Inuyasha y sus personajes no son de mi propiedad, son de la grandiosa Rumiko T.

Notas:

"Lo que esta entre comillas" son pensamientos.

—Lo que esta entre guiones son diálogos—

Lo demás son narraciones mías.

Las grises nubes del cielo indicaban que se aproximaba una tormenta, eran los primeros días del invierno.

En la época actual, la familia de Kagome se preguntaba ¿Por qué ella no había regresado aun? La salida a sus vacaciones estaba cerca y esperaban con paciencia el regreso de la joven, pues imaginaban que Inuyasha había hecho de todo para no permitirle regresar a casa o estaban viajando aun.

Varios días después Kouga se unió a la búsqueda, en cuanto detecto el aroma del equipo de Inuyasha y percibió que el de su amada había sido reemplazado por el de Kikyou, corrió furioso a encontrarse con ellos, sorprendió a Inuyasha con un gran puñetazo en la mandíbula, quedando completamente impresionado cuando el híbrido ni siquiera hizo nada por defenderse. Nadie decía nada, ante aquel mutismo Kouga sintió como si su sangre cayera a gran velocidad desde su cabeza hasta los pies, síntoma de un mal presentimiento.

Fue Sango quien narró afligida todo lo acontecido en los últimos días y la necesidad que tenían de encontrarla a tiempo. El príncipe lobo escuchó atento, tomó la mochila amarilla de la sacerdotisa y la dio a oler a sus lobos con la esperanza de encontrarla rápido.

— ¡Ten por seguro perro sarnoso, de que si yo la encuentro, jamás permitiré que la vuelvas a ver! —Amenazó.

— ¡Eso sólo lo decidirá ella! —Inuyasha contestó de la misma manera.

Kouga se tranquilizó y con la mano hizo una señal a sus lobos, los cuales comenzaron a correr en busca de algún rastro.

Naraku seguía observándolos, aunque no obtenía aun los resultados esperados, pues Kikyou había logrado controlar eficientemente sus emociones.

— ¿Cuándo piensas traer a Kagome, Naraku? —Kagura no podía entender las razones por las cuales Naraku no había aprovechado la situación de la joven.

Él no contestó, una sonrisa malévola adornó su rostro, pues el retorcido corazón de Naraku disfrutaba del sufrimiento de sus enemigos, aun después de que su plan original tuvo una falla, si todo seguía marchando como hasta ahora, la confusión del corazón de Kagome sería la mejor manera de hacer sufrir a Inuyasha y de darle a su preciosa perla el tan anhelado resplandor oscuro.

Kagome había intentado por todos los medios posibles evitar entablar conversación alguna con el mercenario, pero Bankotsu lo hacía realmente difícil, pues era un chico que no cualquiera podía ignorar.

Bankotsu siempre era el primero en despertar y al escuchar la respiración relajada de la joven sabía que ella aun estaba dormida, que seguía allí a su lado; pero no podía aguantar la tentación de hacerla rabiar por las mañanas, así que con cuidado y con lentitud caminaba hasta donde ella estaba y la despertaba picándole las costillas con la punta del pie.

— ¡Souta, deja de molestar! —Gritó aun dormida —sabes que odio las cosquillas— cubrió completamente su rostro con las mantas.

—Despierta perezosa— La llamó el mercenario, sus labios se curvaron para dibujar una sonrisa traviesa, le encantaba escuchar los balbuceos de la sacerdotisa, pues de vez en cuando decía cosas demasiado incoherentes para él como: "Deja de joder, estamos de vacaciones" u "otros cinco minutitos más mamá, las clases comienzan a las siete" "Déjame dormir, temprano tendré examen de matemáticas" y así fue que se dio cuenta que esas dichosas clases eran realmente importantes para ella.

—Kagome—La llamó de nuevo— ¡Son las siete, llegarás tarde a clases!—era su broma preferida, ya que en más de una ocasión hizo que Kagome se levantará desesperada y corriera como loca por la cabaña preguntando por su uniforme, hasta que se daba cuenta que ni siquiera estaba en su casa.

