Fanfic de Robotech/Macross por Ameban (Isabel M.) Todos los derechos están reservados a la gente de "Harmony Gold-LTD", Estudios "Nue", Mikimoto, Noboru Ishiguro, etc...

Esto es solo desvaríos de una fan para pasar el rato. Yo no gano dinero con esto.

Notas de este capítulo:

Al final de la historia.


10-Camino de las Estrellas

"Se morirán aquellos que me amaron;

y el pueblo se hará nuevo cada año;

y en el rincón de aquel mi huerto florido y encalado,

mi espíritu errará, nostálgico."

-Juan Ramón Jiménez

La Noche Vieja fue celebrada a lo largo de todo el planeta con las expectativas de un nuevo año o ciclo que se cierra para dar lugar a otro que comienza; ese rito de cambio se hizo de acuerdo con las celebraciones típicas de cada nación (uvas, pasas, platos de lentejas…) pero lo que más predominaba eran los fuegos artificiales, un invento de origen chino que se remontaba más de mil años atrás en el tiempo, pero que no dejaba de ser espectacular… No obstante, para los Zentraedi que vivían entre los humanos, el hecho de celebrar algo con explosiones solo por los relampagueantes colorines que generaban al estallar los cohetes, no dejaba de ser chocante¿no habían visto los Micronianos bastantes explosiones similares en cada batalla¿Por qué se alegraban tanto con esas en particular? Para sorpresa de los humanos artificiales que eran los Zentraedi, los Micronianos consideraban hermosas esas explosiones, mientras que ellos nunca se habían detenido verlas bajo ese punto de vista: el fuego y las explosiones eran algo normal en su vida, como una excitante rutina, pero no necesariamente hermosa.

En cualquier caso para los humanos, o Micronianos como los Zentraedi los llamaban, el fin de año era eso mismo: el cierre de un ciclo para comenzar otro. Y muchas cosas podían implicar un cambio en tan pocas horas.

Ajenos a esas celebraciones, los Bottoru se afanaban en dar los últimos ajustes necesarios al motor reflex del Rineunadou Lojmeuean para que, nada más enganchar la bobina de protocultura al crucero, este pudiera despegar rumbo a casa. En general, ese hecho tanto tiempo esperado había hecho que muchos Bottoru no pudieran más que reír y celebrar anticipadamente su vuelta a casa, mientas que otros, agotados por el intenso trabajo, se sumergían en el descanso reglamentario. Sus líderes no habían ordenado todavía nada concreto, solo seguir con el procedimiento reglamentario de un despegue de emergencia, así que realmente no hicieron más que ello… Sin embargo, los Bottoru que más tiempo llevaban bajo el mando de Khyron Kravshera, sabían que a su líder muy bien se le podía ocurrir un orden de última hora, a lo que había que añadir que posiblemente fuera rebatida o apoyada por Azonia Laplamiz.

Pero el sentimiento general que embargaba a todos era el de poder volver a casa y fin de los problemas.

Nada de eso impedía que en ese momento unos 10.000 soldados Zentraedi, tanto Zentrandi como Meltrandi, aunque con un predominio de los primeros, se encontrara en el Lojmeuean dispuestos a partir en cuanto fuera dada la orden.

La realidad es que, pese a las celebraciones a lo largo de todo el planeta incluyéndose las de los Bottoru por su inminente partida, y pese a los agradables hechos del día anterior, Khyron no había pasado una buena noche. Había dormido poco y mal, con sueños llenos de un horrible sentimiento de rabia e impotencia donde era juzgado junto con Azonia ante un tribunal militar de tres hombres sin rostro, que luego se tornaron en ser Breetai, Exedore y Dolza; Wuer Mataai, Reno, y otros generales importantes también estaban allí y le señalaban con gestos acusadores aunque no podía entender nada de lo que decían, como si estuviera sordo a sus voces; por último, haciendo guardia junto a Laplamiz y él, se encontraban tres VT's Micronianos, el del consorte de Mirilla color azul prusiano, el propio de color rojo de Mirilla, y el de la insignia de la calavera que por algún tipo de cósmica casualidad siempre parecía cruzarse en su camino. Más tarde esos tres mismos VT's se encontraban juzgando a Azonia, en particular el rojo, que no cesaba de acusarla a ella.

El sueño no llegaba al final, donde se dictaba su sentencia final de lo que le ocurriría; pero podía sentir la enorme angustia de sentirse atado de pies y manos, sin poder defenderse con la voz o con algún arma. Pero al mismo tiempo podía ver algo que parecía mofarse de su situación continuamente y que parecía ser el estrado de los tres jueces y acusadores: la Fortaleza de Zor, el SDF-1.

El SDF-1

Podría ser que Khyron durmiera mal esa última noche de celebraciones en la Tierra, pero ahora tenía claro qué hacer. Tal y como había imaginado, la solución a sus problemas estaba delante de sus narices, y no era otra que la propia fortaleza de Zor en si misma. Era eso lo que habían buscado los Maestros desde el principio y por culpa de la que todo aquello había ocurrido¿no?

Si destruía el SDF-1 había una posibilidad de escapar. Desde luego volverían con los Maestros, como era menester hacer en las lunas de Fantoma ya que no tenían otro lugar al que realmente llamar "hogar", pero no sin antes haberles dejado sin la causa de su perdición. Y además… los Micronianos también lo merecían.

Con esa nueva revelación en mente, en la que cuanto más pensaba, más acertada le parecía, se incorporó de su lecho y se dirigió al aseo en busca de más parásitos tropicales de los que deshacerse, como hacía cada día desde que él y sus tropas vinieron a parar a esa región del mundo donde estaba ahora. Tenía el pelo revuelto y marcadas ojeras bajo los ojos, aunque afortunadamente las mejillas no parecían volver a estar cubiertas de esa incómoda pelusa que ahora a todos ellos les crecía en la cara.

-No sé cómo he podido aguantar vivir de esta forma en este mundo…- murmuró, - Pero ahora, esto ya se acabó.-sonrió para sí. –Triunfaremos.-

Mientras se ponía su uniforme reglamentario sobre la camisa de tirantes, su mente divagaba elaborando el plan de la solución que tan incómodamente había encontrado. Ahora, el uniforme color granate de cuello alto tapaba unas marcas más amoratadas que el tono lavanda de su piel y que habían quedado en su cuello producto de la única alegría que había tenido el día anterior –y de hecho durante todo este tiempo- para volver a parecer el comandante de división que siempre había sido, en lugar de un Zentran atenazado con preocupaciones.

Ella seguro que entendería la decisión que había tomado; las marcas así lo demostraban.

"Esa Azonia… es más de lo que parece en todo." Sonrió para sí mientras se pasaba un dedo suavemente por ellas. Khyron era más fuerte que el común de los Zentraedi, pero Azonia había conseguido marcarle así en el cuello, y de una forma que ningún Zentraedi realmente pensaba que podría hacerse.

Una vez estuvo listo, se dirigió a la sala principal. A su paso, la nave parecía ir recobrando la vida.


