Notas: Bueno, lo prometido es deuda. Le prometí a Kamui Vampire que subiría el capítulo en víspera de navidad y aun es 25 de diciembre x'D! la próxima actualización será antes de año nuevo.

Respuestas a comentarios:

Kaoru Hitada:

Gracias por ese lindo alago, OMG que alguien haya llorado con mi fic me da una sensación extraña hahaha algo divertida y emocionante. ¡Me alegro que hayas acertado todo el tiempo! Las pistas son guías para la verdad, sólo hay que saberlas ordenar. Que honor que una criminóloga como tú, se tome el tiempo de leer mi historia. Es todo un honor. Claramente el epílogo será la paliza que Kyoya le dará a Dino (¿?) hahaha broma, me esforzare por crear un bonito final. La paciencia no es mi fuerte pero me alegra mucho que lo practiques, intento publicar todo lo que pueda ahorita que es diciembre y vacaciones. Porque una vez que empiece clases de nuevo, ni para respirar libremente tendré tiempo ;w;! Gracias por comentar, y más aún por compartir tu opinión ¡Gracias!

Advertencias: Escenas posiblemente fuertes. Y disculpen si hay errores.


Capítulo 10.

Ultima presa.

x—

Bajó por las escaleras arropadas por la penumbra teniendo como almohada el silencio. En comparación al gran abucheo que se escuchaba en la superficie, como la cacofonía de gritos, choques, y el sonido de las explosiones; ese silencio era meramente amenazador.

Descendió por los peldaños sintiendo el acecho de un roedor, pero la diferencia radicaba que él era un depredador. Un depredado con el estómago vacío, y ansias de querer masticar a los restantes Scalenetti que con tanto ahínco hacían rugir su estómago.

Cuatro subordinados realizaron una lluvia de disparos una vez que el guardián terminó de pisar el subsuelo. Se ocultó detrás de un pilar, esperando a que las balas terminaran de emigrar de los cañones.

Desplegó sus cadenas de la tonfa, esperando el momento preciso para atacar. El chasquido característico, que anunciaba en como el arma se había quedado sin municiones fue el "go" marcado para el guardián. Las cadenas se lanzaron hacia el enemigo, y como anacondas del África se enrollaron en los cuatro subordinados, tiró de las cadenas con fuerza haciendo sus cuerpos trizas. Los gritos rompieron el silencio y, una vez que los cuerpos cayeron al piso, el silencio regresó.

—Roll, cambio forma.

El erizo acató la orden, iluminando el lugar con su potente llama purpura. Kyoya tomó las esposas creando otro par de ellas y reduciendo su tamaño los arrojó al pasillo que esperaba por él. Las esposas se sumaron al vacío como piñatas, de más de un cuello se incrustaron y con fuerte gritos se tragaron. Las llamas avivaron sobre los cuerpos inertes que yacían por el pasillo, alumbrando el pasillo como farolas. El guardián se deslizo como babosa por las paredes, y una vez más las cadenas se desplegaron en el cruce del pasillo cortando los repetidos cuerpos que se venían sobre el por la mitad. Sus manos se rociaron de sangre y sus cadenas ya estaban bañadas.

Dobló a la izquierda topándose con varias puertas apiladas en fila, dio un paso al frente pero un hombre de más de metro ochenta, piel blanca decorada con exuberantes tatuajes de calaveras le atacó por la espalda estrellándolo a la pared. El hombre con unas cuchillas inició sus ansias de querer contar en más de un pedazo al guardián, pero para Hibari Kyoya, el filo de sus garras venía siendo moldeado desde hace diez años en el pasado. En esa terraza con ese hombre caucásico, piel levemente bronceada que hacia juego con el dorado de sus cabellos y el tinte de sus ojos, jefe de los Cavallone y su más preciada presa.

Un corte le atravesó el brazo hasta el codo y otro en el hombro, retrocedió a las formidables garras que se arrojaban a su cuerpo. Dio un salto para atrás y cuando el hombre avanzó cuan toro desea avasallar a su torero, obvio la red que Kyoya había creado con sus cadenas de púas similar a una telaraña, dividiendo el cuerpo del hombre en más de un pedazo. Otra explosión hizo temblar el barco, activando el sistema eléctrico de las lámparas pegadas al techo, haciendo que por fin todo el subsuelo gozara de la luz eléctrica.

—Oh, parece que se divierten arriba.

Se encaminó a abrir cada una de las puertas derribando la cerradura de una patada. Después de patear la mayoría de las puertas se percató que todas tenían algo en común, estaban vacías. La última puerta le guió a otro vacío fantasmal, se adentró cautelosamente al recinto con Roll en su hombro.

Encontró rápidamente el interruptor de encendido para luego presionarlo, toda la habitación se iluminó revelando las últimas páginas de ese cuento de terror.

x—

La enorme embarcación, tres veces más grande que la anterior les dio la bienvenida a Byakuran junto a Mukuro con centenares de ataques con flamas de diferentes atributos.

—¡No los dejen abordar! —se escuchó la voz de un subordinado. Entre todos los subordinados lanzaron un ataque en unísono, que fue repelido por el aplauso blanco de Byakuran. Quien anuló todas las llamas al instante, para así finalmente abordar el barco con la más grande tranquilidad o al menos la de Mukuro y una enorme sonrisa en el rostro del albino.

—Terminemos con esto rápido —soltó Mukuro con claras molestias—. Me estoy perdiendo la película del Vengador fantasma por tu culpa.

