Esa misma tarde, después de que Clarke desapareciera con Nylah y no volviera, dejó a Luna con sus tampones y su magnífico plan de quemar vivasa esas dos individuas, no sabían qué plan podían estar tramando y al final ellas tampoco habían quedado en nada en concreto por culpa de la fuga de "Thelma y Louise". Dios, si es que se moría de celos.

Se dirigió directamente al pasillo donde se encontraban los tres únicos teléfonos de todo Azgeda. Tres. Y ¿Cuántas reclusas habían? Calculaba que unas ciento ochenta y tres. Menuda organización de prisión. Después de siete minutos haciendo cola, por fin llegó su turno. Descolgó el teléfono, no sin antes limpiar meticulosamente el auricular con la camiseta de su uniforme y, con mucha prisa, marcó uno de los números de su lista.

-¿Lex? -Escuchó la voz de Berta al otro lado.

El tono entre sorprendida y preocupada de su amiga tenía una justificación de las grandes, desde que ingresó en Azgeda apenas las había llamado, prefería que la vida de sus amigas fluyera sin ella, como un paréntesis de su existencia. Habían intentado durante meses hacerla entrar en razón entre enfados y lágrimas, pero al final logró que desistieran.

-Hola Berta... -Respondió algo nerviosa.

Mierda, es que ya no sabía ni cómo tratar con una de sus mejores amigas.

-¿Qué ha pasado? -Le preguntó directamente y preocupada. Del tono de sorpresa ya no quedaba ni rastro.

Automáticamente notó como se formaba el nudo en su garganta y las lágrimas amenazaban con salir. Por su culpa sus amigas llevaban meses sin saber de ella, y aún así, ahí estaba Berta, demostrándole que por mucho que se empeñara, ellas no la dejarían sola jamás.

Cogió aire para contener las lágrimas y poder hablar, y antes de hacerlo su amiga volvió a decir algo.

-Venga, Lex, tranquila. Ninguna de las dos queremos que te transformes tan pronto en Elmo asmático.

Soltó una carcajada mientras le caía una lágrima rebelde y se la limpiaba mientras sonreía. Siempre se burlaban cuando estaba a punto de echarse a llorar porque decían que su voz se transformaba en la de Elmo de Barrio Sésamo sufriendo un ataque de asma. Siempre les hizo gracia, y el que fueran tan tontas le ayudaba a calmarse.

-Eres una idiota -Dijo aún riendo -No sé ni por donde empezar, y no se te ocurra decirme que por el principio que nos conocemos -La escuchó soltar una risita -¿Recuerdas mi historia con Costia?

-Claro, cómo no hacerlo... -Respondió con pocas ganas su amiga.

-¿Y recuerdas lo que me pasó con ella?

-Joder Lexa, me acuerdo de todo, deja de dar vueltas. Qué te gusta poner el punto de drama en todo, ¿Eh? Suéltalo ya. No, no, espera, no me digas que han metido a Costia en la cárcel también. No me jodas, Lexa, ¿Ni en la puta cárcel nos vamos a librar de esa asquerosa?

-Noooooo, déjame terminar. No es eso -Puso los ojos en blanco.

-Menos mal porque ya estaba escribiéndole un WhatsApp a Melanie con un código rojo.

-Por cierto, ¿Dónde está Mel? Es la hora de comer, es raro que no la tengas en la mesa preparada para engullir -Preguntó extrañada.

-Ha tenido que salir a comprarle comida a la Señora Popitas, esta mañana tu querida hija se ha levantado con la pata izquierda y no quiere comer, ni frutos secos ni fruta. Así que la he mandado a que le compre unos cuantos bichos de esos que le das como premios.

-Uf, cómo echo de menos a esa gruñona maniática.

-Eso mismo respondemos a la gente cuando nos preguntan por ti.

Berta lo dijo con toda la tranquilidad del mundo, eran muy protectoras con ella, pero les encantaba picarla cada vez que tenían ocasión. Antes de que pudiera quejarse de su respuesta, su amiga se le volvió a adelantar.

-Bueno, vamos a lo importante, ¿Qué ha pasado?

