Capítulo IX

La discusión sobre Graham

Regina se despertó, justo cuando el reflejo de la luz en la ventana chocaba de forma intermitente contra sus ojos.

Abrió los pesados párpados con dificultad, y tardó unos minutos en reconocer dónde estaba. Estaba en el hotel, claro está. Volteó la cabeza, y se percató de que le dolía ligeramente. Vio su maleta y se dio cuenta de que era su habitación.

La mujer no recordaba casi nada posterior al concurso de "Tequilas" que había iniciado con Graham en la barra de la piscina, la noche anterior. Se tocó a la altura de los pechos, de forma apresurada, y notó que tenía pijama.

No había señales de Graham… no había señales de pasión. No sentía que hubiese pasado nada entre ellos. Pero no estaba segura, puesto que no recordaba nada.

El sonido de la puerta la hizo reaccionar alarmada. Se paró y se dirigió a ésta, mientras se ponía la bata de seda negra, y la ajustaba a su cintura

- ¿Quién es? – preguntó sobresaltada

- Yo "Mi reina" – la voz de la muchacha le devolvió la tranquilidad

- Emma, buen día – le respondió apenada, mientras que abría la puerta y la chica entraba

- Vaya, vaya… que te he visto anoche en la piscina riendo con el extraño ese de lo lindo, botella de tequila en mano y demás – le dijo la muchacha en tono divertido - ¡Pervertida! – la chica ahora sonreía pícaramente

- Pues… Si, me he divertido mucho con él – dijo con un tono de pena, mientras bajaba la cabeza – Pero no recuerdo mucho después de varios Tequilas

- ¡Vaya! – Emma abrió ampliamente los ojos, y su gesto pasó de divertido a preocupado – y ¿dónde está "Romeo"? Se acostó contigo y se fue – sonaba a reproche

- ¿Y Killian, tu esposo? ¿Te dejó salir solita hoy? – Regina empezó a molestarse, y a levantar la ceja

- Está bien Regina, tú ganas… Tienes toda la razón. No tengo por qué meterme en tus asuntos

- No Emma, no tienes por qué – la mujer sonaba triste y ofuscada – prácticamente me lanzaste a los brazos de Graham, y ahora yo soy la que debe tener cuidado. No parecía tan extraño cuando llegó Killian…

- ¡Vale!, está bien… No tengo derecho… Dijimos que nadie se iba a interponer en nuestra relación. Ni Killian, ni nadie – La chica quería tratar de defender el punto, y de llegar a consenso

- Está bien… Eso dijimos – Regina bajó la guardia, y giró la mirada hacia arriba con la cabeza inclinada – tú me cuentas tus cosas, y yo trato de llevarlas. Pero no quiero incomodarte, si tú no puedes con las mías

- Sabes que si Regina. Te amo, y siempre te voy a amar. Vamos a estar juntas siempre. Me enamoré de Killian, y quiero hacer una familia "normal" con él. Y quisiera que tú tuvieras algo como lo nuestro – la chica la tomó de las manos

- Es fácil para ti decirlo – la morena se soltó de golpe, y se dio la vuelta. Las lágrimas empezaban a brotar de sus ojos – Tú eres la que quieres y debes llevar una vida "normal", tú fuiste la que consiguió al hombre de sus sueños… Mientras yo… Yo… ¿Qué hago aquí Emma?

- No digas eso… Sabes que te amo, y que siempre te amaré. Sé que soy egoísta, pero te necesito conmigo siempre

- ¿Eso es lo que quieres? ¿Amigas? ¿Amantes? – Regina se volteó de golpe, agarró a Emma por los hombros, la miró fijamente a los ojos llorando, mientras se lo decía

- Regina… Yo… – Los ojos azules se desviaron de los marrones – No quiero que sufras. Pero no quiero perderte

- Me tienes Emma – la soltó, mientras la miraba con dolor – pero no puedes pretender que no me duela. Vive con ello, vive con la responsabilidad de nuestras acciones. Crece ¡Maldita sea!.

