Kai y Gou habían llegado a la BBA donde se reunirían con Alana y Tala aquel viernes después de la escuela para darle la buena y mala noticia al chico; la buena: su madre había aceptado que podía participar en los torneos y las prácticas de la BBA, al escucharlo, Gou celebró de felicidad abrazándola, pero al oír la mala: tendría que esperar hasta cumplir once años para poder participar en el campeonato, la ilusión en sus ojos se apagó por un momento y dejó de abrazarla para mirarla extrañado y luego voltear a ver a Kai como pidiendo una respuesta. Su desilusión se incrementó más después de escuchar a su padre estar de acuerdo con el plan. Miró a Tala como última alternativa para pedir un cambio de opinión, pero éste sólo encogió sus hombros dándole a entender que no había otra opción.
-Eso es mucho mejor que nada, Gou. – le dijo.
-Ugh… supongo que está bien… -Así, el chico accedió con poco ánimo.
Días después, Gou se dirigía hacia su casillero junto con dos de sus compañeros.
- ¿Y… qué planes tienes para hoy que es tu cumpleaños, Gou? – le preguntó uno de ellos tratando de disimular una sonrisa traviesa.
- Aún no lo sé… No creo que haga algo muy emocionante, en realidad este año será bastante aburrido…
- Lo dices por lo del torneo, ¿cierto? No seas tan pesimista, al menos te dejarán entrenar y podrás participar el próximo año. – trataban de animarlo.
- No pienso que haya mucha diferencia entre diez y once, entre éste año o el otro... ¡No lo entiendo! - decía mientras abría su casillero. – Desde que conocí a papá es la primera vez que mis padres parecen estar de acuerdo en algo ¡pero lo hacen para no dejarme jugar en el próximo torneo!
En ese momento, Pey Punnin y sus compañeros pasaron festejando de cómo ése iba a ser su último año en la escuela ya que pronto se acercaba su graduación.
- Creo que lo que más me molesta es saber que Punnin participará y no podré enfrentarme a él. – Gou cerró la puerta del casillero con un poco de fuerza mientras los escuchaba reír y brincotear a lo lejos.
- He pensado seriamente en el deseo que le pediré al abuelo y a mamá como regalo de cumpleaños… - les comentaba mientras se dirigían a las puertas principales de la escuela. – Pero aún no estoy seguro de qué deseo le pediré a papá…
Al bajar las gradas, Gou pudo ver el auto de su padre parqueado en medio de los otros autos.
- Bueno… creo mamá decidió que hoy me toca pasar la tarde con papá. – dijo volteando a sus amigos. – Al menos será un poco diferente a los otros años…
Los dos chicos que lo acompañaban se miraron entre sí sonriendo y, justo en ese momento, una dama de cabellera rubia recogido, llevando un fino collar y pendientes que combinaban con su elegante vestido color violeta se aproximó a ellos.
- Pequeño Gou... – lo llamó.
El chico volteó a mirar extrañado y sus ojos se abrieron en asombro al darse cuenta de quien se trataba.
- ¿Por qué me miras así? - le sonrió – No me digas que me olvidaste…
Gou movió su cabeza de un lado a otro lentamente indicando que no mientras la seguía observando al rostro sobriamente maquillado. No esperaba topársela en su escuela.
- Vine para celebrar este día tan especial contigo. Tuve que apresurarme a penas te vi salir. – le dijo mientras se acercó a acomodarle el cabello alborotado sobre su frente.
- Eemm… no importa que tanto trate de arreglarlo, siempre volverá a quedar así… El abuelo dice que es por la genética. - sabía que no podía ser irrespetuoso con los mayores y por eso hizo su mejor esfuerzo para no demostrarle lo incómodo que se sentía por la atención de ella.
Un poco confundida, la ostentosa señora quitó su mano de la cabellera azulada de Gou, quien sintiéndose más aliviado dio un par de pasos hacia atrás.
- Oh… - rio un poco manteniendo su elegancia. – Pequeño Gou, quisiera que vengas conmigo, te preparé una sorpresa para hoy.
- ¿Una… sorpresa? – Gou la miró aún más extrañado y luego vio como sus compañeros que todavía seguían cerca sonreían también. - ¿Por qué se ríen así…? ¿Ustedes sabían?
- Tus amigos me ayudaron a planearte la mejor fiesta de cumpleaños que jamás hayas tenido, mi querido Gou, siempre soñé con hacerlo. ¡Todos han estado esperando este día ansiosamente!