—Un momento…ni siquiera estamos en clases ¡Ban…kot…su! —gritó molesta, en especial al ver la cara del mercenario y al escuchar sus carcajadas.

—Debiste ver tu cara—continuo riendo.

— ¡Eres un tonto! No sabes el susto que me has…un momento ¿Has dicho que debí ver mi cara? —Kagome observó con cuidado al moreno, se acercó a él y pasó su mano varias veces frente al rostro del muchacho para examinarlo.

—Eso dije—agarró la mano de Kagome, haciendo que ella parara de moverla.

— ¿Desde cuándo? —frunció el ceño.

Bankotsu encogió los hombros—Un par de días—

— ¿Por qué no me lo habías dicho? —Kagome levantó la voz,

Bankotsu paró de reír—Lo hice, pero estabas tan ocupada gritándome ¡Bankotsu, eres un idiota insufrible! —imitó la voz de la sacerdotisa. —Ya se me hacía extraño que te desvistieras delante de mí, aun sabiendo que ya puedo ver—

— ¡Ay, no! —Exclamó Kagome al mismo tiempo que cubría su enrojecido rostro — ¡Ay, no! — ya que siempre se cambiaba de ropa dentro de la cabaña, sin importar que él estuviera presente, pues suponía que el mercenario aun no recuperaba la vista.

Bankotsu miró con sorpresa la reacción de la chica, era demasiado pudorosa, mucho más de lo que se había imaginado. Se acercó hasta ella y con suavidad trató de retirar las pequeñas manos que cubrían el enrojecido rostro de la sacerdotisa.

Cuando Kagome sintió como el mercenario tocaba sus manos, un escalofrío recorrió su espalda e inesperadamente corrió fuera de la cabaña, corrió como nunca antes lo había hecho, como si sus pies tuvieran vida propia, se desplazó mucho más rápido que cuando era perseguida por algún youkai.

La curiosidad del mercenario se vio incrementada al ver como la sacerdotisa huía, preguntándose que debería hacer ante estos casos y pensó que lo mejor era esperar, aunque era lo que él más odiaba, esperar.

Bankotsu estaba aburrido dentro de aquella casucha, maldiciendo en todo momento a Naraku por dejarlo abandonado en quien sabe donde con esa niña caprichosa, sugiriéndole maliciosamente que se divirtiera con ella y por lo que pudo ver en la mirada del híbrido entendía perfectamente a que se refería, más no entendía para qué quería que lo hiciera. Dejando esas preguntas a un lado, el moreno salió por algo de leña y después fue por comida, los peces era lo único que no había escaseado en su menú, aunque siendo honestos, ya estaba harto de comer siempre lo mismo, deseaba por lo menos un sorbo de sake, así que fue a investigar a las cabañas abandonadas, con un poco de suerte encontraría alguna botella intacta, y lo hizo; entró a una de las cabañas y encontró un pequeña botella tirada en el suelo, la destapó y al percibir el fuerte olor del líquido sonrió triunfal.

—Al menos una sobrevivió—

Kagome detuvo sus pasos y se dio cuenta que ya se había alejado demasiado de la cabaña y que de nueva cuenta se encontraba en el lugar en donde habían matado a aquel demonio. Miró con detenimiento todo aquel lugar, los árboles sin frutos ni hojas le indicaban que el invierno ya había llegado, de repente el sol se reflejó en un objeto brillante, era la alabarda del mercenario, Banryu. Caminó sin ganas hasta ella, se sentó a un costado y abrazó sus rodillas, ocultando su rostro en estas.

Sin darse cuenta habían pasado ya varias horas desde que había salido de la cabaña, divagó en sus pensamientos y el hambre ni siquiera la sintió ya que estaba pensando en que hacer y lo que debió haber hecho. Reconoció, aunque demasiado tarde, en que debió haber escuchado la súplica de su madre.

