Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece, obviamente.
10/22
Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. En fin, seré breve por priorizar la actualización -perdónenme por no hacer los agradecimientos adecuados. Gracoas, de verdad, gracias a todos: lectores, aquellos que dejan review, que agregan a favoritos mi humilde historia y quienes me agragan como favorito a autores. No se dan una idea lo feliz que me hace. En fin. Gracias (otra vez) Espero les guste. ¡¡Nos vemos y besitos!!
Yuxtaposición de soledades
Irracional
X
"Flor: Impecable e inquebrantable"
Ino se marchó furiosa junto a Tenten, bufando y rezongando por ambos fastidiosos hombres; tanto Neji como Shikamaru. El primero, había sido arrogante y engreído y había creído que tenía las facultades para darle órdenes a ella, de todas las personas (¡¿Quién se había creído?!). El segundo, simplemente había intervenido una vez más en la situación como si fuera una especie de mediador o diplomático. Como si tuviera el poder de sosegarla como si ella fuera una serpiente sinuosa, venenosa y peligrosa y él un encantador de serpientes. Era absurdo, por supuesto, pero estaba segura que Shikamaru creía algo similar a eso. O, al menos, creía que tenía la mínima capacidad de coaccionarla "sutilmente" como él quería. Lo único que no sabía, era que era incapaz de tal cosa (o cualquier otra cosa) y que solo lograba fastidiarla del todo un poco más. Lograba enfadarla del todo un poco más. Y es que era simplemente increíble, ¿por qué tenía que aparecer él siempre en su camino, en los peores instantes? Como aquella vez, aquella vez en la academia cuando había perdido el puesto en el equipo de Sasuke. Él había estado allí, casualmente, para regodearse de la derrotada de ella y restregárselo en el rostro. Como si él hubiera ganado algo, en vez de ella haberlo perdido. Luego hizo lo mismo al saber que estaría en su equipo, aunque no hizo más que quejarse de ella de allí en más y hasta la actualidad. No lo entendía. Shikamaru era simplemente fastidioso. Un perezoso y un idiota. Como todos.
—Los hombres son todos unos idiotas —farfulló, atravesando una serie de arbustos; rodeando un árbol y comenzando a descender por un pequeño camino de tierra. Tenten la observó de reojo, curiosa por el berrinche de la joven rubia.
—¿Te refieres a Neji, o a Shikamaru?
Ino puso los ojos en blanco. ¿Cuál era la diferencia? ¿En qué radicaba? No lo sabía. Todos eran iguales, todos eran egoístas –como el resto del mundo- y machistas. Todos creían que era débil, todos la trataban como una niña caprichosa a la cual se podía comprar fácilmente con cosas, y todos deseaban poseerla de una forma u otra al final. Todos la trataban como una muñeca que debía estar en un inmaculado escaparate y que nunca debería hacer sido una kunoichi. Como si fuera frágil y delicada. Como si no fuera nada —¡¿Qué importa?! Los dos. Todos.
La castaña sonrió —Bueno... te lo concedo, Neji puede ser frustrante algunas veces.
A Ino no le pasó desapercibido el tono de voz relativamente suave –en relación al que habitualmente usaba- que utilizó la chica. Era obvio, al menos para ella, la admiración que tenía Tenten hacia Neji. Y, quizá, algo más...
—Como sea —murmuró—. Shikamaru es un idiota también.
—No lo parece. Parece alguien muy centrado y calmo, alguien que no desea involucrarse en problemas con nadie.
—Eso es porque es un holgazán —replicó, llegando al centro de un pequeño claro—. Y un cobarde, no porque sea calmo y centrado. Todo es muy problemático para él.
Tenten intentó suprimir la sonrisa, la cual sabía lograría irritar aún más a Ino. Ahora que lo pensaba, siempre que había visto a Ino con Shikamaru había sido discutiendo. Por una razón u otra que desconocía, pero esa siempre había sido la situación en que los había visto —Oh.
La rubia indicó con el dedo el suelo, haciendo una pausa en la discusión que estaban sosteniendo y que, sin saberlo, la había vuelto ella un monólogo —Siéntate y quítate la remera.
Tenten se dejó caer y, dejando escapar la sonrisa que llevaba minutos reprimiendo, replicó —No deberías andar diciendo eso por ahí.
La rubia se sentó detrás de la chica y restó importancia a las palabras de ella con un gesto de la mano. Una vez que Tenten hizo lo que Ino le había indicado, la joven comenzó a examinar la herida cuidadosamente con los dedos. Luego de unos instantes, continuó despotricando su frustración. Una y otra vez, sin siquiera saber qué palabras escapaban por su boca en aquel instante. O qué estaría oyendo Tenten de todas las cosas que estaba diciendo. Honestamente hablando, ni siquiera sabía porque le decía aquellas cosas a la castaña. No tenían una relación cercana, de hecho, no tenían relación de amistad alguna; pero no podía evitarlo. Y una vez que comenzaba no había forma de detenerla, o detenerse. Era imposible. Ino no podía silenciar sus pensamientos.
