Hola de nuevo!!!! Dicen que actualizo rápido aunque en este cap me he retrasado un poco más de lo normal, también es verdad que es el capítulo más largo hasta ahora. Esta vez no tengo mucho que decir, agradecer los reviews de : Northern Lights, V&7a...Potter, Sandokan, Dragfire, Lunática, Fagnoletti y Saiyury. Algunos mensajes son muy buenos, muchas gracias. Espero que les guste el capi y me digan lo que opinan...
PD: no te preocupes fagnoletti, puede que yo también te entendiera mal a ti con el comentario. Ya está olvidado, espero que te guste el cap. Saludos
Capítulo 10: Poción
A pesar de no ser lo habitual, la madriguera se hallaba en completo silencio, aunque ese silencio no era correspondido con tranquilidad. La tensión era palpable en el ambiente, un adolescente pelirrojo se encontraba sentado en el sofá de la sala y de vez en cuando una chica pelirroja pasaba medio caminando medio corriendo de un lado para otro. Estaban esperando noticias de la reunión de la Orden, nadie había regresado a casa, sabían que su padre y su hermano Bill se irían a trabajar después, pero habían pensado que su madre volvería justo después de la reunión. No querían ni imaginarse que hubiera ocurrido algo.
Cuando el reloj que tenían movió una de sus manecillas, ambos chicos se plantaron en un segundo frente a él para ver como la aguja de su madre apuntaba a "de viaje" para unos segundos después apuntar a "casa". De la chimenea salieron llamas verdes y justo después una mujer pelirroja y regordeta.
- Mamá- llamó Ginny lanzándose sobre su madre- ¿Cómo ha ido la reunión¿Ya han encontrado a Harry?- preguntó esperanzada.
- Ha ido bien, de momento no hay muchos problemas- contestó Molly con una sonrisa pero que después de un momento se volvió forzada- no, aún no hemos encontrado a Harry. Aunque prometió que iría al ministerio en dos días, así que es probable que venga a casa después de eso.- comentó la señora Weasley haciendo que la cara de la chica se iluminase de felicidad y lanzara un suspiro de alivio. Ron por su parte, sonrió un momento forzadamente y volvió a sentarse en el sofá soltando otro suspiro. La Sr. Weasley se marchó a la cocina después de darle un beso en la frente a su hija, que cuando vio a su madre irse, se viró enfadada hacia su hermano.
- ¿Se puede saber que te pasa? Dice que Harry viene en dos días ¿y no te alegras?- soltó Ginny taladrando a su hermano con la mirada.
- Mamá ya se encontró con Harry en Hogsmeade y no vino. ¿Qué te hace pensar que esta vez si querrá venir?- inquirió Ron encogiendo los hombros. Por un momento, Ginny palideció, pero después volvió a hablar.
- Al menos deberías tener un poco de esperanza, al fin y al cabo es tu mejor amigo ¿no? No te veo muy preocupado.- Respondió duramente haciendo que Ron levantara la vista para mirarla fijamente.
- Harry es mi mejor amigo- determinó aunque no muy convencido- y yo si tengo esperanzas pero soy realista. Además¿acaso te pregunto yo a ti porque estás tan preocupada por Harry de repente? Y por si no te acuerdas fue culpa tuya que Harry se escapara, él confió en ti y tu vas y se lo cuentas a la Orden¿y ahora te preocupas?. Por eso yo soy amigo suyo y tu no.- le reprendió Ron a su hermana. El rostro de esta última se oscureció y sus ojos se volvieron vidriosos tras las palabras de su hermano.
- Pues si tu de veras fueras su amigo deberías saber donde está, te lo debería haber contado ¿no?- Articuló mirando seria a su hermano para después irse corriendo con una lágrima resbalando por su mejilla.
Las palabras de su hermana sólo habían logrado verificar lo que ya estaba pensando. Había pensado que si de verdad era su mejor amigo, Harry le hubiera contado lo que pensaba hacer. Quería pensar que no era así, al fin y al cabo sólo habían pasado dos días desde que se había marchado. Sabía lo que pensaba Harry acerca de Dumbledore y la Orden tras lo ocurrido en verano en el ministerio. Quería pensar que Harry había tenido que irse rápidamente de la casa de sus tíos y que no había tenido oportunidad de contarle nada. No podía juzgar su amistad por eso. Debía comprender que su amigo estaría pasando por los peores momentos de su vida después de perder a su padrino y no tenía derecho a dudar de él simplemente porque no le había contado lo que pensaba hacer. De todas formas, sus dudas se resolverían en dos días. Harry nunca se había negado a ir a su casa, si eso sucedía podía empezar a pensar mal pero hasta entonces tendría que esperar. Si Harry venía, podría preguntarle y saber que había ocurrido para que hiciera eso. En cualquier caso, sus dudas se resolverían en dos días.
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Era una noche tranquila, suave y silenciosa en Hogsmeade, a lo lejos se veía la silueta de Hogwarts brillar bajo la noche y la tenue luz de una luna creciente que un chico de dieciséis llevaba viendo igual desde hacia mas de dos meses. Precisamente esa noche, aquel chico se encontraba en un andrajoso y mugriento bar de aquel pequeño pueblo mágico, un bar que le traía buenos recuerdos, pues en aquel bar era donde habían maquinado el plan del ED contra su profesora.
Una copa de Whisky de fuego con dos piedras de hielo lo acompañaba en la mesa cuadrada junto a otros tres hombres encapuchados, al igual que él. Estaba empezando a acostumbrarse a esa bebida, era cierto que le arrasaba la garganta pero el sabor de boca que le dejaba, sin hablar del sentimiento tan agradable que se le quedaba en cuerpo, le encantaba. Todos tenían cinco cartas en las manos y en el centro de la mesa ya se alzaba una cantidad notable de monedas de oro.
- Paso, me voy- dijo uno resignado con voz grave tirando las cartas boca abajo sobre la mesa.
- Yo voy- dijo el que tenía Harry frente a él, cautelosamente.
- Yo también voy- asintió el de su izquierda sonando seguro- y subo cincuenta galeones.- el que había abandonado se sobresaltó, mientras que el otro se veía pensativo y Harry ni se había inmutado, es más, estaba sonriendo.