La mujer se tiró sobre una silla a llorar desconsolada, mientras que la chica la miraba con dolor y asombro y comenzaba a sollozar, tratando de aguantar el llanto

- No sé cómo hacer para que seamos felices los tres

- ¿Qué? – la mujer se volvió a la rubia con decepción, ira y asombro en su mirada - ¿Qué dijiste Emma Swan? ¿Acaso te escuchas cuando hablas?

- No quise decir eso… Yo…

- Tú ¿qué? Emma, tú ¡qué! – La mujer se levantó, y nuevamente dejó su cuerpo y su rostro a pocos milímetros de la rubia – ¿Tú me amas Emma? ¿Me amas?

- Regina…

- Contesta Emma… ¿Me amas?

El silencio de la chica hizo que la mujer cambiara su mirada en una expresión de dolor y asombro, que la dejó tumbada en la silla nuevamente, desconsolada. No dejó de mirar los ojos azules, que se metían en su alma.

- Ay Emma, me estás matando – la mujer empezó a respirar con dificultad, y seguía ahogada por el llanto

- No Regina, por favor. Yo si te amo, claro que te amo

- No lo digas por decirlo Emma, no lo digas porque estoy… estoy así – hizo gestos con las manos señalando su cuerpo y su cara. Le costaba hablar, y el llanto ahogaba su voz

- No lo digo por decirlo Regina – de los ojos azules empezaba a brotar un llanto incontenible, pero que la rubia ahogaba respirando profundo, y apretando los labios – Yo de verdad te necesito, y te amo Regina

- Si… Lo sé. Pero no me amas y me necesitas como yo a ti – le dijo mirándola fijamente, como queriendo que respondiera lo que ella quería oír – Pero no como yo a ti

Una vez más el silencio hizo que el llanto de Regina arreciara

- Regina, eres la persona más importante de mi vida. Después está Killian, y lo sabes. Pero si crees que podemos pasar por encima de la sociedad, de nuestros padres, de quienes somos y lo que representamos, para jugar a la casita… Si es así que me quieres, entonces, no, no te amo igual – la rubia parecía reprocharle con dolor en sus palabras

- No, no es eso – la morena empezaba a calmarse, y a mirarla con dolor y ternura

- ¿No?... Entonces dime qué es, porque no te entiendo. Mírame – La rubia se agachó para tomar la barbilla de la morena, que había bajado la cabeza, y hacer que ésta la mirara – dime qué es lo que pasa por tu mente. No vamos a jugar con fuego

- No – La mujer la miró fijamente, neutralizando su expresión, y respirando profundo

- ¿Entonces? ¿De qué se trata Regina? – La rubia, más calmada también, la miraba desafiante

- De ti y de mí. De lo que teníamos

- Tenemos Regina. De lo que tenemos, y que no pienso terminar. Por lo menos no yo

- No hables por mí, que sabes que sufro de saber que él te toca – le dijo la morena, mirándola con desprecio – porque tú lo disfrutas, y no con el cuerpo, ni con la mente… Si no con el alma – ahora la miraba, sintiéndose herida

- La resaca te tiene dramática. Mejor vuelvo más tarde

- La resaca no me tiene nada… Mejor no vuelvas más tarde. Mejor… no vuelvas…

- Bien – la rubia guardó silencio unos minutos – Bien, si eso es lo que quiere "Su majestad" entonces eso será.

La chica se dirigía a la salida, cuando la morena la sostuvo por un brazo y la detuvo

- Espera Emma – bajó la mirada y suspiró. Luego los ojos marrones intensos se posaron en los azules ofuscados – discúlpame

- Es que Regina, a veces te pones de una forma que…

- Que te provoca besarme y hacerme el amor… lo sé – se dio la vuelta, tratando de cambiar la cara de Emma en una sonrisa

- No precisamente – sonrió la rubia. La morena sabía exactamente como calmarla

- Es sólo que debo aceptar que lo nuestro está allí, que sigue. Que no es, porque no se puede, exactamente igual a lo que fue… Pero que allí está. Que amas a Killian de verdad – Bajó la cabeza y la mirada – y sé que te corresponde

- Regina… ¿Sabes lo que representas para mí? ¿Para nosotras?

