Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
10/15
¡Hola acá estoy yo de nuevo molestándolos! Hoy no voy a extenderme demasiado. Por lo que quiero agradecerles de corazón a todos los que me siguen en esto y leen mi fic, también a todos los que se molestan cada capítulo dejándome su opinion y haciéndome saber que piensan. Perdón sé que soy tediosa con ésto pero de verdad me ayudan muchísimo sus reviews, no saben cuanto. Así que ya saben ¡Gracias! Y espero que les guste...
Sentimientos silentes
X
"Té y galletas"
Caminaban lentamente por las tranquilas calles de Konoha que aunque habitualmente estaban colmadas de gente, aquella noche se encontraban completamente vacías. En parte, porque todos aún se encontraban en la fiesta y, también, porque eran las 5 de la madrugada. No parecía posible que mucha gente pasara por allí.
—Ya te dije, no creo que encontremos nada abierto a estas horas Shikamaru —exclamó la mujer cansada de repetirle aquellas mismas palabras por al menos 20 minutos.
—Mujer problemática —suspiró ya tentado a rendirse, pero entonces pasaron por una casa de té que al parecer estaba abierta, aunque vacía— Que te dije.
Temari sonrió ambos entraron y se sentaron en una mesa junto a ventana, uno frente al otro. La muchacha miraba a todos lados en busca de alguien que viniera a atenderlos.
—¡¿Quién se supone que atiende aquí?! —gruñó molesta, odiaba que la hicieran esperar. Shikamaru simplemente la observó indignado ¿Cómo era posible que su vida estuviera llena de tantas mujeres problemáticas? Primero su madre, luego Ino y ahora Temari.
—Buenos días —saludó cordialmente una mujer mayor, alternando la mirada entre Temari y Shikamaru se inclinó aún más para tomar sus pedidos— ¿Qué desean? —ambos intercambiaron miradas y la primera en hablar fue la chica.
—Un té.
—Lo mismo que ella —indicó con un despreocupado gesto de la mano. La mujer les sonrió y se marchó.
—Dime ¿Cómo te ha ido como Jounin? —él se encogió de hombros.
—Ha sido problemático, pero ya sabes. Alguien tiene que hacerlo —la muchacha arqueó la ceja.
—Sabes que no lo haces por deber, Shikamaru —le dijo recordando aquel incidente en el que el mejor amigo del chico casi muere. Aquella vez el Nara lloró, para sorpresa de ella, y juró nunca más permitir que nada malo le pasara a sus amigos— ¿Por qué no dices la verdadera razón de porque te hiciste Jounin? Yo la sé.
—Es que… me resulta muy problemático explicarlo.
—No tienes remedio.
Entonces su conversación se vio interrumpida cuando la mujer regresó con sus dos tés, y para sorpresa de ellos, un plato lleno de galletas. Shikamaru las observó confundido, ellos no habían ordenado nada para comer.
—Disculpe —se dirigió a la mujer señalando con el dedo el plato lleno de galletas, pero no pudo continuar. Como si ella le hubiera leído la mente le sonrió y señaló un pequeño cartel junto a ellos.
—Es un regalo —ambos la miraron confundidos—. Para las parejas, con su orden les damos un plato de galletas —Temari rió y Shikamaru bufó molesto mientras veía a la mujer alejarse.
—¿Qué les pasa a todos? ¿Por qué piensan que estamos jun….
Pero no pudo terminar porque Temari se había puesto de pié e inclinada sobre la mesa lo besó. Sus suaves labios rozaban contra los de él, mientras él con torpeza intentaba imitar sus movimientos. Aquello lo había tomado por sorpresa y aún permanecía con sus ojos abiertos, paralizado completamente por lo bizarro del momento. Ella finalmente se separó y volvió a ubicarse en su asiento, frente a él. Lo miraba fijamente intentando descifrar su expresión.
—¡¿Por qué hiciste eso?! —preguntó, de alguna forma parecía alterado. Ella simplemente sonrió.
—Dime Shikamaru ¿Sentiste algo? —lo observó unos segundos, en su expresión se podía leer notable desconcierto. Temari ladeó la cabeza ¿Acaso tenía que explicarle todo?— Porque yo no.
Pareció meditarlo por unos segundos, a decir verdad siempre había creído que un beso era mucho más significativo que un simple roce de labios. Suponía que en aquel contacto debía sentirse el deseo de las dos personas involucradas. Como un choque de sensaciones, concentradas en aquella particular zona, abocadas al otro. O al menos, sentir una especie de descarga por su cuerpo.
Sin embargo nada de aquello había sucedido. Aquel beso definitivamente no había trascendido lo sensorial, Shikamaru no había sentido nada, sólo el tacto y el sabor de los labios de Temari. Un beso sin sentido.
—Creo que no —respondió rascando la parte trasera de su nuca, la kunoichi le sonrió.
—¿Viste? Nosotros teníamos razón.
—¿Qué?
—Digo, que no hay nada entre nosotros.
—¡¿Por eso me besaste?! Qué mujer problemática —la muchacha rió ante la infantil reacción de él, de alguna forma era algo tierno.
—Dime Shikamaru —sus orbes zafiro se oscurecieron ensombreciendo la mirada de ella, un destello de malicia y burla en sus ojos— ¿Fue tu primer beso?
—¿Qué? —sintió sus mejillas acaloradas, sabía que estaba sonrojado por lo tanto desvió la mirada en un inútil intento de ocultarlo ¿Por qué parecía ser que Temari disfrutaba tanto fastidiarlo? Seguramente ya había olvidado lo del llanto, ahora tenía algo mejor con que molestarlo— ¿Sabes? No necesito la respuesta Shikamaru. Pero preferiría que me lo dijeras —aún sonriendo maliciosamente.
