Torashimaru había terminado de recoger todo para la cena y la llevaba en sus brazos: cebollas, puerros, zanahorias, patatas, carne de un cerdo salvaje que se encontraba cerca y cazó… todo para preparar un estofado. Al entrar a la casa de la pareja, se encontró con Midori vendando el brazo de su esposo, mientras los dos estaban sentados, frente a una olla a la mitad de agua que se suspendía sobre una fogata, en medio de la casa.

Mitsuhiko: ¡Ah! Veo que regresas chico. Has lavado las verduras, ¿verdad?

Torashimaru: Si, si…claro- dijo molesto- Y como presiento que me pedirás que cocine, también enjuague mis manos…

Mitsuhiko: ¡Vaya! En realidad no te lo iba a pedir… pero ya que insistes -sonrió- Corta los ingredientes y ponlos en la olla.

Torashimaru chasqueó los dientes. Entonces arrojó lo que llevaba en los brazos al aire e hizo unos movimientos rápidos con sus manos, cayendo éstos en trozos dentro de la olla.

Mitsuhiko silbó con sorpresa. - ¡Genial!- continuó – Si que aprendiste bien la técnica de corte, chico. ¿Quién te enseño eso?

Torashimaru dudó un momento antes de contestar, pues no quería involucrarse demasiado con esas personas.-…Mi padre…hace muchos años... - dijo algo cabizbajo.

Mitsuhiko dedujo por la expresión del muchacho que su padre ya no estaba con él. -Lo siento – dijo mientras ponía su mano en la nuca.

Torashimaru: Eso paso hace mucho tiempo… ¡Y mi nombre no es chico!- reclamó, cambiando su actitud para no profundizar en el tema. Se cruzó de brazos y miró con el ceño fruncido hacia un lado - Es Torashimaru. Y es mejor que te lo aprendas ya que estaré aquí hasta que se cure tu brazo.

Mitsuhiko: Esta bien, Tora-kun- El hombre sonrió, al igual que su mujer, mientras el chico volteaba a verlos de reojo.

Después de cenar, Torashimaru subió arriba de la casa, y se recostó apoyando sus manos bajo la nuca, mirando a las estrellas de forma seria. De repente, sintió un pequeño piquete en la mejilla.

-Con su permiso, joven Torashimaru – dijo una voz mientras absorbía un poco de sangre.

Torashimaru: Ya te he dicho que pidas permiso antes de hacer eso, no después, Kyoga-san. Por cierto, ¿dónde estabas?

Kyoga: Lo siento, es un viejo hábito- se separó de la mejilla al estar satisfecho, ante la inexpresiva cara del chico – En la mañana cuando usted fue a cazar una presa fui a investigar los alrededores, y me percate que en esta región habitan muchos youkai- miró fijamente al hanyou- … ¿Porqué esta tan pensativo?

Torashimaru: Las personas que acabo de conocer hoy han sido muy amables conmigo. Hacía mucho que no me sentía así. Mitsuhiko tiene una forma de ser muy parecida a la de mi padre. No quiero que ellos corran peligro por mi culpa, son buenas personas. Por mi culpa resultaron heridos y por eso prometí hacerme cargo del lugar hasta que se recuperen. Los youkai me odian por ser un híbrido, – se sentó viendo al horizonte – y en cualquier oportunidad que tengan, intentarán matarme. No me gustaría que esa pareja quede involucrada en una pelea…

Kyoga: (cruzando los brazos reflexionando las palabras del pequeño)…. Entonces tienes que volverte más fuerte.

Torashimaru se sorprendió ante aquella respuesta.

Un hombre se vuelve más fuerte cuando tiene a alguien a quien proteger. Lo hace porque tiene un motivo. Aquellos que quieren volverse fuertes por poder, tienen un límite, pero aquel que lo hace por alguien más, siempre sigue adelante porque se esfuerza día a día, impulsado por un motivo justo. Tú tienes la nobleza de tu madre y el valor y coraje de tu padre. Así que has de esta situación, algo mejor para ti.

