LOS PERSONAJES DE SAINT SEIYA SON PROPIEDAD DE MASAMI KURUMADA Y LA TOEI. NO TENGO DERECHOS SOBRE LOS MISMOS, Y POR LO MISMO EXPONGO QUE NO PERSIGO NINGUN LUCRO, NI PUBLICIDAD

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Me diverti mucho con este capitulo. Lo inclui, porque quise destacar unos puntos, que me parecen importantes, para no retomarlos mas adelante. Creo que tiene mas humor que otros, a partir de aqui, vendra un poco mas de drama. Gracias por sus comentarios anteriores, y los que vienen. Adelante!

Pst: Tiene una pequeña escena de sensualidad, no muy larga. Estoy practicando para otra de desenlace. Si les parece subido de tono, me avisan.

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TE ODIO TELEFONO

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Desde los últimos acontecimientos, pasaron dos o tres días. El nerviosismo mundial crecía, las personas estaban paranoicas, y los líderes mundiales, se acusaban entre sí, pensando que alguno de ellos había comenzado en clandestinidad un ataque biológico. Los países pobres eran los más afectados, y la ayuda humanitaria no era suficiente. Aumentaba el nerviosismo que los Montes Fuji - Japón, El Pinatubo - Filipinas y el Monte Redoubt – Alaska, mostraban ligeras señales de actividad. Los gigantes dormidos, estaban siendo incitados a despertar.

El pegaso decaía. Aunque sus signos vitales seguían estables, no mejoraba su condición. Y aun no reaccionaba. Su princesa estaba plantada a su lado cada día, las veces que le permitían acercarse, y no sabía qué hacer. Decidida, al ver que su padre manifestó tajantemente que nada tenía que ver en ese asunto, resolvió enfrentar a su hermano, pues sabía que para detener esta destrucción, tenía que acceder a lo que el quisiese. Y tenía que saberlo lo más pronto posible.

Pero así como Julián evitaba a Hilda, Apolo huía de Saori. No estaba de humor, y sabía que ignorándola, ella caería en la desesperación, y seria más fácil que accediera a sus peticiones. Por misericordia, freno un poco la propagación de la enfermedad, pero le dio un toquecito a los volcanes, para así tener en vilo a sus hermanas, que se empeñaban en mantener la tierra en paz, armonía y amor (palabras de Afrodita).

Hilda por su parte, estaba melancólica. Extrañaba la presencia de Apolo, se arreglaba impecablemente como si el fuese a aparecer, y al ver que no sucedía, se reprochaba su ingenuidad. Ella ignoraba que él la evitaba, para no enfurecer a Poseidón, pero en el fondo lo intuía. En dos ocasiones sintió ligeramente el cosmos del dios sol en Asgard, pero nunca se mostró ante ella. Pensó que era su imaginación, y solo aumentaba su ansiedad. Luego se sumergía en los problemas cotidianos, y en la soledad una lágrima solitaria tocaba su mejilla. Definitivamente su destino como sacerdotisa la obligaba a permanecer sola. No debía aspirar más.

El dios sol, estaba de malas. Sus guerreros temían hablarle, y optaron por salir fuera de la isla cada vez que había la oportunidad: que si faltaba alimento, que se quemó una bombilla, que uno despertó con alergias, que se enfermó el perro (si, tenían perro), en fin, todo era bueno. Una mañana, después de una pésima noche donde soñó que estaba perdido en una tormenta y que era la princesa de Asgard quien venía a socorrerle, concluyó que no debía darle largas al asunto: debía obtener la información que quería de Hilda lo más pronto posible, y después alejarse de ella, bien fuera porque destruyera la tierra, Poseidón se la llevara al fondo del mar, y él se mudara al Olimpo, al Parnaso o a la Luna. Mientras más distancia mejor.

Después de recoger su café con crema, (pues nadie se lo llevó, acrecentando aun más su enojo), sintió una discusión en el vestíbulo, y se acerco al lugar. No bien termino de entrar, cuando sintió que le abrazaban, y le estampaban dos o tres besos en su mejilla, para luego aferrarse a su brazo libre.

