Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es resultado de mis traumas de infancia... okno.


Capitulo 9.

El túnel del Miedo.

La oscuridad se congregaba a lo largo del túnel y las tres princesas avanzaban de a poco aferradas fuertemente a las riendas de sus corceles. La hechicera les seguía los pasos con los ojos entrecerrados y completamente concentrada en el final. Los jóvenes herederos de Loto cabalgaban hasta el final, muy temerosos, pero decididos a no caer en la trampa de aquel túnel maldito.

No se oía más que la respiración pesada de los corceles, que ahogaba el sonido de la de los presentes, y el rumor sordo de las patas de los caballos atravesando el agua, además de alguna gota que caía sobre aquel acido de aspecto tan engañoso.

No habían avanzado gran cosa en su recorrido, pero la aparente calma comenzaba a alterar los nervios de las tres princesas, pues sabían que esa fachada de calma era únicamente para tomarlas desprevenidas en aquel lugar tan aterrador.

Pronto la penumbra se volvió total, privando del sentido de la vista a los seis viajeros. Se escucho un murmullo alrededor.

— Illuminux Sendrizz— un conjuro. Las tres princesas tomaron armas en manos, cuando una esfera de color amarillo y anaranjado surgió, iluminando en un radio de cuatro metros, entonces se dieron cuenta de que Natasha había conjurado un hechizo para iluminarles.

— Lo siento—dijeron las tres al darse cuenta de que estaban apuntando hacia la hechicera sus armas.

— No se preocupen.

Avanzaron algunos metros más, en el más absoluto silencio. Con los corazones palpitando más despacio y el alma pendiendo de un hilo de una hebra.

Bella giraba la cabeza nerviosa, cuando sus ojos vieron una forma corpórea que después desapareció. Bella sintió un escalofrío recorrer su espalda. Unos segundos más tarde la castaña volvió a divisar la forma, ahora un poco más nítida, la cual volvió a desaparecer tan repentinamente como apareció. Bella ahogo un grito, habría jurado que era la figura de su madre. Continúo el camino ahora con su corazón alojado en su garganta y el miedo a flor de piel. No paso demasiado, cuando volvió a ver aquella forma y esta vez comprobó que, en efecto, se trataba de su madre.

La princesa Isabella se detuvo en seco y se quedo mirando hacia aquella figura, con ojos muy abiertos, pronto escucho:

— Bella, hija. Vuelve. Ven conmigo.

— ¿Mamá?—musitó para sí misma.

— Por favor, hija. No me dejes sola.

— ¿Mamá que ocurre? —pregunto viendo como la forma de su madre se acercaba y a la vez se hundía en aquel liquido.

— Me moriré pronto, Bella, por favor, no me dejes sola—dijo su madre, llegando junto a ella y desapareciendo en el liquido—. No me dejes sola.

— No, mamá—susurro entrecortadamente. Su madre desapareció por completo dejándola con el corazón desgarrado—. ¡No, mamá! —grito, al tiempo que se agachaba demasiado y, casi soltando las riendas.

— ¡Bella, NO! —grito Rosalie retrocediendo hasta donde estaba la castaña, la ayudo a recolocarse en el caballo, antes de que perdiera el equilibrio y cayera. Bella temblaba y su rostro ya estaba lleno de lágrimas.

— Mi… mamá… mi… ma… —balbuceaba—. La vi, era ella. Dijo que se iba a morir.

Desde que su querida abuela Marisa había muerto, algunos años atrás, y ella se encontraba de viaje en una fiesta Real del Reino de Rosa Azul cuando aquello ocurrió, uno de los mayores temores de la princesa era que sus seres queridos, en especial sus padres, murieran y ella no estuviese presente para despedirse.

— Bella, tranquila. Todo es un truco, tu madre está bien.

Bella respiro profundo e intento convencerse a sí misma de las palabras de su amiga, para tranquilizarse y seguir con su camino.

