Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto
Capitulo 9 – La misión: Comienza la batalla final
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–Se… señor Matsumoto, ¿Quiere que lo dejemos libre?
Los menores esperaron ansiosos a la respuesta del interrogado, rogando por haber escuchado mal.
–¡Si! ¡Quiero que lo suelten, ahora! – repitió el adulto la misma orden dada antes.
Al instante, los menores observaron confundidos al Señor Matsumoto, sin poder comprender sus intenciones. ¿Acaso se había vuelto loco? Se preguntaron, confundidos. Después de todo, ¿Quién en su sano juicio querría soltar a la persona que casi arruinó su negocio? ¿La misma persona que lo había secuestrado, golpeado y torturado? ¿La misma persona que lo quería muerto?
–¿Acaso está loco? – preguntó molesto el rubio. – ¿Soltarlo? ¿Después de todo lo que hemos pasado para atraparlo?
–Ignóralo, Naruto. – habló a secas Neji. – Igual no podemos soltarlo. Nuestro deber es llevar sano y a salvo al señor Matusumoto hasta su hotel, y luego debemos trasladar a este individuo con las autoridades. – dijo señalando al más anciano. – que ellos se haga cargo de él.
Al instante, Naruto se encogió de hombros y se sentó dándole las espaldas a ambos mayores. Lo mismo hizo el Hyuuga. Por su parte, Hinata se quedó observando con cierta tristeza hacia los mayores, que no dejaban de quejarse. Sentía lástima por ellos.
–¡No se atrevan a ignorarme! ¡Mocosos!– gritó el señor Matsumoto, totalmente enfurecido. – ¡¿Qué acaso ya se olvidaron quien soy yo y quien está pagando su sueldo?! ¡Exijo que hagan exactamente lo que les he ordenado, y ahora!
Las palabras del mayor llegaron cargadas de arrogancia y desdeño, lo que solo logró enfurecer a los varones, sobre todo al genio del clan Hyuuga. En definitiva, el señor Matsumoto debía ser una de esas personas que pensaba que todos debían hacer lo que él ordenara, cuando y como él lo ordenara. Personas que sobrevaloraban su propio poder, y que observaban a todos por debajo, como si fueran inferiores. Y él odiaba a ese tipo de personas.
El menor tuvo que respirar hondo por lo menos un par de veces y concentrarse antes de serenarse por completo y tomar nuevamente la palabra.
–Mire, señor Matsumoto. – dijo con leve esfuerzo, al momento que recobraba por completo el control de sus emociones. – Si más no me equivoco, usted nos contrató específicamente para una misión de Control de Calidad en su hotel, ¿O acaso ya lo olvidó? – el rostro de frustración del mayor bastó para darle la razón. – Entonces, me temo que debo informarle, que todo lo que ha pasado luego de eso, y nuestra situación actual, escapa completamente de los alcances de la misión para la que usted "pagó".
El interpelado desvió la mirada, molesto.
–A demás. – continuó hablando el shinobi. – según tengo entendido, su tío ha sido responsable de incontables actos delictivos tanto dentro de su hotel como fuera del mismo, eso sin contar el secuestro de Hinata-sama. – hizo una pausa para girar hacia su prima, quien continuaba con la mirada perdida en los mayores. – Por lo tanto, es nuestro deber como shinobis, entregarlo a las autoridades y denunciarlo por los actos que ha cometido.
Al mencionar aquellas palabras, el más anciano palideció. Si era entregado a las autoridades, y con todas las pruebas que tenían en su contra, definitivamente lo iban a declarar culpable. Y como culpable, terminaría pasando los últimos días que le quedaban de vida encerrado en una apestosa y destartalada celda, rodeado de la peor calaña de su ciudad. Pero lo peor de todo, es que iba a terminar con su honor por el suelo, nuevamente.
Por su parte, el sobrino del señor Mitsukari se quedó boquiabierto ante la afirmación del joven ninja. Si eso era cierto, su tío terminaría pasando el resto de sus días como un criminal, y eso era algo que nunca podría soportar.
Guiado por su costumbre de negociador inescrupuloso, el señor Matsumoto se apresuró a hablar.
–Está bien, tú ganas. – habló en un tono de voz más pausado. – ¿Cuánto quieres para dejarlo ir?
Apenas hizo su oferta, los tres menores lo observaron con la boca abierta. Si antes pensaban que el señor Matsumoto estaba delirando o algo así, ahora pensaban que se había vuelto completamente loco. ¿Acaso estaba intentando sobornarlos?. Si lo de antes los había dejado confundidos, lo de ahora era mucho peor. El sujeto estaba intentando sobornarlos, como si ellos fueran unos simples matones o asaltantes de baja calaña sin ningún sentido del honor.
Y eso no les agradó en lo más mínimo.
–¿Qué cree usted que somos nosotros? – espetó un molesto Neji. – ¿Acaso cree usted que nosotros vamos a vender nuestra integridad y que vamos a echar todos nuestros principios al suelo por un poco de dinero?
La expresión de seriedad en el genio del clan Hyuuga fue tal que heló por completo al mayor. Si antes éste estaba preocupado, ahora estaba aterrado. Y todo, por la mirada fría y despectiva de un mocoso al que de seguro le triplicaba o más en edad. Pero el mayor siguió constante. "Todos tienen un precio" se dijo a sí mismo antes de continuar.