Era Afrodita. Ella le explicó que el hotel donde se quedaba fue parcialmente clausurado porque dos huéspedes manifestaron los síntomas de la peste. Sintiéndose desolada, fue a pedir asilo en el único lugar del planeta donde sabia la enfermedad no llegaría. No tanto por ella, sino por las chicas. La discusión era porque Natalia y Amaranta llevaban un modesto equipaje, pero Valeria y su diosa, parecía que se hubiesen traído la mitad de las maletas del hotel. Ninguno de los cuatro Arcángeles quería ayudarlas, y Valeria histérica, le exigía a Gabriel que era el mejor formado de los chicos que tenía que hacerlo.

- No soy tu criado – concluyo él – eres fuerte, puedes hacerlo sola. Así aprenderás a no gastar en tonterías, ¡dos cajas de sombreros! ¿Quién usa eso?

La chica solo apretó los puños, pero no contestó. Jacinto apenado por la escena, comenzó a recoger y empezó a ayudarla. La joven sonrió un poco, tal vez divirtiéndose con la amabilidad del guerrero de la espada. Inesperadamente, Gabriel corto su camino y le arrebató el equipaje – Déjalo. Yo lo hare.

Los dos hermanos: Perseo y Príamo ya venían de regreso, después de acomodar a las tres damas. Afrodita estaría en una habitación lujosa, Amaranta y Natalia compartirían el cuarto, y Valeria dormiría sola. Después de subir y bajar 3 veces, a Gabriel solo le faltaban los zapatos y sombreros. Casi arrojándolos en un rincón, comenzó a quejarse de que le dolía la espalda y que sería la última vez en su vida que haría semejante cosa.

La joven, refugiada en el baño, rió nuevamente y le grito que era un amargado, después de comentarle que Jacinto hubiese renegado menos. El joven rubio, se ofusco más y ya se retiraba, cuando una voz femenina le detuvo.

- ¿Me extrañaste?

El arcángel volviéndose, aún con la mano en el picaporte sintió faltarle el aliento ante aquella visión. La hermosa joven de excelentes proporciones, largo cabello de color celeste profundo y ojos color miel estaba de pie en medio de la habitación vestida con una sexy lencería color rosa, debajo de un vestido corto transparente que dejaba poco a la imaginación. Solo atinó a cerrar la puerta, y darle llave, arrojándola quien sabe dónde.

- Siempre – murmuro él. Eso fue suficiente para que la joven corriera a sus brazos y lo besara profundamente, apoyando la teoría de Julián, de que las mujeres se morían por un hombre que las domine. Y es que ella se derretía por el Arcángel: solo de pensar en sus fuertes brazos, sus ojos azules o sus rubios rizos, que lo hacían objeto de burla de sus amigos, llamándole el Cupido crecido.

Por años habían escondido sus amoríos. No era la primera vez que fingían una discusión para despistar a sus señores. Pero a él lo volvía loco el verla siquiera sonriéndole a otro, como hizo hace un rato con Jacinto. Sin reservas, acarició descaradamente los muslos de la joven, deteniéndose por momentos en su cintura, para luego explorar con sus labios los pechos de la hermosa amazona.

Ella solo respondía con una tenue risa. Cuando en una pausa, pudieron verse a los ojos, se dieron cuenta que no necesitaban decirse nada más. Ella le pertenecía, aunque por orgullo femenino afirmara lo contrario. Valeria acariciaba la fuerte espalda del guerrero y al final se desarmó cuando rodeando con besos su cuello, él murmuro – Te amo… nunca te separaras de mí, lo juro.

- Yo también te amo… discúlpame yo…

Ya ella no pudo articular una palabra más. Tuvo que morderse los labios para no gritar.

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Julián Solo, escuchando el consejo que le diera su sobrino, cortejó con algunos regalos a la soberana de Asgard. Un día un ramo de flores, otro una inmensa caja de caja de chocolates, pero el de ese día no tenia comparación.

Debido a que la cosecha de cangrejos fue un fracaso, y los buques de combustible se hundían uno tras otro, la reina estaba preocupada pues sus últimos proveedores fueron los rusos. Y nadie quiere deberle a los rusos. Así que ese día, tratando de negociar la deuda, ella esperaba a un embajador de ese país, que había concertado una cita el día anterior.

