Sasha POV
-¡Uy, apúrate, Chester! –le gritaba Sophie al teléfono. Chester no contestaba y quién sabe dónde estaba, pero todo el mundo ya estaba a punto de subirse al autobús, sólo faltaban Chester, Melly, Maca y Mike. En el teléfono de Chester ya debería haber cincuenta llamadas perdidas un par de buzones de voz. Y de los cuatro no teníamos la menor idea de dónde estaban. Pero más tarde, apareció Melly junto a Maca y Mike, con un pequeño bolso donde Melly llevaba todas sus cosas, que al parecer Maca le había regalado.
-Ya llegamos –dijo Melly sin interesarse de lo atrasada que había llegado–. Nos faltaban un par de cosas pero ya llegamos. ¿Quién más falta?
-¡¿Qué te importa?! –Espetó Sophie. Conociéndola bien, ella creía que Chester y Melly se habían juntado y eso pudo haber pasado, digo, no volvieron juntos pero nadie sabía si se encontraron. Yo le dije todo el tiempo a Sophie que no invitara a Melly, que sólo iba a ser un dolor de cabeza, pero ella insistía en llevarla. Tanta fue la curiosidad que cuando estuvimos un poco apartadas del resto le pregunté a Sophie.
-No te creo eso de que la quieres transformar en una de las nuestras –le dije algo muy obvio–, ¿para qué la quieres llevar entonces?
-Eres linda e inteligente como yo, por eso eres mi amiga –por enésima vez lo decía en el día–. Cuando tenga mi oportunidad, humillaré a esa chica nueva. Ya se me ocurrirán los detalles. Sé lo que estás pensando, que ella no se va a separar de Chester y que no me va a dejar tranquila, pero sé que le sigue gustando. ¡Y para mala suerte va a tener que vernos juntitos! –Gritó emocionada como una niña.
¡Ahora sí todo tenía sentido! Me avergüenzo de haber pensado por un momento que Sophie había perdido la cabeza… Ahora entendía por qué había invitado a Melly y esto sería más divertido de lo que pensaba.
Finalmente llegó Chester, tan normal como siempre, aunque después se mostró más callado y sin poder quitarle los ojos de encima a Melly. Es sólo una idea mía, pero creo que cuando Chester hizo su escena con Patrick en El Helado Derretido, estaba bebido y no recordaba nada de lo que había hecho o no quería hacerlo, y aún no podía olvidarse de Melly, pero eso ya lo averiguaría más tarde, si es que me interesaba seguir espiando. Era aburrido no tener un tiempo para mí
¡Por fin! Estábamos esperando a subir el autobús, hasta que se abrió la puerta para que pudiéramos subir, pero había alguien cubriéndonos el paso.
Adentro del bus, evitando la pasada y evadiendo la luz del sol, había un hombre vestido de un ridículo terno celeste antiguo, con cabello negro y un pequeño y horrendo bigote. Ese sujeto tenía un aspecto enfermizo, y en una vida pasada posiblemente había sido una rata de alcantarillado, porque parecía verdaderamente un ratón con sus rasgos de roedor. Para colmo, éste era el tío de Sophie, los dos no se parecían en nada, y eso podía notarse en el físico. Mientras que el tío Rufino era desagradable, horrible y nunca se duchaba, Sophie tenía siempre su corto cabello castaño lavado y tenía ojos celestes, además de que era muy bonita, a diferencia del azabache color de ojos del insoportable Rufino, ojos siempre vigilantes y acusadores.
-¡Hola, niños! –No tengo que decir que no sabía tratar a la gente menor que él, que era muy estricto pero a la vez no tenía autoridad– Mi hermano, el padre de Sophie, está muy ocupado en un viaje de negocios, así que me dejó a cargo como el adulto en este campamento ya que él no podía ocuparse. ¡La vamos a pasar muy bien!
¡No, no, no!
Kyra POV
Todo pasaba con normalidad. No pasábamos hambre, sed, frío, no teníamos ninguna necesidad extrema, lo que era irónico al vivir en cajas, pero además de eso nada más nos faltaba.