—Oh, vamos Muku-chan —caminó Byakuran a su lado sin borrar la curva de sus labios—. Prometo comprártela cuando regresemos.

—Más te vale.

Byakuran sonrió empezando a estudiar al enemigo que dio pie a crear un frente con armas de fuego y, más armas que poseían la llama de la tormenta y trueno. De alguna forma, siempre ha admirado la determinación de ese hombre. Byakuran sintió en la clavícula la mirada penetrante de Mukuro y concedió en verle.

—¿Ocurre algo, Muku-chan?

Ese tono tan cantarín, era sin duda lo que caracterizaba a Byakuran. Bajó la vista con una pequeña sonrisa para juntarse al margen que tenían ante el enemigo.

—Nada, tu cara de idiota me sorprende.

Byakuran empezó a reír suavemente mostrando el filo de su mirada, Mukuro recordó la atracción que tenía por esa mirada.

—¿Estás listo? —su anillo mare empezó a revelar su llama en su dedo medio.

Mukuro se encogió de hombros.

Una inmensa burbuja se arrojó a ellos tomándolos por sorpresa, haciendo que el estallido fuese tan ensordecedor que sacudió las olas de mar, junto con el otro barco que estaba a su lado. Mayoritariamente todos conocían ese sonido, era una bomba de percusión que incluso a Tsuna y a sus guardianes, que se encontraban relativamente lejos les afecto el oído dejándolos inmóvil por un breve lapso de tiempo.

El cielo sobre el barco más grande había sido cubierto por un acristalamiento de triple proporción, que segundos más tarde estallo en mil pedazos con otra bomba del mismo calibre. La visión de medio segundo sólo mostró el peor de los escenarios para el jefe de los Vongola, quien actuó con un rápido reflejo activando su capa de primo para proteger a los habitantes de ese barco, pero del otro barco...

—¡Byakuran! ¡Mukuro!

x—

Su visión revelo el escenario final que tanto había añorado conseguir. Cortinas escarlatas indecorosamente rasgadas, manchas de sangre haciendo juego, y una lluvia de hilos trasparentes caían por todo el recinto. Una pobre excusa para distraer a una criatura viva.

—Ten cuidado, Hibari —habló una voz sobresaliente de la puerta. El guardián giro su cabeza encontrándose nuevamente con el único hombre que permitiría estar cerca de él sin morderlo hasta la muerte.

—Bebé, ¿qué haces aquí? —preguntó con su tono habitual—. ¿No se supone que tienes prohibido interferir en las peleas?

—¿Y quién dijo que estoy aquí? —sonrió el arcobaleno con las manos en la cintura. Hibari rasgó una sonrisa, y pudo verificar las palabras del bebé cuando empezó a verse más transparente.

Holograma.

—Ten cuidado con esos hilos, al parecer están conectados a un censor. El más mínimo movimiento y puede ser el fin para todos —alertó Reborn—. Irie y Gianini trabajan en el plano del barco, y bajo el subsuelo hay anormalidades que pueden ser minas. Ten cuidado de no detonarlas.

El instinto del guardián sabía lo que tenía que hacer desde un principio, pero bajo advertencia no hay engaño y, en ese caso bajo advertencia, no debe haber fracasos. Caminó evitando rozar los hilos para llegar a la puerta que se ocultaba tras las cortinas, llego a la perilla de la puerta girándola lentamente. Una maraña de polvo se avasallo sobre el guardián quien tosió un poco de ese polvero.

Otras escalinatas se alzaron ante él de forma circular, cubiertas por telarañas y años de deterioro. Por suerte el material de los escalones parecían de hierro sólido, soportando su peso sin mayores problemas cuando inicio el ascenso por ellas. Llegó a la segunda planta que daba vía a otra habitación, y una vez que diviso el marco de la puerta la sorpresa le invadió. Reborn también reveló sorpresa en su pequeño rostro, con algo de terror oculto en el profundo iris.

—Dino…

Kyoya caminó despacio intentando creer lo que estaba viendo. En su vida de mafioso se había topado con escenas grotescas, descabelladas, obscenas y asquerosas. Pero esa escena, tenía parte de todo lo anterior y hasta más.

Había un círculo frente a ellos, conformado por siete personas. Las personas acostadas en el piso, eran los desaparecidos de la familia Cavallone. Reborn intentó reconocer todos los rostros, pero eso no fue la mayor conmoción de todas.

Los brazos de las siete personas estaban enganchados al piso por pequeños anzuelos de pescar, perforando sus pieles como si fuesen títeres. Eran como ocho anzuelos que tenían incrustados desde la muñeca hasta el codo. En los dos brazos, y de esos mismos ganchos; un hilo bajaba por las pequeñas brechas al otro piso, conectados a las minas que advirtió Reborn. Allí estaba el porqué de los hilos colgantes en la otra habitación. La sangre que emanaba de las heridas estaba seca, lo que daba a deducir que tenían días cocidos al piso.

Acercó sus pasos a ese lienzo de horror, pintado con la sangre pura de los Cavallone.

—Hibari…—llamó Reborn aún sorprendido.

El guardián intentó quitar la vista de su Cavallone, de Dino Cavallone, pero simplemente no podía. Escaneó su cuerpo con la mirada; estaba muy golpeado en el cuerpo y aun portaba el traje que llevaría puesto la tarde de su desaparición. Pero a diferencia de esa vez, el traje estaba perfumado por su propia sangre. De su costado había una herida terrible, que manchaba su camisa blanca bajo la corbata; estaba mal tratada para evitar la muerte del jefe de los Cavallone, pero si lo suficientemente abierta para torturarlo con el dolor agonizante. Esa debía ser la abertura que dejó el charco de sangre en su propia oficina.