Los ojos de Torashimaru brillaron mientras la punta de su cola anillada se movía de lado a lado, como la de un gato travieso, viendo a Kyoga. Entonces dirigió su mirada nuevamente al cielo.

Torashimaru: ¡Así lo haré!- esbozó una sonrisa de determinación- ¡Los protegeré!

Pasaron tres años. Midori y Mitsuhiko tuvieron un hijo, el cual nombraron Haru. La aldea prosperó y creció gracias a Torashimaru, quien había permanecido todo ese tiempo ahí, ya que los youkai cada vez eran más y osaban acercarse para tratar de comerse a la gente, generalmente de noche. A veces se acercaban enemigos poderosos, lo que en ocasiones le ocasionaba problemas al joven, pero gracias a ello, se hacía cada vez más fuerte,aprendiendo de sus peleas.

...

Doce años después

...

Haru había comenzado a entrenar por el camino samurái, igual que su padre, desde que cumplió cinco años. Regularmente su oponente era Torashimaru ya que su padre estaba al servicio de un daimyo y pasaba días fuera de casa. Aunque el hanyou era décadas mayor que él, parecían tener la misma edad, y también compartían la estatura. El hanyou reprimía su fuerza para estar al nivel del chico.

Un día, mientras entrenaban con espadas de bambú detrás de la casa, como de costumbre, Midori los llamó.

Midori: Tora-kun, Haru-kun, ¿pueden ir por algo de pescado para la comida por favor?

Los chicos respondieron al unísono con un sí. Midori trataba al hanyou como un miembro de la familia y Haru lo veía como un hermano. Ambos se dirigieron al rio. Midori se dirigió a los sembradíos para cosechar algunas verduras. Terminó de recoger los vegetales y se dirigía a su casa, cuando se percató de una persona que se acercaba. Era una joven, alrededor de veinte años. Su larga cabellera negra y lacia le llegaba a medio muslo. En su frente había cuatro pequeños tatuajes de un color morado que juntos, daban la apariencia de una estrella. Su hitoe era blanco y su hakama roja, señal de ser una sacerdotisa. Sobre sus ropas llevaba puesta una armadura bellamente elaborada en su pechera y los faldones de esta, cubrían hasta la mitad de sus muslos. Unas hombreras le cubrían desde arriba del hombro hasta casi el codo y estaban sujetas a la pechera por unos cordones rojos. En su cuello, llevaba un rosario hecho de perlas y unas cuantas magatama (piedras con forma de coma, como las del collar de Inuyasha) Su cinturón llevaba una hebilla parecida a un pequeño espejo ovalado y un poco arriba de sus caderas, llevaba ceñido un obi, que sostenía una espada, recta y poco más ancha que una katana, pero ligeramente más corta y con doble filo. Un animalito la acompañaba. Parecía ser una combinación entre gato y zorro, de color crema, de crin esponjado, globos oculares rojos con un iris gatuno contraído. Una mancha negra con forma de rombo en su frente, orejas negras al igual que las puntas de sus patas y unas franjas del mismo color en sus colas. Así es, tenía dos colas esponjadas como la cola de un zorro.

La joven se acerco a Midori.

-Buen día, señora. Soy una sacerdotisa en viaje de entrenamiento. Mi nombre es Midoriko. ¿Sabe de alguien que pueda darme hospedaje? Sólo me quedare a pasar una noche- dijo la muchacha.

-Lo siento, miko-sama, mi casa es muy pequeña y tengo dos muchachos conmigo. En este momento, están pescando en el rio. Pero en el centro de la aldea, viven mi prima y su esposo. Tienen una casa más grande, así que pueden darle alojamiento y comida- dijo señalando la dirección- Los dos son muy amables, sólo diga que Midori la envía y la recibirán.