Cogió aire antes de hablar, tenía asumido lo que sentía por Clarke, pero era la primera vez que lo diría en voz alta y el hacerlo lo haría todo aún más real.

-Clarke, eso me ha pasado. Es otra reclusa, entró aquí hace casi un mes, al principio no la soportaba, incluso me hablaba y yo hacía como que no la escuchaba. Pero un día me vi buscándola por todos lados, aunque no habláramos me gustaba observarla, esa maldita risa que tiene me encanta y luego está esa arruga que se le forma en la frente cuando se pone a pensar en sus cosas, puf...ahora llevo casi una semana que no me la quito de la cabeza. Dios, Berta, no quiero pasar otra vez por lo mismo.

Su amiga tardó un poco en responderle, probablemente analizando la nueva situación; es que no solo era nuevo para ella, para sus amigas también. Había desperdiciado demasiados años de su vida nombrándoles a Costia y seguramente la novedad era difícil de asimilar.

-Lex, en algún momento tenía que pasar, y no tiene porqué ser lo mismo -Le dijo con calma -A no ser que me digas que esa tal Clarke es una asesina que entonces no sería lo mismo, sería mucho peor.

-No es ninguna asesina, desgraciada -Le respondió riendo de nuevo, aunque enseguida cayó en la cuenta de que no sabía los motivos por los que estaba en Azgeda y se puso algo nerviosa -Bueno, la verdad es que no sé qué ha hecho para que la encierren aquí, pero no tiene pinta de ser una asesina, es demasiado guapa, y las asesinas suelen tener cicatrices y esas cosas ¿No? -Dijo de carrerilla y nerviosa de nuevo.

-Creo que lo primero que debes hacer es averiguar porqué está ahí. Lo segundo será informarnos, por supuesto. Y lo tercero, si resulta no ser ninguna asesina o psicópata, será armar un buen plan de conquista, aunque apostaría que ya la tienes en el bote con ese cuerpo que te gastas.

Hablaron unos minutos más, y aunque le hubiese encantado poder hablar con Melanie, ya tenía a varias reclusas detrás esperando para hacer sus respectivas llamadas, y como su cuerpo no podría soportar meterse en más problemas, no tuvo más remedio que colgar, pero no sin antes prometerle a su amiga que las llamaría para mantenerlas al tanto de todo ese tema de Clarke. Malditas cotillas.

xxx

Parecía que después de esa llamada estaba algo más relajada aunque se había quedado algo preocupada por los motivos que tendría la rubia para estar encerrada allí. Decidió darse una tregua mental el resto del día, miró el reloj que había encima de uno de los teléfonos cerciorándose de que aún tenía tiempo para darse una ducha rápida y terminar de despejarse y relajarse.

Pasó por su celda a buscar las cosas para asearse suplicándole a Dios y a todas las Vírgenes no encontrarse a Clarke ni a Luna, necesitaba un respiro y tiempo para ella. Sus súplicas surtieron efecto y no se cruzó con ninguna de las dos; cogió todo lo necesario y se encaminó hacia las duchas, que para su grata sorpresa, estaban todas vacías. Su mente no asimilaba esos doce minutos de buena suerte que estaba viviendo, pero no sería ella la que gafara esa buena suerte momentánea, así que silenció a su Lexa interior y, corriendo tres meticulosas veces la cortina de la ducha, finalmente se metió dentro.

Cuando le cayó el primer chorro de agua por la cara y por el pelo, soltó un sonoro suspiro pasándose las manos por su larga melena castaña, realmente el tema de Clarke le tenía los chacras descolocados y ella no podía vivir con tanto desorden mental. Y ahí estaba otra vez pensando en esa rubia de intensos ojos azules. No supo muy bien cómo sucedió, pero se aventuró a imaginar cómo sería sentir las manos de la rubia deslizándose por su cuerpo mojado mientras que con sus labios recorría parte de su cuello.

Se le erizó la piel, le estaba gustando la sensación que sentía al imaginar toda aquella locura, así que decidió avanzar en esa fantasía que se había creado.