- Mi primo de cinco años miente mejor- consideró Harry soltando una carcajada, su voz se notaba fuerte y potente.- quizá a tu abuela puedas pegársela, pero a mí no.- continuó Harry, el hombre se estaba poniendo tenso y nervioso, como quería. Sabía perfectamente su jugada y sabía lo que hacer.- Voy, y subo doscientos galeones- exclamó soltando otra carcajada. El hombre a su izquierda lo miró con odio mientras ponía las cartas boca abajo en la mesa.
- No voy.- susurró apretando los dientes, Harry soltó otra carcajada haciendo que el hombre se enfureciera definitivamente- ¡Pero tu quién te crees que eres!- gritó dándole un golpe con la mano al vaso de Harry, haciendo que saliera por los aires y se estallara contra la pared.- ¿Con quién crees que estás jugando? De mi no se ríe ni tu ni...
- Tráeme otra copa- Interrumpió Harry completamente serio- He dicho que vayas a donde está aquel señor- dijo apuntando ligeramente al hombre que había tras la barra.- y me pagues el Whisky que acabas de tirar y otro nuevo.
- Que te crees que soy¿tu elfo doméstico?- contestó riéndose de la orden de Harry.- Da gracias si no te saco a patadas de aquí.
- Muy bien- consideró Harry llevando la mano a la varita discretamente.- ¿Todos lo habéis visto no? Yo lo he intentado por las buenas. ¡Imperio!- Al instante, el rostro del hombre se volvió inexpresivo y se quedó de pie, paralizado.- Venga, hazlo.- Instó Harry con los brazos cruzados. Ante la mirada y asombro de todos los que se encontraban en el bar, el hombre fue hacia la barra, sacó unas monedas para pagar, pidió otro Whisky y volvió para dejarlo en la mesa exactamente donde había estado el otro.- Bien hecho- valoró Harry como quién premia a un perro.- Ahora lárgate.- y cogiendo su capa, salió rápidamente del bar.- Fregotego- murmuró hacia donde se había estallado el vaso anterior dejando la pared entera reluciente.- Bueno¿seguimos jugando?- propuso con tono casual mientras cogía de nuevo las cartas. Los dos hombres que quedaban en la mesa, si estaban sorprendidos con lo que acababa de ocurrir no lo demostraron, pues uno fue a pedir otra copa, y el que estaba frente a él siguió pensativo.
- Es mucho dinero- comentó el hombre más para sí mismo que para Harry- No tengo tanto- terminó, lanzando una mirada a Harry para ver que respondía. Harry sabía que era lo que sucedía, había estado planeando esa situación toda la noche, el hombre tenía una jugada buena, muy buena, ya se había encargado él de que le tocaran esas cartas. El problema era que no tenía tanto dinero como para igualar su apuesta, justo como había planeado.
- Creo que podemos llegar a un acuerdo- tanteó Harry, de eso dependía todo su plan, tenía que salirle bien, necesitaba algo que ese hombre tenía.- Si no me equivoco tienes algo muy valioso y que me interesa- continuó mirándolo fijamente- Si apuestas eso que tienes, dejo que cojas todos los galeones que has apostado, eso que tienes por todo este dinero- ofreció Harry apuntando a la pequeña montaña de monedas que se encontraban en el centro de la mesa. No podía echarse atrás, llevaba planeando eso toda la noche, su poción dependía de ello, no quería llegar a otras medidas para conseguirlo. El hombre seguía pensativo, hasta que dejo las cartas sobre la mesa, alargó la mano y cogió el dinero que había apostado hasta ahora.
- Está bien- aceptó. ¡Sí! Gritó Harry en su cabeza.- Aunque no voy a preguntar como has sabido lo que poseo- sonrió el hombre mientras metía una mano en su túnica y sacaba una bolsita muy pequeña de plástico transparente, que dejaba ver dos cabellos rubios y brillantes, parecían tener luz propia.- Siéntete afortunado- terminó cogiendo las cartas de nuevo y preparándose para decir lo que tenía. Puso las cartas una a una boca arriba mientras sonreía, disfrutando del momento- Aquí tienes, lo siento- exclamó soltando una carcajada- Repóker de ases.
- Lo siento yo- contestó Harry sonriendo a la vez que pasaba un dedo por cada una de sus cartas, transformándolas a su paso. Cuando terminó, las tiró sobre la mesa- Escalera de color. – Dijo más serio, quería ver cual era la reacción de su contrincante. El hombre abrió los ojos incrédulo, para después llevarse las manos a la cara lamentándose.
Pero cuando Harry fue a coger su premio, el hombre rápidamente cogió la bolsita y un puñado de monedas a la vez que se levantaba de la silla y salía corriendo hacia la salida. En un abrir y cerrar de ojos, Harry desapareció en una llama de fuego para aparecer justo frente a la puerta, haciendo que el hombre se asustara al encontrárselo de repente y tropezara soltando todo lo que tenía en las manos. Harry dio un par de pasos y se agachó para coger algo del suelo.
- ¡No puede llevárselo!- gritó el hombre desde el suelo- No sabe el valor que tiene, no era un trato justo.
- Sé exactamente el valor que tiene¡serás idiota!- rió Harry mientras hacia un movimiento con la varita y hacía desaparecer la montaña de monedas de la mesa.- ¡Apostar unos cabellos de sirena del pacífico¿Por cuanto¿Doscientos galeones¡Si valen al menos diez veces más!- siguió riendo hasta que cambio completamente de actitud- Y te aviso, vuelve a intentar jugármela y te aseguro no volverás a jugar a nada más en tu vida.- amenazó acercándose a la mesa, cogiendo el vaso de Whisky, pero antes de desaparecer, exclamó- Buenas noches a todos, hace un tiempo maravilloso.- y bebiéndose el vaso de Whisky de un solo trago, se esfumó del lugar con otro destello rojo.