Siguieron avanzando a través de ese túnel, ahora más temerosas, al conocer los efectos de la magia negra que había en ese lugar. Los caballos se movían lo más lento y silencioso posible, como si supieran que peligraban allí, lo cual únicamente hacia que las princesas se pusieran mas nerviosas. La experiencia indicaba que los caballos sabían mucho mejor que las personas cuando había algún peligro.

Con el corazón palpitando en su pecho con fuerza, avanzaron algunos metros más. Pronto Alice también vio una sombra corpórea en un rincón del túnel, apresuro el paso nerviosa, esperando que no fuera lo que se le estaba ocurriendo en ese momento.

Se detuvo en seco cuando la sombre se volvió la figura de su padre, con esa expresión inescrutable en el rostro que ponía cuando le iba a dar alguna noticia que sabía que a ella no le agradaría.

El tiempo y el espacio perdieron significado para la menuda princesa que por un momento volvió a la época en la que aun se encontraba soltera y suspirando por aquel desconocido joven que conoció en el pueblo. Y por un momento volvió a aquella noche en la que su padre le había anunciado su compromiso, cuando su padre la había mandado a llamar, pero fueron distintas las palabras que salieron de aquella ilusión bien creada de su padre, fueron distintas a las de aquel día, dando vida a un antiguo, pero fuerte temor de la princesita.

— Alice, hija mía. Sabes que lo que más deseo es tu felicidad. Por ello he tomado una decisión que es la más conveniente, tanto para ti como para el reino. Estas comprometida en matrimonio con su Alteza el Príncipe Alec de Dalias Rojas.

Su Alteza Alec era un joven prepotente y violento, el legítimo heredero de Dalias Rojas, a quien su padre, el rey Marco, le cumplía todo capricho. Antes de casarse con Jasper, la princesita temía que su padre tan siquiera considerara a Alec para convertirlo en su consorte, y en este momento, cuando el aquí y ahora habían desaparecido para la morocha y que había retrocedido en el tiempo hasta la época en la que aun ese miedo dominaba su mente, el terror invadió a la joven princesa quien lanzó un grito, en sus oídos el eco de aquellas palabras resonaba, mientras su padre también desaparecía en aquel liquido mortífero Estas comprometida en matrimonio con su Alteza el Príncipe Alec de Dalias Rojas

— No, padre ¡No! ¡Por favor Padre! —gritaba inclinándose en el corcel para alcanzarle y pedirle, suplicarle de ser necesario, que no le desposara con aquel hombre.

— ¡Alice! —grito Bella, trayéndola de regreso a la realidad, antes de que sucediera una tragedia. Alice miro hacia todos lados, tratando de comprender que había pasado, poco a poco su mente se fue despejando y la realidad fue recibida con gozo por parte de la princesa, para quien, irónicamente, hubiese sido una tortura realmente encontrarse en su hogar de Celosía, enterada de aquella noticia.

Respiro hondo y tras un suspiro siguió su camino, sin decir ni una palabra.

El tramo se hacía cada vez más largo para las tres herederas. La hechicera había cruzado ya aquel túnel más de una vez, por lo que cualquier truco ya no la sorprendía en absoluto y los dos jóvenes que les seguían intentaban por todos los medios, no mirar ninguna sombra y solo ir hacia el frente, ignorando sus propios miedos. Era una técnica absurda, pero sorprendentemente efectiva.

Rosalie se aferraba a las riendas con fuerza, seguía ella, lo sabía, pero no podía pensar en algo que realmente la aterrara, no sabía que pasaría, más una cosa tenia bien clara, conocería sus más grandes y ocultos miedos en aquel lugar.

Pronto se encontró con una sombra, y, haciendo acopio de valor y fortaleza, la miro, dispuesta a enfrentar su miedo, mas a quien vio fue a… ¿Emmett?

Parecía ser Emmett, pero se veía más mayor, ya algunas canas pintaban su cabello, pero seguía siendo él. De pronto Rosalie se sintió más vieja, y también para ella perdió significado el espacio, se encontró con un posible futuro, uno que no sabía que temía, por que no lo había considerado jamás.

Se escucho la voz grave y profunda de Emmett en los oídos de Rosalie, pero teñida por un tinte de molestia y asco.

