Capítulo 9 –Extraños encuentros.

No sabía muy bien hacía dónde se dirigía, pero no era algo que le importara demasiado en aquel momento. Solo quería alejarse: cuanto más rápido, más lejos y más escondida mejor. Su cabeza martilleaba con fuerza y estaba demasiado desorientada como para pensar con claridad. Eran demasiadas preguntas, demasiadas cosas pasando en muy poco tiempo.

¿Qué había pasado? ¿De dónde había salido esa mocosa que amenazaba con volver a derrumbar los cimientos de la vida que estaba construyendo? ¿Por qué justo cuando empezaba a pensar que a pesar de los inconvenientes por fin podría llegar a saborear un poco de felicidad?

Se detuvo en seco para descubrir que no tenía ni idea de dónde se encontraba.

Era un parque, aunque por la hora que era estaba completamente vacío. Acostumbrada como estaba a vivir en la calle, eso no le supuso ningún problema, de hecho lo prefería: necesitaba silencio y soledad y, por primera vez en mucho tiempo, hacer frente a un esbozo de su pasado que había mantenido bajo llave. Tenía que calcular su siguiente paso.

Se sentó en uno de los bancos y escondió su cara entre sus manos, insultándose mentalmente. Ahora que podía pensar las cosas con frialdad se daba cuenta de que había decenas de formas de actuar completamente diferentes a la que había tomado y, posiblemente, cualquiera de ellas hubiera sido mucho mejor. Pero como siempre, Kimi actuaba impulsivamente, huyendo ante cualquier adversidad que amenazara su presente en el acto. Si no hubiera sido tan idiota, hubiera podido fingir desconcierto, decir que no sabía de qué hablaba y que seguramente se trataba de otra Kimi. Podría haberla ignorado, haberse mostrado altiva y arisca, total, ya se había ganado esa fama, no le importaba explotarla un poco; tal vez incluso podría reconocer que estuvo en aquel orfanato de pesadilla y fingir desconocer el incidente que hizo que cerraran sus puertas para siempre.

Pensándolo bien, quizás esa hubiera sido la mejor opción, pues dado el tono de la afirmación, parecía que la tal Yukie no tenía ni idea de lo sucedido.

Y sin embargo, había optado por salir huyendo como la rata callejera que era. Ahora no podría decir que no conocía el orfanato, ya que había reaccionado exageradamente ante su sola mención y tampoco podría fingir fácilmente que no sabía qué fue de él en el pasado.

Tragó saliva, temblorosa y odiándose por confiarse de aquella manera tan imprudente: realmente había creído que no hubo supervivientes en el incendio, de hecho, estaba bastante segura de ello. Todos los fantasmas que quedaban de aquel lugar de pesadilla no eran de carne y hueso.

O eso había pensado hasta conocer a Yukie.

Sin embargo, ella no parecía saber nada del incendio y tampoco había actuado de una forma demasiado rara al mencionarlo, quizás era una de los pocos niños afortunados que fueron adoptados y a los que se le dio la oportunidad de renacer.

Ahogó un grito frustrado contra sus palmas y clavó las uñas en su cuero cabelludo, enfadada, furiosa. Eran demasiados posibles y si por casualidad hubiera existido alguna posibilidad de cementar su pasado bajo capas y capas de olvido, ya era demasiado tarde.

Empezó a temblar, sin saber qué hacer. No quería volver a la mansión nunca más, quería volver a correr y alejarse todo lo que pudiera de allí. Ya no solo de la ciudad, incluso del continente si fuera necesario: si el tiempo no borraba su pasado, quizás la distancia sí que lo haría. Había sobrevivido durante diez años, podía seguir haciéndolo aunque fuera en un país completamente diferente: si Kimi destacaba por algo, era por su capacidad de adaptación. Sin embargo, algo le decía que los hermanos Sakamaki no se lo pondrían tan fácil. Además, estaba Shiro: si tenía alguna posibilidad para huir era en aquel momento y eso supondría tener que renunciar a él, y eso era algo a lo que no estaba dispuesta.

Gimió sin ser capaz de ver una salida. ¿Por qué todo se iba a la mierda justo cuando estaba a punto de conseguir algo en la vida? Se acostumbraba, se adaptaba, tenía comida caliente y un lugar cómodo para dormir. Incluso estaba aprendiendo a leer y había descubierto que le gustaba ojear los libros de la enorme biblioteca polvorienta de la mansión. Eso era algo que la mayoría de la gente disfrutaba, así que... ¿por qué justo cuando ella estaba a punto de conseguirlo, el destino insistía en darle una bofetada? ¿Tan malo era que ella encontrara un poco de felicidad?