Cerca del mediodía, todo estaba listo para recibir al diplomático. Callada y pensativa, repasaba mentalmente cada uno de sus argumentos. Grande fue su sorpresa cuando después de ser anunciado, entro en el sitio un hombre avanzado en edad, excesivamente abrigado con una guitarra en su mano. Es más, ni siquiera parecía de ascendencia rusa.

La chica confundida, saludó – Buenas tardes… Sr. Bulgákov?

Como si no la hubiese escuchado, el hombre se sentó, acomodo la guitarra en su regazo, y después de probar algunas cuerdas, respondió – Mi nombre es Burnello Cirano. Vengo de parte del señor Julián Solo, preciosa señorita. Escuche su mensaje…

Y con fuerte y timbrada voz, comenzó a cantar - Hoy corte una flor, y llovía, llovía. Esperando a mi amor, y llovía, llovía….

Hilda estaba estática. Sus músculos estaban tensos, no reaccionaba. Aun el mismo conde Weltheimer, estaba perplejo. Después de escuchar este éxito, siguió Regresa a mí, I do it for you de Bryan Adams, y cuando iba por Your Song de Elton Jhon, ella dio media vuelta y gritó – ¡Flaer! Ven pronto.

En pocos instantes, llego su hermana. La rubia coloco la misma cara de sorpresa de los presentes, y su hermana mayor solo le dijo – Atiende al señor. Dile que estaré ocupada, cuando termine la canción.

El cantante, ni cuenta se dio cuando la monarca se fue, y al ver a la bella rubia, de su propia inspiración, le dedicó dos tonadas más.

Ya en su despacho, Hilda llamaba como poseída a todos los teléfonos conocidos de la Corporación Solo. En el departamento de textiles, después de hacerla esperar algunos minutos, la secretaria le indicó amablemente, que el señor Julián no podía atenderla. Pero si quería dejarle un mensaje…

Irritada, azotó el teléfono. Cuando llamaba de nuevo al celular del magnate, un hombre irrumpió en su oficina.

- Princesa, ¿puedo pasar?

- ¡ VAYASE CON SUS CANCIONES A OTRA PARTE!

El joven, apenado, hizo una reverencia, pero no se movió de su sitio. Ella respiró un poco y reconoció al Arcángel Jacinto, que venía a cumplir un encargo de su señor.

Ruborizada, aun con el teléfono en mano, comentó - ¿Usted… que hace aquí?

- Vengo de parte del señor Apolo. El desea saber si puede recibirlo esta tarde.

Ella no respondía. Tal vez no lo asimilaba, o no lo creía. ¿Desde cuándo el dios sol pedía permiso para visitar Asgard? No podía entenderlo.

- Yo debo viajar mañana temprano, así que no puedo recibirlo muy tarde. ¿A las cinco le parece bien?

- Como usted diga señorita. A esa hora, mi señor estará aquí. Con su permiso, me retirare.

Ya sola, su imaginación comenzó a volar y vinieron pensamientos más alegres. De repente una llamada cortó el momento. Pensó que al fin el dios del mar se comunicaba con ella, pero no fue así. El Sr. Bulgákov, molesto por la forma tan abrupta en que se cancelo su reunión, le hacía saber las nuevas medidas que tomaría su país, si ella no respondía a la deuda.

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Preocupado por el revuelo de la peste, Shiryu no se atrevía a alejarse de Shunrei. Aunque él no se imaginaba la gravedad de Seiya, si sabía lo delicado de su estado. Pero el presentía, que si se alejaba de su amada, tal vez sería la última vez. El guerrero dragón, al fin se rindió al amor, y tenía miedo de morir. Pero el deber era más fuerte que él, y decidió que esa sería su última noche juntos. Temprano en la mañana, antes de que la joven despertase, el partiría junto a su señora. Ella lo necesitaría muy pronto.