La lengua de la rubia jugueteaba con el lóbulo de su oreja para después susurrarle en el oído con esa voz ronca un "Dios, Lexa, me estás poniendo muy cachonda" mientras iba deslizando la mano por su barriga apretándose más a su cuerpo hasta quedar completamente unidas.

Su cuerpo reaccionó, se le endurecieron los pezones y empezó a respirar con dificultad. Estaba sintiendo muchas cosas tan solo imaginándola y aunque el agua que caía estaba casi helada, sentía todo su cuerpo arder. Sabía de sobra que era un error seguir con esos pensamientos, pero ya no podía parar, la rubia la tenía enganchada hasta siendo irreal.

Una de las manos de Clarke agarraba uno de sus pechos estrujándolo con la presión justa para proporcionarle placer, mientras que con la otra mano continuaba bajando hasta llegar a su intimidad, separándole los pliegues y estimulándole el clítoris haciendo pequeños círculos en él.

La cortina de la ducha se abrió de repente, sacándola completamente de sus pensamientos más tórridos y provocándole una taquicardia que le iba a costar una calvicie y tres días de superación.

-Tú, bicho palo -Octavia la miró de arriba abajo apoyada en una de las paredes de la ducha -Joder, estás muy buena -Dijo con una sonrisa de lado mientras asentía con la cabeza.

Instintivamente usó sus brazos para taparse todo lo posible, poniéndose aún más nerviosa. Se sentía avergonzada por sus pensamientos y asustada por esa intromisión a su intimidad.

-¿Me vas a asaltar sexualmente? -Dijo con miedo en la voz.

-¿Asaltar sexualmente? -Carcajeó -Joder, eres rara de cojones. No, no he venido a violarte, tranquila, aunque estás tremenda, cariño -Le guiñó un ojo -Quiero hablar contigo porque hace un rato ha venido la zorra de Emori con su sombra y me han amenazado con un bisturí. Obviamente hay algo que no me habéis contado de esa trifulca que te dejó en ese estado deplorable -Soltó con desgana -Así que dime la verdad, y si me convence, quizá os ayude a que esas dos no os maten. ¿Qué les dijísteis? ¿Qué pasó? ¿Y de dónde mierda han sacado el puto bisturí? -Se cruzó de brazos a la espera de su contestación.

Se le iba a cortocircuitar el cerebro. Estaba desnuda, aun se sentía un poco acalorada por esos pensamientos y estaba siendo acosada, aún así tuvo tiempo de calcular rápidamente que la suerte le había durado unos diecisiete minutos.

-¿Puedo vestirme al menos? No me siento muy cómoda así -Preguntó titubeante.

-Estás en una prisión no en el Royal Palace Syd 5 estrellas, my Lady- Octavia hizo una reverencia, se volvió a incorporar y la miró intensamente a los ojos -No, y ya estás tardando en responder -La presionó.

Hasta ahí llegó la tregua que su cuerpo le estaba regalando, el corazón se le empezó a acelerar y comenzó a marearse, apoyó una mano en los azulejos de la pared para aguantar un poco el equilibrio y no tardó en ver pequeños puntitos negros que se movían a su alrededor.

Miró a Octavia con el pánico grabado en sus ojos, porque estaba desnuda y se iba a desmayar, iba a quedar totalmente indefensa ante esa psicópata pervertida.

"Genial Lexa. Desnuda, cachonda y calva".

Y morir así, desnuda y cachonda, no sonaba nada mal, pero lo de calva se salía fuera del contexto de lo que una vez imaginó que sería una muerte feliz y perfecta.

Notó cómo su cuerpo perdía la poca fuerza que le quedaba y al cabo de dos mili segundos todo quedó sumido en la oscuridad.

Una hora más tarde en el despacho de la gobernadora...

Octavia se paseaba nerviosa por el despacho mientras que Raven la observaba sentada en uno de los sillones esperando a que su amante se relajara y empezara a hablar.

La misma Octavia le había pedido esa visita, en un primer momento se imaginó que sería para lo de siempre, sexo salvaje encima del escritorio, pero obviamente después de lo de Bellamy no iba a continuar por ese camino. En cuanto la vio cruzar por esa puerta se dio cuenta que los tiros no iban por ahí y que pasaba algo, algo muy gordo.

