Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Capítulo 9-
Alice
Estaba histérica, pero no era para menos. En aquel momento tenía claro que estábamos totalmente perdidos, pues Edward y Bella supondrían que continuábamos conduciendo en dirección a Filadelfia, y allí nadie nos esperaba hasta el día siguiente. No estaba segura de cuánto tardarían nuestros amigos en darse cuenta de que no nos poníamos en contacto con ellos, pero realmente en aquel instante no encontraba solución alguna a nuestro problema.
–No sé qué vamos a hacer… –murmuré, agachando la cabeza y tragándome el nudo de angustia que se encontraba en mi garganta.
–Saldremos de aquí, Alice, eso tenlo por seguro –intentó tranquilizarme Jasper, aunque por el tono de su voz parecía molesto. –Ya sé que no confías en mí y que crees que soy un inútil, pero de una forma u otra conseguiremos salir.
Alcé el rostro cuando escuche sus últimas palabras, sin poder creer lo que acababa de oír.
–Yo no creo que seas un inútil, y sabes que nunca lo he creído –le aclaré, esperando que no tuviera ganas de discutir en aquel momento.
–Vamos a buscar el coche –fue su única respuesta justo antes de darse la vuelta y comenzar a caminar de nuevo.
Adelanté el paso para ponerme a su lado y no tener que hablar con su espalda:
–Y claro que confío en ti, lo que no entiendo es a qué viene esto ahora. No puedes negar que estamos perdidos, Jasper.
–No lo niego, pero estoy harto de que seas tan pesimista.
–No soy pesimista, soy…
–Realista, sí, ya lo has dicho antes –me interrumpió de malas maneras, consiguiendo que le dedicara una mirada ceñuda. –Y sí, hemos tenido un accidente, nadie sabe dónde estamos, no tenemos coche, ni comida y tampoco una forma de ponernos en contacto con nadie, pero no creo que vaya a resultar muy complicado salir de aquí.
–Sinceramente, espero que tengas razón.
Un buen rato después, muertos de calor y empapados en sudor, continuábamos buscando el coche.
–Estoy seguro de que estaba por aquí –repitió Jasper por enésima vez, dando vueltas sobre sí mismo como si con eso fuera a solucionar algo.
– ¿Sí? Pues yo creo que todos los árboles son iguales. Y no sé si te has dado cuenta, pero nos hemos desviado del precipicio.
–Mierda… ¡Joder! ¡Hijo de…! ¡Mierda!
Estaba exhausta, y escuchar las maldiciones de Jasper no me ayudaba en absoluto, por lo que me senté en el suelo, no sin haber comprobado antes que no había ningún insecto al que pudiera aplastar, claro.
–Vale, tranquilízate –le pedí en un intento por aclarar las cosas. – ¿Qué podemos hacer, aparte de maldecir y de enfadarnos?
Pareció pensárselo durante algunos segundos, y después me dedicó una mirada resignada.
–Aceptar que estamos perdidos y esperar a que alguien nos rescate.
Vale, no se me hacía una idea demasiado atractiva.
–No me parece bien –apunté.
–Cómo no…
Lo fulminé con la mirada cuando se sentó a mi lado, pero me ignoró.
–No creo que quedarnos sentados y de brazos cruzados vaya a ser lo mejor. Podríamos intentar salir de aquí –propuse.
– ¿Y qué te crees que hemos estado haciendo hasta ahora?
–Sólo tenemos que ir hacia arriba, ¿no? –ignoré aquella estúpida pregunta e intenté mostrarme animada.
–Alice, ya no sé dónde estamos, así que no sé si nos encontramos arriba o abajo…
El rugido de su estómago me hizo recordar que yo también estaba hambrienta, pero sobretodo sedienta.
–Tenemos que encontrar algo para comer. Y, además, estoy muerta de sed.
