Disclaimer: Nada de esto me pertenece, salvo algunos OC que aparecen por ahí. Todo lo demás es propiedad de Marvel.
9
Sanar heridas
- ¡Y ahí está mi astrofísica favorita! – exclamó Darcy, irrumpiendo en el laboratorio. Jane saltó en su asiento, por poco tirando su vaso de café, y levantó su cabeza justo al mismo tiempo que los brazos de su amiga la rodeaban con entusiasmo - ¡Oh, Jane! ¡Oh, Jane! ¡No tienes ni la más remota idea de lo que pasó ayer! ¡Fue… fue… increíble!
- ¿Pues qué ocurrió? – preguntó Jane contagiada de la alegría de su amiga. La joven se sentó frente a ella.
- ¡Loki! ¡Eso fue lo que pasó! – señaló Darcy. La felicidad se esfumó de Jane instantáneamente – ¡Me preparó un picnic, Jane! ¡Un picnic a la luz de la luna a la orilla de un lago! ¡El lugar era genial! ¡Sé que te encantaría, las estrellas se ven mejor que en el desierto! ¡Y el lago! ¡Oh, por Dios, Jane, el lago! ¡Era como un espejo! ¡Comimos y platicamos y luego… no sé qué rayos pasó y la verdad no importa porque todo fue fabuloso! ¡¿Puedes creerlo?! ¡Y la cena! ¡Jamás había probado un pescado tan delicioso! ¡Se deshacía en mi boca, Jane! ¡En mi boca! ¡Y la pasta era de otro mundo! ¡Te juró que usó algo alienígena para sazonarlo! ¡Y mira! – levantó su mano, permitiéndole ver a Jane un hermoso tulipán color azul – Me lo regaló. Es bellísimo – lo acercó a ella con una sonrisa de oreja a oreja y un brillo descomunal en su ojos – El mejor cumpleaños de mi vida.
Admitir un error es difícil. Aceptar que estás equivocada, que la verdad no es tal y como tú la imaginabas. Toparte con la realidad. Se necesita entereza para ceder, para abrir tu mente, para ver el mundo a través de la perspectiva de quien conoce más que tú de cierto tema. Se requiere de valor para admitir tu equivocación y aún más fuerza para rectificarlo. El problema era que Jane Foster no sabía cómo remediar el suyo.
- Darcy, todo eso suena maravilloso, pero no me parece que debas emocionarte tanto – habló Jane. La joven ladeó la cabeza confundida – Al fin y al cabo, es de Loki de quien estamos hablando. Es el Dios del Engaño y la Mentira. Es un ser egoísta y convenenciero.
Recargada en el dintel de la puerta con un vaso de café entre sus manos, la mujer contemplaba a su mejor amiga pacíficamente dormida en los brazos de Loki. El hombre también estaba profundamente dormido con su cabeza descansando sobre la de la muchacha y su mano entrelazada con la de ella sobre su pecho.
- ¿Qué te asegura que lo de anoche no fue un plan para conseguir algo de ti? – cuestionó Jane.
Tomó un trago de su bebida, preguntándose cuál sería su excusa esta vez. Con que agudo comentario rompería las ilusiones de su mejor amiga en cuanto despertara. Controlada o no por Angerboda, Darcy había tenido toda la razón. Era una maldita perra hipócrita y convenenciera de mente cerrada, incapaz de ver más allá de lo que conocía. ¿Y así se hacía llamar científica? Suspiró derrotada. ¿Qué podría decir en su defensa? ¿Que para ella Loki era un monstruo, un asesino, un peligro? ¿Que no lo creía capaz de realizar una sola acción buena y desinteresada? Eso le habría funcionado hace unas horas, pero después de presenciar como el Dios del Caos tranquilizó a Darcy, como la consoló, como la sujetaba en ese momento entre sus brazos como si fuera lo más frágil del planeta. No, Jane Foster acababa de chocar contra la realidad y debía de admitir que no se había sentido tan sacudida desde que arrolló a Thor con su van. Ahora ya no sólo veía al despreciable ser que jugó con la cabeza de Erick. Al hombre que intentó asesinar al amor de su vida. Al monstruo que quiso conquistar a su raza. Ahora veía a ese hermano que Thor extrañaba tanto. Al protagonista de las incontables historias que el Dios del Trueno y Darcy le relataron. A un hombre capaz de hacer a un lado su propio dolor con el objeto de reconfortar a una simple mortal. Las dos imágenes eran tan contradictorias, sin embargo, ambas eran reales, ambas existían. Y trataba de conciliarlo en su cabeza.
Sintió uno de los brazos de Thor rodear su cintura.
- Mi hermano nos matará si despierta y nos ve espiándolo – indicó Thor en su oído.
- Fue tu idea dejar la puerta abierta – puntualizó Jane sonriendo.
- Como dicen aquí en Midgard, "más vale prevenir que lamentar" – declaró Thor
- ¡SE FINITE! – exclamó Tony Stark, apareciendo al final del pasillo, acompañado de Bruce y Pepper, y asustando a sus compañeros de equipo y Jane.
- No puedes no hacer una entrada, ¿verdad? – le recriminó Steve sentado en una de las sillas junto a Natasha y Clint.
- ¿Quién sería yo si no hiciera entradas? – soltó Tony, caminando hacia el grupo. Alzó su mano mostrándoles un aro sujetó entre su pulgar y su índice – Ante ustedes, señores, el primer escudo anti-magia creado por la ciencia. Emite un campo electromagnético potencializado por una pila recargable. Su fino diseño lo convierte en una estilizada pulsera de mano y viene en tres diferentes diseños: gris metálico, gris metálico y gris metálico. Para alejar de su cabeza a su loca hechicera favorita. Patente pendiente.
- ¡Oh por Dios! ¿Es enserio? – saltó Jane, aproximándose al billonario emocionada.
- Una semana de trabajo continuo debía de dar frutos, ¿no lo creen? – comentó Bruce.
- Lo cual me recuerda que ambos están vetados de sus laboratorios por lo que resta de la semana y la que sigue – apuntó Pepper.
- ¿Funcionará? – inquirió Steve con seriedad.
- Soportó un ataque del báculo de Loki y salió intacta – expuso Tony – Creo que aguantará la magia de Angerboda.
- ¿Utilizaste… Ah, olvídalo – pronunció Steve – Lo importante es que funcioné y proteja a Darcy.
- Probémoslo – propuso Tony, encaminándose al interior de la habitación. Sin embargo, Thor se paró frente a él, obstruyendo su paso.
- Me parece que lo más prudente será que yo los despierte primero – estableció Thor.
- Si, dudo que los nervios de Darcy soporten una de tus "entradas", Stark – apoyó Natasha con los brazos cruzados.
Tony rodó los ojos y le hizo una seña a Thor para que prosiguiera. El asgardiano dio la media vuelta e ingresó en el cuarto. Se detuvo un instante a pasos de la puerta, reflexionando cual sería la mejor forma de despertar a la pareja sin que nadie resultara afectado. Rodeó la cama, posicionándose en el lado derecho de su hermano, alargó su mano hacia su hombro y lo sacudió levemente. Los ojos de Loki se abrieron en el acto y su agarre sobre Darcy se estrechó. Su mirada se clavó en la de Thor, para después inspeccionar la habitación. Stark, Foster y Rogers estaban en la puerta expectantes.
- ¿Ahora hacen sus reuniones en mi cuarto? – preguntó con fastidio Loki, relajándose.
- Tony concluyó con la construcción del artefacto que protegerá a Darcy de Angerboda – anunció Thor con una gigantesca sonrisa. El Dios del Engaño volteó a ver al billonario. Este levantó su mano y agitó la pulsera en el aire.
- ¿Me vas a decir que esa… cosa repelerá la magia de Angerboda? – cuestionó Loki con desprecio.
- No lo sé, tú dímelo – respondió Tony, acercándose a la cama. Le ofreció el brazalete al jotun, quien lo tomó entre sus manos.
De inmediato, sus dedos sintieron el cosquilleo característico de la magia y no cualquier magia. Era el conocido pulso del Tesseract. Posó sus interrogantes ojos en los de Stark, el cual se encogió de hombros. Bueno, por lo menos ahora sabía en dónde se encontraba su báculo. Un movimiento a su costado lo hizo agachar su cabeza. Darcy comenzaba a despertarse, seguramente sobresaltada por el ruido. La muchacha pestañeó varias veces, su cabeza tratando de precisar donde se hallaba.
- Eh… ¿tenemos reunión? – inquirió Darcy adormilada, soltando la mano de Loki y sentándose en la cama.
- Y qué gran reunión – señaló Tony – Loki, por favor, entrégale a Darcy mi más reciente creación – El aludido acercó la pulsera a la joven, quien la miró pasmada.
- ¿Es… lo que creo que es? – preguntó Darcy, mordiéndose el labio de la emoción.
- Te perdiste la presentación. Una lástima, pero si – asintió Stark – Anoche fue la última vez que esa bruja milenaria se metió en tu cabeza. Todo gracias a mí – Bruce carraspeó desde la puerta – y Banner.
La muchacha cogió el objeto de las manos de Loki en un pestañeo y lo colocó en su muñeca derecha. Algunos segundos de silencio después, torció su boca y frunció el ceño.
- ¿Se supone que debería de sentir algo diferente? – cuestionó Darcy, examinando su brazo.
- No necesariamente – señaló Loki. Al fin y al cabo, la magia contenida en el artefacto era tan poca que solamente un diestro hechicero como él podría percibirla.
- ¿Escuchas alguna voz? – inquirió Jane.
- Eh… creo que no – contestó Darcy.
- La magia de Angerboda es parte de tu mente ahora – expuso Loki – Seguirás oyendo su voz hasta que su influencia sea erradicada totalmente. Y para eso se requiere magia
- Explícate – le pidió Darcy recelosa.
El jotun abrió su boca con la intención de esclarecer las dudas de la joven, mas fue interrumpido sorpresivamente por una onda de energía que rompió el cristal de la ventana y la pantalla de la máquina que leía sus signos vitales. Loki jaló a Darcy contra él y la cubrió con su cuerpo, al tiempo que Thor se colocaba entre Jane y los pedazos de cristal y los demás se agachaban al suelo.
El Dios del Caos levantó la cabeza, clavando sus ojos en los entornados ojos de Darcy.
- ¿Estás bien? – preguntó Loki. La muchacha asintió, abrazándose con fuerza a él asustada.
- ¡¿Qué diablos fue eso?! – exclamó Stark, poniéndose de pie. Natasha y Clint habían entrado a la habitación de inmediato y Bruce y Pepper observaban el sitio alarmados.
- Felicidades, Stark – lo felicitó Loki, recargando su barbilla en la cabeza de Darcy, quien había comenzado a llorar, y acariciando su cabello en son tranquilizador. Volteó a ver a Tony con una sádica sonrisa en sus labios – Acabas de enfurecer a una hechicera milenaria.
La sala del trono estaba envuelta en el más profundo silencio, siendo los murmullos de Lady Sif y los Tres Guerreros el único sonido. Los cuatro habían ideado un nuevo plan para escapar. Idún y Freya oían con atención y Frigga tampoco perdía palabra alguna, mientras acariciaba el cabello de su esposo, cuya cabeza reposaba en su regazo.
Una fuerte explosión alcanzó sus oídos, alarmando a todos los habitantes del castillo encerrados en la suntuosa recámara. Otra explosión. Todos los guerreros se pusieron en pie y Odín se sentó con ayuda de su fiel esposa. Una… dos… tres… cuatro explosiones más. Las puertas de oro se abrieron y entró Sigyn aterrada, seguida de cerca por los elfos oscuros que la resguardaban, los cuales también se mostraban levemente turbados. Una nueva explosión.
- ¡Está destruyendo los jardines, los establos, las casas aledañas! – anunció Sigyn aferrándose a las barras de las celda de su madre. Otro estallido - ¡Enloqueció!
- Eso desde hace mucho, querida – señaló Freya.
- ¿Qué sucedió? – inquirió Fandral.
- Arruinaron su plan – respondió la invisible presencia de Krista al lado de Sigyn. La diosa la volteó a ver y después regresó su mirada a los prisioneros con la esperanza de que alguien más además de ella notara al fantasma a su lado. Sin embargo, nadie parecía haber escuchado la respuesta de la difunta hechicera y aguardaban una de su parte.
- No lo sé – respondió Sigyn con sinceridad.
El Padre de Todo se puso de pie con cierta dificultad, clavando su único ojo en la Diosa de la Fidelidad.
- Guárdate en tu cuarto y no salgas hasta que se haya tranquilizado – le ordenó Odín. Sigyn habría podido jurar que su ojo no la veía directamente a ella, sino a su derecha.
- Si, su majestad – asintió Sigyn.
Dio la media vuelta y salió de la sala del trono acompañada por sus celadores y la constante presencia de Krista. En su camino de regreso a sus aposentos, pudo observar desde los inmensos ventanales la destrucción. Los hermosos jardines de palacio donde pasaba horas caminando o leyendo eran devorados por el fuego. Los caballos y animales que vivían en el lugar corrían por el sitio buscando desesperadamente una salida. Los jotuns y elfos oscuros se mantenían a una considerable distancia de la desquiciada hechicera que gritaba y lanzaba bolas de energía a diestra y siniestra. Todo era un caos.
La mujer apresuró sus pasos y rápidamente arribó a su habitación, cerrando la puerta tras ella y dejando a los evidentemente asustados elfos afuera.
- ¿Te vio? – preguntó Sigyn, tratando de no prestare atención a los estallidos que se oían a lo lejos.
- No es fácil ocultarte de la vista del Padre de Todo – respondió Krista, recargándose a su lado en la puerta.
- ¿Qué ocurrió? ¿Por qué destruye todo? – inquirió la diosa.
- Darcy está fuera de su alcance – informó Krista.
- ¿Y eso que significa para nosotros? – cuestionó Sigyn.
- Más seguridad – señaló Krista – Ya no será tan fácil salir de aquí.
Sigyn tragó saliva con pesadez, deslizándose hasta el suelo.
Decir que los siguientes días fueron pacíficos habría sido una mentira. Cada nuevo amanecer venía acompañado de un ataque liderado por Angerboda a una ciudad diferente. La hechicera había dejado a un lado los juegos previos y ahora atacaba con la única consigna de destruir todo cuanto estuviera a su paso. El poco número de jotuns que comandaba la mujer facilitaba el trabajo a los Vengadores, sin embargo, entre el tiempo que hacían de Nueva York a la ciudad bajo ataque, Angerboda ya se había encargado de crear un caos de grandes proporciones. Los daños materiales eran pocos comparados a las víctimas. Muertos, heridos, un número que iba subiendo alarmantemente. Y, por mucho que lo intentaran, cada vez que la enfrentaban, la magia de la mujer siempre los superaba. En especial a Thor, a quien acostumbraba a inmovilizar en cuestión de segundos con ese desconocido hechizo que utilizó la primera vez.
