Los personajes de Naruto y DragonBall no me pertenecen, son obra y creación de Kishimoto y Toriyama respectivamente.
¡Hola, hola, gente querida!
Regreso después de una larga ausencia pidiendo disculpas de antemano. No vengo con excusas, la verdad estuve ocupado pero no lo suficiente como para venir a traerles este capítulo tan tarde.
Escribir no es sólo cuestión de tiempo, creo que también de ánimo, y aunque a veces disponía del tiempo, rara vez me encontraba de ánimo. Ojo, no es que estaba deprimido ni mucho menos, pero como muchos sabrán, soy de Venezuela, y las cosas por acá no están nada bien desde hace mucho tiempo, ni hablar de las últimas semanas.
Cada vez que me sentaba con intención de escribir, no tenía cabeza para ello, ni siquiera como medida terapéutica para distraerme o la mierda que fuera, simplemente no pasaba de los primeros párrafos.
Recuerdo que hace años uno escuchaba cosas como "En Cuba comen esto" "En Cuba no se consigue aquello" "En Cuba racionan…" Y uno lo veía como extremismos, exageraciones, o algo que estaba muy lejos de suceder. Pues no, en Venezuela hay una dictadura desde hace años 18 años, hoy día oficializada al resto del mundo con las recientes medidas.
Prácticamente nací, como casi todos los jóvenes de mi país, bajo este régimen totalitario y fascista, es decir, no conozco otra cosa, y me causa mucha vergüenza que tengamos que vivir con hambre y no con la mínima dignidad que ostenta en promedio el resto de nuestros hermanos latinoamericanos. Me avergüenza y entristece el masivo éxodo de venezolanos que tenemos que huir como ratas a otros países en busca de mejores condiciones para vivir, cuando nuestra patria, la misma que hace 200 años libertó a media Sur América, debería ser capaz de ofrecernos la posibilidad de vivir con plenitud y sin miedo, sin la necesidad, por supuesto, de lamer las botas de algún malnacido animal del gobierno. Y me da vergüenza como en pleno siglo XXI, nos parecemos más de lo que deberíamos a la "Rebelión en la Granja" que, con simple pero magnífico ingenio, hace alegoría narrativa de la fracasada y rancia Rusia comunista de la que, a día de hoy, ni rastro debería existir.
Como podrán imaginar, no respondí ningún review, ni siquiera los de usuarios (creo que los primeros que recibí hacer dos meses sí). Lo siento también por eso, trataré de ponerme al día con los que vengan, igual con la historia.
Sólo aclararé algunos puntos que vi como preguntas frecuentes en los mensajes recibidos:
1-Sé que Vegetto base no peleó con Boo en el manga, de hecho su poder sería totalmente especulativo. No obstante, como el anime es el medio más conocido para los lectores, hice una comparación del poder de Goten con Vegetto base para que se hagan una idea de hasta donde puede llegar, igual, para los que no queden satisfechos, tendría pues un poder lo justo para vencer a esa versión de Boo que era aplastado por Vegetto ssj1.
2-El estado místico de Gohan no representa un límite, es sólo el poder oculto que Kaioshin sacó de él. Si Gohan sigue entrenando, puede ir más allá de eso, como de hecho hace Vegeta entrenando con Wiss.
3-He tratado de incluir más política, revelación existencial, etc que en las obras originales (y lo que falta). Más allá de la reunión de los cinco Kages, en Naruto la política es muy simple, en DB ni existe, por lo que no pretendo llegar mucho más allá dado que abandonaría la esencia de ambas series. Lamento si con eso lo decepciono, profesor, pero podría explayarme un poco más en esos puntos cuando escriba una obra propia, cosa que por cierto pretendo hacer desde hace años.
4-La cola de mono no hace más que convertir en Ozaru al saiyajin que ve la luna llena, es todo. Los instintos que ésta despierta en Goten, son sólo tema de humor para este fic, una explicación para permitirme caer en un "excusado OC" con Goten.
Ahora sí, los dejo al fin con el capítulo 10.
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10. Un nuevo entrenamiento
El viaje a Sunagakure tomaba tres días completos. Eso cualquiera lo sabía.
Atravesar el vasto mar de arena del oeste no era poca cosa: temperaturas diurnas que asediaban los 60º centígrados; vientos que quemaban la carne durante la vigilia del sol, pero que helaban la médula junto al ánimo bajo la insomne luna; una atmósfera asfixiante de aire seco que, al inhalarse, no traía consigo más que rasposa arenilla y una caricia abrasadora a los pulmones.
Ni una gota de agua hectáreas a la redonda; ni un triste oasis entre el último arbusto reseco de los bosques del este y la ardiente aldea ninja de la arena. ¡Ni uno! La situación empeoraba cuando el calor desértico hacía transpirar a sus invitados como cerdos, para que, inmediatamente, la perenne brisa evaporara el sudor, y luego el inmisericorde sol arrancaba más agua salada a la piel, repitiéndose el fatídico ciclo de deshidratación hasta dejar como pasas arrugadas a sus sedientas víctimas.
Por suerte nuestros fuertes y valerosos ninjas podían con eso y más. No eran humanos corrientes, y las extremas condiciones que ofrecía el País del Viento se antojaban a un juego para niños más que otra cosa, a una simple sesión de vueltas alrededor del patio de recreo de la academia bajo la supervisión de Iruka, a una clase de arreglos florales para kunoichis entre cinco y seis años de edad, a una…
―¡Naruto, te voy a matar! ―Bufó Ino con grandes y redondos ojos blancos, dientes pelados y cuadrados, puños apretados, persiguiendo al rubio con pesadas piernas que abrían surcos en la arena porque casi no podía con su alma.
Pero Naruto no era la excepción: escapando apenas de los engarrotados dedos de la kunoichi, con la lengua de corbata, se tambaleaba en un pesado vaivén que prometía desmayo dentro de pocos pasos.
―¡Cómo se te pudo olvidar el agua, imbécil! ―Tenía la garganta tan seca, que la fina y femenina voz de Yamanaka parecía una áspera corteza. Se dejó caer de rodillas, obviando el hecho de que podían freírse huevos en la candente arena. Total, entre la arena que se le metía en las sandalias y la que le cubría los pies que se le enterraban en cada paso, ya tenía las plantas en carne viva.
Naruto escapó, pero una sonrisa tonta de labios pálidos y cuarteados fue lo más que pudo esbozar en celebración cuando, para mayúscula consternación de Hinata, caía de bruces, subyugado por un golpe de calor.
Shikamaru tuvo en principio una "brillante" idea: dada la premura de la misión de Tsunade, ordenó que cada quien trajera una determinada cantidad de objetos imprescindibles para todo el equipo. Con vistas de evitar los olvidos que sujetan de la mano al apuro, dividió la carga en pocas pero abundantes cosas.
―Hinata, tú traerás las provisiones. Kiba, encárgate de empacar suficiente armamento. Shino… ―Y así ordenó Shikamaru sucesivamente. Cuando llegó el turno de Naruto, tan sólo le pidió agua y campamento para la noche. El muy idiota cumplió con su parte… empacando agua para una sola persona, ¡y una única tienda de acampar!
Olvidó la parte en que cada quien traía lo de los demás, demasiado apurado y acostumbrado a llevar apenas lo suyo, pues generalmente siempre andaba pidiéndole algo prestado a Sakura.
―Si tengo que pasar una noche más en esa apestosa y diminuta tienda de acampar, juro que te voy a matar, Naruto. ―La ronca voz de Ino ni amenazante resultaba ya.
