Perdón por tardar tanto en actualizar, tuve demasiado agetreo en la carrera. Me encantan vuestros comentarios, cada uno de ellos.

El mundo en el que estoy plasmando la historia no me pertenece, ni sus personajes tampoco, pertenecen al gran Tolkien, al que le debo buenas horas de lectura.

"Necesito hablar con Scatha un momento, si nos disculpáis..." Gandalf la cogió del brazo y la apartó de la compañía, tan lejos que ni el mas agudo de oído pudiese escucharlos gritar.

Ella lo miró, a la espera.

"Tengo que separarme de vosotros por el momento" le dijo, sin rodeos. Ella abrió mucho los ojos.

"¿¡C-como!?" gritó.

"Necesito resolver unos temas importantes en otro sitios en donde me necesitan urgentemente."

"¡Pero no puedes irte, tu eres el mago de la empresa y-" Gandalf la cortó, golpeando con fuerza su vara contra la tierra, y ella se vio arrastrada hacia atrás.

Los poderes del mago, aun siendo el gris, seguían siendo insuperables para ella.

"No estoy pidiendo tu opinión, ni tu bendición, ni siquiera que lo comprendas." poco a poco el aura de enfado se fue deshaciendo "Solo te estoy informando, y despidiendo"

"Podrías haberte despedido de mi junto con los demás" ella no sabia que decir. Que se fuese el mago era un duro golpe para la bruja, pues al fin y al cabo era el único que sabia la verdad de quien era y de cual era su cometido. Y el que no fuese a ver mas rostros conocidos el resto del viaje, le hizo que se le hiciese un nudo en el estomago.

"No me despido de ti junto a los demás, por que quería tener unas palabras contigo antes." le sonrió con sinceridad.

Esperó.

"¿Y bien?" le instó

"Me ha gustado conocerte" sonrió aun mas, mirándola con ternura. "Y si bien me has dicho, naciste en los países del este. En esa pequeña aldea que me escribiste ayer en esta nota" levantó un pequeño papel.

Antes de la partida de la casa de Beorn, ella estuvo hablando con el cambiador de piel, durante horas, sobre la vida de los animales salvajes, y sobre los duros inviernos para las gentes que se dedicaban a la búsqueda de seres como Beorn. Alguien así había sido su padre.

Cazador simple, buscando sustento para una familia hambrienta, pero feliz.

Mientras hablaba sobre las aldeas del este, Gandalf le susurró que escribiese el nombre de la aldea donde ella nació, sin que nadie de los presentes se hubiese percatado de esa conversación.

Y ahí estaba, el nombre donde ella nacería en algún momento, dentro de 40 años.

El mago dobló el papel, y se lo metió en su traje gris, desapareciendo de la vista de la muchacha.

"Si. Ahí nací." afirmó.

"Pues creo que haré una visita a ese poblado dentro de algún tiempo...sobre unos..." miró a Scatha de reojo.

"40 años y dos estaciones de lluvias" terminó. Gandalf se rió

"Eso, eso. Que mala memoria la mía. 40 años y dos estaciones de lluvia. Perfecto." se acercó un poco a ella "Debo decirte...que nunca he conocido el poder del que me hablaste la primera noche...pero si no fuese por el anillo que me enseñaste, no te habría creído. Y aun así...estoy en el deber de decirte que tal vez no puedas..."

"Lo sé" le cortó, mirándolo con infinito cariño "El Gandalf que me enseñó todo lo que se, me avisó de lo mismo. Pero ya no hay vuelta atrás. Y no me arrepiento de lo que estoy haciendo." le tocó una mano, recordando como era el tacto de su querido maestro "Pero gracias. Gracias por todo. Sin ti...no habría llegado donde estoy."

Carraspeó el viejo mago, y poco a poco se apartó, comenzando a dirigirse de nuevo a la empresa, para despedirse, pero antes de eso, ella lo detuvo.