— No puede ser posible que jamás me hayas podido dar hijos. ¿Por qué? Tantos años y ni un solo hijo, desdichada— las palabras hirieron a Rosalie en lo más profundo de su ser, pues su mayor deseo, junto con el de su marido, era tener una familia grande, y muchos hijos correteando por todos los jardines de Gardenia—. No eres una mujer completa, no sirves para mujer. Como desearía no haber perdido tantos años contigo, ahora no tengo un heredero. ¡Todo es tu culpa!

Aquel Emmett extraño, un Emmett que no existía, pero podría existir de volverse realidad aquel miedo de la rubia, desapareció en el mismo líquido por el que se habían ido los miedos de sus amigas. Rosalie se quedo helada, sabiendo que aquello era un truco, pero no dejaba de ser tormentoso descubrir aquel miedo que nublaba su mente y atormentaba su corazón. Pues lo más doloroso no era la perspectiva de no llegar a tener nunca hijos, no era la tristeza de no llegar a ser mujer de verdad. Lo más doloroso y lo que hacía de aquel miedo algo doloroso e insoportable, era el desprecio de Emmett.

— Rosalie—la llamo Alice en un susurro.

— Nada—dijo la rubia al volver de su dolor, aun decidida a enfrentar lo que vendría—. Continuemos.

Y agitando las riendas del caballo siguió su marcha, con la frente en alto y con más fuerza en su corazón.

La luz al final de aquel terrorífico túnel, se hacía cada vez más grande, dando un respiro a las aprensivas princesas quienes ya comenzaban a encontrar sus peores miedos y no eran precisamente aquellos que el túnel les mostró.

Faltaba al menos una milla para terminar aquella experiencia tan aterradora, pero lo que seguía no era algo que entusiasmara mucho a las princesas. Al salir del túnel se debían separar, pues, tenían muchas menos posibilidades de rescatarlos a los tres estando juntas que si cada quien iba por su marido. Además la hechicera ya no iría con ellas, pues de introducirse demasiado en el bosque, perdería los pocos poderes que le restaban.

— Nos debemos separar ahora—dijo Alice intentando romper aquel silencio sepulcral en el que estaban sumidas, aunque fuera solo para tratar situaciones angustiantes.

— Lo sé—dijo Rosalie con un dejo de melancolía—. Debemos ser firmes, no dejaremos esto ¿verdad?

— Para nada—dijeron a coro las de Celosía.

Avanzaron algunos metros más, sintiendo por fin el final de aquella travesía que casi les cuesta la vida a las tres. Y cada vez sintiéndose más cerca de sus amores.

— Jasper—susurro Alice al cabo de un rato. Tenía los ojos desenfocados y una expresión inescrutable, su mirada estaba lejos de toda realidad, viendo a través de la piedra.

Allí, en un rincón de la cueva, veía una figura de aquel hombre alto y rubio que tanto amaba y añoraba, pero no se veía bien. Solo Alice escucho aquellas palabras que salieron de su boca, las palabras que temía.

— ¿Alice? Alice vuelve, ya no hay tiempo. Ya nada puedes hacer.

— No, ¡No!

El espectro se acercaba a ella con una mirada vacía y a Alice se le encogió el corazón, ahora más temerosa que antes, aterrada hasta el último rincón de su pequeño cuerpo, temblando en su interior, sintiendo a flor de piel aquel miedo paralizante, aquel temor acuciante y aquella tristeza interna de perder a su alma gemela, a la persona que hace lo imposible por verla sonreír y a quien ha amado como a nadie.

— Alice, ya no hay nada que puedas hacer, es demasiado tarde.

— No, Jasper, ¿Qué estás diciendo? Aun se puede hacer algo, Jasper.

La figura ahora estaba frente a ella, mirándola a los ojos penetrantemente, y hundiéndose de a poco en el líquido transparente que en ese momento, Alice había olvidado que era acido.

— Estoy muerto, Alice. Estoy muerto, no nos volveremos a ver.