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Con un resplandor rojo que iluminó la estancia, tomó nota mental de que la próxima vez debía tener más cuidado con eso para no despertar a nadie con la luz, apareció en el dormitorio de Hermione. Las paredes con estanterías repletas de libros, varios sillones cómodos de un azul oscuro y la pintura gigante de un águila en una de las paredes le dejaban claro que estaba en una habitación de Ravenclaw. Vio la silueta de Hermione dormida sobre la cama, en otra etapa de su vida hubiera pensado en gastarle una broma pero en ese momento no tenía humor para eso, quizás con Ron a su lado se lo estaría pensando. Ron, a pesar de todo lo que había pasado, se moría de ganas de volver a ver a su amigo, de jugar una partida de ajedrez, de hablar de nada y de todo a la vez. Pero si todo salía como tenía previsto, conseguiría el poder necesario para proteger a sus seres queridos, enfrentarse a Voldemort y conseguir un mundo de paz, la duda era si él conseguiría aguantar hasta el final para vivir en ese tan ansiado mundo de paz. Con ese pensamiento, miró su reloj, le dio una vuelta a la rueda del tiempo, y desapareció hacia el dormitorio de Angelina.
Intentó disminuir lo más posible la intensidad de la luz roja con la que aparecía para no despertar a Angelina. Cortinas de un amarillo pálido, y el dibujo, esta vez de un tejón, además del nombre de Hufflepuff en letras brillantes escrito sobre la colcha que cubría a Angelina, le decían esta vez que se hallaba en un dormitorio de la otra fundadora de Hogwarts. Rápidamente, activo de nuevo su reloj, tenía un tiempo limitado para activarlo con personas separadas y que el tiempo se detuviera a la vez para ambas. Le echó un vistazo a la figura de Angelina para comprobar que estaba durmiendo antes de marcharse él a su cuarto. Después de comprobar que todo estaba en orden, se preparó para desaparecer cuando sintió algo detrás de él. En una milésima de segundo, sacó su varita, se dio la vuelta y apuntó al lugar donde había sentido algo, iluminándolo levemente. Se llevó una sorpresa al ver que en el suelo había una criatura pequeñita de ojos azules y con un pelaje rubio con algunas mechas negras que le recorrían el cuerpo.
Siguió apuntando durante más de diez segundos a la criatura analizándola, cuando consiguió verla bien, se dio cuenta de que era... ¡un tejón¿Qué haría un tejón en la habitación de Angelina? Pensó que quizá era su mascota, o un regalo de Helga a su heredera. Bajó la varita lentamente y se agachó hacia el animal alargando la mano. Contrario a lo que creía, el tejón no se asustó, sino que se acercó a él y se dejo acariciar. Lo cogió y lo elevó hasta su estómago mientras seguía acariciándolo.
- Eres muy bonito- susurró para que Angelina no se despertara. Para su sorpresa, el tejón negó levemente con la cabeza- ¿No¿Por qué dices que no¡Ah! Ya... No eres bonito- murmuró riendo- bonita... lo siento.- se disculpó Harry haciendo que el animalito soltara un sonido de aprobación y se acurrucara en el pecho de Harry. Extrañamente, se sentía a gusto con el tejón, le daba un buen presentimiento. Tranquilidad, dulzura, cariño, algo de lo que la verdad últimamente él no iba muy sobrado.
Se quedó más de media hora sentado en el suelo acariciando al tejón, le daba pena dejarla allí sola, sabía que era una tontería, pero se encontraba relajado acariciándola allí sentado en mitad de la noche, además, después de conseguir el cabello de sirena, podía permitirse un pequeño momento de relax.
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- ¿Quieres ver el mejor duelo del siglo?- inquirió Harry bromeando a Hermione- ¿dónde está Angelina? Se supone que hoy íbamos a entrenar juntos.- Apreció mirando alrededor en busca de la morena.
- Yo te hubiera ganado si no es por el fuego- se excusó Hermione- y no te preocupes por Angelina, seguro que vendrá. Y juraría que no le vas a ganar tan fácilmente, tiene una sorpresita preparada- confesó con una pequeña sonrisa.
- Lo que digas pero yo no la veo, es normal que se haya arrepentido, enfrentarse contra mí...
- ¿Qué decías?- preguntó Angelina entrando en la sala sonriente.- Lo siento, es que anoche no dormí bien. No, no es una excusa- añadió al ver la cara de Harry.
- Si, ya, claro.- continuó Harry con la broma.- Angelina... te quería preguntar algo. No sabía que tenías un tejón como mascota.
- No Harry- contestó Hermione partiéndose de risa.- Es...
- Es muy linda- terminó Angelina rápidamente por Hermione- No es mío, es un regalo de Hufflepuff, supongo que sabrás que nuestro símbolo es un tejón.- explicaba Angelina un poco nerviosa. A Harry en ese momento le pareció oír un susurro en su cabeza que decía "ya te contaré, sígueme la corriente" pero movió la cabeza negativamente como intentando sacarlo de su cabeza y lo ignoró completamente.- ¿Y tu como sabes las mascotas que tengo yo en mi cuarto?- preguntó Angelina contraatacando con una sonrisa pícara.
- Eh... esto... ¿Empezamos el duelo?- inquirió para salir del apuro- ¿o tienes miedo?
Angelina negó sonriendo por la escapatoria del chico y se dirigió a la plataforma de duelo, y Harry, suspirando de alivio, la siguió. Harry se quitó el reloj y lo guardó en su túnica, quería que fuese un combate justo, si utilizaba los poderes del reloj jugaría con ventaja. Se acercaron hasta quedar uno frente a otro, se sonrieron un momento, y al instante, la sonrisa desapareció de sus rostros a la vez que hacían el habitual saludo con las varitas. Dieron un par de pasos alejándose contando hasta tres y al pronunciar el tercer número, giraron sobre si mismos rápidamente para empezar el duelo, pues había una regla fundamental, el que primero atacara tenía la mitad del duelo ganado.
- ¡Expelliarmus!- conjuró Harry haciendo que un rayo rojo saliera de su varita y que Angelina desvió con un simple movimiento de su varita.- ¡Estorius!- continuó esta vez creando un rayo verde que se dirigió a Angelina haciendo espirales en el aire, y esta a su vez convocó un escudo que bloqueó el hechizo sin problemas. Simplemente estaba comprobando el nivel de Angelina, primero un leve hechizo directo para comprobar la habilidad del mago, luego un hechizo no muy conocido para ver su reacción ante magia nueva, de momento estaba combatiendo bien, estaba claro que la chica había hecho los deberes. Ya veremos como le va con la fuerza bruta, pensó para si mismo.
- ¡Desmaius!- articuló la chica pasando al ataque, Harry no se molestó ni en parar el hechizo, simplemente lo esquivó haciendo que el rayo chocara contra la pared de piedra tras él y provocara que varias piedritas cayeran.- ¡Caparaunted!- gritó Angelina. Una enorme bola blanca de energía salió de su varita a una velocidad increíble en dirección a Harry.