"Gandalf" él se giró, esperando. "Por favor...pase lo que pase en la aldea. Pase lo que pase de lo que puedas ver, tu u otro mago...no matéis a mi padre. Por favor. No lo matéis. No es culpa de él"

Gandalf frunció el ceño extrañado por las palabras de la joven.

Pero finalmente asintió.

"Así será."

Y sin mas se fue, y ella lo siguió. Alegre de haber atado cabos.

Un sopló de aire gafado llegó hasta ella y le arremolinó el pelo.

Frenó en seco, y se giró, cara a cara con el bosque, que parecía que la estaba esperando.

Un bosque medio verde, medio seco y podrido desde donde ellos querían entrar.

El aire estaba impregnado a maldad y a oscuridad, y un frío se alojaba en cada rama de cada árbol.

Algo le estaba pasando a ese bosque.

Algo que ella nunca había visto.

Y supuso que era por que la oscuridad de Dol Guldur comenzaba a avanzar... El Señor Oscuro comenzaba a despertar.

Cerró los ojos, intentando contener el miedo que le subía por los pies.

Esa no era su batalla esta vez.

Ya no.

Los abrió, y supo que había algo que le daba mucho mas miedo.

Dentro de ese bosque, había criaturas demasiado peligrosas.

Incluso para ella.

Y eran ellos mismos.

.

.

.

"Esto es horrible" escuchó a Bilbo a sus espaldas. Ella se llevó una mano a la cabeza, intentando concentrarse. Pero le era imposible.

Nunca había estado tan mareada, y sumida en ilusiones como en ese instante.

Después de que Nori declarara que habían perdido el camino, el cual era la única norma que había puesto Gandalf para no perderse, todos y cada uno de los allí presentes se lanzaron a la búsqueda del camino, de la salida de ese laberinto de arboles.

Pero nadie dio con el.

Y así empezaron las alucinaciones.

Ya fuera por el hambre, por la sed, por el aire viciado,o por la oscuridad constante, la realidad comenzó a distorsionarse.

Mientras caminaba, había visto la espalda de Aragorn un par de veces, la de Eomer unas tantas también, y a un Boromir ofreciéndole agua; para después darse cuenta de que era Fili.

Sabía no dejarse llevar por las ilusiones, de no sucumbir a sus sentidos, que la estaban estafando.

Se sentó en una roca, intentando coger aire que la despejara.

"¡¿ES QUE NO SE ACABA NUNCA ESTE MALDITO BOSQUE?!"gritó Thorin en la lejanía. Y ella no pudo mas que sonreír.

"¡¿No sabias que este bosque es inmenso, Escudo de Roble?!" le gritó en respuesta, aun enfadada con él.

El enano dejó de buscar, y se acercó a la roca donde la muchacha estaba sentada.

"En vez de hablar, creo que la contratamos para que hiciese algo útil. Que en este momento podría ser buscar el camino, comida o agua. Lo que sea de las tres cosas" las afiladas palabras de Thorin no la afectaban tanto en esos momentos.

"Soy una bruja, no una guía de bosques, señor enano. Y si no hay comida ni agua, no hay comida ni agua. No se que concepción tiene de la magia"

"Pues que era útil. Pensaba que la magia seria algo útil para este viaje" levantó un dedo señalándola "Y que usted seria mas útil"

Ella se miró la mano. En los bosques solía acumular poder mas rápidamente; y deseó lanzarle un gancho al enano. Lo miró, a la espera de que se formara la discusión verdadera, incluso deseándola. Ese bosque le estaba sacando sus ansias de la confrontación.

Pero nadie parecía haberse dado cuenta, todos discutían con todos. Y nadie se escuchaba.

Thorin se tocó la cara, y la miró, sin saber que decir.

"Soy una bruja, y que yo sepa os he ayudado y arriesgado mi vida en todo. Y si quieres que me vaya, solo tienes que decirlo"

¿Por que parecía que todos se habían ido?