Alice emitió un grito desgarrado al oír esa palabra que tanto temía, mientras la figura de su amado desaparecía en el agua. No, no podía estar muerto, no ahora. ¡No!

— Jasper, quiero irme contigo, espérame, Jasper— gritaba intentando bajarse del caballo que en ese momento estaba mucho más nervioso que la propia Alice.

— ¡Alice, no! —gritaron a coro Rosalie y Bella, deteniéndola antes de que tocara aquel liquido asesino.

— Suéltenme, me quiero ir con él—gritaba Alice, completamente desenfocada. Lagrimas de dolor surcaban su rostro a una velocidad interminable—. Suéltenme, me quiero ir con Jasper.

— Alice escúchame—grito Bella, ganando por fin la atención de su hermana—. No es cierto. Lo que sea que oíste no es cierto.

— Vi a Jasper—gimió Alice—me dijo que estaba muerto, se fue por ahí y me quiero ir con él.

— No es verdad, Alice. Jasper no está muerto, lo podrás comprobar esta noche—dijo Natasha.

El corazón de la pequeña princesa por fin normalizo sus latidos y Alice se sintió tranquila al sentir nuevamente ese no sé qué, que sentía desde que había conocido a Jasper y que la acompañaba a cualquier lado, siempre y cuando su alma gemela estuviera bien.

Avanzaron cada vez más rápido, deseaban salir de esa casa del miedo, encontrarse alrededor de una hoguera a punto de dormir, para ir en busca de sus amores en aquel maravilloso encantamiento. Deseaban la seguridad que les daba poder ver, oír y sentir a sus esposos, aunque fuera de esa forma extraña y maravillosa que les proporcionaba aquel bosque. Porque así sabían que al menos estaban bien, a salvo, aunque estuvieran tristes y solos, pero seguían vivos y eso era lo importante, porque en un mundo en el que ellos no existieran, ellas no podrían vivir más.

Habían avanzado la mitad lo que les quedaba y se sentían cada vez mas impresionadas, más vulnerables, quizá fuera por todo lo vivido en ese momento, quizá por su mente agobiada o su alma que aun sentía a flor de piel aquellos temores que ocultaban, o quizá fuera un sexto sentido, un sexto sentido que les decía que el show no había terminado aun para quienquiera que se divertía con los que atravesaban el túnel.

De pronto una figura corpórea apareció en el rincón ante los ojos de Rosalie, era nuevamente Emmett, pero esta vez era joven como siempre lo había sido, caminaba hacia ella en silencio y la miraba con ojos muertos. Rosalie captó al instante lo que ocurría y esta vez no iba a caer en aquello.

— Rose, no podemos volver a estar juntos. Regresa a casa, mi flor.

— ¡Tú no eres Emmett! —grito la rubia al tiempo que agitaba fuertemente las riendas de su corcel y lo más veloz posiblemente sin esperar a las demás salía de aquel lugar, temerosa de que si se quedaba, creería todas y cada una de las palabras de aquel Emmett falso, aquel Emmett que no existía.

Los demás la siguieron en su acción, desesperados a su vez por salir de allí antes de perder la cabeza. Pero Bella se paró en seco al escuchar una voz aterciopelada y conocida detrás de sí.

Giro la cabeza solo para encontrarse de golpe con la figura pálida y triste de Edward, que le miraba con ojos vacios.

— Edward—dijo con la respiración entrecortada.

— Bella. Mi vida. Vuelve a casa, cuida de nuestro hijo y no sigas en esto.

— Edward, yo…

— Bella, ya no hay nada que puedas hacer. Estoy muerto, los tres hemos muerto, no hay nada que puedas hacer contra eso, solo cuidar la única parte que queda de mi y que vive en tu vientre.

— No, Edward, ¡No! ¡NO!

— Adiós mi Bella, adiós. No nos volveremos a ver. Siempre te quise Bella. No me olvides, te esperare en el otro mundo.

Y dicho esto, Edward desapareció por el líquido. Bella emitió de inmediato un grito y se inclino a ver hacia el agua.

— Edward, vuelve. Edward, quiero irme contigo, Edward, por favor.

