Nota de Autora: Este capítulo me ha recordado a algunos "britanismos", supongo que se les podrían decir, y que uso sin pensar. Justo como cuando estaba tratando de escribir la palabra "tannoy" y terminé confundiendo al corrector ortográfico, lol. El Hombre en la Luna, el cual aparece en este capítulo, es el nombre de un bar que está cerca de donde vivo. Me estaba obsesionando demasiado con pensar un nombre adecuado ¡solo pensé en decirles! Y también hay una advertencia de leve imágenes gráficas. Y por supuesto, muchísimas gracias por todos los reviews que recibí, quedé atónita. Trato de contestarle a todos y responder preguntas y me disculpo si parece que no tengo mucho que decir (¡en serio trato!) ¡Así que gracias a BlazingMidnightRain, InLuvWithMicky, SageofAges729, Crusnik02, DragonRider-Xankira y Ataokoloinona! En fin, ¡sigamos!


Esther se despertó desorientada. Al principio entró en pánico, se sentó de golpe e inspeccionó sus alrededores.

—¿Se encuentra bien, Esther?

Giró la cabeza bruscamente para la derecha, donde Tres estaba sentado. De repente recordó que había estado sentado en el mismo lugar cuando se había quedado dormida ¿No se había movido en todo ese tiempo?

—Eh, sí, estoy bien, gracias ¿Ya casi llegamos? —Preguntó, escurriéndose de la cama y estirándose.

—Nuestro aterrizaje está programado en una hora y siete minutos.

—¡Oh! ¡Será mejor que me prepare!

Se fue corriendo a su cuarto, sintiéndose menos penosa que la noche anterior. Decidió que el descanso le había hecho muy bien mientras se lavaba y se vestía. Sacó uno de sus atuendos, esta vez fue una falda gris y una chaqueta con una camisa color azul marino, y se fijó la hora. Todavía les quedaban media hora. Tomó su bolso que contenía sus pertenencias y fue para tocar la puerta de Tres.

—Pase.

Entró para encontrar todo ya empacado. El cuarto se veía como si no lo hubiesen tocado.

"¿Hizo la cama?" Observó. Muchas veces hacía cosas que no tenían sentido para ella. Hablando de Tres, él estaba parado al lado de su bolso con su usual serenidad.

—¿Deberíamos ir yendo a la salida, así somos los primeros en salir? —Esther preguntó y en respuesta Tres asintió.

—No hay necesidad de quedarnos aquí. Cuánto más rápido progresemos con la misión, más rápido regresaremos al vaticano.

Esther dejó escapar un suspiro. Ella no consideraba el vaticano como un hogar. Se sentía frío y vacío incluso cuando estaba lleno de gente. No estaba completamente segura si algún día podría hacerlo su hogar. Solo el tiempo lo determinaría, de eso estaba segura.

—Sí. —Fue lo único que se le ocurrió decir. Se dirigieron al salón principal en donde estaba localizada la salida. A mucha gente se le ocurrió la misma idea ya que habían varias personas esparcidas por el lugar. Esther pudo sentir que esto era el comienzo de algo, fuere bueno o malo. Se movió entre la multitud, saboreando la anticipación de finalmente volver a tierra firme.

Tres no la siguió, en vez de eso se quedó en un esquina y observó desde lejos.

Eventualmente, Esther pudo sentir el dirigible descendiendo y regresó al lado de Tres. Supuso que no sería convincente que una "asistente" hiciera lo que se le placiera, a pesar de lo tanto que le irritaba la noción. Siempre parecía terminar estando a la sombra de alguien más.

—Ahora estaremos desembarcando en el aeropuerto de Londinium. —Anunciaron por los parlantes y Esther miró por el ojo de buey más cercano. Estaba empeñado así que no pudo ver nada para su decepción.

Finalmente los dejaron bajar de la nave flotante, por lo que Tres marchó hacia delante y Esther no tardó en seguirlo. La joven intentó taparse más con la chaqueta. Hacía un poco de frío en Albion; más frío de lo que Esther había esperado. Salieron del aeropuerto relativamente rápido y Tres le dijo a Esther que debían ir al hotel que se les había sido asignado. Esther simplemente asintió con la cabeza y siguió su paso, sintiendo que su rol no estaba por desgracia tan lejos del de ser una asistente.

El hotel terminó siendo ni muy lujoso ni muy precario. Supuso que esta era la idea de AX de pasar desapercibido, o tal vez de un lugar digno para un hombre de negocios y su asistente. Tres los registró sin ningún contratiempo, asegurándose de que sus cuartos estuvieran cerca, y ascendieron un par de escaleras hasta llegar a sus cuartos de tamaño decente.

