Estaba de más decir que era totalmente enfermizo estar masturbándose con la imagen de alguien casi cuatro años menor a él, de su mismo sexo, que estaba en la habitación de al lado haciendo un trabajo para la escuela.
Lo peor de todo era que, aún sabiendo ésto, no quería detenerse. Podría, si quisiera, tomarse una ducha fría y terminar con todo eso, pero para llegar al baño tendría que pasar por donde estaba Ciel, y esa no era una opción.
Además, Alois lo conocía, y probablemente supiera lo que pasaba e hiciera algún comentario desagradable que incomodara al otro.
Y como para no incomodarse...
Suspiró y detuvo su mano ahí, pero no la sacó. Simplemente la dejó estar. Se veía terriblemente patético. Apoyó la cabeza hacia atrás contra la pared, y cerró los ojos.
Trató de imaginarse otra cosa.
No podía pensar en el menor de esa forma. Se sentía sucio. No era como si no lo fuera, o como si le causara repulsión pensar en acostarse con un hombre, porque ya lo había hecho, varias veces -sin contar a Alois, porque él no contaba como hombre para Sebastian- y no le había molestado para nada.
Tampoco era como si fuera gay. Le atraían los hombres al igual que le atraían las mujeres. En especial las rubias. Tenía un gusto más o menos común, pero sólo para el sexo.
Nunca se había enamorado de verdad, ni había "hecho el amor" con nadie, como decían por ahí. Antes le parecía algo ridículo eso de que hacer el amor y tener sexo eran dos cosas distintas, pero ahora mismo no era tan rara la idea. Más o menos tenía sentido.
Sacó la mano de sus bóxers y se sentó en su cama. Por lo menos ahí estaba un poco mas cómodo...y alejado de la otra habitación.
Respiró hondo, intentando calmarse un poco. ¿Se supone que esas cosas eran normales para su edad?
Miró sus bóxers color negro, y tiró un poco del elástico. Lo soltó, y suspiró. Tenía las manos pegajosas y estaba excitado. No podía dejar de pensar en la presencia del otro en la habitación de al lado.
Pero bueno. Nada podía pasar. Después de todo, la puerta tenía traba y estaban haciendo un trabajo de geografía. Además, no tenían nada que hacer en su cuarto. No había problema alguno.
Volvió a deslizar la mano dentro de su ropa interior. Estaba húmedo, y la erección le hacía doler. Sin mencionar la ropa interior que le ajustaba bastante e incrementaba la presión allí...
¿Realmente estaba tan caliente sólo de pensar en él?
Pasó los dedos por la punta del miembro, aprovechando la facilidad con la que su mano podía pasar por allí por la humedad, y sintió un cosquilleo en el vientre, sumado por un calor abrasante en la nuca.
Mirando hacia el techo, comenzó a deslizar su mano de arriba hacia abajo en un ritmo normal. No tenía apuro alguno, pero tampoco iba a pasarse seis horas tocándose mientras los otros siguieran allí. Miró de reojo la puerta por un segundo. Aún cuando supiera que estaba cerrada, tenía una sensación extraña en la boca del estómago.
Y pensar que el otro estaba a solo una puerta de distancia.
Comenzó a mover su mano más rápido, acelerando su ritmo, obligándolo a morderse el labio inferior para no provocar ningún ruido desagradable que pueda ser escuchado del otro lado. Su vista estaba posada en la puerta, y no sabía por qué, pero no podía quitarla.
Chasqueó la lengua y, quitando la mano de sus bóxers, los bajó hasta la mitad de sus muslos para facilitarse la acción.
Sintió una pequeña corriente eléctrica en su espalda al sentir su miembro mas libre. El alivio lo hizo suspirar, y volvió a rodear su pene con su mano derecha. Sus largos dedos lo rodeaban a la perfección, pero sus uñas dolían un poco al apretarse.
Tal vez no debía dejarlas crecer tanto...