— ¡Ay, no! Si no llego a casa en dos días, mamá se irá sin mí de vacaciones—musitó, ella había salido de casa con la promesa de volver a tiempo, ya que su madre le había pedido que esta vez no regresara a la época feudal, que sólo serían tres días de vacaciones ya que hacía años que no salían y lo que más deseaba ella era pasar tiempo juntos, como familia, pero Kagome no podía fallarle al equipo por ir a descansar y de nuevo regresó al lado de Inuyasha.

—Inuyasha—suspiró—espero que estés bien y no me odies por estar aquí con él, esta vez no es mi culpa—

Kagome cerró los ojos intentando pensar en las bellas orbes doradas del hanyou, con la punta de los dedos recorrió sus rosados labios recordando la calidez del beso de Inuyasha, pero esos recuerdos fueron reemplazados abruptamente por los de cierto moreno de ojos azules y larga trenza, tan sólo el volver a pensar en sus besos y sus atrevidas caricias le provocaba un intenso cosquilleo en su estomago, nuevamente la sangre se agolpaba en sus mejillas y los suspiros escaparon violentamente de su boca, enrojeció aun más al detectar que el dueño de aquellas sensaciones se acercaba, era ya demasiado tarde para correr de nuevo, él ya la había visto.

Lo miró acercarse con parsimonia y despreocupación, típico de aquel joven, observó con calma las facciones del muchacho, deteniendo su mirada sobre sus labios, sacudió su cabeza de manera negativa, intentando alejar esas locas ideas de ella.

—"No, yo amo a Inuyasha, yo lo amo" —pensó convencida de ello, aunque días antes ella había llorado por el muchacho al recordar sus azules ojos sin vida. —"¿O no?" —

—Oye—Bankotsu la llamó.

Kagome no supo en que momento él había llegado hasta donde ella estaba, lo miró nuevamente a los ojos, brillaban llenos de vida, lo cual hizo que ella casi llorara de nuevo, pero esta vez de alegría.

—Oye miko, pregunté qué si estabas bien—dijo al no obtener respuesta alguna.

Ella lo miró de nuevo y limpió sus ojos con la palma de su mano.

—Sí—fue todo lo que pudo decir.

— ¿Has estado todo este tiempo aquí? —

Kagome asintió y él esbozó una sonrisa de medio lado.

—No me digas ¿Acaso cuidabas de mi Banryu? —Kagome frunció molesta el ceño—mph, que considerada eres—dijo con sorna—vamos, regresemos, ya está oscureciendo, además una tormenta se acerca—Él tomó a Banryu del suelo y comenzó a caminar, deteniéndose al percatarse de que ella aun seguía sentada— ¿Qué esperas? —

Ella se levantó y caminó junto a él, ambos iban en silencio hasta llegar a la cabaña, sin percatarse que en lo alto, una avecilla volaba y sobre esta iba una pequeña pulga demonio, que los observaba con asombro.

— ¿Lo puedes creer mi viejo amigo? Años pasando por este mismo lugar y es la primera vez que veo esta isla—Myouga observaba el desolado lugar, una aldea completamente destruida y sin señales de vida, pero al pasar por el pequeño claro se sorprendió al ver a dos personas caminando.

—Deben ser los únicos sobrevivientes—pero algo llamó su atención, dos aromas muy conocidos para él.

— ¿Kagome-sama? —se preguntó incrédulo, era imposible que ella estuviera allí sin su amo y peor aun, con el hombre que Inuyasha había derrotado en el monte Hakurei y que tanto había hecho sufrir al hanyou hasta el grado de hacerlo llorar, entonces ¿Por qué ella estaba con el que alguna vez intentó asesinarlos? ¿Qué acaso ella no estaba enamorada de su joven amo?

—No, es muy pronto para deducir que ella esta con él por su cuenta. El amo debe enterarse de que ella esta aquí, debemos avisarle rápido, así que vuela joven amigo—le dijo al negro tordillo— ¡vuela como nunca antes lo habías hecho!—y este obedeció agitando más fuerte sus alas.