- Pero… papá está esperándome… además no creo que mamá…
- Gou, ¿está todo bien?
El chico había estado mirando tan atentamente a su abuela que ni él ni ella se dieron cuenta cuando Kai, llevando las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, se acercó silenciosamente a donde estaban. Al escuchar su voz, hubo una breve pausa y la madre de Alana fue la primera en romperla.
- Kai… - la dama lo miró seriamente primero y después le sonrió. – No sabes cuánto me alegra que seas tú quien haya venido por Gou hoy.
- Hn – Kai dejó ver una pequeña sonrisa irónica. - ¿y a qué se debe esa conveniencia?
- Siempre he pensado que es más fácil razonar contigo que con mi hija… - le dijo serenamente.
Después de un poco más de una hora, Alana salía tan apresurada y molesta de su auto que ni si quiera le respondió al amable chofer que le ofreció abrir su puerta. Al escuchar la música y el ruido de niños riendo, y ver los coloridos globos decorando la entrada del salón de fiestas de la lujosa casa de su madre se quedó parada en la entrada y su mirada se dirigió primero hacia unas niñas que felizmente se deslizaban en la mitad derecha del salón que precisamente había sido acondicionada como pista de patinaje sobre hielo, pero supo que Gou no estaría ahí. Luego miró a su izquierda y entre el correr y brincoteo de los chicos observó las mesas con comida, refrescos y todo tipo de golosinas. También habían instalado centros de video juegos y trampolines; finalmente divisó a los niños y unas cuantas niñas alrededor de lo que parecía ser un plato de beyblade, lo más seguro era que ahí encontraría a Gou. Suspiró indignada al considerar el excentricismo de su madre y justo cuando dio un paso para entrar, uno de los robustos guardas de seguridad la detuvo.
- Debe enseñar su invitación al caballero de la izquierda. – señaló hacia el mayordomo.
- ¿Qué dice? ¡No tengo invitación! – exclamó asombrada por tal solicitud.
- Entonces lo siento, pero no puede ingresar.
- ¡Es que no necesito una! ¡Soy la madre del niño a quien le hacen esta absurda celebración! ¡Y mi madre vive aquí!
- Lo siento señorita, tenemos órdenes estrictas. Por favor no me obligue a sacarla a la fuerza. – le decía mientras obstruía su paso.
- ¡Yo soy la que debería detener esta fiesta a la fuerza! – forcejeó frustrada.
- Déjela pasar, ella viene con nosotros.
El oficial volteó y tanto él y Alana observaron el rostro serio y sereno de Kai, estando de pie con sus brazos cruzados.
- De acuerdo, joven Kai, como usted diga. – y quitándose de en medio dejó que Alana pasara.
- Increíble… - masculló aún más indignada. Luego miró a Kai a los ojos y, aunque estaba demasiado molesta como para usarlo de excusa, no quiso levantar su tono de voz más de la cuenta. - ¡¿Dónde está mamá?!
Kai no le respondió, sino que siguió observando sus ojos que lo decían todo: demandaban una explicación. Supo que la mirada de Alana le reclamaba por dejar venir a Gou a esa tonta fiesta, y lo terminó de confirmar segundos después por sus palabras.
- ¡¿Cómo pudiste permitir que hiciera esto?! – el tono en su voz y la forma en que miraba a Kai era como de alguien a quien habían traicionado. En seguida dio media vuelta y siguió caminando adentrándose en el salón a paso rápido entre los niños dejando a Kai detrás.
Rápidamente llegó a una de las salas donde se encontraban algunos cuantos adultos con trajes elegantes, unos sentados en los cómodos sofás y otros de pie tomando copas de vino y tazas de té, y de inmediato vio a su madre en medio de ellos conversando placenteramente. Cuando Aya la notó ahí en la entrada de la salita, como si ignorara la seriedad de su rostro, le sonrió amablemente.
-¡Ah, discúlpenme damas y caballeros, por fin mi bella hija está aquí! – luego se acercó dejando su copa de vino sobre una de las mesas. – Llegas a tiempo, ya casi repartimos el pastel, es de fresa, tu favorito y, me di cuenta que también es el favorito de Gou. – Le decía mientras la miraba de arriba abajo. – Me encanta que mantengas siempre tu figura y tu buen gusto por la moda, ésta enagua oscura combina perfecta con tu blusa de seda rosa; sin embargo, siempre he tenido un conflicto con tus pantimedias oscuras porque…
- ¡Planeaste todo esto a mis espaldas! – la interrumpió mirándola con sus ojos llorosos, de seguro ni siquiera se había molestado en prestar atención a una de sus palabras.