―Si no llegamos pronto, la tienda será la menor de mis preocupaciones. ―Replicó Shikamaru, jorobado y echando un vistazo a su desanimado equipo.
Kiba ya no cabalgaba sobre el extenuado Akamaru, sino que andaba con el pesado y lánguido ninken a cuestas, como llevando encima una gran capa blanca de piel de oso; Shino estaba empapado de sudor entre tanto abrigo, pero su indumentaria le protegía de la brisa y estaba menos deshidratado que el resto (aunque mucho más oloroso); y Hinata, hace unos días tan blanca como la nieve, parecía un tomate con insolación. No obstante, pese a tanta adversidad, era ella precisamente quien estaba más motivada: primera misión tan larga en la que estaba en compañía de Naruto
Hyūga prefería mantenerse en la reta guardia, para así admirar al rubio todo el camino sin peligro a caer en malentendidos o miradas reprobatorias. Así ni Kiba podría molestarla, el único que sabía su secreto además de Kurenai sensei.
No habían sostenido mayor conversación en lo que llevaban de viaje, aunque a Hinata se le daba mejor el silencio, así que estaba bien. Pero lo más inesperado (y grandioso) ocurrió cuando llegó la primera noche y se enteró que debían compartir la tienda. Entre Kiba e Ino propusieron dejar afuera a Naruto congelándose, o cumpliendo todos los turnos de guardia como castigo, pero tal tentativa no estaba a discusión, pues Shikamaru necesitaba al equipo en óptimas condiciones por si enfrentaban un ataque.
Hinata comenzó a chocar torpemente la punta de sus dedos al recordar aquello, avanzando con sus perlados ojos clavados en la arena, ruborizada en una vergüenza insospechada dada la insolación de su rostro. Después del tiempo suficiente meditándolo, a veces horrorizada por sus sensaciones, otras, de imaginar lo que diría su padre o los ancianos del consejo Hyūga ante tamaña ignominia, llegó a la aceptación de que tal cosa le gustó, y mucho.
Ésa primera noche, Naruto puso su saco de dormir junto al suyo, ni más ni menos. Tan adormilado estaba (venía de su turno de vigilar junto a Shikamaru), que se acostó como un tronco mirando al lado opuesto. Desde allí Hinata no pudo dormir más, rígida como una estatua para no tropezarlo, hiperventilando, casi temblando de nervios, temerosa y, extrañamente, a su vez, muy feliz. Pero la cosa no quedó allí.
A la media hora, Naruto se dio la vuelta, poniendo su rostro a pocos centímetros del suyo, y en medio de su pesado sueño, le pasó un brazo y una pierna por encima, abrazándola como una almohada.
Allí fue que Hyūga entró en pánico, encogida e impotente como una oruga en su saco de dormir. No sabía qué hacer, si gritar, empujarlo, ignorar lo sucedido o qué. Lo cierto es que no pudo hacer nada de eso, aun cuando lo intentó. ¡Obviamente no podía ignorarlo! Pero, ¿y despertarlo? En eso se debatió el resto de lo que le quedó de descanso, antes de que Ino y Shino regresaran de su guardia y le tocara a ella lo propio con Kiba, llegando a la conclusión de que no movió un dedo porque, ni en sus más atrevidas fantasías, concibió que podría tener otra oportunidad así.
Y en silencio, lo que mejor se le daba, prefirió contemplar a su amado Naruto durmiendo mientras la abrazaba.
―Creo que al fin llegamos. ―Señaló Shikamaru con la cabeza, sobresaltando a una abstraída Hinata que se sentía pervertida por pensar esas niñerías.
El grupo estrechó los ojos en lo que parecía una diminuta muralla a la distancia, danzando por la refracción de los rayos del sol.
―¿No será otro espejismo? ―Replicó Kiba, sin ánimos de esperanzarse en vano.
―Si te refieres a otro oasis de ramen como el que vio Naruto hace rato, creo que no. Esto parece real.
La sospecha de Ino fue confirmándose a medida que caminaban y veían que el serpenteante muro no se desvanecía o alejaba, sino que se hacía rígido, nítido, grande, real.
Por suerte los guardias sabían de la venida del grupo, porque entre Kiba y Naruto los atropellaron en estampida, peor de lo que Akamaru se habría comportado siguiendo los instintos propios de su naturaleza. Los dos se zambulleron de cabeza en la primera fuente que encontraron, alimentada por el pozo principal ubicado a poca distancia del sector este. Cuando todos hubieron bebido y descansado lo justo, la hermana del Kazekage llegó a recibirlos.
―Veo que el viaje no les sentó nada bien. ―Sonrió Temari, altiva y burlista. La apariencia de los chicos le generó suma gracia, en especial la de la vanidosa Yamanaka, cubierta de polvo y con la melena rubia alborotada―. Síganme. Gaara los está esperando.
Caminaron con energía renovada a la torre del Kazekage, y cuando ingresaron a su oficina, el pelirrojo los recibió con una pequeña sonrisa: ver a su amigo Naruto siempre le arrancaba la misma expresión.
―Bienvenidos. Estábamos esperándolos.
Con un gesto de su mano, Gaara los invitó a tomar asiento, pero prefirieron mantenerse en pie. Temari se posicionó a la diestra de su hermano menor, pues a la izquierda ya estaba Kankuro.
―Perdone la tardanza, Kazekage-sama, tuvimos algunos contratiempos en el camino.
El pelirrojo alzó una ceja con la disculpa de Shikamaru―. Por favor, pueden llamarme por mi nombre, no es necesaria tanta formalidad.
―No había necesidad de apuro. Recibimos un halcón mensajero con toda la información. ―Dijo Temari con las manos en la cintura―. Tampoco era estrictamente necesario que vinieran en persona. El mensaje fue bastante claro, dudo que tengan que explicar mucho más. A menos que…
―A menos que la información transmitida tenga contenido falso a propósito. ―Interrumpió Shikamaru con una sonrisa astuta―. Tsunade-sama tiene fundados motivos para pensar que algunos halcones podrían haber sido intervenidos, ya sea por Akatsuki o efectivos de Raíz.
―Dirigidos por Danzō. ―Agregó Kankuro con irritación. Qué asco tener a semejante viejo de porquería dentro de tu propia aldea.
―Correcto. También se vio en la necesidad de enviar a otros dos ninjas ante el Daimyō del País del Fuego, para explicar en persona el error del primer mensaje y atemperar los ánimos.
―¿Cuál es la situación con Trunks? ―Gaara apoyó los codos sobre su escritorio, entrelazando las manos y cubriéndose los labios con un dedo. Fue directo, los rodeos no le gustaban.
―Sabemos que Trunks no nos ha traicionado, esa información es totalmente verídica. ―Se apresuró a decir Shikamaru para no avivar el temor. Gaara había demostrado ser tan buen aliado, que le bastaba con que el saiyajin estuviera con Konoha para sentirse tranquilo.
―¿Qué pruebas tienes? ―Exigió Temari, con la voz filosa como el gélido viento nocturno del desierto.
―La prueba es que confiamos en Trunks tanto como lo harías tú con tus hermanos, y no necesitas saber más. ―Farfulló Ino, que se enardecía en cuanto percibía duda o vacilación respecto a ese asunto.
―Oh, lo lamento, ¿toqué un punto sensible? ―Replicó irónica―. Trunks no es mi hermano para que confíe ciegamente en él, y cómo están las cosas, sus actos me dicen que, ahora mismo, es más fiel al Raikage que otra cosa.