"No quiero" dijo él sin pensar. Mirándola con fijación. "No quiero que se vaya"

Los dos se quedaron en silencio, mirándose, aturdidos y con alucinaciones, pero con sus respectivos ojos como anclaje a la realidad.

La fiebre de odio desapareció tan pronto como llegó, y solo quedó un aturdimiento y cobardía de cuando era una joven tímida y débil.

¿Por que las palabras del enano la afectaban tanto?

Era horrible.

"¿Y si subimos por ahí?" la voz de Bilbo los devolvió a la realidad,y la chica miró a su amigo mediano "si subimos por este árbol, y miramos el cielo, podremos orientarnos. No es cierto ¿Scatha?" le pregunto directamente a ella, y ella afirmó.

"Si subimos, seré capaz de ver donde estamos. Y hacia donde tenemos que ir"

Todos dieron suspiros de alivio y esperanza, y dieron su aprobación.

El hobbit comenzó a subir, y ella esperó a que tuviese ventaja, pues no era difícil para ella subir por una árbol, después de años con Radagast.

"Tenga cuidado" le susurró la voz de Thorin, pero cuando se dio la vuelta, el enano había entablado una conversación mareada con Dwalin.

Se agarró al tronco, y poco a poco fue subiendo, vigilando que su amigo no resbalara. Pero el mediano también parecía ágil para trepar, así que poco a poco, llegaron a la copa, llena de miles de hojas pequeñas y verdes.

Cuando parecía que darían con el techo del bosque, el aire corrió de nuevo por los pulmones de ambos.

Un aire libre, veloz y renovado. Liviano y ligero. No pesado y gafado como el de abajo.

Allí, tras varias inspiraciones, sintieron como sus cabezas se despejaban de golpe, siendo conscientes de todo, otra vez.

"Que hermoso" dijo su amigo, mirando el bosque desde arriba. Y ella no tuvo otra que darle la razón.

Era una de las cosas mas bellas que había visto nunca. Un mar de hojas verdes que se perdían en el horizonte, con el sol del amanecer asomando al fondo.

Con Erebor como vigía.

Ya había estado en este bosque antes, muchas veces. Y lo había amado de corazón.

Aun lo hacia.

Se tocó el corazón, y agradeció que estuviesen perdidos y lejos del reino de los elfos.

Sabia que no tenían por que encontrarse con ellos en el bosque, pero aun así no deseaba ni acercarse.

No estaba preparada. Ni lo estaría nunca

Ese había sido su ultimo hogar.

"¿Todo bien?" dejó de pensar, y miro a Bilbo, que la miraba con preocupación.

"Si. Perfectamente. Parece ser que tendremos que dirigirnos al noroeste, que es...por ahí" señaló "menudo sentido de la orientación tiene el líder de nuestra compañía..." murmuró.

"Tiene el que puede. Es..." dijo el mediano de manera conciliadora.

"Nefasto" afirmó ella. "Pero bueno. No le podemos hacer nada" sonrió.

"¡Chicos,casi hemos llegado!" gritó Bilbo hacia abajo, esperando respuesta "¡Se ve la Montaña Solitaria. No queda mucho!"

No hubo respuesta.

"¿Me oís? Estam-" Scatha le tapó con fuerza la boca, mientras una enorme criatura pasaba a su lado, haciendo temblar todas las ramas.

Una araña gigantesca.

El mediano se retorció del susto, y adelantó un pie, cayendo al vacío, soltándose del agarre de la muchacha.

Ella quiso gritar su nombre, pero si lo hacia, ambos estarían perdidos.

Así que solo pudo quedarse muy quieta, y esperar, mientras oía a su amigo gritar y retorcerse.

Se mordió los dedos de angustia.

Pero era lo único que podía hacer.

.

.

.