Ambos entraron a la cabaña, los negros nubarrones anunciaban la pronta llegada del aguacero.

—Preparé algo de comer, imagino que no has comido nada— Bankotsu se acercó hasta donde había dejado la comida de la chica y se la entregó —estoy aburrido del pescado, espero que no te desagrade comerte una gaviota—

Kagome sonrió.

—Gracias—

Bankotsu se retiró un poco mientras ella comía, agregó otro pedazo de leña al fuego y se sentó frente a este, en silencio observó con cuidado su alabarda, rogando en su interior que la sangre de aquel demonio no dejara huella en su preciada arma.

Kagome observaba cada gesto que el mercenario hacía, parecía disgustado, miraba el esmero que el muchacho ponía para limpiar su alabarda y su sonrisa llena de satisfacción al lograr quitar aquella mancha en la hoja de su arma, ella se preguntó ¿Por qué los hombres solían poner tanta dedicación en el cuidado de esas cosas? Después de todo eran sólo objetos.

— ¿Sabes por qué Naraku me envió aquí? —Ella preguntó, dejando a un lado el plato vacio.

—No—Él continuó limpiando a Banryu.

— ¿Por qué te envió a ti? —

—Para cuidarte—

— ¿Por qué? —

—Ya te lo dije, te necesita viva—Colocó la alabarda sobre la pared de madera.

—Pero ¿Por qué? —

—No lo sé—encogió los hombros.

— ¿Por qué no ha enviado entonces por nosotros? Digo, si es que me necesita viva—

—Yo que sé—contestó fastidiado.

Sin darse cuenta, ambos chicos se habían estado aproximando poco a poco el uno al otro.

— ¿Va a matarme? —

—No lo sé—

— ¿Tú lo harás? —

—Sí—

Kagome se tensó ante la respuesta y escudriño en los ojos del muchacho para ver que tan cierto era lo que acababa de revelarle.

Él pudo notar el miedo y la desilusión en la mirada de la sacerdotisa.

—Lo haré si sigues preguntando—

—Oh—fue todo lo que ella pudo contestar, abrazó sus rodillas y miró el fuego como si algo interesante se encontrara en este.

Bankotsu descubrió lo cerca que estaban, miró hacía su costado y Banryu estaba a un metro de él, no supo en que momento se fue recorriendo hasta llegar a ella, pues era totalmente imposible que la alabarda se moviera y lo mismo sucedió con el plato vacio de Kagome ¿Cómo pudo pasar? Si ambos seguían sentados, pero no en el mismo lugar.

—Es extraño—susurró y ella volteó a mirarlo con curiosidad.

— ¿Mm? ¿Qué es extraño? —lo observó directo a los ojos, perdiéndose por un breve instante en el rojizo reflejo del fuego en ellos.

—Sucede que yo estaba…—No pudo terminar, pues sintió un golpe en su boca cuando la joven miko se abalanzó sobre su cuello y le dio un brusco roce con sus labios— ¡wow! miko—la alejó apoyando ambas manos sobre los delicados hombros de la chica. Estaba completamente sorprendido por lo que la sacerdotisa acababa de hacer.

— ¡Lo siento! —exclamó apenada y se puso de pie alejándose de él.

—Ya habíamos pasado por esto antes—

—En serio… lo siento yo…—no supo que más decirle para excusarse y de nuevo no encontró otra forma de enfrentarlo más que salir huyendo… otra vez.

Bankotsu no supo como reaccionar, no sabía que debía hacer, pero sin pensarlo, él también se levantó y salió corriendo detrás de ella, estaba molesto cuando se descubrió persiguiéndola, como si fueran un par de niños ¡Ninguno de los dos tenían ya diez años!

Ella sabía que él la seguía, sentía vergüenza, no entendía por qué lo había besado, ahora sí pensaría que era una mujer fácil. Deseaba esconderse, deseaba que la tierra se abriera y se la tragara, pero en lugar de eso, sólo vio un frondoso árbol al cual trepar para esconderse entre sus gruesas ramas y eso fue lo que hizo.