–¿Y quién ha dicho que sería por "un poco de dinero"? – dijo con una sonrisa en el rostro. – Yo… digamos que… que sé recompensar a los que me hacen "favores".
Apenas terminó de hablar, pudo ver como la mirada del de ojos nacarados se endurecía aún más, si acaso era posible. Estaba casi rojo de ira.
–No sé en qué mundo vivan ustedes, señores. – habló con el tono levantado de voz, y claramente ofendido. – pero de donde nosotros venimos, el honor y la integridad de cada individuo no se compran con dinero.
Al instante, el mayor borró aquella sonrisa de su rostro, y deseó nunca haber hecho aquella estúpida propuesta. Incluso, hasta llegó a sentirse sucio por haber hecho tal oferta. Ese era el efecto que había causado la mirada gélida del Hyuuga en él. Por primera vez se encontraba con alguien tan íntegro como Neji, y estar frente a alguien como él, solo le provocaba un sentimiento hacia sí mismo: vergüenza.
Por su parte, Neji casi estaba estallando de la cólera, por lo que acababa de ocurrir.
Observó serio hacia el señor Matsumoto, y ni siquiera hubo necesidad de que activara su Byakugan, para poder ver a través de él. Lo que veía en ese hombre, era a un individuo soberbio y manipulador, de esos acostumbrados a tenerlo todo en la vida, sin tener que esforzarse por ello. Un sujeto materialista, que cree que todo en la vida se compra con dinero. Un sujeto que no conoce nada acerca del honor, algo que nunca está a la venta.
Resopló decepcionado al darse cuenta de la realidad que tenía frente a sus ojos. Por un momento, hasta había llegado a pensar de verdad que el señor Matsumoto se estaba preocupando por su tío. Pero rebajarse de esa manera y rebajarlo a él, intentando sobornarlo, era algo que no iba a perdonar tan fácilmente.
Sacudió la cabeza para librarse de esos pensamientos y respiró hondo, para luego girar su mirada hacia el otro individuo, al más anciano. Otro que también merecía su desprecio. Un individuo total y completamente cegado por el odio y por la sed de venganza. Uno de esos tipos que no les interesa a quien o quienes deban aplastar, con tal de alcanzar sus objetivos. Un hombre tan ruin, que había creado una ola de asaltos y secuestros en la cadena de hoteles de su sobrino, solo para destruirlo. Y a eso, aún debía sumarle el hecho de que había secuestrado a su prima Hinata…
Volvió a mirar a los ojos de aquel hombre, y de pronto vio algo que hace mucho que no veía. Odio. Un odio tal, que solo las personas como él podían haber conocido. Un odio que reconoció al instante, semejante al que él tuviera guardado dentro de sí durante tantos años.
Y pensar que yo hubiera podía haber terminado igual que él…
–¿Sabes que Neji? – la voz de Naruto interrumpió oportunamente sus pensamientos. – Yo creo que deberíamos dejar a estos dos amarrados a un par de árboles, y luego largarnos de aquí. – luego volteó hacia Hinata, para preguntarle su opinión. – ¿Y tú qué opinas, Hinata-chan?
–Yo… – habló torpemente la de ojos nacarados, buscando las palabras adecuadas. – no creo que esa sea buena idea dejarlos abandonados, Naruto. – contestó tímidamente, para luego agregar una explicación más convincente. – A demás, no es seguro para ninguno de los dos quedarse solos en el bosque, si… si les pasara algo malo nosotros seríamos los culpables.
Neji aún estaba fantaseando con dejar a los ancianos en aquel lugar, tal y como propusiera el rubio hiperactivo, cuando las palabras de su prima llegaron a sus oídos, haciéndolo reaccionar a tiempo. En verdad, era bueno tener a alguien sensato en el equipo.
–Entonces, será mejor que partamos cuanto antes. – dijo a modo de orden. – Naruto, carga al señor Mitsukari, yo me encargo del señor Matsumoto.
Asintieron todos a la vez, y justo cuando los varones se disponían a volver a alzar sus respectivas cargas, una voz prominente los interrumpió.
–¡Vaya, vaya! – una voz masculina ya conocida por ellos resonó por los alrededores. – Veo que nos han estado esperando. Disculpen la tardanza.
Aterrados, los menores levantaron la mirada, para encontrar parado sobre una rama alta de uno de los árboles frente a ellos, a quien menos deseaban ver en ese momento: Taiki, el matón contratado por el señor Mitsukari para azotar el país del Té.
–Parece que se quedaron mudos. – habló en tono desdeñoso el sujeto, para luego romper en carcajadas burlonas. – ¿Qué pasó?, ¿Les comió la lengua el gato?
Apenas acababa de terminar de hablar, cuando de pronto Neji pudo distinguir infinidad de criaturas felinas retorcidas con aspecto de gatos provenientes de lo más profundo del bosque, las cuales se estaban preparando para lanzarse sobre ellos.
–¿Qué son esas cosas, Neji? – preguntó preocupado Naruto a su compañero, quien al parecer se había quedado estático. – ¿Neji?... – lo volvió a llamar, pero no contestó. – ¡Neji! ¡Reacciona!
