Disclaimer: Ninguno de los personajes aquí descritos me pertenece. Únicamente son míos mi mente, la incombustible llama de la imaginación y, quizá, mi cordura. Lo poco que tengo, os lo ofrezco. ¡Disfrutadlo!
°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø Me equivocaría otra vez °º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø
"Quieres bailar conmigo, puede que te pise los pies"
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Pergamino noveno: Wonderwall
'I don't believe that anybody feels the way I do about you now. And all the roads we have to walk are winding, and all the lights that lead us there are blinding. There are many things that I would say like to say to you. I don't know how.''
La nieve ya había pasado y con ella el frío, aquel estúpido espíritu navideño y los villancicos. Si, podría decirse que Draco estaba contento de que las clases comenzaran de nuevo y todo volviese a su curso, pero eso sería demasiado optimista. La verdad era que hubiera preferido quedarse en casa escuchando a los elfos domésticos de la mansión Malfoy cantando a viva voz por las mañanas mientras preparaban el desayuno a volver a ver la cara de Granger después de dos semanas de quebraderos de cabeza y palabras malsonantes.
Sinceramente, era ridículo que perdiera su valioso tiempo pensando en ello. Ella le había dejado bastante claro que era lo que quería y, lo más importante, que no quería y porqué. Si se consideraba demasiado buena, demasiado Gryffindor para él pues allá ella. Pero si había algo en lo que debía darle la razón a la sabelotodo, y era que todo aquel asunto se le estaba yendo de las manos. Había dejado de ser un juego, y lo más patético de todo es que no sabía cuando había pasado.
Sintiéndose poco más que la vergüenza de Slytherin, el rubio empujó su maleta negra y reluciente hasta haberla subido completamente al tren y se dispuso a buscar un compartimento libre. Con un poco de suerte, pensó, tal vez Blaise estaba esperándolo con su acostumbrada sonrisa de suficiencia y alguna que otra anécdota interesante sobre su pintoresca familia y sus rituales navideños. Si, puede que eso fuera todo lo que necesitaba; volver a la rutina.
- Olvida a la señora del carrito, Ron, hay cosas mucho más importantes que ese agujero negro al que llamas estómago. – se escuchó claramente la voz del que sin duda debía ser Potter acompañado por el chasquido inconfundible de la lengua de la sangre sucia, cuya melena encrespada no tardó en aparecer.
- Como si intercambiar cromos de quidditch fuera la cosa más importante del mundo. – Hermione, en pleno proceso de cruzarse de brazos para mirar acusadoramente a Harry, se quedó prácticamente sin habla cuando distinguió al Slytherin que se mantenía firmemente erguido frente a ellos con los labios fruncidos en una mueca de indiferencia permanente.
Los mismos Harry y Ron no tardaron demasiado en reparar en el mismo detalle.
- Malfoy. – Se limitó a murmurar el pelirrojo lacónicamente. Sin saber porqué, lo que hace unos meses hubiera sido un "¿qué tal tus vacaciones, mortífago?" se había convertido en una especie de saludo cordial entre tres enemigos que estaban empezando a tolerarse sin ni siquiera percatarse de ello.
Hacía meses que no peleaban en los pasillos ni intentaban hechizarse, la verdad era que Harry ni siquiera podía recordar cual fue la última vez que Malfoy se metió con su, literalmente, "afán enfermizo por ser el centro de atención". Para ser sincero, ni siquiera recordaba exactamente cuando le recordó al de los ojos grises que su padre estaba encerrado en Azkaban por última vez.
- Weasel, San Potter. – concibió él con una leve inclinación de cabeza, y la castaña no pudo dejar de notar que ni siquiera se había molestado en sisear ese acostumbrado "sabelotodo" cuya pronunciación casi cariñosa estaba empezando a disfrutar.