Chester y Sophie no vinieron a molestarnos tanto como esperábamos, no vinieron casi nunca, y si no me equivoco, por lo que me han dicho, esos dos se fueron de nuevo de viaje a celebrar el cumpleaños de Sophie. Por suerte, por un tiempo podíamos dejar de preocuparnos por ellos dos.
-¡Policías! –Avisó Lea, quien estaba en su turno para vigilar.
Cada vez que venían policías era mejor esconderse, si te encontraban te llevaban a un internado que no tenía ninguna diferencia con la cárcel, excepto por la edad de los reos. En casos como éstos, el vigilante de nuestros grupos tenía que avisar en cuanto los veía, para que todos nosotros podamos escondernos a tiempo en nuestras respectivas cajas. En nuestro grupo nadie había sido alcanzado nunca por la policía, lo que significaba que éramos invisibles para el mundo.
En cuanto Lea nos advirtió del peligro fuimos a escondernos. Por ser la líder, tenía que esconderme más cerca de la entrada del callejón para escuchar todo, estar al tanto. Los policías eran tres, todos gordos, grandes, y no parecían muy inteligentes.
-Me está aburriendo tener que trabajar en esto. Buscar un collar, buscar a la princesa… Como si fuera fácil–dijo el más gordo.
-¡Qué flojo eres, Tom! –Comentó el segundo– Tenemos que seguir rastreando local por local, casa por casa, o no nos dejarán volver. Sé que no la vamos a encontrar, sólo estamos perdiendo el tiempo pero tenemos que revisar bien para que se dejen de molestar.
-Tengo hambre –dijo quejumbrosamente Tom– Bort, ¡dame ese sándwich!
-¡Es mío! –rugió Bort, el que estaba preocupado comiendo su sándwich. ¡Will! ¡Haz que se calme!
Los policías no estaban precisamente concentrados que digamos en su tarea. Simplemente se peleaban por la colación y eso no era muy interesante de oír, pero aun así no podíamos salir de nuestros escondites porque si nos encontraban estábamos perdidos.
-Esto me aburre. ¿No podríamos aunque sea por esta vez salir? Creo que no nos verán–murmuró Lea, que estaba escondida al lado mío. Tuve que negarle eso, ya que los tres estaban acercándose mucho.
-¡Me aburrí de revisar aquí! Revisemos un par de barrios más y vámonos –sentenció Tom y después los tres se fueron.
Todo volvió a la normalidad. Nosotros pudimos salir de nuestros refugios paulatina y calladamente, siempre alertas por si venía alguien más. Un momento. ¡Iban a revisar los barrios aledaños! Seguirían cerca de aquí, revisando y arrasando todo a su paso. Irían al refugio, y el pobre Francisco tendría que soportar que esos acosadores registraran todo el refugio para encontrar a algo y a alguien que no tenían. De todos modos, conociendo el abuso de poder de los policías, le quitarían todo lo que tenía. Comida, agua, quién sabe qué más. ¡Tengo que ir a verlo de inmediato, decirle que cierre el refugio para que nadie sepa que ahí adentro hay algo, qué se yo, pero tengo que advertirle y llegar antes que ellos!
Sophie POV
-¡¿Rufino?! –Grité. ¡No, no, el tío Rufino era muy aburrido y estricto!– ¡No! ¡Papá tiene que venir!
-Lo lamento jovencita pero tu padre está ocupado para mantenerte a ti y a mí –qué patético–, y no me llames así como si fuera un extraño, ¡soy tu tío!
¡Esto no podía estar pasando! Mi plan para aplastar a Melly falló completamente, porque yo pensaba hacerlo bajo la supervisión de papá que nunca me castigaría, ¡pero con Rufino no sólo había riesgo que me castigara, sino que estaría pendiente de qué hago todo el campamento! Pero, ahora que lo recuerdo, nadie le hace caso…
-¡Uy! Ya muchas cosas malas me han pasado. ¿No podemos subir al bus de una maldita vez? -¡Al fin Rufino nos dejó pasar! Fui la primera en subir, busqué un asiento ni tan adelante ni tan atrás para sentarme en el lado del pasillo y guardarle el puesto de la ventana a Chester. ¡Ja! La pobre Melly tendría que ver cómo los dos íbamos juntos como los novios más lindos que había. Lo curioso es que no sé por qué, mucha gente no sabía si yo y Chester seguíamos juntos, ¡si nos amábamos! Al fin entre tanta gente entrando al autobús llegó Chester, tan guapo como siempre, vestido todo de azul, negro y blanco, tan elegante, y lo llamé para que se sentara al lado mío.
