Archie Cornwell era un niño bonito, no tenía problemas en sus notas pues era inteligente como todos los Cornwell de la familia, pero prefería ir a una fiesta y ver chicas lindas antes que acudir a un concurso de ciencias con su hermano y sentirse frustrado, a veces para fortalecer el lazo familiar entre él y Stear, Archie se ofrecía a acompañarlo a la casa de campo de sus padres para usar el telescopio que su hermano cuidaba como a su vida, ahí donde las estrellas se podían ver más fácilmente porque no había edificios.

Cuando eran pequeños el también había disfrutado de mirar las estrellas con Stear y soñar que ambos algún día trabajarían para la nasa. Pero aquellos años se habían ido, aparte de ser fervientes admiradores de Eleanor Baker, también lo eran de la astronomía y sus misterios, tenían su propio club secreto y bastante restringido donde solo ellos dos eran los únicos miembros, Su infancia había sido bastante buena a decir verdad, pero con el tiempo él se había distanciado un poco del plan.

Aquel día había tenido practica de baseball y se había quedado con el auto ya que Stear tenía horas de haber salido del instituto y en esos días prefería dejarle el auto y marcharse en el autobús escolar, Alistear podía ser un poco soso pero sin duda su hermano era un tipo amable.

Tan pronto como el chico echo sus cosas al auto escucho voces a lo lejos, de repente vio a Terry con una chica rubia de cabello rizado, era pequeña y llevaba el uniforme del colegio de alado y no parecía muy amigable.

-he tenido que esperarte toda la tarde, ¿no querrás que te espere también a tu practica de hockey?- se escuchaba altanera por el tono.

A lo que Archie mejor decidió marcharse sin despedirse, si Terry había estado embaucando a las niñitas del Saint Claire el no quería tener nada que ver, bastante tenía ya con ser acosado por esa chica Britter, lo cual no debería ser un problema pero sus padres se conocían y cuando estaban en la ciudad solían invitar a sus amigos y los Britter siempre eran los primeros en la lista, entonces también traían a su extraña hija consigo y ella le miraba muy raro la mayoría del tiempo, después había creído que era linda pero como todo se dio cuenta que era solo un bebé.

Por lo menos se había divertido en la cita que habían tenido; no había parado de reír cuando sintió el relleno en su sostén, vaya que si era imposible que una chica como Anne Britter tuviera esa talla de sujetador.

Terry sonrió- no, esas prácticas solo son los martes y jueves, pero igualmente tendrás que esperarme.

-idiota…-La chica lo maldijo por lo bajo.

- no me insultes mona pecosa, que te dejo para que camines a tu casa.

- si no te hubieras ofrecido con la tía Elroy para llevarme yo no estaría aquí.

-la señora Elroy está de viaje y tú eres un poco alocada, me pidió ayuda contigo.- dio el joven de lo más calmado metiendo su maleta con ropa y la mochila de la chica.

-¿alocada? – Candy abrió bastante los ojos y lo miro como si se burlara de ella.- tú eres una chimenea parlante y te quedas dormido en los arbustos del jardín cuando regresas de tus juegas, le has destrozado los rosales al señor Whitman más de una vez, ¡eres peor que tu perra Miena!

-¿Qué dices? Si tu adoras a Miena-Terry rio de nuevo- entra al auto Candy.

-no quiero entrar, me he aburrido mucho esperando ¿sabes?

-entra- dijo el dándole la mirada y ella obedeció.

Candy se sentó en el asiento del perfecto carro de Terry y farfullo enojada una vez más, que tía Elroy estuviera fuera de la ciudad había parecido bien en un principio, iba a quedar para ir a dormir a casa de Annie todas las noches y para el fin de semana por la noche asistirían al concierto de Whitesnake con las entradas que un amigo de Candy les había conseguido, le había costado mucho tiempo convencer a Annie para que le acompañara, su amiga era la quejica número uno del planeta pero al final le había dicho que si cuando se comprometió a ir al próximo recital de ballet al que Anne y su madre iban todos los años, después vería la manera de decirle que no podía acompañarlas. Las malas noticias eran que al parecer Terry se había enterado y había arruinado sus planes jugando al vecino ejemplar, el chico independiente y simpático.

Y tía Elroy le había creído, incluso le había autorizado para que tomara la habitación de huéspedes, era un chico maduro para tener diecisiete años había dicho la crédula tía Elroy quien alegaba le conocían desde que era solo un niño, y Candy bueno ella solo tenía quince años y a esa edad las chicas eran muy voluntariosas, Terry en cambio era un chico muy responsable.

Vaya payasada.

-aun no puedo creer que una niña como tu allá conseguido entradas para Whitesnake.

-ya no soy una niña y Jimmy las consiguió por mí.

Terry arqueo una ceja con sospecha-¿Quién es ese Jimmy?

-un chico.

-obviamente, ¿Por qué te consigue entradas?

-¿Por qué es mi amigo?- contesto la rubiecilla exasperada de sus preguntas necias.

-¿así nada más?- Terry le miro escéptico mientras daba vuelta a la calle.

-le di dinero.

-¿solo dinero, ehh?

-¡vamos!- exclamo incrédula la chica-¿Qué otra cosa podría darle?

El joven rio y le recorrió rápidamente con la mirada para después seguir mirando al frente- tienes razón.