—¿Un día duro? —dio un respingo y miró a su lado, en el banco. A pesar de que hacía unos segundos estaba vacío, había aparecido de la nada un hombre increíblemente atractivo, con el pelo largo y blanco. Sus ojos eran atrayentes y sus rasgos de una belleza insultante; vagamente le recordó a alguien, pero no supo precisar—. Pareces cansada.

Lo estaba, y mucho. La vida empezaba a pesar sobre sus delgados hombros y ni quería, ni tenía fuerzas para cargarla. Dejarse llevar poco a poco empezaba a dejar de ser una opción y era agotador fingir que tenía la valentía necesaria para afrontarlo. Sin embargo, tampoco veía la necesidad de explicárselo a aquel tipo.

—¿Qué quieres de mí? —entrecerró los ojos, cautelosa. Había aprendido por las malas que la gente en la calle no solía ser amable, por lo que seguramente aquel tipo no pretendía mantener simplemente una conversación distendida sobre el tiempo.

El hombre le dedicó una sonrisa conciliadora que Kimi no terminó de tragarse.

—Esos no son modales, Kimi —la chica dio un brinco poniéndose de pie y preparándose para salir corriendo. Aquello ya no era una charla en un parque de madrugada con un tío excéntrico, era un comentario dicho con un tinte familiar en voz de alguien que ella no conocía.

La cosa comenzaba a complicarse.

—¿Cómo sabes quién soy? —¿y qué clase de relación tenía con ella? ¿La de un familiar lejano que por eso la conocía? No se parecían en nada, por lo que era improbable; ¿era algún conocido? ¿Y por qué aparecía en aquel momento?

—Sé muchas cosas —repuso con una sonrisa ladeada—, pero no debes tenerme miedo. No soy tu enemigo.

Kimi tragó saliva. Siempre había pecado de curiosa y esa característica suya no era la más idónea para la supervivencia; era el único motivo por el que no había salido corriendo todavía. Dudaba sin saber qué pasaría si le seguía el cuento a aquel tipo: ¿resolvería alguna de sus dudas? ¿O todo se volvería mucho más complicado?

—Entonces... ¿quién eres? —inquirió finalmente, frunciendo el ceño y sin relajar su postura.

Había algo raro en aquel hombre, pero no sabía definir el qué. De nuevo sus sentidos se despertaron con violencia, aunque aquella vez el mareo no fue tan malo. Los colores se atenuaban y sus cinco sentidos estaban puestos en él, preparándola para reaccionar al mínimo gesto que hiciera, por muy inocente que pareciera.

El hombre, por su parte y aparentemente ajeno al cambio sufrido en Kimi, meditó unos instantes.

—Si el resto del mundo fuera un tablero de ajedrez, yo sería la mano que mueve las fichas —Kimi frunció el ceño: a pesar de que no tenía ni idea de ajedrez, aquella referencia no era muy difícil de entender.

—¿Me estás diciendo que eres algo así como Dios?

La pregunta debió parecerle hilarante, porque comenzó a reírse abiertamente.

—Oh, no, para nada, yo no soy tan hipócrita —sacudió la cabeza y le dedicó una sonrisa conciliadora, algo paternalista. Kimi se removió incómoda, cada vez más convencida de que el tipo estaba loco—. Yo no finjo estar lleno de amor, buscando por la felicidad eterna y el alma inmortal de los demás. Velo por mis intereses y no me importa nada más. ¿Soy como Dios? Algo así, soy un Dios dentro de mi propio mundo: aquí se juegan mis reglas y todos bailan a mi son, aunque no quieran. Aunque de vez en cuando alguien pretenda salirse del marco establecido.

Vale, no solo se comparaba con Dios, si no que aseguraba ser mejor. Miró con discreción a su alrededor para comprobar que seguía sola en el parque: cuanto antes saliera de allí, mejor. Sin embargo sabía que aquel hombre era más peligroso de lo que aparentaba, por lo que tenía que ser cautelosa.

Dio un suspiro cansado y miró de reojo la luna llena, decidiendo que su oportunidad para huir de los Sakamaki se había esfumado y que lo mejor que podría hacer era regresar al único sitio que se parecía remotamente a un hogar que alguna vez había tenido.

Eso si el tipo frente a ella no resultaba tener tendencias asesinas, claro.