Sólo hace un par de años yo era la novia de Chester, pero en realidad me gustaba hace muchos años atrás, pero él era muy pequeño para apenas comprender qué era el amor. ¡Pero me seguía gustando tanto como cuando éramos pequeños, y me sentía como una niña a la que le habían comprado el oso de peluche más grande y caro de la tienda más lujosa!
Empecé a conversar con Chester de cualquier tema pero él parecía distraído, pero por suerte no se fijó en Melly cuando pasó al lado nuestro para seguir avanzando a los asientos de atrás junto a Maca.
-Estás distraído. ¿Pasa algo?
-Solo tengo sueño, Sophie, voy a descansar un rato para llegar bien al viaje –y dicho esto empezó a dormir enseguida, por suerte con la boca cerrada.
Mejor me puse a ver cómo Rufino guardaba las maletas y mochilas en el maletero, que más bien era una bodega gigante, y cómo se caía en todo momento. Además de no tener nada de fuerza, el tío Rufino era muy corto de vista, lo que hacía que cada movimiento era un peligro como decía él, que se consideraba un ciego total.
El viaje duraría cuatro horas, llegaríamos a la entrada de la noche para descansar y empezar a divertirse mañana. En el viaje sólo me dediqué a cerrar los ojos, escuchar música y tomar la mano de Chester, mientras me relajaba y el autobús iba saliendo de la ciudad para seguir andando cientos de kilómetros en la zona rural para llegar al hotel de lujo. Cuando ya llevábamos más de una hora viajando, casi todo el mundo se quedó dormido, o cabeceando, afectados por el inicio del atardecer. Al menos eso creía yo, pero no era la única despierta.
-¿Estás despierta? –Susurró Maca a Melly que era su compañera de asiento– Todos están dormidos…
-Estoy despierta. ¿Crees que Sophie y sus víboras estén despiertas? –Susurró de vuelta la chica, y yo sabía que al menos Sasha y Daisy estaban durmiendo, las podía ver, pero yo estaba muy despierta, atenta para escuchar toda la conversación.
-No, están dormidas. Oye, ¡qué bien salió el plan!
-¿Eso crees? –Dijo Melly, siempre susurrando, esta vez muy contenta– Antes de llegar a la casa de Sophie, cuando me junté con Chester, ¡estaba babeando más que ese chico, eh… Connor!
-¡Sí! Déjalo que finja que está feliz con Sophie, sólo sigue el plan –le dijo Maca y las dos volvieron a dormir.
¡Lo sabía! Esas dos, y quién sabe quién más tenían un plan para quitarme a mí Chester, pero ya verán que nadie puede contra Sophie Astori. ¡Envidiosas! Las haría pagar a las dos, especialmente a Melly. Ya va a ver… Pero no era el mejor momento para pensar o estresarse. Rufino, que prácticamente está ciego, era el que conducía el autobús por lo que era verdaderamente un peligro.
-Adiós, Patrick –escuché decir a Melly al aire. La chica estaba un par de filas atrás al otro lado del bus y Maca ya se había quedado dormida. Melly no se había dormido aún y por suerte yo no había dado señales de estar despierta, o si no hubiera sospechado que había escuchado todo.
Andamos mucho tiempo, a cada rato iba viendo la hora en mi celular y en una de las veces que revisé, cuando llevábamos casi tres horas de viaje, me di cuenta de que ya no había señal para los teléfonos. ¡No! Parecía que el hotel quedaba más lejos de lo que imaginé, y el autobús cambió el sendero pavimentado y llano de paisaje por un camino lateral, muy angosto, de piedras, lleno de árboles alrededor. En un paisaje como ése subimos una montaña, y después para bajarla por el otro lado el camino era muy sinuoso, y para colmo descendía al lado de un acantilado donde en el fondo había sólo piedras, muy filosas, y mucho más allá un poco de agua.