El genio no contestó. Se quedó paralizado, con la sorpresa reflejada en el rostro, mientras observaba estupefacto con su Byakugan recientemente activado las criaturas que lo acababan de rodear. Cada una de ellas tenía su propio flujo de chacra, lo que hacía imposible que fueran simples clones, pero la similitud de estos flujos era demasiado alta como para ser coincidencia. Eso lo dejó sorprendido. Nunca antes en su vida había visto nada igual.
Lentamente, giró hacia atrás para ver a sus compañeros, evaluando las posibilidades que tenían de salir de esta, con vida. Naruto lucía, como siempre, bastante dispuesto a pelear, pero su poco sentido común podía ponerlo en más de un problema. Por otro lado, Hinata lucía también decidida, y estaba seguro que podía confiar más en su sentido común, pero también lucía bastante debilitada. Claro, considerando que había estado atada a una silla por tantas horas, y luego de todo lo que habían pasado hasta ese entonces, seguro que debía estar agotada.
–¡Neji! – volvió a gritar Naruto, esta vez logrando despertar al genio de su trance. – Sea lo que sea que decidas, ¡Hazlo rápido! ¡O seremos comida de gatos!
Las palabras del rubio cogieron por sorpresa a Neji. Naruto tenía razón, aunque doliera admitirlo. Tenía que tomar una decisión, y rápido.
–¡Hinata-sama! – llamó al instante a su prima.
–¡Hai! – contestó ella al instante, con una seguridad en su voz que no recordaba haberla escuchado en… nunca.
–Quédate con esos dos. – dijo señalando a los mayores. – Nosotros nos encargaremos de cubrirte.
Hinata retrocedió hasta quedar justo frente a los más ancianos, y sacó una kunai de su bolsillo, para luego empuñarla en su mano, colocándose en posición de defensa.
–Naruto. – Neji llamó a su compañero y lo observó de reojo, para luego señalar con la ceja hacia las criaturas frente a ellos. – ¿Crees que puedas distraerlos? Necesito averiguar algo mientras peleas con ellos.
–Cuando quieras. – afirmó el rubio, sonriendo igual que Neji, y colocándose en posición de ataque. – Estoy más que listo para ellos.
Y se prepararon para lo peor.
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Mientras tanto, y no muy lejos del lugar, tres sombras se encontraban movilizándose en medio del bosque, siguiendo las instrucciones dadas por Kimiko, la joven que habían encontrado amarrada en la habitación de hotel, y que en esos momentos estaba siendo trasportada en la espalda de uno de ellos.
Se encontraban a medio camino de su destino, tal y como les anunciara la joven, cuando de pronto unos ruidos a lo lejos los alertaron. Antes que alguno de los menores pudiera decir algo, el experimentado líder del grupo habló.
–Son ellos.
Bastaron dos palabras del jounnin, para que los más jóvenes shinobis entendieran al instante a quienes se refería, y por la expresión en el rostro de éste, supieron cual era la situación. De seguro, estaban en serios problemas.
Rápidamente, e ignorando las protestas de la joven, quien exigía a gritos una explicación del asunto, los shinobis cambiaron el rumbo de su avance, y se dirigieron hacia el lugar de donde acababan de escuchar aquellos ruidos, en donde, de seguro, se estaba desarrollando tremenda batalla.
Regresando a la escena anterior…
Naruto y Neji se encontraban en posición de batalla, listos para enfrentar lo que sea.
Apenas se oyó la orden del tal Taiki, los cientos de animales de aspecto felino y grotesco que los habían rodeado minutos atrás, saltaron ágilmente en dirección a los jóvenes shinobis, con toda intención de acabar con ellos.
Antes que terminaran enterrados, Naruto movió hábilmente sus manos haciendo una serie de sello y, luego de acumular la cantidad de chacra necesaria, se hizo valer del jutsu que más victorias le hubiera dado en su vida.
–¡Kage Bunshin no Jutsu!
Terminó de hacer su invocación, y al instante, se vieron rodeados de cientos de Narutos gruñendo feroces y con kunai en mano, listos para la acción.
El jefe del bando enemigo se sorprendió inicialmente al ver el jutsu de Naruto en acción, pero pronto reaccionó. Cruzó los brazos contra el pecho y curvó los labios despectivamente, mientras observaba la escena. "No durarán mucho, no importa cuántos de ellos puedan replicar", fue lo primero que se le vino a la mente, al pensar que a ese paso, el chacra del rubio gritón se agotaría bastante pronto . Por supuesto, Taiki no conocía nada sobre las habilidades del ninja hiperactivo, y sus fuentes ilimitadas de chacra.
–¡A la carga!
Se oyó fuerte el grito del shinobi, y justo antes que terminaran siendo enterrados por las criaturas, los clones se lanzaron al ataque.
Por su parte, Neji retrocedió prudentemente unos pasos y se alineó directamente con su prima, quedando delante de ella, para luego ponerse en la posición típica de los Hyuuga: el ging gang. Defensa y ataque a la vez, mientras analizaba con cuidado el modo de atacar del enemigo.