De su brazo derecho, había una vía intravenosa transfiriendo su sangre a una botella de vino que ya llevaba más de la mitad llena, y finalmente había una mascarilla de oxígeno tapándole la boca. Hibari no quiso deducir el porqué de la mascarilla, pero sabía el porqué de ella.

La primera reacción fue acercarse a él de inmediato e intervenir el proceso de desangre en su cuerpo. Se arrodilló frente a Dino, quien estaba completamente inconsciente.

—Intenta ser cuidadoso al quitarle la vía, Hibari —dijo Reborn extremadamente serio—. Si los hilos que hay en sus brazos, son los que están conectados a las minas…

—Bebé. —Cortó Hibari en tono fúnebre y enojado—. Sé cómo está la situación, no es necesaria tu advertencia. Estoy viendo lo mismo que tú y, tuve la misma conclusión.

Reborn esbozó una pequeña sonrisa. El guardián rasgo la tela de su camisa, y una vez de haber quitado la vía que se abría en la vena de Dino, detuvo el sangrado con la venda improvisada. Dino ladeó lentamente la cabeza soltando un pequeño sonido poco audible. Pero parecía más que todo; un quejido de dolor.

El arcobaleno caminó hasta él, y gracias al ser un holograma no interfirió en el toque de los hilos. Se sitúo junto a su pecho y sus sospechas fueron desagraciadamente certeras.

—Tiene dos costillas rotas…y una le está perforando el pulmón —se mordió el labio inferior—. Es por eso que le tienen una mascarilla, Dino por los momentos…no puede respirar por sí mismo.

Kyoya giró su rostro a los otros cuerpos para ver si estaban en las mismas condiciones, y sus ojos se abrieron en par al detallar las caras. Cuando entro a la habitación, su primera atención fue el cuerpo de Dino y no había reconocido los otros cuerpos.

Petter, Romario, Shamall, los otros dos inversionistas de los Cavallone y ¿Steve…?

Dino era el único que tenía la vía intravenosa abierta y la máscara de oxígeno. Los demás sólo tenían fuertes golpes en el rostro y demás zonas del cuerpo.

—¡Hijo de…! —Hibari afiló su tonfa y casi se va con toda su furia sobre el cuerpo de Steve, que sólo estaba inconsciente y al igual que todos estaba tejido como parte de la tela al que llamaron suelo.

—¡Hibari, detente! —gritó Reborn poniéndose en medio con los brazos extendidos—. Si lo atacas, vas a detonar las bombas y todos morirían.

Hibari tuvo la obligación de detenerse, se aferró al metal de sus tonfas de una manera tan voraz que empezó a clavarse las uñas. Necesitaba intentar calmar su ira. Reborn soltó un respiro de alivio, dio un pequeño salto poniéndose en el medio del círculo que creaban las cabezas de hombres.

—¿Por qué Shamall, está aquí?

—Porque él era otra pieza de mi plan —habló una voz al fondo de la habitación alertando a los dos hitman al momento.

—Reconozco esa voz…—Hibari se puso en pie al momento—. Tú…

Se escuchó una risa suave, y de la oscuridad una silueta bien curveada dio su aparición.

—Hola, Hibari Kyoya —soltó con sorna. Ese era sin duda el verdadero causante de la media destrucción de la familia Cavallone—. ¿Crees en los fantasmas?

x—

Tsuna quiso ir al barco donde se encontraban Byakuran y Mukuro, pero fue interceptado por más subordinados que volvieron a lanzar sus animales con diferentes ataques. Eran peor que la plaga.

En el otro barco, después de ese gran estallido Mukuro abrió los ojos. Esa bomba sin duda había azotado sus oídos. Pero no el suficiente como para dejarle fuera de combate, terminó de abrir los ojos y, descubrió por qué no recibió los daños que creyó. Byakuran le había protegido con su cuerpo, abrazando su cuello con sus brazos fuertemente. Se quedó impactado unos momentos intentado asimilar la situación, con la ayuda de sus antebrazos. Intentó incorporarse lentamente, con Byakuran casi en el delirio.

—Oi…Byakuran —articuló.

El albino se removió con retardo, pero al menos lo hizo, enviando una señal de alivio a su cuerpo.

—¿Estás herido? —preguntó alzando su cuerpo, encarando a Mukuro que seguía bajo él.

El guardián negó con la cabeza.

—No tanto como tú —señaló. Una gota de sangre resbaló de la sien de Byakuran, para luego ser acompañada con otras que seguían bajando. El albino sonrió.

Ambos se levantaron y un manto transparente similar al agua los cubría. Mukuro intentó descifrar que era, mientras su cabeza se orbitaba después de esa enorme súper nova que se abalanzó hacia ellos. Se levantaron tambaleantes, y el enemigo creyó cantar victoria cuando estaban tumbados en el suelo.

Byakuran disolvió su técnica que cayó como si fueran ríos de agua. Mukuro notó que habían reflejos en el agua, eran como recuentos de un fragmento de vida en cada persona.

—Es una barrera creada de los mundos paralelos —explicó—. Es como cuando me adentro en el capullo para verlos. Sólo que ésta fue más improvisada.

Mukuro rió por debajo.

—¿Puedes escuchar?

—Más o menos.

—Bien. —El tridente se afilo, y el ojo de Mukuro cambió de atributo—. Prepárate. Iré con todo, esto ya es personal.