Bilbo quería salir. Pero ni siquiera podía mover los dedos de las manos para tocar su anillo. Solo se mantenía con los ojos abiertos, observando esas horribles criaturas.

Había visto arañas en su vida. De las que picaban y te dejaban una herida bastante fea, hasta las que solo paseaban de un lado a otro y mataban insectos, que eran dañinos para su huerto.

Pero jamas había visto arañas de ese tamaño, y tan horribles.

Eran como un poni de alto, o mas. Y sus patas peludas...horribles, eran horribles en general.

Y se lo querían comer. A él y a varios bultos mas; que supuso que eran sus compañeros ya capturados.

Sintió lagrimas en sus ojos.

Iba a morir.

Sin ver nunca mas Rivendell.

Solo. Comido por arañas.

Pero un chasquido de luz, le iluminó la vista a través de las lagrimas.

Una llama.

De repente, las llamas lo envolvieron, y sintió como una mano le sellaba la boca, impidiéndole gritar de dolor.

Pero el dolor no llegó.

Tan rápido como vino el fuego, se fue.

Y el cayó en una gruesa rama. Scatha lo miraba preocupada.

"¿Te han pinchado? ¿Te han inyectado veneno?" le comprobó brazos y cuello. Pero el negó, tranquilizándola.

"Estoy bien"

Pero ese momento de rescate heroico, duró muy poco, pues una de las arañas se lanzó a por la muchacha, que hincó a tiempo su espada en el cráneo del bicho gigante.

"Bilbo, corta las telas de los demás, yo me ocupo de las arañas" le ordenó, y el no dudo.

Fue cortando uno a uno, dejando que la telaraña cayese suavemente en el suelo, mientras Scatha peleaba con todas sus fuerzas, lanzando llamaradas de fuego.

Se distrajo, y una araña se colocó a su espalda, y aunque se puso el anillo, la araña continuaba su trayectoria con su enorme pata.

Entonces sintió como caía del árbol, golpeándose con todo , y con alguien abrazado a su lado.

Era Scatha.

Se había lanzado para salvarlo.

Cuando llegaron al suelo, mientras que podía oír las voces de las arañas enfrentarse a los enanos, gracias al anillo, tocó a la chica, que permanecía inconsciente.

"Scatha. Scatha. Despierta por favor" suplico, aterrorizado. Ella no podía morir de esa manera.

La chica abrió los ojos. Y en vez de mirarlo a el , busco por todos lados.

Recordó que llevaba en el anillo, y no lo podía ver.

Se llevó la otra mano al anillo, para quitárselo, pero cuando fue hacerlo...no pudo.

Lo intentó una y otra vez, pero su mano no cedió. No se movía.

Miró a su amiga, que se levantó con dificultad, recogiendo sus armas, que habían quedado esparcidas por el suelo, a causa de la caída.

Era su amiga. . Y acababa de salvarlo.

Entonces...¿por que no quería enseñarle lo que ese anillo era capaz de hacer?

Y lo supo.

No quería que nadie le robaran lo que era suyo.

Y ella podía hacerlo.

Podía robarle su tesoro.

Se llevó la mano al pecho, por tales pensamientos, pero aun así, no se quitó el anillo.

Ambos escucharon un grito en la lejanía del bosque. Y la chica se preparó para correr.

"Ten cuidado Bilbo. Que no te cojan" la chica habló en voz alta, al lado de él, casi como si pudiese verlo. "No dejen que las arañas te cojan. Por favor"

Y salió corriendo.

Y Bilbo quiso decirle algo... pero no dijo nada.

Sintiéndose realmente ruin.

Y con su tesoro a salvo.

"Lo...lo siento..." susurró a la nada.

.

.

.

Corrió todo cuanto pudo, intentando no pensar en Bilbo.

No era culpa de él. Era culpa de ese mundo tan egoísta. Era culpa de ella misma.

Podría haber cogido el anillo. Había tenido nuevamente una oportunidad.