Él la vio subir por el tronco, fastidiado rodó sus ojos ¿Acaso ella pensaba que él era un idiota para no darse cuenta de su ubicación? No, no era eso.

—Miko, baja ya y deja de portarte como una niña—

— ¡Soy una niña! —

—Eso ya lo estoy viendo, pero si no bajas de allí tumbaré el árbol—amenazó divertido.

— ¡No te atrevas! —gritó molesta.

—Esta bien, quédate allí, una fuerte tormenta se acerca y los rayos siempre caen en los árboles—

— ¡No me importa! Cualquier cosa es mejor que estar contigo—

— ¡No entiendo cuál es tu maldito problema! Ya estoy harto de tu estúpido jueguito, si lo que querías era besarme, por lo menos me hubieras avisado para no tomarme por sorpresa—dijo burlón. —Además, creí que ya te había enseñado a hacerlo—

Kagome enrojeció.

—No fue un beso, ni siquiera me apetece besarte—dijo llena de orgullo, trataba de negarlo.

—Tienes razón, eso no fue un beso, fue un golpe—dijo con sorna y una sonrisa triunfal se dibujo en su rostro al escuchar como la sacerdotisa agarraba aire para responderle, sin embargo para eso ella no tenía respuesta.

Kagome bufó molesta por el comentario, cómo deseaba tirarle una piedra en la cara para borrarle la estúpida sonrisa, sin embargo, a su alcance no había ninguna, pero si sus zapatos.

Bankotsu esquivó hábilmente el primer zapatazo, pero el segundo no lo esperaba y este le golpeó en el hombro.

— ¡Ya me cansé! —rugió molesto por el golpe, y cuando las primeras gotas de la tormenta cayeron sobre su rostro subió decidido a darle una buena lección a esa niña malcriada.

— ¡Aléjate! —ordenó ella y trató de subir aun más.

Pero Bankotsu era demasiado rápido, mucho más que ella y la agarró del tobillo, la atrajo hacia él, la agarró con fuerza echándola sobre su hombro.

— ¡Suéltame! ¡Odioso! —golpeaba con los puños la espalda del mercenario.

— ¡Ya me aburriste! —Saltó del árbol y sólo pudo escuchar como el aire escapaba de la boca de la miko al golpearse el estómago con el hombro de Bankotsu. —Así me gusta—y sin importarle que Kagome estuviera pataleando comenzó a caminar.

La lluvia caía cada vez más fuerte, Bankotsu en verdad estaba molesto, no sólo tenía que mojarse, sino que también tenía que llevarla a ella en sus hombros, temía que si la dejaba en el suelo ella echaría a correr de nuevo; el cabello húmedo de su flequillo se pegaba a su rostro y las gotas que resbalaban por su frente entraban a sus ojos, de vez en cuando los frotaba con su mano para retirar el agua y así poder ver mejor por donde caminaba.

Kagome no paró de gritar durante varios minutos, estaba molesta con él por haberla rechazado, se sentía herida en su orgullo e internamente se regañaba a si misma por sus impulsos, no había duda para ella, Bankotsu sólo la había besado por molestar a Inuyasha, se sentía como una tonta por haber sido tan ilusa al pensar que era por ella, aun cuando él ya se lo había hecho saber la primera vez que lo vio, pero en su segundo encuentro él había sido tan diferente, él le había dicho que la buscaba porque quería estar con ella.

Al entrar a la cabaña Bankotsu dejó caer a Kagome al piso, esta sólo se quejó y se levantó enardecida.

—No entiendo cuál es tu problema ¡En verdad no te entiendo! —Bankotsu alzó la voz y la miró con el ceño fruncido.

— ¡Eres tú! —

— ¿Yo? ¡Yo no te hice nada como para que actuaras de esa manera, no te entiendo!—

—No me importa, ya no quiero hablar contigo—Se cruzó de brazos y volteó hacia otro lado.