- ¡Maxprotecap¡- Rugió Harry creando una pared de luz blanca delante de él protegiéndolo de la esfera de energía. Cuando la bola de Angelina chocó contra la pared se produjo un estruendo increíble que hizo que los chicos se tuvieran que llevar las manos a los oídos. Cuando volvió a elevar la vista, vio que la bola de energía seguía arremetiendo contra el escudo con una fuerza impresionante, algo que no ocurría con la pared de protección, que cada vez estaba más debilitada. Levantó la varita en un intento desesperado de reforzar el escudo, pero Angelina hizo lo propio haciendo que la esfera arremetiera por última vez contra la pared, que se rompió en mil diminutas virutas blancas, dejando que la bola de energía se abalanzara sobre Harry que solo pudo saltar hacia un lado. La esfera le rozó una pierna, dejándosela paralizada por completo, y siguió hasta que chocó contra la pared originando una tremenda explosión que cegó a los presentes durante unos segundos y provocó una grieta en la pared de piedra de más de seis metros de largo.- ¡Joder! Me cago en... - fue lo único que pudo decir al analizar lo que había ocurrido mirando hacia la pared de piedra. Y yo hablando de fuerza bruta... pensó irónicamente.
Se levantó torpemente del suelo pues tenía la pierna entera paralizada y miró a Angelina que le sonreía perspicazmente, sabiendo lo que pensaba el chico en esos momentos.
- Vamos a ver si sonríes ahora. Creo que ya va siendo hora de acabar. ¡Incendio!- Sentenció creando una pequeña llama de fuego a sus pies. Cerró los ojos un momento para concentrarse mejor haciendo que el fuego aumentara enseguida, pero a la vez, ignoro a Angelina, que sonrió e inició el mismo ritual que su compañero. Cuando consiguió la concentración necesaria e hizo que el fuego lo envolviera abrió los ojos para ver la reacción de Angelina, podía haberse esperado cualquier cosa, pero no lo que estaba viendo es ese instante.
Angelina estaba envuelta en una cascada de agua, una cascada enorme, y al igual que la luz roja que originaba él cuando usaba los poderes de heredero, Angelina originaba otra pero amarilla. La luz amarilla que reflejaba su silueta detrás de la cascada de agua creaba una imagen realmente imponente. Se centró en sus poderes para incrementar su poder, y cuando creyó haber logrado el suficiente, movió los brazos lanzando un torrente de fuego hacia la morena. El fuego chocó contra la cascada, envolviéndola completamente. Una mezcla entre vapor y humo se veía salir hacia el techo de la sala. Cuando el fuego remitió pudo ver que, aunque con menos intensidad, la cascada seguía igual que antes del ataque. Y esta vez, fue Angelina la que pasó al ataque lanzando un potente chorro de agua amarilla hacia Harry. Intentó protegerse con un escudo de fuego pero no le sirvió de nada, el agua entró sin problemas y le dio de lleno en el pecho tirándolo al suelo y arrojando la varita al otro extremo de la sala.
- Creo que he ganado- Musitó Angelina contenta mientras se relajaba y veía como Harry intentaba levantarse, no sin problemas.
- ¡Esto no ha acabado!- Bramó Harry enfadado elevando la mano hacia Angelina- No me hace falta la varita para ganarte... a ver si esto también lo paras. ¡Adava Kedavra!- El típico haz de luz verde salió de la mano de Harry directo hacia Angelina. Al ver la maldición asesina dirigiéndose hacia ella a toda velocidad, no pudo hacer nada, se quedó absolutamente paralizada. Perdió la concentración, provocando que toda la energía acumulada se disolviera. Intentó alzar la varita, pero los músculos no le respondían. No sabía que era lo que le había impactado más, si ver la maldición asesina contra ella por primera vez, o que se la hubiera lanzado Harry. El rayo verde llegó hasta ella, le atravesó el pecho sin problemas, y posteriormente se desintegró. No había sentido nada, quiso mirar a su alrededor para observar que había pasado pero no podía, estaba completamente paralizada, en estado de shock.- Creo que he ganado yo. ¡Accio varitas!- Su varita, que estaba en el suelo, y la varita de Angelina salieron volando hacia Harry, que agarró una con cada mano y realizó una reverencia sonriendo hacia la morena, en señal de que él era el ganador.
-¡¿Pero que has hecho Harry?!- le recriminó Hermione muy enfadada corriendo hacia Angelina, que seguía paralizada- ¿Cómo se te ocurre hacer la maldición asesina¿Estás loco o qué? Mira como está...
- Gracias por los halagos- contestó Harry sarcásticamente- Vamos a aclarar unas cosas. Yo no he conjurado ninguna maldición asesina¿te crees que estoy loco? No, déjalo, no respondas... - añadió al ver la mirada de Hermione que intentaba que Angelina reaccionase- Di tu que he usado un hechizo que imita en apariencia esa maldición. Si alguien se hubiera fijado más en mis palabras se habría dado cuenta. No dije Avada, dije Adava. Un hechizo marca de la casa, una leve modificación mía. No causa absolutamente nada en el receptor, de hecho estoy intentando que al menos tenga el efecto de un expelliarmus, pero entonces el sonido al pronunciarlo cambia demasiado. Y lo que quiero es que cause exactamente esta reacción que has visto.- explicaba mientras se acercaba a Angelina, que aunque seguía sin moverse, al menos ya miraba hacia Harry.- Angelina, como vas a creer ni por un momento que voy a arriesgarme a lanzarte el Avada Kedrava... por cierto has luchado muy bien, casi me... - pero se calló porque en ese momento Angelina se lanzó hacia él, lo abrazó con todas sus fuerzas y empezó a sollozar en su hombro.- pe... pero... yo... no... – tartamudeó sin saber muy bien que decir. Quizá se hubiera pasado un poco al imitar la maldición asesina, pero es que en una batalla real iba a tener que soportarlas continuamente. Aunque debía reconocer que lo había hecho con esa intención, con la intención de que le sorprendiera tanto que no pudiese reaccionar y eso le diese tiempo para desarmarla, pero tampoco quería dejarla así. Respondió al abrazo y pensó que le debía una disculpa.- Lo siento. No debí imitar esa maldición. Fue...
