la paz al mundo shinobi, acabando con las guerras. Después, elegí depositar mis esperanzas en Yahiko, eligiendo ser su sostén, aunque él creía lo mismo de mi; y cuando él se fue me convencí de que en realidad no era yo, ni él, y quise dejarle todo a Konan: con Yahiko muerto y conmigo acabado desee que fuese ella la destinada a cumplir esa profecía.
- Pero te arrepentiste.
- No, fue ella la que me convenció de lo contrario. Así, juntos llegamos a la conclusión de que debía tomar el cuerpo de Yahiko y usarlo para cumplir nuestra meta, de tal manera que su rostro y su presencia estuviesen siempre allí, caminando a nuestro lado. Estos que ves aquí no han sido todos mis avatares: he tenido un par de compañeros caídos más como mis Caminos de Pain, cuyos cuerpos fueron destruidos durante la guerra y debieron ser reemplazados: el poder que tengo ahora no es el mismo que tuve al principio, sino Hanzo nunca habría sido una amenaza. Y mis subordinados, al ver a mis Caminos, creían que estos caídos en realidad no habían muerto sino que vivían una segunda vida como los servidores de su dios.
- Ahora todos saben la verdad.
- E incluso así ninguno ha condenado mis acciones.
- Te temen.
- Si salieras y recorrieras Ame, si te dieras el tiempo de conversar con ellos en vez de ocultarte como si fueses una prisionera, sabrías que te equivocas.
- No me interesa, no cuando tú eres más de lo mismo. Uzumaki Nagato solo es otro tipo poderoso que cree que la guerra y la muerte le dará verdadera paz.
- ¿Por eso no aceptas mi ofrecimiento?
- ¿Qué ofrecimiento? ¿El quedarme como tu asistente? ¿El dejar que te sirvas de mi fuerza y mis habilidades para sostener a tu ejército?
Nagato negó con la cabeza, girándose y caminando de regreso a la salida del santuario subterráneo que daba hacia la torre principal. Tsunade se percata que Konan ha desaparecido y decide caminar un paso detrás del líder de la Lluvia.
- Te aprecio, Senju Tsunade, no por tu fuerza o por tus habilidades médicas, sino por ser quien eres.
- ¿Quién soy?
- La compañera de mi maestro, su amor. Si mi maestro pensaba eso de ti es que debes ser especial.
- Jiraiya no sabía lo que decía, siempre dejando que sus sentimientos nublaran su juicio respecto de mis faltas.
- Él nunca te culpó de nada. Solo te quiero aquí porque sé que somos pocos y débiles, pero pretendo hacer de Ame algo grande, de tal manera de que sea el pedestal desde el cual Pain extienda su mano sobre las demás naciones elementales y les guie hacia la paz.
- Y pretendes que vea como extiendes tus ideas de dominio con la sangre de todos ellos.
- No, Senju Tsunade. Antes maté porque era débil, demasiado para permitir que mis enemigos vivieran, pero gracias a ti he dejado atrás esa debilidad, el sentirme vulnerable. Lo que has hecho con mi cuerpo, junto con lo que me has enseñado respecto de mis verdaderas capacidades como un Uzumaki me ha dado la fuerza suficiente para no necesitar acabar con quienes seguramente se resistirán a mis propósitos.
- (la rubia niega con la cabeza) Nada de lo que dices logrará que acepte ayudarte a llevar la guerra a otras tierras.
- Entonces, ¿no lograré convencerte?
- Nada ha cambiado. Lo único que espero es no arrepentirme por lo que he debido hacer obligada por ser quien soy.
- Si pensabas así podrías haberme matado. O simplemente podías decir que no eras capaz de ayudarme.
- Lo primero lo pensé de camino a tu villa. Claro, en ese entonces creía que eras otro dictadorzuelo más y que merecías morir.
- ¿Y qué te detuvo?
- El recuerdo de mi antiguo compañero. Agradécele a tu suerte.
- No suerte, destino.
- ¿Quieres hacerme creer que eres algún tipo de líder predestinado?
