Hola, soy LadyAtenea. Al fin el día ha llegado. Dejen sus reviews con sus opiniones etc.
Los quiero
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Era sábado. Estaba sentada en mi sofá que daba a la puerta, tenía mucha curiosidad, ¿quién vendría hoy? Si mal no recuerdo, hoy puede venir cualquiera de los chicos. ¿Vendría alguno? Descarté por completo a Lys, era obvio que él no vendría, ¿el por qué? Tenía un presentimiento. El timbre sonó, la fuerza de la gravedad impedía que me moviera.
-Su, abre la puerta. -¿¡qué!? ¿ALEXY? Me acerqué lentamente, -puedo ver tus pies bajo la puerta.
-Mierda –susurré entre dientes. Tomé el pomo de la puerta y la abrí lentamente, al otro lado, un chico de cabellos azules todos despeinados, sus ojos sin vida (como siempre) y una sonrisa que imponía autoridad. –Qué agradable visita, ¿sabes? Tú eras el último en mi lista de "posibles visitas".
-Qué graciosa –me empujó para poder pasar. –Solo porque creías que era gay, ¿no?
-¿No es obvio? Como buen amigo que eres…
-Si claro –se sentó en el sofá en el que me encontraba yo antes. Permanecí en la puerta, con la esperanza de que otro venga. –Ya ven aquí, nadie vendrá…
-¿Qué?
-Les pedí amablemente a los demás que me dejaran solo contigo –un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Cerré la puerta a mis espaldas pero no me moví, ¿debía salir corriendo? No sabía que me quería decir, la curiosidad me estaba matando.
-¿Qué quieres? –le pregunté.
-Lo que todos quieres, ¿no? –se paró y se acercó a mí, me erguí, puso ambos brazos a cada lado de mi rostro. Una de sus piernas rodeó mi pierna derecha, abriéndola y dejándome inmóvil. Debía ser fuerte, no caer. –Sabes… ya debieron haberte contado que yo nunca hice nada con nadie.
-Alexy, dime ahora qué quieres.
Acercó su rostro al mío, su punta de la nariz pegaba con la mía. Mi corazón, maldito, iba a cien por hora. Se podía tocar la tensión que había en el aire. La rodilla que se encontraba abriendo mi pierna se pegó a mi zona intima, haciendo que haya presión en ella y que yo tenga que ponerme en puntas de pie.
-¿Te gusta, no es así? –mordí mi labio inferior, podía sentir como unas gotas de sangre invadían mi boca. –deja ya de hacerte eso, te va a hacer más fea de lo que eres. –me besó. Si, puso sus labios junto los mios y con su lengua apartaba mis dientes. No sé si lo correspondí, creo que sí. Su lengua recorrió todo los rincones posibles de mi boca, estaba inactiva, no sabía qué hacer en aquella situación. La rodilla del peliazul se pegó más a mi zona. Gemí. Mis brazos rodearon su cintura, primero con la idea de alejarlo pero mi cuerpo me engaña y lo acerco.
Cierro los ojos. No quiero ver como el azul me mira con sus ojos rosas. Gemí de nuevo sobre su boca. Me siento la peor persona del mundo, pero aquella situación me excitaba. Nunca me hubiera imaginado haciendo ESTO con Alexy. Nos alejamos y nos quedamos en silenció unos segundos.
-Te han enseñado bien. –me susurró. Pero antes de que pudiera contestar, él me empezó a besar el cuello, recorriendo todo rastro de piel. Subió hasta mi oreja y comenzó a masajearla con sus dientes, ¿Dónde aprendió a hacer estas cosas? –Tu cuarto… -me susurró. Me subió a su cadera: yo rodeándolo con mis piernas y el sosteniéndome bajo los muslos, sin dejar de besarme, fuimos hasta mi cama.
Me acostó, brutalmente, (todo lo contrario a Lys). Desesperado, me besó en los labios y comenzó a recorrer mi cuerpo con sus dos manos. Él gimió en mi boca, podía sentir como su corazón palpitaba frenético. Veía sus intenciones sin siquiera verlo a los ojos: quería cojerme, si era fuerte, mejor. Mi boca estaba llena de su lengua. Paró. Fue un momento en el que él se encontraba en la misma posición pero duro, como una estatua. Se alejó, haciendo un fuerte ruido cuando nuestros labios se separan y se me quedó observando.
-Sabes… te ves tan linda así. –giré mi cabeza para verme al espejo: mejillas rojas, boca semi abierta, el pelo desarreglado y la remera subida, dejando ver mi estomago. Cubrí mi rostro con mis manos.
-¿Solo querías que me vea? –le dije. Él no contestó, seguía arriba mío. –Alexy, si eso era lo que querías hacerme, ya vete. –me sentía sucia, una puta zorra lanzada, pero ¿qué podía hacer? Tenía dos opciones: tener sexo privado sin que nadie sepa (excepto los que pertenecen al club) o que todos miren mis fotos semi desnuda y sin ropa alguna. Sollocé en silencio. Seguía sintiendo el peso del chico, estaba abierto de piernas, una a cada lado de mi cintura. Estaba sobre mí, sentado en la zona baja del estomago.