—Y es un holgazán bueno para nada... —concluyó. Alzando nuevamente la vista y contemplando su trabajo. La herida aún permanecía abierta, la carne aún estaba expuesta y los bordes de piel rasgada permanecían perfectamente intactos; pero, al menos, ya estaba no infectada y el color púrpura-negro que había comenzado a adquirir había desaparecido por completo.
Una voz suave y palabras que tropezaban las unas contra las otras alertaron a ambas mujeres de la presencia de alguien más en el claro. Aún si levantaron la cabeza para ver a los ojos a quien acababa de llegar, habían sabido de quien se trataba de antemano.
—L-Lo siento Tenten-san... v-vine en un mal momento... L-Lo siento... —murmuró la recién llegada cubriendo su rostro avergonzada. Tanto Ino como Tenten la observaron con curiosidad, eso hasta que la castaña dejó escapar una carcajada que aligeró inmediatamente el ambiente. Tenten tenía ese efecto en la gente, era fresca, simple, práctica y real. Todo lo que Ino no era, obviamente. Y ella lo sabía. De hecho, veía a Tenten como menta... o vainilla, quizá la última, sencilla y fácilmente agradable a todo el mundo. Fácilmente adaptable a todos los paladares. La vainilla no era nada especial, realmente. Un sabor bastante agradable pero no extremadamente dulce ni demasiado forzado. Simplemente era lo que era. Y Tenten era así. En cambio, Ino era más bien un sabor adquirido. Al menos ella lo pensaba de esa forma. Como miel o mazapán. Extremadamente dulce en un principio, pues ella se aseguraba que así lo fuera, quizá hasta empalagoso. No importaba. Ino era ese sabor que al tocar la lengua dejaba embelesado a quien la probaba y deseaba probarla, ella lo sabía perfectamente, pero también sabía que no era un sabor que se podía saborear con frecuencia. Una probada y era suficiente para saber que detrás de la dulzura se ocultaba algo un poco más dañino de lo que en verdad parecía. La miel, el mazapán o la jalea, cualquiera que necesitara ser, dejaba siempre un sabor dulce pero destruía el estómago de adentro hacia fuera, lo mismo hacía con los dientes e Ino hacía lo mismo con las mentes. Era inevitable. Así era ella.
—Hinata —la llamó la castaña, aún sonriendo tras la carcajada.
La mencionada separó ambas manos levemente de su rostro —¿S-Si?
Aquella vergüenza era absurda, y debía desaparecer. También con una sonrisa, Ino añadió —No tienes que irte y, ¡Dios!, no tienes que cubrirte de esa forma. Somos todas mujeres.
Tenten estuvo de acuerdo. Ino sabía que lo haría, la castaña era una mujer práctica y desinhibida —Ino tiene razón.
Hinata, aún más avergonzada de lo que ya se sentía por la intromisión, hizo un débil asentimiento con la cabeza; descubriendo su rostro sonrojado y sus ojos perlados de la palma de sus manos —S-Si... ¡L-Lo siento!
Al volver la vista a Hinata, comprobó que la muchacha aún continuaba allí; de pie, examinando el cuerpo semidesnudo de Tenten y, más particularmente, la herida. Pero, por encima de todo aquello, Hinata parecía no solo avergonzada sino desfavorecida. No requería demasiado análisis para saber que la chica estaba comparando en su mente el cuerpo de Tenten, quizá el suyo también, con el de ella misma. Y, por lo que sus ojos declaraban, la comparación no estaba saliendo a su favor; lo cual era absurdo, pues Hinata contaba con ciertos atributos que apabullaban brutalmente a los de la castaña o la los suyos propios (aunque Ino no fuera a decirlo en voz alta, jamás) y ese era un rasgo que muchos hombres no pasaban por alto. Sin embargo, Hinata se empeñaba en ocultarlos, junto al resto de su cuerpo como si de una vergüenza se tratara. La rubia simplemente no lo entendía. En todo caso, no le importaba demasiado tampoco. Cada una era libre de hacer con su vida, su cuerpo y su alma lo que deseara.
Tras instantes de silencio, Hinata preguntó —¿D-Duele?
Tenten contempló la herida por encima de su hombro —Nah. Es solo un raspón.
—O-Oh...