―Es una verdadera lástima. ―Negó Ino, cerrando los ojos y chasqueando la lengua―. De seguro confiabas en él cuando te salvó de morir aplastada en esa batalla de gigantes en el bosque, hace tres años en la invasión que USTEDES orquestaron en nuestra aldea.
Cada vez se tocaban temas más delicados, y por si no era obvio, Temari lo hizo saber cuando frunció los labios y lanzó una centelleante mirada esmeralda que habría vaporizado a Yamanaka. El rostro se le congestionó de rabia, recordando la pelea entre Shukaku y el sapo gigante invocado por Naruto. Esa vez estuvo demasiado herida, y tuvo que tragarse su inmenso orgullo cuando Trunks la sostuvo en brazos y la llevó volando a un lugar seguro, pese a su responsabilidad y la de tantos otros shinobis de la arena engañados por Orochimaru.
La mirada de ambas rubias, verde y azul, chocó con electricidad pura, haciendo que Naruto volteara con nervios de un lado a otro.
―Suficiente. Basta de tonterías. ―Dijo Gaara con su acostumbrada impasibilidad―. Dime, Shikamaru, ¿qué es exactamente lo que obviaron decir en el mensaje? Sea lo que sea, Hokage-sama quiso resguardarlo.
Shikamaru explicó que la parte falsa del mensaje era aquella en la que Tsunade ponía en manos del Raikage el destino de Akatsuki, y que colaboraría con absoluta sumisión prestando los shinobis que quisiese para encauzar su objetivo. Añadió que su presencia y la de su abultado equipo no respondía a la simple transmisión de esa información, sino que buscaban apoyo de la arena para emprender una misión secreta de rescate: traer a Trunks de vuelta a Konoha. La Hokage tenía otros planes en mente, las órdenes que gritó frente a Danzō el otro día fueron para despistarlo.
De allí la presencia de Naruto en el grupo, en quien Tsunade puso ciegamente su confianza pese al peligro que suponía el Jinchūriki del Kyūbi deambulando fuera de su aldea. Y de allí la presencia del equipo 8 como rastreadores para ubicar al saiyajin.
―Tsunade-sama confía en la buena voluntad de Trunks, no así en sus decisiones, que como puede ver, han causado muchos malentendidos sin él quererlo.
―¿Qué hay de Raikage-sama? ―Preguntó Gaara, sopesando, al mismo tiempo, la real necesidad de la misión de "rescate"―. Hasta el momento no se ha pronunciado, a diferencia de Tsuchikage-sama y Mizukage-sama. Quiere hacerlo todo por sí solo, quizá para cargar con el mérito de ser el responsable de la caída de Akatsuki.
―Es lo más probable. ―Secundó Shikamaru―. Exterminar a Akatsuki nos beneficia a todos, eso no está a discusión. El peligro está en la posición del Raikage…
―¿A qué te refieres? ―La voz de Temari se descompasó en la duda, disonante a su rígida expresión.
―No se ha pronunciado, eso es cierto. Ni con el mensaje de Danzō ni con la explicación de Tsunade-sama. ―El sudor corría por los afilados rasgos de Shikamaru―. Pero sí que hubo un halcón… uno con un mensaje del Señor Feudal del País del Rayo, no declarando, al menos directamente, un conflicto con Konoha, pero sí rompiendo con el armisticio de la Tercera Guerra Mundial. ―La cara de Gaara se desacopló en sorpresa―. Cualquier intromisión de ninjas de Konoha en territorio del País del Rayo, será considerada una agresión en toda regla, y por consiguiente, buscarán eliminarnos. Además, si nos encuentran en compañía de ninjas de Suna, lo considerarán una alianza entre nuestras aldeas contra Kumogakure y…
―Y la guerra dará comienzo… ―Temari y sus facciones, ahora sí, gritaban su preocupación a los cuatro vientos.
―¡Es una locura! ―Gritó Kankuro, sacudiéndose, sin embargo, con ademán tórpido―. ¡Esta misión es un suicidio innecesario! Que el Raikage desmantele Akatsuki con el saiyajin como le plazca, que se lleve la gloria y autocondecore "Héroe del Mundo" si gusta, pero entrometerse en esto es algo demasiado grande.
―¿Eso crees? ―Renegó Shikamaru, resaltando lo obvio―. Aquí está pasando algo raro, y vamos a descubrirlo. ¿O crees normal que el Raikage no se haya pronunciado con nada? ¿Y qué hay de la ruptura del armisticio por parte del Daimyō? Incluso el Daimyō de nuestra nación y su consejo de nobles no caben de asombro. Tenemos motivos para pensar que el líder del País del Rayo está siendo manipulado con un genjutsu de alto nivel; no olvidemos que Itachi Uchiha forma parte de la organización, y que, además, tiene en su posesión un ojo que, según confesó Tsunade-sama, fue robado hace años a un Uchiha de nuestra aldea con la capacidad de tal cosa.
Los estrechos ojos de Gaara, bordeados en gafas de mapache insomne, se enfocaron en Naruto largo rato, bajo la afonía de una oficina en la que, salvo ellos dos, los presentes se entumecían en recelo.
Naruto era una fuerza vital andante, un terremoto de sensaciones, una explosión volcánica de valor e impertinencia, la obstinación y rebeldía encarnadas en un joven de centellante mirada azul, a través de la cual transmite con ostensible audacia y pretensión, todos los sentimientos capaces de albergar su enorme corazón a pecho abierto. Ni una palabra tuvo que decirle a Gaara para que éste entendiera cual debía ser su decisión.
―¡Ni hablar, es demasiado peligroso! ―Voceó Kankuro después de lo que pareció una eternidad―. Es cierto que sucede algo raro, pero no tenemos más que conjeturas sobre el Daimyō, Itachi Uchiha o lo que sea. Una cosa es la ruptura de un armisticio que en nada involucra a Suna; otra, declarar la guerra entre dos naciones contra una por nuestra intromisión.
―Si tanto confían en Trunks, ―prosiguió Temari―, déjenlo solo en esto. Ya está lo bastante grande para asumir sus consecuencias. ¡Y si tiene algo de inteligencia, que caiga en cuenta del tipo de personas con las que está tratando! El silencio del Raikage, da beneplácito a la resolución del Daimyō.
Siguió otro prolongado silencio, y ante una falta de respuesta, Shikamaru suspiró derrotado, comprendiendo que habían perdido el viaje. Se disculpó por el tiempo desperdiciado en la audiencia, aunque dio las gracias por el recibimiento, se dio la vuelta y emprendió camino a la puerta, seguido de cerca por todos menos Naruto e Ino, roja de rabia.
Pero Gaara sonrió de medio lado, y Naruto le correspondió con gesto idéntico.
―Kankuro, Temari, preparen sus cosas. Ayudarán a llevar a Trunks de vuelta a Konoha por el medio que sea necesario.
―¿¡QUÉÉÉ!? ―Cantaron al unísono sus hermanos mayores.
―Y obedezcan las órdenes de Shikamaru. Después de todo, es el encargado de la misión.
―¿¡QUÉÉÉ!? ―Esta vez, fue solo Temari.
―Vaya, vaya, qué problemático. ―Por primera vez, Ino veía sonreír a Shikamaru mientras mascullaba su frase célebre―. Confío en su juicio, Kazekage-sama, pero necesito ninjas con ganas de comprometerse en la misión…
Temari quería partirlo con su abanico. Temblaba de rabia… o eso creyó, porque lo cierto es que la expresión taimada e infinitamente intelectual de Nara, terminó por sonrojarla y estremecerla por otras razones.