—En verdad te comportas como una niña— Movió la cabeza a manera de negación, se estaba dando por vencido.

—Ya te lo dije soy una…niña—

— ¡Sabes a lo que me refiero! eres demasiado infantil y ya me estoy hartando—

— ¿Y qué harás? ¿Matarme? No lo creo, Naraku me necesita viva—Kagome puso sus manos sobre la cintura.

—Tks, como digas, pero yo ya me cansé de discutir contigo—y comenzó a quitarse la parte superior de su ropa quedando en pantalón, el cual estaba lleno de lodo, luego colocó su yukata junto al fuego, en verdad no quería seguir con esta discusión que no lo llevaba a ningún lado, lo mejor sería ignorarla y dormir tranquilo, sabía que ella no podría salir de la isla.

Kagome rodó los ojos molesta y se volteó hacia otro lado ¿Acaso le daba igual desnudarse delante de ella? Ó ¿Tenía complejo de exhibicionista?

—Te odio—musitó ella.

— ¿Por qué? —Ella no contestó. —Es porque no correspondí a tu… "beso" ni siquiera me diste tiempo —contestó burlón mientras se cubría con una de las mantas, ya que el frío comenzaba a calarle. —Si me odias tanto entonces ¿Por qué me besaste? Inuyasha no se encuentra aquí para hacerte una escenita de celos—mencionó con ironía.

—No, yo te bese porque…me das lástima—dijo tajante, ella intentaba herirlo en su orgullo, tal como él lo había hecho, pues sabía que el moreno era demasiado vanidoso.

Bankotsu dejó caer su manta al piso, la miró fijamente a los ojos y caminó despacio hacia ella, Kagome se mantuvo en su lugar y lo desafió con la mirada, esta vez no huiría, no le demostraría ni un poco de miedo, pero cuando él levantó su mano y la dirigió hacia su mejilla, ella cerró los ojos instintivamente en ese justo momento.

El guerrero maldijo una y mil veces a Renkotsu por haberlo desafiado, su hermano lo conocía muy bien, era demasiado inteligente y sabía de sobra que su líder jamás dejaría pasar un reto de tal magnitud, pues su orgullo de macho estaba en juego y por su culpa no tomó a la sacerdotisa cuando tuvo la oportunidad en el monte Hakurei, sino, hubiera sido como siempre, la hubiera hecho suya a la fuerza, la hubiera dejado y por último…por último lo que ella hubiera hecho no era su problema, en cambio quiso jugar el estúpido juego de seducción y ella aun seguía viva, él seguía vivo y atrapado en una isla.

— ¿En serio eso es lo que sientes por mi? ¿Sólo…lástima? —Su tono de voz era suave, tranquilo y un tanto indignado, pero estaba decidido a hacer que la joven miko se retractara de lo que le acababa de decir.

Ella abrió sus ojos y de nuevo se perdió en el reflejo de sus pícaros ojos azules, los cuales se veían en ese instante un poco afligidos.

—Yo…no…—sólo balbuceó al sentir como su áspera mano la tomaba del mentón.

—Eso creí—Sonrió seductor.

—No seas tan engreí…—Él la silenció al colocar delicadamente sus dedos sobre los labios de Kagome, la observó por unos segundos, los ojos de la miko estaban demasiado abiertos por la sorpresa y ese suave sonrojo la hacía ver tan dulce y delicada.

—Creo que sé porque estas tan tensa—Sonrió seductoramente y reafirmó su agarré en el mentón de Kagome, obligándola a acercarse más a él. Ella estuvo a punto de decirle que estaba equivocado, pero él la calló con un beso un poco forzado y brusco.

Ella intentó empujarlo, pero él la tomó de la cintura con una mano y la apegó más a su cuerpo y con la otra mano la sujetó de la nuca para que no huyera de nuevo.