—¿Sabes? En el ajedrez cada ficha tiene su importancia —comentó haciendo que Kimi volviera a poner los pies en la tierra. Aquel hombre la observaba con intensidad—, algunas son distracciones, otras meros sacrificios que si bien son necesarios. Pero la reina... la reina se mueve por el tablero casi sin restricciones y no necesita ser protegida, porque es ella la que se sacrifica por el rey.

—De verdad... tengo que ir...

—Tienes el porte y la belleza de una reina —interrumpió él sonriendo complacido—, solo que aún no lo sabes. Y yo me pregunto... ¿en qué momento el peón decidirá llegar al final del tablero y colocarse la corona?

—No sé de qué hablas —se odiaba por haber cedido a su curiosidad y haber seguido hablando con aquel hombre: más que resolver sus dudas, había conseguido darle dolor de cabeza.

—Espero ese momento, pequeño pajarito —el hombre estiró una mano lentamente en su dirección, pero Kimi no se quedó a ver qué pasaba a continuación.

Salió corriendo en el mismo instante en el que detectó el movimiento: sus sentidos sobreexcitados reaccionaron por ella y antes de darse cuenta, ya estaba corriendo.

Confundida y desorientada como estaba, no aflojó el ritmo en ningún momento. Sus piernas parecían haberse endurecido y daban largas zancadas sin esfuerzo, sin que Kimi notara apenas lo trabajoso que debía resultar. Siempre le había gustado correr, lo encontraba liberador, pero hacía tiempo que no se sentía tan enérgica cuando lo hacía, tan capaz de recorrer el mundo de aquella forma.

A pesar de que no tenía ni idea de dónde estaba, no tuvo que dar demasiadas vueltas para llegar a la mansión: como si su instinto hubiera tomado las riendas de su subconsciente y la hubiera guiado hasta allí sin que ella lo supiera. No pasó ni media hora antes de que se viera en la entrada de la mansión, con la adrenalina fluyendo por las venas gracias a la reciente huida pero sin sentirse realmente cansada.

Era una sensación maravillosa.

Sensación que no tardó en esfumarse al darse cuenta de que no tardaría en tener a todos los hermanos encima de ella, tratando de adivinar qué había pasado.

Avanzó por el jardín hacia la entrada con el paso cansado y derrotado del preso que va a la silla eléctrica. Toda la euforia y la liberación que había sentido corriendo se habían esfumado de golpe y ahora estaba terriblemente cansada, solo quería llegar a su cama y esconderse bajo capas y capas de mantas. Ni siquiera la imagen de Shiro corriendo hacia ella, dando un par de ladridos como bienvenida consiguieron animarla del todo.

—Hola Shiro, espero que tu noche haya ido mucho mejor que la mía —suspiró mientras le rascaba detrás de las orejas—. Me he metido en un problema muy gordo y no sé cómo solucionarlo —Shiro ladró y lamió su mano con aire juguetón antes de salir corriendo en dirección a los rosales.

Kimi se detuvo unos instantes y, por inercia, se llevó una mano al cuello. La venda estaba lo suficientemente tensa como para notarla abrazando su piel, pero al presionar el lugar donde debía estar la herida descubrió que, nuevamente, ni le dolía ni parecía haber rastro ella. Era un recordatorio físico de lo que mejor sabía hacer que era, por supuesto, lo que pensaba hacer en aquel momento.

—Sí, supongo que tienes razón, es lo mejor que puedo hacer. Haré lo de siempre y todo será como si no hubiera pasado nada.

No se había equivocado respecto a lo que le esperaba en la mansión. En cuanto puso un pie en el interior del edificio, seis pares de ojos aparecieron de la nada y la miraban con intensidad, cada uno a su manera. Incluso Subaru, que generalmente ignoraba todo a su alrededor, y Shu, que dormía todo el tiempo y los ignoraba constantemente, habían hecho acto de presencia.

—¿Por qué te has saltado las clases y huido de esa forma? —inquirió Reiji cruzándose de brazos, en esa actitud tan autoritaria que lo hacía el encargado del resto de hermanos.

Kimi meditó su respuesta mientras por el rabillo del ojo vio a Yui bajar apresuradamente las escaleras. Detectó un brillo de alivio en su mirada al comprobar que estaba bien.

—Recordé que tenía cosas que hacer —se encogió de hombros—. Ya sabes, yo tenía una vida cargada de responsabilidades antes de venir aquí —añadió, aún sintiendo el rastro de la fuerza y la euforia en sus venas.

Obviamente, a Reiji no le gustó la respuesta.