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La batalla se veía desigual. Las bestias caían a la par con los Narutos, pero a diferencia de estos últimos, que terminaban desapareciendo en nubes de humo, las bestias pronto se regeneraban y volvían a ponerse en pie.
–No sé que tipo de clones sean… – habló agitado uno de los Narutos. – pero son los más difíciles de vencer que he visto en mi vida.
Neji asintió preocupado a las palabras de su compañero. Él tenía razón. Había estado analizando durante largos minutos la batalla inicial, y de algo podía estar seguros: No había ninguna conexión entre el chacra de Taiki y esas sus criaturas. Estas tenían que ser una especie de "mascotas", ya que tampoco recordaba haberlo visto hacer un jutsu de invocación para llamarlos. Y muy probablemente guardaran aún más de una sorpresa para ellos.
La primera barrera de defensa fue derribada, y con ella las criaturas llegaron a la siguiente barrera: la que estaba formada por el verdadero Naruto y por Neji.
–Ahí vienen. – le advirtió el Hyuuga a su compañero, quien se limitó a asentir ante sus palabras.
–Hinata-sama, esté alerta. – le advirtió luego a su prima, quien también asintió, con la seguridad reflejada en el rostro.
Las criaturas avanzaron en línea recta hacia su objetivo, los dos ancianos, para encontrarse directamente con el Uzumaki y el Hyuuga como obstáculo.
El rubio invocó otros clones de sombra, esta vez de menor cantidad que la anterior, y luego todos se lanzaron al ataque.
Los animales que lograron atravesar a los Narutos pronto se dirigieron hacia su siguiente destino: Neji. Por su parte, el Hyuuga ya estaba preparado para ellos.
–Hakke Rokuijuū Yonshō
Al instante, todas las criaturas que llegaban al alcance del circulo celestial del genio del clan Hyuuga, era golpeada en todos sus puntos de chacra con una rapidez increíble (gracias a que Neji ya había podido analizar su flujo de chakra con anterioridad, durante el combate inicial con los clones de Naruto) y al instante terminaban golpeados en puntos clave. Sin embargo, algo que no esperaba, ocurrió.
Las criaturas que caían al suelo, supuestamente inutilizadas, pronto comenzaban a brillar y a, literalmente, "modificar" su estructura física, frente a ellos. Y los que estaban demasiado gastados como para auto repararse, se juntaban entre ellos para luego "fusionarse".
–¿Qué son esas cosas? – preguntó sorprendido el rubio hiperactivo.
–Creo que no son "cosas". – habló algo confundido el de ojos nacarados. – Creo que es… "una cosa".
Pronto, a su discusión se les unió el mismísimo Taiki.
–Así que ya te diste cuenta.
Los menores voltearon hacia el enemigo, y notaron la sonrisa en su rostro. De seguro, les tenía una no muy grata "sorpresa" reservada.
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El equipo de kakashi había llegado a tiempo hasta donde se estaba desarrollando la batalla.
Al ver las criaturas que estaban peleando con sus amigos, todos se quedaron sorprendidos. Pero quien demostró más sorpresa, y terror, fue Kimiko.
–Esa es la mascota de Taiki.
Para cuando terminó de pronunciar aquellas palabras, el ninja copia había desaparecido.
–Pronto volverá. – habló Sakura, al ver la confusión en la joven.
Pocos segundos después, el shinobi de cabellos plateados apareció al lado de ellos, sorprendiendo aún más a Kimiko.
–¿Decía, señorita?
–A, etto…
–Sobre la mascota de Taiki. – le hizo recordar el Nara.
–Ah, cierto…. – se hizo recordar la joven, antes de hablar. – Su nombre es Shiruvesutaa, pero él lo llama Shiru-chan. Es un monstruo que tiene la habilidad de separarse en varias criaturas a la hora de pelear, pero el verdadero peligro está cuando se fusiona.
–¿Qué ocurre cuando se fusiona?
Pronto una luz enceguecedora los golpeó a todos en el rostro.
–Pues creo que… – habló la joven, mientras giraba y, con dificultad, observaba hacia la escena frente a ellos. – pronto lo sabremos.
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Taiki sonrió despectivo, antes de dar su orden maestra
–Fusiónate, Shiru-chan.
Al instante, las criaturas dejaron de atacar a los menores, para luego comenzar a correr hacia el mismo lugar, para terminar "colisionando" entre ellas. Cuando la última de ellas alcanzó el punto de "colisión", un destello de luz inundó el ambiente. La luz se disipó segundos después, para dar paso a una bestia colosal que se alzaba hasta la altura de los árboles, justo frente a ellos.
La siguiente orden del enemigo fue dada.
–Los demás, acaben con la niña y traigan a nuestras presas.
Al instante, Hinata se aferró a su kunai y se dispuso a enfrentar lo que fuera necesario.
Por otro lado, Neji volteó casi en el acto ver hacia su prima, observándola preocupado. "Hinata-sama…". Pronto se debatió entre retroceder a ayudarla, o quedarse en su posición y enfrentar a la bestia frente a ellos. ¿Qué debía hacer? En cualquier otra circunstancia, hubiera optado por confiar en las habilidades de su equipo para defenderse por sí solos, pero en este caso, la decisión era más difícil de tomar. No podía permitir que algo malo le pasara a Hinata..