―Descuida, Temari y Kankuro darán sus vidas por la misión si es necesario, estamos al filo de una guerra. Y por favor, llámenme por mi nombre, repito que no es necesaria tanta formalidad―Contó mentalmente el número de ninjas en la sala―. Supongo que necesitarás a una persona más. Con nueve integrantes podrán dividirse en tres equipos de tres. Una misión de extremo sigilo requiere de pocos efectivos. Por suerte tengo a alguien excelente en mente.
―¿Y de quién se trata? ―Preguntó Naruto. El rostro se le iluminaba con la expectativa del misterioso shinobi―. ¿Es alguien fuerte y rudo con muchas técnicas? Si es así, lo pido para mi equipo. ―El rubio apretó los puños y frunció el ceño con su determinación de siempre, mostrando una sonrisa zorruna llena de dientes―. Con esa persona traeremos a Trunks en un abrir y cerrar de ojos, de veras.
Gaara sonrió todo lo que humanamente le era posible: Naruto no había cambiado en lo absoluto. Además de ser su primer amigo y la persona que le salvó del odio y la oscuridad, lo cual ya era demasiado decir, también le enseñó en gran medida, y sin siquiera saberlo, a construir la personalidad noble pero acerada del líder que necesitaba su pueblo. Amaba a su aldea, amaba la paz, y lucharía hasta con el alma las batallas que hiciesen falta para preservar aquello.
Pero, por sobre todo, Naruto Uzumaki le enseñó que Konoha no era la potencia militar, ni tampoco el pedazo de tierra, sino la gente que compartía sus vidas, sueños y esperanzas como hermanos. Naruto Uzumaki le enseñó que era su hermano, y así, Suna y Konoha tenían entonces un parentesco indivisible. El objetivo final era terminar con el ciclo de odio que una vez le devoró, y que seguía devorando al mundo shinobi hasta el presente día, para lograr así la paz desde la aldea más grande hasta la más chica como verdaderos hermanos.
―Kankuro, ve y busca a Matsuri. ―Ordenó para sorpresa del titiritero―. Que deje sus pendientes, porque tiene una importante misión clase S.
―¿Mat-Matsuri dices? ―Tartamudeó Kankuro, sudando. Pensaba que Matsuri era algo joven e inexperta para asumir tan delicada misión, pero Naruto se emocionó más, porque interpretó la indecisión de Kankuro como temor por tener que ir a molestar a tan poderoso guerrero: ya se lo imaginaba como un sujeto que mezclaba la virilidad de Asuma con la habilidad de Kakashi y la fuerza de Gai, añadiéndole un toque del sadismo de Anko, cosa que terminó por estremecerlo.
―Lo hará bien. ―Aseguró Gaara―. Su compromiso con la misión será absoluto, aún más cuando se entere de la participación de Naruto.
―¿De mí? ―Preguntó el rubio confundido.
―Matsuri te admira. Te considera un héroe por haberme salvado cuando Akatsuki me secuestró.
Estrellitas aparecieron el los ojos de Naruto, emocionado en exceso. Dio un salto que asombró a todos, y pegó un manotazo en el escritorio de Gaara que casi lo parte a la mitad, ardiendo en exaltación.
―Descuida, Gaara, completaremos la misión más rápido de lo que imaginas. Esto será apenas el calentamiento para cuando me toque traer a Sasuke de regreso, ¡de veras!
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Como líder de la división de inteligencia, Inoichi Yamanaka se vio en la obligación de dar a Tsunade las malas noticias en persona.
Recién habían perdido contacto con otro escuadrón enviado a la frontera del País del Rayo, no para espiar o combatir, sino como emisarios de la preocupación de la Hokage ante la ruptura del armisticio y sus evidentes repercusiones políticas.
Hace tres días perdieron toda pista del primer escuadrón, y ahora, con un Yamanaka en el segundo equipo (que mantendría comunicación mental con Inoichi), ocurría lo mismo a escasos kilómetros de Amegakure (Aldea Oculta entre la Lluvia), tan violenta como inesperadamente.
Los halcones estaban descartados, ya no eran de fiar. Por otro lado, habían llegado mensajes desde Iwa y Kiri en donde sus respectivos líderes expresaban su preocupación, pero no ofrecían su posición en el asunto pese a que el Raikage tampoco se había comunicado con ellos.
La conclusión de Inoichi era simple, previsible, aunque no por ello fútil o insubstancial: el panorama mundial, a ojos de las demás naciones, se resumía a un conflicto entre Konoha y Kumo, cada uno con un saiyajin como arma. El desenlace de una posible guerra decidiría la situación final de Iwa y Kiri, pues era bien sabido que Suna estaba con la hoja en cualquier circunstancia.
―Eso no va a pasar. ―Dijo Hiruzen, fumando pipa a un taimado son―. Si insinúas que Goten y Trunks serán enemigos, pierdes el tiempo.
―El problema, ―continuó Inoichi―, es que no sabemos qué está pasando por la cabeza del Raikage, menos si nuestros hombres siguen desapareciendo en busca de la respuesta. ¿Por qué no desconoce la postura del Daimyō del rayo? ¿Está realmente de acuerdo con esto?
―Tal vez no. ―Opinó Shikaku. ―Conozco a los de su tipo, ¡demasiado orgullosos! Es posible que ni siquiera esté de acuerdo con la medida del Daimyō, pero pronunciarse en contra le haría ver débil y cobarde, al menos bajo su propia percepción. ―Se distrajo unos segundos en los anillos de humo manando de la pipa del anciano. Retomó su idea y finalizó―. No es que el Raikage quiera problemas, pero si los hubiera, demostrará que no tiene nada que temer.
―¿Y qué hay de los desaparecidos, Inoichi? ―Retrocedió Tsunade. Mordisqueaba la uña de su pulgar, gesto que profería cuando sentía nervios―. ¿Hay indicios de que los ninjas de la nube tengan que ver?
La respuesta era delicada. La muerte y/o desaparición de ocho shinobis en manos de otra aldea daba fácil para una guerra. Pero, apelando a la sinceridad, Inoichi admitió que era difícil saberlo, porque del primer escuadrón tuvo noticia por última vez en Shimogakure (Aldea Oculta en el Frío), es decir, a poca distancia de la frontera del País del Rayo, pero el segundo escuadrón, que decidió tomar un desvío a través de Takigakure (Aldea Oculta de la Cascada), desapareció a unos cuantos kilómetros de la frontera con Amegakure. Allí perdió la comunicación mental con Santa Yamanaka.
Y hablando de Santa, tendría que pasar por el trago amargo de dar otra mala noticia, esta vez a su familia. Además de la división de inteligencia, también era líder del clan, así que le correspondía. Sería una noche de luto para los Yamanaka.
Recordó al chico en ese instante, y sintió culpa por ser quien le escogió expresamente para la misión. Con diez años de edad más que Ino, recordó también las veces que practicó y dio consejos a su hija para pulir algunas de las técnicas propias de la familia, y, aunque de ojos oscuros y cabello cobrizo, eran tan Yamanaka como el que más: dominó a temprana edad algunos de los jutsus más complejos del clan, y sólo la existencia del prodigioso Fū, le salvó de las ambiciosas garras de Danzō para reclutarlo en Raíz.
Sí, definitivamente a Ino le entristecería la noticia.