Candy no supo si sentirse ofendida o ignorarle, su vecino claramente dudaba que ella tuviera algún atractivo físico, pues no le importaba, que se fuera al diablo, al menos su relación no se veía afectada de tartamudeos por el hecho de que el era el amor platónico de toda su corta vida y no es que estuviera enamorada o cosas por el estilo aquello era pura atracción física, bueno al menos de parte de ella.

Otras chicas ya se hubieran puesto rojas o hubieran corrido asustadas.

Pero no ella, Terry prácticamente la molestaba todo el tiempo y para el ella era como un chico a sus ojos.

-tal vez esto te enseñe a no meterte a las habitaciones ajenas.

¡Se estaba vengando!

-la venganza no es buena Terry, tal vez nadie te lo haya dicho antes pero creo que es importante que lo sepas.

-gracias, pero ya sabes cómo son las cosas, tú te metes en mis asuntos y yo te arruino la existencia hasta que esté satisfecho.

-que inmaduro eres- dijo la chica poniendo los ojos en blanco-¿Qué pasara con mis boletos para Whitesnake?

-dáselos a Annie.

-¡No puede ir sola!

-que invite a un pariente.

-¿y qué hay de mí?

- tú te quedaras en casa como una buena chica.-dijo el comenzando a sonreír

-Annie no asistirá, le he tenido que convencer para que me acompañe.

-de acuerdo, yo te los comprare.

-que amable, pero no gracias, prefiero guardarlos de recuerdo.

-como quieras.

Querida señorita Baker,

Le escribo una de tantas cartas sin saber si algún día llegara a sus manos, usted no me conoce pero yo a usted sí, he visto su rostro tantas veces que cuando me preguntan por una mujer hermosa todo lo que puedo hacer es pensar en Eleanor Baker y créame señorita Baker es imposible olvidarla. Aun sin haber hablado alguna vez con usted puedo decir que es la mujer más maravillosa y talentosa, seré sincero y es que no soy muy adepto al cine a menos que se trate de usted, a veces me pregunto cómo es que un ángel que es lo que usted es puede estar tan lejos y a la vez tan cerca.

¿Sabe que solo valió la pena ver la última película de Elizabeth Taylor porque salió usted?

Mientras la gente y un montón de críticos la miraban a ella, yo la miraba a usted, yo y probablemente un montón de hombres más, no quiero sentirme nada especial en cuanto a eso.

Es decir Elizabeth Taylor que según comprendo también fue una belleza en sus años, además de ser buena actriz era ella la razón de la filmación, pero después sale usted a su lado con esas sonrisas espontaneas ¿y sabe qué? me he olvidado por completo de quien es Elizabeth Taylor.

Comprendería si se burla de mis sentimientos, esto es un amor imposible claramente.

¿Pero cómo olvidar a una mujer como usted?

Desconozco su vida privada pues siendo tan fina como lo es para no involucrarse en escándalos y aunque lo estuviera no podría juzgarla, no sé si tenga padres o si este casada...

Realmente nada de eso importa, es usted la actriz más talentosa que Hollywood ha visto desde hace muchos años.

Usted embruja al público y a este admirador suyo con su belleza y su natural encanto.

Atte. A. C.

Cuando termino de leerla Eleanor no pudo dejar de sentirse halagada, cada vez que se sentía triste tomaba uno de los costales de cartas de sus admiradores que su asistente tenia junto a la demás correspondencia y comenzaba a leer una tras otra, la mayoría de las estrellas de Hollywood jamás las leían y si contestaban alguna carta era probablemente su agente o el asistente, pero a Eleanor le gustaba hacerlo ella misma, si es que tenía el tiempo claro estaba, en especial a su admirador A. C. , se preguntó quién sería o que hacía de su vida, quien quiera que fuera parecía una persona muy dulce, tenía algún tiempo recibiendo sus cartas y comenzaban a ser sus favoritas, había querido responder alguna, pero que podía contarle de ella, ¿lo sola que estaba? O que todo era una fachada y que efectivamente alguna vez había tenido una familia y cuando se había sentido demasiado enclaustrada la había dejado, o tal vez le podría contar de sus grandes logros como el hecho de que hace un año había terminado al fin de rehabilitarse.

Claro que no podía contarle nada de eso, no podía contárselo a nadie porque no tenía amigos.

A veces extrañaba mucho a Robert, pero sabía que ya no podía verle nunca más, no después de la manera en que lo había tratado todos estos años, aun se sentía culpable de todas esas cosas horribles que le había dicho la última ocasión en que se vieron, todavía recordaba su mirada triste al marcharse cuando ella lo había corrido.

Lo último que había sabido de él es que al final se había casado.

Nunca conocería a alguien como él, nunca tendría un amigo como el, la gentileza de los hombres tenia siempre motivos ocultos, pero no Robert Hathaway quien le dio su amistad sin pedir nada a cambio.

Con el tiempo se había acostumbrado a la gente y sus falsedades, en un momento le estaban sonriendo y al otro estaban hablando mal a sus espaldas, pero ya no le importaba, su mundo era así, el que ella había escogido.

Se arrepentía de muchas cosas y como término su relación con Robert Hathaway era una de ellas, pero el primer lugar era para la terrible madre que había sido, su hijo la odiaba y ella no podía culparlo.

Un hijo del que casi nadie sabia.

A pesar de ya no ser una jovencita Eleanor Baker lucia tan bella como siempre o más, seguía siendo una mujer hermosa con contratos millonarios que aguardaban a ser firmados para que protagonizara la próxima comedia romántica.