Destino

Un vikingo hecho y derecho: eso es lo que su bebito era.

Fuerte como su padre, y terco como su madre, expresándolo con su inquebrantable anhelo de vivir.

Una semana había pasado desde que tuviese a su hijo en sus brazos por primera vez, tal como ahora, mientras el recién nacido estaba aferrado a su pecho, concentrado en alimentarse.

La pequeña pelusa de cabello se había vuelto más tupida y suave, aunque seguía igual de oscura. Sabía que faltaría mucho para saber si cambiaria, pero secretamente esperaba poder rozar con sus manos una futura mata de pelo rojo: todos los Haddock tenían ese cabello, según le habían dicho.

Con un suspiro de alivio al ver que los días pasaban y el niño seguía con vida, otro punto acaparo toda su atención junto con la de su marido: elegir el nombre del bebé para el momento de celebrar el vatni ausinn.

Ninguna de las opciones que habían estado considerando durante los últimos días parecía cuadrarle a ninguno de los dos, siendo la mayoría de las objeciones por parte de ella. No quería un nombre que espantara gnomos y trolls; quería que impusiese fuerza y singularidad, un claro reflejo de lo que su pequeño era.

En su familia eran buenos en ese aspecto, pensó con orgullo.

Tal vez… podría llamarlo como su padre. Pero de seguro él, aunque alagado, intentaría disuadirla, argumentando que no era necesario tener tal consideración para con él, que tal honor debería ser para alguien que lo mereciese y lo necesitase; alguien que con su espíritu influyese en la buena estrella de la futura vida del recién nacido…

… como su hermano.

Al oír las noticias de aquel fuego durante aquel gran consejo de jefes, la más auténtica e intensa angustia la había dominado al pensar en que podría haber sido de su hermano y esposo, quienes habían ido a parar allí. Y ver al segundo volver a ella sano y salvo le produjo un alivio insatisfactoriamente efímero, al saber que solo Berk había logrado recuperar a su jefe.

Björn y ella no habían sido los hermanos perfectos: su enorme diferencia de edad, y haber vivido en lugares totalmente distintos durante la mayor parte de sus vidas no habían ayudado a fortalecer el vínculo. Pero aun así, todavía era su hermano, y seguían siendo familia. ¿Cómo no aprovechar la oportunidad de honrarlo?

Y aun así, teniendo dicha oportunidad al alcance de la mano ¿Por qué la idea la hacía sentir tan poco convencida?

La respuesta le era más que obvia.

Los nombres tienen poder: ese era un saber que aprendió desde su más tierna infancia, y que todas las sociedades en las que había vivido tenían muy presente.

Ningún recuerdo bueno o destacable se le venía en mente al pensar en Björn. ¿Cómo podría aspirar a una vida que valiese la pena para su propio hijo, con un homónimo que no logro destacar ni siquiera para aquellos que lo apreciaban?

Con cuidado y calma, aparto al niño su pezón de la boca para poder cambiarlo de posición de su pecho izquierdo al derecho, y lo ayudo para que pudiese prenderse de este y continuase mamando.

Una de las manos de Stoick apareció en su campo de visión, con su anular despejándole al pequeño su pelusa de cabello de la frente, y poder tener una mejor visión de su carita. Torció el cuello en su dirección y le regalo una cálida sonrisa. Él había confiado en su hijo desde el primer momento; y podía ver lo orgulloso que estaba de su heredero por demostrar que esa confianza no había sido en vano: era claro en su mirada cuando cualquiera de los dos lo tenía en sus brazos, o cuando se acercaba a su cuna por las mañanas y lo veía despertar, listo para vivir otro día.

—Sé que no te agrada la idea —el pelirrojo hablo despacio y calmo, como si estuviese eligiendo con cuidado sus palabras, y siempre sin quitarle la vista de encima a su primogénito—, pero acorde a nuestra tradición, él ya tiene un nombre determinado. Tal vez podrías llegar a tenerlo en cuenta.

Valka exhaló el aire por la nariz con cuidado y enfoco la vista en el bebé una vez más; claro que ella sabía de cuál hablaba.

En sus brazos estaba el heredero al trono, y debía demostrar su estatus en todos los aspectos posibles; y aunque debía admitir que un nombre berkiano ayudaría en ello, la opción de su marido no era precisamente tentadora.

Cuando se es un nuevo miembro en una comunidad, uno debía aprender absolutamente todo lo relacionado a esta: Val tuvo que hacerlo cuando fue a Kattegart, y lo repitió cuando fue el turno de establecerse en Berk. Y eso incluía conocer la historia de los miembros de su nueva familia.

Los Haddock habían sabido ser una familia con miembros cuyos nombres lograban convertirse en leyenda en su propia isla como en las vecinas. Incluso aquellos miembros los cuales el clan no esperaba mucho, lograron destacar de una forma u otra.

El último de estos, justo como su hijo, nació pequeño y débil, y respetando la tradición que se presentaba en esos casos, tal y como Stoick le mencionaba, dieron al recién nacido el nombre de Hiccup II.

Valka recordó cómo se estremeció al saber lo que había sido de ese muchacho de hace casi un siglo atrás.

Hiccup II fue rechazado por su padre al nacer, traicionado por su hermano, y termino sufriendo una muerte terrible que origino una guerra…

Los nombres tienen poder.

… pero también fue alguien que vivió buscando la paz, la aceptación y el respeto, tanto para si como para los demás; alguien que vivió buscando un mundo mejor. Tal y como el que ella soñaba.

Tal vez la obra de Hiccup II no debía sufrir el mismo destino que él: tal vez podría ser realizada por alguien más, alguien que fuese bendecido con su estrella al tomar su nombre. Una nueva voz de la paz.

Era algo sumamente noble por lo cual vivir. Después de todo, ¿de que servía que un bebé heredase un nombre, si no era con la esperanza de que lograse ser tan destacable, o incluso superior, a su homónimo?

Y su hijo seria eso; lograría que su nombre evocase causas grandes, nobles y respetables; lograría que su nombre marcara historia y fuese algo que se llevase con orgulloso.

—Muy bien entonces; llegamos a un acuerdo —anuncio Valka, luego de un prolongado silencio, girando su cabeza nuevamente para ver a su amado pelirrojo una vez más—: Hiccup será.

Nota de Autora: Contrario a los padres actuales, guiados por las modas o sus gustos personales, los vikingos elegían cuidadosamente el nombre de su descendencia, ya que el significado y origen de este influiría profundamente en el bebé y de cómo le iría en la vida: Básicamente, hacían uso de la antroponimia uniéndolo con sus profundas creencias religiosas.

Y sí, hay una pequeña referencia a los libros (los cuales todavía no leí pero eso es otra historia).