- No, t...tú no t...tienes la culpa de n...nada- sollozó titubeando Angelina sin separarse de Harry- Soy tonta. Cuando salgamos de aquí van a enviarme esa maldición en cada batalla cientos de veces, esta vez fue una ilusión óptica, pero si no llega a ser así estaría muerta. No estoy preparada para esto...
- Si estas preparada.- Afirmó Harry tajante y la separó de él para mirarla a los ojos, de los cuales caían varias lágrimas.- Peleaste muy, pero que muy bien. Me ibas a ganar. Simplemente te sorprendió que utilizara esa maldición, pero en una batalla ya sabes que ellos si lo harán, estarás prevenida. Además, yo estaré a tu lado. No dejaré que te pase nada.- prometió Harry serio mirándola a los ojos, que ya habían parado de llorar- Aunque teniendo en cuenta la paliza que me estabas pegando, creo que deberías ser tu la que me proteja a mi.- terminó bromeando, lo que hizo que la chica emitiera una pequeña sonrisa.
- Gracias Harry. Creo que iré a descansar un poco. Gracias... - agradeció Angelina acercándose a Harry y dándole un beso en la mejilla para después salir de la sala hacia su habitación.
- ¡Ese es mi Harry!- exclamó Hermione contenta por la actitud del muchacho, dándole también un pequeño abrazo, que hizo que se sobresaltara pues estaba anonadado acariciándose la parte donde Angelina acababa de darle un beso.- Me alegro de que al fin hayas dejado de ser tan frío.
- No te creas... - logró articular Harry esbozando una pequeña sonrisa.
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El bosque prohibido era realmente siniestro, la pequeña luna emitía una leve luz sobre los árboles, los cuales no dejaban entrar más que unos escasos destellos provocando que el bosque se hallara en una negrura casi total. En ocasiones llegaba a sus oídos el sonido de los cascos de los centauros al galopar de un lado para otro entre gritos. No quería que los centauros lo descubrieran en mitad del bosque, eso haría mucho más difícil lo que tenía que hacer.
Había estado más de una hora deambulando por el bosque buscando el último ingrediente de su poción. La poción iba como tenía que ir, de momento no había tenido ningún problema grave, aunque era cierto que al principio había tenido unas reacciones extrañas con ingredientes nuevos que le habían causado más de una pequeña explosión. Esta vez había tenido más cuidado en elegir el sitio donde realizar sus pociones, la sala de los menesteres le había proporcionado un lugar ideal, a salvo de que alguna de las chicas lo descubriera por error y con todo el instrumental necesario. Aunque algunos ingredientes había tenido que conseguirlos por otros medios como el de la otra noche en el bar, la mayoría de ellos los había sacado del armario del profesor Snape. Se había partido de la risa al pensar en la cara de su profesor al ver que la mitad de su armario estaba vacío. Pero le quedaba un último ingrediente, un ingrediente que la primera vez que había visto que necesitaba se había quedado estupefacto. Necesitaba sangre de unicornio.
Recordaba a la perfección las palabras del centauro Firenze en su primer año en Hogwarts, "matar a un unicornio es algo monstruoso, solo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen... si uno mata algo tan puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita..." Estaba de acuerdo en todo lo que le había dicho. El no tenía porqué matar al unicornio, solo necesitaba su sangre, un poco de sangre para la poción.
Había utilizado las habilidades de Quetza, como su fascinante olfato, para buscar al unicornio, y por fin lo había encontrado. Delante de él, a unos quince metros de distancia, se encontraba la criatura comiendo relajadamente una hierba del suelo. Sus patas delgadas, su color blanco plateado y su majestuosa melena creaban una criatura realmente hermosa. Sigilosamente, sacó su varita y apuntó al animal.
- ¡Desmaius!- pronunció Harry y el rayo rojo salió de su varita directo al unicornio, pero este, con una agilidad asombrosa, dio un salto esquivando el hechizo. Miró hacia donde había venido el ataque, y tras ver a Harry salió corriendo a toda velocidad internándose en la oscuridad.- Mierda, no lo puedo perder- y con un chasquido desapareció para aparecerse frente al animal.- ¡Petrificus totalus!- pero incluso antes de que terminara de pronunciar el hechizo, el unicornio había saltado pasando por encima de él.- ¡Oh, por Merlín! Venga ya... ¡Blackarcelus rex!- gritó Harry ya cansado de que la criatura lo esquivara todo. Tres rayos negros salieron de la varita, el unicornio dio un giro de noventa grados para esquivar los rayos, pero estos giraron también hacia él. Cuando los tres rayos llegaron hasta el animal, en vez de chocar contra el objetivo como hacían los demás, se enrollaron sobre su cuerpo para después transformarse en tres cuerdas negras que lo dejaron completamente inmovilizado. La criatura comenzó a gritar descontroladamente, un sonido horrible según él, era evidente que una criatura tan bella e inocente como esa no merecía sufrir.
Sin poder aguantar un segundo más ese grito, se apareció al lado de la criatura, sacó una jeringuilla que traía en la túnica y se la clavó en el cuello, provocando otro grito al animal. En un momento llenó la jeringuilla de sangre plateada y justo al guardarla de nuevo en su túnica sintió un pinchazo terrible en el costado. Cuando miró lo que era observó como tenía una flecha clavada en la piel. Y al levantar la mirada vio un batallón de centauros apuntándolo con arcos y ballestas. El escudo de su reloj no lo protegía contra ataques físicos, solo mágicos, algo que acababa de volver a comprobar.
- ¡Malditos caballos con manos!- rugió Harry furioso viendo como la túnica empezaba a mancharse de sangre. Al instante descubrió que no había sido buena idea insultarlos, sin dudarlo los centauros dispararon un centenar de flechas hacia él. Con un movimiento de la varita, creó una capa de luz gris delante de él que convirtió a todas las flechas en polvo al atravesarla. Con otro movimiento de la varita, liberó al unicornio que salió disparado perdiéndose en la negrura del bosque.- ¡Porque me pillan de buen humor que si no ya estarían todos muertos!- le espetó a los centauros que volvían a cargar sus armas y apuntar contra él.- Necesito una copa.- susurró para sí mismo y con un "plop" desapareció del bosque justo antes de que otra tanda de flechas surcara el espacio donde había estado hace un instante.