-Octavia, me estás poniendo nerviosa ¿Qué pasa?

Octavia se pasó las manos por el pelo y mirando hacía arriba soltó todo el aire que tenía dentro.

-Estoy en un lío de la hostia y no cómo salir de él, pero lo peor de todo es que necesito que me ayudes y me siento realmente mal por ello porque me importas más de lo que crees, Raven -Dijo mirándola intensamente a los ojos.

-Me estas asustando, O. -Empleó un tono preocupado.

-Prométeme que no me vas a interrumpir y me vas a dejar terminar.

-Sabes que lo que me pides va a ser complicado, pero te prometo que lo intentaré -Se puso la mano en el corazón.

Octavia negó con la cabeza intentando disimular la pequeña sonrisa que le apareció al pensar que era totalmente cierto, iba a ser realmente complicado, y es que Raven era la persona más impaciente de todo el puto planeta.

-Tengo droga escondida en mi celda...

-¡¿QUE QUÉ?! ¡Tu hermano te va a matar y yo te reanimaré para matarte después! -Se desesperó.

-¿Me dejas terminar? Si te pones así con el principio verás con el final -Dijo con tono de burla aunque sabía perfectamente que era cierto.

Raven la miró con una expresión que realmente la asustó, se notaba que estaba contando hasta cinco mil mentalmente para no asesinarla en ese mismo momento.

-Como te decía, tengo droga en mi celda, debo mucho dinero a una de las reclusas y es la única manera de conseguir dinero rápido y fácil. Te juro que solo ha sido y será por esta vez, Raven -La miró con tristeza en los ojos haciendo que Raven relajara un poco su expresión -Esta mañana me han acorralado las zorras de Emori y Echo y me han amenazado con un puto bisturí, ¡Con un puto bisturí! No tenía opciones de salir bien parada de ahí, así que me inventé que la droga la tienen escondida Lexa, Luna y Clarke, esas cinco tuvieron una especie de trifulca y no me fío, algo me esconden, Rave, si hasta Clarke se inventó una hostia en la cara, que por lo poco marcada que la tenía seguro que se la hizo ella misma -Puso los ojos en blanco - Te juro que estoy convencida de que traman algo, aunque ahora me hacen dudar porque hace un rato he ido a hablar con Lexa -Negó con la cabeza -Esa cría es incapaz de matar a una mosca, y mucho menos de trazar un plan maquiavélico, ¿Puedes creerte que se ha desmayado de la tensión solo porque le abrí la cortina de la ducha?

-¿Y no tenías otro momento para hablar con la chica? ¿Tenía que ser en las duchas? -Raven volvió a tensarse.

-De todo lo que te he contado, ¿Sólo te preocupa eso? No es la primera ni será la última vez que vea a una mujer desnuda, Rave. Y no solo eso, obviamente no iba a dejar ahí tirada a la criatura, he tenido que secarla, vestirla y llevarla hasta su celda. Y por cierto, tienes unos agentes de mierda, la he llevado arrastrando desde los vestuarios y ninguno se ha dado cuenta.

-Encima tienes la poca vergüenza de decirme que hago mal mi trabajo, estupendo -Aplaudió Raven irónicamente.

Al ver el claro enfado de Raven, Octavia se acercó a ella, aún seguía sentada y, colocándose a horcajadas encima de sus piernas, le sujetó la cara con ambas manos y le sonrió mirándola a los ojos. Le encantaba darle celos y que siempre cayera en sus redes. Si realmente supiera todo lo que sentía por ella quizá las cosas cambiarían, pero no quería joderle la vida, así que se limitaba a hacer el papel de chica dura en busca de sexo ocasional que se le daba bastante bien; Raven apartó de un golpe las manos de su cara sin esperarse que Octavia la agarrara de las muñecas. La tenía inmovilizada y en un movimiento brusco, Octavia acortó el poco espacio que quedaba entre sus labios, uniéndolos. Raven forcejeó, quería escapar pero también dejarse hacer. Tenía una puta lucha interior. Así funcionaban, besos bruscos, caricias duras y miradas tan intensas que eran capaces de derretir glaciares; un juego al que llevaban tiempo jugando y no se cansaban de hacerlo.