La joven dejó caer su bolso al suelo y se sentó en la cama. Tres no se demoró en llamar a la puerta y entró al cuarto sin esperar una respuesta.

—Así que, ¿cuál es el plan? —Le preguntó. Esther se sentía en el medio de un extraño conflicto de entre ser difícil y cooperar. Solo tenía una idea vaga de lo que debían de estar haciendo mientras que Tres parecía clamo y en control de la situación, lo que le molestó. Nunca se sintió como si supiera lo que estaba sucediendo en los momentos más importantes.

Tres se paró cerca de la puerta con los brazos cruzados estoicamente.

—Debemos intentar establecer contacto con el grupo lo más pronto posible. —Le dijo. Esther decidió que ponerse poco cooperativa no iba a ayudar a nadie, por lo que miró a Tres y recordó los papeles que habían visto antes de partir.

—Estamos buscando a Bruce Kingsley. Él es líder, ¿cierto?

Tres asintió.

—Esa es toda la información que poseemos actualmente. Tiene un grupo aunque los números son desconocidos. Sin embargo no será difícil localizar a Kigsley; estará posicionado en la fábrica en la que ha sido listado en el contrato. Si realmente sigue las órdenes de Rosenkreuz, entonces no se alejará mucho.

Esther sacó un mapa de Londinium, encontrando el distrito comercial allí. La inteligencia le habían listado la localización la cual le tomó unos minutos encontrar.

—No parece demasiado lejos. —Anunció, moviendo su dedo por las calles dibujadas hasta el hotel en el que estaban hospedados.

—Deberíamos irnos ahora. Es habitual parar para almorzar a esta hora del día. Pude que decidan que este es un momento aceptable para irse. —Le dijo mientras se dirigía hacia la puerta.

Esther guardó el mapa y agarró el maletín que debía cargar para completar el look de la asistente de Tres, aunque no contenía nada importante. Salieron del hotel y Tres se puso su galera y le dio un pequeño y mecánico giro a su bastón. Se veía demasiado perfecto para la chica.

—¿Y no te cabe duda que puedes actuar tu papel? —Imploró por última vez. Había una parte de ella que tenía que preguntar una vez más antes de aceptar lo que sea que le esperara más adelante.

—Ya estoy iniciando el programa necesario. —Le contestó y ella asintió. Tendría que conformarse.

Esther admiró el paisaje desconocido de Londinium mientras caminaban por las calles. En general el color predominante era el gris; calles de un gris claro estaban rodeadas por paredes de piedra de un tono más oscuro. La calles eran estrechas comparadas con las de otros lugares a los que ya había visitado. También desbordaban de gente, muchas parecían estar muy apuradas. La chocaron con codos un par de veces, haciéndole fulminar con la mirada a algunas personas mientras se apuraban a su destino.

Pero eventualmente llegaron, lo que hizo que Esther se tensara. Había llegado el momento. El distrito comercial estaba limpio aunque un poco de humo proveniente del distrito industrial cercano flotaba sobre sus cabezas, creando una fina capa de smog. Tres avanzó con propósito y Esther lo siguió a trote, tratando de no perderlo entre la multitud.

Tres llegó al frente de una bodega que se veía bastante como las demás. Una pequeña oficina estaba posicionada en frente de cada una. Al lado de la oficina había una masiva entrada, la cual estaba parcialmente abierta por lo que solo una puerta tenía que ser abierta para crear un espacio lo bastante grande para poder entrar. Justo adentro, se encontraba un hombre que estaba sentado y rodeado por otros hombres, los que parecían estar bromeando entre sí. Se callaron de inmediato cuando el hombre que estaba sentado posó los ojos en Tres y Esther.

Tres dio varios pasos hacia delante, extendiendo su brazo y se colocó el bastón debajo del brazo.

—Soy Charles Thorpe y esta es mi asistente, Marylyn. Estoy buscando hacer negocios. En el distrito comercial han estado hablando de su nueva empresa de una manera bastante positiva. —Tres se presentó.

El aparente líder del grupo les dirigió una mirada astuta e ignoró la mano ofrecida.

—Thorpe, ¿de las fincas Thorpe en Elmsbrook? —Inquirió, reclinándose en su silla. A Esther no le gustaba lo relajado que estaba, era como si se estuviese burlando de ellos. Su mano ansiaba por agarrar la pistola oculta pero se retuvo.

—No —Tres respondió con tranquilidad—, no soy dueño de tales fincas. No estoy aquí para jugar juegos, señor Kingsley.