Y mientras los superhéroes más poderosos de la Tierra se las arreglaban en el campo de batalla, Darcy lidiaba con su propio combate interno. Como Loki se lo explicó una vez que se recuperó del susto causado por Angerboda, la magia de la hechicera era como una semilla que había echado raíces en su mente, convirtiéndose en algo permanente. A la muchacha le gustaba llamarla "Darcy 2.0" únicamente por el alivio cómico. El punto era que, para removerla por completo de su sistema, era necesario practicar conjuros similares a los que la ancestral mujer había utilizado. Destruir cada recuerdo alterado era el primer paso. El segundo era borrar todo rastro de magia. Y por sencillo que pudiera escucharse todo ello, no lo era. Todo debía hacerse con precisión, pues cualquier error conllevaría a la pérdida irreparable de una parte de ella misma. Cada recuerdo modificado estaba unido al real como un tumor, o al menos así lo entendía Darcy. La sonrisa de Loki cuando a la joven se le ocurrió compararlo con ese tumor masivo que salió en Grey's Anatomy y que tantos problemas le causo a Shepard permanecería en su memoria para la posteridad. En fin, uno debía de ser eliminado sin tocar al otro. Lo mismo ocurría con la magia de Angerboda ahora incrustada en su cabeza. Si al eliminarla no se hacían los cortes en el lugar indicado, un recuerdo desaparecería permanentemente o una parte de su personalidad sería cambiada de por vida.
El prospecto debería de haberla aterrado, sin embargo confiaba plenamente en Loki y en sus habilidades. Una vez que recuperará su magia, el hombre se encargaría de reparar su dañada cabeza. Ahora, su verdadero problema residía en esperar a que eso sucediera. El veneno ya no avanzaba y había iniciado un retroceso, lo cual eran buenas noticias. No obstante, no se veía en el horizonte una fecha exacta para cuando la salud del jotun, junto con sus poderes, se restableciera. En tanto, mantener su cordura se había convertido en la primera prioridad de Darcy, Loki y Jane. La muchacha se había negado rotundamente a abandonar la habitación bajo cualquier circunstancia, argumentando que cada vez que lo hacía Angerboda comenzaba a jugar con su cabeza, argumento invalido, considerando que ahora estaba protegida por la creación de Tony. Aún así, nadie se atrevió a discutir su decisión. Los tres pasaban el día entero viendo películas y series y platicando sobre trivialidades, hasta que poco a poco Jane fue desapareciendo de la escena dejando a los dos solos. Cada duda en sus recuerdos era esclarecida prontamente por Loki y cada pesadilla nocturna era mitigada por su calmada voz y las caricias en su cabello. Habían hecho una costumbre el compartir la cama del jotun durante las noches y cada mañana ambos despertaban abrazados con fuerza el uno al otro, hecho que había incitado los conocidos comentarios de Stark y ciertas miradas picaras de parte de Thor. Darcy realmente no les prestaba atención. Despertar a lado de Loki era un placer que disfrutaba y temía el día en que fuera terminar. Además, debía de admitir con cierta ironía que los brazos de Loki nunca se habían sentido más cálidos.
Bebiendo de su vaso de café y somnolienta, Jane Foster entró a la habitación de Loki sigilosamente. Eran las seis de la mañana y no deseaba perturbar el sueño de ninguno de los inquilinos. Echó una rápida mirada a la cama en su camino al largo sillón. Se detuvo en seco y posó sus ojos en la cama incrédula. Se aproximó lentamente al Dios del Engaño y lo sacudió tenuemente. Los ojos del hombre se abrieron en el acto y se clavaron sobre ella interrogantes. Jane hizo un ademán que abarcó su cara y Loki arqueó una ceja confundido. La mujer rodó los ojos, tratando de convenir con las perfectas palabras para explicar la situación sin herir susceptibilidades. Por suerte, no tuvo que añadir nada más, pues Loki no tardó en comprender que trataba de decir la científica. Lo sentía en su cuerpo, en el calor en sus venas, en el cosquilleo en su piel, en la energía que poco a poco lo llenaba. Levantó su mano derecha delante de él y sus verdes ojos se entornaron. Su piel había recuperado ese tono rosado pálido que caracterizaba su forma asgardiana. Tocó su cara. Los relieves habían desaparecido. Alzó su mano una vez más y la agitó, formando una bola de fuego, que hizo ahogar un grito a Jane. Sus labios se curvaron en triunfo. Su magia estaba de vuelta, lo cual significaba que el veneno de Angerboda había perdido su efecto.
Darcy se movió al lado de Loki, ganándose la atención de sus dos acompañantes y causando que la bola de fuego desapareciera entre los dedos del Dios del Engaño. Sus parpados se separaron, pestañeó varias veces y enfocó su mirada en sus amigos.
- Eh… ¿buenos días? – masculló Darcy un poco abrumada por los escrutadores ojos sobre ella.
- Buenos días – respondió Loki expectante. Detrás de él, Jane la miraba del mismo modo. Se enderezó, sentándose al borde de la cama.
- Eh… ¿Todo bien? ¿Hubo otro ataque? ¿Alguien murió? ¿Tengo algo en la cara? ¿Por qué demonios ven así? – cuestionó Darcy incomoda.
- ¿No lo notas? – preguntó Jane pasmada. Darcy frunció el ceño completamente perdida. ¿Qué debería notar? Todo seguía igual. El gris cuarto, Jane, Loki… Sus ojos se abrieron como platos.
- ¡Ya no eres azul! – exclamó Darcy, preguntándose cómo no lo había notado antes – Eso quiere decir que…
- El efecto del veneno ha sido anulado – concluyó Loki con una inmensa sonrisa – y mi magia volvió.
Antes de que pudiera realizar una demostración, la muchacha se abalanzó sobre él. Un gemido de dolor escapó sus labios y Darcy lo soltó de inmediato.
- Pero aún tengo un hoyo en mi estomago – indicó Loki con una mano sobre su herida y sus ojos cerrados.
- Oh, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento – repitió Darcy, mordiéndose el labio inferior. Loki negó con la cabeza y sonrió levemente.
- No te preocupes – la tranquilizó.
- Iré por el médico – anunció Jane, dirigiéndose a la puerta.
- No será necesario, doctora Foster – la detuvo Loki – Ya no requiero más de la asistencia de sus sanadores. A partir de ahora me encargaré personalmente de mi recuperación.
- ¿Cómo piensas hacer eso? – inquirió Darcy.
- Magia – respondió Loki con simpleza.
- O-ok – tartamudeó Darcy.
- ¿Y Thor, doctora Foster? – preguntó Loki, apartando su vista de la muchacha a su lado.
- Otro ataque – indicó Jane – Pittsburg.
- Le agradecería que lo pusiera al tanto de mi mejoría – solicitó Loki con una expresión que la astrofísica tradujo como una explícita invitación a abandonar la habitación.
- En seguida – asintió Jane, antes de salir del cuarto, cerrando la puerta tras ella.
- Creo que sería más agradable decir "podrías, por favor, marcharte" a lanzarle dagas invisibles a las personas – lo reprendió Darcy.
- Perdona, es un hábito – se disculpó Loki, devolviendo sus ojos a los de la joven – Darcy, quiero pedirte que te vayas y antes de que tu mente comience a malinterpretar mis palabras, permíteme explicarme.
- Un simple "te odio, Darcy" sería más sencillo – soltó Darcy dolida. Loki abrió su boca inquieto, mas la risa de la muchacha contuvo sus palabras – Broma, era broma. Perdón, no pude evitarlo.
- No juegues con esto, Darcy – pidió Loki, llevándose una mano al puente de la nariz – No es divertido.
- Lo siento, no volveré hacerlo – se disculpó la joven – Es sólo que a estas alturas prefiero reírme que seguir llorando.
Loki suspiró, bajando su mano.
- Necesito concentrarme en curar mi cuerpo – expuso Loki – por eso debo apartar cualquier distracción.
- Oh – dijo Darcy – Está bien.
- No creo emplear más de veinticuatro horas – señaló Loki. Sujetó una de las manos de Darcy - ¿Estarás bien en ese tiempo?
- La pregunta me ofende – expresó en son de broma Darcy, consiguiendo que el Dios del Caos sonriera de nuevo – Es un día. Creo que puedo mantener mi cordura por un día. No espera… creo que esa ya la perdí hace mucho.
Loki negó con la cabeza, se aproximó a la castaña y le plantó un dulce beso en la frente.
- Si me necesitas, aquí estaré – declaró Loki.
- Lo sé – sonrió Darcy.
- Y, por favor, mantén al inútil de mi hermano fuera de aquí – pidió Loki. La sonrisa de la muchacha se acentuó. En todo el tiempo que llevaba de conocer a Loki, era la primera vez que lo oía referirse a Thor como su hermano.
- Lo intentaré, pero no prometo nada – asintió Darcy.
Un constante picoteo en su costado, aunado al suave murmullo de su nombre, lo despertó. Acostado en el sillón de la sala de estar de su piso, Steve pestañeó varias veces hasta que su mirada se enfocó en Darcy. La muchacha estaba de pie a un lado del sillón, mordiéndose el labio inferior y viéndolo con cierto miedo en sus ojos. El hombre volteó a ver el reloj que colgaba arriba del televisor de plasma. 2:17 de la mañana.
- ¿Pasa algo? – inquirió Steve, sentándose.
- Pesadilla – respondió Darcy, tomando asiento junto a él.
El soldado la rodeó con un brazo y Darcy recargó su cabeza en su hombro.
- ¿De qué se trató? – preguntó Steve.
- Lo mismo de siempre… Loki tratando de matarme – señaló Darcy – Es impresionante lo imaginativa que puede ser Darcy 2.0 en ese aspecto.
- ¿Por qué no lo llamas? – propuso Steve.
- Está ocupado – indicó Darcy – Además, no voy a salir corriendo en pos de Loki cada vez que tenga una pesadilla. No soy ese tipo de chica.
- No tiene nada de malo querer un poco de compañía cuando estás asustado – apuntó Steve.
- Supongo – masculló Darcy - ¿Duermes conmigo? Creo que ya me acostumbre al calor humano.
- Eh… Estoy casi seguro de que Loki no es humano – especificó Steve divertido, recibiendo un codazo de parte de su amiga – Claro, ¿por qué no?
Darcy sonrió, se puso de pie y caminó hacia el cuarto de Steve, seguida de cerca por el soldado.
- En caso de que Angerboda les dé el día libre mañana, ¿nos acompañas a revisar mi departamento? – lo invito Darcy – Hace más de una semana que no pongo un pie en él. Será interesante ver el contenido del refrigerador.
Steve negó con la cabeza entretenido.
Por desgracia, a la mañana siguiente, justo cuando iban saliendo de la Torre Stark rumbo al edificio donde vivía la muchacha, una llamada de Fury puso al tanto al equipo del nuevo blanco de la hechicera: Miami. Steve se disculpó y en cuestión de minutos Los Vengadores ya estaban en su camino a la ciudad sureña. Sin deseos de cambiar sus planes una vez más por culpa de Angerboda, Darcy condujo a una levemente preocupada Jane hasta su departamento.
En cuanto abrió la puerta, Darcy inhaló profundamente, sintiéndose una vez más en casa. El lugar no estaba tan mal como había esperado. Un poco de polvo por aquí y por allá, la comida en el refrigerador y la alacena había caducado en su mayoría y algunos de sus muebles habían sido movidos de lugar durante las pesquisas de S.H.I.E.L.D. Absolutamente nada que no tuviera arreglo. Con Jane revisando la cocina, Darcy se encaminó al cuarto donde guardaba sus películas y discos para regresar sus DVDs a su lugar, para después introducirse en su cuarto en busca de ropa nueva. Por mucho que extrañara su casa y sus pertenencias, sinceramente no se sentía capaz de vivir sola en esos momentos. Steve tenía razón, no había nada de malo en querer un poco de compañía cuando estás asustado y ella sin lugar a dudas lo estaba, por lo cual, a sugerencia de Jane, se quedaría un tiempo en casa de su amiga. Una vez empacado todo lo necesario de su closet y el baño en una maleta, Darcy caminó hacia la puerta, deteniéndose en el umbral. Devolvió sus pasos a su armario y lo abrió. Se estiró un poco con el objeto de alcanzar una caja en la repisa superior, la tomó entre sus manos y la bajó. La abrió con una sonrisa en sus labios, sonrisa que se esfumó al no hallar lo que buscaba. La flor de Loki. Frunció su ceño. Ella recordaba haberla puesta ahí. Era su caja especial, la caja que guardaba cada uno de los objetos que significaban algo para ella. La flor definitivamente debía de estar. Puso la caja sobre la cama y hurgó en el interior del closet en busca de su tulipán.
Después de sacar todos los envases de alimentos caducados del refrigerador y meterlos en una bolsa de basura, Jane se irguió del suelo y se estiró. Arqueó una ceja, percatándose de la falta de su amiga. La muchacha ya se había tardado demasiado. Solamente iba a empacar las cosas que necesitaría para su estadía en su casa. Un mal presentimiento empezó a molestar a la mujer. ¿Y si le ocurrió algo?
Rodeó la barra de la cocina con rapidez, pensando en los peores escenarios, sin fijarse en el cesto de basura localizado al lado de la barra, con el cual se tropezó. El cubo se volcó, esparciendo su contenido en el suelo y provocando que la astrofísica maldijera entre dientes. Consideró olvidarlo por el momento, sin embargo la basura en el suelo llamó su atención. Eran pedazos de papel. Ladeó su cabeza, agachándose ligeramente. No. Sus ojos se abrieron como platos y se hincó en el suelo. No eran simples pedazos de papel. Cogió uno de los trozos y lo inspeccionó. Eran…
- Oye, Jane, ¿me ayudas por aquí? No encuentro… - habló Darcy, apareciendo al principio del pasillo que conducía a su cuarto. Jane levantó su cabeza alarmada, mientras su mirada se posó en los pedazos de papel esparcidos en el suelo.
