Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de mi propiedad.


MY SADISTIC LOVE

Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad

Beta Élite Fanfiction www facebook com/ groups/ elite. Fanfiction


...

Los Cullen volvieron al instituto un par de días después de que Esme saliera del hospital.

Había siempre una enfermera a su lado, que estaba alerta de cualquier alteración en el ánimo de su paciente.

Alice habia invitado a Isabella a su casa, ya que no podía ser al revés, Carlisle se había posesionado por completo del auto de la familia para asi poder ir y venir de su trabajo a la casa mucho más rápido y no dejar a Esme sola.

—¿Dónde están tus hermanos? —preguntó Isabella mientras colocaba su bolso en el sofá.

—Jasper está con Tanya, Emmet acompañó a Rose al dentista y Edward está con mamá. Prácticamente estamos solas —comentó.

—Oh, ¿cómo está tú madre? —preguntó mientras sacaba los libros y cuadernos para hacer la tarea.

—Igual… mejor, no lo sé. Creo que ni ella misma sabe cómo está —contestó encogiéndose de hombros—, iré por algo para comer.

Alice se levantó y fue para la cocina, e Isabella, al no tener nada que hacer, empezó a ver las celestes paredes decoradas con varias fotografías.

La mayoría era de cuando eran niños, gran parte de las fotografías eran de James. Solo, con sus hermanos, sus padres, amigos, etcétera.

Frunció el ceño al darse cuenta de que se sentía mal por ello, pero… ¿A cuántas personas había matado y jamás sintió remordimiento ni regaló un pensamiento a las familias de las víctimas?

Negó con la cabeza… ella mató asesinos, violadores y asaltantes, todo lo que se conoce como la escoria de la sociedad, ellos eran malos, y aunque haberlos matado no la hacían mejor que ellos, no sentía remordimientos porque evitó que varias personas fueran lastimas.

Y luego estaba James…. él no era malo, quizá nunca lo fue y ella lo había matado.

—Traje de todo un poco. —La voz de Alice la trajo de nuevo a la realidad, la miró y vio que venía llena de platos, se levantó y la ayudó con la mayoría—. Supongo que papá cobró un poco más, porque la despensa esta tan llena como jamás lo estuvo antes.

Dejaron los platos sobre la mesa, Alice fue por una bebida, cuando estaba llegando a la mesa de madera, el vaso resbaló, pero los reflejos de Isabella fueron rápidos y lo tomó antes de que llegara al suelo.

—No... No sé cómo lo haces —dijo Alice sorprendida.

—Sólo tengo buenos reflejos —contestó tratando de restarle importancia.

Comieron botanas y continuaron con su tarea.

—¿Encontraste algo de la masacre de mil ochocientos ochenta y cuatro? —preguntó Alice.

—No, pero sé sobre ella, ¿qué quieres saber? — dijo Isabella.

—Todo —contestó frunciendo el ceño—, nos dejó como tarea que hiciéramos un ensayo sobre ello. Tienes suerte de que no sea tu maestro.

—La masacre sucedió en Europa del norte, exactamente en la capital de Lituania, Vilna. Oficialmente se dice que hubo trescientas muertes entre oficiales y civiles, pero en realidad el número de muertos fueron trescientas cuarenta y dos. Se dice que fue una guerra de ideales entre quienes conformaban el gobierno de Vilna, aunque jamás se supo qué fue lo que la provocó, hubieron muy pocos sobrevivientes, pero ellos aseguran que quien asesinó a esas personas era demonios, que esa tierra había sido maldecida —Isabella se aclaró la garganta dándose cuenta de que estaba dejándose llevar—. Ya sabes, supersticiones tontas de los campesinos.

—¿Cómo sabes todo eso? —preguntó impactada.

Yo estuve ahí, pensó Isabella.

—Me gusta la historia.

. . . . . . . . . .

Elizabeth, ¡no deberías estar aquí! Si ellos te encuentran te matarán. —Espetó alarmada Rudecinda.

No nos atraparán, pero tenemos que irnos —contestó Elizabeth.

No puedo irme, no puedo dejarlo todo, debes irte o morirás.

No sobrevivirás a esto, te matarán, al igual que a mí. ¡Déjame protegerte! — gritó.

Quizá logre convencerlos de…

¿De qué? ¡¿De que no eres una bruja?! No seas ingenua, lo harán, ven conmigo, por favor. —Elizabeth le tendió la mano a la mujer y ella la tomó.

¡Lief, Ekaterini! ¡Čiupkitedaiktus, reikia tik! —Ordenó a sus hijos—. ¿Crees que tenemos tiempo? —preguntó.

Tal vez, pero hay que apresurarnos.

. . . . . . . . . .

Tai tamsus. —Se quejó Lief—. Mama, ¿gali padaryti rašybos pamatyti, kur mes einame?

Es demasiado arriesgado, yo seré vuestra guía —contestó Elizabeth.

¿Estás segura de que el cochero estará ahí? —preguntó la madre temerosa.

Estará, no te preocupes.

Mientras caminaban a lo largo de la espesura del bosque los aldeanos y gobernantes del pueblo registraban las casas en busca de la vampiresa y la bruja.

Escucha Rudecinda, están un poco lejos de aquí, pero están armados, voy a distraerlos, necesito que llegues a la carroza y te vayas con los niños, yo te encontraré y nos iremos de Europa ¿de acuerdo? —pregunto Elizabeth colocándose correctamente su sobrevestido y tapando su largo cabello y parte de su rostro con la capucha.

¡No, de ninguna manera! Es muy arriesgado...