Pero se recordó cual era el plan de ese mundo para el futuro, y que el hobbit debía guardar el anillo hasta casi el final de sus días.

Aunque lo destruyese.

Así que cuando escucho el grito de Oin, se lanzó a la carrera, dejando al hobbit atrás.

Después iría a recogerlo.

Se sentía horriblemente mal, por que no tenia ningún escrito de Ori sobre que sucedió en el bosque. Los enanos eran tan orgullosos, que cualquier dato sobre los elfos del bosque había sido borrado con saña y alevosía, para eliminarlos hasta de sus propios recuerdos.

Así que realmente no tenia ni idea de que sucedería.

Pero había algo claro, si no salían de ese bosque, morirían.

Escuchó a los enanos gritos de protesta, y de enfado.

Y sin dudarlo salió al claro donde estaban.

"¡Scatha!" escuchó a Bofur llamarla con inmensa felicidad.

Los enanos gritaron su nombre, mientras ella sacaba su espada, y concentraba fuego en ambas manos, preparada para todas las arañas que quisieran enfrentarle.

Pero entre la luz, el mareo del aire, y la rapidez con la que habia entrado; no habia sido consciente de en donde se había metido.

Allí no había arañas.

Es decir, había arañas, pero estaban todas muertas.

Allí lo que había eran seres mas altos que ella, y todos la apuntaban con arcos y flechas, en absoluto silencio.

Miró a ambos lados.

Eran elfos del bosque. Aunque no reconoció a ninguno. Lo cual agradeció.

Maldijo por lo bajo.

Por mucho que usase su fuego, con tantos elfos, seguramente alguno le alcanzaría con una flecha y la mataría al instante, dejando a los enanos a su suerte.

"Scatha, ten cuidado" le dijo Nori, mientras un elfo apuntaba directo a la cabeza de su amigo.

Nunca se había sentido así.

Sentía un profundo odio por los elfos, que tenían acorralados a sus amigos, que no habían echo nada.

Se preparó para realizar un conjuro, aun con el mareo que le estaba derribando la consciencia poco a poco, no estaba segura de la fuerza de este.

Miró a Thorin, que estaba junto con los demás, pero no la miraba a ella.

Miraba detrás.

Sintió algo afilado en su nuca, algo realmente afilado. Seguramente una espada.

Los enanos gritaron de manera terrible, mientras la muchacha solo miraba a Thorin, intentando pensar en algo para poder escapar sin salir herida.

Thorin le rogaba con los ojos que no hiciera nada precipitado, que aguardara.

Sus ojos...seguían atravesándola de esa manera...de manera que aun estando en el peligro mas terrible...sentía que podía haber un ultimo golpe de valor.

Pero el filo ese seguía en su nuca. Y sus compañeros apresados como animales de caza, y con Bilbo solo.

Sintió el fuego en la palma de sus manos.

Preparada.

Preparada para atacar y hacer daño.

Aunque no pudiese salir viva.

Aunque en otro momento de su vida jamas pensó en atacar a elfos.

Se había vuelto personal.

Los enanos eran ya personales para ella.

Y estaba dispuesta a arriesgar.

Iba a matar.

"Antes de que puedas hacer nada, estás muerta"

Sus manos se apagaron de golpe, y soltó la espada al suelo, dejando de mirar a Thorin.

Dejando de mirar a cualquier cosa concreta.

"¡SCATHA!" Gritó Thorin, asustado, pues había visto el cambio en la cara de la chica, y temió lo peor.

Los otros enanos gritaron, temiendo lo peor; el color de su pequeña humana era ahora blanco, y esa mirada de guerrera, había cambiado a una totalmente asustada.

Todos gritaron su nombre e intentaron acercarse a ella.

Pero ella solo pudo quedarse en el lugar, olvidando todo lo de su alrededor.