Darcy los observó inmóvil por un rato, tratando de descifrar el por qué le resultaban tan familiares. Y entonces, el recuerdo de una tormentosa noche sin sentido arribó a su cabeza. Una pesadilla. Miedo. La caja tirada en el suelo. La flor. Fuego… Fuego… Fuego…
Se precipitó hacia el bote de basura frenética, pronunciando una y otra vez la palabra "no". Tiró todo lo que restaba en su interior en el suelo y se paralizó al ver caer el carbonizado talló y las cenizas de lo que alguna vez fuera el hermoso tulipán que Loki le regaló en su cumpleaños. Tomó entre sus manos temblorosas el talló y sus ojos recorrieron el mar de fotografías destruidas sobre el que estaba sentada. Se sentía sedada, adormecida, como si alguien la hubiera sacado de la realidad. De repente, esas dos semanas de completa amnesia habían vuelto a su cabeza. Las noches repletas de pesadillas (o de recuerdos modificados). El miedo, el odio, el rencor, el dolor, todos esos sentimientos dirigidos a una sola persona: Loki. La visita de Thor. La de Steve. La de Jane, que terminó con ella electrocutada por su propia arma. Todo estaba fresco en su cabeza como si hubiera ocurrido ayer. El aire empezó a faltarle y estalló en llanto. Jane la abrazó prontamente y la muchacha se aferró a ella como si fuera un salvavidas.
- ¡Yo fui! ¡Yo lo hice! – repetía una y otra vez Darcy entre sollozos.
- Tranquila, tranquila – la reconfortó Jane completamente perdida – Po-podemos reconstruirlas. Sólo necesitamos un poco de cinta adhesiva y quedaran como nuevas. Podemos arreglarlo, Darce. Será como un rompecabezas.
- Mi-mi-mi tulipán, mi-mi… - tartamudeó Darcy.
- Tal vez… tal vez Loki sepa como restaurarlo – aventuró Jane, acariciando la espalda de la joven – Si puede curarse a sí mismo, una flor no será problema.
- ¿Tú-tú crees? – inquirió Darcy.
- Por su puesto – aseguró Jane – Sólo hay que esperar a que se recupere.
Darcy asintió, sumiendo su cabeza en el cuello de Jane sin parar de llorar.
Loki permaneció de pie inmóvil por un rato. En verdad era un alivio poder hacerlo sin que una punzada de dolor recorriera todo su cuerpo. Dio unos cuantos pasos hasta alcanzar el largo sillón frente a su cama y se sentó en él. El proceso de curación había sido un éxito, no obstante, lo había dejado severamente drenado de energía. Reconstruir su propio tejido y restaurar sus propios órganos no sólo requería una impresionante cantidad de magia, también era inexpresablemente doloroso. Culpaba plenamente al dolor de su actual estado de cansancio. La magia no había sido un problema con sus poderes de vuelta y su conexión con el Tesseract intacta, a pesar de que su báculo se hallaba en manos de Stark. Pero el dolor… ese era un tema aparte. Consideró por un efímero instante quedarse en ese sillón y descansar una hora o dos, mas estaba tan hastiado de esas cuatro opresivas paredes que, en un solo movimiento, se puso de pie y caminó hacia la puerta. La abrió y salió del cuarto, percibiendo de inmediato como si hubiera dejado un enorme peso detrás de él. Estaba vivo y sano; de nuevo era él. Inhaló y exhaló tranquilo, antes de encaminar sus pasos a la sala de espera. Una sonrisa se dibujó en su rostro al ver a Darcy allí, sentada en el suelo frente a una larga mesa de centro, la cual estaba repleta de pequeños papelitos. Un sonido a su izquierda llamó su atención y giró su cabeza en dicha dirección. Jane Foster lo miraba con una mezcla de sorpresa y alivio. La mujer fijó sus ojos en los de él y le dedicó una sonrisa, la primera sonrisa que Loki recibía de parte de la pareja de Thor.
- Es bueno verte recuperado – mencionó Jane, alertando a Darcy de su presencia.
La joven alzó la cabeza de golpe y sus ojos se entornaron sobre él. Se puso de pie, corrió hacia él y, sin previo aviso, se lanzó contra él en un fuerte abrazo que por poco tira al asgardiano al piso. Loki la rodeó con sus brazos contento, apoyando su barbilla en la coronilla de su amiga. Darcy se separó de él un poco con la finalidad de verlo a la cara.
- ¿Adiós hoyo en el estomago? – preguntó Darcy, bajando su mirada al abdomen del hombre.
- En efecto – asintió Loki.
- Genial – pronunció Darcy, clavando su mirada en la suya.
Loki levantó sus ojos, inspeccionando la sala.
- Supondré que la ausencia de vigilancia se debe a un nuevo ataque de Angerboda - aventuró Loki.
- Si - asintió Jane.
- No vemos el día en el que al fin le den su merecido - comentó Darcy, soltando al Dios del Caos y agachando la cabeza.
"Oh, ese día se acerca" pensó Loki "Y no habrá lugar donde esa maldita mujer pueda esconderse"
- ¿Y qué es todo esto? - preguntó Loki fijando su vista sobre la mesa.
- Eh… - habló Darcy, separándose del jotun y volviendo su cabeza en dicha dirección - ¿Yo enloqueciendo?
- Angerboda en su cabeza – corrigió Jane.
El hombre arqueó una ceja confundido, aproximándose a la mesa. No tardó en reconocer los pedazos de papel como fotografías destrozadas y, a juzgar por la imagen a medio construir que reposaba sobre la mesa, Darcy y Foster debían de estar en el proceso de reconstrucción. Sus puños se cerraron con fuerza y su semblante se endureció. El trabajo de Angerboda había sido impresionantemente completo. Debería de recompensarla con el mismo trato.
- ¿Te acuerdas de las dos semanas borradas de mi cabeza? – recuperó su atención Darcy – Bueno… regresaron. Yo lo hice – frunció la boca visiblemente afectada – y no fue lo único.
Se adelantó hacia uno de las sillas y cogió una bolsa de plástico, la abrió, metió su mano y sacó un negro objeto de ella. Loki alargó una mano y lo tomó de manos de Darcy. Lo analizó y sus ojos se abrieron desmesuradamente al comprender de qué se trataba.
- Lo quemé – señaló Darcy con ojos vidriosos – Jane… Jane pensó que tal vez tú podrías revivirlo o lo que sea. ¿Puedes?
El asgardiano miró a la muchacha, quien lo contemplaba esperanzada.
- Me gustaría decirte que si, sin embargo, mis poderes tienen límites, Darcy – respondió Loki. La desilusión en el rostro de su amiga le causó una punzada en el pecho – No obstante, recordaré colocar un hechizo anti inflamable la próxima vez – regresó sus ojos a la mesa - ¿Tienes las originales?
- Si – asintió Darcy – Fue lo primero que revisamos. Todas están en mi USB y en el internet. Se las di a Jane para evitar que…
Las palabras de Darcy se convirtieron en un grito ahogado cuando las destrozadas fotografías se prendieron en fuego y comenzaron a arder ante la mirada incrédula de las dos mujeres. La joven se lanzó desesperada a intentar salvarlas, mas Loki la contuvo rodeándola con un brazo por la cintura. En cuestión de segundos, no quedaban nada más que cenizas en la superficie. Darcy y Jane, la primera con lágrimas en los ojos y la última con una mano en la boca, voltearon a ver a Loki acusadoramente. Este mostraba su reconocida expresión estoica. La muchacha se soltó de su agarre y se arrojó a golpes contra él.
- ¡¿POR QUÉ HICISTE ESO?! – gritó Darcy, golpeando al Dios del Engaño con toda la fuerza que tenía - ¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ?!
Sus muñecas pronto se vieron sujetas por las manos de Loki, inmovilizándola. Jane dio un paso al frente en pos de su amiga.
- Sé lo que significan esas imágenes para ti, Darcy – se defendió Loki en tono suave – Son parte de ti, de tu vida. Son recuerdos, recuerdos de momentos importantes. Si las reconstruías, perderían su significado. Ya no te recordarían ese instante que plasmaste; te recordarían que una hechicera desquiciada se metió a tu cabeza y te obligó a destruirlas – relajó su agarre - Guardas las originales, tú misma lo has dicho. Imprímelas y yo personalmente te ayudaré a colocarlas en tus álbumes, ¿de acuerdo? – soltó una de las manos de la muchacha y posó la suya en la mejilla izquierda de Darcy – Entiendo lo que sientes, Darcy, pero sólo son objetos. Lo importante es que tú estés bien y el hecho de que puedas rememorar esas dos semanas es una prueba de que tu mente es mucho más fuerte que la magia de Angerboda. Estás relegándola y, con mis poderes de vuelta, en días volverás a ser la Darcy de antes – secó con su pulgar las lagrimas que caían de sus ojos – Lo que sucedió es terrible, sin embargo ha terminado. Tú estás bien. Yo estoy bien. Todo está bien.
Derrotada, Darcy eliminó la distancia entre los dos y lo rodeó con su brazo, recargando su frente en su pecho. Loki la abrazó por la cintura, ciñéndola aún más a él.
- No son las cosas – masculló Darcy.
- Lo sé – pronunció Loki.
Jane suspiró y se dejó caer sobre una de las sillas. Cuando esto terminará, necesitaría unas largas vacaciones. Largas.
Una tranquila melodía pop resonó en la sala de espera y la astrofísica metió su mano en su bolsillo, mientras Darcy y Loki posaban sus miradas sobre ella. La mujer oprimió el botón para aceptar la llamada y llevó la bocina a su oreja.
- Thor – saludó Jane, rezando internamente porque no fueran malas noticias.
- ¡Jane! ¡Por favor, comunícame con Loki! ¡Es urgente! – pidió la alarmada voz de Thor del otro lado de la línea, con gritos ininteligibles de fondo. Retiró el teléfono de su oído y lo alargó en dirección a Loki.
- Quiere hablar contigo – informó Jane – Dice que es urgente.
Como acto reflejo, Darcy se aferró a él. La última vez que había recibido una llamada de Thor desde el campo de batalla había terminado con el Dios del Engaño tendido en una cama, envenenado y con un herida en el estomago. Definitivamente no permitiría una repetición. Loki le plantó un rápido beso en la frente, al tiempo que cogía el aparato de manos de Jane. Lo llevó a su oído y al instante el caos que reinaba del lado de Thor lo aturdió.
- ¿Qué sucede? – inquirió Loki.
- ¡Hermano! ¡Es Clint! ¡Uno de los jotun lo cogió del brazo! ¡Estamos tratando de controlar el avance del hielo, mas no lo conseguimos! – lo puso al tanto Thor con rapidez.
En ese instante, una comitiva de doctores y enfermeras pasaron a su lado en su camino al elevador. Jane se puso de pie de golpe y Darcy se apartó un poco de Loki.
- Supondré que vienen para acá – aventuró Loki.
- ¡Lo más pronto posible! – asintió Thor.
Reflexionó. Barton no era una de sus personas favoritas. Si fuera por él, lo dejaría morir sin ningún tipo de remordimiento, pues era una realidad que ninguna tecnología humana podría retener el avance del hielo. La única opción sería cortarle el brazo, mas si no lo habían hecho hasta este punto era porque seguramente el agente se negaba rotundamente. Su única esperanza era su magia si es que no sólo deseaba vivir, sino también mantener la funcionalidad de su utensilio de trabajo. No obstante, ¿para qué extenuarse salvándolo? Sus poderes aún no estaban al cien por ciento y se hallaba terriblemente exhausto por la noche anterior. Si abusaba de su renovada salud, atrasaría el fortalecimiento de sus poderes y con ello la sanación de Darcy y su venganza contra Angerboda. No, realmente no valía la pena el esfuerzo.
- Ayúdalo – le pidió Darcy.
El hombre agachó su cabeza y clavó sus ojos en los de su amiga. Debía de haber leído algo en sus facciones y escuchado la elevada voz de Thor, pues su cara estaba contorsionada en una mueca de advertencia y súplica. Loki rodó los ojos, soltando a la joven y alejándose de ella fastidiado. En momentos como esos, recordaba porque le había costado tanto trabajo aceptar sus sentimientos por la muchacha. El control que ejercía sobre él y sus emociones era patético, humillante e hilarante para cualquiera que lo viera ahora.
- Escúchame bien, Thor – comenzó Loki – Deben de aplicar calor a la zona comprometida. Todo el que puedan. Que Stark utilice los propulsores de su traje.
- ¡Estás loco! ¡Lo quemaré! – exclamó Tony, indicándole a Loki que estaba siendo escuchado por todos.
- Su piel ya está quemada, Stark – indicó Loki – El calor evita que el hielo se esparza aún más.
El sonido característico de los propulsores amortiguó en gran parte los que Loki suponía eran los gemidos de dolor de Barton.
- Manténganlo de esa manera – apuntó Loki – Estaré esperándolos en el techo.
Y sin más, finalizó con la llamada, le devolvió su celular a Jane y se encaminó al elevador. Presionó el botón que llamaba al aparato y aguardó.
- ¿Qué pasó? – preguntó Jane a su izquierda.
- El agente Barton fue tocado por uno de los jotun – informó Loki, al tiempo que las puertas se abrían. Los tres se introdujeron en él.
- ¿Y eso por qué es un problema? – inquirió Darcy.
- Los gigantes de hielo congelan todo lo que tocan – expuso Loki. La joven ladeó la cabeza confusa.
- Espera un minuto, he pasado el último mes tocándote y no… - comenzó Darcy, mas fue interrumpida por Loki. Este cogió su mano derecha y le mostró la palma, la cual estaba surcada por pequeñas quemaduras en su totalidad cicatrizadas.
- Consciente es fácil controlarlo, pero inconsciente… es imposible – puntualizó Loki, entrelazando su mano con la de Darcy – Los efectos de mi piel son menores porque, en sí, soy una anomalía en mi raza.
La muchacha soltó un "Ah", percibiendo como un cosquillante y placentero calor envolvía su mano. El ascensor se sumió en el más profundo silencio, solamente roto por la apertura de las puertas al arribar a su destino. Los tres emergieron del elevador, encontrándose con una escena que no difería en mucho a la acontecida semanas atrás cuando Loki fue herido por Angerboda. Darcy estrechó con fuerza la mano de Loki, dando un paso hacia atrás nerviosa. El Dios del Caos observó el movimiento de reojo y volvió su cabeza hacia la castaña.
- Volvamos abajo, Darcy – tomó la palabra Foster, percatándose igualmente de la incomodidad de su amiga – Aquí hay demasiada gente y sólo seremos un estorbo.
- Doctora Foster, señorita Lewis – los saludó Fury a pocos metros de ellos y acercándose – Loki. Es bueno verte de pie sin un cristal amenazando a mi personal médico. ¿Qué hacen aquí?
- Como lo llamaría Stark, ofreciendo mis servicios de consultoría – respondió Loki con superioridad – Si no le molesta, director.