- Nunca. Pero el destino sí tuvo que ver: en el surgimiento de la profecía, en que Jiraiya-sensei la escuchara, en que nos encontráramos esa mañana y salváramos gracias a su intervención nuestras vidas y nuestro futuro.
- Quizás debimos dejar que Orochimaru los matara.
- Pero no lo hicieron.
- No quiero arrepentirme por eso. No deseo otra cosa así sobre mi conciencia.
- Tampoco pretendo que Jiraiya-sensei se arrepienta por lo que nos enseñó. Por favor: quédate y ve cómo haré las cosas, para que en el futuro puedas contarle a sensei que no se equivocó al mostrarnos compasión.
- No lo haré. Apenas cumplas tu parte con Konoha me marcharé.
- Si es así acompañame para cuando deba enfrentar al ejército de Suna.
- ¿Para qué? No deseo ver como se matan por estupideces, menos aún las haré de soldado, Pain.
- Ve con nosotros, Tsunade de los Sannin. Te prometo que lo que verás te convencerá de seguirme.
- ¿Porqué lo dices con tanta seguridad?
- Por que allí sucederá algo que crees imposible, algo que te demostrará que si me hago llamar "dios" es porque realmente pretendo serlo. Pero no seré un dios egoísta: soy el protector de Ame y su gente. Tan solo te pido la oportunidad de demostrarte que estás equivocada conmigo.
- Lo pensaré, pero no te prometo nada.
Ambos están cerca de la salida del santuario. En la cima de la escalera ascendente se ve a Shizune, quien sostiene a Tonton en sus brazos.
Tsunade decide dejar al líder de la Lluvia allí, solo, corriendo para alcanzar a su protegida y poder marcharse de regreso a su habitación, a su encierro voluntario.
Nagato ve como ese par se marcha. Suspira, mirando hacia atrás, mientras se dice a si mismo: "Ella irá tras mis pasos y será testigo de todo; será mi más devota seguidora y yo le recompensaré dandole lo que más desea. Cuando el Kazekage lo traiga directo a mis manos ella verá lo que haré y se convencerá de que tengo la fuerza para lograr hacer realidad el sueño de mi maestro y lograr el fin de las guerras. Cuando Suna avance la segunda fase de mi plan será iniciada, y ustedes tres serán mi sostén: ustedes serán mis ángeles… "
Notas del Autor.
Por si alguien no me conoce y no le ha quedado en claro aún: sí, soy bastante detallista con ciertos puntos que podrían parecer relleno pero que considero necesarios para una plena comprensión de los bemoles de la historia que planteo (como el mostrar la reunión del Raikage con los suyos respecto a una posible guerra con Konoha).
Para que se hagan una idea las fuerzas navales shinobi están constituidas por naves pequeñas, numerosas pero poco armadas, planeadas como plataformas de despliegue de infantería y no como unidades de combate autónomo, de allí su constitución en escuadras (grupos de varias unidades) y que incluso habiendo tantos barcos disponibles el número de tropas que pueden mover como fuerzas de desembarco son muy escasas (cincuenta o sesenta por navío, fuera de sus tripulaciones y guarnición armada). Esta forma de plantear la guerra naval está conteste con la existencia de los shinobi y del chakra y sus técnicas en reemplazo de artillería (una tecnología poco desarrollada en ese universo y por lo mismo poco confiable).
Aquí se introduce finalmente a Nagato, quien será uno de los poderes más influyentes dentro de la historia, así como Jiraiya. Ambos serán personajes relevantes en la trama. Por si no se dieron cuenta aprovecharé algunas cosas que inventé para "Naruto Sennin" y las utilizaré aquí, por lo que espero que recuerden que la auto copia no es plagio.
De los review, fuera de las respuestas ya dadas a OTAKUFire, Yi Jie-san y Souldeak, está la de Rafarikudou que realmente me descolocó porque la he visto desde todos lados y no logro verle el sentido: bravo, me has dejado anonadado (quiero creer que es un arranque de optimismo -del mismo que tuve cuando quería el NaruHina canon y Kishimoto no nos daba nada para sostener nuestras esperanzas-).