Estuvo a punto de retroceder e ir por ella, cuando de pronto otra pregunta pasó por su mente. "¿Presas?, ¿Porqué dijo presas en plural?" se preguntó confundido. Hasta donde tenía entendido, Taiki ya no necesitaban a Hinata como rehén. Entonces, ¿Quién era esa otra presa, aparte del señor Matsumoto? O acaso se refiere a…
–¿Presas? – preguntó sorprendido el señor Mitsukari, quien acababa de liberar de la mordaza en su boca. – ¿Qué quisiste decir con presas, Taiki?
El maleante sonrió maliciosamente al ver la confusión en su "exjefe", para luego dar paso a su "explicación".
–Señor Mitsukari, hemos llegado a la conclusión de que usted nos sirve más como presa, que como cliente. – habló fríamente, para luego repetir la orden de ataque a sus subalternos.
–¡Ataquen!
La orden se dio clara y precisa, y los menores esperaron atentos a lo que fuera a ocurrir. Pero, pasados unos largos e interminables segundos, nada pasó.
En su lugar, solo se oyó una voz proveniente del medio del bosque, una voz que rápidamente fue reconocida por los menores.
–Me temo que sus hombres no van a poder hacerle caso a sus órdenes – habló el de cabellos platinados, para pronto agregar algo más. – Digamos que están… indispuestos.
–¡Kakashi-sensei! – gritó emocionado Naruto al reconocer la voz de su sensei.
Antes que pudieran encontrar el lugar de procedencia de la voz, dos figuras aparecieron rápidamente al lado de los varones.
–¿Sakura? ¿Shikamaru? ¿Qué hacen aquí?
Preguntó nuevamente Naruto, sorprendido al verlos llegar.
–Tú siempre tan escandaloso, Naruto. – Le contestó con desdén el castaño.
–Supongo que Kakashi-sensei se va a encargar de Taiki. – consultó el Hyuuga al Nara, a lo que recibió el asentimiento de éste último.
–No quiero arruinarles las cosas, pero… – intervino oportunamente Sakura. – ¿Tenemos un plan para destruir esa cosa?
Al instante, todos voltearon a ver a Neji, quien negó con la cabeza
–Ya se nos ocurrirá algo. – interrumpió Naruto, buscando aliviar la tensión. – por mientras, podemos golpearlo un poco.
Al instante, todos asintieron, y se dispusieron a pelear.
Hinata observó aterrada a la criatura frente a ellos, pero no se amilanó. Apretó con fuerza su kunai, y continuó firme en su posición, con su Byakugan activado.
Shiro arremetió contra los recién llegados, quienes apenas pudieron esquivar su golpe. Hinata tuvo que levantar las manos para protegerse de los arbustos y ramas que salieron volando en el impacto, pero no se movió de su lugar. No podía. Su deber era proteger a los dos ancianos, pase lo que pase. Y ella estaba dispuesta a cumplir con esa misión, como la kunoichi que era.
Volteó para ver de reojo a sus presas, para encontrarlos discutiendo airadamente, como perros y gatos. Esos dos nunca dejaban de pelear. Pero había algo en ellos que llamaba su atención. Las discusiones en su familia eran muy similares a las de su clan, pero a una menor escala. Al menos, el más anciano no llevaba un sello en la frente que marcara su condición de desterrado. Y de pronto, una pregunta se formó en su mente. ¿Cuál habrá sido el verdadero interés del señor Matsumoto en que suelten a su tío?
–Señor Matsumoto….
–¡Que quieres! – contestó éste en un grito seco, para luego arrepentirse por su brusquedad.
–Yo… – tartamudeó tímidamente Hinata, antes de continuar. – yo… quisiera saber si usted, me podría explicar, ¿Por qué quería que liberemos a su tío?
La pregunta sorprendió altamente al mayor. Hasta ese momento, ni él mismo se había puesto a analizar cual había sido el verdadero motivo que lo impulsó a querer liberar a su tío.
–No lo sé. – tuvo que admitir. – solo sé que…
Antes que pudiera continuar, un presentimiento le hizo a Hinata girar hacia el campo de batalla. Aterrada, observó como la criatura levantaba una de sus patas contra Sakura. Pero antes que el golpe le llegara completo a la de cabellos rosados, ésta fue sacada del camino por Neji, quien terminó recibiendo el impacto de lleno en el rostro.
Soltó un grito ahogado y sintió que el corazón se le oprimía al ver a su primo volando por los aires hasta caer en el suelo, pero luego sonrió al verlo levantarse. Lo oyó maldecir un par de veces, mientras secaba la sangre del rostro, para luego verlo desatando la banda ninja que llevaba en la frente. Al instante, quedó al descubierto la marca del pájaro enjaulado.
–De seguro debes pensar que nuestra familia es un asco, ¿No es cierto, mocosa?
La pregunta del más anciano la cogió desprevenida. Se obligó a voltearse, para verles al rostro a los mayores. Si tal solo supieran…
–Todas las familias tienen sus problemas, señor Mitsukari. – le habló en su típico tono gentil. – lo que nos hace diferentes, es como nos enfrentamos a ellos.