Ese mismo día, el motor reflex del Rineunadou Lojmeuean fue activado después de varios días de intenso trabajo. Fue como si el crucero Meltrandi resucitara después de su forzoso aterrizaje en la selva Amazónica. Uno a uno, todos los sistemas de la nave (mantenimiento, propulsión, potencia de fuego, etc...) se fueron encendiendo, y cosas tan simples como que todas las cubiertas de la nave dispusieran de iluminación interna, comenzaron a operar. El ambiente en el interior de la nave solo se podía calificar de alegría general.

Khyron entró en el puente de mando principal del Lojmeuean; su paso era decidido y eso acompañaba el hecho de que todos le volvieron ver vestido con lo que quedaba de su uniforme color granate ribeteado en oro y su capa de campaña echada sobre los hombros, algo raro considerando que durante las últimas semanas se había estado paseando en camiseta por toda la nave mientras llevaban a cabo las reparaciones. Cuando entró en el puente, Azonia y Grell ya estaban esperándole en sus respectivos puestos; Azonia a su derecha y Grell a su izquierda. Cuando le vieron entrar, Azonia captó la expresión grave que adornaba su rostro lavanda, y también un brillo entre peligroso y decidido en sus ojos que en ese momento no pudo identificar con exactitud. Grell seguramente no se había dado cuenta, pero ella sabía lo que eso implicaba.

-Khyron, todos los sistemas ya están en marcha.- anunció ella con voz imperiosa en cuanto le vio, -Ya podemos despegar.-

-Y volver a casa.- añadió Grell.

-¡Bien, hagámoslo! Despegaremos y volveremos al espacio junto a nuestro pueblo y los Maestros.- contestó Khyron situándose frente al control principal del puente de mando, -Pero antes de irnos de aquí... ¡Destruyamos el SDF-1!- anunció alzando un puño y sacudiendo su maltrecha capa en un ampuloso gesto.

-¿¡Cómo!?- exclamó Grell estupefacto, que se habría esperado cualquier cosa menos eso, -¿Estás loco?-

-¡Ah…!- exclamó Azonia con sorpresa.

Ni el mismo primer oficial se contuvo de decir algo así. Azonia también se había quedado asombrada por la súbita orden de Khyron pero luego se dio cuenta de lo que pretendía hacer su ahora consorte realmente; el peligroso brillo que había visto en sus ojos tenía una causa. No era la mejor de las soluciones, pero sí la más socorrida en ese momento. Los Maestros iban a ejecutarlos de todas formas por considerarlos elementos peligrosos para manejar sus herramientas¿no? Pero si se quedaban sin su ambicionada fortaleza de Zor, entonces sí había posibilidades de sobrevivir, o al menos de que ellos mismos tampoco ganasen nada.

La estrategia de quién está desesperado y opta con destruir lo que había que proteger para que nadie pueda alcanzar la victoria. La misma que muchos año más tarde, el piloto del VT de la calavera optaría por hacer lo mismo ante un adversario que los Zentraedi conocían muy bien.

-Entiendo…- murmuró la líder de los Quadronno al comprender todo aquello.

Grell lanzó una mirada de reojo a Laplamiz cuando la oyó decir aquello, y supo que tal vez era por algo que ellos dos ya habían tratado (a sus espaldas) en algún momento; Azonia estaba siendo extrañamente comprensiva con esa nueva locura de su líder, así que haciendo caso de lo que Gerao le había dicho durante su conversación el día anterior, se limitó a obedecer y bajó la palanca de arranque principal.

Los Bottoru estaban acostumbrados a las imprevisibles órdenes de su líder, y salvo los Zentraedi que venían de fuera y las confundidas Meltrandi, en general, todos aceptaron sin rechistar la nueva orden de Khyron. De esa forma, el herrumbroso Rineunadou Lojmeuean comenzó a hacer temblar la tierra a su alrededor mientras luchaba por deshacerse del abrazo de las higueras estranguladotas, las lianas y los pámpanos que se habían adherido al casco del gran crucero, animados a crecer asombrosamente por las radiaciones de la protocultura que emanaban del Lojmeuean.

La nave, sin embargo, no mostró ninguna merced por las criaturas que habían hecho de ella su cobijo y su hogar, y tan pronto como empezó a moverse, todas ellas (tucanes, turaccos, serpientes, monos araña y otros) tuvieron que salir literalmente corriendo de donde estaban al notar que ese lugar ya no era tan seguro; los perezosos y otras especies con menos movilidad no tuvieron tanta suerte, incluida la boa que había hecho del ducto de la nave su nueva guardia, y acabaron muertas o gravemente heridas durante el proceso de despegue del inmenso crucero.

Con un estruendo de motores, sistemas antigravitatorios, madera quebrándose en astillas y gritos de todo tipo de animales, la nave se fue alzando al cielo en sentido paralelo al suelo. El Lojmeuean lucía de un vistoso color herrumbre en medio del verde de la selva amazónica destacando sobre el color esmeralda reinante a su alrededor como si de un dragón de cobre se tratara. Una vez hubo alcanzado una altura prudencia, comenzó a desplazarse paralelo al terreno en dirección norte sin tener intención de continuar ascendiendo hacia la estratosfera y luego hacia el espacio exterior.

Azonia sabía qué pretendía hacer Khyron con semejante maniobra. Sabía que el Rineunadou Lojmeuean era un crucero de ataque, con una potencia de fuego masivo aún más grande que los inmensos Nupetiet, y también que era un arma doble que fácilmente podía pulverizar a otro crucero Zentraedi. No discutió su decisión, sabía qué era lo que él pretendía y por qué; sabía mejor que nadie la razón que había empujado al que ahora era su consorte (un dato que solo él y ella conocían en ese momento) a tomar semejante decisión de última hora, e igualmente esperaba lograr su objetivo.
Grell, sin embargo, aún sin saber la causa parecía resignado a cumplir los deseos de su líder, y se limitó a dirigir el vuelo del Lojmeuean a lo largo de las montañas que constituían la espina dorsal del continente, conocidas como Sierra Madre en esa región.

"Una curiosa forma de llamar a una formación geológica", pensó Azonia al atravesarlas. Ahora conocía todo el significado de ser mujer, (al menos de la forma teorica) pero era un conocimiento que le había proporcionado tanta gratificación como dolor… Y era eso lo que ella ahora pretendía arreglar.

-Si seguimos con este rumbo y volando a ras de la superficie, no nos detectarán.- anunció Khyron, no con intención de argumentar lo que era evidente, sino movido por la esperanza de alcanzar su objetivo. –Pasaremos desapercibidos hasta que estemos justo encima de ellos.-

-Los Micronianos estarán demasiado distraídos después de las celebraciones de la noche anterior. -contestó Grell de forma diligente.

-Mejor esperemos a estar lo bastante cerca para lanzar el ataque.- sugirió Azonia, -Así no les daremos tiempo suficiente para reaccionar.-

Khyron sonrió ante la sugerencia de Azonia.

Mientras, el crucero de cobre seguía avanzando con sigilo hacia el norte del continente, sin ser detectado.


Pocas horas más tarde, Ciudad Macross, junto con su claro objetivo, la Fortaleza de Zor, se alzaban ya a unos 40kms al norte de la proa del Rineunadou Lojmeuean. El vuelo de aproximación había durado unas pocas horas y ahora la ciudad, con el sol ya alto en el cielo, yacía en un letargo producido por las fiestas de la noche anterior; la nieve de las calles contribuía a darle un ambiente de sueño invernal, indiferente a lo que ese grupo de Zentraedi tenía previsto. Era una suerte para ellos que se encontraran tan desprevenidos; ciertamente las numerosas festividades Micronianas se habían convertido en una ventaja táctica. Tal y como había previsto Grell.