Kingsley abrió los ojos bien grandes pero luego los entrecerró. Se había enderezado y se veía casi aterrador para la satisfacción de Esther. No podían perder el tiempo con un puñado de bufones.

—¿Cómo me conoce?

Tres se inclinó hacia delante, sosteniendo la mirada de Kingsley.

—Las novedades se dispersan rápidamente cuando un negocio con potencial se asienta en un lugar. Naturalmente, me gusta estar bien informado antes de entrar en acción.

Esther quedó impresionada con el comportamiento y palabras de Tres. Su rostro permanecía impasible pero complementaba bastante bien al hombre de negocios que parecía estar personificando.

Kingsley gruñó y se puso de pie.

—Me ha llamado la atención. —Decidió y extendió la mano, la que Tres estrechó con cordialidad.

—Y su empresa me interesa ¿Le parecería bien discutirlo en el almuerzo? —Le preguntó por lo Kingsley asintió con la cabeza.

—Su colaboración es bienvenida pero hoy no puedo reunirme con usted ¿Mañana al mediodía en el Hombre en la Luna? —Kingsley sugirió y Tres accedió.

—Estaré allí. Nos veremos... —inclinó su sombrero y se dio la vuelta—. Vamos Marylyn, no se distraiga.

Tres se fue del almacén y Esther les brindó a los hombres una sonrisa un tanto forzada para luego alcanzarlo. Se sintió extrañamente entusiasmada después de que el primer contacto fuera todo un éxito. Varios pares de ojos los siguieron hasta que desaparecieron al dar vuelta en una esquina y regresaron al hotel.


—¿Así que, qué opinas, Tres? —Preguntó Esther mientras caminaba de acá para allá en el estrecho cuarto. Habían pasado un tiempo en el restaurante del hotel ya que Esther se estaba muriendo de hambre hasta que eventualmente regresaron a su cuarto. Tres se había ido a sentar en su locación usual y no se había movido ni un centímetro.

—He llegado a la conclusión que el grupo no es particularmente problemático. Es probable que inadvertidamente nos den información sobre la orden de Rosenkreuz, probando ser una fuente útil.

Esther suspiró y se detuvo frente la ventana. Todo estaba gris y funesto afuera; una llovizna casi imperceptible chocaba contra el vidrio.

—Tres... siento haber cuestionado tus habilidades para la actuación. Lo hiciste muy bien, fue tan raro verte así. —Le confesó al mismo tiempo que se volteó a verlo.

—Solo hice lo que fui programado para hacer. Ya varias veces he pretendido ser un hombre de negocios. Se ha vuelto una rutina.

Esther apenas asintió y volvió a mirar por la ventana. En ese instante le dolía mirarlo. Siempre sonaba tan brusco y una parte de ella siempre se molestaba por ello. Estaba acostumbrada a formar lazos con otras personas naturalmente, ganando amistades o enemistades. Pero Tres habían dicho que eran amigos y aún así no podía creérselo del todo por el modo en el que a veces le hablaba.

—Deberíamos explorar el sitio y ver si hay algo de interés allí. Tal vez documentos, o que estén operando de noche. —Tres vociferó repentinamente.

Esther accedió silenciosamente y se sentó en la cama.

—Entonces será mejor que descanse, estoy muy cansada. —Admitió.

—Que así sea. La despertaré en seis horas. —Dijo y se fue.

A Esther, el descansar le resultó más difícil de lo que creyó. Los eventos del día le plagaban la mente.


—Esther, es hora de partir.

La monja pegó un salto, tenía los ojos abiertos como platos por la sorpresa. Ni recordaba haberse dormido.

"Supongo que estaba más cansada de lo que había imaginado."

Tres seguía vestido con su traje pero estaba revisando sus pistolas. Esther se levantó y alisó su propio atuendo, preguntándose cómo había entrado a su cuarto.

"Me debo estar descuidando mucho."

—¿Tengo que seguir usando esto? No me da mucha libertad de movimiento por si algo llega a pasar. —Le explicó y Tres enfundó sus pistola para luego dirigir su atención a la pelirroja.

—Sería difícil de explicar si nos descubren usando nuestros atuendos de AX. Se le está permitido arruinar sus ropas para mejorar su desempeño durante un ataque. —Cuando le dijo eso, Esther quedó impresionada.

—Para empezar... ¿por qué sabes cosas como esas? Y segundo, incluso si estoy bajo una situación de vida o muerte, no podría rasgar este material para "mejorar" mi desempeño. Suena raro. —Todavía tenía la vaga imagen de ella misma tratando desesperadamente de rasgar su falda para poder correr más rápido mientras que unos enemigos sin forma la perseguían.