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Después de asimilar la idea de tener a Afrodita en casa, junto a tres hermosas mujeres y que sus cuatro Arcángeles estaban llenos de testosterona; Apolo fijo las ultimas reglas, y a su parecer todo estaba dispuesto. Sin darle muchos detalles a su hermana, fue a cumplir su compromiso en Asgard. Como era costumbre, fue el Arcángel Príamo a acompañar a su señor. Llegaron puntuales, y una linda joven les indico que serian recibidos en el salón plateado. Era el mismo lugar donde se encontraban los instrumentos musicales, rico en detalles y lujos, y fue allí donde él estuvo la primera vez.

Por indicaciones de Apolo, Príamo fue junto a la joven guía a otro sitio (el salón de los postres y frutas), quedando solo él esperando a la sacerdotisa. El estaba un poco nervioso, imaginando como abordaría el tema sin tener que dar muchas explicaciones.

Pero, por alguna razón la mujer estaba demorando, y para liberar la presión, decidió tocar el hermoso piano blanco que lo cautivó desde hace mucho. Sin partituras, como si saliese de sus manos, el dios comenzó a tocar tonadas sin rumbo hasta que llegó a una de sus favoritas: Moonlight Sonata de Beethoven. Su interpretación era tan perfecta, que no había lugar a dudas que él era el guardián de la música.

Tan absorto estaba en su melodía, que no pudo precisar cuando entro la princesa al lugar. Levanto la mirada y allí estaba ella: con un largo y vaporoso vestido de seda amarillo pálido, ajustado con un cinturón a su estrecha cintura, y una pecaminosa abertura cerca de una de sus piernas. Pero lo que lo desconcertó, fue que sus ojos mostraban evidencia de que había llorado. Tal vez fue la causa de su demora. En respeto a ella, dejo de tocar.

- Disculpe mi atrevimiento… estaba aburrido por la espera.

- No se preocupe. Discúlpeme usted a mi… ¿podría… volver a tocar?

Sonriente, el joven repuso - ¿no le molesta?

- Claro que no… de hecho, creo que me calma los nervios un poco. Hoy no ha sido un día fácil – suspiro.

Haciendo espacio, él le indico que podía sentarse junto a él, en la amplia silla del piano. Ella dudo por un instante, pero al final no supo negarse. El comenzó a tocar, animado por su presencia, y le arranco al piano notas que ni la misma Hilda sabia que existían. Así pasaron cinco, diez, quince minutos, donde ninguno de los dos emitía palabras. De alguna forma parecía que la música se llevaba sus preocupaciones, y él sabía que a ella le hacía bien. Y el tenerla tan cerca… no tenia precio.

Luego de una pausa, ella comentó – Fue algo muy hermoso. Ni se imagina la terrible actuación que tuve que escuchar en la tarde.

- Algo supe de eso por mi Arcángel. Al escucharlo sentí vergüenza, no sé qué fue lo que entendió Poseidón cuando le sugerí que le enviara flores, serenatas y…

Cuando ella escucho esto, se levanto de la silla como si hubiese recibido una descarga eléctrica - ¿Qué está diciendo? ¿Que todo fue su idea?

Apolo repasó mentalmente sus palabras, y en idioma coloquial, se dio cuenta de que no había metido una pata, sino las cuatro. Tratando de explicarse, se levanto y le impidió salir de la habitación.

- No es lo que usted cree… por favor escúcheme.

- No quiero – repuso ella con ojos llorosos, chispeantes de rencor - ¿A que vino ahora? ¿A dedicarme un concierto en nombre de su tío?

Exasperado, empezó a alterarse calentando la estancia - ¿Por qué siempre es tan complicada? ¿POR QUE TODO CON USTED ES UN PROBLEMA?

Y empezaron los dos a discutir. En medio de los gritos, el teléfono de él comenzó a sonar. Sin pensarlo respondió, y al escuchar la otra voz quedo mudo.

- Hola sobrino! ¿Donde estas?

- ¿Poseidón?

Apolo miro a Hilda, que estaba contemplándolo expectante. No atinaba a responder.

- ¿Por qué me llamas?

- ¿Por qué tan serio? Siempre estas tenso, debes relajarte. ¿O es que te molesta mi llamada? Llevo rato invocándote por el cosmos, pero no se qué sucede, parece que me ignoras.