–Tú que sabes, pequeña. – habló en un tono más pausado el señor Matsumoto. – por tu forma de ser, de seguro has vivido siempre en una burbuja rosada en donde todos te protegen, sobre todo ese primo tuyo.
Que equivocados estaban.
Volteó nuevamente hacia al frente, para ver el trascurso de la batalla. Observó con detalle a su primo, quien se movía con el garbo propio de un Hyuuga, con tanta facilidad que hasta le daba un poco de envidia. Ella hubiera dado lo que fuera por lograr moverse así en la batalla.
Casi al instante, y sintiéndose observado, él volteó a verla, exhibiendo en forma inconsciente el sello del pájaro enjaulado en su frente. Asintió con una débil sonrisa, y se volteó en el acto para continuar con la batalla.
–No todo es lo que parece. – volvió a hablar la Hyuuga. – Nosotros hemos atravesado por mucho para llegar hasta donde estamos.
–¿Qué tanto puedes haber vivido en tus… trece o catorce años? – preguntó despectivo el anciano.
–No es la edad lo que nos define, señor Mitsukari. – volteó a ver a sus compañeros de batalla, con el orgullo reflejado en su rostro. Estaban haciendo su mejor esfuerzo, y de seguro saldrían victoriosos. – tampoco es la familia en la que nacemos, ni el rango con el que llegamos a ella. Son nuestras acciones las que nos hacen lo que somos.
Sus palabras impresionaron en el acto a los mayores. Para ser tan pequeña, Hinata les estaba dando una lección de vida.
Hinata volteó hacia los mayores para dedicarles una sonrisa, cuando de pronto vio una mancha anaranjada volando por su costado derecho, en dirección hacia los árboles. Rápidamente, y siguiendo sus impulsos, corrió hacia el cuerpo de Naruto inconsciente, y lo cogió al vuelo, antes que terminara estampado contra un enorme y bastante duro árbol.
Regresó hacia su posición anterior, para encontrar una escena devastadora.
Sakura continuaba en pie, pero no duraría mucho. Shikamaru estaba sangrando por la comisura de su labio, pero aún seguía en pie. Neji estaba agitado, y aún con la herida en su sien medio abierta, pero podía continuar.
Y la criatura, a pesar de lucir sucia y llena de ramas, continuaba en pie.
De pronto, las palabras de su primo la dejaron helada.
–Sakura, ve a cuidar a Naruto y a vigilar a los viejos esos. – habló con seriedad, para luego voltear hacia su prima. – Hinata, te necesito aquí, y ahora.
Sin dudarlo, y sin intenciones de cuestionar las palabras de su primo, Hinata asintió y cambió posiciones con Sakura.
Ahora ella iba a luchar al lado de su primo.
Fin del capítulo.
Escena que no tiene nada que ver con el fic
Dedicada a Nara Shikamaru
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Los nueve novatos y el equipo de Gai sensei se habían reunidos en uno de los patios de entrenamiento de la academia ninja, para cumplir con su más reciente misión: la planificación y organización de la actividad extra anual de las olimpiadas generales en la Aldea de la Hoja, un evento en el que participarían todos los shinobis y kunoichis de la ciudad.
La tarea parecía ser algo relativamente fácil. Conseguir una buena idea, una actividad que involucrara a todos los miembros de la comunidad, y llevarla a cabo. Nada de combates, ni peligros de muerte. Nada del otro mundo. Lo malo, es que andaban escasos de ideas, no se les ocurría nada bueno que organizar. Y lo último que querían, era repetir la misma actividad de los últimos siete años pasados. Todos, excepto… uno de ellos.
De pronto, Shino tomó la palabra.
–Yo tengo una sugerencia.
Al instante, todos voltearon con ilusión a ver a ver al maestro de los insectos, esperando ansiosos su propuesta.
–Propongo que hagamos una… carrera de escarabajos.
Apenas escucharon la idea, las quijadas de todos cayeron al suelo. ¿Una carrera de escarabajos? ¿Que clase de idea es esa? Pensaron todos mientras observaban incrédulos al Aburame, intentando encontrarle el sentido a su propuesta.
–¡Olvídalo! – gritaron todos al mismo tiempo.
Ignorando la propuesta anterior, todos cruzaron de brazos y continuaron pensando en una buena idea. De pronto, cierta kunoichi de cabellos dorados se paró en el acto, y con la sonrisa en el rostro, soltó otra propuesta.
–¿Qué opinan de un concurso de belleza? – propuso sonriente Ino.
Al instante, los shinobis la observaron sorprendido. La idea parecía interesante, solo que…
–¿Concurso de belleza? – Replicó con una sonrisa maliciosa Sakura – Seguro lo dices porque piensas que ganarías fácil, no es cierto, ¿Ino-cerda?
–¿Qué quisiste decir con eso, frente de marquesina? – pronto una vena se saltó en la frente de ojos azulados. – Estoy segura de que te ganaría.
–¿A si? – retó despectiva la de cabellos rosados. – Yo no apostaría…
La discusión continuó acalorada entre las kunoichis, quienes por poco se agarraban a los golpes. Los demás estuvieron a punto de traerles una piscina de plástico con lodo, un par de camisetas blancas pequeñas y una manguera para rociarlas con agua.