"¡No te muevas!" le ordenó de nuevo aquella voz. Pero pese a a saber que era muy capaz de atravesarla aunque fuese una mujer indefensa, no pudo evitar que su cuerpo se moviese, por puro deseo.

Dio la vuelta en si misma, con los ojos bien abiertos.

"¿¡No me has oído!?" la voz le gritaba.

Pero esa misma voz también guardó silencio..

No era capaz de controlar su cuerpo y sus emociones.

Estaba allí.

Justo delante de ella.

Pero no lleno de sangre y gris. No estaba en medio de un prado, con los ojos de la paz que deja la muerte. No estaba atravesado por flechas y lanzas.

Sus ojos grises, mirándola entre extrañado y enfurecido, con esa cara de superioridad típica de él, aunque sin ese matiz de amor que solo le dedicaba a ella.

No había cambiado lo mas mínimo.

Era exactamente igual a como ella lo recordaba.

Su pelo rubio enmarcaba las facciones mas bellas que ella recordaba de cualquier ser vivo. Su boca seguía siendo igual. Sus mofletes, su barbilla, su cuello, sus orejas...todo...

solo que ahí, en ese instante, delante suya...estaba vivo.

Legolas estaba vivo.

Y la miraba a ella.

Estaba vivo.

Levantó una mano lentamente, sin ser consciente de ello. Y la levantó hacia el, como intentando tocarlo.

Solo quería llegar hasta él.

Una vez mas.

Él seguía con la espada que le había quitado a Thorin en alto, pero no la atacó. La miraba con total confusión, con curiosidad.

"Le...go..." susurró, con la boca seca.

Pero la voz de una mujer a su espalda dio una orden rápida, y sintió un golpe seco en la nuca.

Sus piernas cedieron, y cayó con un golpe seco en el suelo.

Y después, todo se volvió negro.

.

.

.

"Scatha! Scatha!" oyó unas voces en su cabeza, y poco a poco fue abriendo los ojos.

Lo primero que notó, fue el terrible olor a humedad y a envejecido, un olor que le trajo una nausea, lo que hizo que se llevase las manos a la boca, sin saber bien que era arriba y que era abajo.

Su nombre siguió sonando alrededor suya, así que hizo lo posible por tranquilizarse y usar sus sentidos.

Descubrió que no era que estuviese perdiendo visión, sino que el sitio en el que estaba, era bastante oscuro.

Oscuro y húmedo, cubierto de moho por todas partes.

Levantó los brazos y se sentó lentamente en el suelo en el que se había levantado, encharcado de agua.

"¡Creo que Scatha se mueve tío!" oyó a Kili a lo lejos, con un tono preocupado.

Se llevó las manos a la cabeza.

El mareo podía con ella.

No era capaz de mantener la vista fija en nada.

"Creo que esta enferma" volvió a sonar la voz del sobrino del líder.

"¿Como enferma?" Escuchó a Thorin, que gritaba desde mucho mas lejos. "¿Que ocurre Scatha? ¡Di algo!"

"¿Puede ser que le picaran las arañas?" Gloin sugirió, con gritos de angustias de respuesta.

"¡Y van a dejar que muera?!" gritó Ori.

"¿Y te extrañas?" Dwalin también llegó a sus oídos. "Son elfos"

"MALDITOS ELFOS. ¡SACADNOS DE AQUÍ!" fue Thorin de nuevo.

Todos siguieron gritando, y la chica sintió que la cabeza, ahora si que le explotaría.

"Estoy bien..." intentó subir la voz, pero se dio cuenta de que no le era tan fácil. Estaba muy débil "Ninguna araña me atacó con su veneno. Así que dejen de gritar."

Todo siguió a gritos de bienvenida y alegría.

Pero ella no sintió alegría.

Solo un terrible mareo y una punzada terrible en el pecho.

"¿Donde estamos?" habló de nuevo, intentando avanzar hacia la reja de metal entrelazado; que solo podía ser obra de los elfos.