- ¿Consultoría? – repitió Fury escéptico - ¿A cambio de qué?
- Oh, tómelo como agradecimiento por ser tan buen anfitrión este mes – manifestó Loki – A no ser que le apetezca perder a uno de sus más valiosos agentes.
El director de S.H.I.E.L.D. lo observó por un tiempo con desconfianza, mas el ruido del motor del Quinjet deshizo la competencia de miradas entre Fury y Loki.
- No intentes nada raro – advirtió Fury, antes de alejarse del trío y aproximarse a la zona de aterrizaje. El jotun rodó los ojos una vez más y los posó sobre Darcy. La joven había palidecido por completo y veía con cierto horror la aeronave. Soltó su mano y dirigió su atención a la astrofísica.
- Regresen a la sala de espera – instó Loki.
Jane asintió, tomó del brazo a Darcy y prácticamente la jaló de regreso al elevador. Loki las siguió con la mirada hasta que las puertas del aparato se cerraron. Devolvió su vista al Quinjet, el cual acababa de aterrizar y abría su compuerta principal. Se apresuró en dicha dirección y entró en la aeronave sin que nadie obstruyera su camino. El interior era un verdadero caos. Los gritos de Barton taladraban el ambiente, mezclados con los gritos de Stark, Thor, Natasha y Steve, quienes no solo lo tenían sujeto de pie y manos sino que trataban por todos los medios de tranquilizarlo. Banner se hallaba a la cabecera de la improvisada camilla vestido únicamente con unos pantalones y con su mano inmóvil en la yugular de Clint. El Dios del Caos se hizo camino hasta quedar a un lado de Stark, quien aplicaba el calor de sus propulsores a la piel dañada.
- ¡Hey, estrella de rock! ¿Cómo van las cosas? – lo saludó con simpleza Stark sin apartar la vista de sus manos.
- De la manera más placentera – respondió Loki, haciendo un ademán para que alejara la fuente de calor. Tony apagó los propulsores y bajó las manos, sujetando con fuerza el hombro de Barton.
El daño era extenso tal y como lo había imaginado. La acción del hielo había empezado cerca de la muñeca izquierda y de ahí esparcido en todas direcciones. La mano estaba completamente perdida, al igual que el antebrazo, el codo y gran parte del bíceps. Sin los propulsores calentando, el hielo pronto recuperó el tiempo perdido y se diseminó en dirección al hombro. Loki suspiró por la nariz. Esto sería demasiado trabajo. ¿En qué maldito momento se dejó manipular por una niña de 24 años? Darcy en verdad no tenía ni la más remota idea del tipo de influencia que ejercía en él. En fin, ya buscaría la forma de sacarle provecho a esto más adelante.
Abrió sus manos con las palmas abajo sobre la zona dañada y empezó a murmurar uno a uno cada conjuro necesario. Lo primero era contener la propagación del hielo. Tardó unos cuantos segundos, apoyándose en las propias características jotun de su piel. El siguiente punto era regenerar el tejido dañado. Piel, musculo, hueso, nervios, venas, todo. Los alaridos del Vengador aumentaron en decibeles y Loki se percató por el rabillo de sus ojos que tanto Romanoff como Fury habían dado un paso hacia él en pro de detenerlo, mas fueron obstaculizados por Thor, quien se posesionó a su espalda cubriéndolo. Por lo menos agradecía que su hermano comprendiera lo doloroso y complicado de sanar a una persona, al fin y al cabo, él mismo había experimentado los dones curativos del jotun. Y mientras el brazo de Barton volvía a la vida, la energía escapaba de los dedos de Loki a raudales. Razón por la cual, para cuando concluyó con su trabajo, no tuvo tiempo para inspeccionarlo y darle su visto bueno, pues su vista se nubló y perdió el suelo, sumergiéndose de nuevo en la ya ahora familiar inconsciencia.
Al Dios de las Mentiras no le sorprendió despertar una vez más en ese asfixiante cuarto del ala médica de S.H.I.E.L.D. horas más tarde. Tampoco el arranque de rabia de Darcy en su contra por haber utilizado su débil magia hasta su límite. Mucho menos el severo agotamiento que mantenía a su cuerpo clavado a esa insufrible cama de hospital. O el agradecimiento de casi todos los Vengadores, ni la noticia de que el brazo del agente Barton se encontraba en perfectas condiciones y únicamente requeriría de terapia física. No, lo que realmente llamó su atención fue el estado de evidente intranquilidad con el que se comportaba Thor. El Dios del Trueno iba y venía de un lado al otro con su mirada sobre sus pies. Se detenía en un punto y frotaba sus manos, mordiéndose el labio inferior, un hábito que no había madurado en siglos. Guardaba la mayor distancia posible y en ningún momento se atrevió a cruzar sus ojos con los de su hermano. Era extraño, intrigante. Como volver a esos días en los que no eran nada más que unos estúpidos adolescentes causando problemas en palacio. Así era como los descubrían. Por los tics nerviosos de su bufón hermano. El hombre era simplemente incapaz de ocultar nada.
- No iba a comentar nada, mas la curiosidad no me permitiría descansar en paz – habló Loki, cómodamente recostado en su cama, una vez que ambos hombres quedaron solos en la habitación. Thor, sentado en el largo sillón, despegó su vista de sus manos y las posó en los verdes ojos de su interlocutor - ¿Qué preocupa a la mente del poderoso Dios del Trueno?
El rubio oprimió sus labios en un línea recta, descansando sus manos sobre sus rodillas.
- Supongo que ahora que tu estado ha mejorado te marcharás – indicó Thor con seriedad.
- Era mi plan – asintió Loki – Por desgracia, deberé posponerlo para mañana. A no ser que desee escuchar la aguda voz de Darcy gritándome de nuevo – soltó una agria risa - ¿Quién lo diría? El Dios del Trueno y el Dios del Caos sometidos por unas simples mortales. No sé exactamente si reír o lamentarme.
- Fue un giro inesperado de eventos – manifestó Thor – En fin… Yo… - suspiró, cerrando sus ojos. Loki arqueó una ceja expectante. El asgardiano abrió sus ojos y habló con determinación – Necesitamos hablar.
Así que era eso. La búsqueda incansable de Thor por arreglar su derruida relación. Loki apartó su mirada del rubio. ¿De qué serviría hablar? ¿Qué eran unas simples palabras comparadas con sus errores, con los errores de Thor, con los errores que él mismo había cometido? Había tanto dolor, tanto rencor, tanta desconfianza. Y, aún así, el Dios del Engaño ya no era capaz de corregir al Dios del Trueno cuando se refería a él como hermano. Él mismo se había sorprendido al escuchar esa palabra abandonar sus labios el día anterior. Y es que simplemente era imposible obviar todas las acciones del asgardiano a lo largo de su enfermedad. Su siempre inamovible presencia. Su incondicional apoyo y ánimo. Su preocupación. Su mano sujetando la suya, anclándolo a la realidad en esas noches de caída libre. Le recordaba a su infancia. A las incontables noches que había irrumpido en la recámara de Thor llorando por haber sufrido una pesadilla. En como su hermano mayor lo rodeaba con sus brazos y le aseguraba que todo estaba bien, que nada malo pasaría. Le hacía rememorar esa vez que cayó de uno de los riscos más altos de Asgard siendo un pequeño niño de siete años. Thor nunca se movió de su lado, siempre ayudándolo a comer o divirtiéndolo con sus tonterías. Acompañándolo durante las noches y despertándolo de vez en cuando sólo para asegurarse de que seguía vivo. Pero eso era pasado, un pasado lejano. El tiempo había transcurrido y la situación distaba de ser la ideal. Nunca lo aceptaría en voz alta, sin embargo, lo único rescatable de ese mes de tortura física y psicológica era el haber vuelto a disfrutar de su protector hermano. No obstante, con él sano, era hora de volver a la realidad.
- No me parece necesario – estableció Loki sin mirarlo a los ojos – Nada ha cambiado, Thor.
- Lo sé – aceptó Thor – Nada cambiará hasta que no hayamos conversado – Loki cerró sus puños con fuerza – Sólo dame una oportunidad. Escúchame. Es lo único que solicitó. Un momento de atención.
- ¿Y dejarás el tema por la paz? – preguntó Loki aún sin encararlo – ¿Aceptarás la realidad de una vez por todas? ¿Admitirás que la situación no tiene arreglo? – Thor tardó un instante, mas movió afirmativamente la cabeza, una expresión de derrota en su rostro – De acuerdo – accedió el moreno, fijando su vista en la del asgardiano – Mañana a las siete en punto. Sé puntual, porque no te esperaré ni un solo segundo.
Thor asintió de nuevo con la cabeza, se puso de pie y salió de la habitación.
Solo en esas cuatro paredes, Loki apoyó su cabeza en su almohada, relajando su cuerpo y cerrando sus ojos. Mañana sería un día difícil. Muy difícil.
La casa de Jane sin lugar a dudas gozaba de ese calor de hogar que el piso de Thor y el de Steve en la Torre Stark no guardaban. Darcy se percibía levemente más serena arrebujada entre las cobijas de la cama del cuarto que Jane reservaba especialmente para ella. Pero eso no implicaba que fuera más sencillo quedarse dormida. Cada vez que cerraba sus ojos, Angerboda estaba ahí, o lo que quedaba de su magia en su cabeza. No tenía forma, era una sombra, una sombra oscura que la rodeaba, la sujetaba y la asfixiaba.
Tras horas de revolverse entre sus cobijas, la muchacha optó por levantarse. Se sentó en la orilla y meditó sus posibilidades. Jane y Thor dormían en el cuarto de enfrente y si existía alguien en ese departamento que necesitaba descansar más que ella, era el Dios del Trueno, así que despertarlos quedaba fuera de toda consideración. Podría llamar a Steve, su fiel compañero contra las pesadillas, y hablar por teléfono con él hasta terminar dormida. O podría tomar el coche de Jane, conducir hasta S.H.I.E.L.D. y buscar refugio en los cálidos brazos de Loki. Y hablando de mujeres urgidas.
Darcy bufó con fastidio, echándose para atrás el largo cabello. Entre todos los temas que ella y Loki habían platicado a lo largo de esa semana, el de su pequeño episodio como amigos con derechos era evadido como la plaga y no exactamente por ella, sino por el jotun. Era impresionante la forma tan sutil en la que era capaz de cambiar el tema radicalmente en cuanto notaba que la conversación se dirigía a ese escabroso pantano. Y no es que le molestara a Darcy, es más, su confusa cabeza lo agradecía. No obstante, hacer como si nada hubiera pasado no era su estilo. Posiblemente sería más fácil si Loki continuara actuando como ese idiota frío y convenenciero con el que se acostó a diario durante un mes. Sin embargo, el olvidarlo se le dificultaba cada vez que el hombre tomaba su mano con delicadeza, acariciaba su rostro apenas rozándolo, le daba dulces besos en la frente o la abrazaba como si fuera una frágil pieza de porcelana. ¿Cómo es que esas dos diferentes facetas fueran un solo hombre? La joven realmente no quería desentrañar la mente de Loki. Explicar el desinterés anterior y las muestras de afecto de ahora. No, encontrar una explicación sería como buscar una aguja en un pajar. Hacía tiempo que había aceptado que comprender a Loki en su totalidad era una tarea imposible, por lo cual gozaba y agradecía esos pequeños instantes de claridad en los que conocía un poco más la enmarañada y destrozada mente del Dios del Caos. Mejor título en verdad no pudieron escogerle.
Así que ahora Darcy se hallaba en un punto en el que no sabía si preguntar o no, si poner el tema en la mesa y discutirlo, o enterrarlo en el jardín sin mirar atrás. Cualquiera de las dos opciones provocaría algo, cambiaría las cosas para siempre y la castaña simplemente no estaba lista para un cambio en ese momento. Justo ahora, lo único que quería era estabilidad, cimientos, ponerse de pie sin tambalearse. Lo sucedido en su departamento y en S.H.I.E.L.D. esa mañana le habían demostrado lo emocionalmente inestable que se encontraba. Necesitaba recuperar su paz interior. Volver a ser ella otra vez. No una niña que rompe en llanto y se aterra ante el menor estimulo del exterior. Sin embargo, estaba consciente de que eso tomaría tiempo. Las heridas mentales sanan de manera más lenta que las físicas. Tras su sobredosis a los dieciocho años, le costó un casi año recomponerse, regresar a ser la vieja Darcy, en su mayoría. Parte de ella se había dañado irreparablemente en esos tres años de excesos. ¿Superar el juego de Angerboda? ¿La tortura psicológica? ¿La violación a sus pensamientos más íntimos? ¿El casi perder al hombre que ama? No. Algo le decía que esta vez sería un poco más difícil recuperarse a sí misma.
Se puso de pie y abandonó su cuarto. Le hablaría a Steve. Era la opción más segura y sencilla en ese momento. Caminó hacia la sala de estar, cogió el teléfono que reposaba en la mesita de centro de la sala e iba a marcar el número de su amigo al percatarse de cierto detalle: la luz de la cocina estaba encendida. Suspiró por la nariz. Jane había olvidado apagarla de nuevo. En verdad, esa mujer era un desastre fuera del laboratorio. Dirigió sus pasos a dicha habitación, entró en ella y se quedó estática en el umbral. Un Thor con la boca repleta de Pop Tarts y una nueva en su mano la miraba como un niño que acababa de ser descubierto cometiendo algún tipo de travesura. Los cuatro envases vacios del suculento bocadillo esparcidos a lo largo de la mesa le dio una idea a Darcy de cual había sido su fechoría. Oh, Jane no estaría nada feliz en la mañana.
Se aproximó al refrigerador, lo abrió y sacó una botella de agua fría. Acto seguido, arrastró una de las sillas y tomó asiento frente al Dios del Trueno.
- ¿Bocadillo nocturno? – inquirió Darcy, mientras desenroscaba su botella. El rubio simplemente se encogió de hombros - ¿Nervioso?
- La palabra nervios no es parte de mi vocabulario, Darcy – manifestó con cierto tono de arrogancia el hombre. La muchacha asintió en comprensión y tomó un sorbo de su agua.
Ambos permanecieron en silencio un largo tiempo, Darcy bebiendo su agua y Thor engullendo la última caja de Pop Tarts. Terminados los bocadillos, el rubio apoyó sus codos en la superficie de la mesa y ocultó su cara en las palmas de sus manos. Darcy se tensó. Si Thor empezaba a llorar o algo por el estilo, era muy probable que ella siguiera su ejemplo con lo sensible que se hallaba. El asgardiano levantó la cara y se echó para atrás el largo cabello.