-"Señor, el objetivo se encuentra en el arco de tiro del cañón principal del crucero."- se oyó decir una voz en la cabina principal, sin duda de un soldado Zentraedi que no había pertenecido a los Bottoru dada la forma en que se dirigía a su líder.

Pero eso en ese momento no le importó, había otros asuntos más importantes que atender que solo una cuestión de protocolo. Así que se inclinó hacia el comunicador principal y respondió:

-Muy bien. Lanzad primero un ataque a distancia para destruir sus defensas en el perímetro de la fortaleza de Zor… Luego, que salgan los escuadrones asignados de capsulas Gnerl para cubrir la defensa de VT's.-

-"A sus órdenes, señor."- contestó la voz anónima de forma diligente.

-Una buena táctica. –opinó Azonia, -Así no tendrán tiempo de responder al ataque.-

-Si, Azonia,- afirmó él sin apartar la vista de los diagramas de rumbo que afloraban a lo largo de toda la sala.- El SDF1 no puede moverse de donde está, pero debemos destruirlo a toda costa.-

Grell miró de reojo a su líder; seguía sin comprender aquel súbito interés que tanto Azonia como él parecían tener en querer destruir algo que apenas les había preocupado en todo ese tiempo salvo por el intento de recuperarlo usando la estrategia del rehen con la maldita "ave cantora", tal y como la llamaba su jefe a Minmey. Khyron nunca hacía nada porque sí, sino que debía haber una buena razón y eso cada vez le preocupaba más.

-Jefe… Khyron…- comenzó a decir en tono dubitativo.

-¿Sí, Grell? –contestó su líder en tono ausente mientras contemplaba la avanzada de su ataque en las pantallas de comunicación exteriores.

-¿Por qué destruirlo ahora antes de irnos?- preguntó por fin el Zentran de duros rasgos.

-Para poder ser libres.- contestó Khyron en tono grave.

Ante semejante respuesta, Grell no supo qué pensar.

Al frente, en las numerosas pantallas bidimensionales que mostraban el exterior del crucero, se podía ver cómo Ciudad Macross era bombardeada a discreción por los torpedos de cabezas explosivas lanzadas desde los cañones que cubrían la superficie del Lojmeuean, explotando sobre los edificios de la ciudad y sus alrededores con el acostumbrado caos de fuego y humo que tantas veces antes habían visto. Como era de esperar, los VT Micronianos no tardaron en lanzarse sobre el crucero en un intento de repeler el ataque, o al menos de destruir los cañones que estaban lanzando las bombas.

-Cuando yo ordene…-comenzó a decir Khyron, -Ejecutad el cañón principal.- ordenó, indiferente al hecho de que los VT hubiesen arribado al casco del Lojmeuean como respuesta al caos que había creado en la ahora más importante ciudad Microniana.


La estructura del Rineunadou Lojmeuean era similar a la de una ballena con una boca inmensamente grande. Cuando Khyron dio la orden de disparar el cañón principal, dos tercios de la sección delantera de la nave comenzaron a abrirse longitudinalmente de forma similar a cuando un rorcual filtra el agua del mar; pero en lugar de barbas lo que allí había eran inmensas descargas de energía procedente de la bobina de protocultura que se iban acumulando para efectuar el disparo. Finalmente, las barbas de energía se transformaron en un inmenso haz destructor que fue disparado sin miramiento contra la fortaleza de Macross y todo lo que hubiese a su alrededor.

El haz de energía no resultó ser tan devastador como los que en su momento pudo lanzar el Rineunadou Lojmeuean cuando estaba en mejor estado, pero aún así, barrió todo con lo que chocó a su paso, creando un inmenso surco en la tierra desquebrajada de alrededor de Ciudad Macross hasta impactar sobre el cuerpo principal de la fortaleza.

-"Blanco e impacto directo, señor."- anunció la misma voz que antes.-"Objetivo dañado pero no destruido."-

-¿¡Cómo!?- exclamó Azonia, sorprendida. - El disparo del cañón principal de un Rineunadou Lojmeuean puede acabar con un área de 10 km cuadrados… ¿Cómo es posible que esa nave destartalada lo haya resistido?-

Khyron apretó los puños. Había esperado que al menos semejante ráfaga de fuego graneado hubiese acabado por volar las secciones paralelas del SDF1, pero en cambio permanecían en su lugar pese a haber reculado de forma notable hacia atrás. Claro que tampoco era tan extraordinario si se tenía en cuenta la cantidad de fuego directo que esa maldita nave había soportado sin apenas dañarse.

-Esa Fortaleza espacial…- gruñó, - El maldito Zor supo darle un buen regalo a los Maestros… Hará falta algo más para destruirla.-

Grell pestañeó sin comprender. "¿Los Maestros?... ¿qué tienen que ver ellos con todo esto ahora¿Qué está pasando aquí¿Por qué tengo la sensación de que aquí están pasando muchas más cosas de lo que parece¿Qué tiene que ver todo esto con 'ser libres'?" se preguntó. Pero una vez más, se guardó su curiosidad y siguió obedeciendo las órdenes de su líder, hasta que le informó.

-Señor, tenemos escuadrones de VT's Micronianos en el casco y cada vez son más. Están disparando a los cañones perimetrales.-

-Repeledlos.- ordenó Khyron.- Y preparad un nuevo disparo del cañón principal.-apretó los puños,- Tenemos que destruir la Fortaleza de Zor como sea.-hinchó el pecho, -Los Zentraedi me han llamado siempre "el Traidor"¿verdad?... Ahora los Micronianos y todos los demás me llamarán "el Destructor".-sentenció.

Azonia sabía del ego de Khyron y de lo poco que parecía importarle el mote que tuviera puesto entre sus tropas, pero también sabía a qué se refería con lo de "Destructor"… Volverían con los maestros, pero primero "destruirían" su tesoro.

Grell, sin embargo, seguía sin comprender de qué trataba realmente todo aquello, pero apenas tuvo tiempo de poder pensar en ello cuando una nueva alarma captó su atención.

-¡Khyron!- gritó atrayendo la atención de todos, -El SDF1 no está totalmente indefenso. Se está elevando en el aire.-

-¿¡Cómo!?- gritaron al unísono ambos consortes.

Así era. Contra todo pronóstico, la Fortaleza de Zor comenzó a alzarse en el aire hasta situarse frente al Lojmeuean apenas unos 30kms a proa. Las dos púas que se alzaban hacia el cielo comenzaron a cargarse de energía para lanzar su ataque y repeler al Lojmeuean.

-¡No puede ser!- exclamó Khyron echándose sobre los paneles de control de la cabina de mando, -¿Aún tiene potencia de fuego y manioabrilidad¡No esperaba que pudiera repeler nuestro ataque!-

El líder Bottoru sabía que el SDF1 había acabado por si solo con la base central de Dolza, así que no había impedimento de que igualmente acabara con el Lojmeuean que ahora le atacaba. Aunque no lo pareciera, era una pelea desigual.

-¡Elevad la altitud de vuelo, situad el crucero fuera del alcance de tiro!- gritó Azonia, consciente de este mismo hecho.