Dispuesta a no dejarse avasallar por la mirada helada de Malfoy, Hermione aferró el asa de la maleta entre sus manos con fuerza y pasó de largo, caminando por el estrecho pasillo con intención de abrir una puerta cualquiera y dejarse caer en uno de los incómodos sillones para poder mirar el paisaje por la ventana y dejar viajar su mente, pero la repentina aparición de un rostro surcado de pecas y dos manos que se aferraban fuertemente a su brazo frustraron cualquier intento por huir de la presencia apabullante del rubio.
- ¡Herms, cuanto tiempo! – Ginny la abrazó con una efusividad tal que la castaña pensó que se partiría en dos.
- Dos días. – Añadió ella con una ceja alzada en un movimiento que a Draco le pareció deliciosamente suyo, made in Prefecta Perfecta Granger. Estuvo tentado a sonreír, pero la mirada atenta de la hermana pequeña de la comadreja hizo que se lo planteara dos veces.
- Dos días, por el amor de dios¿sabes cuantas cosas pueden pasar en cuarenta y ocho horas? - Harry cerró la puerta del compartimento después de entrar, lanzándole una última mirada al Slytherin que se encontraba apoyado indolentemente sobre la pared esperando todavía la aparición de Zabini, de espaldas a ellos.
- A un arriesgo de estropear la emotividad del momento…
- Ron, mantén tu enorme bocaza cerrada mientras asfixio a mi mejor amiga¿quieres? – el Weasley frunció el ceño y se dejó caer en el asiento junto a Harry murmurando algo sobre "hermanas desagradecidas y carritos con ranas de chocolate que parecen no llegar nunca" mientras Ginny seguía sosteniendo sus brazos alrededor del cuello de Hermione.
- Gin, yo que tú dejaría de hacer eso si quieres seguir teniendo mejor amiga a la que abrazar. – apostilló Harry tranquilamente, pasando otra página del libro que le había regalado la castaña esas navidades. Quidditch para buscadores¡atrapa la snitch en un abrir y cerrar de ojos!
La pelirroja se apartó elegantemente de Hermione –que aspiraba bocanadas de aire con algo de dificultad- y se sentó frente a los dos chicos con las piernas cruzadas y los labios fruncidos en un mohín de disgusto.
- Panda de aguafiestas.
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La mañana en el castillo había sido, cuanto menos, agotadora para el trío dorado. Maletas, niños de primer curso que iban y venían, horarios nuevos… por no mencionar el estrés post vacacional.
- Hogar, dulce hogar. – Ron se dejó caer en uno de los sillones de la sala común con un sonoro suspiro, el uniforme de quidditch lleno de barro y el pelo pelirrojo revuelto, atrayendo más de una mirada de alguna que otra Gryffindor sin ni siquiera percatarse ello.
Pero Hermione si se daba cuenta de las miradas furtivas que le enviaban las chicas de séptimo curso desde uno de los rincones.
Se preguntó cuanto tiempo tardaría Ron en reparar en las reacciones que desataba en el sexo contrario cada vez que se pasaba la mano por el pelo, le guiñaba un ojo o sacaba a relucir toda esa picardía disfrazada de inocencia sólo para ella.
Se preguntó si tal vez algún día llegaría a mirar a Ron con otros ojos, con los ojos de Parvarti o Lavender o cualquier otra chica. Si podría ver los dos o tres botones desabrochados de su camisa color verde y soñar con su pecho desnudo y dejar volar su imaginación más allá, sólo un poco más allá de las sábanas de su habitación.
Si alguna vez los ojos azul cielo de Ronald no se transformarían en otros de color acero mirándola con determinación tras las pestañas pelirrojas.
Puede que, quién sabe, dentro de uno o dos meses –o menos- el nombre de Draco Malfoy saliendo de sus labios entreabiertos se transformara en el de Ronald Weasley.
O puede que no.
- Aún no has terminado la redacción de runas antiguas. – le recordó en tono cansino, sin esa obsesión entusiasta que solía ponerle antes a sus regañinas nocturnas. Sin ese tono de estar a punto de explotar en su voz.
Que extraño.