Ino la observó fijo, aguardando que Hinata hiciera algo más; como acercarse a ellas y sentarse a su lado, o dijera simplemente algo más, pero no lo hizo. Simplemente permaneció allí, de pie, y en completo silencio observándolas desde la distancia. Era irritante, ciertamente, al menos para Ino; quien nunca se había jactado –y probablemente nunca pudiera hacerlo- de tener la paciencia adecuada para ese tipo de situaciones. Hinata era demasiado tímida, para su bien, y debía comprender las desventajas de ello. Por las buenas o las malas. Ino era mejor manejando las cosas por las malas. Aún si se trataba de alguien frágil y dulce como Hinata. La Hyuuga lo entendería.
—Hinata ¿Qué haces aquí? —espetó.
La Hyuuga se percató que no había dicho casi nada desde que había llegado y que aún permanecía de pie, a una distancia considerable, observando a Ino trabajar las heridas de la otra chica. Abochornada, replicó —¡L-Lo siento, Ino-san! K-Kiba-kun y yo v-vinimos a a-ayudar...
Tenten asintió, ausente —Ya veo...
Ino, por su parte, negó con la cabeza. No era aquello a lo que se refería; aunque era un buen dato a saber. Las intenciones de ella habían ido al caso más particular en el que se encontraban —Me refiero... a qué haces TÚ aquí.
—Oh... Uh... Umm... V-Vine a ver c-cómo se encontraba T-Tenten-san... Neji-nii-san q-quería saber...
—¿Cómo estaba? —completó la castaña. Hinata asintió lentamente. Y por un instante, Ino observó la conversación de ambas en silencio; aunque no había demasiado que descifrar. Tenten estaba frustrada por alguna razón con Neji, lo cual se confirmaba con el comentario anterior que la chica le había hecho en relación a él. Aquel que decía que Neji podía ser frustrante cuando lo quería—. Si claro...
—Esto... Tenten-san... E-Es cierto... N-Neji-nii-san... —insistió la joven miembro del clan Hyuuga.
—Debería —volvió a interrumpirla. Sin embargo, a pesar de sus palabras, no sonaba enfadada—. Por su culpa tengo esta herida.
—¿Uh?
Tenten sonrió —No me hagas caso, Hinata —ahora, Ino estaba segura de su pequeña teoría. Cierto era, que desde pequeña había tenido la facilidad de identificar las relaciones que trascendían el límite de la amistad y la camaradería. Algunos casos, sin embargo, eran más obvios que otros. En este caso, la castaña obviamente no era reciprocada. Lo cual era entendible, pues Neji era completamente insensible y ajeno a ese tipo de cosas.
—O-Oh... —susurró, dándose media vuelta para regresar al campamento. Sintiéndose ligeramente fuera de lugar, como habitualmente solía sucederle cuando no se encontraba entre aquellas pocas personas –aquel número contado de personas- con las que se sentía a gusto. Sin embargo, antes de partir, dio media vuelta y susurró —¿Tenten-san?
Ésta alzó la mirada —¿Si?
—Neji-nii-san en v-verdad se p-preocupa por ti... —la mencionada asintió. Y volvió su vista al frente. Hinata dio media vuelta y comenzó a alejarse una vez más.
Esta vez, fue la voz de Tenten quien la detuvo —Hinata —Ino observó todo con curiosidad. No quería perder detalle alguno de la reacción de la joven kunoichi ante las palabras de Hinata. Sin embargo, para su decepción, no vio nada. Supuso entonces, y probablemente correctamente, que Tenten llevaba años perfeccionando el arte de ocultar satisfactoriamente sus emociones de Neji. Además, el engaño era un arte más de la amplia gama de habilidades que una kunoichi debía dominar; y Tenten no era una gran kunoichi por nada.
—Uh... ¿S-Si?
—Todos tenemos alguien que cuida nuestras espaldas. Es cuestión de saber quien cuida la tuya.
La joven Hyuuga hizo una débil reverencia, susurró —S-Si... —aunque aún confusa por las palabras de la joven castaña, y sin decir demasiado más se marchó de regreso adonde se encontraba el resto del grupo.
Ino puso los ojos en blanco y negó con la cabeza, y aunque se encontraba detrás de Tenten, la chica logró vislumbrar el gesto de la rubia —¿Qué?
Ino volvió a negar con la cabeza e hizo un gesto despreocupado con la mano. ¿Qué importaba su opinión? Por lo que decidió omitirla, algo que rara vez –casi nunca- hacía. De todas formas, Tenten parecía demasiado afectada por Neji como para poder huir de aquello. Ya era demasiado tarde para su intromisión.
—Nada.
La castaña volvió la vista al frente, y esta vez fueron las palabras de ella las cuales sorprendieron a Ino y no a la inversa —Tú también eres una escéptica.
La rubia parpadeó desconcertada sus enormes ojos azules. Una vez que se recobró de la sorpresa de haber dejado entrever más de lo que realmente deseaba, asintió —Si.
Tenten la observó por encima del hombro —Que raro... porque recuerdo que solías ser una romántica empedernida. Perseguías a Sasuke por todo Konoha.