–Yo también. No hemos bebido nada desde que hemos salido de casa de Edward y de Bella, a eso de la una. Y ya son las cinco y media… –explicó Jasper echándole una ojeada a su reloj, que sólo tenía el vidrio resquebrajado.
–Había dos botellas de agua en el maletero del coche –recordé de repente, abriendo mucho los ojos.
–Las he puesto yo esta mañana, por si nos entraba sed durante el camino de vuelta.
–Ha sido una muy buena idea. Ahora sólo nos falta encontrar el coche, así que vamos –me puse en pie casi de un salto, estimulada por la sed que me estaba torturando y por el calor que no dejaba de molestar.
Jasper se levantó también, aunque no con tanto ánimo como yo. Se miró la mano herida, que había vuelto a mancharse de sangre porque el corte aún continuaba abierto.
–Tenemos que encontrar el coche –asintió, sin moverse ni un ápice.
– ¿Qué pasa? –inquirí cuando vi que no se ponía en marcha.
Me miró detenidamente durante algunos segundos, y después se explicó:
–Creo que tenemos que hacer una tregua.
– ¿De qué estás hablando?
Se acercó un paso a mí, sosteniendo con su mano sana la mano herida. Necesitaba que le viera un médico, pero en aquel momento aquello me parecía algo tan imposible como que las vacas volaran.
–Tenemos que dejar de discutir mientras estemos perdidos. Ahora tenemos que estar unidos por nuestro bien, y tenemos que colaborar. Ya tendremos tiempo de discutir cuando hayamos salido de aquí.
Asentí en silencio.
–Me parece bien.
–Vale. Por ahora, lo principal es encontrar el coche, y una vez lo hayamos hecho, ya veremos qué hacemos.
–Entonces, pongámonos en marcha.
No quería pensar en la posibilidad de no encontrar el vehículo, así que intenté tomarme aquello como si fuese una excursión, pero todo lo que había a mi alrededor y mi estado de ánimo me recordaban que no era así.
– ¿Cómo crees que estará Julie? –me preguntó Jasper mientras caminábamos a la par, esquivando baches y arbustos.
Por culpa de la gran frondosidad de aquel bosque apenas veíamos el cielo, y si no fuera por el reloj de Jasper, yo ya habría perdido la noción del tiempo.
–Bien –respondí con una sonrisa fingida, pues realmente me encontraba al borde de las lágrimas. –Seguro que ni se acuerda de nosotros, como tú has dicho antes.
Jasper asintió, aunque no muy convencido, y continuamos caminando en silencio hasta que mi estómago se quejó y el de Jasper lo imitó.
–Tenemos que comer algo –apuntó.
– ¿Qué propones que hagamos?
–Tendríamos que cazar algún animal.
Lo miré con escepticismo.
– ¿Y tú sabes cazar? Porque yo, lo siento, pero no.
Supe que mi respuesta le molestó, pero no lo demostró.
–No, pero está claro que no podemos estar sin comer. No me da la gana de morirme de hambre, Alice.
–A mí tampoco me parece una idea demasiado atractiva.
Entonces me percaté de lo pálido que estaba Jasper, y por un momento me asusté.
– ¿Te encuentras bien? –pregunté, acercándome a él con rapidez.
–Sí, claro…
–No me mientas. Estás muy pálido. Maldita sea… –maldije al ver que se tambaleaba. –Quédate aquí, iré a buscar el coche.
– ¡No! No podemos separarnos. ¿Qué pasará si te alejas demasiado y luego no eres capaz de volver aquí?
–Jasper, estás a punto de desmayarte porque has perdido mucha sangre y hace horas que no has comido ni bebido nada, ¿comprendes? Además, estás agotado y magullado, así que cállate y quédate aquí. No tardaré –hice el ademán de comenzar a caminar de nuevo, pero sentí cómo me lo impedía agarrándome de la muñeca.
–No. O vamos los dos o no vamos.