Después de una resistencia nefasta, Raven se rindió y, agarrándola por la nuca, profundizó aún más aquel beso necesitado. Al cabo de unos minutos, y antes de que se le fuera de las manos, Octavia paró toda acción y se separó para mirarla a los ojos.

-Necesito que me hagas un favor, Rave.

Raven soltó un suspiro de resignación.

-Sabía que algo había detrás de esos besos, ¿Qué necesitas?

A esas alturas ya no podía negarse que Octavia hacía lo que quería con ella.

-Necesito que me guardes la droga -Le dijo Octavia totalmente seria.

-Estás loca -Respondió Raven riendo irónicamente.

-Te prometo que solo serán unos días, hasta que averigüe qué se traen entre manos esas cinco o tres o dos, no sé, alguna de ellas ¡DIOS! -Se exasperó de no saber quién quería joderla.

Cogió aire para serenarse.

-Por favor, Rave, necesito ese maldito dinero, si esas zorras me quitan la droga, estoy muerta ¿Entiendes? No te lo pediría si realmente tuviera otra opción car... Raven -Se rectificó antes de dejar al descubierto sus sentimientos.

No habían cambiado aún de posición, Octavia seguía a horcajadas encima de Raven, la única diferencia es que ahora habían entrelazado los dedos de sus manos y Octavia la miraba con súplica en sus ojos.

-Lo haré -Respondió Raven finalmente.

-¡Joder! ¡¿Si?! Te haría un puto hijo ahora mismo -Dijo Octavia mientras le besaba toda la cara al completo.

-Lo haré, pero con una condición -posó su dedo índice en los labios de Octavia para frenar sus besos -Me tienes que prometer que llamarás al hospital y hablarás con tu hermano.

-Ni hablar -Octavia se apartó y se puso de pie -No puedes pedirme eso.

-Lo estoy haciendo.

-No pienso hacerlo, prefiero que me maten a hacer esa llamada -Dijo Octavia totalmente enfadada.

-Eres desesperante, Octavia, te ayudaré aunque que me voy a arrepentir. Pero que sepas que algún día tendrás que ceder, es tu hermano, siempre se está preocupando por ti, no puede ser tan grave lo que te hizo para que lo odies tanto.

-Te lo he dicho mil veces, yo no tengo hermano ¿Queda claro?

Sin esperar respuesta, Octavia salió del despacho pegando un portazo.

Raven se quedó un poco afectada por el rumbo que había tomado esa conversación y se sentía realmente mal por haber vuelto a caer en los juegos de la pequeña de los Blake. Se acomodó en la silla de su escritorio, sentía que algo se le pasaba por alto en todo aquello que Octavia le había contado, la droga, la trifulca, las amenazas, el bisturí... un momento, ¡Con un puto bisturí!, recordó las palabras de Octavia. Y era cierto, era muy raro, ¿De dónde lo habrían sacado? ¿Cómo lo habrían conseguido?

xxx

Unos golpes en la cara la despertaron. Abrió los ojos lentamente encontrándose a una Luna demasiado cerca de su cara. La apartó de un manotazo y se incorporó poco a poco en la cama, se sentía mareada y desubicada, pero en pocos segundos recordó qué la había llevado hasta ahí, estaba en la ducha enfrascada en sus tórridos pensamientos con Clarke, cuando de repente, Octavia, ni corta ni perezosa, la asaltó en la misma ducha exigiéndole explicaciones que nunca pudo darle porque se desmayó de la tensión del momento.

"Dios, soy patética".

Empezó a ponerse nerviosa e iba a darle una taquicardia por segunda vez en un día, ¿Cuantas horas, minutos y segundos habían pasado desde ese desmayo? Estaba perdiendo el control de su vida y al final la calvicie sería un hecho real. ¿Dónde quedaron esos diecisiete minutos de suerte? Tendría que ir a por sus pastillas y no quería, no tenía nada de ganas de ver al Doctor después de los sospechosos acontecimientos. Su amiga se dio cuenta de que empezaba a somatizar.