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- La verdad es... que es complicado- confesaba Harry tomándose otro trago de Whisky, había perdido la cuenta de los que llevaba. Ahora mismo se encontraba en el dormitorio de Angelina, precisamente sentado en el suelo del cuarto de baño para que la chica no se despertara, y estaba hablando con el tejón, que parecía la única que lo escuchaba de verdad. En los últimos días cada vez que pasaba por la habitación de la morena para activar el reloj, se encontraba con la pequeña mascota, y siempre se quedaba un rato con ella, acariciándola y en ocasiones hablándole de sus pensamientos.- para acabar con Voldemort, psss ¿Voldemort? Claro que da miedo, no lo va a dar, el nombre es ridículo- alegó Harry con una risita tonta.- yo me pondría otro, no sé... bueno, volviendo a lo que iba, para acabar con Voldemort... tengo que volverme como él¿irónico verdad? Con el asco que me dan, él y sus miserables mortífagos. Por los mortífagos y su señor... - masculló levantando la copa como si de un brindis se tratara.- que no se mueran... – bebió un trago enorme hasta casi vaciar el vaso- ...sin sufrir.
La mascota estaba en el regazo de Harry, dejándose acariciar y escuchando todo lo que Harry le decía, levantando la cabeza en ocasiones para mirarlo.
- La poción... ¡hip! La poción es mi última esperanza.- Susurró Harry pensativo, no tenía un tema fijo, cambiaba de tema con cada frase.- Ya la tengo terminada, solo tengo que esperar un poco más... ¡hip! Un poco más. He tenido que sacarle sangre a un unicornio con mis propias manos. Estoy absolutamente loco Angy- le contaba al animalito, desde hacía unos días la llamaba Angy, como diminutivo de Angelina.- No le hice ningún daño, la verdad es que son preciosos los unicornios- dijo con voz soñadora mirando al espejo que tenía frente a él- ¡No como esos malditos caballos parlantes! Mira lo que me hicieron- exclamó exaltado dejando ver su costado ya vendado, aunque con las vendas encharcadas de sangre.- No para de sangrar... ¡hip! No importa, ya parará.- y sacando la varita llenó su vaso de nuevo.- ¡Solo quiero salvar a los que quiero!- expresó Harry de repente casi llorando- Me da igual perderlo todo, me da igual morir, me da igual volverme loco al tomar esa poción. Pero es la única oportunidad que tengo para lograr el poder necesario para derrotar a Voldemort. Han muerto mis padres, ha muerto mi padrino, muchos inocentes, Cedric... casi se me parte el alma al ver al padre de Cedric llorar sobre su hijo muerto. ¿Por qué¿POR QUÉ? – Gritó tomándose otro trago para tranquilizarse- Me da igual ir al infierno... siempre y cuando me lleve a Voldemort conmigo. Solo quiero un mundo de paz y de justicia. Y me gustaría poder vivir en él, aunque ya he entendido que a mi no se me permite disfrutar de la vida, que a mi no se me permite ser feliz. Pero me quedaría plenamente satisfecho si consigo proporcionarle ese mundo a la gente que quiero, con eso me basta. La gente que quiero; Ron, bueno, todos los Weasley, Hermione, Lupin, Neville, Luna y Angelina también, aunque al principio no me cayera bien creo que es una chica muy buena que también ha tenido que sufrir en esta vida. ¿No crees tú lo mismo Angy? Tú la conocerás mejor que yo... – seguía hablando Harry, aunque se estaba quedando dormido- una buena chica... - ya casi no aguantaba con los ojos abiertos.
Entonces sintió algo en la pierna, algo que ya había sentido anteriormente en muchas ocasiones pero que en ese momento no le prestó el más mínimo interés. Pero entonces ocurrió algo que si lo despertó bruscamente. Escuchó un siseo y el chillido del tejón que tenía sobre el regazo, notando como salía corriendo de donde estaba. Cuando abrió los ojos, vio a Quetza, su serpiente, con parte de su cuerpo elevado sobre el suelo, con la caperuza alrededor de la cabeza expandida y la boca abierta enseñando los colmillos, preparada para atacar en cualquier momento. Iba a levantarse y evitar que ocurriera una locura cuando sucedió algo que de verdad era una locura.
Al tejón lo envolvió una luz amarilla cegadora que iluminó el cuarto completamente, y que al disminuir dejo ver una figura completamente diferente a la anterior. En el lugar donde antes se hallaba la pequeña mascota, ahora se encontraba Angelina, en pijama, con su cabello moreno cayéndole suelto por la espalda y con la varita alzada apuntando a Quetza. Ante esa perspectiva, Harry miró un momento su vaso de whisky e hizo una mueca de confusión total¿era posible que hubiera bebido tanto que estaba teniendo alucinaciones?. Lo comprobaría enseguida.
"¿Quetza?"- siseó Harry mirando incrédulo la situación. Ante la aparición de la chica, la serpiente había abandonado su posición de ataque para volver tranquila al suelo. Y cuando Harry la llamó, se viró hacia él.
"Lo siento amo. Pensaba que era comida pero es la compañera del amo. Quetza lo siente muchísimo, no volverá a ocurrir, lo juro"- contestó con un siseo la serpiente mientras volvía hacia Harry, pensó que si había algún momento en el que las serpientes bajaban la cabeza avergonzadas y arrepentidas, Quetza ahora mismo parecía estar así.
- ¿Angelina¿Eres tú?- inquirió a la chica que parecía incluso más sorprendida que Harry al observar como acariciaba la serpiente.
- Si Harry, soy yo- confesó la chica a sabiendas de que se acababa de meter en un gran problema.- ¿Ese monstruo es tuyo¿Desde cuando tienes una serpiente como mascota?- preguntó intentando que Harry saliera de su asombro.
- No es un monstruo... – negó con voz inocente- solo es una criatura incomprendida, pero es muy buena... – pero se quedó callado de repente pensando- Un momento... ¿me estás diciendo que todo este tiempo, tu has sido el tejón¿Me has estado engañando todo este tiempo?- preguntó Harry perdiendo un poco la tranquilidad.
- El tejón es mi forma animaga, por Hufflepuff. Y no te he estado engañando... solo he...