- Se arruinará tu maquillaje si te pones a llorar...
Alana meneó su cabeza lentamente de un lado a otro sin dejar de mirar el rostro sereno de su madre.
- ¿Cómo puedes ser tan superficial? Si querías celebrar su cumpleaños ¿por qué no me tomaste en cuenta?
Lentamente, Kai se acercó a ellas sin intención de interrumpir lo que hablaban.
- ¿Acaso tu siempre has tomado en cuenta lo que tu hijo quiere, niña? Sé lo terca que eres, nunca hubieras dado el brazo a torcer...
- Sí… soy muy ingenua. Como si tú no tuvieras suficientes influencias como para obtener información de la escuela de Gou, lograr que te dejen entrar sólo por tu nombre y apariencia de benefactora. ¡No importa cuántos límites te ponga, tu siempre tratas de sobrepasarlos! Ya no importan mis advertencias contra ti por todo lo que has hecho sin mi consentimiento…
- Es algo que lamento, hija, que tú nunca hayas querido aprender a estar un paso más adelante. Yo sé que tu odias los escándalos de prensa y todo eso, y te conozco tan bien que sé que nunca te atreverás a demandarme por cosas del pasado… Pero deja eso ya, ¿por qué no te relajas y disfrutas de la fiesta? O ¿será que tendré que pasar por la pena de decirle a los invitados que la celebración se cancela en este momento? Si quieres que lo haga y que envíe a todos los niños a casa decepcionados lo haré.
Alana suspiró molesta.
- Que se cancele la fiesta, entonces.
Al escuchar el tono seco de Kai, la madre de Alana lo observó abriendo sus ojos de par en par resultando en una expresión un tanto cómica, mientras que Alana lo miró con curiosidad.
- ¿Estás seguro que es lo que quieres que haga, Kai? – Aya volvió a su semblante sereno y calculador. - ¿Y tú, Alana? Bueno… es una lástima, ¡tanta comida desperdiciada y… no me quiero ni imaginar los rumores que van a decir! Pero entenderé si es lo que tú deseas hacer, hija.
La chica los miró a ambos y luego agachó la cabeza por un momento apretando sus puños ligeramente.
- Olvídalo… - le dijo levantando su rostro hacia su madre. Luego volteó a Kai. – No pienso quedarme. Cuida de Gou, lo estaré esperando en casa para celebrar su cumpleaños a mi manera. – de nuevo miró a su madre quien la observaba levantando una ceja y sonriendo de medio lado. - Felicidades por salirte con la tuya una vez más.
Eran como las siete de la noche, empezaba a hacer frío y a oscurecer y los portones de la casa del señor Damian se abrían para dejar pasar el auto de Kai.
- ¡Adiós, papá, gracias por traerme! – se despidió mientras bajaba del auto y, subiendo las gradas del pórtico, se adelantaba a llamar a la puerta principal.
Inesperadamente, Alana fue quien abrió y recibió al chico con un abrazo, después alzó su vista topándose con Kai que también salía del auto y caminaba hacia el pórtico. Pensó que sería mejor ignorarlo y agachó su mirada hacia Gou.
- Debes estar exhausto, ve a cambiarte. – le dijo acariciando su rostro y agachándose a su altura.
Gou volteó para ver a su padre, quien se había quedado recargado en el poste al pie del pórtico con su típica pose de brazos cruzados; y luego, miró a su madre algo extrañado.
- ¿Pasa algo malo? – preguntó el chico bajando un poco la voz.
Su madre lo miró a los ojos y acarició su cabello.
- No te preocupes… entra, hijo.
Gou parecía percibir algo de tensión en el ambiente, sobre todo al considerar el semblante serio de su madre, miró a su padre una vez más (que seguía recargado tranquilamente) y entró a la casa dudoso. Alana se enderezó y dio media vuelta sin decir nada, lista para cerrar la puerta detrás de ella cuando escuchó la voz de Kai deteniéndola.
- No piensas que tomé la molestia de bajar de mi auto sólo para ver a Gou entrar ¿o sí?
La chica se detuvo por un momento y se mantuvo callada. Luego volteó para mirarlo, frunció un poco su ceño y el ruido de sus tacones era lo único que se escuchaba mientras bajaba despacio los cinco escalones del pórtico hasta quedar de frente a Kai y, cruzando los brazos, lo miró seriamente a los ojos.