- No es eso – respondió nervioso – es solo que…

- Quiero cumplir mi promesa de dedicarte más tiempo, así que esta noche vamos a salir. Te presentare a unas amigas bellísimas– dijo esto acentuando la palabra- lo pasaremos MUY BIEN

- En estos momentos no puedo hablar – y dicho esto miro de reojo a la sacerdotisa que mostraba signos de evidente enfado – debo encargarme de algo en la isla y …

-¿Si? Para eso están tus guerreros. Estoy en tu palacio con Afrodita y debo confesarte que sus guerreras estas preciosas – lo dijo en voz baja por si acaso – si quieres invito a la pelirroja, que tiene dos buenas razones para no dejarla aquí, ¡Jajajajaja! ¿Donde estas?

- ¿Yo?...estoy… almorzando… en una… una isla muy lejana.

- ¿Almorzando a estas horas? Tiene que ser muy bueno. ¿Qué isla es? Puedo pasar por ti.

- ¡NOOO! – gritó, asustando a la joven – No creo que te guste, es… un restaurante… modesto… con bailarinas exóticas… y… mucha comida… - ¿en qué demonios estaba pensando? – ¡y ya van a cerrar!

- ¿Tan temprano?

- ¡Siii! Es por el horario… Déjalo así. Voy saliendo para allá. No te muevas.

Y corto la comunicación. Al volverse, no solo se topo con la mirada acusadora de Hilda, también tuvo que soportar la mirada de desconcierto de la pequeña hermana, que viendo la puerta entreabierta, pensó que podía pasar.

- ¿Hermana… esta... todo bien? – pregunto dubitativa la joven, al ver que ninguno de los dos emitía una palabra.

Silencio absoluto

- ¿Así que… mi hermana y yo le parecemos exóticas? – pregunto la princesa del hielo al visitante cruzada de brazos.

Si hace un rato la habitación estaba caliente por el cosmos de Apolo, el dios solo sentía un frio… muy profundo en su espalda.

– No hablaba de usted, déjeme explicarle…

Y el endemoniado aparato sonaba otra vez. Como estaba tratando de articular una respuesta, no quería responder. Cuando ya repicaba por cuarta vez, la princesa interrumpió su embrollado discurso – Adelante, puede responder. No sea que su tío se moleste…

Resignado, atendió la llamada – Si…

- ¡Febo querido! ¿Como estas?

Palideciendo, respondió - ¿PADRE? - definitivamente no era su día – No entiendo… ¿Cómo… si no tienes teléfono?

- Recuerda que soy un dios – respondió con aire de suficiencia – Llevo rato invocándote por el cosmos, pero no se qué sucede, así que te he buscado desde el Ida, pero por alguna razón no puedo verte. ¿Donde estas?

¿Zeus no podía verlo? sintió alivio - discúlpame padre, es que estaba distraído. Pero me resulta extraño que me busques de esta forma.

- La única explicación por la que no pueda verte, es que estés en los dominios de otro dios, y su protección bloquee mi vigilancia. ¿Está todo bien?

- Si, todo está bien. Son cosas tuyas - y el joven comenzó a mentir torpemente, otra vez – Estoy almorzando… en una isla muy lejana… en un restaurante modesto… con bailarinas exóticas… y mucho frio…

- ¿Con bailarinas exóticas?- repuso el dios emocionado - ¿y hay jóvenes hermosas?¿Rubias?

- ¡Oh si! – Continuó tratando de esquivar la mirada de Hilda – hay rubias, castañas, platinadas…

- Espérame entonces. Nos vemos allá.

- ¡NOOO VENGAAASS!- volvió a gritar- ya van a cerrar… y Hera se puede enterar… y tendrías problemas.

- Bueno… tienes razón – dijo con aire resignado- Ven pronto. Necesito conversar contigo.

- ¿Podría ser mañana? Es que Afrodita me acaba de llamar, me está esperando – ya la mentira le salía mejor.

- Esta bien. Apenas salga Aurora, te espero aquí.

- Seguro Padre. Allí estaré.

Al terminar de hablar, solo quería desaparecer de la habitación, pero debió mantenerse firme. Trató de recuperar su porte orgulloso, sobretodo porque su Arcángel estaba de vuelta. No podía mostrarse avergonzado.