La orden fue inmediatamente obedecida y el Lojmeuean comenzó a alzarse hacia la estratosfera en una penosa maniobra evasiva, pero a pesar del intento, no fue suficiente. El consabido disparo del cañón principal del SDF1 que tantas veces habían visto ejecutar fue una vez más lanzado con mortífera eficiencia contra el ya herrumbroso Lojmeuean; gracias a que había ganado altura, el disparo no le alcanzó de lleno, pero con un horrible estampido, arrasó en toda su longitud la quilla del crucero Meltran logrando que se desestabilizara y empezara a recular en su vuelo.

Prácticamente todas las secciones de la nave sintieron la sacudida que había recibido el Rineunadou Lojmeuean. Las comunicaciones y fuentes de alimentación principales fueron cortadas, al igual que la navegación y la capacidad de generar la potencia de fuego que en teoría esa nave podía crear. Su interior era un caos de gritos de dolor, fuego, humo, rugidos de maquinaria y explosiones internas.

Pero a pesar de todo, de parecer evidentemente sentenciada, el Rineunadou Lojmeuean seguía en el aire.


La estación médica también sufrió las consecuencias del disparo del SDF-1. Se sacudió como una maraca, haciendo que numerosas mesas y equipamiento médico cayeran desprendidas al suelo, muchos frascos de líquidos de diversos contenidos cayeron de sus ubicaciones derramando su contenido por el piso, o directamente rompiéndose en pedazos. Las luces de las salas médicas también sufrieron y acabaron apagadas o parpadeando por el corte de suministro de eléctrico convirtiendo todo el complejo en un caos de destrozos, gritos y ruidos sordos.

Cuando la sacudida acabó y el crucero Lojmeuean pareció estabilizarse y volver a volar sin variar su curso hacia Ciudad Macross, Akian corrió por la sala apenas iluminada por las mortecinas luces de emergencia buscando a su compañera Shianen, hasta que finalmente la halló tirada en un rincón con numerosos cortes en la ropa y en las manos por pedazos de cristales y otros objetos cortantes; su uniforme tampoco se encontraba en muchas mejores condiciones, y aparecía cubierto por varias sustancias que ensuciaban el color morado original. Aún así, las resistentes ropas de los uniformes Zentraedi no habían sido suficiente como para librarla de lo peor: estaba con las piernas atrapadas bajo una mampara, y el diminuto guacamayo rojo se esforzaba por mantenerse aferrado a ella sobre su hombro, como si de verdad creyera que allí se encontraría a salvo.

-¡Shianne!- exclamó Akian, azorada por la escena.- ¡Estás atrapada!-

-Ya... lo sé.- contestó ella en tono sarcástico,- Y no puedo salir.-

Akian soltó un gruñido y corrió a socorrer a su compañera y primera oficial, intentando mover la mampara donde ella se encontraba atrapada. Pero a pesar de su gran fuerza de quadronno, no conseguía ningún resultado.

-No... No puedo moverla.- exclamó haciendo fuerza con las piernas. -Es muy pesada.-

En ese momento, la nave volvió a experimentar una nueva sacudida, lanzando hacia un lado a la menuda quadronno de cabello rubio, y atrapando aún más bajo su volumen a la Meltran huída de Nueva Detroit. Cuando Akian se reincorporó y corrió de nuevo en ayuda de su compañera.

-Estoy... sentenciada.- anunció Shianne con voz fría.

-¡No digas eso!- contestó Akian, -¡No permitiré que mueras sin luchar!-

-¿Sin luchar? -musitó la madura Meltran en tono irónico.- Yo--- ya no puedo luchar. No como estoy.-

Akian se detuvo y la miró con los ojos desorbitados al darse cuenta que su compañera tenía razón.

-No debería ser así, debería ser luchando...- musitó.

-Luchando como quadronnos, aunque sea al lado de ese loco y de nuestra desviada líder.- añadió Shianne a pesar de su estado.- Aún no sé si arrepentirme o no de la elección que tomamos.-

-No ante mí.- contestó Akian en tono solemne.

Shianne sonrió débilmente y extendió la mano para capturar suavemente al guacamayo rojo que había sido la mascota de la oficial Kyatta Hesh hasta el día que murió a manos de Mirilla.

-Al menos sálvale a él...- pidió, -Esta criatura alegró a Kyatta mientras estuvo con nosotras en medio de esta locura, y no merece verse envuelta en esta batalla.-

El guacamayo se revolvió suavemente en el puño tembloroso y ensangrentado de Shianne, aunque seguía confiado por la presencia de sus dueñas. Akian lo tomó en su puño y lo miró. Era una criatura pequeña, tomo todas las de ese mundo, de vistosos colores y graciosa inteligencia. Kyatta había llegado a querer a aquella criaturita de la misma forma que los Micronianos muchas veces querían a sus mascotas. La menuda meltran de cabello rubio oscuro comprendió que sin bien ellas, como guerreras Zentraedi, debían morir en combate a bordo de una nave, ese ser no lo merecía.

Era una forma de vida distinta, primitiva e inocente, después de todo.

-Lo salvaré.- anunció.-Por nosotras.-

Y diciendo esto, se cuadró en postura militar e hizo el saludo protocolario golpeándose el pecho. Shianne sonrió y Akian giró sobre sus talones para salir a la carrera de la cada vez más deteriorada ala médica.

Esa sería la última vez que la vería con vida.

Akian corrió por los pasillos del Rineunadou Lojmeuean hacia alguno de los puentes externos donde abrir una escotilla por donde poner a salvo al pequeño pájaro. Por los altavoces internos pudo oír la voz de Khyron llena de aprensión y furia, ordenando que sus tropas no se rindieran y continuaran disparando hacia delante.

-Ese loco Zeltran...- murmuró para sí, -A lo que nos ha conducido esto...- su expresión se volvió amarga, -Pero ha sido mi propia elección... yo no quería...-

En ese momento, un Zeltran se cruzó de improviso frente a ella, cortándole el paso hacia las escotillas exteriores. Rápidamente reconoció sus feos rasgos como los de Gerao. Akian bufó al reconocerle.

-¿A dónde vas?- preguntó este con su habitual tono impertinente, -No puedes dirigirte a los puentes exteriores. Hay VT's Micronianos en el casco y debes permanecer en tu puesto.-

-Apártate.- bufó Akian, -Esto no es asunto tuyo. Y además, la enfermería está destruida; yo no puedo hacer nada allí.-

Gerao captó el tono de rechazo en la voz de Akian, sabía que él a ella no le gustaba, y posiblemente ni siquiera le cayese bien; pero eso no evitaba que no cumpliera su deber para con ella.

- Entiendo...- contestó con gravedad, -Pero en ese caso, debes ocupar tu lugar en los puestos de combate.-

-Moriré luchando contra esos aberrantes Micronianios...- contestó ella, -Pero antes tengo algo más que hacer.-

Entonces Gerao reparó en que Akian llevaba en su mano uno de esos vistosos pájaros parlanchines de colores que tanto habían visto en el Amazonas, uno que creía haber visto en el hombro de la superior de Akian y en el de la muerta primera oficial de Azonia, Kyatta.