- Estoy muy disgustada contigo.
Kai sonrió un poco mientras cerraba sus ojos.
- ¿Alguna vez no lo has estado?
- ¿Qué dices? Ugh… - frustrada, descruzó sus brazos. - No tiene caso hablar contigo. – y volteó dándole la espalda para devolverse a casa, pero a penas su pie pisó el primer escalón sintió la mano de Kai halando de su brazo. Sorprendida, lo miró.
- Ya te dije que no bajé del auto por nada.
Kai se acercó a ella, quien se soltó de él mientras lo seguía mirando seriamente, esperando alguna otra palabra suya.
- ¿Por qué no cancelaste la fiesta en el momento que llegaste? Fue una aburrida y larga espera para mí.
- ¿Cómo puedes decir eso? ¡Tú fuiste quien llevaste a Gou, y ni siquiera me preguntaste si estaba de acuerdo!
- Sabía que no ibas a estar de acuerdo, a mí me daba igual siempre y cuando Gou se sintiera cómodo con la invitación, y él la aceptó. Pero si tú te oponías debiste tener las agallas de enfrentar a tu madre y no dejarte manipular por ella.
Alana no esperó escuchar eso. Sintió que su corazón latía más rápido en una mezcla de coraje y tristeza.
- Eso no te debe de importar.
-Claro que me importa. – le dijo cortante y enfatizando sus palabras. – Eres la madre de mi hijo, y no quiero que él se convierta en alguien manipulable como tú. Creías que lo que tu madre hacía no era lo correcto, y aun así cediste.
Sus sorprendidos ojos azules miraron a Kai fijamente como si hubiera sufrido un breve shock.
-¿Y… te quedaste sólo para decirme esto? – su voz empezaba a entrecortarse, pero resistió para no dejar salir ni una lágrima. - ¿Acaso… acaso no tienes algo mejor que hacer?
-Hn… Escucha. – su tono de voz bajo acompañó la seriedad de su penetrante mirada que se acercaba con cada paso que daba hasta quedar a pocos centímetros de Alana. – Me enfadó tanto que no pudieras mantenerte firme hasta el punto que tuve que tomar de mi valioso tiempo para venir a decírtelo.
Alana, pasmada por la contundencia de Kai, dio un par de pasos hacia atrás sin dejar de mirarlo y, esta vez fue él quien dio media vuelta y comenzó a caminar hacia su auto. Lo observó irse, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar.
Un par de días después, Gou se encontraba con otros niños y Bryan en la sala de entrenamiento de la BBA, mientras que Kai y Tala observaban desde la baranda en las graderías superiores.
- Oye, Kai, ¿Cómo piensas volver a recuperar tus trofeos? ¿No crees que has dejado pasar mucho tiempo ya? – inquirió Tala seriamente mientras la mirada de ambos estaba enfocada en la práctica de los chicos.
- Mi abuelo aprende de sus errores... – Kai cerró sus ojos por un instante, y al abrirlos, continuó. - Esta vez al parecer ha borrado bien los rastros de evidencia. Pareciera ser que lo más seguro que tengo ahora es Yori, pero no quiero hacer lo que me pide.
Ambos estaban tan concentrados en su conversación y en la práctica de beyblade, que no se percataron de la suave presencia de Alana que recién llegaba por detrás en tanto Kai hablaba.
- Es como una beybatalla… Si te adelantas al momento preciso para dar el golpe decisivo puedes echar tu juego por la borda.
Hablaba tan seriamente que Alana no se atrevió a interrumpir para hacerles saber que estaba ahí.
Tala sonrió.
- Ya veo… Así que prefieres esperar. Admiro tu paciencia.
-Hn… No hay por qué desesperarse.
En seguida, Alana decidió aclarar su garganta, y ambos miraron hacia atrás.
- Alana… - Tala la miró extrañado. - No esperaba verte por acá.
- Lo sé, vine porque Gou me pidió como deseo de cumpleaños que lo acompañara a sus prácticas. – Luego se dirigió a Kai seriamente. – Si quieres puedo llevar a Gou a casa hoy. Pero no te preocupes, no vendré siempre, sé que tu disfrutas más estar aquí que yo.
- Para mí es lo mismo que vengas o no…
Alana lo miró sorprendida en tanto Kai le dio la espalda para continuar observando la práctica de Gou.
