Capítulo 10:
- Buttercup, más vale que te levantes.
Butter se revolvió al oír la voz del Profesor.
Parecía enfadado.
- ¿Qué pasa? - preguntó Buttercup, soñolienta, asomándose por encima de las mantas. Por un momento creyó que era muy tarde y tenía que ir al colegio, hasta que se acordó de que por suerte era sábado.
- Levántate, Buttercup! - insistió el Profesor -. ¿Qué? Pretendes que creamos que no lo sabes, ¿verdad? Muy bien, pues ahora bajaremos y podrás ver qué pasa. y tanto que lo verás!
La cocina estaba hecha un desastre. Blossom, escoba en mano, barría los pedazos de un cuenco de porcelana roto. Las paredes estaban salpicadas de sirope de chocolate y zumo de naranja., y las ventanas chorreaban de huevos que habían lanzado contra ellas.
Bubbles estaba sentada en la mesa de la cocina. Tenía los brazos cubiertos de moratones iguales a los que presentaba Blossom el día anterior, y sus ojos estaban rojos, como si hubiese llorado.
- ¿Y bien? - preguntó el Profesor, a la expectativa.
- Yo... yo no he sido - tartamudeó Butter, paseando la vista de uno a otro. No iban a creer que ella era capaz de hacer algo así... ¿O sí?
De pronto, allí en el suelo de la cocina, junto a cereales desparramados y pieles de naranja, Butter vio unas pisadas diminutas en la harina. Eran del tamaño de su meñique y en ella se distinguía claramente la forma del talón, tras unas marcas difusas que bien podían corresponder a los dedos de los pies.
- Miren! - señaló Buttercup -. Fijense. Huellas pequeñitas.
Blossom levantó la mirada hacia ella, con los ojos entrecerrados de rabia.
- Venga, cállate, Butter! El Profesor dijo que te vio aquí anoche. Si hay huellas son las tuyas!
- No es verdad! - chilló Buttercup.
- ¿Por qué no echas una ojeada dentro del congelador, eh?
- ¿Qué? - preguntó Butter.
Bubbles soltó un sollozo especialmente húmedo.
El Profesor quitó la escoba a Blossom y se puso a barrer la harina y los cereales.
- No, Profesor, las huellas... - protestó Buttercup, pero el Profesor no le hizo el menor caso. Dos escobadas bastaron para que la única prueba que ella tenía acabase en la basura.
Blossom abrió la puerta del congelador. Los renacuajos de Bubbles se hallaban congelados en sendos compartimentos de la cubitera. Al lado había una nota escrita con tinta en un trozo de caja de cereales:
Tiene sus bemoles congelar a unos ratones.
- Y no encuentro a Jeffrey ni a Lemondrop! - exclamó Bubbles.
- Y ahora ¿por qué no nos cuentas qué has hecho con los ratones de tu hermana? - dijo el Profesor.
- Profesor, no he sido yo. De verdad.
Blossom agarró a Butter del hombro.
- No sé qué intentas hacer, pero lo lamentarás.
- Blossom - la reconvino el Profesor. Su hermana la soltó pero con una mirada que prometía futuros actos de violencia.
- No creo que haya sido Butter. - dijo Bubbles respirando entrecortadamente -. Creo que ha sido el trastolillo.
El Profesor guardó silencio. En la expresión de su rostro se notaba que, para él, el hecho de que Buttercup convenciese a Bubbles de su inocencia era la peor de sus triquiñuelas.
- Buttercup - dijo -, para empezar, vas a recoger toda esta basura y vas a asacar las bolsas fuera de la casa. Si esto te ha parecido gracioso, veremos qué gracia te hace pasar el resto del día limpiando. SIN SUPERPODERES.
Buttercup agachó la cabeza. No había manera de lograr que le creyesen. Sin decir nada se vistió y luego agarró tres bolsas de basura negras y empezó a llevarlas y empezó a llevarlas hacia la puerta principal.