- Hermione¿estás…? – el de los ojos azules se rascó la nuca sin saber exactamente como continuar. Nunca se le había dado demasiado bien hablar sobre esas cosas con alguien que no fuera Harry. Bueno, de hecho tampoco se le daba bien hablarlas con él. – Estás rara. – fue todo lo que salió de su boca, y automáticamente sus orejas se tornaron de color rojo escarlata.
La castaña cerró el libro sobre su regazo y clavó en él sus ojos oscuros. Ron se tensó imperceptiblemente, tragando saliva.
- Que tontería, estoy como siempre. – sentenció ella. – Puede que un poco cansada, nada más.
Ron asintió, pero ambos sabían que no creía una sola palabra de lo que había dicho. Demasiados años de amistad como para no saber cuando estaba mintiendo.
Sonrió internamente, cuando Hermione mentía siempre arrugaba la nariz y fruncía los labios, se frotaba las manos y evitaba mirarle a los ojos fuera como fuera. Era muy transparente, por lo menos para él.
Demasiado.
La castaña se levantó del sillón tras fingir interés por las uñas de su mano derecha durante unos cinco minutos y anunció que tenía que ir a buscar a Ginevra porque ambas tenían que hacer algo que el pelirrojo entendió como "blablabla, biblioteca" para más tarde desaparecer por el retrato de la Dama Gorda, que estaba de especial mal humor ese día.
- Las vacaciones no son lo suficientemente largas. – la escuchó refunfuñar Ron desde su cómoda posición cuando la puerta volvió a abrirse para dar paso a Harry.
Desde que salía con su hermana el pelinegro lucía más tranquilo, más adolescente que nunca. De vez en cuando le proponía alguna escapada a Hogsmeade bajo la capa de invisibilidad e incluso se permitía bromear sobre todo aquel asunto de ser el elegido de vez en cuando.
Ron no permitiría que cualquier chico se acercase a Ginny, desde luego. Pero Harry no era cualquiera.
- Acabo de cruzarme con Hermione en el pasillo, parecía alterada por algo. – los ojos verdes del niño que vivió se clavaron en los azules del Weasley y éste no tardó demasiado en atar cabos.
Levantó las manos al aire.
- Esta vez yo no he tenido nada que ver, en serio. No sé que le pasa, últimamente está…
- Rara, ya lo sé. – Harry se dejó caer junto al chico en el sofá y subió las piernas a la mesa, hundiéndose aún más en el cuero rojo del mueble. – He intentado hablar con Ginny, ella es su mejor amiga y es evidente que sabe más de lo que dice, pero siempre me contesta con evasivas y termina escabulléndose.
Ron chascó la lengua.
- ¿Una Weasley burlando al elegido? Que vergüenza, si las masas se enteraran… - fingió estar afligido mientras le lanzaba alguna mirada de soslayo a una chica de unos dieciséis años que le devolvía el contacto con fingida indiferencia desde el principio de las escaleras.
El moreno se removió en su sitio, incómodo.
- Me gusta ser el hazmerreír de la comunidad mágica, ya me conoces.
Su amigo soltó una sonora carcajada y echó la cabeza hacia atrás. Cuando volvió a enderezarse le brillaban los ojos.
- ¡Harry, baja los pies de la mesa! Ya. – la voz de Hermione –que había olvidado los libros en el baúl de su habitación y se disponía a ir a por ellos- se escuchó fuerte y clara en la sala común, rebotando en cada una de las piedras que componían las paredes y también taladrando más de un oído de algún que otro estudiante.
El aludido abrió mucho los ojos y bajó los pies lentamente de la superficie de madera y Ron (que reía por lo bajo) pronunció un apenas audible "hay cosas que nunca cambian".
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Las mazmorras solían estar vacías a las ocho y media, hora en la que se servía la comida en el Gran Comedor, pero el sonido de unos dedos rasgando las cuerdas de aquel demoníaco artilugio muggle –como sin duda hubiera acabado por denominarlo Snape si fuera remotamente consciente de su existencia- rompía el silencio de la noche del seis de enero.
Draco frunció tanto el ceño que sus ojos grises se convirtieron apenas en dos ranuras situadas bajo las cejas color platino.