La besó con desesperación, con ansias de más, pues el dulce sabor de los labios de la sacerdotisa era embriagador para él.

Kagome le golpeó varias veces en el pecho para que la soltara, pero dejó de resistirse ante los besos del moreno; su pecho subía y bajaba con violencia en cada respiro que daba, pronto sus manos viajaron alrededor de la espalda desnuda del muchacho, disfrutando la calidez de su piel.

Bankotsu dejó de juguetear con los labios de la sacerdotisa y se acercó al oído de la miko para susurrarle.

—Tu ropa—dijo él al llevar sus manos hacia el improvisado obi de la joven sacerdotisa.

Kagome supo de inmediato lo que Bankotsu quería hacer y rápidamente sujeto la mano del mercenario, pero él se acercó completamente a la sacerdotisa y con la punta de su nariz comenzó a recorrer con delicadeza el pálido cuello de Kagome, aspirando profundamente el suave aroma, deleitándose con su tersa y juvenil piel, ella, débil y temblorosa fue dejando libre la fría extremidad del muchacho, permitiéndole continuar. Para la gran satisfacción del mercenario, un pequeño y casi inaudible gemido se escuchó salir de los rosados labios de la miko.

—Esta empapada—dijo con suavidad y retiró por completo el obi dejándolo caer al suelo, la yukata siguió el mismo camino que el cintillo. Él se alejó de ella un par de pasos y la observó con detenimiento, despacio, grabándola en su mente, mientras ella cubría su pecho con los brazos.

—"Por favor para, deja de mirarme se esa manera ¡Para!"—Suplicaba en su mente, pues Kagome se sentía apenada, era la primera vez que permitía que alguien observara su cuerpo semidesnudo.

Bankotsu apretó con fuerza sus parpados, él deseaba que le dejara tocarla, acariciarla, sentirla, pero en lugar de hacer lo que en ese momento quería, retrocedió hasta donde estaba el futon y tomó una de las mantas, regresó a paso lento, sin dejar de mirarla la cubrió con la manta y la abrazó con fuerza, acercándola cada vez más a su cuerpo.

—No quiero que enfermes—Le susurró al oído.

Kagome se sonrojó aun más, una agradable sensación recorría su cuerpo a gran velocidad, al igual que aquel travieso cosquilleo en su estomago ¿Por qué no podía rechazarlo? ¿Desde cuándo él tenía ese tipo de control sobre su cuerpo, sobre ella? Tanto como para obligarla a robarle un beso al guerrero, tanto que en ese momento no podía articular una sola frase coherente… ah sí, desde que le permitió besarla la primera vez…y la segunda y la tercera.

Bankotsu escondió su cara entre el cuello y el castaño cabello de la sacerdotisa, no podía alejarse de ella, estaba tan unido a su cuerpo que podía sentir el palpitar alocado del corazón de la muchacha.

La joven sacerdotisa no quería sentir que traicionaba a su equipo o que rompía su promesa a Inuyasha, pensó en gritarle que se alejara, pero una sola palabra escapó de su boca como un suave suspiró…

—Bankotsu—y lo abrazó, recargó su mejilla sobre el varonil pecho de Bankotsu, con la punta de sus dedos recorrió despacio la fuerte y desnuda espalda del mercenario, olvidándose por completo de Inuyasha y de la promesa que le había hecho.

Continuará…

Hola chicas!

Aquí les escribe de nuevo la aparecida, jejeje, créanme que no era mi intención tardar tanto, pero estaba algo ocupadilla y cuando llegaba a mi casa en lo único en lo que pensaba era en dormir y en los fines de semana me la paso también fuera de mi casa, pero aquí estoy de nuevo y quiero agradecerles a todas las que me escribieron sus comentarios, les mando un besote y ellas son:

Tentacion Prohibida, Inuyany, Natsuki Hikari, AllySan, princserekou, Sele-TheBest, Hitomi, Marizabel, Jazmin56, Camila Fanel, Naty72

Pero sobretodo...Gracias AllySan.