- Emma, hablo de nuestra relación

- Por eso… Está más allá. Cuando digo que quiero que seamos felices los tres, hablo de que entiendas que él me hace feliz, pero eso sólo hace… que yo te ame aún más. Es difícil de explicar

- Si, lo es Emma

- Pero sabes que no es cinismo. Me conoces, no contigo. Jamás

- Lo sé… Pero no puede, no dolerme…

- Y eso lo sé. Y no me agrada que sufras

- Y ser felices… Bueno, no pretenderás que hagamos un trío con tu esposo – le dijo ahora en tono de burla

- Pues… No, no me parece…

- Lo amas Emma, reamente lo amas – la miró con resignación

- Pues… no es sólo por eso. No quiero que él te toque

- Repítelo para que te lo creas Emma Swan… Mil veces repítelo

- En serio… Yo podría hacer un trío con tu Graham si lo quisieras

- ¿Mi Graham?

En ese momento Regina la miró con una intensidad, que si la hubiese podido matar con la mirada, en ese momento estaría viendo qué hacer con el cuerpo sin vida de la rubia.

- ¡Aja! Mira quién está engañando a quién ahora – le dijo la rubia retándola, y acercándose a ella

- No metas a Graham en esto. Él también es un caballero

- Ese caballero, anoche subió contigo a tu habitación, porque lo vi entrar con hielo y una cerveza – le comentó aún desafiante – Y seguro que te lo hizo, porque prácticamente te le lanzaste encima cuando te vi en la piscina

- Pues si Emma, me le insinué todo lo que pude, y más. No soy una mujer despreciable, por si no lo habías notado. Muchos hombres morirían por tenerme – ahora peleaban. Ella le respondería el reto a Emma

- Claro, si de eso no cabe la menor duda. Todo este rollo por un solo hombre, que de paso es mi esposo, cuando a ti te persiguen cientos, y de paso les das pie.

- ¿Celosa Emma?... y descarada – la miraba con desprecio – ¡te casaste y vas a tener hijos! ¿Y yo? La tía Regina Mills, solterona empedernida

- Regina yo no… – La chica cambió de un salto el tono

- Eres joven, hermosa, toda la vida por delante. ¿Y yo? Bueno, hasta mi edad del ridículo está pasando. No podemos tener "una vida" juntas, es cierto. No puedo ofrecer protegerte, como al estar casada con Killian… Todo eso lo sé

- Pero… ¿Por eso te vas a comportar así con un extraño? Vamos Regina. Es la primera vez que te expones tanto, fuera de tu entorno. De lo otro, pues es lo otro

- Me da confianza… Y si chica, me gusta. Graham me gusta mucho. ¿No quieres que sienta lo que tú con Killian? Pues, por qué eso no lo puedo sentir con Graham

- ¿Tuviste o no sexo con él?

- ¡No lo sé! No lo creo – su mirada se tornó confusa. Entonces la rubia supo que había ido demasiado lejos

- Ok. Estoy algo celosa. Cierto. Pero porque me preocupo por ti. Hicimos un pacto, y voy a cumplirlo. Así como yo tengo mi vida con Killian, tú harás la tuya como te plazca. Siempre que tengas cuidado

- Soy una adulta Emma. ¿Se te olvida quién soy? – La mujer alzó una ceja y miró con prepotencia a la joven

- Ok. Me extralimité. La situación es nueva para mí… Sólo… Prométeme que no vas a dejar de amarme – Emma la vía ahora con ojos de cachorro

- Emma… Nunca voy a dejar de amarte, y siempre estaré a tu lado – la miraba con ternura, y las lágrimas empezaban a brotar nuevamente de sus ojos

- Pero sólo para estar seguras… Y sólo en caso de que quieras probar a Graham… podemos hacer ese trío – la mirada de la joven era de picardía e incitación

- Emma – la mujer respiró profundo y sonrió, entre cerrando los ojos, para luego mirarla fijamente – No creo que él esté interesado

- Puedes insistirle mucho

- Killian no lo ha hecho, porque sabe que te amo, y por eso me odia… Si a eso vamos

- No estamos hablando de él. Pero es verdad. Aunque me ama, él lo haría jajajaja. Y no te odia… Sólo se siente amenazado por ti

- Pues, Graham… no sé. Es hombre, y el 99% de ellos tiene esa fantasía. Pero con él Emma, con él me siento diferente – bajó la mirada

- Pues, ¿eso es bueno o malo? – en la cara de la chica se notaba un poco de tristeza, pero con el deseo de disimularla por Regina – Sabes que me puedes contar. Tenemos un pacto

- Si, lo sé – la mujer seguía mirando al piso, mientras hacía pliegues en su bata – Es que… me decepciona un poco, y a la vez me consterna que no se haya acostado conmigo anoche

- ¿Cómo estás tan segura?