- ¡Que no me has estado engañando!- soltó Harry ahora sí perdiendo la paciencia.- Te he estado contando toda mi vida, mis pensamientos, mis secretos, pensando que eras un animal¡NO TENÍAS NINGÚN DERECHO!- rugió Harry intentando levantarse, los efectos del Whisky remitían pero a la vez le aparecía un terrible dolor de cabeza.
- Lo siento Harry, la primera vez que te vi entrar en mi habitación pensé que sería una broma, pero después empezaste a portarte tan bien conmigo, a ser cariñoso, a contarme tus problemas, lo que te atormentaba, y no pude evitar seguir haciéndome pasar por la mascota. ¡De otra manera nunca me hubieras contado nada de esto!- se intentaba disculpar Angelina.
- No te has parado a pensar un momento en que si nunca te lo hubiera contado como dices... ¡sería porque no quería que tu supieses nada!- le recriminó Harry sintiéndose estúpido al haber sido engañado tan fácilmente. Ahora entendía porque Angelina había interrumpido a Hermione antes del duelo.
- Tienes razón Harry. Y lo siento- Añadió sin saber que más decir pues sabía que se merecía esa reprimenda- No lo hagas...
- ¿Que no haga el qué?- preguntó Harry intentando controlarse.
- No tomes esa poción. Puedes conseguir el poder necesario con entrenamiento, no tienes porqué arriesgarte de esa manera. Puedes morir Harry, por favor no lo hagas, es muy peligroso... - advirtió Angelina con una voz que denotaba que sinceramente se preocupaba por él.
- No entiendes nada¿crees que con tres meses de entrenamiento le haré frente a alguien que lleva cincuenta años entrenando artes oscuras¿Con dieciséis años de edad y tres meses de entrenamiento acabaré con Voldemort?- preguntaba Harry, pero eran preguntas retóricas, no necesitaban ser contestadas.
- No tú solo... - contestó Angelina tímida y con los ojos vidriosos, no soportaba discutir con Harry.- No tienes que enfrentarte tú solo a él, somos tres, tres herederos y estamos juntos en esto.
- Eres idiota... –concluyó Harry, pero no lo dijo con desprecio, sino con lástima- No has entendido nada, te crees que no me gustaría largarme de aquí, olvidarme de todo y no enfrentarme jamás a Voldemort. Pero no puedo hacerlo, soy yo el que debe acabar con él, ni tu ni Hermione pueden, solo yo... – acabó Harry diciendo eso último más para sí mismo.- Quiero hablar con Hermione y contigo mañana, les explicaré algo. Ahora me largo, Adiós. "Vamos Quetza"- llamó a la serpiente, que se acercó a él y contrario a otra veces, la cogió, no quería que Angelina viese que tenía una serpiente dentro de él, ya sabía muchos de sus secretos.
- Espera- determinó Angelina haciendo que Harry parara de concentrar energía para desaparecer- ¿Me perdonas? No quiero estar mal contigo Harry, por favor.
- Si quieres que te perdone, estás perdonada- contestó haciendo que la chica emitiera una leve sonrisa- pero no me vuelvas a hablar en la vida¿lo has entendido? Tengo que verte todos los días porque ambos estamos metidos en esto, pero no quiero ni verte¿me oyes? Ya estoy muy machacado como para que la gente cercana a mí me engañe. Ya tengo personas así.- aclaró refiriéndose a Dumbledore. La chica se había quedado paralizada sin acabar de creerse lo que estaba escuchando.- Teniendo en cuenta eso, sí, te perdono. Buenas noches.- Se despidió Harry ahora si envolviéndose en una columna de fuego y desapareciendo de allí.
- Buenas noches Harry- suspiró Angelina después de que el chico se hubiera ido mientras una pequeña lágrima recorría su rostro y luchaba porque no fueran más, al fin y al cabo, sabía que la reacción de Harry era normal.
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Se encontraban los tres en el salón principal, cada uno a lo suyo. Angelina había sido leal a las palabras de Harry y no le había dirigido la palabra en las más de dos horas que llevaban allí los tres juntos. Él hacía como que estaba leyendo, pero en realidad estaba atento a otra cosa. Al rato de estar allí, había empezado a escuchar voces en su cabeza. Como la vez que había escuchado algo antes del duelo contra Angelina. Pero esa vez. Las voces seguían y eran mucho más claras.
"Angelina ¿Le ocurre algo a Harry?"- reconocía perfectamente la voz de Hermione en su cabeza. Pero ahora la pregunta era¿cómo hacía para escuchar a Hermione si ella estaba aparentemente concentrada leyendo un libro?
"No le ocurre nada, no te preocupes. Discutimos ayer"- contestó la voz de Angelina, que estaba escribiendo algo en un pergamino y no había movido los labios para nada.
"¿Y se puede saber que hizo esta vez Harry?"
"No hizo nada, fue culpa mía. No puedo contártelo"
"Lo entiendo¿te has dado cuenta de que parecéis una pareja?, hoy estáis enfadados y mañana os reconciliáis como si nada"- habló Hermione riendo para si misma, y Harry pudo ver como Hermione formaba una pequeña sonrisa mientras leía.- "¿Te gusta verdad?"- preguntó directamente y en serio, aunque casi era una afirmación.
"Me preocupo por él... "
"No me has contestado"
"Creo que..."
- ¿Hace cuánto que puedes hablar telepáticamente Hermione?- preguntó Harry interrumpiéndolas, debería haber esperado para escuchar lo que decía, pero entonces estaría haciendo lo mismo que por lo que él se había enfadado con ella.
- ¿Nos escuchas?- preguntó Hermione sorprendida- No sé, una semana o así. Es una forma de comunicación entre herederos para que nadie más que nosotros pueda escuchar lo que decimos.
- Escucho, pero mal.- admitió Harry- ¿Podrías ayudarme con eso más tarde?- preguntó Harry ignorando completamente a Angelina. Hermione asintió consciente del enfado de Harry hacia la morena. Entonces se preparó para decir lo que tenía que decir, no sabía que podría pasarle cuando tomara la poción ese día, así que tenía que decirles algo que solo sabían dos personas en el mundo, y en la otra no confiaba demasiado.- Supongo que Angelina te habrá dicho que quería hablar con vosotras. ¿Te acuerdas de la profecía Hermione?