-Tranquila, estás bien, Octavia te trajo a la celda, aunque deberías mirar si tienes todas las partes del cuerpo porque te arrastró por el suelo desde las duchas -rió Luna.

Se palpó el cuerpo por lo que acababa de decirle su amiga y porque lo último que recordaba antes de desmayarse era que estaba desnuda en la ducha y sorprendentemente estaba con el uniforme puesto, y hasta con la ropa interior. Se puso roja al instante.

-¿Me has vestido tú? Madre mía Luna, dime que sí, por favor -Se tapó la cara con ambas manos.

-Te trajo vestida, ¿Cómo iba a arrastrarte por el suelo desnuda? Vale que es Octavia, pero no es tan imbécil ¿No? Por cierto, ¿Qué pasó? No me contó nada, llegó, te dejó en la cama, me dijo que te cuidara y se fue sin más -Le dijo apartándole las manos de la cara.

No daba crédito a lo que le estaba contado Luna, ¿Ahora Octavia tenía corazón? ¿Era persona? No iba a contarle a Luna su patético drama de las duchas, suficiente tenía con pensar en la vergüenza y humillación que sentiría cuando se encontrara cara a cara con Octavia. A parte, en ese momento tenía un frente abierto y era mucho peor, necesitaba solucionarlo para su bien mental y capilar.

-Luna, necesito tu ayuda, necesito quitarme de la cabeza a una persona...

Solamente con esa revelación, Luna se olvidó por completo de la pregunta que le había formulado cinco segundos antes y la miró expectante esperando a que continuara.

-Clarke. No me la puedo quitar de la cabeza, es terrible, hasta me he imaginado con ella en la ducha, ¿Te lo puedes creer?

-Ya era hora que te dieras cuenta. Me tratáis de loca siempre y puede que lo esté, pero estas cosas se notan y por la manera en la que os miráis...

-¿Qué os miráis? -La cortó.

-Clarke tampoco se habrá dado cuenta aún -Se encogió de hombros -Por lo que veo sois un poco lentas de mente, además, Nylah, que por cierto tiene nombre de animal de Disney, se te ha adelantado. Pero tranquila, Clarke se dará cuenta, créeme -Dijo asintiendo con la cabeza -¿Quieres que incendie a Nylah también? Ya sabes que no me tiembla el pulso -Bromeó Luna.

Se le aceleró el pulso cuando pensó en el convencimiento de su amiga para afirmar que Clarke también podría sentir algo por ella. Las locas siempre dicen la verdad, ¿O eran los borrachos? En aquel caso le daba lo mismo, no podía ser verdad, ella no solía gastar de eso a lo que llaman suerte. Además, esa maldita cerda de Disney se le había adelantado.

-Deja de decir tonterías, a Clarke le gusta Pumba -Dijo con resquemor -No hace falta ser una eminencia para darse cuenta -Se dejó caer en el colchón abatida.

-Recuerda las palabras de este ser superior -Luna levantó los brazos con las palmas de las manos hacia arriba -Y relájate, Timón -Le dio un golpe en el brazo -El día que te toque de verdad te va a explotar una arteria.

No pudo evitar ruborizarse.

"El día que te toque de verdad"

Sonrió.

¡Uy! Pero si hoy no es viernes...? ¿Qué os ha parecido el capítulo de hoy?

Lexa no tiene ni un momento de paz, pobrecita. Al final tendrá que recurrir a sus pastillas y no sabemos muy bien si eso sería buena idea. *Se santiguan*

Habemus "Clexa" en la tórrida mente de Lexa

¿Os gusta Octaven? Octavia tiene corazón y sentimientos, quién lo diría. Y Raven... ay Raven, parece que le gusta más de lo que cree.

SE VIENEN CAPÍTULOS INTENSOS, ES HORA DE QUE OS COMPRÉIS PASTILLITAS COMO LEXA PORQUE OS VAN A HACER FALTA. LUEGO NO DIGÁIS QUE NO OS AVISAMOS...

Una vez más, gracias por votar, por comentar y por seguirnos en esta aventura.

Un abrazo perezoso para todxs.