Rodé los ojos, intentando recordar si siempre había sido así de terco, y acto seguido me solté de su agarre.
–Tú mismo. Si te desmayas, te abandonaré aquí para que te coman los osos.
–Qué graciosa. Aunque bueno, piensa que si me abandonas aquí, no tendrás que preocuparte por el divorcio.
Aquella broma no me hizo gracia. Es más, no me gustó en absoluto.
–Pensaba que habíamos hecho una tregua.
–Sí, y no estamos discutiendo. Sólo hablando.
Negué lentamente con la cabeza, sintiéndome mal por aquel estúpido comentario.
–No sé de dónde has sacado la idea de que quiero deshacerme de ti –me quejé.
– ¿No es así? Por eso vamos a divorciarnos, ¿o es que hay algo que yo no sepa?
–No hay nada que no sepas, pero creo que me tomas por una especie de bruja que sólo quiere verte fracasar o muerto.
Me observó con una ceja alzada, aunque con una sonrisa en el rostro.
–A ver, últimamente sí que pareces una bruja conmigo, pero sólo porque siempre buscas una razón para culparme.
Sin dar crédito a lo que estaba oyendo, le dediqué una mirada letal:
– ¿Ves? Siempre soy yo la mala. Siempre busco una razón para culparte, siempre soy yo la que tiene ganas de discutir. Y claro, soy yo la quiere divorciarse.
– La idea fue tuya –dijo quedamente.
– ¡Pero tú no te negaste!
–Porque es lo que tú quieres. No me gustaría vivir contigo sabiendo que eres infeliz, y sé que llevas tiempo siéndolo.
Lo miré a los ojos, pero él no me devolvió la mirada. Quise decirle que sentía haberme comportado como lo había hecho, que sentía no haberle comprendido y no haber dejado que explicara sus razones, pero no pude hacerlo porque comenzó a caminar a paso ligero, observando fijamente algo que se encontraba delante de nosotros.
– ¡El coche! –exclamó con los ojos muy abiertos.
Y sí, efectivamente, el vehículo destrozado se encontraba no demasiado lejos de nosotros. Adelanté el paso hasta que llegué al maletero, que continuaba abierto, y saqué las dos botellas de agua. Abrí una con prisa y comencé a beber ávidamente, importándome nada lo poco elegante que estaba siendo. El agua estaba más caliente que fría, pero en aquel instante me importaba más bien poco.
–Tendremos que reservar un poco el agua, por lo menos hasta que encontremos un río del que podamos beber –escuché la voz de Jasper a mi lado, y yo asentí sin apartar mi boca de la botella. Una vez estuve saciada, le pasé el agua a Jasper, que más o menos hizo lo mismo que yo.
Suspiré aliviada de haber podido saciar esa necesidad, pero mi estómago se apresuró a quejarse para recordarme que aún tenía que comer.
–Por lo menos ya no moriremos deshidratados. Tal vez muramos de inanición –me encogí de hombros, y cuando vi que Jasper sonreía después de haber cerrado la botella de agua, me sentí bien. No supe por qué.
–Ahora que estamos aquí, no creo que debamos alejarnos demasiado. En el coche tenemos ropa y la poca agua que nos queda. Pero claro, tenemos que comer.
Asentí, comenzando a sentirme sucia y exhausta.
–Podríamos hacer alguna señal que nos indique dónde está el coche, por si nos alejamos mucho.
– ¿Quieres que dejemos miguitas de pan en el suelo? –bromeó, pero no me reí. Simplemente lo miré con los ojos entrecerrados.
–No, porque si tuviéramos miguitas de pan, no tendríamos que alejarnos para buscar comida.
–Touché.
En ese instante recordé que debía curarle la herida de la mano de nuevo, así que cogí el botiquín y volví a limpiarle la herida. Supe que no tardaría en volver a abrírsele, por lo que, sin pensar demasiado en lo que hacía, rasgué un trozo de tela de su camisa y se la coloqué a modo de venda.