En fin, la desaparición de Santa y los otros tres integrantes del segundo equipo, desconcertó por completo a Inoichi, ya que ocurrió demasiado lejos de la frontera del País del Rayo. Y aquí es donde entraba a colación la más reciente noticia de Jiraiya, también presente en la reunión: el líder de Akatsuki y su base, siempre según sus fuentes, tenía alta probabilidad de encontrarse en Amegakure.
¿Estaría Akatsuki inmiscuido en el malentendido? Tsunade ya había sugerido el posible control de Itachi Uchiha sobre el Daimyō del País del rayo por medio de un genjutsu. Eso explicaría mucho; por desgracia, no eran más que conjeturas, e ignoraban que el auténtico líder de Akatsuki también era un Uchiha poseedor de un poderoso Sharingan. Sin embargo, las conjeturas de la Hokage ahora parecían tener escalofriante relación con la revelación de Jiraiya y el lugar donde había desaparecido el equipo de Santa.
Igual seguían estando muy equivocados.
A falta de más información, la reunión estaba por terminar. Ya todos se iban cuando Jiraiya lanzó una pregunta sin relación a nada que los paralizó en el sitio.
―¿Qué le pasó a Goten? ―Tuvo que explicarse al ver la aturdida mueca de Tsunade―. Camino a la oficina, lo vi en un campo de entrenamiento y parecía herido. ¿Acaso Trunks tuvo que ver?
A partir de la marcha de Trunks, circulaban toda clase de rumores entre los ninjas, y al pervertido ermitaño reptó la malicia al pensar que los saiyajins podrían estar enemistados, tomando en cuenta la disolución del armisticio con Kumo y la "alianza" de Trunks con ellos.
―Nada que ver. ―Se apresuró Tsunade, recordando cuando el chico apareció en el hospital en ese estado.
―¿Y entonces quién fue? ―Preguntó Shikaku, que no sabía nada sobre eso.
―No lo sé… ―Tsunade se sintió estúpida. No quiso averiguar qué le pasó a Goten porque tenía demasiadas cosas en la cabeza en ese momento, aunque ahora que lo pensaba mejor, tenía mucha curiosidad―. Dijo que peleó con alguien, pero que no teníamos de qué preocuparnos. Fue una práctica o algo por el estilo. Seguro venía de otro planeta, apareció en el hospital frente a mis ojos con la teletransportación…
―¿Una práctica? ―Rió Jiraiya, sudando―. Si Goten quedó así, no quiero imaginar como quedó el otro, ¡jajaja!
―Creo que perdió… ―Jiraiya se calló en seco. Al viejo Sarutobi se le cayó la pipa―. Se le veía muy desanimado, como víctima de una completa derrota, casi diría que humillado…
―Casi diría que exageras. ―Carraspeó el sannin.
―Si tan sólo supieras… ―Los ojos de la rubia perforaron a Jiraiya con el fulgor de dos ámbares incandescentes. Jamás olvidaría cuando Trunks le confesó el día de su llegada que habían seres allá afuera mucho más poderosos que ellos, y uno era el Dios de la Destrucción. Tsunade sacudió la cabeza con repelús al pensar en ello, hecho que no pasó desapercibido para el resto―. Es todo por hoy. Si encuentran cualquier hallazgo o nueva información, comuníquenmelo de inmediato. Pueden retirarse.
Y se retiraron, pero pensado ahora en lo de Goten que nada tenía que ver con el enturbiado ambiente político del mundo. Después de todo, ese tipo de temas generaban gran curiosidad en los humanos, y Goten era un híbrido de extraterrestre venido de otro universo/dimensión del que todavía no sabían muchas cosas, empezando por lo que había estado haciendo en su entrenamiento de tres años.
El caso es que ya fuera por convicción o reflejo, los pasos del sannin le condujeron al campo de entrenamiento donde seguía el saiyajin. A falta de mejores condiciones físicas como para permitirse otra cosa, ya no lo encontró meditando, sino hablando alegremente con el equipo de Gai, que con la excusa de que debían partir a una misión, se despidieron en breve con Lee y Gai a la cabeza pegando gritos eufóricos mientras corrían con las manos, al tiempo que Tenten, con el báculo sagrado atado a la espalda, caminaba junto a Neji chillando regaños al par de locos.
―Esos dos nunca cambian… ―Dijo Jiraiya con una mano en la nuca, sudando por el patético espectáculo. Goten se giró al escucharlo, con el brazo derecho colgando de un cabestrillo; a juzgar por las vendas que se asomaban por el cuello de su dogi, el sannin supuso que tendría el torso entero lastimado― ¿Cómo estás, Goten? Aparte de lo obvio…
―Usted es… ―El chico estrechó los ojos, concentrándose en el viejo al que reconocía de alguna parte―. No recuerdo su nombre, pero es el sensei de Naruto, el que viajó con él los últimos tres años.
―Ahh, veo que al menos reconoces a "Jiraiya el Galante". ―El viejo colocó las manos en su cintura y alzó el mentón, haciéndose el importante―. Por supuesto, no es algo que me sorprenda, tanto aquí como en otras aldeas soy muy bien conocido, y no es mi intención parecer arrogante, pero la mejor impresión es la que causo en las mujeres.
―¿En verdad es usted tan importante? ¿Algo así como un famoso? ―Preguntó Goten con verdadero entusiasmo, apretando los puños y con los ojos negros brillándole―. Naruto me ha platicado cosas sobre usted, como que es un gran y poderoso ninja.
―Oh, ¿el chico te dijo eso? ―La mejillas de Jiraiya se tornaron rojas, y una risa estúpida acompañada de fosas nasales de simio dilatadas, adornaban su apenado rostro―. ¿Y qué más te contó?
―Que además de fuerte también es uno de los tres legendarios sannin, sin mencionar que un escritor con varios libros en su haber. ―Jiraiya empezó a reír entre torpes ronquidos de cerdo, con los humos nublándole la mente y hasta la vista―. Pero que en lo particular, sus historias eran tan aburridas que él no podía pasar de la segunda página, y que además era un viejo pervertido degenerado que disfrutaba espiando chicas desnudas y leyendo revistas que…
―¡Suficiente! ―Gritó el viejo echando humo por la nariz―. ¡Lo que sucede es que mi arte es demasiado compleja para que un mocoso ignorante como Naruto lo entienda!
―Pues él dijo que sus libros sólo eran famosos entre grandes pervertidos como Kakashi sensei. ―Goten se llevó una mano al mentón y miró al cielo, tratando de recordar la escena con exactitud―. ¡Ah, cierto, Sakura también estaba allí! Ella lo confirmó, y agregó que había que ser un adicto al sexo o lo que sea que eso signifique para entretenerse con tal basura.
Los grandes y cuadrados dientes de Jiraiya comenzaron a chirriar. El rostro se le congestionó de furia, y engarrotó las manos imaginando que las ponía alrededor del cuello de Naruto. ¡Hasta la entrometida alumna de Tsunade se atrevió a despotricar a sus espaldas!
―¡Estos niños de hoy día no saben nada de nada! ¿Cómo se atreven a decir que mis historias son sólo para…? ―El sannin se detuvo al procesar lo último dicho por Goten―. Chico, ¿al menos sabes lo que significa ser un adicto al sexo?
―¿Un gran pervertido? ―Contestó con otra pregunta, encogiéndose de hombros. Y aunque en parte estaba en lo cierto, su desconcierto era tan palpable, tan genuino, que Jiraiya sospechó que era incapaz de imaginar siquiera lo que estaba diciendo.
Una bombilla iluminó los oscuros recodos de la cochina mente del sannin, y a su idea vino a sumarse el verdadero motivo de su visita a Goten: conocer un poco más sobre sus extrañas experiencias, y ahora, también sobre sus inexperiencias.