Byakuran mantenía la sonrisa y, sus alas volvieron a desplegarse.

—Se acabaron las contemplaciones.

Los dos hombres saltaron al río de hombres que preparaba otra bomba que lamentable no logró culminarse, un dragón blanco devoró la mitad de la armada enemiga. Y la otra mitad fue tragada por un agujero negro que creo Mukuro con la habilidad de su anillo y tridente. Ardió la flama en su anillo Vongola y la incrustó en su respectiva caja, liberando al momento a su animal.

—¡Mukurow, cambio forma!

El búho destallo, traspasando de ser un animal a un par de lentes de contactos en el rostro de Mukuro. Mientras Byakuran masacraba a medio barco con sus poderes, se propuso a buscar el motor del barco con sus lentes para así atacarlo directamente. Pero con lo que se encontró le dejo fuera de órbita.

El barco trabajaba a base de llamas, y aparecieron ante su vista minúsculas minas incrustadas en toda la parte del subsuelo como si fuesen baldosas.

Una explosión se escuchó, donde más hombres fueron asesinados y lanzados por la borda.

—Byakuran. —Llamó al albino. Pero no respondió a su llamado—. ¡Byakuran!

El albino extrajo su mano del pecho de una de sus víctimas y le observó.

—¿Me llamaste? —preguntó confundido. El guardián caminó hasta él y le tomó de la mano para hablarle al oído.

—¿Aún te cuesta oír?

—Eso parece, no te escuché —admitió—. Te observé porque leí la comisuras de tus labios.

—Parece que el daño en tus oídos en más grave —respondió Mukuro hablándole sumamente cerca.

—Está bien. No le veo el daño si puedo estar tan cerca de ti —sonrió con languidez—. ¿Qué querías decirme?

Mukuro alzó una ceja. Iba a golpearle, pero se abstuvo de hacerlo. Tenía mayores cosas que abordar.

—Este barco no es para reforzar la armada —reveló en tono bastante serio—. Es una bomba completa, y la cuenta regresiva ya está en marcha.

Byakuran se sorprendió al momento.

x—

—Maldita herbívora…—escupió Hibari con asco—. Creí que estabas muerta.

La mujer empezó a reír manteniendo una distancia discreta entre el depredador y ella.

—Claro, Hibari Kyoya —concedió la mujer con voz claramente sobre actuada—. Ese era parte del plan.

El guardián no soportó más la furia que tenía por dentro y se abalanzó a la mujer con sus tonfas ardiendo en llamas.

—¡Oh! alto ahí, pajarillo —paralizó con sus manos la mujer—. Claro, sólo si quieres tener el cuerpo de tu amado Dino completo el día de su verdadero funeral. —Se escuchó su voz burlona, haciendo Kyoya se detuviera en seco al ver otra telaraña de hilos obstaculizando el paso hacia la mujer—. Esos hilos también están atados a las bombas que hay debajo de ellos. El más mínimo corte de ellos, activará el censor que es sumamente delicado donde un mal movimiento y…, todos serán historia.

El guardián chasqueó la lengua enfurecido. Odiaba ser acorralado como un ratón por planes insignificantes y elementales.

Reborn caminó hasta el guardián con las manos en los bolsillos.

—¿Quién es ella, Hibari?

—Elena Scalenetti.

—Elena Cavallone. —Corrigió una vez más la mujer.

El arcobaleno tuvo un parpadeó en sus ojos.

—¿Ella?

La mujer empezó a reír una vez más con un arma en su mano y un vestido blanco opaco con perlas en la parte del cuello. Tenía guantes manga cortas y su maquillaje era ligero. Su cabello ya no era el dorado que vistió una vez, era negro, completamente negro. Sus ojos ya no eran azules sino una clara manifestación de todo el negro que suplantó la marca de agua que caracterizaba a Elena Scalenetti.

—Creía que estaba muerta —añadió Reborn.

Elena volvió a sonreír mordazmente.

—¿Acaso no te aseguraste que era la verdadera Elena Scalenetti la que estaba acostada en esa sala de autopsias, Hibari Kyoya? —preguntó la mujer agitando su cabello—. ¿Te aseguraste que era ella? ¿Quién dijo que era Elena?

—Shamall. —Respondió Hibari, pero al ver al doctorcito incluido en el círculo de sangre, empezó a dudar. Elena negó su respuesta con el dedo índice.

Hibari empezó a maquinar en su mente, buscando respuestas. Y después de todo el recuento desde que inicio esa pesadilla, la encontró:

—Anarella.

—¡Muy bien! —aplaudió Elena teniendo una ufana risa al ver que Kyoya no podía acercarse—. ¿Cuándo fue la primera vez que te encontraste con Anarella? ¿No fue cuando apareció el cadáver de Dino?

El guardián recordó ese día.

—Tú la llamaste después que hiciste tu show frente a todos, para que esa herbívora tomara su parte del plan.

—Otra vez estás en lo cierto —sonrió atrayendo una silla parecida a un trono de la oscuridad y se sentó sobre ella—. Ella era fundamental para que mi plan se llevara a cabo, ella llegó tan pronto cuando la llamé. Para que pudiera decir que, era yo bajo la fachada de la ilusión una vez que se desvaneciera. Me reí a tus espaldas y no me escuchaste —bufó la mujer, al repetir las palabras de Kyoya.

—Así que la Anarella de la comisaria, eras tú —sonrió Hibari empezando a excitarse—. Sabía que ese olor era el fallo del prototipo. Pero por esa vez, creí que ya estaba obsesionado con ese olor, que lo ignoré.