-Adelante.- contestó en tono resignado y abriéndole el paso, -Haz lo que creas que tienes que hacer.-

Akian le dirigió una mirada de sorpresa, y pronto le sobrepasó para salir corriendo hacia las escotillas exteriores sin que el feo sargento Bottoru se lo impidiera.

Gerao se quedó mirando a la menuda Meltran sin cuestionarse las acciones de ella; para él era obvio que ya nada era igual que antes, así que no estaba en su derecho juzgar lo que ella pretendiese hacer ni por qué con esa criatura de brillante colorido, pero tampoco estaba dispuesto a que alguno de esos VT's que había en el exterior del casco la disparara. Con un gruñido, sabedor de que ella no lo entendería, la siguió.

Akian alcanzó el casco exterior del Lojmeuean y abrió la escotilla de uno de los ductos de emergencia. A través de los paneles exteriores pudo ver aun VT con la insignia de la calavera con las tibias cruzadas –el símbolo de la muerte entre los Micronianos- que disparaba indiscriminadamente a los cañones manuales que cubrían el casco del crucero.

-Ese idiota…- anunció Akian con odio en cuanto le vio, -Así que ahora se está resarciéndose de su fallo al proteger la cámara de conversión en Nueva Detroit.-

-Tal vez se esté resarciendo…-contestó una voz familiar tras ella, -Pero ese idiota sigue siendo peligroso.-

-¿Qué haces tú aquí?- exclamó la Meltran con voz hiriente al reconocer quién le había respondido, -Ya te dije que esto no es asunto tuyo.-

-No, no lo es.- contestó Gerao, -Saca a ese bicho de la nave o lo que tengas que hacer… Pero no impedirás que ninguno de los dos tenga que hacer su trabajo.-

La Meltran le miró con ojos helados, pero se rindió ante sus palabras.

-Está bien.- contestó, lacónica.

Y abrió la compuerta del ducto donde depositó al pequeño plumífero suavemente en su interior. Una corriente producida por la diferencia de presión entre el exterior de la nave y su interior, absorbió al pájaro, arrojándolo fuera de la nave en un torbellino de polvo, plumas rojas y disparos entre ambos contendientes.

Akain había acabado su parte.

-¿Ya has acabado? - arengó Gerao.

-Si, ahora sí.- contestó la Meltran, cuyo tono de voz era más suave, -Ya he cumplido mi misión… pero aún me queda otra.-

Y ante los ojos de Gerao, ella se dirigió al cañón móvil más cercano, subió en él de un salto, y la carlinga que lo pilotaba salió al exterior abriendo una escotilla del casco, donde ella empezó a dispara a los VT's del exterior con toda la saña que podía demostrar una Quadronno en combate.


En el punte principal la situación no era mucho mejor que en el resto de la nave. Tras el disparo del SDF-1, se había sacudido al igual que el resto de las secciones de la nave. Las luces principales y la mayoría de las pantallas de comunicaciones que mostraban el exterior de la nave y los diagramas de rumbo, se habían apagado; ahora el puente principal era un caos de luces de emergencia, llamas de paneles ardiendo y de gritos de dolor que se recibían desde prácticamente todas las secciones de la nave.

Una situación a la que los Zentraedi, a lo largo de su historia, habían vivido de todas las formas posibles pero que no dejaba de ser infernal.

Khyron se había abierto una brecha en la frente al golpearse contra una de las aristas que saltaron cuando la nave recibió el disparo; su gigantismo de Zentraedi y sus tupidos cabellos que le cubrían todo el cráneo no amortiguaron el golpe y ahora un reguero de sangre fluía desde la brecha abierta en algún punto de su frente y sobre su ojo izquierdo gravemente amoratado para gotear hasta la barbilla. Aún así, no era nada que un Zentraedi no estuviese acostumbrado a recibir.

Con un gruñido se reincorporó y gritó:

-¡Malditos debran micrans¡Así que realmente todavía tenían potencia de fuego!- una idea clara sobre lo que tenía que hacer ocupó su mente, -¡Grell, continuemos el ataque al frente!-

Pero en medio del caos de llamas crepitantes, gritos y la furia del combate, no oyó ninguna respuesta.

-¿Me oyes, Grell?- exclamó, pero nada, no había respuesta- ¿Grell…?-

Sorprendido por no oír el acostumbrado asentimiento de su primer oficial, Khyon se giró y miró hacia atrás con su ojo sano, buscando a su primer oficial quien debería estar ubicado en su asiento. Pero en su lugar, el sillón estaba vacío y Grell se encontraba tentido boca abajo al fondo de la sala principal con el cuello retorcido de forma grotesca y sin moverse.

-¿Grell…? –musitó sin creerse lo que veía.

Su primer oficiail estaba muerto, y ni siquiera había sabido la causa real de por qué estaban luchando en esa batalla..

Ahora todo estaba claro. A pesar de todo por lo que habían pasado durante todos estos años de atrás, especialmente por los tres últimos; a pesar de haber sobrevivido juntos a todas esas visicitudes, su primer oficial yacía ahora muerto ante sus ojos. Pese a que él mismo habia sobrevivido, Grell había muerto durante el ataque de los Micronianos.

…Al menos lo había hecho en combate, como un verdadero Zentraedi.

Fue como una revelación: Khyron había estado en suficientes batallas, había visto cómo docenas de naves Zentraedi habían sido aniquiladas luchando contra los Invid y otros muchos, eso sin mencionar la batalla que se librara contra Dolza casi tres años atrás. Pero él sus más allegados oficiales siempre habían salido airosos de aquellos trances, siempre habían sobrevivido… Hasta ahora.

Khyron siempre se las había apañado para que él y su división salieran victoriosos de todas las visicitudes a las que se había enfrentado, pero ahora la muerte de Grell era una premonición inevitable de lo que iba a pasar.

Khyron soltó un rabioso gruñido y tomó lugar en su asiento. A su izquierda aguardaba Azonia, quien se había mantenido al margen durante todo este tiempo; ella había perdido a sus oficiales más cercanas también de formas incluso más lamentables que aquella (acribilladas de un pasillo, abandonada, traicionada…) así que dejó que Khyron desahogara su ira a solas. Al menos sus oficiales, incluido Grell, habían muerto siéndole fieles y siguiendo sus órdenes.

-¡Malditos… malditos sean!- despotricó, -¡Hagámoslo nosotros, Azonia¡Continuemos hacia delante!-

Ella le miró con comprensión, pero temiendo saber lo que venía a continuación. Azonia también había estado en bastantes batallas como para saber muy bien qué podía ocurrir.

-¡De acuerdo… Pero no te mueras, Khyron!- suplicó.

-Tú tampoco, Azonia…- sonrió Khyron on suavidad, -Pero esto… Nuestra victoria final requiere un último sacrificio.- ella le miró con gravedad, -Si queremos luchar y triunfar en esta batalla tenemos que continuar hasta el final… No quiero que mueras, -reiteró, - Pero… ¿Estás dispuesta a cumplir este último sacrificio conmigo?-

La lider de los Queadronnos sabía también como su consorte que en el actual estado de inferioridad que estaba el crucero no tendrían posibilidad de salir victoriosos en indemnes, pero también vio que Khyron deseaba que se salvara; deseaba que ambos triunfaran en su lucha contra los malditos Micronianos e igualmente contra los también malditos Maestros de la Robotechnia… pero no deseaba perder y que ella perdiera. Aún así, ella había jurado que estaría con él para siempre.