―Goten, corrígeme si me equivoco, pero tengo entendido que de niño entraste a una misteriosa habitación junto a Trunks, ¿cierto?
―La Habitación del Tiempo. ―Asintió con una sonrisa de dientes blancos y perfectos―. Estuvimos entrenando allí un año entero, pero luego nos perdimos porque ese lugar por dentro es vacío y enorme, entonces intentamos escapar abriendo un portal elevando nuestro ki, pero terminamos en este mundo por accidente.
―Ya veo… así que la dichosa habitación es una especie de dimensión, y deformaron el espacio-tiempo para romper una pared de la realidad terminando aquí por casualidad… ―La probabilidad eran tan fantástica, tan irreal, tan de una en un billón (o trillón), que el sannin se corrigió mentalmente: la llegada de Goten y Trunks no podía ser fruto de la casualidad, sino del destino.
Observó de arriba a abajo al saiyajin, reparando en su apariencia tan idéntica a la de un humano. Todo un milagro, en su opinión, pues con tantas especies y seres diferentes dentro de un mismo planeta, resultaba una completa locura asimilar el aspecto de Goten que venía de otra dimensión o lo que fuera. Su cola de mono ya no le parecía tan extraña.
No obstante, lo más sorprendente fue que, a sus 54 años de edad, jamás creyó que alguna vez un chico tan ignorante y descuidado podría enseñarle tantas cosas en una hora de conversación.
Se sentaron en un tronco del campo de entrenamiento y hablaron largo y tendido. Bueno, para ser justos, fue Goten el que habló, y Jiraiya preguntó y escuchó lo que el saiyajin tuviera que decir: su entrenamiento con Kamisama; su estadía por dos años en el Otro Mundo junto a Kaiō-sama, quien también le entrenó; su más reciente pelea contra Blizzard, y otras pasadas mucho menos amistosas, como aquella frente a Super Boo.
Con tan sólo 17 años, una vida entera por delante y siempre bajo la simplicidad que le caracterizaba, Goten tenía mucho para contar, y tal cosa le dio a Jiraiya un poco de celos, ya que con el tiempo que había transitado por el mundo, tendría para escribir, aparte de su reducida obra, mil libros más de haber vivido algunas de las experiencias del saiyajin, exprimiéndolas al máximo dada su capacidad de observación, acervo literario, congénita curiosidad y aptitud de investigador. Con ello su labia no tendría límite, desprendería un aura cautivante insondable, sin paragón, y podría conseguirse a la mujer que deseara cómo y dónde quisiera.
Goten, por el contrario, lo veía con tanta naturalidad y sin preguntarse nada más allá de lo estrictamente necesario, que daba lástima. Pero hasta para eso había una explicación, y quizá justo por ser así, es él quien merecía vivir todas esas cosas. Jiraiya tampoco podía envidiarlo, en eso estaba claro, porque tamaño poder exigía cargar un peso de por vida que aplastaría a alguien más concienzudo como lo era él.
Al finalizar la plática, tuvo una última pregunta―. Goten, en tu estadía en el Otro Mundo, ¿tuviste la oportunidad de conocer a ese sujeto? ―Y con su índice, señaló a la inexpresiva cabeza de piedra gigante situada entre la de Hiruzen y Tsunade.
Meditó la interrogante un buen rato, rascándose la mejilla y sudando por el esfuerzo que suponía escrutar los burdos rasgos de roca a la distancia.
―Ummm, no, estoy seguro que no. Habría de recordarlo fácilmente, no por nada yo era lo más parecido a un humano en ese lugar.
―Claro, lo suponía. ―Jadeó el viejo con pesar, contemplando con nostalgia el petrificado rostro de Minato. Un alma como la suya debía estar siendo masticada día a día entre los grotescos colmillos del shinigami en eterna y tortuosa agonía―. Muchas gracias, Goten.
―¿A mí? ¿Y por qué?
―Por despejarme una duda que me obstiné por años en mantener… y por supuesto, por la charla.
―Usted cree en todo lo que le dije, ¿verdad? ―Preguntó con una seriedad que causaba más gracia que otra cosa―. Espero que no se haya divertido creyendo que son sólo cuentos para niños.
―Puedo distinguir, al menos en cierta forma, cuando alguien miente o es sincero. ―El sannin dibujó una amplia sonrisa―. Creo que eres un terrible mentiroso, Goten, y lo habría notado de inmediato si lo hubieras hecho. ―Soltando una pesada exhalación, el sannin se colocó de pie y sacudió la ropa―. Hay cierta información que me dejó aturdido, o mejor dicho, casi todo lo hizo. Pero como retribución al aprendizaje que hoy me has dado, me veo en la obligación de enseñarte algunas cosas sobre la vida de un hombre que sé que te harán falta.
Fue así como Jiraiya se convirtió en la primera persona en ver otro lado de Goten en el que los demás no habían ni reparado: fuera de casa desde los 11, y ahora con 17, habiendo compartido la mayor parte de dichos años con casi todo menos humanos, el muchacho era poco menos que un iletrado respecto a temas esenciales que debían tratarse durante la etapa de transición más importante del ser humano.
―Goten, ¿sabes lo que es tener relaciones sexuales? ―Ya investigado el primer punto, el de las experiencias, tocaba el turno de las inexperiencias, y supo que el saiyajin estaba bastante mal al delatarse con la sonrisa nerviosa del estudiante que, a falta de conocimiento concreto, tantea una vaga respuesta en su cabeza que le avergüenza comunicar.
―¿Es tener hijos?
―Ehhh… no realmente. Si una pareja tiene dos hijos, ten por seguro que no han tenido relaciones sólo dos veces. Además, otras personas pueden mantener relaciones aun cuando sea imposible procrear para ellos, pero eso es otro asunto.
―Entonces creo que no lo sé…
Llevaban caminando unos minutos cuando arribaron al balneario de aguas termales de Konoha, lugar donde Jiraiya pretendía mostrarle en vivo las maravillas del cuerpo femenino, pues era más de explicar las cosas sobre la marcha y con vívidos ejemplos, o de eso quería convencer a Goten; la verdad, el viejo sucio quería refrescarse la vista, porque si de buenos ejemplos se trataba, y de no ser por las escasas monedas que escondía en su bolsillo, habría llevado a Goten al prostíbulo para que se estrenara con una experimentada dama.
El aprovechado sannin hizo pagar la entrada de ambos a Goten, alegando que el interesado era él. También dijo, y no sin razón, que el agua caliente relajaría sus músculos y le ayudaría a sanar más rápido su magullado cuerpo.
―Lo digo en serio. ―Continuó el viejo, suspirando de placer ya con el agua al cuello―. De niño solía venir aquí después de los entrenamientos para atenuar el dolor de los golpes.
Mentira. Iba para espiar a las chicas por algún agujero del muro de madera que separaba la sección de hombres de la de mujeres, práctica que le costó la expulsión y entrada al lugar en varias ocasiones. Incluso una vez consiguió una restricción temporal que le prohibía estar a menos de cincuenta metros del establecimiento, cuando una joven Tsunade armó un desastre al darse cuenta que la veía desde el otro lado.