—Anarella actualmente en la mansión Scalenetti, en la misma situación que estos chicos —señaló con el rostro a Dino y los demás—. Se resistía mucho y tuve que tomar medida. Después de todo, ya había hecho su parte y ya no la necesitaba. Los prototipos son fantásticos, ¿no crees? Mira todo lo que he hecho con simples prototipos, imagina lo que hare cuando tenga el real —alzó las manos agitando su cabello azabache recién pintado con gracia—. La familia Cavallone caerá finalmente, y yo surgiré como su nueva reina.

Kyoya soltó una risilla.

—Víbora y tú sin duda son hermanas. La actuación les viene como anillo al dedo —Elena afilo la mirada—. ¿Y quién era el que estaba debajo de esa ilusión?

—Una simple sirvienta —se cruzó de piernas en su pedestal—. Todo fue perfecto. Anni usó el prototipo tomando la forma de éste maldito pervertido y, así engañar a su amado Mattew, diciéndole que era yo quien estaba bajo la ilusión para cuando empezó a desvanecerse —Elena sacó un pequeño frasco repentinamente de la parte frontal de sus pechos. El interior del frasco parecía ser rojo, pero la oscuridad que la vestía esa zona de la habitación le era difícil de saber. Quito la tapa y bebió todo el contenido del frasco, para luego arrojarlo a los pies del guardián—. Hibari Kyoya el reloj avanza, sólo es cuestión de horas, solo horas.

La risa burlona volvió a escaparse de los labios de Elena, y sus piernas cruzadas en el mango de la silla daban la clara evidencia de revelar su victoria. Su imagen empezó a transfigurarse, y es cuestión de segundos Elena ya no estaba en el pedestal. Sino, Dino Cavallone.

Hibari no reveló sorpresa, pero sintió que la olla que contenía su furia estaba a punto de estallar.

—Horas —repitió el guardián.

—Sí, horas —Hizo una pausa—. ¡A tan sólo horas de convertirme en el nuevo jefe de la familia Cavallone! —era la voz de Dino, era la imagen de Dino, todo era lo que recordaba de él. Pero su verdadero Haneuma estaba inconsciente a sus pies—. Sólo un par de horas más, y destruiré a la familia que destruyó la mía.

—¿Tu familia? —Preguntó Reborn, después de estar sumergido en las sendas del silencio.

—Sí, mi familia —respondió de la misma forma que hizo con el guardián, claramente burlándose de ellos—. ¡Yo soy ese hijo que fue despojado de lo que realmente le pertenecía! Mi madre Diana, me negó ante todos. Y me entregó a la familia Scalenetti, porque no podía ensuciar el nombre Cavallone con mi nacimiento bastardo —su tono empezó a sonar más rudo—. Por eso planeé todo esto, fingí todo un romance con Steve en busca de mi verdadero puesto. ¡Yo soy la hermana mayor de Dino Cavallone, futura jefe de esa familia!

El guardián apretó los nudillos.

—¿Por qué inculpar a Steve? —había sido tan ingenuo, ahora que lo recordaba el relato de Tobías decía un hijo nunca le reveló el verdadero sexo del bebé.

—Piezas del tablero, querido —hizo otro moviendo con su tacón, moviéndolo suavemente—. Mi esposo verdaderamente es primo de Dino. Un legítimo Cavallone de sangre pura, no como yo. El relato que te contó Tobías en parte es cierto, mi padre se acostó con Diana y después de nueve meses nací. Donde mi padre me arrebató de los brazos de esa bruja y me crió con esfuerzo —apretó las comisuras de los labios revelando molestia—. Pero esa mujer se llevó toda la fortuna de mi padre con sus absurdos encantos, y nos dejó en la calle. Después de saber la verdad y vivir de las miserias, me juré a mí misma acabar con cada ser que tiene su lealtad a mi patético hermano, y dejaría con vida a las marionetas que podría controlar. Incluyendo a Anarella, quien impuso el nombre de Steve en tu mansión, Hibari Kyoya.

—Vaya, así que después de todo, esa herbívora pelirroja sólo debía ser mordida.

—No dejare que te le acerques —Elena extendió la pistola en dirección a Kyoya—. Ella hizo el mejor de los trabajos al igual que el inútil de Tobías, inculpar a mi patético esposo fue un éxito. Al final el villano terminaría siendo él, y todos ustedes morirán aquí. Yo seré la única Cavallone que quede en pie.

Se quitó el brazalete de perlas que tenía bajo su guante, y su imagen volvió a ser la de una mujer. Desvaneciendo el rostro de Dino al instante.

Kyoya rebobinó en su cabeza una vez más, si le había parecido extraño que un hombre tan corpulento como Tobías, hubiese accedido a hablar con tanta facilidad midiendo el tamaño de su cuerpo. Mínimo una sesión en la silla eléctrica bastaría para obligarlo a hablar.

—N-no…—negó Romario con esfuerzo, ladeó su cabeza en dirección a la ex–rubia. Despertando del terrible sueño, hizo un intento de jalar los cables que lo ataban al piso, pero Reborn corrió hasta a él para detenerle. Susurrando palabras como, "Si lo haces, morirás"

—Elena…detente —jadeó Petter también despertando, intentando mover la cabeza aun con los ojos cerrados. El guardián permaneció en su sitio previendo los movimientos de la mujer—. Aun si tomas la apariencia de nuestro jefe…nunca serás el líder de los Cavallone… Mi hermano pidió tu custodia, porque no quería envolverte en el deshonor de ser llamada bastarda de la familia Cavallone…

Elena volvió a reír.