-Se lo agradezco mucho, señora- dijo nuevamente la joven haciendo una reverencia y partió a la dirección que le señalo Midori. Mientras caminaban, la pequeña gatita se detuvo y miró hacia un lado. -¿Qué pasa, Kirara?-paró y le preguntó la miko al pequeño animal. Al observar hacia donde Kirara, pudo ver a dos chicos que venían caminando desde la dirección del río cargando unos pescados, discutiendo y bromeando acerca de quién había atrapado más.

-Ese chico de cabello naranja- La miko miró fijamente al hanyou. Kirara "maullo". Midoriko volteó nuevamente al camino, siguió caminando y Kirara le seguía el paso- Lo sé, Kirara. El no es humano. Por el momento le dejaremos en paz, ya que no siento ninguna energía maligna provenir de él- Comento la joven sin detenerse, afilando la mirada- Hemos venido a investigar los rumores que rodean a esta aldea. Dicen que hay muchos youkai rondando los alrededores, pero éstos son eliminados al querer entrar a la aldea, y por eso la aldea ha crecido rápidamente y prosperado, y hemos venido a saber el por qué son derrotados o quién es el causante de su derrota.

Torashimaru sintió un escalofrió recorrerlo de pies a cabeza y se detuvo. Haru se detuvo con él -¿Qué pasa Tora-kun?- le preguntó al hanyou.

Torashimaru: ..N…No es nada- sonrió falsamente. Los dos siguieron caminando mientras que el pelinaranja volteó a ver la espalda de la miko que seguía caminando- "Eso espero"- pensó para sí.

...

Estaba atardeciendo. Torashimaru se encontraba parado frente al rio cerca de la casa viendo el atardecer, mientras Midori, Haru y Mitsuhiko, quien había regresado al medio día, cenaban. La cola atigrada del hanyou desde hace rato se había erizado como presintiendo algo.

Torashimaru: ¡Maldición!... la luna llena de esta noche será rojiza. Desde que llegue aquí, no me había pasado esto- decía para sí.

Mitsuhiko salió de la casa en busca del chico- Torashimaru- dijo, acercándosele y poniendo una mano en su hombro, parándose a su lado- ¿No piensas cenar?

Torashimaru: Hay algo que no te he dicho, Mitsuhiko.- (conversaban de igual a igual)

Mitsuhiko: Te escucho.

Torashimaru: Mi madre fue una poderosa dai-yokai. Durante las noches en que la luna llena brilla de un color rojo, tomo su apariencia real. Esta noche la luna llena será rojiza, así que por favor no salgan de la casa, no quiero que me vean así- dijo viendo al suelo y apretando los puños, temblando un poco.

Mitsuhiko: ¿Por qué me pides eso?- preguntó sorprendido.

Torashimaru: Tengo miedo.

Mitsuhiko: ¿A qué?... ¿Acaso nos atacaras?- dijo serio y frunciendo el ceño.

Torashimaru: No, no lo haré. He aprendido a controlarme estando en ese estado gracias al entrenamiento de Kyoga, el sirviente de mi madre.

Mitsuhiko se puso frente al chico y tomo sus hombros, mirándole a los ojos- Entonces, ¿a qué tienes miedo?- le preguntó de nuevo.

Torashimaru desvió la mirada a un lado con el ceño fruncido y siguió temblando- Tengo miedo de que ustedes me teman y odien al verme así, ya que no sé como reaccionaran. Desde que mi padre murió, yo no había tenido contacto con la gente hasta que ustedes me encontraron. Han sido como una familia para mí y los aprecio demasiado… y no quiero que eso se pierda.

Mitsuhiko se agacho hasta estar a su altura, lo tomo de la barbilla para hacer que lo mirara frente a frente. –Entonces no debes temer- dice al chico mirándolo a los ojos- Si tu corazón sigue siendo el mismo, no importa que te conviertas en una horripilante bestia. Los sentimientos que tenemos hacia ti no cambiaran, porque ya eres parte de nuestra familia.