- Claro que me acuerdo, se le cayó a Neville y se rompió.- contó Hermione recordando la escena.
- Exacto, pero esa profecía se realizó ante alguien. Y esa persona no es ningún otro que Albus Dumbledore- desveló Harry pronunciando la última frase con evidente sarcasmo.- Profecía que no se digno a contarme hasta que no vio como moría el último miembro de mi familia, pero eso es otro tema. Una profecía, una profecía que aunque hecha por la profesora Trelawney, se cumplió. La profecía anunciaba la llegada al mundo de un bebé al concluir el séptimo mes, nacido de unos padres que habían desafiado a Voldemort tres veces, un niño que sería el único que tendría el poder necesario para derrotar a Voldemort, y que al nacer Voldemort lo marcaría como su igual.- relataba Harry recordando cada frase de la profecía. Lo contaba porque si le pasaba algo, quería que al menos, los herederos y no solo Dumbledore fueran conscientes de ese dato.
- Pero ese eres tú, finales de julio... la cicatriz...
- Exacto, pero ahí no termina la profecía. Decía; ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida y al final uno de los dos deberá morir a manos del otro.
- Pero eso significa... - empezó Hermione quedándose a medias.
- Eso significa dos cosas, primero, que no podré vivir en paz hasta que Voldemort haya muerto, y segundo, que el único que puede matar a Voldemort muy a mi pesar soy yo. Te lo cuento para que sepas una de las razones por las que estoy enfadado con Dumbledore y para que tengas cuidado si en una batalla aparece Voldemort.- lo de que lo contaba por si moría o se volvía loco al tomar la poción se lo guardaba para él, y confiaba en que Angelina tampoco contara nada.
- Pero entonces al final tendrás que matar Harry, lo sabes... –Harry sonrió amargamente para sí mismo por la inocencia de su amiga, claro que tendría que matar, ya había matado y tendría que seguir haciéndolo, y algo si tenía claro, cuando llegara el momento de volver a lanzar la maldición asesina, no le temblaría la mano, fuera quién fuera el que estuviera frente a él.
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Era el momento, le había costado mucho trabajo conseguirlo, pero ahora que lo tenía todo hecho le parecía hasta sencillo todo lo que había logrado. No era consciente de que el verdadero trabajo iba a producirse cuando tomara la poción. Muchos ingredientes componían esa poción, incluso de él mismo, su pelo y sangre también formaban parte de ella.
La había sacado de la sala de los menesteres por si acaso se sintiera mal y tuviera que acostarse, ahora mismo se encontraba en su dormitorio, sentado en el borde de la cama y mirando el pequeño frasco que contenía la poción. Había detenido el tiempo solo para él, si pasaba algo no lo encontrarían mínimo en doce horas. La poción poseía un color negro brillante con diminutas burbujas plateadas, el aspecto exacto que su libro describía. Todo estaba bien, todo iba a la perfección pero... no la tomaba. Seguía observándola sin atreverse a beberla. "Pueden ocurrir muchas cosas, pero jamás volverá a ser el mismo" las palabras del hombre de la biblioteca de Albania resonaban en su cabeza una y otra vez. ¿No quería ser el mismo? Era cierto, quería cambiar, pero cambiar a lo que él quisiera no a lo que la poción lo convirtiera al azar. El señor era sabio, si le había aconsejado que no la bebiera sería por algo.
Pero estaba la otra cara de la moneda, la cara que lo incitaba a beberla. Podía ser el heredero de Griffindor, sí. Podía tener todo el tiempo del mundo gracias al reloj para entrenar, vale. Pero sin la poción, nunca, jamás, en la vida, lograría comparar el poder de Voldemort con el suyo. Aunque estuviera enfadado con Dumbledore, tenía que admitir que era el mejor mago que existía, pero ni aún así podía derrotar a Voldemort. Podía detenerlo, pero no derrotarlo, Dumbledore envejecería y entonces Voldemort lo mataría, eliminando al único que alguna vez tuvo oportunidad de pararle los pies. Pero aunque Dumbledore tuviera las fuerzas necesarias, no podría hacerlo, estaba la maldita profecía, él era único que podía vencerlo.
Voldemort mataría a sus seres queridos, a todos, como ya había matado a muchos anteriormente, sus padres, Sirius... Pero no solo eso, mataba a cuantos se le acercaran, había matado a Cedric, había estado a punto de hacerlo con Ginny en segundo curso, y seguiría haciéndolo con cualquiera que estuviera junto a él en el momento y lugar equivocados. Solo tenía que recordar al padre de aquel niño en Italia. Ron y Hermione habían tenido mucha suerte hasta el momento, debía salvarlos, se lo merecían, los únicos que habían estado con él desde el principio. El trío de oro. Sus hermanos. Nunca los había tenido pero estaba convencido que la sensación sería la misma que la que sentía él con ellos.
- No queda otra alternativa... –susurró para convencerse a sí mismo.- Es mi destino y la única forma de alcanzarlo es con esto... – dijo levantando el frasco con la poción- Solo quiero salvar a los que quiero- repitió lo que le había dicho a Angelina la noche anterior mientras destapaba el frasco y salía una nube de humo blanco, justo como su libro describía que debía ser.- Mamá, Papá, Sirius, espero estar haciendo lo correcto- terminó mirando por la ventana para después, en un gesto rápido, beber el poción. Debía bebérsela toda, en el frasco había la cantidad exacta, un poco más o un poco menos y sería terrible. Tragaba sin problemas, no tenía un mal sabor, en realidad no tenía sabor, y tampoco ocurría nada extraño, hasta que acabó de beber.
Cuando se hubo tragado la última gota, todo cambió. Toda la boca, la garganta, el estómago, todo el cuerpo le ardía. Intentó levantarse a por agua pero cuando apoyó su peso sobre las piernas, estas se doblaron y cayó al suelo. El cuerpo le pesaba una barbaridad, por todo el cuerpo le salía un sudor frío que ya había empapado su túnica, la habitación daba vueltas. Intentó ponerse a cuatro patas para levantarse pero entonces la garganta se le cerró por completo, no le entraba el aire. Se llevó ambas manos a la garganta, intentó gritar pero no pudo, aunque tampoco le hubiera servido de nada. Pasaron cinco segundos de sufrimiento absoluto hasta que se le nubló la vista, para después caer inconsciente al suelo.