—Por eso planeo destruirla y, déjame decirte que no pretendo portar la apariencia de Dino toda la vida —alardeó observando con su burlona mirada el círculo—. Solo iré ante los familiares, prensa, amigos, familias aliadas y, todo el mundo que tenga relación esa familia; para decir que Dino Cavallone cede su puesto a Elena Cavallone por cuestiones de salud —esbozó una sonrisa ancha—: Y después que todos se traguen la mentira, ¡Oh! ¡Dino Cavallone murió de un paro respiratorio en un hospital privado!

Romario tragó saliva intentando ordenar su mente, volvió a mirar a Elena.

—Si en caso, que nuestro jefe perdiera la vida e inclusive Steve…el señor Hibari quedaría al frente…por ser su consorte. Ni aunque nuestro jefe te cediera su puesto…

—Oh, Romario —alzó una ceja, acomodó el escote de su falda para entreabrir una vista más grácil a su muslo—. Lo siento, pero ya he previsto eso.

Todos abrieron los ojos sorprendidos, o al menos lo que estaban conscientes. Shamall, los otros dos aliados, Steve y Dino seguían anestesiados por los cables. El guardián se acercó a Dino, volvió a arrodillarse tocando su mano; pudo sentir como el cuerpo de ese bronco estaba temblando, sus fuerzas estaban siendo drenabas por esas heridas.

—¿Qué quieres decir? —preguntó finalmente.

—Casarme con Steve fue el primer paso fundamental para llevar a cabo este show —empezó a mover su pies en un vaivén lento—. Tenía acceso de primera clase de los pasos de Dino, seducir a mi esposo era pan comido y por supuesto cuando Steve fue nombrado el "Padrino" de su patética boda, me tomé la libertad de ser yo, quien buscara el juez. Ofreciéndome a ayudar inocentemente —puso una cara burlona y ojos achicados fingiendo una inocencia temible—. El juez que conseguí era obviamente un impostor, que compré con una buena suma de dinero. El dinero suele ser un poder bastante eficaz si lo sabes usar adecuadamente ¿no, Hibari Kyoya? —se acomodó en su silla y señaló al guardián con dedo acusador—. En pocas palabras… ¡Tú legalmente sólo eres un asiático invasor, Hibari Kyoya! Aún si quedas con vida, serás un inmigrante perseguido por la ley y, te obligaran a regresar a tu país por la protección que los malditos japoneses les tienen a ustedes en el extranjero.

—Voy a matarte, Elena. —Kyoya volvió a tomar su postura—. Tú no saldrás viva de aquí.

—Pah, pah —alzó su palma, marcando un stop. Con la otra mano apuntó al centro del círculo—. Si me atacas dispararé al núcleo de la bomba y, todos ustedes serán reducidos a hermosos rompecabezas humanos.

—No si soy más rápido. —Rugió el guardián preparando sus tonfas—. Si disparas, tú también te verías involucrada entonces.

Elena negó con su dedo índice sonriendo, como si Hibari hubiese dicho el mejor de los chistes.

—Las bombas son a pequeña escala, pequeño animal. Sólo pueden destruir una cierta parte del cuerpo. Y toda la parte donde se encuentran ustedes, está cubierta de esas pequeñas minas, al igual que el piso de abajo. Doble detonación —hablaba con tanta lentitud, que al guardián le erizaba el cuerpo, por la cólera que sentía—. Y cada bomba está situada justo bajo el corazón y zonas vitales en sus cuerpos —colocó un dedo en su mandíbula como si estuviese pensando—: Y déjame decirte, que es lo suficiente para matarlos. Yo sólo disfrutaría de una nueva lluvia de sangre bailar antes mis ojos.

Kyoya apretó los dientes. La muy desgraciada había preparado todo. Bajó sus tonfas y Elena rio frenéticamente.

—¡Perdiste, Hibari Kyoya! ¡Yo gane! —gritó. Pero su risa fue detenida, cuando una nueva explosión se vino detrás de ella, revelando otra silueta que la atacó al momento enviándola al piso cerca de los hilos que hacían la barrera—. ¡¿Q-que?!

—Te equivocas, Elena. —Kyoya reconoció esa voz, tan juguetona como Elena, tan feroz como la de él—. Esto apenas empieza.

—¿L-Lucy? —tartamudeó Elena. La caída le había perforado el labio haciéndola sangre, con el dorso de su guante se limpió el rastro de sangre—. ¡¿Por qué estás de su lado?!

—Yo no estoy interesada en tu avaricia, Elena. Si los Scalenetti se levantan sería por su propio poder, no por el de otros. Mi madre te aceptó en la familia, y tú siempre estuviste interesada en pertenecer a otra —el tacón de la víbora resonó en la habitación. Tenía un vestido hasta las rodillas de color negro, con unas leggins bañando sus piernas del mismo color. Sus tacones escarlata como sus labios eran la única señal de color en su cuerpo—. Tú quieres poder financiero, pero yo quiero poder físico. Matar a tanta gente, ¿sólo por un enfrentamiento cuando lo contrincantes ya están muertos? Tu pelea era con tu madre y mi padre. No con ésta familia. Destruir a los Cavallone… ¿sólo para tomar su poder? ¿Qué tan bajo puedes llegar a caer? Lo tuyo sólo es capricho. No permitiré que mezcles a mi familia en tu basura, y mucho menos te metas con los Cavallone.