Eran consortes¿o no? Lo habían jurado: "juntos hasta el final."

Azonia alzó su mano derecha hacia él ofreciéndosela en todos los sentidos, un mudo gesto de que estaría con él. Después de todo, incluso si se salvaba y lograba sobrevivir¿qué otra opción tenía? Azonia sabía que no podía volver con los suyos, no después de todo lo que había aprendido (o más bien, descubierto), los Maestros de la Robotechnia no aceptarían entre su ejército particular a alguien con tantos conocimientos "peligrosos" y el resto de los Zentraedi que no conocían esa gran verdad la discriminarían por cualquiera de las "extravagancias" en su disciplina que había adquirido después de lo que había vivido. Sencillamente ninguno de los dos tenía ya un hogar al que volver y donde ser aceptados.

Por eso mismo no podía volver junto con los Zentraedi que aún se encontraban en órbita junto a la Tierra, unirse a Zentraedi que había apresado la flota de Breetai en el Satélite Fábrica de Reno… Azonia rehusaba volver a encontrarse con aquel que tanto la había decepcionado durante la batalla contra Dolza, que la había abandonado a su suerte sin honrar el pacto que ambos habían jurado juntos. Para ella, Breetai tenía el mismo valor que el peor de los traidores y se negaba a refugiarse en su nave. El viejo general del rostro chapado de metal que tanto había respetado y admirado en el pasado era ya solo un recuerdo equívoco, mientras que ahora Khyron era quien realmente le inspiraba admiración y protección, y por quién por encima de todo, procesaba un desconocido sentimiento de felicidad.

Finalmente, tampoco podría vivir con los Micronianos. Ellos tendrían el conocimiento, pero no la dignidad ni la nobleza de los Zentraedi; discriminaban a sus mujeres, abusando de ellas como de meros objetos –cámaras de gestación- al uso; tenían vicios absurdos, juicios de valores totalmente contradictorios, lavaban la conciencia de los demás convencidos de que su forma de vida era siempre la mejor, vivían en un mundo material… Y aún así, intentaban convencer a todos los demás, incluso a ellos mismos, que eran lo mejor que podían hacer después de haber causado que su sociedad desapareciera.

Azonia Laplamiz se negaba a vivir cualquiera de esas mentiras.

Pero, por otro lado, si moría luchando como Zentraedi, vería su vida realizada. Y si vivía, podía cambiar la historia de su pueblo e impulsar a su gente a dar el mayor salto que podría haber realizado en su monótona historia de guerras y servidumbre hacia los Maestros. Y en lo personal, también tenía junto a quién realizar semejante proyecto.

La petición de Khyron Kravshera no había sido errada y ella estaba dispuesta a cumplirla, realizando ese último sacrificio que él había anunciado.

El Zeltran de cabellos azulinos, que ahora lucían de color rojo por el caos del puente, puso su mano lavanda sobre la suya, y la tomó con suavidad, un gesto que desde hacía unos pocos meses ambos habían repetido muchas veces. Se levantaron de sus puestos y se mantuvieron así en medio de la cabina del puente principal, sujetándose la mano mutuamente. Su mirada, tan expresiva como siempre, mostraba la misma emoción que ella había visto en sus ojos la tarde anterior, cuando ya de forma definitiva, la vida de ambos había dado un paso que de ninguna forma tenía vuelta atrás. A pesar de lo oscuro de su futuro, Khyron sabía que aún podía ganar, que podía hacerlo luchando hasta el final destruyendo al SDF-1, su enemigo –real y figurativo-, como correspondía a un Zentraedi que se preciara… pero al mismo tiempo, que lo haría de la mano de alguien que le había brindado la felicidad.

No había querido que su juramento de convertirse en consortes acabara de esta forma; era un sentimiento contradictorio cuando se desea morir al lado de un guerrero a quién se respeta y admira, pero que al mismo tiempo, del que no se desea su muerte, sino que viva y su felicidad. Era esa la razón por la que le había pedido que le acompañara hasta el final, quería que se salvara, pero también que luchara junto a él. Aún así, no podía controlar la emoción que brillaba en sus ojos negros; ella lo había querido así y ahora le seguía hasta el final. Era la prueba definitiva de que realmente eran "consortes".

-De acuerdo, hagámoslo.- sentenció, y luego sonrió con melancolía.

Al decir esto, su memoria se vio asaltada por todo lo que había hecho y aprendido en los últimos casi 4 años, desde que llegara a ese sistema en Marzo del 2010 (según el computo Microniano) hasta el día de hoy, Enero del 2014. En cuánto había madurado y aprendido al ver que no se necesitaba conocimientos de protocultura extraordinarios para hacer volar un crucero Zentraedi; en cómo se podía matar el aburrimiento viendo absurdas y chistosas películas de Ases militares Micronianos y "Westersm" de armas primitivas montando esas bestias de 4 patas domadas al efecto; de tácticas y conceptos nunca imaginados; incluso para su sorpresa, que su nombre existía dentro de la sociedad Microniana para asignar a una de las criaturas de leyenda bajo la cual creían que algunos de ellos venían al mundo, el signo de Sagitario… Pero por encima de todo, de una profunda relación personal a la que ahora no podía renunciar.

-…Después de todo, nosotros también hemos aprendido algo.-exclamó.

-Sí.- contestó Azonia, -Y no me arrepiento.-


Los VT Micronianos seguían acosando el maltrecho Rineunadou Lojmeuean como si de mosquitos se tratara, pero con picaduras certeras y mortales; igualmente, los spartan acoplados a lo largo de todo el perímetro del SDF-1 no cesaban de disparar y acribillar el deteriorado casco del destartalado crucero Meltrandi. Akian luchaba disparando contra ellos con toda la rabia que había albergado contra los Micronianos desde que renegó de ellos; la ira de una Meltran que sabía que iba a perder la piel, pero que lo haría sin dar tregua. No luchaba por Khyron, nunca entendió cuáles eran realmente las razones de ese loco Zeltran de cabellos azules, pero sí sabía que su señora tenía razones para hacerlo y para seguirle, que el combate que ahora libraban no era producto solo de la casualidad y de una decisión de última hora. Akian era fiel a Shianne, a Kyatta, a Seloy, al resto de sus compañeras… y a su señora Moruk Laplamiz. Ella luchaba porque era lo que ellas querían… y tenían motivos para hacerlo.

Sus gritos demenciales resoban por la cabina del cañón del casco donde se encontraba disparando a los VT y a cualquier objetivo que se pusiera en su punto de mira; la lujuria del combate había sido sustituida, o mejor dicho, fusionada con un sentimiento hasta ahora de rabia y de odio hacia el enemigo.

Akian, al igual que el resto de los Bottoru, e incluso de su señora Azonia, había aprendido que a un enemigo se le combate no solo por el sentimiento de triunfo que se experimenta al vencerle, por la lujuria y la excitación que se sufren al luchar… sino porque se le odia y porque se desea su destrucción. Y esas eran en realidad las razones por las que luchan los Micronianos, un nuevo enfoque a sus vidas de guerreros.