—¡Hmp! —respondió a la muchacha con recelo. Indudablemente aquello era un sí.
—Se notó —ahora Shikamaru estaba molesto ¿Qué se suponía que aquello significaba?
—Discúlpame, no sabía que ibas a besarme —dijo entre dientes acentuando el sarcasmo en cada palabra. Ella sólo sonrió, sus intenciones no habían sido ofenderlo pero al parecer Shikamaru se lo estaba tomando demasiado personal.
—Está bien, perdón —cuando las facciones de él se suavizaron, Temari retomó su tono burlesco. Para enfado del Nara—. De todas formas, fue un honor robarte tu primer beso.
—Déjame en paz —murmuró sonrojado mientras llevaba a su boca algunas galletitas.
—Jajaja.
Ya eran las 6 de la mañana, hacía más de hora y media que se había marchado de la fiesta y suponía que en aquellos momentos debía estar terminando. También sabía que si no llegaba a su casa antes que sus padres, tendría que soportar las preguntas y reproches de su madre durante una semana entera. O quizá más. Y aquella no era una opción, así que tras acompañar a Temari hasta la puerta de entrada se despidió de ella.
—Adiós —saludó con cierto aire de pereza. El sueño empezaba a invadirlo.
—Adiós Shikamaru —volvió a sonreír con complicidad—. Me gustó desayunar contigo —El muchacho volvió a gruñir en señal de desaprobación ante la conducta de ella.
—No me dejarás en paz ¿Verdad?
—No —y dándose vuelta comenzó a alejarse del lugar, agitando su mano efusivamente, pero sin voltearse a mirar. El muchacho la imitó y emprendió su largo camino a casa.
Finalmente llegó a la entrada y con cuidado de no hacer ruido entró, sigiloso para que nadie descubriera su reciente regreso. Con un poco de suerte sus padres aún no habrían regresado y podría decir que se había marchado de la fiesta por sentirse descompuesto. Sabía que su madre se enfadaría de todas formas pero al menos de esa forma obviaría la parte de los incómodos interrogatorios.
Suspiró tranquilo, su cuerpo se relajó. No había nadie en casa, subiría rápido y se ocultaría en la cama fingiendo estar dormido. Su plan había funcionado y ahora se encontraba entre las sábanas, en el cálido refugio que su cama le proporcionaba. Finalmente podría dormir.
Pero con más intensidad el sueño volvió, como ejerciendo una especie de presión sobre su conciencia. Como forzándolo a ver una realidad que no quería aceptar, y otra vez, se ahogaba. Más y más profundo, y la sensación de asfixia se transformaba en dolores de pecho, tan intensos, que aún dormidos lo sentía. Aquellas sensaciones no eran ficticias, ahora lo estaba afectando físicamente. Y estaba abrumado de no dormir. Adolorido y malhumorado.
Gratamente para ella un nuevo día había llegado, ya no estaba enfadada con su amigo por marcharse ni sentía ese doloroso vacío que se apoderaba de ella cuando el miedo a perderlos volvía a surgirle. No, ahora y por alguna extraña razón se sentía feliz. Quizá aquello era lo que había estado necesitando, hablar con él, aclarar las cosas y sacarse ese sentimiento punzante de su ser. Ahora se sentía tranquila que ninguno de sus amigos la abandonaría, nunca. A pesar de todo.
—¡Hola frente de marquesina! —saludó alegre a Sakura, a la vez provocándola.
—¡Cerda! —le advirtió amenazante con el puño elevado hacia ella. Pero la voz de la rubia la calló.
—Toma —y acto seguido extendió su brazo hacia la pelirrosa, entre sus dedos había un largo listón de color rojo. Sakura sonrió.
—Gracias Ino.
—¿Y? ¿Qué tal anoche? Digo ¿Cómo están las cosas entre Sasuke y tú?
—Lentas…. Pero mejorando, al menos habló conmigo un largo rato y cuando tomé su mano no la apartó.
—¿Tomaste su mano?
—Sí —Sonrió la muchacha.
—Me alegro por ti —la sonrisa de la Yamanaka era sincera y aunque nunca pensó que fuera capaz de sostener una conversación como la que estaba teniendo; sobre Sasuke, con Sakura, de alguna forma sentía que no había nada de extraño en ello. Le parecía completamente natural, como si nunca hubiesen dejado de ser amigas.
—¿Sabes? Me enteré de algo….
La rubia la miró con creciente curiosidad, pronto estaba prácticamente gritándole a Sakura para que le comentara pero la muchacha fingía misterio. Y ante las insistencias de Ino, se rehusaba más a contarle aquello tan enigmático que Sakura decía saber.
—¡Frente de marquesina deja el misterio y cuéntame ya! ¿Quieres?
—Bien, bien. Me dijo Naruto, que le dijo Kiba, que le contó Shino —la cara de la muchacha era de impaciencia. Además ¿Qué tipo de credibilidad podían tener esos tres? Bueno, al menos Shino parecía más confiable— qué anoche cuando volvía de la fiesta hacia su casa… —la forma en que Sakura contaba todo aquello hacía parecer que la muchacha quería hacer el relato más interesante pero lo único que lograba que con ello era que Ino se irritara más a cada segundo.
—¿Y?
—Vio a Shikamaru y Temari en una casa de té, besándose.
—Ah… Bien por ellos —y como si aquello no le sorprendiera ni le importara continuó caminando. Sakura corrió a alcanzarla.
—¿Ino?