- ¿Y cómo has dicho que se llama? – preguntó, volviendo a pasar los dedos por las cuerdas del delicado instrumento de color marfil que Blaise sostenía entre sus manos sentado en la cama, a su lado.
- Guitarra. – dijo, y sus ojos brillaron al ver la expresión en la cara del rubio. – Pensaba que no viviría lo suficiente para ver al orgullo se Slytherin tocando un objeto muggle.
El orgullo de las serpientes en cuestión alzó una ceja y soltó una risotada.
- Si piensas que por no ponerme guantes para tocar esta… cosa me he convertido en una hermanita de la caridad es que no me conoces en absoluto, Zabini. – el de los ojos aguamarina se llevó una mano a la frente y tras lanzar un lánguido suspiro de total incomprensión se dejó caer de espaldas sobre la cama. – A padre le dará un infarto cuando se entere de que su único heredero se interesa por las costumbres de los sangre sucia.
- Oh, que lástima. Con lo precioso que sería un concierto a media luz en el comedor de la mansión Malfoy. – añadió el moreno con pesadumbre. – Pero nosotros no queremos que le pase nada malo a Lucius¿verdad? –subió y bajó las cejas. - Imagínate, Draco Malfoy, el orgullo de sus padres en la primera página de todos los periódicos con una guitarra en la mano. Qué bochorno.
Ambos se quedaron en silencio saboreando el momento, intercalaban miradas entre ellos, la partitura que guardaba Blaise sobre la cómoda y la guitarra.
- Enséñame a ser una deshonra. - la voz de Draco –ligeramente más grave de lo que debería- serpenteó por entre las cuerdas prolijamente tensadas del instrumento y éste vibró casi en un murmullo durante escasos segundos.
Podría confesar que aquello le emocionó, pero sería ir demasiado lejos.
- Primera lección: sostén la guitarra de manera que las clavijas queden en la posición correcta. - Blaise le dio la vuelta al objeto en las manos del rubio y señaló las diferentes protuberancias que permitían tensar las cuerdas como es debido con una media sonrisa en la cara.
Draco bufó.
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Los días pasaban lentos, mucho más lentos que de costumbre. Era una época de relativa calma, nada de ataques frustrados del que no debe ser nombrado a Hogwarts ni un solo examen que estudiar, un alumno descuidado que regañar o estantería en la biblioteca sin ordenar.
Era francamente aburrido, pensó Hermione mientras recogía los útiles de encima de la mesa y se despedía de McGonagall con un leve movimiento de cabeza.
Se colgó la mochila del hombro sin demasiado entusiasmo y se dispuso a salir del aula, pero su hombro chocó contra otro con una intensidad tal que se tambaleó y tuvo que sostenerse de uno de los estantes llenos de pergaminos enrollados para no caer.
- Ten más cuidado, sangre sucia. – tronó la voz aguda de Adrian Pucey, uno de los gilipollas de séptimo de Slytherin. Con su metro noventa de altura, las cejas oscuras pobladas y los ojos enormes de color marrón –tan claro que asustaba- Pucey representaba uno de los mayores iconos de su casa en cuanto a lo que músculo se refería después de Crabble y Goyle, solo que él tenía el aliciente de tener un cerebro acorde a su masa muscular –aliciente del que los otros dos carecían, cabe añadir-.
Pero iba a necesitar mucho más si lo que pretendía era asustar a la misma chica que se enfrentó a un troll en primero.
- Yo podría decir lo mismo. – contestó en apenas un murmullo haciéndose paso hasta el hueco de la puerta la castaña, tragándose un "especie de troll con lobotomía" que consideró apropiado guardarse para si misma.
La enorme masa que representaba Adrian se paró y se giró lentamente hacia ella con los ojos muy abiertos, como no dando crédito a lo que había dicho.
- ¿Te atreves a llevarme la contraria? – siseó amenazadoramente, arrinconándola poco ante de que consiguiera escapar.