El Rineunadou Lojmeuean se aproximaba de forma inexorable al SDF-1, sobrevolando ya el perímetro de Ciudad Macross. En este mundo, La Meltran sabía qué se proponía hacer ese chalado de pelo azul que compartía su vida con la de su señora, y tal y como había prometido, no se arrepentía de su decisión… No incluso cuando vio a través de la mirilla de su cabina que un certero cañonazo de un spartan se acercaba hacia ella de forma inexorable hasta chocar con ella.

Desde su puesto, Gerao vio como la cabina del cañón exterior donde se encontraba Akian, saltaba en todas direcciones en una nube de metal, fuego y humo. Había visto morir a muchos de sus compañeros en batalla, y a algunos a manos de su propio líder, aunque ahora no sabía siquiera que Grell hacía unos pocos minutos que había muerto. Pero hasta ahora, nunca una muerte le había afectado tanto.

-… Ya nada volverá a ser como antes.-musitó cuando comprendió que Akian había muerto a manos de un disparo anónimo.

Tardó unos segundos increíblemente largos en reaccionar, como si no acabara de creerse todo lo que estaba pasando. Por los altavoces interiores del crucero, podía oír la voz de su líder, que sonaba quebrada y furiosa, arengándoles para continuar luchando hasta el final mientras que dirigía el Lojmeuean de forma inexorable hacia la fortaleza de Zor.

-"Luchad hasta el final para vencerles…"- repitió parafraseando las voces de su líder.- ¡Por supuesto que sí, jefe!-

Y diciendo esto, el feo sargento Bottoru dirigió una última mirada al lugar donde había muerto Akian y se dirigió a ocupar su puesto en otra cabina de cañones del casco dispuesto a seguir luchando.

Aún así, podo más duró su deseo cuando un certero disparo del VT de la calavera, hizo estallar el cañón que manejaba, llevándole por delante junto con la explosión.


El SDF-1, la Fortaleza de Zor, el objeto que había sido la causa de todas sus desgracias desde que llegaron allí casi 4 años atrás, se encontraba prácticamente frente a la herrumbrosa y dañada proa del Rineunadou Lojmeuean. Los disparos de fuego graneado se sucedían por ambas partes sin que realmente pudieran retrasar lo inevitable, el choque frontal de un ataque kamikaze; los Zentraedi a bordo del sentenciado crucero seguían luchando y acribillando a su adversario solo por el odio que le albergaban, mientras que estos, devolvían el fuego en un vano intento de defenderse y echar atrás lo que se les venía encima.

El infernal choque entre ambos cruceros era inminente.

A bordo del puente puente principal, sus dos líderes aguardaban en pie y cogidos de la mano su inevitable final. Durante un momento habían albergado la esperanza de salvarse, de la misma forma que lo habían hecho hasta ahora… y así poder continuar después. Pero eso era obvio que ya no podía ser así; el Rineunadou Lojmeueans se precipitaba en picado hacia la fortaleza de Zor.

-Khyron…- musitó la líder de los Quadronno Meltrandi, -No me arrepiento de nada.-

-Yo tampoco.- contestó él, - A pesar de todo, triunfaremos.-

El morro del Rineunadou Lojmeuean chocó con la parte alta del SDF-1, atravesándolo de parte a parte el SDF-1. El choque ya resultó ser demasiado para mantener la integridad física de la nave y rápidamente las explosiones internas se sucedieron a lo largo de todo el navío, tanto por la presión liberada de las cámaras de protocultura como por las toneladas de armamento y explosivos albergadas en su interior.

La cabina de mando principal se vio cubierta por el resplandor blanco de cientos de detonaciones que ocurrían por toda la nave y que iban engulléndola por todas partes; en medio de ese caos, ambos aún se mantenían en su puesto sin soltar sus manos, esperando la muerte.

-¡Khyron!- gritó la líder de los Quadronnos.

-¡Azonia!- respondió el líder de los Bottoru casi a la vez.

-¡VICTORIAAAAAAAAAAAA!- gritaron al unísono.

Eso fue lo último que dijeron antes de que la explosión final les consumiera.

El Rineunadou Lojmeuean se estrelló contra el lago donde de estaba construyendo la réplica del SDF-1 justo detrás de la Fortaleza de Zor, aniquilando todo lo que había a su paso. La tripulación del SDF-1 (salvo una sola persona, una oficial de alto rango), la del crucero Meltrandi y gran parte de la población de Ciudad Macross murieron durante el proceso.


Los humanos no podían comprender qué razón había llegado a empujar a los Zentraedi que no se habían adaptado a desear tan enfermizamente la destrucción de esa nave que 15 años atrás literalmente les había caído del cielo. Tampoco podían entender el caos de muertes que semejante odio les había traído… Para ellos, los líderes Zentraedi, (cuya identidad todavía no se sabía, pero se presuponía) no eran más que dos locos con un instinto bélico tan grande y tan profundamente alineados que no podían vivir de otra forma si no era luchando contra un enemigo real o imaginario. Y en esta ocasión lo habían hecho contra su primer y más obvio objetivo.

Al menos ellos habían muerto también durante el proceso.

Para los Zentraedi, la situación era distinta. Khyron era solo un medio rango, un comandante de división de las tantas que formaban su otrora inmensa flota, pero que había conseguido labrarse una fama tan buena como mala entre sus propias filas, pero que eventualmente se había convertido en el representante de lo que muchos Zentraedi no adaptados habían ambicionado aunque no se hubiesen atrevido a dar semejante paso. Otro tanto ocurría con Azonia; su abierta aparición en escena apenas unos 4 meses atrás había revelado que incluso las Meltrandi no adaptadas (o que rehusaban aceptar determinadas condiciones) también tenían un lugar en esa situación demencial en la que para muchas se había convertido su vida.

Ahora, el sacrificio de ambos, aunque la inmensa mayoría desconocía las razones de por qué ellos dos habían aceptado morir de esa forma, (honorable para los Zentraedi, pero carente de un objetivo real) era una guía sobre lo que realmente podían llegar a conseguir si se unían.

Después de todo, y a su manera, ambos habían triunfado derrotando a los Micronianos y destruyendo el instrumento de poder de los Maestros de la Robotechnia.


Muchos kilómetros al sur, en un pobre apartamento de la ciudad de Brasilia, Seloy Deparra, antigua oficial de los Quadronno de Azonia, enjugaba su ojo amoratado producto del último momento de intimidad con su consorte Microniano, mientras que su pequeño bebé Hirano -híbrido del humano y Zentraedi- dormía intranquilo a su lado. En ese momento, la puerta del miserable cuarto se abrió suavemente y entró otra vieja compañera Quadronno, una Meltran aún más menuda de lo que lo había sido Akian y de gran belleza.

-Han muerto…- anunció a su herida, (tanto físicamente como en el orgullo) compañera Meltran.- Maruk Laplamiz ha muerto junto con Quamzin Kravshera en el ataque contra el SDF1 en Ciudad Macross.-

-Entiendo…- contestó Seloy sin volverse hacia su compañera.

-Seloy…-musitó Marla Stein, su interlocutora.