Pero de repente algo empezó a fallar. El autobús empezó a dar muchos saltos por extraño que era el camino, pero de un momento a otro se escuchó un ruido como de explosión.
-¡Los neumáticos! ¡Se desgastaron los neumáticos, se rompieron! –Gritó Rufino, y se desató el caos ya que todo el mundo despertó con el grito.
-¡Tranquilos!
-¡Que no caiga el pánico! ¡Ah! –Gritó Melly.
-¿Amor, estás despierta? –Me dijo Chester, porque yo tenía cerrados los ojos por el pánico. ¡Rufino había perdido el control del autobús!
-¡Hermanito, sin miedo! –Dijo uno de los gemelos Black.
-¡Vamos a morir!
Por suerte no caímos por el acantilado ni chocamos contra la pared de roca. Sin poder controlar el autobús, pero con la suerte de no estrellarnos, Rufino simplemente soltó el volante, se agachó en el piso y se puso a llorar.
-¡FRÉNALO! –Gritó Melly– Rufino, ¡frénalo!
-¡Se cortaron los frenos! ¡Vamos a morir! –Parece que al menos mi tío había pensado antes en usar los frenos para haberlos probado.
-¡ESCUCHEN, PONGAN EL FRENO DE MANO Y CAMBIEN LA VELOCIDAD A PRIMERA! –Bramó una voz irreconocible.
Pero de algún modo Rufino espabiló, y decidió hacer caso a ese consejo. Se levantó, se sentó en el asiento de conductor e intentó hacer algo, poner el freno de mano, bajar la velocidad lo más posible, ¡algo!
A duras penas el vehículo siguió cuesta abajo pero cada vez más lento por el camino, que ya no tenía curvas. Nos habíamos internado en un bosque muy lindo, donde el camino seguía siendo tan pedrusco como antes, pero al menos ya no había riesgo de caer del acantilado. Pocos segundos después el camino se volvió completamente recto, donde más adelante se podía ver una pequeña subida, que logró que el autobús se detuviera de una vez.
-¡Sobrevivimos! –Gritó Gaspar, corriendo a abrazar a Daisy, nunca perdiendo su aspecto varonil. Ella corrió a abrazarlo llorando también, en shock, y por muy horrenda que se viera Daisy con el maquillaje corrido por las lágrimas, la pareja que formaban ella y Gaspar era fenomenal. Y Gaspar, mucho más alto que ella, la abrazaba fuertemente sin dejar de oler el cabello pelirrojo de su novia. Pareciera que jamás la soltaría, pero finalmente se separaron para acordarse de que habíamos quedado en medio de la nada.
Fue deprimente ver que ellos fueron los que mejor reaccionaron, ya que ellos hicieron un verdadero ultimátum. Todo el resto se quedó callado, lo que era mucho peor que ponerse a chillar de terror. Si gritaban, se desahogarían de una vez, pero al estar en silencio la incertidumbre de cuándo no podrán resistir más era peor.
-¡Sophie! ¿Estás bien? –me preguntó Chester rompiendo el silencio, pero viendo a Melly mientras me hablaba. ¡Uy!
Mike corrió por el pasillo del autobús, abrió la puerta del baño que había adentro, y empezó a vomitar.
-¡Mike, qué asco! –gritamos todas las chicas al unísono, incluso Melly. ¡Copiona! Ninguno de nosotros se dio cuenta a tiempo que Rufino estaba muy callado. Es más, Chester fue a verlo para comprobar si estaba bien, pero mi tío se veía peor que Mike. Estaba pálido, con los ojos desorbitados y sin poder reaccionar. Por un momento creí que él iría a desmallarse o incluso morir, pero en vez de eso logró reaccionar cuando Chester estaba a punto de darle una palmadita para animarlo.