- He pasado los últimos cuatro años tratando de conseguir que Loki me escuche y, cuando al fin lo logró, no sé qué decirle – expresó Thor derrotado – Sé que nada de lo que diga cambiara la situación. Nada resarcirá el daño que nos hemos causado. Y, a pesar de ello, guardó la esperanza de que en un futuro podamos vernos como los hermanos que siempre fuimos, no como enemigos. Anheló… Añoró el pasado, ese pasado en el que sólo éramos Loki y Thor, en el que éramos amigos, compañeros, cómplices. Busco y no encuentro el momento exacto en que todo eso cambió. No me explicó cuando o por qué cambié, por qué Loki cambió. Es sólo que… - suspiró, posando su mano en la mesa – Sé lo terrible que sonara de mi parte, mas una parte de mí habría preferido que Loki continuara herido… De ese modo, no tendría que perderlo de nuevo.
Un nuevo silencio se posesionó de la cocina. Darcy bebió el último trago de su agua, dejó el envase vacio sobre la mesa y entrelazó sus manos sobre su estomago, meciéndose con las patas traseras de su silla.
- Ya todo cambió, Thor – puntualizó Darcy – Ya nada es como hace dos meses. Ya nada volverá a ser como antes – esa última frase estaba más dirigida para ella que para el Dios del Trueno - Tu relación con Loki ha mejorado. El hecho de que hayas estado a su lado todo este tiempo cuidándolo y apoyándolo significó mucho para él. Nunca lo aceptara, por supuesto, pero yo lo sé. Hace unos meses te habrías topado con una pared; hoy recibiste una oportunidad para hablar, para disculparte, para arreglar las cosas. ¿Sabes por qué? Porque muy en el fondo, Loki también extraña lo mismo que tú, pero es demasiado terco para dar el primer paso. La verdad, ustedes son la representación de la terquedad. Ni idea de cómo pudieron soportarse por milenios sin que ninguno de los dos explotara antes – se meció hacia adelante, poniendo las cuatro patas de la silla en el suelo – Mira, sólo habla con el corazón, Thor. Sincero y simple. No mientas, no cambies los hechos para favorecer a ninguno de los dos. Únicamente se sincero. Loki te lo agradecerá. Y quien sabe, tal vez hasta consigas que él te hable a ti también – alargó su mano y la colocó sobre la del rubio - Sólo… sé optimista. Son hermanos. Se han amado más tiempo, del que llevan odiándose. Eso debe de contar en algo, ¿no lo crees?
- Eso espero – murmuró Thor, para después dedicarle una de sus registradas sonrisas de oreja a oreja – Jamás pensé que diría esto, considerando la difícil personalidad de mi hermano, pero es un alivio y una felicidad que al fin haya encontrado a una mujer digna de él.
- Ah sí, ¿quién? – preguntó Darcy, haciéndose la tonta. Thor negó con la cabeza derrotado, se puso de pie, rodeó la mesa, se agachó y le dio un rápido beso en la coronilla.
- Buenas noches, Darcy – se despidió Thor.
A continuación, salió de la cocina, dejando sola a Darcy, las palabras "una mujer digna de él" repitiéndose en su cabeza una y otra vez.
Caminaba a lo largo y ancho de su habitación con sus brazos cruzados detrás de él y lanzando rápidas miradas al reloj clavado arriba de su cama. 6:58. Dos minutos más y desaparecería del sitio. No aguardaría al bufón de Thor ni un solo segundo. A estas alturas se arrepentía de haberle dado una oportunidad para hablar. ¿Qué lo había impulsado a hacerlo? Algún absurdo sentimentalismo, de eso no cabía la menor duda. Ese mes convaleciente había causado mella en él, ablandándolo. Patético. Debía recuperar su fuerza, reconstruir los altos muros que hacía tiempo había colocado alrededor de él para evitar que cualquiera se acercara, para evitar debilidades. ¿Y eso de que le serviría? Por no querer aceptar sus propios sentimientos y enterrarlos en lo más profundo por poco pierde a la única persona que le da sentido a su vida. Y una vez más, en qué ridículo sentimental se había convertido.
La perilla de la puerta giró, llamando su atención, y la superficie se movió para dar acceso a Thor. El imponente Dios del Trueno se mantuvo estático un tiempo en el umbral de la puerta, viéndolo a los ojos. Acto seguido, dio un paso al frente y cerró la entrada tras de sí. Era hilarante. Thor parecía un pequeño niño de cinco años intranquilo y asustado. ¿Cuándo fue la última vez que lo vio así? Oh si, el día de su fallida coronación. El Dios del Engaño tomó asiento en la silla que el rubio utilizó a lo largo de esas semanas y le hizo una seña a Thor para que hablará. Mientras más rápido terminaran con esto, mejor. El asgardiano miró a todos lados en busca del mejor lugar para asentarse, mas optó por permanecer de pie.
- Loki, yo… no sé por dónde empezar – admitió Thor cansado – Yo… - negó con la cabeza y se sentó en el sillón que Darcy solía usar, quedando la cama como una barrera entre los dos – En este momento, me gustaría tener tu don con las palabras – se echó para atrás el cabello, inhaló, exhaló y clavó sus ojos en los de su hermano – Cuando te soltaste de Gungnir, cuando caíste a ese abismo, cuando te creí muerto, yo… yo no podía entenderlo. Nada, en los Nueve Reinos, me ayudaba a comprender lo que había sucedido. Que dejarás entrar a los jotuns a Asgard. Que mintieras sobre la condición de nuestro padre. Que intentaras matarme. Que quisieras eliminar Jotunheim. Que te soltaras. Nada… nada tenía sentido. Por meses traté de buscar una respuesta, una explicación. Incluso después de que padre me informara sobre tu origen. Y después… después aconteció el ataque a Manhattan y yo… yo seguía sin comprender qué demonios te había orillado a perpetrar actos tan atroces. Pensé que no eras tú, que era alguien más controlándote. Pensé que habías perdido la razón, que estabas más allá de la salvación. Pero… tus palabras… tus palabras en esa montaña… "Una sombra detrás de tu grandeza". Tus palabras en el Bifrost… "Sólo quería ser tu igual" – suspiró por la nariz apoyando sus antebrazos sobre sus rodillas – Me gustaría decir que sufrí una epifanía, mas no fue así. No fue hasta que estuve lejos de Asgard, asentado aquí en Midgard al lado de mi Jane y mis compañeros, que fui capaz de ver con claridad. Y debo de admitir que lo que encontré no me fue satisfactorio – Loki bufó con ironía.
"Me creí superior a los demás. Con mi prepotencia, con mi arrogancia y mi egoísmo lastimé a todos a mí alrededor, en especial a ti. Te hice menos, te obligué a vivir detrás de mi sombra, recibiendo las pocas moronas de atención que yo permitiera. Desestimé tus habilidades, tus fortalezas, a pesar de que siempre supe que me superabas en incontables aspectos. Si he llegado hasta aquí, ha sido por ti. Si sobrevivimos los más duros embates, fue por ti. Y, aún así, siempre, en cada historia, eran trucos, engaños, cosas que un niño podría hacer, porque, ¿cómo se vería el poderoso Thor, un guerrero glorificado, admitiendo ante sus amigos, ante la corte, ante todo Asgard, que no era nada sin su pequeño hermano el hechicero, el débil, el que prefirió dedicarse a un arte femenina que aprender a defenderse como un hombre? - Suspiró una vez más – Estaba equivocado. Todo Asgard estaba equivocado. Y no tienes idea de cómo lo lamento.
- Lo lamentas. Lo lamentas – repitió Loki temblando de ira – ¿Y a mí de que me sirven tus lamentaciones? – se puso de pie y comenzó a pasear por el lugar - ¡Siglos, Thor! ¡SIGLOS! ¡Siglos de preguntarte cual era el problema! ¡Siglos de probar y fallar! ¡Siglos de buscar y buscar y buscar un reconocimiento que ni tú, ni Odín, ni el maldito pueblo Asgard me darían! ¡Siglos de salvar tu inútil trasero de la muerte sin recibir un maldito gracias! ¡Siglos de callarme la boca mientras ustedes relataban historias en las que yo no era nada más que una nota al pie de página! ¡Siglos de miradas despectivas, de desprecio! ¡Siglos de humillaciones y vejaciones! ¡¿Para qué?! ¡¿Para qué?! – se detuvo y volteó a ver a Thor con furia - ¡PARA DESCUBRIR AL FINAL QUE NO IMPORTABA CUÁNTO HICIERA, NO IMPORTABA CUÁNTO ME ESFORZARA O CUÁNTO LO DESEARA, JAMÁS SERÍA TU IGUAL! ¡JAMÁS LOGRARÍA QUE PADRE DE AMARÁ COMO A TI! ¡QUE EL PUEBLO ME RESPETARÁ COMO A TI! ¡PORQUE NO SOY NADA MÁS QUE UN JOTUN, UN JOTUN ABANDONADO PARA MORIR, DESPRECIADO POR SU PROPIA RAZA, UNA MALDITA ANOMALÍA! – se detuvo al pie de la cama y se apoyó en el barandal de esta - ¡¿Sabes lo que eso fue?! ¡¿Sabes lo que sentí?! ¡¿Quieres saber porqué te mentí sobre Odín?! ¡¿Por qué dejé entrar a Laufey a Asgard?! ¡¿Por qué traté de matarte?! ¡¿Por qué iba a destruir a esa maldita raza de monstruos a la que pertenezco?! Para que por una vez, por una maldita vez, yo fuera el hijo predilecto. Para que por una vez, Odín me diera su reconocimiento, para que se diera cuenta de que era un digno hijo suyo, que soy tan bueno o mejor que tú. ¡PARA DEJAR TU MALDITA SOMBRA! ¿Y dime que gané? ¿Dime que conseguí? ¿Dime cómo me resultó todo cuando llegaste con tu brillante armadura y tu estúpido martillo a arruinarlo todo?
- Comprendo todo eso, Loki, créeme, pero tus acciones no fueron correctas, no… - inició Thor poniéndose de pie.
- ¡No vengas a darme lecciones de moral, tú, asesino, mercenario! – estalló Loki - ¡Nuestras manos chorrean la misma sangre, hermano! ¡¿Cuántas ciudades masacraste en estos siglos?! ¡¿Cuántas guerras iniciaste por capricho?! ¡¿Cuántos inocentes murieron como daño colateral?! ¡No eres mejor que yo! ¡Somos la misma porquería, Thor! ¡¿En qué se diferencian mis acciones contra Midgard con tu ataque a Jotunheim?! ¿Y tus amigos? ¿Tus queridos compañeros Los Vengadores? ¿A cuántos hombres y mujeres habrá desaparecido S.H.I.E.L.D. para callarles la boca? ¿Cuántos inocentes habrán muerto bajo las manos de la agente Romanoff y el agente Barton? ¿Cómo amasó su fortuna Stark? ¿A cuántos habrá asesinado Banner en sus momentos de ira? ¿Y el soldado? ¿Qué tan manchadas estarán sus manos? No son nada más que un puñado de asesinos y mentirosos, que se creen con la capacidad moral de juzgarme. Hipócritas. Sé creen superiores, cuando la verdad es que somos la misma mierda.
- Tienes razón – aceptó Thor con seriedad – No soy nadie para juzgarte, hermano – Loki bajo su mirada incomodo – Somos iguales en ese aspecto. Ambos hemos causado el mismo daño, a otros y entre nosotros. Pero no estoy aquí para enumerar nuestras incontables fallas. Ni para lanzar recriminaciones. Estoy aquí en busca de tu perdón por todo el perjuicio que te he causado a lo largo de estos años. Y, al mismo tiempo, quiero que sepas que yo te perdono por todo, Loki.
Loki abrió y cerró la boca, negando con la cabeza. Sonrió de lado, ladeando la cabeza.
- ¿Me perdonas? ¿A mí? ¿Al monstruo que atacó tu amado planeta? ¿Al que trató de asesinarte dos veces? ¿Al que frustró tu coronación? ¿Al que destruyó el laboratorio de tu querida mujer? ¿Me perdonas? – bufó divertido - ¿Me vas a decir que lo has olvidado? ¿Qué no me guardas rencor? ¿Qué no quisieras vengarte? No juegues conmigo, Thor.
- No lo haré – declaró Thor – Aún estoy furioso, tanto o más que tú – se aproximó al Dios del Caos y este se mantuvo estático - No obstante – levantó una mano y la posó en el cuello de su hermano obligándolo a verlo a los ojos, mas el jotun no lo hizo – todo eso palidece con los buenos recuerdos. Con esas días en los que vivíamos jugando, causando problemas en palacio. Con esas horas de tedioso estudio, en las que siempre lograbas entretenerme. Con esas escapadas al bosque o a Vanaheim, en las que nos perdíamos creando nuestras propias aventuras o nos embriagábamos y terminábamos haciendo un desastre. Con esos innumerables castigos compartidos, antes de que estúpidamente permitiera que toda la culpa cayera sobre ti. Cuando nos molestábamos sobre nuestros cascos o peinados o cualquier tontería y terminábamos persiguiéndonos en busca de retribución. Cuando luchábamos codo a codo – lo zarandeó levemente, ganándose al fin su mirada. Los ojos de Thor estaban anegados en lágrimas que corrían libres por sus mejillas y sus labios estaban curvados con una leve sonrisa nostálgica. Y fue entonces, Loki se percató de que sus mejillas estaban tan o más húmedas que las de su hermano – Todo eso pesa más que los hechos recientes. Todo eso pesa más para mí y tiene más importancia. Tal vez ahora no pueda perdonarte por todo el mal que has hecho, pero sé que en el futuro podré verte a los ojos y decirte que ya no importa más. Y alimento la esperanza de que tú puedas hacer lo mismo conmigo. Darme una oportunidad. Un nuevo comienzo. Aquí, en Midgard. Olvidarnos de Asgard, olvidarnos del pasado. Este es nuestro hogar ahora. Los dos hemos comenzado una nueva vida aquí. ¿Por qué no hacerlo juntos?