-Fui estúpida…- afirmó la pelirroja poniéndose una compresa de agua fría sobre el ojo, - Durante la batalla contra Dolza, seguí a Kazzianna creyendo que así tendría una vida feliz, micronizándome y viviendo en este mundo… No podía entender por qué nuestra señora aceptó refugiarse en la nave de ese loco, y menos aún con todo lo que había pasado.- explicó. –Pero al final la que se equivocó fui yo y no ella. Tendría que haber seguido a Azonia.-

-Ya sabes lo que se dice sobre ellos.- replicó Marla. –…Lo que ese Lyn Kyle cuenta en los medios de comunicación Micronianos.-

-Sí, lo sé… Y lo que dicen los espías Bottoru.- suspiró Seloy, - Pero hay una cosa de la que ahora estoy segura.- irguió los hombros y se giró hacia Marla, -Yo me equivoqué, pero nuestra señora nunca lo hizo... En ningún sentido.-

La pequeña Quadronno la miró con comprensión.

-Eso… tal vez se pueda arreglar.-


Ciudad Macross era un caos de ruinas y de incendios sin apagar, muda muestra de lo que apenas había ocurrido unas horas antes. Aún así, el piloto del VT de la calavera había sobrevivido a la última maniobra desesperada de un enemigo que, por una razón que no alcanzaba a comprender, o tal vez no quería imaginar, les había odiado tanto como para atacarles con tanta saña e incluso matarse en un ataque kamikaze.

Al menos él había dado por aclarado un asunto personal que le había atenazado durante años. Un asunto que resultaba muy humano y que no tenía nada que ver con el caos de la batalla que ya había había acabado.

Él y su pareja caminaban por las calles de la destruida ciudad mientras que unos suaves copos de nieve caían del cielo con total indiferencia a lo que allí había ocurrido. Entonces, la mujer que iba con él, se detuvo.

-¿Qué es eso rojo que se mueve allí?-preguntó al oficial de encrespados cabellos oscuros.- Parece que está vivo.-

Movidos por la curiosidad, se acercaron a donde se movía la mancha roja que se sacudía débilmente sobre el pavimento de asfalto agrietado. La mujer se agachó y recogió del suelo a la criatura de brillante colorido rojo y azul, y de casi 1m de longitud.

-¿Un loro…?- exclamó al reconocerlo.

-Un guacamayo rojo.- corrigió el oficial, - En el circo de mi padre teníamos uno de esos para las presentaciones de los espectáculos.-explicó.- Era muy divertido cuando se ponía hablar.-

-Pero… ¿cómo ha llegado hasta aquí?- preguntó la mujer de larga cabellera color avellana. -

-No lo sé pero este es un pájaro del Amazonas. Tal vez alguien lo tenía como mascota. Eso explicaría qué hace aquí y por qué no nos teme.-

El guacamayo se sacudio débilmente; su plumaje tenía numerosas calvas, sus pupilas estaban dilatadas y se encontraba claramente desorientado. Aparte de las razones que el piloto de cabellos revueltos había dado, era por eso que no se defendió cuando la mujer lo tomó.

Entonces, para sorpresa de ambos, el pájaro habló, repitiendo palabras que había escuchado hasta la saciedad.

-Debran Micraans…- parloteó.

La pareja miró a la atontada criatura con sorpresa.

-¡Habla Zentraedi!- exclamó la mujer, -¿Cómo es posible?-

-"Micronianos, enemigos", eso es lo que dice.- tradujo el piloto del VT.- ¿Cómo puede un pájaro del Amazonas… decir algo así?- exclamó.

La mujer le miró y luego se volvió hacia atrás, hacia el lugar donde había estado el SDF-1 y que ahora era un montón de chatarra mezclada con el del Rineunadou Lojmeuean del ataque de se podían imaginar quién.

-No lo sé…- musitó, -Pero tal vez… los Zentraedi hayan aprendido muchas cosas sobre nosotros que aún no imaginamos.-

En cualquier caso, la respuesta la tenía una criatura que solo podía repetir lo que había aprendido a vocalizar y que había visto todo lo que había ocurrido de una forma que nadie más conocía.

Y si incluso era así, tampoco podría contarlo.

"En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada."

-Luís de Góngora.

FIN


Notas Finales:

Bueno, antes que nada, debo dar las gracias a todos los que han leído esta historia, especialmente a Skogul, Tyara y David10 por sus aportaciones y sugerencias, información de las novelas y los cómics de "Love&War" que han ayudado a completar esta historia. Me alegro mucho de ver que una historia que realmente pensé que a nadie le interesaría, fuese a gustar tanto (o al menos, mucho más de lo que yo esperaba). Gracias a todos por leerla.

"Robotech" tiene muchas continuidades y considero que cada uno puede escoger la que más le guste, así lo he hecho yo con esta historia, donde he mezclado detalles de varias de ellas, incluyendo "Macross" aunque sea una continuidad distinta. Sin embargo, la principal razón de haber metido cosas de "Macross" en este fic es porque, en mi opinión, el impacto social entre humanos y Zents, y los personajes están mejor retratados... Y la verdad, Kamjin es mucho mejor que el Khyron de las novelas, por poner un ejemplo claro. El resto de los personajes que salen "de relleno" (Marla Stein, Seloy Deparra, Kazzianna Hesh, Bagzent, etc...) son de las novelas. Y originales míos son las Meltrandi Shianne, Kyatta Hesh y Akian... Pero la verdad es que tanto Shianne como Akian salen en una escena del capítulo-29; lo único que hice fue darles nombre y una identidad para esta historia.

Lo que yo pretendía contar con esta historia era un punto de vista diferente al habitual, con personajes del bando de los "villanos" que demuestra que son tales, (al menos, hasta cierto punto), la relación personal y cómo todo el cúmulo de hechos desencadena ese final tan "kamikaze" en la saga de "Macross" en lugar de la simple venganza obsesiva o "estar morado de Flores de la Vida". Igualmente, he aprovechado para criticar muchos aspectos de nuestra sociedad viéndolos desde la perspectiva de alguien que no está nada implicado en ella, lo mismo que contar cosas sobre zoología e historia (otras de mis aficiones) en este fic. Sobre los versos que he incluido al principio de cada capítulo, son en su mayoría de poetas hispanohablantes (especialmente de la Generación del 27 de España, que están entre mis favoritos) porque realmente no soy buena con la poesía. Pensé que para este tipo de historia dramática quedaría bien, aunque no es algo que suela poner en mis fics.

La historia podría haber dado para mucho más, sobre todo si contaba más sobre los detalles de la relación y alguna aventura o misión diferente a las que salen en la serie; pero si lo hacía, la historia se desvirtuaría al perderse el objetivo principal, y también se volvería increíblemente larga... así que tuve que obviar esas posibilidades y limitarme a lo básico. No obstante, he visto que ahora hay más gente que se ha animado a escribir sobre ellos (lo que me alegra un montón) como Skogul, Vick Pena y Tyara, que pondrán sus fics también en esta comunidad. El fic de Skogul ("Golgram") está centrado en la continuidad de "Macross"; los de Vick Pena (de momento, solo en inglés) son tanto de una como de la otra. Y el de Tyara ("Inocencia") se desarrolla a partir del mío, pero centrándose más en las relaciones personales y con lemon inclusive. Ver que haya más gente que centre su atención en los Zents para sus historias, me alegra mucho.

De momento no sé si escribiré más fics sobre estos personajes y esta pareja en particular porque tengo otros fandoms con fics pendientes. Pero una vez más, gracias por leer esta historia y vuestras reviews.