La sola mención del nombre provocó que sus ojos del color del océano líquido se cristalizara hasta volverse hielo —Eso era cuando era niña. La gente cambia.
En algunos aspectos, Tenten sabía que seguía siendo la misma muchacha alegre e infantil que había sido a los doce. Seguía sonriendo a pesar de la adversidad y seguía zarandeando a Lee de vez en cuando porque habitualmente lo requería. Y, porque podía. Había crecido, si, pero en varios aspectos era la misma —No tanto.
La rubia acomodó su largo cabello dorado sobre uno de sus hombros. Hacía tiempo, había decidido dejar todo lo que no había resultado en su vida hasta entonces. Había decidido no volver a cometer los mismos errores una y otra vez, había decidido no ser dejada atrás otra vez. En esos tiempos, Sakura mejoraba y crecía cada vez más. No era la única, Chouji y Shikamaru (los eternos perdedores, que Ino secretamente respetaba y consideraba, de una forma u otra, sus únicos amigos verdaderos) también estaban creciendo a velocidad desmedida. Poco recordaba de aquel entonces, porque todo era demasiado vertiginoso como para detenerse a ver los detalles. Si recordaba, en efecto, a Sakura entregando su vida con tal de hacer regresar a Sasuke a Konoha. La recordaba fuerte como nunca antes la había visto. Recordaba el igual desarrollo de Chouji y, aún más desconcertante, el de Shikamaru. De un año al otro, el holgazán bueno para nada que conocía desde niña había pasado de ser un hombre ordinario, común y corriente, a examinador de los exámenes chunin y escolta del embajador de Suna, Temari, con la cual había mantenido una relación en aquel mismo año. Había pasado a ser convocado más habitualmente a misiones que ella, misiones solitarias y misiones de rangos a los cuales Ino no tenía alcance. Se había convertido en un líder, a pesar de sus constantes quejas por ello, y se había vuelto el estratega principal de la aldea. Y tan solo a la edad de 15 años. Ella, por otro lado, aún lloraba a Sasuke y había perdido demasiado tiempo cultivando una imagen que en el mundo shinobi no tenía valor alguno. Era obsoleta, una preciosa muñeca que lucía perfecta en la repisa de algún hombre adinerado pero que no encajaba en el mundo de las guerras y la lucha por la vida y la muerte. Que apenas lograba mantenerse en pie. Que apenas comprendía como este funcionaba.
Su primera misión de seducción le abrió los ojos. Le mostró como era el mundo en verdad. Todo lo feo y horrible y la maldad y la pestilencia de la humanidad. Le mostró todo lo que el resto había logrado asimilar años atrás y que había logrado superar. Sus conceptos del mundo en que creía y los finales felices no existían. El único final, era la muerte. No había nada de bello en la partida de Asuma. O en la del tercero o en la del resto de hombres y mujeres que perdieron su vida en batalla. De hecho, la belleza era un bien escaso en el mundo. Las flores, aún a sus nuevos ojos, mantenían esa belleza que aún amaba de ellas. Su aroma natural, dulce, sutil y floral continuaba generando en ella la misma sensación; aún a pesar de los años. Sus colores, a pesar del gris que predominaba alrededor de ellas, continuaban brillando como si nada en el mundo pudiera opacarlas. Y ella deseaba con toda su fuerza ser eso. Y, por ello, no permitiría que nadie más la opacara. Ino debía ser perfecta, en todos los sentidos. Así si debía renunciar a cosas como su fe en el amor y demás. Después de todo, Sasuke la había dejado. Sai había mentido al llamarla belleza y no había razón alguna para volver a confiar en que otro pudiera amarla de verdad. Porque no era ella a quien amaban, era la apariencia, la belleza, la idea de perfección que proyectaba a cada instante. Lo mismo que una flor, lucía hermosa hasta alrededor de la muerte. Decorando la piedra olvidada de algún caído. Luciendo impecable e inquebrantable frente a todo. Así debía lucir, así debía ser ella. Después de todo, Ino siempre había sido exigente consigo misma (y con los demás) y aquello solo era llevar la exigencia a un paso más. Nada más.
Ino se puso de pie y entregó la remera aún manchada de sangre a la castaña. Volviendo a colocar sobre sus labios aquella sonrisa de lado forzada, la misma que había dedicado a Sakura cuando ambas habían perdido aquella vez en el examen chunin. Era falsa, Ino lo sabía; Shikamaru le había dicho que la hacía lucir fea y que debería sonreír genuinamente pero ella solo se había enfadado con él por más de una semana por solo decirlo.
—Ya está —anunció. Y sin aguardar respuesta alguna se marchó de regreso al campamento, conciente de la mirada de Tenten en su nuca. No se volteó. Simplemente... continuó caminando.