Loki bufó divertido, agachando la cabeza, tratando de sonreír con sorna, de formular una respuesta lo suficientemente cruel como para romper esa ridícula esperanza en la faz del Dios del Trueno. Sin embargo, no podía, no quería, no contaba con la fuerza
- Quería morirme – masculló Loki, su labio inferior temblando sin control – Quería… terminar con todo. No-no fue un plan. No-no fue parte de un elaborado esquema. Yo… sólo quería que todo terminara. Cuando padre dijo… la decepción… la… yo sólo… yo…
Se vio interrumpido por los fuertes brazos de su hermano rodeándolo con firmeza. Tardó unos cuantos segundos, mas devolvió el abrazo con una desesperación de la que se habría sentido avergonzado y asqueado si no hubiera estado lo suficientemente ocupado llorando a todo pulmón con su cabeza oculta en el cuello del rubio. Le hubiera gustado detenerse, recuperar un poco de control, mas sus emociones fluían como un río caudaloso. Lloró, gritó, gimió, lanzó golpes y manotazos contra un tranquilo e igualmente lloroso Thor. Escupió palabras sin sentido, mezcladas con rencorosos "Te odio" y suplicantes "Perdóname". Y lo único que Thor podía hacer era abrazarlo, contenerlo, ofrecerle ese soporte que durante años le negó.
Ninguno de los dos supo cuanto tiempo transcurrió hasta que el llanto de ambos se contuvo y así, en silencio, permanecieron un tiempo más, sentados uno al lado del otro sobre la cama.
- Necesito saber algo – rompió el silencio Loki, percibiéndose más calmado. Thor volvió su cabeza hacia él – Necesito saber la verdad.
- ¿De qué se trata? – inquirió Thor. El jotun lamió sus labios, su semblante endureciéndose. Alzó su cabeza y clavó sus penetrantes ojos en los de su acompañante.
- Krista y tú… ¿fueron amantes? – cuestionó Loki
Thor se mostró descolocado ante la pregunta. ¿Krista y él? ¿Amantes? ¿Qué?
- Por supuesto que no, hermano – negó Thor – Yo jamás me habría atrevido a profanar a tu mujer.
- La vi salir de tus recámaras en una ocasión a altas horas de la noche – le recriminó Loki retador.
El Dios del Trueno abrió la boca anonadado, su mente tratando de rememorar dicho evento. Al final, soltó un largo suspiró, llevándose una mano a la coronilla.
- Nunca sucedió nada – aseguró Thor – No negaré que me habría gustado. Krista era una mujer excepcionalmente bella. Desde que la conocimos, me impuse como meta llevarla a mis aposentos y hacerla mía. Lo intenté, usé todas mis artimañas, mas lo más que conseguí fue conducirla a mis recámaras bajo engaños. Ella nunca aceptó. Estaba enamorada de alguien más. De ti – Loki bajó la mirada turbado – Viendo que mi empresa estaba destinada al fracaso, la ayudé a acercarse a ti. Así por lo menos alguien saldría beneficiado.
- Entonces… no lo entiendo – habló Loki regresando su vista a la de su hermano - ¿Por qué nunca apoyaste nuestra relación? ¿Por qué no hablaste con Odín cuando te lo supliqué? ¿Por qué no estuviste a mi lado mientras buscaba que la convirtieran en una inmortal?
Thor suspiró, posando sus antebrazos de nuevo sobre sus rodillas.
- Sinceramente, jamás me la imagine a tu lado eternamente – confesó Thor – La veía más como un entretenimiento, una distracción. Como Angerboda antes o Sigyn después. Nunca me pareció la mujer para ti, la mujer con la que compartirías tu vida hasta el Ragnarok. No. Nunca dudé que te amara. Yo sé cuan especial eras para ella, pero ella jamás fue capaz de apreciarte todo completo, cada parte de tu personalidad. Lo bueno y lo malo.
- ¿Tienes alguna idea de lo que ella era para mí? ¿De lo que significó perderla? – preguntó Loki dolido – Era el amor de mi vida. Era mi mundo. La única mujer que he amado y que ama…
La sílaba murió en sus labios, el dulce rostro de Darcy formándose en su cabeza. ¿El amor de su vida? ¿Su mundo? ¿La única mujer que ha amado y que amaría? Thor levantó su cabeza, sus labios curvados en una media sonrisa entretenida.
- Cuando Krista murió, quedaste devastado – recordó Thor – Pasaste meses encerrados en tu recámara, sin comer, sin dormir, sin hacer nada más que llorarla. Mas te repusiste, seguiste adelante, seguiste con tu vida. Cuando creíste haber perdido a Darcy, no por muerte, sino porque tus acciones la habían alejado de ti, te dejaste morir, Loki.
- No las compares, no hay punto de comparación – le espetó Loki incomodo.
- No, no lo hay – asintió Thor, irguiéndose. Posó una mano en el hombro de su hermano – Krista no era la mujer para ti, mas Darcy si lo es. Ella te ama. Te ama con todo su corazón. No sólo las partes buenas de ti, sino también lo más oscuro, lo que aterraría a cualquiera. Se preocupa por tu bienestar y lucha por ti con fiereza. Tuvo la fortaleza, la paciencia y la astucia para ayudarte y sacarte de ese abismo en el que tú mismo te lanzaste. Todo desinteresadamente, todo por amor. Ella en verdad es una mujer digna de ti. Una mujer con la que podrás compartir tus días hasta el Ragnarok.
Loki bufó con ironía.
- Esos no son nada más que ilusiones – expresó Loki – Cualquier amor que Darcy habría sentido por mí, me encargué de aniquilarlo con mis acciones. Su amistad es lo único que me queda y es a lo único a lo que me puedo aferrar. Darcy merece un hombre digno de ella. Un hombre que no se acobarde ante sus sentimientos. Que la ponga como prioridad. Que la atesoré y la traté como reina. Que le dé todo lo que yo jamás podré darle.
- Pues lamento informarte que te equivocas, Loki – habló Thor con una sonrisa de oreja a oreja – Darcy te ama y si todo lo que ha ocurrido no ha mermado ese sentimiento, nada lo hará. Sé que aún tienen asuntos sin resolver, pero también sé que, cuando los resuelvan, ambos disfrutaran el uno del otro. Así será.
- Que convencido suenas – se burló Loki con amargura.
- Tan convencido que te juraré algo en este mismo instante, hermano – estableció Thor – Una vez que mi amada Jane sea inmortal, pondré todo mi empeño y haré hasta lo imposible para conseguir lo mismo para Darcy. Juró por Mjolnir que Darcy será inmortal.
El Dios del Caos habría querido reírse en ese momento por la inocencia del futuro rey de Asgard. En primer lugar, la probabilidad de que Jane Foster ganará un lugar como aesir era prácticamente inexistente, considerando que iba en contra de todos los esquemas del Padre de Todo. Y Darcy. Por Valhala. Si Odín se había negado rotundamente a probar a una talentosa hechicera como Krista, ¿por qué perdería el tiempo en una simple mortal como su Darcy? No. Ni Jane Foster, ni Darcy serían inmortales, eso era un hecho, una realidad, mas Loki no encontraba la fuerza de romper las ridículas esperanzas de su hermano. Ya el tiempo le demostraría que los dos estaban condenados a ver envejecer, marchitarse y morir a las mujeres que amaban. Cruel, doloroso, pero ineludible.
Percatándose del sombrío semblante de Loki, Thor optó por hacer algo que hacía varios años no realizaba. Con su mano en el hombro del jotun, extendió unos dedos y jaló unos mechones del largo y desaliñado cabello del moreno. Este lo volteó a ver con una mezcla de amenaza e incredulidad.
- Parece ser que alguien necesita un buen corte de pelo – se mofó Thor, apartando su mano de Loki. El aludido abrió la boca sorprendido, su mueca prontamente transformándose en una traviesa.
- Lo dice el idiota que parece una princesa de Disney – lo molestó Loki.
- ¡Yo no… espera un minuto… ¿Ahora te burlas de mi utilizando referencias midgardianas? – inquirió al borde de un ataque de risa.
- ¿Algún problema, Rampunzel? – se defendió Loki con burla - ¡Oh mira, hasta tienes una linda trenza como la de ella! Creo que te faltan las flores. Podemos conseguirlas.
- Oh, cállate – lo silenció Thor divertido, dándole un codazo en las costillas.
Ambos bajaron la cabeza una vez más, quedándose en silencio. Loki se puso de pie, ganándose la atención de Thor.
- A no ser que desees discutir otro tema, me parece que es momento de que me retire – indicó Loki.
- ¿A dónde irás? – preguntó Thor.
- Al hotel en el que he habitado los últimos meses – respondió Loki como si fuera lo más obvio en el mundo.
- No creo que sea conveniente que vivas solo en tu estado – expresó Thor – Ven a vivir con Jane y conmigo, por lo menos en lo que te recuperas completamente.
- Thor, no… - inició Loki exasperado
- Darcy estará ahí también – argumentó Thor – Según entiendo, empezarás su proceso de curación hoy mismo y será largo. Será más práctico si ambos viven bajo el mismo techo. Además, es un hecho que Darcy requiere de tu presencia.
Argumentos válidos que fácilmente podrían ser refutados, mas otra vez Loki no se sentía con el ánimo de hacerlo. ¿Vivir con Thor y su mujer? ¿Con Foster? La mujer sin lugar a dudas lo echaría de su hogar a la menor provocación, si no es que él la convertía en cenizas primero. Sin embargo, el disfrutar de la presencia de Darcy el mayor tiempo posible era tan tentador que opacaba cualquier tipo de desencuentro que pudiera surgir con la astrofísica.
Loki suspiró por la nariz derrotado y se encaminó a la puerta.
- De acuerdo, mas será algo temporal y no me hago responsable por cualquier daño que le ocurra a tu mujer o a su hogar – aceptó Loki, girando el pomo de la puerta y jalando la superficie hacia él.
- Perfecto – exclamó Thor radiante.
Ambos se detuvieron en seco en el umbral de la puerta. Todos los Vengadores (con excepción de Banner y Barton), Fury, la agente Hill y una considerable cantidad de oficiales de S.H.I.E.L.D. estaban diseminados por el corredor, sus ojos clavados en los dos asgardianos que acababan de emergen de la habitación.
- Trajiste refuerzos – apuntó Loki, percatándose no sólo de que la armadura de Stark se hallaba a un lado de su dueño lista para ser usada y el Capitán vestía su uniforme, sino que la Viuda Negra jugaba con su pistola en su mano y los agentes se mostraban listos para desenfundar la suya.
- Ellos no estaban aquí cuando llegué – declaró Thor confundido.
- ¿Creían que los dejaríamos conversando sin supervisión? – inquirió Fury con una ceja arqueada - No olvidemos que sus charlas siempre concluyen con algún pueblo, civilización o ciudad casi destruidas.
- Pero no se preocupen, nos perdimos la mejor parte – habló Tony, jugando con su teléfono celular - El capi nos prohibió ver toda la escena. Algo sobre el derecho a la privacidad, creo – Steve rodó los ojos y se masajeó el arco de la nariz.
- Bueno, señores, en vista de que nada ocurrió, creo que podemos marcharnos – los instó Steve.
Fury asintió e hizo señas a sus agentes para que se retiraran del lugar.
- Es bueno verte sano, Loki – indicó Steve.
- Gracias, capitán – agradeció Loki con una leve y falsa sonrisa. Steve asintió, se dio la media vuelta y abandonó el sitio.
- ¿Y bien? ¿Fiesta hoy o la pospongo para mañana? – cuestionó Tony con entusiasmo.
- Mañana sería un día perfecto – puntualizó Thor con la misma animosidad.
- No veo una razón para celebrar – comentó Loki – Darcy aún está enferma y Angerboda aún no ha sentido el dolor de mi venganza.
- ¿Y eso qué? Tú ya no tienes un hoyo en el estomago, esa es suficiente razón para festejar – señaló Tony – Y ya ordené los canapés y las botellas de champagne, así que no puedo cancelarlo.
La agente Romanoff negó con la cabeza desaprobatoriamente con los brazos cruzados y se aproximó a Loki.
- Gracias por ayudar a Barton – soltó en un tono seco. Loki sonrió travieso, cruzando sus brazos detrás de su espalda.
- ¿Es acaso esto amor, agente Romanoff? – repitió su pregunta de hace cuatro años en el Helitransportador. Natasha sonrió de lado.
- Creo haber dicho que el amor es para niños – reiteró la mujer.
- Oh, no. No se equivoqué – la refutó Loki – El amor es un sentimiento tan complicado que un niño jamás podría comprenderlo en su totalidad. No obstante, ni usted, ni yo somos niños, ¿o sí?
La sonrisa se desdibujó de la faz de la estoica agente, quien ahora lucía incomoda. El Dios del Engaño sonrió complacido.
- Por cierto… gracias por el apoyo que le ha brindado a Darcy – habló con sinceridad. Natasha asintió levemente. El jotun giró su cabeza en dirección a Stark, quien había vuelto su atención a su aparato – Stark, me encantaría escuchar tu explicación de cómo utilizaste la energía del Tesseract en la fabricación de la pulsera protectora de Darcy en nuestro camino a mi hotel. Requiero recoger unas cuantas de mis pertenencias para mi estadía en la casa de Thor.
- Ah, ¿no me digan que ahora jugaran a la familia feliz? – cuestionó Tony en son de burla.
- Tan feliz como tú y la señorita Potts – apuntó con malicia Loki, materializando en su mano su cetro.
Tony entornó los ojos, al tiempo que su celular comenzaba a sonar y su armadura de Iron Man tomaba vida por sí sola, empujando a Thor en su camino a la anteriormente habitación de Loki. A continuación, se escuchó el ruido de los propulsores de la armadura y el crujido del cristal de la ventana les anunció que la creación de Tony Stark había abandonado el edificio sin su piloto dentro.
El rostro de completa incredulidad del billonario fue acreedor de una par de carcajadas de parte de Loki.
- Te odio – pronunció Tony con una mirada asesina.
- Oh, ya quisieras – soltó Loki sin parar de sonreír. A continuación, giró sobre sus talones y se alejó del punto con la cabeza en alto.
Resultó ser que el báculo localizado en el laboratorio de Tony Stark estaba resguardado bajo sensores que, al advertir su desaparición, activaron instantáneamente todas las alarmas del sistema de seguridad de la Torre y el programa de emergencia instalado en la armadura, la cual, instantáneamente, siguiendo el protocolo del programa, se dirigió hacia la localización de Pepper Potts para resguardarla. Para cuando Tony logró desactivar las alarmas y apagar la armadura, el edificio ya había sido desalojado, acordonado por las autoridades y la prensa. Ni que decir de la presidente de la compañía. Los gritos de Pepper se podían escuchar desde la bocina del teléfono de Tony en todo el trayecto en automóvil desde el cuartel de S.H.I.E.L.D. hasta el hotel donde Loki residía. Y el Dios de las Travesuras reía a sus anchas en el asiento trasero del lujoso automóvil, a pesar de que eso le ganará miradas de parte de Thor y Tony. Era impresionante el caos que una simple acción era capaz de desatar.