—¡No fui la única en la familia que deseo destruir a los Cavallone por revocarnos del poder de ser la familia más poderosa! ¡Por la muerte de nuestro padre!

—¡¿Te das cuenta de cuanta gente está muriendo allá arriba sólo por seguir tu codicia?! —gritó la Víbora ardiendo en furia—. Y nuestro padre, ya era un hombre bien grandecito para medir sus actos.

—No hables así de nuestro padre —refutó—. Y esos subordinados son sólo daños colaterales.

Elena se ajustó el cabello mirando con ferocidad a su hermana. Ambas se miraron con odio, pero fue el guardián quien irrumpió su batalla de miradas.

—Ella es mi presa, Víbora —afiló una vez más sus tonfa—. Además, tú eres la única mujer que se viste de gala para un ataque.

Lucy soltó una risilla. Su mirada reflejaba completa seguridad. Y su cabello azabache estaba atado en una enorme cola de caballo

—Si ustedes pelean en gala, ¿por qué no podemos nosotras? —giró su rostro una vez más a su hermana—. Y por favor, esta pelea es entre mi hermana y yo.

Elena se levantó al instante, tomando el arma con intenciones de disparar al círculo. El guardián fue rápido y con la cadena de su tonfa traspasó por las pequeñas aberturas que dejaron los hilos para así sostener la mano de Elena. Scarlett corrió hacia ella y le quitó el arma golpeando su torso, haciendo que la mujer jadeara.

—Lo siento, Elena —le apuntó con el arma después de quitársela—. Pero tu juego termina aquí. Tus hombres están muriendo bajo la mano de nuestros camaradas, y tu vida acabara aquí.

La rubia empezó a reír de nuevo y su voz salió como el mal sonido que provoca un piano desafinado, lúgubre y temible. Se levantó de forma inverosímil y atacó a Scarlett derribándola al suelo. Empezaron a rodar en el suelo, hasta que la víbora pateó el estómago de su hermana y se puso en un santiamén de pie al igual que Elena. Ambas intercambiaron puños al rostro y bofetadas terriblemente fuertes.

—Oh —bufó el guardián. Pero dejó que la víbora se encargara de Elena.

A lo lejos visualizó una máquina incrustada a la pared, de ella salían tubos que se perdían en diferentes espacios de la habitación. Tomó a su pequeño erizo, y lo arremetió contra la máquina, la pequeña bola de púas traspasó los hilos sin tocarlos, para luego aumentar su tamaño y así destruir la máquina.

—¡No! —gritó Elena. Pero fue pateada contra la pared por parte de la víbora, quien empezó a arrancarle el cabello. O al menos eso parecía.

—Joven Hibari —articuló Romario.

—Por favor…ayude a nuestro jefe —agonizó Petter.

Kyoya no respondió a las súplicas. Sólo se acercó a Dino, después de destruir la máquina. Su rostro estaba demasiado pálido, y sus ojos estaban pesadamente cerrados. Rozó su mejilla sintiendo su piel, a pesar de la palidez, aún poseía el calor humano. A pesar de las explosiones que se escuchaban tanto en la superficie del barco, como el conflicto de Elena y Scarlett, Kyoya permaneció quieto; observando con cuidado el cuerpo de Dino

—Cavallone. —Llamó suavemente.

En ese momento se escuchó un suave quejido, y el corazón de guardián aumentó la presión instantáneamente. Dino empezó a ladear la cabeza con un imprevisto esfuerzo, después de unos segundos más, se encontró abriendo los ojos. Revelando ante el guardián su mirada, la mirada de su Haneuma, aquella que poseía resplandor propio y destellos de gentileza, pero con la única e infalible vivacidad digna de un carnívoro.

—¿Kyo…ya? —su voz fue a penas un susurro. Pero fue lo suficiente para que la tranquilidad del guardián regresara. Acarició su mejilla con suavidad, observándole casi con dulzura. No sabía a qué grado quería escuchar su nombre venir de la voz de Dino. No lo sabía, pero supuso que tenía que ser excesivamente alto, si logró sacarle una sonrisa al instante.

—Todo acabara pronto, Dino. —Lo había nombrado por su nombre de pila, y aún así sintió que era insuficiente para mostrar satisfacción de que estuviera con vida—. Todo volverá a ser como antes.

De los parpados de Dino dos fugaces gotas se escaparon revelando una sonrisa.

—Sabía…que lo lograrías…

Kyoya esbozó una pequeña sonrisa, le quitó la mascarilla liberándolo de ese sucio aire. Se permitió acercarse con cuidado, para dejar un pequeño beso que a penas y fue correspondido. Sintiendo la forzada respiración de éste, se alejó lentamente sin dejar de mirarle.

—Te morderé hasta la muerte por todo esto, espero que seas consiente —un último alarido se escuchó, y ambos amantes giraron sus cabezas a la pelea que se llevaba a cabo en las hermanas.

Scarlett propició un golpe seco al rostro de Elena y la tomó por el cabello. Ambas estaban con cortes en el rostro y en partes dispersas del cuerpo. Con su propio cinturón del vestido la víbora ato las manos de su hermana y le fracturó el tobillo para que no huyera. Elena volvió a gritar.

—¡Perra! —gimoteó de dolor.

—¡La más grande perra de todo esto eres tú! —le gritó Scarlett escupiendo cada palabra—. ¡Esto no se compara con todo el dolor que tuvieron que pasar todos los Cavallone por culpa de tu codicia! —le abofeteo con fuerza—. ¡La vida no es algo que se compra con dinero!

