De las cosas que no le gustan a Tom

Disclaimer: todo pertenece a J. K. Rowling.

Esta historia participa en el minireto de junio para La copa de las casas del foro La noble y ancestral casa de los Black.

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A Tom no le gustan las fiestas. Hay muchas cosas que no le gustan en realidad, su propio nombre es un ejemplo; pero la mayoría de cosas las puede cambiar sin demasiados problemas, ya ha pensado incluso en una nueva manera de hacerse llamar, mientras que de las fiestas le va a costar mucho más deshacerse.

Realmente podría hacerlo si quisiera, es prefecto y premio anual al fin y al cabo. No obstante, aguarles la fiesta de fin de exámenes a sus compañeros de casa no es un buen plan. Tom Ryddle, sí, su apellido es otra de esas cosas que no le gustan, jamás lo reconocerá en voz alta, pero prefiere no tener que enfrentarse a la venganza que sus compañeros de casa le prepararían si hiciera tal cosa.

Así que la fiesta tiene lugar el día y a la hora acordados. Hay comida y bebida y lo que más le molesta a Tom, música a todo volumen. Sus compañeros de dormitorio, se podría decir que son sus amigos pero Tom jamás lo dirá, se han perdido entre la gente y él está pensando que lo mejor es que se vaya yendo a su habitación porque desde luego allí parado no tiene nada que hacer.

Está a punto de conseguirlo, de comenzar a subir las escaleras que lo alejarán de todo aquel barullo, cuando una chica de su curso se le acerca por detrás y lo rodea con sus brazos. Tom se vuelve sobresaltado (no, que lo abracen por detrás sin que lo espere tampoco le gusta). La chica le planta entonces un beso en los labios y esta vez Tom no sabe decir si eso le gusta o no. No tiene tiempo de decidirlo tampoco, porque la muchacha ya se aleja riendo y Tom puede oír claramente cómo le dice a una de sus amigas: "Gané la apuesta. Dame mi galeón".

Así que esa chica lo ha besado para ganar una apuesta. Eso sí que no le gusta y pronto, muy pronto, ella lo va a descubrir.