Torashimaru se sorprendió y correspondió al hombre con una sonrisa firme- Gracias…- dijo, antes de que su corazón empezara a latir rápidamente y comenzara a sudar frío.

El sol se había ocultado y del lado contrario, una redonda luna rojiza comenzaba a surgir.

Mitsuhiko: ¡¿Qué pasa, chico?!- preguntó sin soltarlo de los hombros.

Torashimaru: A…Ah comenzado…será mejor que te apartes un momento- dijo agitado. El chico camino unos pasos adelante y descubrió su espalda, de la cuál repentinamente brotaron unas alas blancas.

Dentro de la casa, Midori y Haru estaban esperando a aquel par.

-¿Por qué tardarán tanto?- decía inquieto Haru, sentado junto a su madre, cuando una pluma blanca entró por la ventana. Movido por la curiosidad se paró y corrió al marco de la puerta para saber de dónde provenía aquella pluma, seguido por su madre. Cuál fue su sorpresa al ver unos metros frente a su padre a un tigre algo más grande de lo común con unas largas alas blancas extendidas. A diferencia de las rayas de un tigre normal, las que él tenía eran de color verde.

-¡Querido!- gritó Midori a su esposo, asustada. Haru se metió a la casa y tomo la espada de su padre, la desenfundó y corrió hacia afuera, se paró a un lado de Mitsuhiko y tomo una pose defensiva, empuñando la espada. Mitsuhiko apoyo una mano en su hombro.

-Tranquilo, pequeño guerrero. Baja esa espada- dijo el hombre sujetando sus manos mientras su hijo le veía desconcertado- Él es Tora-kun.

La cara del muchacho cambió a un gesto entre asombro e incredulidad. Midori se acercó a donde estaban padre e hijo, y, pasando por un lado de ambos, se paró enfrente del tigre, mirándole a los ojos. Entonces, alzó una de sus manos y toco un lado de su cara, a lo cual, el hanyou cerró los ojos.

Midori: En un viaje, cuando era una niña, vi junto a mi padre a un tigre bebiendo agua al otro lado de un rio, y pensé que era la criatura más hermosa que había visto en toda mi vida. Creo que estaba equivocada- sonrió.

Haru soltó la katana, dejándola caer y camino boquiabierto hacía la bestia. –E… ¿En verdad eres Tora-kun?- le preguntó nerviosamente. El tigre lo volteó a ver y le guiño un ojo, (ya que en esa forma, Torashimaru no podía hablar, a diferencia de un Daiyoukai, como su madre o el padre de Inuyasha en su verdadera forma) El niño corrió riéndose y de un salto, se sujeto con un abrazo al cuello del hanyou- ¡Tora-kun, te ves genial- dijo con una gran sonrisa.

Mitsuhiko: ¿Lo ves?- se dirigió a Torashimaru, quien lo volteó a ver- No tienes nada que temer.

El hanyou asintió con la cabeza. Sintiendo una presencia, tomo al chico que aun rodeaba su cuello, del obi y lo puso en el suelo, tras lo cual dirigió la mirada al otro lado del río.

De entre los árboles, salió caminando a cuatro patas una bestia de su misma estatura en color arena. Tenía una complexión entre un lobo y un felino, ojos grandes y rojos, pupila felina contraída, unos colmillos enormes, como dientes de sable, una crin y dos colas esponjadas. Comenzó a gruñir al ver a Torashimaru y en las puntas de sus patas y colas se encendieron unas llamas. El tigre correspondió el gruñido y cambió a una pose de defensa.