"No han encerrado en sus prisiones" Balin sonó con rotundidad, pese a que una milésima de segundo antes, ella ya sabia la respuesta.

Sintió un pinchazo aun mas fuerte.

Como si un frío se hubiese posado en su pecho, negándose a dejarla respirar.

"¿ De veras estas bien?" le pregunto Kili, a el cual tenia en una celda enfrente suya, mirándola con preocupación.

Pero Scatha no intentó ni sonreír, ni tranquilizarlo.

No podía.

Lo deseaba.

Pero le era imposible.

Sabia donde estaba.

Y eso eran demasiados recuerdos. Demasiado dolor.

Lo había visto.

"Solo...necesito seguir descansando" le dijo sin mucha convicción, y volvió al fondo de la celda, en la oscuridad, sin pronunciar, ni una sola palabra mas.

En horas.

En horas en los que ellos le gritaban; un Thorin la amenazaba con despedirla, y un Kili rogaba por que dijese lo mas mínimo.

Pero el joven enano solo veía el cacharro de agua que le dejaban, desaparecer y aparecer vacío.

Nada mas.

Por muchas palabras alentadoras, solo el silencio les contestó.

Y supieron que estaba enferma.

Pero...¿ de que?

.

.

.

"Es imposible escapar de ellas, te lo aseguro. Mi padre es muy minucioso en mantener a sus prisioneros sin la mínima posibilidad de escapar"

Ella se rió, y le soltó la mano, adentrándose en una de las celdas.

Entró en la primera que tuvo a mano, y el olor a húmeda la golpeó, mandandole un escalofrío por todo el cuerpo.

"Así que supongo que al final por hambre o por sed, los prisioneros terminan hablando..." susurró tocando las paredes de la celda, con solemnidad.

Ni siquiera había marcas de los días que los prisioneros pasaban allí encerrados. Ya que...¿como iban a saberlo si no podían ver la luz del sol?

Sintió otro escalofrío de compasión.

Una vida sin sol...no podía imaginar peor tortura.

"Claro que no. No somos unos monstruos. Les damos comida como a cualquiera que venga a nuestro reino, Scatha." lo oyó acercándose, y paseando por otras celdas.

El silencio era tal, que se escuchaban aunque estuviesen lejos.

"No pienso que seáis unos monstruos...es solo...que me parece..." siguió mirando la pared de la celda, cubierta de un musgo verde y mojado. "Horrible quedar encerrado para siempre."

"No es para siempre, podrían hablar." le contradijo el elfo, con sorna.

"No" susurró ella "La gente con honor...se vería incapaz de traicionar y hablar...aunque en ello le fuese la vida."

Oyó algo metálico a sus espaldas, y al girarse vio a Legolas, con su cara entre los barrotes de metal fundido e irrompible.

"¿Que haces?" no estaba asustada, pero no era cómodo para ella estar encerrada.

Él parecía serio.

"Darías tu vida por el honor" no era una pregunta. Era una afirmación.

"Moriría si es por honor verdadero. Si. Lo haría." también afirmo, sin la mas mínima duda.

Siguió acercándose, y se agarró con ambas manos a la verja, pegando la cara entre los barrotes. "Moriría por el honor sin dudarlo"

El se mantuvo en silencio, con las llaves en las manos, mirándola como nunca lo había echo.

Se sintió por primera vez intimidada por sus ojos.

"¿Por que morirías tu, Legolas?"

Y se acercó con fuerza, atrapando su nuca con fuerza, aplastandola levemente contra los barrotes, y besándola con profundidad, abrazándola.

Ella no pudo evitar que se le escapara un gemido de sorpresa, mientras intentaba coordinar sus labios; cosa que le era imposible.

Y el paró de besarla tan rápido como empezó, pero sin apartarse de ella a traves de esos barrotes irrompibles.

La miró a los ojos, y las celdas ya no parecían tan oscuras ni tristes.

"Moriría por aquello que amo."