Jiraiya creyó por completo las historias de Goten, sabía que todo lo referente a los saiyajins era extraordinario, casi fuera de la imaginación, tanteando, por intervalos, la locura. De repente le pareció que no sería tan grandioso vivir en carne propia todas esas experiencias, pues no tendría a quien narrarlas sin pasar por un demente. El caso es que, aun si no creía en dichas historias, el cuerpo de Goten se pronunciaba en contra, o al menos con aquellas vivencias referentes a batallas: tenía el cuerpo cubierto de muchas cicatrices, más que el propio Jiraiya que podría ser su abuelo, e inusualmente definido y musculoso, desde las pantorrillas hasta el cuello, producto del arduo entrenamiento.
Pero lo que más curiosidad le generó (y tuvo que esforzarse para no ser indiscreto), era la cola de mono que brotaba de su espalda baja, y que no parecía propia de él al crecer sin más, como un apéndice de simio que le pegaron. Menos mal y estaban solos.
También notó que Goten apenas tenía sentido de la vergüenza, pues cuando se quitaban la ropa en los vestuarios que anticipan a la zona externa donde se halla el estanque de agua caliente, estuvo por devolverse, tal y como Kami le trajo al mundo, a donde estaba la recepcionista para pedirle las toallas. Si Jiraiya no lo detiene, los habrían corrido, aunque algo le decía que quizá la chica lo habría perdonado.
Llevaban media hora sumergidos, con Goten casi dormido con una toalla en la cara, cuando un barullo de finas y alegres voces saltaron desde el otro lado de la pared de madera. Las chicas habían llegado, y los ojos de Jiraiya se abrieron con un destello felino, depredador, esbozando una sonrisilla perversa que prometía de todo menos pureza. El día, el lugar, y hasta la hora, estaban cronometrados y calculados por su asquerosa mentecita.
―Llegó la hora del entrenamiento. ―Susurró Jiraiya, sobresaltando, no obstante, a su nuevo alumno.
El viejo salió de la piscina, buscó su toalla y ordenó a Goten colocarse la suya en la cintura: no quería verle la verga arriba cuando se asomara por el agujero y descubriera la más hermosa escultura de Kami, mucho menos ahora que les bendecía enviando un harem entero para su goce visual.
Goten alzó una ceja confundido cuando vio a Jiraiya pegar la espada a la pila de rocas pulidas desde donde brotaba el riachuelo de humeante agua que llenaba el estanque, dar cinco pasos de un metro cada uno junto al muro, medir luego tres pies de distancia, tocar la pared de madera con los dedos, elaborar unos sellos manuales y susurrar una técnica para que, luego de aparecer una pequeña nube de humo, se evidenciara un parche marrón oscuro que resaltaba sobre la opaca madera.
―Es un jutsu de camuflaje. ―Explicó Jiraiya mientras retiraba el parche como si fuera una etiqueta―. Debo esconder este agujero porque sino lo arreglarían cuando tocan las reparaciones.
El agujero era más bien una ranura que ofrecía una visión céntrica, estratégica y perfecta del sector femenino, sin cabida a esquinas o escondrijos que en algún momento hicieran escapar de la vista a alguna incauta chiquilla. Jiraiya creó dicho orificio y lo escondió como un tesoro pirata.
En cuanto el sannin se acomodó y echó un ojo al otro lado, tuvo que ahogar un bufido y cubrirse la nariz para no manchar todo de sangre. Lo que había esa tarde, era sencillamente espectacular, un banquete de preciosas muchachas que harían olvidar, hasta al menos pervertido, la decencia y probidad para convertirlo en un espía degenerado.
Era un grupo compuesto de ocho chicas con edades entre los 17 y 21 años, todas hermosas, de escultural figura y atributos variados para gustos y colores, porque hasta de eso había para escoger: rubias, morenas, castañas, incluso una pelirroja.
Hablaban risueñas de temas absurdos y cotidianos, se empujaban y salpicaban agua como si estuvieran en una piscina, aprovechando que el lugar era solo para ellas, y Jiraiya estaba que moría de un infarto, soltando baba y con los ojos fuera de sus cuentas; ya no procuraba taparse la nariz (para no perder detalle), permitiendo que la sangre chorreara y salpicara por doquier.
―Disculpe, ¿pero me trajo acá para espiar las conversaciones de otras personas? ―Preguntó Goten ingenuamente.
―¡Shhhh! ¡Es una lección de espionaje para recolectar información! ―Susurró el pervertido sin apartar la vista, sacudiendo una mano para que Goten se callara.
Pasado el alboroto inicial, ya sumergidas en el agua y suspirando (algunas gimiendo) por la perfecta temperatura del agua y lo relajante que se sentía, comenzaron a chismear sobre otras chicas y su apariencia, su vestimenta, conducta, vidas y entorno familiar, y mucha, mucha calumnia de por medio. Cuando llegaron al tema de los novios y si las susodichas los merecían o no, entró inevitablemente a colación el tema de los chicos, y la conversación cogió un desvío tan imprevisto como interesante cuando una de ellas dijo que el mejor culo de la aldea lo tenía Neji.
―Pfff, ¿y tú qué sabes de eso, Aome? ―Dijo una de las dos rubias a la chica de cabello negro.
―Lo sé porque lo vi con mis propios ojos. Y antes de que lo preguntes, sí, estaba desnudo.
Más de una bromeó y se burló de la tal Aome, no poniendo en duda la aseveración de que el mejor culo de Konoha lo tenía Neji, pero sí que lo había visto desnudo.
―¡Lo juro, fue la semana pasada! Estaba aquí, en las aguas termales, bañándose justo del otro lado.
Sus amigas volvieron a ponerla en duda, asegurando que alguien del estatus de Neji, por mucho que fuera de la rama secundaria, no estaría en semejante lugar, teniendo para su disfrute en la mansión Hyūga un sauna y un estanque mucho más lujoso y privado. Pero la muchacha dijo que no estaba solo, que iba acompañado en grupo con otros jóvenes shinobis que ese día se reunieron, y así sus compañeras pasaron de cuestionar su testimonio a cuestionarla por haber espiado a los chicos.
Pero luego, para sorpresa de Jiraiya, las chicas rieron a coro, ya que no había recriminación alguna en sus argumentos, todo era broma, como hicieron saber después, felicitando a la morena y alegando que ellas habrían hecho lo mismo en su lugar, mucho más si se trataba de un grupo de jóvenes shinobis.
―Pues una vez me ocurrió algo similar. ―Dijo la pelirroja―. No estaba Hyūga Neji, por desgracia, pero sí Inuzuka Kiba junto a ese muchacho del clan Aburame.
―Creo que te refieres a Aburame Shino. ―Comentó otra―. Es algo raro, muy callado. En lo particular no me atrae tanto, pero escuché que la tiene grande. ¿Es cierto ese rumor, Minami?
―Lo es. ―Asintió la pelirroja con sonrisa pícara―. Igual prefiero a Inuzuka, lo mordería como una perra.
Saltaron las carcajadas, y una de las rubias salpicó agua a la tal Minami, más que en reprimenda por envidia de no haber sido ella quien viera al atractivo Kiba.
Y siguieron las atrevidas anécdotas.
Una de las muchachas aseguró que la prima de una amiga había tenido sexo con Nara Shikamaru, induciendo un jolgorio de suspiros incrédulos y celos; a falta de impresionantes historias reales, echó esa mentira.
Otra contó que por allí rodaba un rumor donde Izumo y Kotetsu, los jóvenes chūnins que vigilaban la entrada principal de la aldea, buscaban de cuando en cuando muchachas bonitas en los pequeños poblados campesinos circundantes a Konoha para organizar unos tríos de locura.
Hasta el nombre de Iruka saltó a la palestra como el de un intachable profesor de niños por el día, y un amante hambriento y excepcional por las noches.