- Esta me la vas a pagar, Pocahontas – amenazó Tony al finalizar por fin su conversación con la colérica señorita Potts. Los tres subían por el ascensor del hotel con el último piso como destino.
- ¡Pocahontas! – repitió Thor, lanzando una estruendosa carcajada - ¡Me gusta!
- Me la debías, Stark – puntualizó Loki. Las puertas del elevador se abrieron y los tres surgieron de él – No creas que olvidé tu comentario sobre los pitufos.
- ¿Sabes lo que es un pitufo? – preguntó Tony. Dieron vuelta a la izquierda, marchando hasta el final del pasillo - ¿Por qué me sorprendo? Una semana con Darcy y Steve ya se sabía santo y seña de Star Trek.
Una vez frente a la última puerta del pasillo, Loki apareció una delgada tarjeta-llave entre sus dedos y la introdujo en la ranura de la puerta. Un "click" se escuchó, el jotun giró la manija y empujó la puerta, entrando en la espaciosa habitación.
- ¿Qué demonios pasó aquí? ¿Un tornado o qué? – cuestionó Tony, contemplando aturdido, al igual que Thor, el desastre que era la recámara. Objetos destruidos esparcidos en el suelo, quemaduras en las paredes, boquetes en el suelo, muebles hechos trizas, ventanas rotas, la puerta al cuarto de baño desvencijada.
- Una mala noche – respondió Loki, esquivando los obstáculos hacia el armario de pared completa que se ubicaba a lado del baño.
- Amigo, tú necesitas un doctor – señaló Tony con una mano en la barbilla, examinando el área con sus ojos – Un muuuuuuy buen doctor. Y no intentes con Banner. No es ese tipo de doctor.
Tras recoger unas cuantas de sus prendas y meterlas en una mochila, que materializó de la nada, los tres se pusieron en camino al edificio donde vivía Jane Foster. Tony prácticamente arrancó el coche a toda velocidad en cuanto los dos asgardianos descendieron de él, mascullando sobre contentar a su novia y tranquilizar a la prensa. Los dos hombres subieron en silencio hasta el piso donde se ubicaba el departamento, ninguno capaz de mirar al otro. Era evidente que sin importar su reciente plática y desahogo las cosas no mejorarían de repente, mas era un hecho que Loki sentía como si un gigantesco peso hubiera desaparecido de sus hombros. Se percibía más liviano, más tranquilo.
- Espero que hayas consultado esta decisión con tu mujer – expuso Loki en cuanto arribaron ante la entrada a la casa que compartían el Dios del Trueno y la mortal.
- Técnicamente, fue su idea – señaló Thor, buscando en sus bolsillos por la llave. Loki alzó sus cejas sorprendido. ¿Jane Foster lo quería en su casa? Según lo que sabía, la mujer lo despreciaba con cada fibra de su ser. ¿Por qué la invitación?
El rubio sacó un juego de llaves de su pantalón, seleccionó una de ellas y la metió en la ranura de la perilla. Abrió la puerta y le cedió el paso a su hermano, quien atravesó el umbral inspeccionando cada rincón del desconocido lugar. El apartamento era un poco más grande al de Darcy, mas no mostraba gran diferencia. La sala estaba acomodada del mismo modo, con el televisor encendido, y la cocina se encontraba en un cuarto aparte. Parecía ser que todos los hogares midgardianos eran similares.
Una apresurada Jane Foster emergió de lo que el visitante suponía era la cocina con su dedo índice sobre sus labios en actitud de que guardaran silencio. Thor cerró la puerta tras de sí sigilosamente, para después dedicarle una expresión cuestionadora a su mujer. La astrofísica señaló al amplio sillón de la sala con su cabeza.
- Se quedó dormida viendo la televisión – informó Jane en un murmulló – No quiero despertarla. No durmió nada anoche.
Loki se acercó al sillón lo suficiente para vislumbrar la pacifica silueta dormida de Darcy. La muchacha abrazaba con fuerza un cojín con un brazo, mientras el otro colgaba del sillón. Dirigió su vista al televisor. Este transmitía una ridícula película que recordaba haber visto varios meses atrás con la joven. Era la precuela de esa aún más absurda película que su querida Darcy ansiaba ir a ver al cine. A la que iba a llevarla esa noche en que la castaña decidió concluir con su relación de amigos con derechos y él, en lugar de pensar en una inteligente respuesta, lo había arruinado todo con su negativa. Esa noche en que irían a cenar… y platicarían… y reirían… y terminarían en la cama de Darcy haciendo el amor… y dormirían juntos. Oh, que perfecto sonaba todo eso. Perfecto e imposible. Era pasado y en el pasado se quedaría. En el hubiera. Sería parte de esos hubieras que lo atormentaban día y noche.
Inhaló pesadamente, girando su cabeza hacia la pareja, quienes lo miraban con cierta cautela. Sonrió débilmente, enmascarando su sufrimiento interno.
- Debo agradecerle, doctora Foster, por su amable invitación – murmuró Loki con sus mejores modales.
- No es nada – minimizó Jane – Siéntete como en tu casa – ladeó su cabeza hacia su novio – Thor, ¿por qué no le muestras su cuarto a Loki? Darcy lo preparó hace unas horas.
El aludido asintió, con su sonrisa de oreja a oreja de regreso, y condujo a Loki hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones. Marcharon hasta detenerse en la última puerta a su derecha.
- Este es el cuarto de invitados – anunció Thor, abriendo la puerta y permitiendo que el Dios del Engaño contemplara el interior. Loki echó una rápida inspección. Pequeño, mucho más que la habitación de Darcy, mas suponía que era normal. Al fin y al cabo era una recámara sólo para invitados ocasionales. Contaba con una cama individual de cobijas cafés, un buro pegado a la izquierda de ella con una pequeña lámpara de mesa y un armario en la esquina superior derecha – Ahora, el cuarto de baño es esa puerta – prosiguió Thor, señalando la puerta de enfrente – Este es el cuarto de Darcy – apuntó a la puerta al lado de la suya – y esa es la recámara de Jane y mía – dirigió su índice a la última puerta, la que estaba cruzando el pasillo delante de la de Darcy – La cocina es donde se encontraba Jane cuando arribamos y…
La mente de Loki se desconectó en cuanto Thor comenzó a enumerar las reglas de convivencia seguramente impuestas por Jane Foster. Jamás se dejaría de sorprender de lo adiestrado que la astrofísica tenía a su hermano. En verdad, sólo deseaba que Jane Foster fuera a Asgard para que los Tres Guerreros y toda la corte pudieran ver como el poderoso Dios del Trueno era mangoneado de esa manera. Oh, las burlas nunca cesarían, ni en un millón de años.
Un agudo grito atravesó la atmosfera. Loki soltó su mochila y corrió en estampida hacia la sala, donde una recién despierta Darcy gritaba horrorizada y catapultaba los cojines del sillón en dirección a un atacante invisible. Esquivando los cojines, el hombre se posesionó a su lado, la tomó de los antebrazos y la atrajo hacia él en un abrazo. La muchacha luchó un momento contra el agarre, mas, en el instante en que su cabeza comprendió que la pesadilla había acabado y que se hallaba a salvo en los brazos de Loki, se aferró a él con fuerza, llorando asustada y mascullando incoherencias. El asgardiano simplemente acarició su cabello y su espalda en son tranquilizador, olvidando por completo la presencia de Thor y Jane en la habitación.
Minutos más tarde, un poco más serena, aunque con lágrimas aún en los ojos, Darcy rompió el abrazo, tratándole de sonreír y fallando miserablemente. Foster apareció de la nada con una taza humeante de te, que le ofreció a su amiga. Esta lo recibió entre sus manos y fijó su vista en el contenido de la taza.
- Así que… bienvenido al asilo Foster para enfermos mentales – habló Darcy en voz baja, posando sus ojos sobre los de Loki. El jotun sonrió divertido, contagiando a la muchacha.
El primer día sin la presencia de la Diosa de la Fidelidad habría pasado completamente desapercibido para Angerboda si los centinelas que le había impuesto no le hubieran comentado que la vanir se sentía indispuesta, por lo cual permanecería el día en cama. El segundo día, la hechicera ni siquiera se percató de ello, habiendo cosas más importantes en su cabeza en ese momento, como la recuperación de los poderes de Loki. Pero, al tercer día que tomó asiento en el suntuoso comedor de palacio sin ninguna compañía, su mente comenzó a sospechar de la indefensa y patética Sigyn. Liberó a uno de los sanadores aesir y, acompañada de un sequito de cuatro elfos oscuros y dos jotun, se encaminó a las recámaras de la mujer. Tras un exhaustivo examen de parte del sanador y uno más de ella (probablemente no fuera una experta sanadora, mas era versada en reconocer engaños), los dos concluyeron que la diosa se había intoxicado con algún alimento en mal estado. Con el tamaño de la infección, la mujer tardaría una semana, sino es que más, en recuperarse con el tratamiento adecuado. Angerboda instruyó al sanador a que se dedicara a la salud de Sigyn y después se dirigió a las cocinas con el objeto de localizar al alimento causante de la enfermedad. Quién sabe. Tal vez podría reunirlo todo y dárselo en pequeñas porciones al Padre de Todo. El pobre anciano se deterioraba día con día y una infección de esas proporciones bien podría acabar con él. O posiblemente podría simplemente matarlo. La verdad es que aún no decidía cual sería su siguiente paso. Thor y Loki tarde o temprano descubrirían que existía una nueva regente en Asgard y, aunque Thor solo no le causaba ningún conflicto, aliado a Loki, los dos podían ser una amenaza difícil de vencer, incluso con la ayuda de su atesorada manzana negra.
En fin, contaba con tiempo para planear una estrategia que la mantuviera como la reina de Asgard vitaliciamente. Y de paso, deshacerse de los dos príncipes de una vez por todas.
Contemplaba su reflejo en el pequeño espejo empotrado arriba del lavamanos del baño. Sus manos se abrían y cerraban ansiosas a sus lados. Cerró sus ojos, inhaló y exhaló. Ya había hecho esto antes. No era su primera vez jugando con la mente de otros. La angustia lo sobrecogió de nuevo. De acuerdo, tal vez "jugar" no fuera la mejor palabra para utilizar en una situación como esta. "Arreglar" era una palabra más adecuada. No era la primera vez que arreglaba la mente de alguien. Tres, cuatro… ¿cinco veces en toda su existencia? Sabía qué hacer. Sabía cómo hacerlo. Era sencillo… Sólo que no lo era. No era en nada sencillo. No cuando tu objetivo es tu amiga y la mujer que amas. No cuando todas las esperanzas de que recupere cierta estabilidad mental penden sobre tus hombros. No cuando cualquier error, por pequeño que sea, causaría un cambio irremediable.
Soltó el aire que no se dio cuenta que retenía en una larga bocanada, abriendo los ojos de nuevo. Fijó su vista en su reflejo. No, esto no sería fácil. Recargó sus manos en los bordes del lavamanos, agachando la cabeza. ¿Y si empeoraba la situación? ¿Y si le causaba aún más daño a Darcy? ¿Y si la lastimaba irreparablemente? ¿Desde cuándo él, Loki, Dios del Caos, se acobardaba de esta manera? Oh claro… sentimientos. Inútiles y estorbosos sentimientos que únicamente lo hacían dudar de sus propias capacidades. Se enderezó, levantando la cabeza con determinación. Fue hacia la puerta, la abrió en un movimiento y salió del cuarto de baño con rumbo a la habitación de Darcy. Era Loki, el hechicero más poderoso de los Nueve Reinos, del Universo podría añadir. Deshacer el trabajo de Angerboda sería, como dicen los midgardianos, "pan comido". Darcy recuperaría su sanidad mental, las pesadillas pararían, las voces se callarían y todo volvería a la normalidad. Una semana a lo mucho.
Se detuvo ante la entreabierta puerta de la habitación de la muchacha, el nerviosismo volviendo con fuerza. Aunque, pensándolo bien…
- Te aconsejo que entres antes de que Darcy 2.0 empiece con sus teorías conspiracionales – lo apremió la voz de Darcy desde el interior de la recámara.
El jotun gruñó por lo bajo, enojado consigo mismo. Inhaló, exhaló, adoptó su mejor expresión serena y entró en el cuarto. El lugar era una réplica exacta del cuarto de visitas, salvo el evidente desorden que parecía seguir a su dueña a todas partes. Prendas de ropa tiradas por el suelo, libros arrumbados en una esquina, CDs, DVDs. Tenía cierto aire a la habitación de Darcy en su departamento. Su mirada se posó sobre la muchacha. Esta se encontraba sobre la cama en posición de flor de loto, pegando una foto en uno de los álbumes que Angerboda había deshecho. Era una verdadera suerte que la hechicera solamente la obligara a romper las fotos y no el cuaderno entero. Un problema menos del que preocuparse.
Satisfecha con su trabajo, Darcy cerró el álbum, apiló las fotos esparcidas en su cama y colocó todo sobre el buro al lado de su cama. Volteó a ver al hombre y le sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos.
- Lista para mi primer sesión, doc. – declaró Darcy - ¿Cuál es el plan?
- Creo habértelo explicado – respondió Loki, sentándose en la orilla de la cama sin apartar sus ojos de los de ella.
- Si, bueno, me refiero a que si tengo que hacer algo o si sólo me quedó quieta o qué – especificó Darcy.
- Lo único que tendrás que hacer es dormir – señaló Loki – Lo demás déjalo en mis manos.
- ¿No podías pedir algo más difícil, verdad? – suspiró Darcy, tratando de sonar relajada.
- Cuento con un conjuro que facilitará que duermas toda la noche – apuntó Loki.
- No soy fan de las pastillas para dormir, ni cosas por el estilo, pero si no hay otra opción… - aceptó Darcy, encogiéndose de hombros. Se recostó en la cama, se cubrió con sus cobijas y miró a Loki expectante, antes de hacerle una seña para que se acostara a su lado. El jotun dudó por un momento. Una cosa era compartir una cama en un hospital donde gente entraba y salía a cada minuto, mas ahí, solos, con Jane y Thor ya dormidos… Con un inaudible suspiro, el hombre se acostó tenso junto a Darcy. La joven prontamente se acercó a él y posó su brazo sobre su pecho, cerrando los ojos – Has tu magia en mí, hechicero.
Loki se relajó, preguntándose si la selección de palabras habría sido premeditada o un curioso accidente. La castaña había pronunciado las mismas palabras la primera noche que pasaron juntos, entre gemidos, casi como una súplica, la primera vez que… Sacudió la cabeza internamente, apartando de ella pensamientos que además de ser una distracción eran peligrosos. Darcy era su amiga. Sólo su amiga. Y eso era lo único que sería. Cualquier otra opción había probado ser un error. O, mejor dicho, él mismo se había encargado de que cualquier otra opción fuera imposible.