Escucha, tienes hijos, yo sólo los tengo a ustedes, prometo que nos veremos pronto. —La vampiresa se apresuró y se perdió entre los árboles, esperando que su amiga le hiciera caso.

Desde una distancia prudencial, observó a los aldeanos destrozar cada casa y sacar a la fuerza a quienes las habitaban, enseñándoles un dibujo de ella y preguntando si la habían visto.

Era mucho más sencillo matarlos en pequeños grupos, por lo que tomó ventaja de su agilidad y fue a por ellos.

Cuellos partidos, cabezas siendo golpeadas una y otra vez contra los árboles y el suelo, y corazones esparcidos por el suelo.

Un disparo en su hombro la hizo caer, pero se recupero rápidamente, al voltearse para matar a su atacante todo su cuerpo se dobló y se desplomó en el suelo.

Jamás había experimentado un dolor tan grande, como vampiro, que el que sentía en ese momento.

Vampiro —susurró mientras dio paso a los gritos que el dolor le provocaba.

Isabella… es un gusto conocerte.

. . . . . . . . .

—¡Bella! —El grito de Alice la hizo saltar y parpadear sorprendida.

—¿Qué sucede? —preguntó tratando de hacer que sus manos dejaran de temblar.

—Estabas como... ida, y luego empezaste a clavar las uñas en la mesa y bueno… —dijo dirigiendo su mirada hasta la mesa en donde las marcas de las uñas habían quedado impresas.

—Lo siento, no... No me fije. —Se disculpó rápidamente—. Debo irme, olvidé que tengo algo que hacer.

Agarró todas sus cosas, y antes de que Alice pudiera detenerla, ella salió por la puerta.

El breve camino a casa lo hizo maldiciendo una y otra vez.

Se preguntaba una y otra vez cómo podía ser tan estúpida, si esos recuerdos se hubieran transmitido a la cabeza de Alice estaría pérdida y tendría que matarla.

Llegó a su casa, se tiró en el sofá y los recuerdos volvieron a inundar su cabeza

. . . . . . . . . .

Hasta entonces jamás había visto a los Vulturi, siempre creyó que no eran reales, pero ese dolor… Ese dolor era real.

Estoy decepciona, creí que habrías escuchado de mí —dijo la pequeña rubia.

¡Jane, basta! —contestó un corpulento hombre de ojos rojos.

El dolor cesó y trató de recomponerse.

Alec, ve y termina esto... No nos gusta la evidencia. —Ordenó Jane.

El joven asintió y, ante sus ojos, Isabella vio que él tenía un poder similar al de ella, cuando ese humo negro salió de sus manos.

Siempre me pregunté qué te hacia especial… Supongo que ya no lo hará más. —La sonrisa sádica que ella tenía contrastaba con lo angelical de su rostro.

Justo cuando ella creyó que todo había acabo, la rubia cayó al suelo gritando de dolor.

¡Elizabeth, debes irte! —gritó la bruja.

No voy a dejarte. —Se concentró en su poder y atacó al joven de nombre Alec y él empezó a retorcerse en el suelo, aprovechó esa distracción, agarró a Rudecinda de la cintura y corrió con toda la fuerza que pudo.

. . . . . . . . . .

Sí, ella había sido quien masacró ese pueblo. Ella, Jane, Alec y Rudecinda.

Nunca supo cómo fue que descubrieron lo que ella era, en ese entonces no mataba tan seguido y cuando lo hacía era lejos del pueblo.

Se levanto del sofá cuando unos golpes estrepitosos amenazaron con tirar la puerta.

Al abrirla vio a Edgard con un par de periódicos en mano y su expresión enfurecida.

—Hola a ti también —respondió cerrando la puerta.

—¿Para qué demonios volviste aquí, Isabella? —Inquirió furioso.

—Porque aquí no sale mucho el sol —dijo sonriendo, al ver que Edgard no rodaba los ojos como usualmente hacía, frunció el ceño y lo miró—. Vale, escúpelo… ¿Qué hice ahora?

Edgard simplemente lanzó los periódicos en su cara mientras respiraba pesadamente.

Isabella los tomó y leyó los encabezados.

UNA PAREJA DE NOVIOS HA SIDO ENCONTRADA MUTILADA TRAS UN BASURERO.

SE HA ENCONTRADO A UNA MUJER DE VEINTE AÑOS DECAPITADA EN EL 'EL BAR DE DOM'

NIÑA DE OCHO AÑOS APARECE MUERTA A LAS AFUERAS DEL BOSQUE.

—¿Qué es esto? —preguntó confundida.

—Esto es lo que haces. ¡Destruyes vidas, matas personas! ¡Eres una bestia! —gritó colérico.

—¡Yo no hice esto! ¡Jamás mataría a una niña!

—¿Quién más pudo hacerlo Isabella? Eres la única lo suficientemente enferma como para hacer esto.

—Yo no fui, Edgard —contestó totalmente fastidiada y apretando los puños—. Todos estos cuerpos fueron encontrados hace tres días, y hace tres días estaba con Alice, en el hospital.

—¿No fuiste tú? —preguntó confundido.

—No, yo no lo hice.

—Eso quiere decir que…

—Que hay otro vampiro muy cerca.


* ¡Lief, Ekaterini! Čiupkite daiktus, reikia tik: [¡Lief, Ekaterini! Cojan sus cosas, sólo las necesarias]

* Tai tamsus, mama, ¿gali padaryti rašybos pamatyti, kur mes einame?: [Está demasiado oscuro, mamá, ¿puedes hacer algún hechizo para poder ver por dónde vamos?]