– ¿Era necesario que rompieras mi ropa? ¿No podías hacerlo con una de tus prendas? –se quejó, y yo sonreí.
–Está claro que no. Y ahora, vamos a buscar comida.
.
.
Jasper
En ese momento llevaba un lado de la camisa más largo que el otro, pero supuse que poco importaba. Por lo menos, llevaba la mano vendada. Intenté fijarme en los árboles que rodeaban el coche, y por supuesto en el precipicio, aunque pensé que tal vez no serviría de mucho. De todas formas, no quería volver a perder de vista el vehículo. Miré el reloj y vi que ya eran las siete y media, por lo que era casi la hora de cenar, además de que no tardaría en comenzar a anochecer.
– ¿Crees que tendremos que pasar mucho tiempo aquí? –me preguntó Alice, sacándome de mis pensamientos.
–No lo sé. Imagino que Bella y Edward ya se habrán percatado de que está pasando algo, porque hace ya un rato que deberíamos haber llegado a casa y no les hemos llamado, pero si no, mañana, cuando ni tú ni yo vayamos a trabajar saltarán las alarmas.
–O sea, que vamos a pasar mucho tiempo aquí.
–Esperemos que no.
Entonces, vi que había un pájaro en una rama, y me vino una idea a la cabeza, pero era bastante absurda. ¿Cómo diablos iba a cazar a aquel pájaro? Pero algo teníamos que comer, esto estaba más que claro.
– ¿Crees que podríamos cazar aquel pájaro? –le pregunté a Alice en voz baja para no asustar al animal.
– No creo. ¿Cómo vas a hacerlo? ¿Y cómo sabes que el bicho no está enfermo y que si nos lo comemos no nos contagiará y moriremos a causa de alguna extraña enfermedad?
La miré con las cejas alzadas, sin poder creerme lo que estaba oyendo.
–Tenemos que comer, porque si no lo hacemos, sí que moriremos, pero por inanición.
– ¿Pero cómo diablos vas a cazar un pájaro? ¿No sería mejor un conejo? ¿O un ciervo?
– ¿Has visto algún conejo o algún ciervo por aquí?
–No –murmuró, arrugando la nariz. – ¿Y si comemos bayas? –me preguntó, señalando unos pequeños frutos que habían brotado de una planta que no se me hacía demasiado fiable.
–Podrían ser venenosas.
–Entonces será mejor que nos las comamos cuanto antes y que nos despidamos ya de este mundo. ¿Qué más da, si vamos a morir por alguna cosa u otra? –decretó de repente, cogiendo una baya y abriendo la boca.
Sin pensármelo dos veces, golpeé la mano en la que sostenía la fruta haciendo que ésta cayera al suelo, y después sostuve a Alice por los hombros y la zarandeé.
– ¿Es que eres tonta? ¿Has escuchado lo que acabas de decir? –casi grité sin dejar de sacudirla, sin poder creer la estupidez que había salido de su boca.
¡Holita!
Como veis, este par de tortolitos ha hecho una "tregua" (a ver cuánto dura xD), y parece que van a tener que sobrevivir durante un tiempecito en el bosque, a ver cómo se las arreglan...
Espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis con un bonito review. Aún así, no os desesperéis, porque pronto empezarán a hablar y con eso la cosa se pondrá interesante...*muahahaha*
Y antes de que se me olvide, os aconsejo muy altamente que veáis el maravilloso trailer que Sweetsugarhoney me ha regalado para esta historia, porque no os va a dejar indiferentes (sólo puedo deciros que estuve por lo menos diez minutos llorando a moco tendido U_U) Aquí os dejo el link de Youtube (aunque también está en mi perfil ;D):
watch?v=AoB9AuldQVo&feature=plcp
¿Nos leemos en el siguiente?
¡Hasta pronto! Xo