-¡Detente, Kirara!- gritó una voz. A un lado de la bestia pasaron volando a gran velocidad varias piezas rectangulares de papel con algo escrito en ellos. Eran talismanes de monje. Éstos cruzaron el río y se dirigieron al tigre, rodeándolo a una gran velocidad en forma de círculos. Mitsuhiko intentó cortarlos pero solo consiguió ser despedido hacia atrás como por un campo de fuerza. Los talismanes comenzaron a brillar y crearon algo parecido a una burbuja brillante alrededor de Torashimaru. Él intentó romperla embistiéndola por dentro, sin obtener resultados.

De las sombras de los árboles, surgió una silueta y se paró a un lado de Kirara. Era la sacerdotisa que había hablado con Midori al mediodía.

-Siento una energía muy poderosa provenir de esta criatura- dijo la joven desde el otro lado del río.

Mitsuhiko empuño su espada hacia la dirección de la miko. -¡Será mejor que lo sueltes!- amenazó.

Apenas había terminado de decir esas palabras cuando de pronto, detrás de la joven, surgieron varios youkai, alrededor de veinte. Se acercan caminando hacia la mujer mientras Kirara se voltea para hacerles frente. La sacerdotisa voltea hacia ellos y pone una mano en el lomo de Kirara- No hará falta- dice a su compañera. Empuña la espada que llevaba a un costado frente a su cara con la mano derecha y con la izquierda hace una especie de ademán de sello mientras comienza a pronunciar algunos rezos. Justo cuando los monstruos se abalanzan a atacarla, blande su espada creando un haz de luz, purificando a todos los youkai y haciéndolos desaparecer junto con ese resplandor. Enfunda su espada.

Mitsuhiko y los demás se quedan boquiabiertos e inmóviles al ver esa escena. La miko monta sobre Kirara, la cual levita a poca distancia del suelo y se dirige hacia donde está el tigre, cruzando por encima de las aguas del río. Kirara se para frente al monstruo. Midoriko desciende de ella y se aproxima hacia el tigre lentamente. Mitsuhiko y Haru corren interponiéndose entre ambos. Uno empuñando su espada y otro extendiendo sus brazos.

La joven detuvo su camino -¿Por qué defienden a esta bestia?-, preguntó seria.

-¡Porque Tora-kun haría lo mismo por nosotros!- gritó el pequeño antes de que su padre pudiera contestar.

-¡Asi es!- continuó Mitsuhiko- Desde hace quince años, él ha sido nuestro protector y gracias a eso, nuestra aldea ha estado a salvo de los youkai.

Dentro de la burbuja, Torashimaru lucía cada vez más fatigado, como si algo lo estuviera debilitando.

-Así que él es la razón de la prosperidad de la aldea- dijo para sí la sacerdotisa. Alzó la mano. Los talismanes pararon de girar haciendo desaparecer la burbuja y regresaron a ella, metiéndose en su manga. El tigre cayó fatigado y Haru corrió hacia él.

-¡Tora-kun!- gritó el chico- ¡¿Estás bien?!- . Torashimaru afirmó débilmente con la cabeza.

La miko camino de nuevo hacia Kirara y la montó- Será mejor que tengas cuidado- se dirigió al hombre que aún tenía su espada empuñada hacia ella- Nunca sabes cuándo te traicionará esa bestia.

-Deberías seguir tu propio consejo, sacerdotisa. Pues tienes a una sirviéndote- le contestó desafiante Mitsuhiko. Ella sonrió. Kirara se dio la vuelta y emprendió el vuelo a la dirección contraría. –Ese hombre confía ciegamente en él, ¿verdad Kirara?- decía a su compañera- Espero que no lo decepcione…

Midoriko no tenía idea de lo que ocurriría en un futuro cercano. Desataría una luchacontra cientos de youkai durante siete largos días, culminando con la creación de la Perla de Shikon.

...

Al día siguiente, Haru estaba sentado a la orilla del río, viendo el lugar dónde la miko había exterminado a varios yokai de un solo golpe.

-¡Hey, Haru!- dijo Torashimaru mientras caminaba hacia él- Midori dice que la comida estará lista en un momento, así que será mejor que te laves.