–Creo que lo del concurso de belleza queda descartado. Lo que menos queremos, es que todas las kunoichis se terminen peleando como estas dos. – comentó Shikamaru, a lo que todos asintieron. – ¿Alguna otra sugerencia?
–Yo solo quiero decir que… los escarabajos no son tan escandalosos. – susurró por lo bajo el Aburame, pero lo suficientemente alto como para ser escuchado por todos.
Todos miraron con extrañeza al Aburame, para luego ignorarlo.
El silencio inundó el ambiente por largos minutos, hasta que de pronto Tenten tomó la palabra:
–¿Qué tal un concurso de tiro al blanco?
Al escuchar su propuesta, los demás shinobis la observaron incrédulos. Luego, cada uno sacó sus kunais de sus bolsillos y los arrojaron contra un bool que tenían frente a ellos, como material del campo de entrenamiento. Todos le dieron en el blanco, como era de esperarse. Después de todo, siendo una aldea Ninja, ¿Quién podía fallar al tiro al blanco?
–Creo que eso fue más que suficiente para descartar tu sugerencia, Tenten – comentó Neji, mientras recorría el manual y reglamento de actividades. – a demás, las normas dicen que debemos pensar en una actividad que no incluya el uso de nuestras habilidades Ninja.
Todos asintieron en el acto, y la experta en armas chasqueó decepcionada.
–¿Otra sugerencia? – volvió a preguntar Shikamaru.
Otros largos e incómodos minutos de silencio inundaron el ambiente. De pronto, una voz bastante entusiasta se oyó hablar.
–¡Que tal un concurso de mascotas! – ofreció un sonriente Kiba, quien estaba sentado al lado de su mascota Akamaru, quien ya estaba sentado en pose ganadora.
El castaño resopló ante la idea, que al parecer era buena. Sin embargo, él ya tenía en mente un plan para hacerla caer.
–La idea es buena Kiba, pero… ¿Y qué va a pasar con las personas que no tengan mascotas?
Cierto. La idea de la actividad extra era que todos pudieran participar.
Antes que Kiba pudiera contestar, una voz se le adelanto.
–Todos pueden conseguir escarabajos, son fáciles de conseguir.
Irritado, Shikamaru volteó hacia Shino para desestimar su oferta.
–¿Una carrera de escarabajos? ¿Acaso lo dices en serio? – el tono en la voz del genio del clan Nara hizo ver a todos su desagrado por la idea. Sin embargo, al parecer, cierto shinobi no pensaba igual que él.
–A mi no me parece tan mala la idea. – comentó Naruto, mientras cogía un bicho en su mano. – Yo ya hasta conseguí mi escarabajo.
–Naruto… – el Aburame se acercó con curiosidad hacia él. – Me temo que… eso que tienes en la mano, no es un escarabajo.
–¿A no? – preguntó confundido el rubio, para luego volver a mirar a su mano. No, eso definitivamente no era un escarabajo. Esas antenas, y ese cuerpo rojizo, y esas alas a punto de partir al vuelo... – ¡Una cucaracha!
Al instante, el rubio arrojó el insecto por los aires, y luego corrió hacia el servicio de limpieza para lavarse las manos.
Shikamaru negó con aires de reproche, para luego voltearse hacia los demás.
–¿Alguna otra sugerencia?
A la vez, le llegaron tres sugerencias más.
–¿¡Que tal un concurso de quien come más!? – exclamó un sonriente Chouji.
–¡Que tal un concurso de vencidas! – ofreció una entusiasta Sakura, quien ya se estaba remangando las mangas de su blusa para exhibir los músculos de su brazo.
–Hagamos un concurso de pintura. – propuso cierto shinobi de rostro pálido y mirada inexpresiva, al que todos se quedaron mirando, con bastante confusión.
¿Quién es este tipo? Se preguntaron a la vez, sin dejar de verlo. Apenas recordaban haberlo visto una vez, en los baños termales del hotel Matsumoto. Y en esa ocasión, si más no lo recordaan bien, les dijo algo sobre medírselas para ver quien la tenía más grande, y…
–¿¡Tú otra vez?! – retó un molesto Naruto. – ¿¡Acaso nos estás acosando?!
Antes que pudiera continuar, los otros varones ya habían echado a patadas al intruso.
–Chicos, creo que es mejor dejar en claro que no podemos buscar una actividad que evidencie favoritismo a ninguno de los clanes. – explicó serio el castaño, para que todos pudieran entenderlo.
Los shinobis asintieron al entender las palabras del castaño, y pronto se quedaron en silencio.
–Repito, ¿Alguna sugerencia… que no presente favoritismo a ningún clan?
Todos se quedaron en silencio por mucho tiempo hasta que de pronto, cierto shinobi de mallas verdes apretadas y enormes cejas, se levantó entusiasta, y habló.
–¡Que tal un concurso de carreras de autos! – propuso un entusiasta Rock Lee.
–Sii, claro – dijo en tono despectivo Neji. – Solo quedaría un detalle por resolver. – esperó que su compañero volteara a verlo, para luego destrozar sus ilusiones. –.En Konoha, y por si no lo sabías, aún no se han inventado los automóviles.
