Los personajes de Boku no Hero Academia no me pertenecen, solo el amor que les tengo.


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La cabeza de Midoriya era un enjambre, y no solo por su peinado. Sus sentimientos por su mejor amiga habían cambiado, no, más bien habían evolucionado. Imperceptiblemente, poco ha poco el cariño que tenía por Uraraka fue escalando más allá de lo que hubiera esperado o jamás sentido.

Desde un primer momento le pareció bonita, pero eso no tiene importancia (bueno, no tienen TANTA importancia) cree que todo empezó cuando le dio un nuevo significado a un apodo que durante tanto tiempo le dio únicamente humillación, o tal vez, su forma se apoyarlo aunque ella estuviera pasando un mal momento o quizá, lo enamoró —porque a tales profundidades llegaron sus sentimientos— fue lo increíble que era y como se esforzaba constantemente en mejorar como heroína. No sabía exactamente que era lo que lo hizo enamorar de ella, seguramente era un conjunto de cosas, pero lo que lo hizo darse cuenta de lo que sentía eran las palabras de un extraño.

—Oye, mira los bonitas que son esas chicas de la UA —dijo un chico de otra academia señalando a Tsuyu y Uraraka, su amigo las miró y luego dirigió la vista avergonzado al suelo.

—Calla

—¿Que? ¿Por qué?

—La chica castaña —giró la vista hacia su amigo rascándose la nuca— me gusta.

—¿En serio? ¿La conoces?

Midoriya que venía detrás de ellos, sin querer escuchó la conversación; se interesó en ella.

—No —siguió— pero vi lo genial que estuvo en el festival deportivo. No importaba cuánto atacara ese maniático explosivo, ella seguía y seguía. Y su plan... —apretó los puños emocionado.

—Así que es esa chica —dijo el otro empezando a emocionarse.

—Si, además. Hace un tiempo salió en el periódico, peleando junto a la chica a su lado y una senpai. Su nombre de héroe es Uravity ¿No suena lindo? —dijo saltando emocionado.

—Ajá, ajá. ¿La invitarás a salir?

En ese momento Midoriya se perdió la conversación, lo último que vio fue la sonrisa embelesada del chico. Que decía sin palabras "podría hacerlo" y empezó a tener miedo. Con solo ver a alguien realmente interesado en ella; que otro haya visto superficialmente lo genial que era lo hizo cuestionarse cada aspecto que era posible cuestionar. Se sentía incómodo, sus manos sudaban y se le cerraba el estómago. Tenía ganas de llorar ¿Por que tenía ganas de llorar? ¿Solo porque su amiga era popular? Tendría que alegrarse por ella. Pero la sola idea de verla tomar la mano de otro chico, de reírse junto a otra persona o de que se enamorara de alguien más. Sentía como su corazón de estrujaba, en todo el día no pudo prestar real atención a clases y a la noche, en el silencio de la habitación, empezaron a caer todos los detalles de la relación que llevaban. Se dio cuenta que sin duda había caído enamorado. Al descubrirlo sintió que fuertes cadenas se soltaban y una sonrisa alumbró su rostro, pataleo en su cama observando hacía el techo. Así se sentía. Que bueno que fuera ella. Se durmió pensando en las nuevas sensaciones que lo invadían.

Pasaron los días y los fuertes sentimientos que tenía por la chica se terminaron amoldando a su ser. Al principio, cuándo a penas se acababa de dar cuenta de sus sentimientos, le costaba hablarle y comportarse con ella. Y eso es malo, muy malo. Porque Uraraka era su mejor amiga y odiaba comportarse de forma extraña con ella o alejarla de sí. Adoraba pasar tiempo juntos. Así que se acostumbró a hablar como hacían comúnmente solo que ahora cuándo lo hacían sentía una calidez en su pecho y él solo verla dibujaba una sonrisa en su rostro. Si no estuviera tan perdido en lo que sentía por ella hubiera notado que la misma sonrisa se dibujaba en el rostro ajeno al verlo.

Decidió actuar unos meses adelante, harían un viaje de práctica dividido en equipos y ellos estarían separados.

Volvieron todos los temores de cuándo aquel chico mostró que le gustaba.

Uraraka estaba preparando su equipaje y, aunque a Midoriya le ponía realmente nervioso ir al lado de las chicas, ella lo descubrió en su puerta tras escuchar un golpe en esta. Él estaba rojo, rojo, rojo.

—Deku-kun, ¿Sucede algo? —dijo la chica aún con el picaporte en mano. El chico solamente levantó una mano temblorosa señalando dentro de la habitación, la mirada la tenía baja y con su mano restante intentaba tapar su vergüenza.

Uraraka abrió por completo la puerta dejándolo pasar.

—¿Quieres que cierre? —dijo con el chico ya dentro, él solamente afirmó con la cabeza.

—¿Estás bien?

Midoriya se quedó en su lugar, mirando hacía el piso sin decir nada. Hasta que la bonita chica de cabello castaño se agachó para captar sus ojos y al mirarla sonrió. Porque le era natural.

Dejó de taparse el rostro, en cambió llevó su mano hasta el pantalón. Apretando nerviosamente el bolsillo, mientras unos enormes y hermosos ojos cafés lo miraban preocupados.

—ME GUSTAS URARAKA-SAN —gritó, porque ya no podía contenerlo.

Los ojos de ella se abrieron, y mucho. Se sentó lentamente en el suelo y se llevó ambas manos a la boca. Había reprimido tanto tiempo sus sentimientos que se le olvidó que solamente se hacían más fuertes. La confesión de Midoriya hizo que salieran de su escondite para llenar todo su ser y desbordarla, siendo mostrados como pequeñas lágrimas que fluían a través de sus ojos. Porque lo amaba, MUCHO, MUCHO, MUCHO. Y ahora era correspondida, y se sentía como en el espacio que tanto le gustaba con millones de estrellas titilando alrededor. Y lloraba, y no sabía que sentir. Más que felicidad. Mucha mucha felicidad.

Midoriya se sentó frente a Uraraka que intentaba limpiarse las lágrimas mientras reía. Pasó una mano por uno de sus ojos ayudando a limpiarlo, esto sólo hizo que creciera la marea. Ella acercó su mano a la suya y la entrelazó.

—¿Quieres ser mi novia? —Ochako afirmó fuertemente con la cabeza y se lanzó sobre él, para abrazarlo. Para que las lágrimas de felicidad rueden por su pecho.

Midoriya correspondió el abrazo, hundiendo su nariz en su cabello. Pensando lo bien que se sentía, todo.


Fin:) Espero que les haya gustado