El hanyou se detuvo a su lado y le miró, sin obtener respuesta. Se sentó a su lado mirando a la misma dirección e imaginó lo que pensaba el chico.

Haru: Esa mujer era muy poderosa- seguía mirando aquella dirección.

Torashimaru frunció el ceño viendo hacia donde mismo.- Lo sé. Sentí como si mi energía estuviera siendo exprimida.

Momento de silencio. Haru volteó hacia el otro chico con un gesto serio.

-¿Y si entrenara para convertirme en un monje poderoso?- preguntó al pelinaranja, el cual se sorprendió.

El hibrido se pone de pie- Estas bromeando ¿Verdad?- le dice al chico, quien se pone de pie al igual que el.

-¡No es ninguna broma!- recibe como respuesta, quedándose inmóvil y sorprendido.

Haru: Desde que recuerdo, tu siempre has luchado sólo contra esos monstruos, Tora kun -el chico apretó los puños- Muchas veces he visto que regresas a casa con heridas y la ropa rasgada, aunque te hayas vuelto cada vez más fuerte. Siempre dices con una sonrisa que al poco tiempo estarás como nuevo para no preocuparnos pero me doy cuenta de que luces cansado. Sé que aunque me convierta en un gran samurái como mi padre, jamás te superaré. Y esa mujer, con sólo blandir su espada un par de segundos, eliminó a todos esos monstruos sin recibir un solo rasguño. En esta aldea nunca ha habido algún monje o sacerdotisa, según me contó papá. Tal vez esa sea la razón del constante ataque de los yokai. Pienso que si me convierto en un poderoso monje, podré ayudarte a combatir youkai sin tener que ser un estorbo para ti.

Torashimaru le dio la espalda y comenzó a caminar ante la mirada de desconcierto del chico.- Haz lo que quieras -alzó la mano mientras avanzaba- ¡Pero no te perdonaré si no te conviertes en alguien poderoso!- gritó al muchacho mientras seguía su camino. A Haru se le iluminó la mirada./

Haru: ¡Por supuesto!- contesta al hanyou animadamente.

Esa misma noche, Haru habló con su padre, quien al principió no se hacía a la idea, pero termino aceptándolo.

Mitsuhiko: Hubiera querido que te convirtieras en un gran samurái, pero si esa es tu decisión, la respetaré. Haz madurado, hijo- pone la mano en el hombro del chico, quien esboza una sonrisa- Mañana tengo que partir al palacio del señor feudal. Cerca de ahí hay un monasterio, así que vendrás conmigo y te dejaré a cargo de los monjes.

Haru: ¡Sí!- responde entusiasmado.

Temprano por la mañana, Mitsuhiko y Haru partieron. Mientras caminaban, el muchacho volteaba a todas partes buscando a alguien.

Mitsuhiko: Sabes que él tiene un carácter duro, hijo. Creo que no sabría como despedirte, pero debe estar observando desde algún lugar.

Haru: Tienes razón, papá- detuvo la mirada en lo más alto de un gran árbol y sonrió. El hanyou le veía alejarse.

-Demuéstrame que tan fuerte puedes llegar a ser, Haru- decía para sí el pelinaranja mientras seguía a ambos con la mirada, alejándose.

...

El siguiente episodio: Pasado, parte 3

Despúes de éste, ya retomaremos la historia en el "presente". Espero que no les fastidie, pero por algo, el fic se llama "hanyou no monogatari" o en español "La historia de un hanyou" y tenía que relatar la vida de mi personaje. En fin, ¡hasta la próxima!

Nota: No me habia percatado que este episodio y el anterior no se publicaron de la forma correcta y tuve que editarlos de nuevo (el Doc. Manager me lo puso con comandos y todo eso) Por favor, les pido que me lo hagan saber en un comentario cuando sea el caso. Gracias por leer este fic.