–¡¡¡Nooo!!! – El chico de las mallas apretadas gritó con fuerza y tuvo que contener las lágrimas, para luego caer de rodillas en extremo de la habitación, culpándose por no haber sido capaz de hacer brillar la llama de su juventud en el momento preciso.
Por su parte, Neji se limitó a ignorar a su amigo. Después de todo, él siempre se portaba así Esa, se podría decir, era una actitud "normal" en él.
–Los escarabajos si existen en nuestro mundo Ninja. – comentó nuevamente Shino, quien ya estaba por sacar de sus casillas a Shikamaru.
–¿Mas sugerencias? – preguntó nuevamente el castaño, ignorando las palabras del Aburame.
–Y que tal… – intervino tímidamente una kunoichi de ojos nacarados. – si hacemos un concurso de cocina.
Shikamaru entrecerró los ojos al escuchar la propuesta de Hinata. Podía no ser la mejor idea del mundo, pero al menos, era la propuesta más sensata que había escuchado ese día. Y por eso mismo, debía desacreditarla en el acto. Sin embargo, antes de que dijera algo, otros dos se le adelantaron.
–Eso es demasiado peligroso. – afirmó serio Sasuke.
–Lo mismo digo. – se le unió a sus palabras Neji.
–¿Peligroso? – preguntaron todos a la vez.
–Si. – afirmó convencido el Uchiha. – ¿Que acaso nunca has probado la comida de Sakura?
–¿O la de Tenten? – agregó el Hyuuga.
Al instante, ambos se ganaron las miradas de odio de las féminas de sus respectivos equipos. Pero esto les tuvo sin cuidado a ambos.
Por otro lado, y en ese mismo momento, Shikamaru tuvo un no muy grato recuerdo. Dos años atrás, se había corrido el rumor de que Sasuke solo se casaría con una chica que supiera cocinar; y como era de esperarse, casi de inmediato, Ino puso en práctica sus pobres dotes culinarias, haciendo pastelitos. La rubia cocinó con esmero sus pequeñas "bombas nucleares", pero como no encontraba nadie que quisiera probarlas, lo utilizó a él conejillo de indias. Diablos, aún recordaba con terror ese día. Había pasado tanto tiempo encerrado en el baño de su casa, que hasta se había memorizado las manchas en las losetas del suelo.
–Lo siento Hinata. – habló con pesar Shikamaru. – Tu idea parecía ser buena, pero no podemos arriesgarnos a provocar una intoxicación masiva en toda la ciudad con la comida de… – observó a su compañera, quien lo estaba mirando furiosa. Eso le hizo pensar dos veces, antes de hablar. – de "ciertas" kunoichis que no saben cocinar bien.
Antes que pudiera decir algo más, se le adelantó el Aburame.
–Los escarabajos no causan infecciones estomacales… si no te los comes. – puntualizó.
Volvieron al punto de partida, y cada uno comenzó a buscar una alternativa, sin mucho éxito.
El tiempo pasó volando frente a ellos, y lo que eran minutos pronto se convirtieron en horas. El sol se puso frente a ellos y el día se convirtió en noche. Los cantos de los pájaros pronto fueron reemplazados por el ruido de los grillos, y pronto el cansancio de hizo presente en todos ellos.
Shikamaru resopló fingiéndose decepcionado ante la derrota. Pero en el fondo, estaba más que satisfecho. Así que fue así como mis predecesores lo lograron, sacando lo negativo de cada buena idea que saliera a flote, se dijo a sí mismo antes de hablar.
–Bueno, en vista que no hay otra sugerencia, tendremos que repetir lo mismo del año pasado.
–¿Otra vez lo mismo? – preguntaron decepcionados los presentes.
–Oh, vamos chicos, tiene que haber algo mejor que "eso". – afirmó a modo de queja Ino.
–Si, tiene que haber otra cosa que podamos hacer. – agregó una decepcionada Sakura.
–Lo siento mucho chicos. – Habló Shikamaru con tono de decepción fingido – pero vamos a tener que repetir, por octava vez, el campeonato nacional de… Shōgi
Los demás resoplaron molestos y decepcionados ante la idea. Nuevamente, iban a tener que enfrentarse todos en ese aburrido torneo de Shōgi, y todo por culpa de ellos mismos, porque no pudieron pensar en una mejor idea. O al menos, eso era lo que pensaban.
Decepcionados, los shinobis asintieron ante la decisión que acababan de tomar, y partieron hacia sus hogares para descansar.
Solo uno se quedó en el lugar, aún pensativo…
–Yo solo quería una actividad en la no pudiera ganar Shikamaru. – soltó en un suspiro Shino, antes de retirarse.
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-Fin-
Disculpen la infinita tardanza con este fic, que prácticamente lo tenía abandonado. Pero gracias a los acosos de cierta lectora, (Hola Paufi) y a su revisión previa, aquí lo tienen. Espero les guste.
Comentarios, dudas, y acosos, pueden pasar a la sección reviews.
Pd. Shiruvesutaa es la traducción en japonés de Silvestre, el gato de los Looney Toons.
Pd 2. La escena adicional está dedicada a Nara Shikamaru, espero no les moleste.