- Alana, ¿Quieres que te acompañe hasta dónde Gou? – intervino Tala sarcásticamente. - Disculpa la falta de amabilidad de Kai, su carisma no es tan profundo como sus razonamientos.
- Gracias, pero estoy bien. – le dijo con su voz algo apagada, sin tratar de evidenciar su conmoción, aunque sus ojos melancólicos no le ayudaran mucho. – Nunca he esperado amabilidad de parte de Kai Hiwatari.
Y dicho esto, la chica dio media vuelta y Tala la continuó observando mientras descendía de la gradería.
- Kai, ¿cómo es que pudiste aceptar un compromiso tan importante con una chica que ni siquiera te interesa?
Tala no esperaba una respuesta en realidad, pensaba que a lo mucho diría algo como: "Eso a ti no te importa." Pero para su sorpresa, Kai se dirigió a él serenamente:
- Una firma en un papel no significa nada para mí. – luego miró a Tala fijamente. – Y… aunque no lo creas, lo hice por su propio bien.
Kai comenzó a caminar alejándose de Tala, quien lo miraba muy pensativo.
- ¿A dónde vas?
- Hace tiempo que no entreno a solas. Extraño las montañas.
Pasó el tiempo y el campeonato de beyblade ruso había dado inicio. Como lo prometió a Gou en su deseo de cumpleaños, el señor Damian lo acompañó junto a Kai para observar las beybatallas, de las cuales no se perdieron ni una durante los tres días del torneo. Como había sido pronosticado desde su primera beybatalla, uno de los chicos más prometedores (para frustración de Gou) era Pey Punnin quién logró llegar hasta las finales.
-¡Es casi una tortura ver como el chico más matón de la escuela está a punto de ser el campeón de Rusia! – comentó Gou mientras él, Kai y el abuelo observaban desde la gradería de pie la reñida beybatalla que apenas comenzaba. – Me pregunto si pensará usar algún tipo de trampa.
- Hmph… Sé que te molesta ver que es muy bueno en el beyblade a pesar de que no te agrada para nada. – Kai mantenía sus brazos cruzados con su semblante tranquilo y sus ojos en la beybatalla.
Gou pensó que su padre había leído su mente y alzó su mirada hacia él sorprendido.
- Pero debes ser objetivo y enfocarte en su técnica y lo que hace que sea tan hábil.
-¿Objetivo? – preguntó confundido.
- Quiero decir que debes dejar de lado tus diferencias con él, olvidarte de lo mucho que te fastidia y aprender de sus victorias. Eso hace un buen beyluchador.
Gou lo miró pensativo por un par de segundos más. Pensó que su padre de seguro entendía la beybatalla a la perfección y que a lo mejor ya sabía cuál sería el resultado, pero no se atrevió a preguntarle. Sintió mucha admiración por él, y luego dirigió su mirada hacia el plato donde los beyblades de los dos chicos compitiendo arremetían sin parar.
Los espectadores de la gradería gritaban apoyando a su beyluchador favorito, la emoción en aquel beyestadio se podía palpar. La batalla estaba muy reñida entre Pey y su contrincante. Gou no quitaba sus ojos del plato observando cada jugada y tratando de descifrarla como había escuchado a su padre aconsejarlo, estaba tan ansioso siguiendo con su mirada los movimientos cuando de repente escuchó la voz de su abuelo por detrás desconcentrándolo.
- Gou… hijito…- llamó jadeante mientras halaba de la parte trasera de la camisa del chico. - llamen a una ambu… - no pudo decir más, y el peso de su cuerpo lo hizo caer sobre el asiento.
- ¡¿Abuelo?! – exclamó Gou al verlo desvanecer y rápidamente intentó enderezarlo. - ¡Papá, el abuelo no está bien!
Kai volteó extrañado ante la llamada desesperada de su hijo y al ver la condición del señor Damian no dudó en tomar el pulso de su cuello.
-Tenemos que sacarlo de aquí. – afirmó rotundamente.
Unos cuantos espectadores de alrededor notaron el incidente a pesar de la euforia que había en el beyestadio, y marcaron sus teléfonos por ayuda adelantándose a Gou y a Kai, quien había levantado al desvanecido Damian en sus brazos para sacarlo de la gradería.
-¡La ayuda viene en camino! – exclamó una de las damas que llamó a los paramédicos.
- ¡Gou, llama a tu madre! – le ordenó Kai.