Fuera hacía calor y el cielo estaba azul. El aire olía a pinaza y a césped recién cortado. Sin embargo, la luz del día no parecía ofrecer gran protección.
UNa de las bolsas se enganchó en una rama y , cuando Butter le dio un tirón, el plástico se desgarró. Con un gruñido, dejó caer las bolsas para evaluar el daño. Era una rotura grande, y por ella asomaba el contenido de la bolsa. Cuando empezó a recogerla, se dio cuenta de lo que tenía en las manos. Era el contenido de la casa de la criatura!
Examinó los trapos, la cabeza de muñeca y los alfileres con cabeza de perla. A la luz del sol descubrió cosas en las que no se había fijado antes. Vio un huevo de petirrojo, pero estaba aplastado. Había varias tiras de periódico dispersas, y cada una de ellas llevaba escrita una palabra extraña como luminiscente y soliloquio.
Butter juntó todas las piezas del nido y las colocó cuidadosamente, apartadas del resto de la basura. ¿Podría montarle al trastolillo una casa nueva? ¿Serviría de algo? ¿Conseguiría con ello que dejara de hacer travesuras? Le vino a la mente la imagen de Bubbles llorando y de los pobres y ridículos renacuajos congelados en la cubitera. No tenía ganas de ayudar al trastolillo.
Deseaba atraparlo, propinarle patadas y hacer que lamentase haber salido de la pared.
Tras arrastrar las otras bolsas hacia la parte delantera del jardín, observó la pila de objetos que pertenecían al trastolillo. Sin saber muy bien si quemarlos, devolverlos o qué hacer con ellos, los recogió para llevarlos al interior de la casa.
El Profesor estaba en el vestíbulo, esperándola.
- ¿Qué es todo eso? - preguntó.
- Nada. - dijo Butter.
Por una vez, el Profesor no hizo más preguntas, al menos respecto al montón de basura que llevaba.
- Butter, se que estás disgustada desde que nos mudamos. Todos lo estamos.
Buttercup fijó la vista en sus zapatos, sintiéndose incómoda. El hecho de que estuviese disgustada por la mudanza no significaba que ella hubiese puesto su nuevo hogar patas arriba ni pellizcado a su hermana hasta amoratarle los brazos ni atado el pelo de su hermana a la cabecera.
- ¿Y? - preguntó suponiendo que el Profesor estaba dándole a entender con su silencio que esperaba una respuesta.
- ¿Y? - repitió él, en tono de exasperación acostumbrado -. Pues que no debes dejarte llevar por tus sentimientos, Butter. Tu hermana se desahoga con la esgrima y tu otra hermana tiene a sus animales, pero tú...
- Yo no lo hice - dijo Butter -. ¿Por qué no me crees? ¿Por la pelea del colegio?
- Tengo que reconocer - contestó el Profesor - que en realidad no es muy raro de ti haberle roto la nariz a un chico. A eso me refiero. Bubbles no se pelea con nadie. Y Antes de que todo cambiara, tu tampoco lo hacías.
Buttercup estudió sus zapatos con más atención.
- ¿Puedo entrar?
El asintió con la cabeza, pero lo detuvo posándole una mano en el hombro.
- Si vuelve a ocurrir algo, tendré que llevarte a que te vea alguien. ¿Está claro?
Butter movió la cabeza afirmativamente, pero lo invadió una sensación extraña. Recordó lo que había dicho acerca de tía Lucy y el manicomio, y de pronto le supo muy, pero que muy mal.
Ok, vale, sé que he tardado mucho en subir un capitulo y en seguir esto, pero lo siento muchisimo en serio, he tratado pero con las fiestas (FELICES FIESTAS ATRASADAS POR CIERTO!) y ahora que me voy de vacaciones no he tenido tiempo, pero como siempre, aqui esta! Mas vale tarde que nunca verdad? Espero que les guste el cap! sayo! :3