- ¡Ja! No crees que sabría si nos hubiésemos acostado – rió con ironía – Créeme, lo sabría… Tiene mucho potencial. Y no creo que me haya dejado sola, así… Él es un caballero. Habría amanecido conmigo. Entonces, eso es lo que consterna… Que me respeta. Creía que le gustaba

- Estás loca. Tú no eres una mujerzuela Regina. ¿Cómo te iba a gustar que te faltara el respeto? Y Claro que le gustas – la miró con asombro y molestia – el alcohol te fundió el cerebro… eso y el calor

- No, tonta. Lo que quiero decir, es que no busca como todos aprovechar la oportunidad y ya. Parece… parece como un cachorro perdido.

- ¡Detecto Problemas! – dijo la chica tratando de ser sarcástica a juro

- No seas tonta. Además, no puede haberme dejado más en claro que no quiere saber de mí después de estos días…

- Con más razón… Hagamos ese trío – de nuevo la sonrisa pícara de la rubia la hizo distraerse

- La discusión sobre Graham debe terminar. ¿Por qué no me besas y te callas de una vez Emma Swan? – le sonrió con suficiencia

La tomó por la cintura, la atrajo hacia ella. La rubia, hacía torpes y falsos esfuerzos por resistirse.

- ¿Acaso lo quieres por la mala Señorita Swan?

- Puede ser "my queen"

Sus sonrisas perversas culminaron cuando sus labios se unieron apasionadamente. La desesperación de la morena por sentir a la rubia se hizo notar de inmediato. La chica, debido al calor de la discusión se había excitado, y quería que la mujer notara violentamente que la necesitaba.

Parecía no querer dar tregua a la lengua de Regina. Quería que notara que todo estaba igual entre ellas. La mujer empezó a tomar a la rubia por las nalgas, mientras sus lenguas seguían enredadas. Apretó a la rubia contra su cuerpo, mientras ésta separaba sus labios

- Apestas a alcohol – le dijo haciendo gestos y riendo con malicia

- Desde cuando eso te ha molestado… Has probado más de mí que eso – la cara de malicia de la morena encendió a la chica

Volvieron a besarse, y esta vez la rubia empezó a quitarle la bata a la morena. Quedó en un ligero camisón negro de seda y encaje, que dejaba poco a la imaginación. La rubia le mordió el labio, y la llevó contra la pared de la estancia, y la alzó ligeramente, mientras continuaban los besos apasionados y el torbellino de sus lenguas.

De repente el sonido de llamado a la puerta las sobresaltó. Las dos quedaron en la posición erótica en la que estaban, paralizadas. Los brazos de Emma alzando a Regina, la fueron deslizando contra la pared, mientras Regina iba sacando sus manos de culo de Emma. Volvió a sonar la puerta

- ¿Diga? – Dijo Regina en tono muy bajo

No hubo respuesta, debido a que era físicamente imposible que alguien la hubiese oído, apartando a Emma

- ¿Será Killian? – susurró Emma – ¡Mierda!

Regina, ya exasperada, se compuso, mientras agarraba su bata del suelo. Iba a abrir cuando una voz al otro lado de la puerta le hizo acelerar el corazón

- Regina, mi amor… ¿Estás bien? – Un Graham preocupado aguardaba su respuesta

- ¡No, es Graham! ¡Tú amor! – le dijo una Emma impertinente – Yo le abro…

- Tú no… Siéntate – Le ordenó en susurros Regina – Si Graham… Disculpa. Voy

Abrió la puerta, y antes de darse cuenta que la otra chica estaba ahí, Graham entró, con unas bolsas en la mano de Starbucks, y con una rosa blanca de bordes rosa en la otra

- Servicio a la habitación, para mi amada Esposa – y la besó.