—Scarlett…—la víbora se detuvo en seco al oír su nombre, esa voz, era… ¿Dino? Se dio vuelta casi con ganas de llorar, minimizando su cólera—. Detente…

—¿J…jefe? —Scarlett soltó el cuello de Elena, del modo en como un oso feroz libera a una ardilla.

Dino logró armar esa oración a duras. La observaba con sus perfilados ojos, ese intenso castaño, tan lleno de vida.

—Es suficiente —susurró. Obteniendo un quejido de dolor en su cuerpo, cerrando los ojos por inercia.

—Cavallone, no te esfuerces.

Scarlett se levantó dejando a su hermana cautiva en el piso. Quería acercarse a Dino, pero atravesar la red era peligroso, no sin cerciorarse que las bombas estuviesen desactivadas.

—Jefe…—le llamó.

—Lo hiciste bien, Scarlett —respiró con fuerza, sintiendo el infierno arder en su cuerpo—. Quiero decir…Lucy.

La víbora empezó a llorar al oír esa voz, la voz de Dino, era su voz real. Sus ojos reales, su mirada perfecta…todo era Dino. Asintió como niña pequeña. Regresó sus pasos y asestó otra patada en las costillas de Elena, haciendo que volviera a gritar.

—¡Ordena que cesen los ataques!

Elena rió entrecortadamente, escupiendo la sangre que había en su boca.

—Lo siento, pero si yo pierdo…—empezó a golpear su espalda contra la pared con fuerza, hasta que el sonido de un "beed" se escuchó. Sonrió con rigidez—. Ustedes pierden su vida también…

El piso comenzó a temblar y un ruido ensordecedor atacó los oídos de todos haciéndoles gritar por el dolor.

—¡Y se cierra el telón con la muerte de todos!

x—

En la cubierta los guardianes aún seguían luchando con los subordinados, que parecían multiplicarse al momento en que mataban a uno. El otro barco de repente empezó a chillar de una forma descomunal, anormal, horrenda, haciendo que todos los presentes se taparan los oídos.

—¡¿Qué…?! —gritó Tsuna tapándose los oídos.

—¡Vamos a quedar sordos! —dijo Ryohei derrumbándose en el suelo.

—¡¿Qué es este ruido!? —alzó la voz Squalo, empezando a sentir la inmovilidad en su cuerpo.

Yamamoto, Gokudera que se había unido a la lucha una vez de sacar a todas las víctimas del barco y, Chrome también sintieron su cuerpo paralizarse. Al igual que todos los subordinados restantes.

—V-van a autodestruirse con nosotros —jadeó Yamamoto.

—¡¿Tan desesperados están?! —articuló Gokudera.

Una cortina de humo apareció intentando disipar el ruido, pero sólo lo minimizó ya que aún seguían paralizados. De la neblina aparecieron dos figuras; Byakuran y Mukuro.

—¡Byakuran! ¡Mukuro —nombró aliviado el jefe de Vongola.

—Tsunayoshi-kun, necesitamos tu punto cero avanzado —anunció Byakuran manteniéndose a duras en el hombro de Mukuro—. El otro barco es una bomba completa y, con ese sonido el tiempo se ha adelantado.

—¡¿Qué!? —gritaron todos.

—Quieren hundirnos a todos. —Verificó Mukuro, ayudando a mantener en pies al albino—. Byakuran intervino la señal del subsuelo del barco, detonando la mayoría de las bombas. Pero todo el barco es una bomba en sí, y cuando se activó al momento, recibió directamente el chirrido.

—¡Juudaime, congele el barco para que se detenga la bomba! —se dirigió Gokudera aun tapándose los oídos—. ¿Cuánto tiempo falta para que estalle la bomba?

—Un minuto —respondieron en unísono Byakuran y Mukuro. Tsuna se levantó con esfuerzo y entendió la situación.

—Lo entiendo. —Su flama ardió con más tenacidad, alumbrando de manera gloriosa los dos barcos. Se disparó a los cielos posicionándose sobre el barco mayor, tomando la posición de manos que requería la técnica, haciendo que su flama fuese cada vez más inestable. Creciendo, decreciendo, manteniéndose en un ciclo fijo mientras la llama alcanzaba el cero absoluto. Descendió su vuelo hasta la proa del barco tocándolo con sus guantes aun llama.

—Punto cero avanzado: Primera Edición —su palma rozó la superficie del barco, de donde un hielo empezó a consumir todo el barco de una manera inverosímil. El hielo se propagó de forma inmediata congelando en un pestañear, todo el barco.

Pero no el suficiente para que la bomba estallara. Una luz cegadora se apodero del barco simulando la luz solar directa, cegándolos a todos. La bomba estalló y en ese momento nadie supo quién era.

Continuará.


Aclaraciones: Elena era ese hijo que había hablado Tobías, sólo que la versión de que era "sobrino" y todo eso era solo una farsa para hacer creer a Kyoya y a todos que el culpable era Steve. Quien es finamente un verdadero Cavallone. Para cualquier duda, saben que pueden preguntar.

–Anarella tomó la forma de Shamall con el prototipo y fue ella la que dijo que era "Elena" la que estaba tras la ilusion, para fingir su muerte.

–Y cuando Elena dice "Me reí a tus espaldas y no me escuchaste" recordemos que eso lo dijo Kyoya en la comisaria. Es decir, que era Elena portando la apariencia de Ana, porque Anarella está encerrada en la mansion Scalenetti.

¡Hasta la próxima actualización!