Tres se encaminó hasta la puerta.

—Nos debemos ir antes de que perdamos el momento óptimo para investigar su almacén.

—Sí, justo estaba pensando eso. —Esther murmuró por lo bajo, asegurándose que tuviera la pistola a mano antes de seguir al moreno.

Les tomó media hora llegar al almacén. Podrían haber llegado mucho más rápido pero Tres insistió repetidamente que tenían que mantenerse fuera de vista, lo que resultó en haber rondado por una cantidad innumerable callejones y rutas que los guiaban por lugares llenos de gente divagando.

Cuando arribaron escondidos en las sombras, Tres se detuvo por la entrada lateral y comenzó a separar las puertas manualmente y con sumo cuidado. Esther sabía que era fuerte pero presenciar como doblegaba las puerta de metal para poder abrirla y entrar era algo bizarro. Con cuidado volvió a doblar el metal a su lugar una vez que ya habían ganado entrada para luego correrse.

Estaba iluminado precariamente, la única fuente de luz provenía de un pequeño número de ventanas mugrientas que estaban cerca de la entrada del frente, donde la calle principal estaba rodeada por las lámparas de gas. Tres avanzó sin dificultad por lo que Esther lo siguió de cerca, manteniendo un ojo por donde pisaba. Se dirigió hacia la oficina que estaba al frente del almacén, abriendo otra puerta a la fuerza, y comenzó a buscar entre los papeles.

—Eh, Tres, no puedo ver.

—Afirmativo. Debemos permanecer tan discretos como sea posible. Si aquí hay individuos sin nuestro conocimiento, no deberían ni percatarse de nuestra presencia. —Dijo en un tono demasiado silencioso para ser Tres y continuó revisando metódicamente la gran cantidad de papeles y archivos esparcidos por el lugar. Esther se dio cuenta de que no mantenían la oficina muy ordenada o escondieran las cosas muy bien, en ese caso.

—Creerías que hicieron una fiesta en el lugar por como las cosas están organizadas. —Susurró.

—Negativo. Creo que toda data relevante ha sido removida de la locación.

Esther abrió los ojos bien grandes.

—Parece que estaban apurados ¿Crees que se fugaron luego de haber hablado con nosotros?

Tres se irguió.

—No lo sé. Debemos seguir buscando en el caso que hayan ocultado información en algún otro lugar.

Esther se mordió el labio por un momento para después salir de la oficina y cuidadosamente hacer su camino hasta la parte principal del almacén. Parecía seguir estando igual que como lo había visto durante el día; cantidades de cajones de madera apilados contra cada pared opuesta, dejando un gran corredor por el que caminar. La puso nerviosa tener que hacerlo a oscuras. Se sintió extrañamente vulnerable como si personas pudieran estar observando desde lo alto de los cajones.

De repente Tres le agarró el brazo e hizo que se detuviera.

—Hemos sido comprometidos. —Dijo mientras la jalaba levemente hacia atrás. Esther se enfadó y zafó su brazo del agarre.

—¿De qué estás hablando? —Siseó, otra vez tomando un paso para avanzar. Esta vez, su zapato hizo contacto con algo suave en el suelo, por lo que se congeló en el lugar.

—Voy a encender las luces. —Fue todo lo que dijo Tres al desaparecer de la vista.

"¿No era que estaba empeñado a que no fuéramos detectados?" Se exaltó.

Una luz un tanto tenue se hizo presente en el cuarto, creando varias sombras por todo el lugar. Pero Esther solo pudo fijar los ojos en lo que estaba frente a ella.

—¿Qué... qué fue lo que sucedió? —Esther dijo entrecortadamente y tomó un paso hacia atrás.

El grupo entero había sido masacrado, cuerpos con partes faltantes yacían entre un repugnante mar de sangre. Esther siguió retrocediendo inconscientemente, en sus ojos era evidente el terror. Fue solo cuando oyó pasos que se quedó inmóvil, esperando a que el culpable hiciera su aparición. Pudo oír a Tres, quien ahora se encontrada detrás de ella y había sacado sus pistolas.

Un hombre emergió de las sombras, su rostro estaba salpicado con sangre.

—Oh, hola. —Una sonrisa danzó en sus labios.

Esther no lo podía creer.

—Dietrich...


Nota de Traductora: A decir verdad... casi me olvido de subir este, ups. No es que habría sido la gran tragedia pero, bueno, hubieron muchas distracciones últimamente ¡y generalmente me gusta actualizar con regularidad! Espero que les haya agradado :)