Una serpiente, una serpiente real salió de un agujero en el túnel, registrándose en la pupila del caballo blanco, el cual emitió un relincho angustiado y se levanto en dos patas, haciendo a Bella caer de su lomo.

Bella recupero la noción de la realidad y recordó la verdad justo antes de darse cuenta de que iba a morir. Espero el golpe de aquel liquido y posiblemente el dolor de quemarse en carne viva, despidiéndose del mundo y de su esposo… y de su bebé.

Pero en lugar de tocar el agua, sintió en su cintura dos manos grandes y firmes que la detuvieron a pocos centímetros del líquido. Lo siguiente que supo era que estaba montada en el lomo de Terra, junto a Jacob y que Copo de Nieve había salido de allí.

Salieron del túnel y se percataron de que el cielo estaba muy oscuro. Era de noche, pero una noche sin estrellas y solo con la luna llena e imponente en el cielo iluminando un poco el bosque. Rosalie y Alice ya habían instalado el campamento.

Jacob le ayudo a bajar del caballo y ella se dirigió a su manta para sentarse y descansar su cabeza en sus manos.

— ¿Estás bien? —escucho la voz aprensiva de Jacob.

— Si—suspiro profundamente—. Gracias Jacob, me has salvado la vida.

— No es nada—dijo sencillamente.

—Descansad—dijo Natasha—. Al amanecer nos separaremos. Buscad a sus esposos—les sonrió cómplice.

Las princesas se acostaron en las mantas y se cubrieron, sumiéndose en sus pensamientos llave para poder llegar hasta sus esposos.

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Alice subió la escalera de caracol sin detenerse a pensar y atravesó la puerta de la prisión de su marido velozmente. Le urgía verlo, le urgía saber que estaba bien, le urgía encontrarse con él, abrazarlo, besar su cabello, estar con él toda la noche.

Al atravesar la puerta, su inquieto corazón se calmo un poco ella respiro profundo.

Allí estaba su amado, recargado en un rincón de ese lugar, abrazado a sí mismo y con los ojos cerrados, su respiración era acompasada y regular, lo cual indicaba que estaba durmiendo.

Se acerco a él y acaricio su cabello, mientras una silenciosa lágrima se deslizaba por su mejilla, pero de alegría, pues no se le había ido la inquietud después de lo ocurrido en el túnel del miedo.

— Amor—susurro suavemente—. Estando contigo… la vida por fin tiene sentido… no puedo imaginar que tu no existas… eres mi todo… si siempre conmigo estas… la vida puedo disfrutar… pues mi vida eres tu… si estas lejos de aquí, ámame así… que yo estaré cerca en tu corazón…donde estés, ámame y no me olvides… que jamás te podre olvidar, amor…(*) —canto suavemente una antigua canción que le había escuchado varias veces a su madre cuando niña, que a veces su madre le cantaba a su padre para hacerlo sonreír cuando las cosas no iban bien.

— ¿Alice? —escucho murmurar a Jasper y paso su mano por los rizos dorados de aquel hombre que amaba como a nadie había podido amar. Jasper levanto la mirada y suspiro—. ¿Estás aquí?

— Si, aquí estoy mi amor—dijo con la voz más tranquila que podía hacer, pues su corazón aun se encogía de verlo en ese estado de soledad y tristeza.

— Te he extrañado—le dijo con una sonrisa triste.

— Y yo a ti—le respondió Alice—. Pero ¿sabes qué? Pronto se acabara y estaremos juntos, juntos para siempre, ya nada ni nadie nos separara.

— No estoy seguro de que quiera que vengas—dijo el rubio, despedazando el corazón de la princesa—. No quiero que te hagas daño, si a ti te pasa algo por esto, jamás me lo perdonare.

— No voy a dejarte aquí. No puedo Jasper—le dijo ella, ahora aliviada de que se debiera a eso y no a que ya no la quisiera—. Sin ti mi vida pierde completo sentido. Te amo y no podre dejarte aquí jamás. No podre olvidarte, y aunque tú me hubieras olvidado a mí, yo no podría hacerlo, jamás y de no poder llevarte de vuelta a casa, te seguiría a donde fuera. Hasta el mismo infierno si fuera preciso.