—¿Por qué crees que tienes el derecho de hablarme así? —el moreno entrecerró los ojos. A pesar de que estaba enfadado, mantenía esa expresión fría en su rostro.

La chica fue consciente de golpe de lo cansada que estaba: se sentía como si 17 años de vida cayeran de golpe sobre ella e incluso sus piernas comenzaban a flaquear. Tenía que llegar a su cuarto.

—Tú lo dices siempre —Kimi reprimió un bostezo y miró anhelante las escaleras—, soy una salvaje sin educación. Me puedo tomar alguna que otra licencia... oye, estoy muy cansada, ¿qué te parece si me dejas dormir un rato? —se estaba pasando de insolente, lo sabía, pero notaba su cuerpo tan pesado que creía que en cualquier momento acabaría desplomándose—. Luego prometo ser una chica buena y escuchar tu sermón durante horas si te hace ilusión —le pareció escuchar a alguno de los hermanos reírse entre dientes, pero no les prestó atención.

—Tú... —Reiji se adelantó hasta ella y le agarró de la muñeca, fulminándola con la mirada. Sus ojos magenta denotaban ira y rabia, una como nunca antes le había visto Kimi.

Sin embargo, ella también estaba harta. Solo quería llegar a su cama y dejarse llevar: no quería hablar del orfanato Rosemary ni de lo que pasó allí, no quería hablar de la extraña conversación que acababa de tener y mucho menos le apetecía exponer sus temores y dudas a media docena de vampiros sádicos que la miraban con avidez.

Dormir y dejar que, durante un rato, sus problemas se convirtieran en nada entre las brumas del sueño, ¿era mucho pedir?

Recordó cómo la habían obligado a permanecer en aquella mansión en contra de su voluntad y cómo todo su mundo había comenzado a tambalearse desde entonces. Había sido atacada, mordida y agredida en todo el tiempo que llevaba allí, sometida a innumerables intentos de acoso sexual y humillada de tantas maneras como a ellos se les había podido ocurrir. Sus mareos iban y venían e inclusos sus hábitos alimenticios y de sueño comenzaban a tambalearse.

Solo quería descansar y, tal vez, con un poco de suerte, alguno de sus problemas se habría solucionado cuando despertara.

—Suéltame —dijo con voz grave, muy despacio y con auténticas ganas de matar si el chico no cedía por una sola vez.

Reiji obedeció muy despacio, observándola con un brillo sorprendido en la mirada y retrocedió un paso, estudiándola con cierto escepticismo. Kimi no se quedó a vanagloriarse de su victoria, sin detenerse a esperar a nadie –ni siquiera a Yui–, se dio media vuelta y subió las escaleras, cansada y siendo vagamente consciente de la mirada de todos clavada en su nuca.

Se tiró sobre su cama, sin molestarse en acostarse correctamente o cambiar su uniforme.

Todo aquello era algo secundario en comparación con el peso de sus párpados y los sentidos embotados en su cabeza.

Se miró las manos a la vez que los ojos se le cerraban poco a poco y dedicó un último pensamiento a la persona rara del parque. No había sentido ningún cosquilleo y su radar busca-vampiros no había saltado, sin embargo, su intuición le decía que aquel hombre no era un don nadie con aires de grandeza injustificados.

"¿En qué momento el peón decidirá llegar al final del tablero y colocarse la corona?"

Y todo se volvió negro.

Y... hasta aquí llegamos. Como dije en el primer capítulo, no voy a justificarme, pero sí que quiero compensaros. De momento, he reescrito todo lo que llevaba y espero que sea de vuestro agrado y además, he decidido que voy a intentar emparejar a todos los hermanos con alguien, por lo que lo mismo tiene una historia más compleja incluyendo más OCs. Así todo el mundo se queda contento y cada hermano tiene su momento de gloria, aunque no sea con Kimi :3

Además, quiero proponeros una última cosa: voy a escribir una escena para las tres o cuatro primeras personas que me lo propongan por los comentarios. Tenéis dos opciones, o bien alguna que pueda incluir en mi historia y que tengáis muchas ganas de leer o bien alguna especie de One-shot ya sea con Yui o Kimi, o con algún OC vuestro del que me paséis información. En este segundo caso lo que haré será publicarlo como una historia independiente para no generar confusión.

¿Qué os parece? A ver si ahora empiezo con buen pie. Y si veo que me va bien con esto de las escenas y los OS, lo mismo lo repito más adelante.

Sin más que añadir, nos leemos :3