Llevó su mano izquierda a la sien de la mujer y frotó sus dedos contra la piel, recitando en su mente un básico conjuro para dormir. No obstante, en lugar de conseguir su objetivo, sintió un punzante escozor en sus dedos. Revisó su mano, para descubrir leves quemaduras en sus yemas. Frunció el ceño confundido, mas no tardó en entender que sucedía.
- Quítate la pulsera que Stark te regaló – pidió Loki con suavidad. Darcy se tensó a su lado – Bloquea mi magia – explicó, acariciando el largo y achocolatado cabello de su acompañante – Te prometo que la colocaré en tu muñeca en cuanto terminé.
Un incomodo silencio se posesionó de la habitación por varios minutos, hasta que Darcy se sentó en la cama, se quitó la pulsera, la dejó sobre el buro y se acostó de nuevo, abrazando a Loki con fuerza. El jotun recargó su cabeza en su frente y posó sus dedos en la sien de la muchacha nuevamente. Esta vez, fue cuestión de segundos para que ella se quedara dormida, su cuerpo totalmente relajado contra el del Dios del Engaño.
Con eso dio inicio una de las noches más extenuantes y angustiantes en la vida de Loki. La cantidad de poder que requería para eliminar la magia de Angerboda era un problema menor comparado con el experimentar de propia mano y en su propia mente el trabajo de la hechicera. Había tenido que detenerse incontables veces, pararse de la cama y dar una vuelta al cuarto para mantenerse bajo control y no explotar. Verse a sí mismo insultando a Darcy, gritándole, humillándola, golpeándola, usándola, perpetrando en contra de ella todo tipo de bajezas. Era simplemente inaceptable. Y a eso había que sumar la realidad, los verdaderos recuerdos de Darcy. Las memorias de ese funesto mes. La forma en que realmente la había tratado no distaba mucho del Loki creado por Angerboda. Su actitud fría y seca había causado un daño peor que cualquier insulto o golpe falso. La tristeza, la angustia, la inseguridad, el miedo eran emociones con los que Darcy vivió cada día desde que su estúpida relación de amigos con derechos principió. Preguntas sin respuesta, recriminaciones, algunas implantadas por Angerboda, otras, producto de ella misma. Ahora comprendía su explosión esa noche, su pregunta, su petición de que regresaran a su anterior estado de amistad. Y él no había querido verlo. Estaba tan concentrado en protegerse a sí mismo de sus propios sentimientos, que obvio el sufrimiento de la única persona que significaba algo para él. La tiró al abismo y observó sin inmutarse como se hundía en él. Era un desgraciado. Una porquería. Un monstruo.
Se detuvo definitivamente alrededor de las cinco de la mañana, incapaz de proseguir y al borde de un ataque psicótico que en nada le haría bien a Darcy si lo presenciaba. Se marchó del departamento y deambuló por horas en las calles de Manhattan, provocando algunos accidentes menores a los acelerados transeúntes y peatones de la siempre despierta ciudad. Pasado el medio día, percibiéndose de un mejor ánimo, dirigió sus pasos a la Torre Stark. Ingresó como si nada por la puerta y subió por el ascensor hasta el pent-house, donde halló al extravagante billonario y al doctor enfrascados en un juego de tenis de video. Se sentó en el sillón sin hacer ruido, ni llamar la atención de los dos científicos. Por un efímero instante, Loki rogó porque Banner se convirtiera en Hulk y lo azotara repetitivamente contra el suelo una vez más. Sin embargo, perdió toda esperanza de que ocurriera cuando Bruce detuvo el juego para tomar el aliento y relajarse un rato, pues sus pulsaciones estaban alcanzando un ratio crítico. Stark aceptó, encogiéndose de hombros, tomó una botella de agua de la mesa, giró sobre sus talones y por poco cae al suelo al descubrir la presencia de Loki.
- Tenemos visitas – anunció Tony festivo - ¿Cuánto tardaste esta vez?
- Entre por la puerta – respondió Loki con simpleza, al tiempo que Banner se sentaba a su lado bebiendo de su propia botella de agua y revisando su contador de ritmo cardiaco.
- ¿Qué? – soltó Tony incrédulo - ¿JARVIS?
- Disculpe, señor, mas los hechos recientes me hicieron pensar que el señor Loki ya no era considerado una amenaza – estableció JARVIS.
- Ahora tendré que borrar esta Torre de la faz del planeta para resarcir esa declaración, JARVIS – indicó Loki con un ligero toque de travesura.
- No le hagas caso, él sabe que eres peligroso – señaló Tony, sentándose a su izquierda – Todo el maldito universo lo sabe. Por cierto, tu chica te está buscando. Llamó hace unas horas preguntando si te habíamos visto – ante el silencio de Loki, continuó – Y quiero agradecerte. Pepper me vetó de mi cuarto anoche. MI cuarto. Dormí en el sillón. No es un mal sillón, es cómodo, pero no me agrada dormir sin mi chica. ¿Comprendes?
- Creo que me debes una explicación, Stark – puntualizó Loki.
- Un mago nunca revela sus secretos – comentó Tony.
- Establecido eso, jamás revelaré el secreto de cómo moriste – habló Loki con esa tétrica sonrisa de oreja a oreja.
- ¿Por qué todas nuestras conversaciones terminan con mi inminente muerte? – inquirió Tony, ganándose dos sarcásticas miradas de parte de sus amigos – Mejor dejémoslo ahí.
- ¿La pulsera de Darcy? – cuestionó Loki.
- Fue un momento de mal juicio e inspiración – expresó Tony con superioridad.
- Tony Stark: su vida resumida en una frase – opinó Bruce. Un cojín proyectado desde el otro lado del sillón golpeó al científico de lado en la cara, mientras Loki sonría divertido.
- Que gracioso, doctor – masculló Tony – Bueno, se me ocurrió que en lugar de usar la energía del Reactor Arc para potencializar mis campos de protección electromagnéticos, podría abastecerlos con la energía del Tesseract. Banner y yo estudiamos el trabajo de Selvig, otra vez, construimos una máquina capaz de extraer una pequeña cantidad de energía y la introducimos en la pulsera. Simple. Cosa de niños.
- Así que al fin has aceptado que la magia es superior a tu amada ciencia – se burló Loki.
- Ah no, eso nunca – negó Tony, fingiéndose ofendido – A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Necesitábamos una solución inmediata y la inventé. Por otro lado, no descansaré hasta crear un campo de protección anti magia totalmente científico, porque toda esa basura de ciencia es magia no me la tragó. Es cuestión de honor, de principios. Y de restregártelo en la cara.
- Suerte con eso, Stark – le deseó Loki – Sólo esperemos que tu expectativa de vida te sea suficiente.
- Oh, lo será – aseguró Tony - ¡Lo ves! ¡Siempre terminamos hablando de mi muerte!
- Deja de quejarte, Stark, y prepárate para ser aplastado por mi bota – manifestó Loki, cogiendo el descartado control de Wii de Banner y poniéndose de pie.
Tony se puso de pie al instante, oprimió el botón para continuar el juego y lanzó la primera bola. Bruce observó a ambos por un rato, mientras se lanzaban insultos, amenazas de muerte y burlas. Se puso de pie, caminó a la cocina y colocó un paquete de palomitas en el microondas. A falta de su laboratorio, que mejor entretenimiento que ver a Stark y Loki peleando como dos adolescentes. Llamaría a Barton. Con lo de su brazo, el agente se aburría como ostra en su piso sin hacer nada más que ver la televisión.
El sol se ocultaba en el horizonte cuando el teléfono de casa empezó a sonar a lo lejos. Darcy, sentada en la escalera de emergencia y admirando el atardecer, poco caso le prestó al ruido. Jane respondería. Además, no se sentía con el ánimo de socializar de ninguna manera. Había despertado esa mañana sola en su cama, como siempre. El hecho no la sorprendió en absoluto, sin embargo, al no hallar a Loki en ninguna parte del apartamento, la paranoia se posesionó de ella, el miedo. ¿Por qué se había ido? ¿Dónde estaba? ¿La había abandonado? Llamó a todas partes. Al pent-house de la Torre, al cuartel de S.H.I.E.L.D., a su celular. Le pidió a Thor que lo buscará por cielo, mar y tierra. Y cuando al fin se sentía al borde de un ataque de pánico, una llamada de parte del doctor Banner la tranquilizó, informándole que Loki se localizaba en el pent-house y que le estaba dando una paliza en Wii tenis al dueño de la compañía transnacional más grande del mundo entero. La muchacha quiso golpear su cabeza repetitivamente contra una pared, por supuesto, después de patear a Loki hasta el cansancio en lugares que al asgardiano no le agradaría. Era ridículo. Completamente ridículo. Había pasado casi tres horas aterrada por la desaparición de un hombre cuyo hobby era desaparecer. Dios, en verdad necesitaba ayuda profesional.
La buena noticia era que, una vez que sus nervios se serenaron y pudo pensar con claridad, notó que la voz de Angerboda ya no sonaba tan fuerte en su mente como el día anterior. Aún la escuchaba, mas ahora era un murmullo, algo que el sonido de la televisión o el ruido del tráfico podían opacar. Bueno, eso disminuiría la cantidad de patadas que le propinaría a Loki al regresar a casa. Si es que regresaba.
- Hey – asomó su cabeza Jane por la ventana de la habitación que compartía con Thor, la única ventana que daba acceso a la escalera de emergencia – Tony organizó una noche de películas. Dice que no admitirá un no por respuesta.
- No quiero salir – señaló Darcy sin mirar a la mujer, recargando su espalda en la pared de ladrillo.
- Oh vamos, nos divertiremos – la exhortó Jane – Todos están allí. Loki también.
- Quiero golpearlo – declaró Darcy.
- Genial, será parte del entretenimiento – habló Jane con entusiasmo – Vamos, Darce. Necesitas relajarte y divertirte un rato – la joven permaneció inmóvil y callada - ¿Recuerdas cómo me obligaste a dejar mi cama en San Valentín hace un año? Bueno, si no estás en la puerta en diez minutos lista para irnos, llamaré a Thor y lo obligaré a que te lleve a la fuerza.
- ¿Cuántas veces tengo que decirte que no uses a tu novio extraterrestre contra mí? – exclamó Darcy, poniéndose de pie.
- Oye, con algo tengo que contrarrestar tu poderosa taser – apuntó Jane abandonando la ventana.
En menos de diez minutos, Darcy ya se había cambiado su pijama por una ropa más casual y esperaba impaciente a Jane, quien buscaba las llaves del coche por la sala, en la puerta. Para cuando llegaron al pent-house de la Torre Stark eran las únicas que faltaban en el grupo. Los superhéroes más poderosos de la Tierra se debatían entre que películas ver en el sillón de la sala, mientras Pepper y Natasha tomaban unos Martinis en la barra de la cocina, donde también estaba sentado Loki, callado y con expresión aburrida. La joven se acercó con determinación al hombre lista para hacer una escena que con seguridad todos le aplaudirían, no obstante, en cuanto estuvo en su rango visual, Loki la volteó a ver con una mirada que la detuvo en seco. No sabía cómo explicarlo, pero algo en esos ojos le comprimió el corazón y le robó el aliento un minuto. Era una mezcla de sentimientos imposible de descifrar.
- Hey, tú, experta en ciencia ficción, ven y ayúdame aquí un momento – la llamó Tony desde la sala blandiendo en el aire dos DVDs.
Darcy dudó un momento, pasando su vista entre Iron Man y Loki. Finalmente, se decidió cuando el Dios del Engaño le sonrió cálidamente, haciéndole una seña para que fuera con los superhéroes.
La primera película, por una votación de seis contra tres (Loki se negó a votar), fue la primera de Terminator. Darcy se aseguró de que Loki se sentara a su lado, a pesar de la evidente incomodidad del jotun, la cual se fue disipando conforme la película avanzaba.
La escena del enfrentamiento final se desarrollaba en la pantalla cuando la profunda y servicial voz de JARVIS resonó en el pent-house, interrumpiendo el momento y congelando la imagen en el televisor.
- Señor, el Director Fury está al teléfono – anunció JARVIS – Dice que es urgente.
- Dime que no es Angerboda – suplicó Tony, llevándose una mano a la frente. Steve, Thor y Natasha se enderezaron en sus lugares atentos.
- No sabría decirle, señor – señaló el asistente electrónico – Solicita hablar con el señor Thor.
Thor frunció el ceño, mientras Pepper se ponía de pie en busca del teléfono que reposaba sobre la barra de la cocina. La pelirroja se lo entregó al Dios del Trueno y este llevó la bocina a su oreja.
- Director, ¿para qué soy requerido? – preguntó Thor con seriedad. El rubio permaneció en silencio unos minutos, sus facciones lentamente contorsionándose en una mueca de sorpresa – Voy de inmediato para allá.
Con eso concluyó la llamada. Se llevó una mano a la barbilla, en actitud de tratar de resolver algún difícil problema de matemático.
- ¿Qué pasó? – inquirió Jane, expresando la pregunta en la mente de todos. Thor la volteó a ver, suspiró por la nariz y posó su vista en su hermano.
- Sigyn está en el punto del Bifrost – informó el hombre, a lo que Loki arqueó una ceja sorprendido – Nos busca a los dos.
Y aquí está un nuevo capítulo que espero haya sido de su agrado. Vaya, jamás pensé que fuera a ser tan largo, casi 20 000 palabras. Y eso que es un capítulo de transición. En fin, Sigyn ya está en la Tierra. A ver a dónde nos lleva eso en el próximo capítulo (que como lo veo, también será largo).
Preparen las palomitas, sus antorchas y sus trinchetes porque la esperada venganza de Loki contra Angerboda será ejecutada en el siguiente capítulo. Esperen lo inesperado (mentira, seguramente será algo tan obvio y sin chiste que a la que van a linchar es a mí).
Y alístense para mi segunda escena Loki y Darcy favorita de este fic. Pañuelos desechables incluidos.
Quiero agradecer a susan-black7, a Nana2831, a Himmelstrasse, a Yiyukimo-ak, a itoldher, a caaroowcullen, a faaa, a RemyStrawberry, a Nymide, a SashaRashaD, a ceres18, a Laura, a flipo12, a Moonlight Angel Princess, a Ana Hinojoso, a Jeannie25, a Natt, a Lady Ale y a anette por sus comentarios. Este capítulo es para ustedes.
Trataré de actualizar lo más pronto posible.
Adiós ;)
Pd. ¿Alguien se acuerda del prologo?