Para Hilda fue suficiente. El que la haya negado ante su padre y su tío, la hacía sentir como la nada. Si ella no era importante, ¿qué hacia él allí? En verdad no quería saber de los olímpicos por el resto de su vida.

En un último intento, Apolo se acerco a ella, renovando sus explicaciones – Señorita Hilda, debo conversar con usted.

Ella solo lo miro fijamente, y luego de una sonrisa fingida respondió- Fue un placer atenderle. No olvide su propina.

Dio media vuelta y salió, azotando la puerta tan fuerte, que los cristales del lugar se estremecieron.

Flaer, pensativa, no sabía si disculpar a Hilda o seguirla. El comportamiento de su hermana, era nuevo para ella. Por otro lado el arcángel estaba sinceramente preocupado por la sacerdotisa, pues por ofensas menores que esa, su señor las convertía en estatuas, animales o las maldecía por el resto de sus vidas.

El dios de cabellos de fuego, apretó sus puños, y se sintió un ligero temblor en el lugar. En verdad estaba furioso, y luchaba por no destruir el palacio por medio de columnas de fuego. Finalmente, metió la mano en su chaqueta, y sacando un fajo de billetes de doscientos euros, los dejo junto a Flaer, y dándole palmadas en la cabeza como si fuese un cachorro le dijo – Tenga. Cómprese algo.

Ruborizada, Flaer intento devolvérselos – Señor, no es necesario. Mi hermana estaba molesta, por eso...

- Entréguele esto – la corto él, dejando un arrugado trozo de papel entre sus manos- No lo olvide.

Y desapareció.

La rubia, intentó regresarle el regalo al arcángel, pero amablemente le dijo – No rechace los presentes de un dios señorita. Permítame darle este consejo.

Y desapareció a sus ojos, al igual que su señor. La chica recogiendo todo, fue a buscar a su hermana. La encontró en su habitación, aparentemente escogiendo la ropa para su viaje, pero solo arrojaba los vestidos con frenesí sobre el suelo, como el arranque de una niña caprichosa. Al sentir a su hermana, se detuvo un momento, y de la forma más amable que pudo, le dijo – Flaer, no quiero que veas esto. Por favor, déjame sola.

- Hermana, ¿que sucedió? Nunca te había visto así – y abrazándola tiernamente continuo – no te pongas triste. No te hace bien.

Tratando de contener sus lágrimas, beso a su dulce hermana en la frente. Mirándola a los ojos le dijo – Eres muy inocente Flaer. A veces, los que desean hacernos daño, se esconden bajo la amistad y las buenas intenciones.

- ¿Lo dices por Apolo? Sé que no lo conocemos muy bien, pero se ha mostrado más amable que el mismo Poseidón. Aunque… no entiendo porque me dejo el dinero.

- ¿De qué dinero hablas? – pregunto Hilda desconcertada. La rubia, le narro el último episodio, mostrándole la obscena cantidad de dinero, con la indicación de que se "comprara algo". Cuando empezaba a enfurecerse, renegando por tal atrevimiento, su hermana le entrego el trozo de papel.

- Me pidió que te entregara esto. Intenté leerlo, pero no entiendo lo que dice.

Aunque al principio le extraño la simbología, reconoció un idioma nórdico muy antiguo, similar al de las sagradas escrituras de Völuspá. Quedó pasmada al darse cuenta de que Apolo conocía este lenguaje, y al descifrar el mensaje, lagrimas nublaron sus ojos, y tuvo que sentarse en el borde de su lecho. Eran demasiadas emociones luchando entre sí.

"Lamento lo que pasó. No se ponga triste, no es su culpa. Espero que pueda entenderlo"

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Aunque quisiera que estos dos se acercasen lo mas pronto posible, quiero reflejar que Hilda no es una mujer facil, y que Febo no rompera relaciones con su tio por una tonteria. Aun falta otro empujoncito. Si me fijado que no tomo en cuenta a los caballeros de bronce, y es peligroso que me enfoque en personajes no conocidos. Mas adelante me encargare de ellos, espero. Nos leemos! Si necesitan mas informacion sobre alguna cosa, pasenme un mensaje.