-¡Nadie me toque! –Gritó el tío Rufino. Abrió la puerta con mucha violencia y nos obligó a todos a bajar del autobús con la mirada. Todos entendimos pero al menos yo ni muerta pensaba bajar al bosque sin tener a dónde ir– ¡Qué están esperando, inútiles! No usted, señorita Sophie, sobrina querida…
-¡Uy! –Grité y todo el mundo bajó. Rufino había perdido el control y emanaba rabia por todos los rincones. En cuanto bajamos y la gente se angustiaba, preferí hacer caso omiso y comportarme como si hubiéramos llegado al hotel. Me reuní con Daisy y Sasha para quitar las cosas de nuestros bolsos, bloqueadores solares, y para pedirle a Chester que me pusiera el bloqueador. ¡Eso irritaría a Melly muchísimo, já!
Mientras Rufino echaba humos por las orejas caminando por todos lados, Sasha se encargaba de extender mi toalla de verano en la hierba donde estuviera al alcance del sol que aún quedaba para aprovecharlo, y Daisy rebuscaba en mi bolso el bloqueador solar.
Todas teníamos puestas nuestros trajes de baño bajo la ropa, así que decidí empezar a lucirme. El trikini de Sasha era verde limón y usaba unos largos aros plateados, como lo habíamos decidido. El bikini de Daisy era color amarillo chillón con estampados de flores rojas tropicales y aros pequeños, mientras que el mío era color rosa con franjas naranja, el más bonito de todos, junto a unos aros en forma de corazón de estilo gótico de oro envejecido, como habíamos acordado. Nosotras tres nos habíamos puesto de acuerdo en cómo iríamos para ir todas de forma diferente, siempre siendo yo la más bonita. Pero al ver que todas las chicas hacían lo mismo, noté que Melly seguía con sus shorts ajustados, pero con la parte de arriba de su traje de baño que era de color rosa…
-¡Uy, maldita! ¡Se suponía que el rosa era mí color! –Grité atravesando entre todo el mundo para llegar hasta Melly. ¡No! Además, así se veía incluso más escultural que yo, ¡uy!
-¡Vaya –comentó Melly con sarcasmo, mirándome de forma reprobatoria y mirando a sus amigas que la apoyaban–, no sabía que Sophie había comprado este color! Hay algunas cosas que el dinero no puede comprar, pero parece que la niñita mimada no puede comprenderlo.
-¿A ver, chica, qué te crees? Obvio que hay cosas que no se pueden comprar, como el estilo y la buena clase. Cosas que tú no tienes. Las únicas reinas indiscutidas aquí somos nosotras tres, ¡y no voy a dejar que una cualquiera use el mismo color que yo! –¡Maldita!
Tomé a Melly del cabello pero aún sin tirar de él. Acto seguido ella hizo lo mismo con mi cabello, sin que ninguna de las dos empezara una guerra de jalones de cabello, pero ninguna estaba dispuesta a acabar la pelea. Pero vino Rufino a detenernos, por suerte sabiendo reaccionar y echándole más culpa a Melly que a mí. Ella me miró a mí con un desprecio e impotencia inmensos, pero tenía que aparentar que nada me importaba esa hostilidad. Y fingir me salía muy bien.
-Estamos perdidos en medio de la nada, sin comida, sin agua, sin autobús, sin señal para celulares, ¡y está anocheciendo! ¡Además trajimos acá a esta percusia, creo que mis nervios van a estallar…! ¡Tú no me toques, Gaspar, a menos que eso nos devuelva a casa o al hotel! ¡Vamos a morir! –Gritó Daisy en un ataque de pánico y nadie, ni siquiera yo, la tomaba por una loca, sólo estaba diciendo la horrible verdad. ¡Moriremos!
-¡La única que se va a morir aquí eres tú, Daisy, si sigues hablando estupideces! –Gritó alguien. Busqué con la mirada por todos lados para ver quién había dicho eso para defender a Daisy, pero no lo había dicho ninguno de nosotros. Todo el mundo empezó a buscar quién había dicho eso, pero ninguno de nosotros, ni siquiera Rufino, había hablado.
¡Hay alguien espiándonos!