-Su, ¿me jodes? –suspiró. Alejé un poco las manos para ver su rostro: serio, con una mano sobre su cabello despeinado, su camisa arrugada, casi levantada, dejando ver su trabajado abdomen. -¿Enserio crees que yo vendría para que te veas? ¡Si lo puedes hacer todos los días! –bruscamente, sacó mis manos de mi rostro y las puso a ambos lados de la cama. Se acercó a mí y me besó dulcemente. –Ahora –se alejó unos centímetros. -¿podemos seguir lo que estábamos haciendo? –levantó ambas cejas y me sonrió. Yo asentí, estúpidamente.
Me sacó toda la ropa de repente. Estaba solo en ropa interior. Él, solo en bóxers. Me había atado las manos sobre mi cabeza con la tira de una bata de mi padre. Estaba acostada en la cama y él solo me miraba, parado a un lado. Se acercó a mi oído y me susurró.
-No sé que te haré primero, ¿meterte dos dedos? –enderecé mi espalda. –O… ¿cojerte de una sola estocada? –un escalofrío recorrió todo mi cuerpo
Se subió arriba mio y me sacó el corpiño, dejando a mis tetas en libertad. Luego, dos de sus dedos comenzaron a masajear mi zona intima sobre la fina tela. Gemí como un gato en celo cuando él comenzó a mamar una de mis tetas. Apretó fuertemente su dedo pulgar. Mi interior se calentaba.
-Ya estas toda húmeda –rió. Apartó la tela y metió dos dedos de una. Grité. Suerte que vivía sola. Los sacaba y metía. –Estás lista para mi, pero antes. –se alejó y se subió arriba mío. Su paquete era duro, lo apretó en mi zona intima, entre nuestros dos sexos se encontraba la tela de su ropa interior. Rozaba su "amigo" y gemía. ¿Era esto masoquismo hacia él mismo? No entendía aquel gesto, pero dejé que lo hiciera sin cuestionarlo. –Bien, ya está.
Se sacó el bóxer dejando un gran pene erecto. Se podía decir que a simple vista medía veinte centímetros y era de un grosor inimaginable, ¿Cómo podía esconder aquello? Mi boca se entreabrió al verlo, necesitaba tomar aire, estaba seguro que aquello me dolería.
-Muy bien, comencemos por aquí. –de una sola estocada me penetró, grité de dolor, pero luego cuando comenzó a moverse lo disfruté demasiado. Podía sentirlo, cada pared de mi vagina sentía aquella presencia. A los pocos segundos, me vine. Un orgasmo que resonó en toda la casa. Pero él siguió, comenzó a moverse más rápido, me embestía cruelmente, haciendo que la cama se moviera de atrás para adelante. Gritaba por cada estocada. Y se vino adentro mío.
Lo sacó y me dio media vuelta. Con sus manos levantó mi trasero, haciendo que quedara arrodillada pero con los codos apoyados en la cama.
-Esto lo disfrutaras, gata. –Lo metió lentamente por atrás. Él respiraba por la boca, se notaba como le costaba llenar sus pulmones de aire. Yo, me mordía el labio para no gritar, aquel gesto dolía demasiado. Lo metió, entero. Podía sentir el pelo de sus pelotas golpear mi vagina. Sus manos se posaron en mis tetas y comenzaron a masajear mis erectos pezones. Me embestía fuertemente: lo sacaba dejando solo la punta adentro y luego lo metía de una estocada, numerosas veces.
-GRITA MI NOMBRE –me dijo cuando comenzó a acelerar las embestidas
-¡Alexy! –grité con todos mis pulmones. –Alexy, Alexy, Alexy, ¡Alexy!
Cuando sintió que nos íbamos a venir, sacó a su "amigo" y dejó que todo el esperma cayera sobre mi espalda. Me golpeó las pompas con sus manos y me tiró de costado, ya que me era difícil mantenerme en equilibrio con las manos atadas y mis cansadas piernas.
-¿Crees que se terminó aquí? –se arrodilló a mi lado, dejando a mi amigo cerca de mi boca –ábrela. –la abrí, desonfiada. Bien hice en desconfiar, comenzó a penetrarme la boca, ¿raro, no? Me agarró de mi corto pelo y hacia que se lo chupara a la fuerza. Alexy gemía como un loco, yo no sabía que hacer, así que cerré mis ojos fuertemente y dejé que él hiciera lo que quisiera. Acabó en mi boca y me ordenó que me lo tragara (cumplí aquel pedido)
-Muy buena gatita. –me acarició el cabello y se acostó a mi lado. Estaba un poco asustada, pero debía decir que lo disfruté. Me rodeó con sus brazos…. ¿hizo qué? –Lo hiciste muy bien. –me besó la frente y se levantó. Se vistió mientras me observaba. Estaba anonadada. –Quiero que ya llegue mi semana.
-¿Alexy? ¿Estás bien? –le pregunté. Aquel carácter, no era suyo.
-Estoy perfecto, ¿por qué?
-Estas raro… -levantó ambas cejas- No eres el que conozco, ¿ha sucedido algo?... –esto no encajaba con lo que la chica del parque me había dicho, él siempre se salteaba su semana, nunca tenía sexo con una chica que esté bajo su poder, algo había sucedido.
-Su, necesitaba acerte esto para decirte lo que voy a decir. –se acercó a mí, sentándose en el borde de mi cama. –Tus padres… han muerto.