— Te amo tanto—dijo él en un suspiro—. Eres tan especial, tan hermosa y tampoco te podría dejar.

— Lo ves, ahora calla y ven conmigo—le dijo rodeándolo con sus brazos, él se recargo tranquilamente en el pecho de su amada, aunque no la veía y se dejo llenar de ese cariño que le hacía falta y que ella le daba sin condiciones. Alice volvió a entonar la canción hasta que él se volvió a quedar dormido en sus brazos.

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Rosalie entro de nuevo al claro, lo más veloz que podía y al entrar exhalo un suspiro fuerte y aliviado al ver a Emmett allí, aun vivo, aunque tirado de lado en el centro del claro, con los ojos cerrados y la respiración acompasada.

Se acerco a él y planto un dulce beso en su mejilla, haciéndolo abrir los ojos de golpe.

— Hola—pronuncio y Emmett interpreto el mensaje por el movimiento de sus labios.

— Hola—le dijo con voz débil.

— ¿Estás bien? —preguntó. Emmett esbozo una sonrisa y dijo:

— Define "bien"

Rosalie sonrió ante aquello, a pesar de la situación, él seguía teniendo su sentido del humor.

— Tonto—dijo Rosalie escondiendo la cabeza en su pecho.

— Te quiero mi bella flor.

— Y yo a ti Emmett. Te amo.

Se quedaron allí por un momento, disfrutando de su amor y del cariño que ambos necesitaban. Hasta que el tiempo se acabo.

— Pronto estaremos juntos, Emmett—dijo ella con una sonrisa antes de desaparecer.

— Te amo—dijo Emmett cuando Rosalie había desaparecido. Sin embargo, ella alcanzo a escucharlo perfectamente.

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Bella camino nuevamente aquellos pasos que bastaban para llegar a su esposo. Sonrió al encontrarlo allí, sentado, con una vara en la mano, trazando círculos en la arena del suelo de la cueva.

Con una sonrisa se acerco a él, mirándolo fijamente. Puso su mano en su cabello y suspiró y él levanto la vista inmediatamente. Sus ojos se iluminaron visiblemente cuando los clavo en ella.

— Bella—dijo sonriendo.

— Hola, mi amor—le dijo Bella— ¿Estás bien?

— Mucho mejor ahora que estas aquí, mi amor—el bajo la mirada a su vientre y se encontró con el bultito rosa que se veía en ella, su hijo—. ¡Qué hermoso es! —exclamó sonriendo.

— Lo sé—dijo Bella llevándose una mano al vientre—, se parece a su padre.

— También a su madre—respondió él.

— Ay, Edward, como te he extrañado.

— Y yo a ti Bella, y yo a ti.

Se quedaron allí bastante tiempo solo mirándose el uno al otro. Cuando Bella sintió que se acababa el tiempo, dijo lo que quera decir.

— Edward. Ya estamos en este lado del bosque. No tardaremos en llegar con ustedes.

Y se fue antes de que él pudiera decir algo.

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Al amanecer, el día era extremadamente nublado y gris. Las princesas despertaron sintiéndose más tranquilas y seguras, pues habían comprobado que lo vivido en el túnel solo había sido un truco y que sus esposos estaban bien, relativamente.

Montaron en silencio y Natasha las siguió, pues se adentraría un poco en el bosque para darles unas últimas instrucciones y apoyo. Jacob y Seth no sabían si seguir o quedarse y volver.

— Bella, ¿tienes que ir, de verdad? —pregunto Jacob, en quien se habían despertado sentimientos antes desconocidos para él desde que estaba con la heredera.

— Si, Jacob, es mi esposo—dijo Bella tomando las riendas del caballo.

— Por favor, no vayas. No me gustaría que murieras, por favor.

— No moriré Jacob, pero debo ir. ¿No lo comprendes?

— Comprendo que siento algo por ti, que jamás había sentido por nadie. Por favor Bella.