Sonrió levemente. Se estaba masturbando pensando en Ciel y se ponía a mirar sus uñas.
Gay.
Frunció el ceño y volvió a mover la mano de arriba hacia abajo, esta vez sin detenerse, en un ritmo veloz.
Acariciaba la punta del miembro de vez en cuando, con la palma abierta, en círculos, y eso le hacía tensar la espalda.
Comenzó a notar cada vez más calor, y tuvo que apretar los dientes, porque si se mordía el labio, probablemente dejaría marca.
Echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldo de la cama y cerrando los ojos. Comenzó a mover su mano más rápido, casi a un ritmo frenético, sintiendo como su muñeca comenzaba a cansarse, pero no tenía intenciones de detenerse. Sintió el espasmo recorrerlo entero, un ligero temblor, y todo su cuerpo se contrajo al correrse. Quizo poner su mano para detenerlo y no enchastrar todo, pero no pudo evitar algunas gotas de semen que cayeron sobre su ropa interior. Su mano estaba sucia y pegajosa, y jadeó. Intentó hacer el menor ruido posible.
Se quedó quieto por un momento, sin siquiera mover su mano. Ahora estaba algo cansado, y frunció el ceño con algo de asco al ver su mano. Se subió los bóxers. Aunque lo deseara, no podía quedarse allí.
Se levantó, muy a su pesar, y buscó en su mochila unos pañuelos. Se limpió lo mejor que pudo las manos, y dejó el papelito en el tacho. Se quitó la ropa interior y la reemplazó por un nuevo par, esta vez rosados.
Ugh. Solían ser blancos, pero un pequeño error "accidental" que tuvo Alois con la lavadora hizo que terminaran de un color rosa pálido.
Se estiró un poco. Probablemente ahora dormiría y-
Oyó el chirrido de la puerta abriéndose, y se le erizó el cabello de la nuca.
—¡Sebby!
"De todas las perras con las que me acosté, él es la mayor" fue lo primero que cruzó por la cabeza de Sebastian.
Encima de entrar a su cuarto -estaba tan seguro de que había cerrado la puerta, que lo que más le frustraba era que se había equivocado- había entrado con Ciel.
¡Con Ciel!
Carraspeó, mirando directamente al rubio.
—¿No te enseñaron a tocar la puerta?
—¿Estabas haciendo cositas, Sebby?—contestó el otro, y le sonrió lanzándole una risa divertida y con un tono bastante agudo.
Si.
—Estás enfermo.
Ciel se quedó de piedra. Oh, eso definitivamente tenía que ser una broma.
Tenía razón.
Y mierda que la tenía...
Sebastian tenía un cuerpo para morirse. Y abdominales bien marcados. Y brazos musculosos, y...
¡Basta, Ciel, detente!
Se obligó a si mismo a mirar las paredes de la habitación. Si el mayor lo encontraba mirándole -y es que estaba con unos bóxers muy...- sería bastante vergonzoso, y gay. Y hasta ahora había hecho un gran trabajo ocultando su sexualidad a todo el mundo. Excepto con Alois, por supuesto, pero él era un caso muy especial, y probablemente era el doble de homosexual que él, así que realmente no importaba.
Pero si Sebastian se enteraba...
Le tendría asco.
"Eso sería desagradable" había dicho el mayor cuando le había preguntado si estaba con su amigo.
Eso quería decir que tenía la misma oportunidad de acercarse a Sebastian que de ser boxeador.
Volvió a mirar de reojo al moreno.
Maldito Sebastian Michaelis.
Em. Perdón. Eso fue...¿Lemon? ¿Lime? ¿Basura? Ah, eso. Bueno ^^ Cuando tenga que poner sexo en la historia, lo pondré. Estoy lista(? Pero ahora mismo no veo quién puede coger con quién. Sólo quería que notaran la tensión sexua-bueno.
Gracias por leer ^^