Hermione estaba acostumbrada a tener problemas con Slytherin gracias a su condición de hija de muggles, por supuesto, pero únicamente con Malfoy como cabecilla y Crabble y Goyle en la retaguardia, nada de fuerza bruta o comentarios más fuertes que el simple "sangre sucia" –que incluso estaba empezando a ser normal-, por lo tanto no sabía como reaccionar.
En una situación normal o lo que es lo mismo, siendo Draco Malfoy el que en ese mismo momento estuviera frente a ella, no dudaría en alzar la varita e incluso tomarse la molestia de sonreír cínicamente, pero éste distaba mucho de ser Draco y desde luego no iba a contentarse con un "si".
Así que optó por quedarse callada, eso si, sin bajar la cabeza y romper el contacto visual. Aquello pareció enfurecerlo aún más.
- No eres más que una apestosa e insignificante…
- Buenos días, Pucey. – se escuchó otra voz fría desde el marco de la puerta. Automáticamente el chico se apartó de ella (no sin antes lanzarle una última mirada de advertencia) y salió del aula, pasando junto a Draco que llevaba lo que a Hermione le pareció una bola bastante más grande de lo normal pendiendo del hombro derecho.
La castaña recogió la mochila del suelo y cuando volvió a su posición inicial el rubio todavía permanecía en el mismo sitio, observándola imperturbable.
Abrió la boca, pero él se le adelantó.
- Ten más cuidado, sabelotodo. No siempre voy a estar aquí cubriéndote las espaldas.
Hubiera querido decirle muchas cosas, como que se suponía que los enemigos no se cubrían las espaldas y que ella podía defenderse sola, pero la verdad era que el brillo en los ojos grises de él la había dejado en un estado permanente de semi inconsciencia, como si estuviera hipnotizada.
Cuando quiso darse cuenta su túnica negra ya se había confundido con la oscuridad del pasillo.
'Because maybe you're gonna be the one that saves me and after all you're my wonderwall'
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¡Benvenuto tutto!
Estaréis pensando que me había muerto –por aquello de que hace muchísimo que no actualizo y tal- pero aquí estoy para dar fe de que sigo viva y además dejaros un nuevo capítulo de "Me equivocaría otra vez".
Os diría que esta vez tengo excusa, pero la única verdad es que no sabía como llevar la historia a partir de la última actualización. De hecho, si no hubiera sido porque ha vuelto mi musa - ¡cariño, cuánto te he echado de menos! – ahora mismo no estaría aquí escribiendo esta sarta de tonterías.
Espero que el capítulo os haya gustado o que por lo menos os haya parecido lo suficientemente interesante como para dejar vuestra opinión, ya sabéis que tanto críticas como "continúalo, por favor" son bienvenidos ;) que os quiero mucho y que es de agradecer que los lectores no dejen de seguir la historia a pesar de mi inconstancia.
No recuerdo si Adrian Pucey ha salido ya en los libros, y si lo ha hecho tampoco sé de buena tinta cual es su descripción física, así que me la he inventado completamente. Espero no herir los sentimientos de ninguna admiradora suya ni nada parecido, es sólo que… bueno, me venía bien que apareciera.
Esto no hubiera sido posible sin vosotras: Yeire, Dark Ginny Malfoy, Sakura-Granger, mica-prongs, Princess of darkness, Dry, Sami-Maraurder girl, Pixie tinkerbell, adriana, Irene, oromalfoy, Lira Garbo, Daana Malfoy, sheyla, oO. White Snow .Oo, margara, Lna, Mya Kovac, harrymaniatica, Fer Cornamenta, Kmiriel, Cielo azul V, Lunaticgirl14, nonna, cynthia88, alitonks, -- S!lV! ---, Male-chan, angela, Alevivancov, yo, nataly-malfoy, Alex de Malfoy, Pablo, Ginny04.
Muchas gracias a vosotros, los de siempre y un caluroso abrazo para las nuevas incorporaciones. Bienvenidos a esta gran familia. Bueno, y si no gran… bienvenidos igualmente.
Earwen Neruda
PD: La canción que le da vidilla a este capítulo se titula "Wonderwall", del grupo Oasis. Recomendada total y completamente por mi, por supuesto.