— Jacob, lo siento. Tú y yo solo somos amigos. No podremos ser nada mas jamás, pues aunque Edward muriese, el ya es dueño de mis sentimientos y mi corazón. Ve a casa Jacob, por favor, solo ve a casa.

Y dejaron atrás a los dos jóvenes. Jacob había sentido por primera vez en su vida la atracción hacia una mujer, lo cual era algo extraño, poco a poco se iba sintiendo distinto.

— ¡Jacob! —escucho la voz alarmada de Seth.

— ¿Qué? —Pregunto Jacob, dándose cuenta un segundo después de que estaba desapareciendo— ¿Qué ocurre?

— Creo que ya no tienes derecho a estar aquí—dijo Seth. Y Jacob desapareció. Seth dio media vuelta al caballo, tomando las riendas del que su hermano había dejado e internándose de nuevo en el túnel del miedo.

Nunca lo supieron y nunca lo sabrán, pero al tener aun un corazón y espíritu infantiles. Seth y Jacob podían ingresar al Bosque Oculto cuando quisieran. Solo cuando por primera vez Jacob hubo experimentado sensaciones adultas, como el enamoramiento y el rechazo, pudo madurar su espíritu y corazón, perdiendo para siempre su derecho a entrar a aquel bosque. Y siendo bienvenido al mundo real.

Pero entre las copas de los arboles, un pájaro negro completamente había estado observando toda la noche a los seis visitantes del bosque y ahora elevaba el vuelo a través del cielo gris. Llegando a una cueva y descendiendo por el mismo agujero por donde salió el hechizo.

— ¿Qué ocurre, Flint? —se escucho la voz escalofriante de María.

El pájaro expulso de su pico una semilla hasta una bandeja con agua que había cerca de él. Y entonces el agua tomo formas, y apareció en ella las tres princesas y la hechicera que se dirigían a todo galope hacia el este del bosque, acercándose cada vez más a sus prisiones.

De pronto todo cobro sentido. La falla de sus hechizos se debía a un poder más fuerte y ligado a aquellos jóvenes que tenia prisioneros. A María nadie se lo dijo, pero ahora se daba cuenta de que el amor verdadero constituía un poder más fuerte de que cualquiera pudiera tener jamas. Incluso ella.

— Maldita sea—gruño María, quien estaba poco dispuesta a dejar partir a los tres jóvenes que más le habían agradado desde hacía muchos años—. Ni crean que será tan sencillo. No permitiré que me los quiten cueste lo que cueste.


(*) No es ninguna cancion, lo he invengtado sobre la marcha. Quiza sea cancion en un futuro, jejje XD


Hola a todos! Si ya se que me he tardado horrores, pero he de decirles que comenzare a tardar entre semana y media y dos semanas en actualizar. La razon: La escuela XP Por ello les ruego sean pacientes, por que ademas de la escuela, me han escogido para participar en un concurso y debo entregar dos ensayos filosoficos el dia 20 de Septiembre.

Bueno, vamos a lo que me importa: ¿Que les parecio? El tunel del miedo fue bastante fuerte, al menos lo que imagine, espero haberlo transmitido bien en palabras. Y Jacob se ha ido, bien al final la teoria de Rosalie no estaba tan equivocada. XD

Y María se ha enterado! ¿Que hara? Ahora si que me da un infarto. Voy a ir ahorrando para mi chaleco antibalas y mi escudo policiaco, porque lo que sigue... ME VAN A QUERER CORTAR LA MANO! NO DOY DETALLES.

Bueno. ¿Les gusto?, ¿no les gusto?, ¿el clima es estupendo en su ciudad? ¿Algo?, cualquier cosa, dejenme un bello review en el recuadrito sexi de alla abajo.

Gracias a Lulú (sweetsugarhoney), a TatyPatz, a Kriss21 y a AvrilG. por sus reviews en el capitulo pasado.

Un beso a todos y espero poder subirles pronto capitulos de Amor de Pelicula, Vivir una Nueva Vida y Dos Vidas un Mismo Amor.

Klau :D