Pero las palmas se las llevó la joven castaña que, siempre según su palabra, había visto desnudo en las aguas termales a Hatake Kakashi, que también la tenía grande y estaba buenísimo, y que apostaba lo que fuera a que no tenía nada que envidiarle al culo de Hyūga Neji, pero que por desgracia llevaba puesta la máscara hasta para bañarse, a lo que una comentó que Ayame le había dicho que una vez vio al jounin quitársela cuando le sirvió una orden en Ichiraku Ramen, y que no había visto un rostro más atractivo que el suyo.
Más que nada en eso se basaban los chismes, en avistamientos y rumores sexuales entre shinobis y civiles. Jiraiya siempre supo el fervor que causaban los ninjas entre las mujeres, no por nada llegó a protagonizar ciertos encuentros en carne propia en sus años mozos.
Los shinobis eran héroes, nobles, encarnaban la fuerza, la voluntad del fuego, y desbordaban una ferocidad y salvajismo en su estado más puro y primitivo que ningún hombre corriente o civil podría suscitar, jamás, sobre la delicada fémina que se dejara amar entre sus brazos.
Capaces de arrancar las más profundas y auténticas pasiones de una hembra, los más oscuros deseos y reprensibles conductas de la más frígida de las doncellas, hurgando con expertas manos en el arte de matar, las carnes y escondrijos más recónditos de hasta la más pura dama, extraviada ésta en la embriaguez de su propio abismo de locura e inmoral desenfreno.
―Daría lo que fuera por ver sin máscara a Hatake Kakashi, ¡estúpida Ayame! ―Suspiró una de las rubias, tratando de imaginar lo imposible―. Si ella dice que tiene el rostro más atractivo que ha visto, pues debe ser verdad, porque no conozco hombre más bello que Hyūga Neji.
―No seas imbécil, Koume, que seguro Ayame exagera. ―Refunfuñó la pelirroja―. Digo, de seguro Hatake es un bello, no lo pongo en duda, ¿pero acaso te has fijado en Trunks? La misma Ayame se contradice diciendo que es lo más sexy que ha visto, y opino lo mismo.
―¡Oh, cierto, Trunks! ―Exclamó la rubia llamada Koume, cuya nívea tez se coloreó de rojo en el acto―. ¡Maldita Yamanaka! Es obvio que entre esos dos hay algo…
―¡Puaj! Yamanaka Ino no es más perra porque sería mascota del clan Inuzuka. Me cae como una patada al estómago, se cree que está buenísima.
―Una noche la vi colgando del brazo de Trunks, hablando fuerte como una idiota para llamar la atención. En mi opinión, si él tiene ojos para Yamanaka, debe haber algo malo en su cabeza.
―De seguro va tras ella por su clan. Es extraño, pero a pesar de que Trunks ni siquiera es un ninja, dicen que tiene la fuerza de mil, así que de seguro va en busca de un clan.
―Neee, si por eso fuera, estuviera tras Hyūga Hinata, ¡ella sí es un partido a la altura de Trunks!
Y comentarios de tal índole volaron por aquí y por allá. Empezaron a destrozar a las kunoichis, como a Tenten, de quien decían era una simplona y que tenía dos albóndigas por cabello, o Haruno Sakura, que aparte de no tener ni tetas ni culo, una que otra aseguraba que debía ser bisexual. A Hinata la respetaban más, y, sin embargo, una de ellas dijo que debía tener retardo, pero que de seguro se masturbaba como la que más para luego resguardarse en su impoluta y bella máscara de perfección.
¡Por Kami, creían que Hinata era perfecta! Si tan sólo conocieran la verdad de su entorno, el trato de su padre, la sempiterna comparación con su hermanita Hanabi, se morderían la lengua hasta tragársela. He allí la destructiva maldad contenida en los chismorreos.
Ino era puta, todas coincidieron en ello, y eso que no había el menor indicio de que tan siquiera hubiera mantenido relaciones con hombre alguno, al menos antes de la llegada de Trunks.
―¿Y qué si Trunks está interesado en el clan Yamanaka? ¡Algo tiene que sacarle! ―Espetó Minami, entrelazando las manos tras su nuca―. Igual opino que está buenísimo. Él es otra cosa. ¡Me lo tiraría sin pensarlo dos veces!
Sus amigas la apoyaron entre risas… hasta que una voz severa, aunque femenina, llegó desde el cuarto de cambio y las calló en seco.
―En eso tienes razón. Él es otra cosa…
En breve divisaron una voluptuosa silueta contoneándose en dirección a ellas, aplaudiendo con pasmoso sarcasmo a las palabras de la pelirroja. Cubierta con una toalla, apareció para terror de las muchachas Anko Mitarashi.
―¿Qué me ven, mocosas? ¿Tengo algo en la cara? ―Escupió, ganando como única respuesta una asustada y silente negación de cabeza grupal. Dejó deslizar la toalla por su blanca piel, y del otro lado del muro, Jiraiya sangró en abundancia por la nariz y se excitó como tenía años que no lo hacía; entre la sangre perdida y la que se le iba para la verga, el sannin necesitaría una transfusión al final del día.
―Qué imbéciles. ―Siseó la kunoichi, probando el agua con la punta de sus pies para luego sumergirse con incitante lentitud, cosa que encendió a Jiraiya más todavía―. Ustedes sólo hablan y hablan y apuesto a que nunca se han tirado a un hombre de verdad. ―Las ocho chicas se apretujaron entre sí y retrocedieron, poniendo la mayor cantidad de agua caliente de por medio―. Y no, no me refiero a los mugrosos aldeanos de Konoha, que también me he cansado de probar, sino a un verdadero shinobi, uno fuerte y portentoso, no blandengues como Iruka que no siguen el ritmo después del quinto polvo.
En la misma línea que la población civil femenina consideraba a los shinobis, la población civil masculina veía en las kunoichis verdaderas diosas. En el caso específico de Anko, se rumoraba que había mandado al hospital, en repetidas ocasiones, a hombres corrientes dada su rudeza al amar: los montaba con un frenesí tan bestial, que irremediablemente los partía. Además, Mitarashi era de emociones fuertes, le gustaba lastimar y de cuando en cuando que la lastimaran, pero ningún hombre frágil y común tendría jamás la capacidad de lo último.
La kunoichi, ya sumergida en el agua, sacó de repente un kunai quién sabe de dónde. Se acercó a las intimidadas jóvenes y se acomodó junto a la pelirroja, pasándole un brazo sobre los hombros pecosos y apuntándole con el kunai en la garganta.
―¿Por qué tiemblas tanto, niña? No te voy a matar. ―La kunoichi soltó una estruendosa carcajada al verla tragar con dificultad junto al resto de las chicas―. Tú dijiste que te tirarías a Trunks sin pensarlo…no obstante, te estremeces con mi presencia, ¿y así quieres ser amada por un fuerte shinobi de verdad? ¡Ja! No le dudarías a Kakashi ni un minuto, ¡ése sí que sabe!
Anko soltó a la joven con brusquedad, se dirigió a gachas al centro del estanque y, poniéndose de pie con violencia, exhibió su espalda y el montón de gruesas cicatrices que la adornaban, causando un genuino impacto visual en sus espectadoras.
―Algunas las conseguí en el campo de batalla, no puedo mentir. ―Sonrió con mal contenida malicia―. Pero Kakashi es autor de la mayoría de éstas. ―La kunoichi sintió una oleada de placer con las expresiones de espanto conseguidas, relamiéndose para degustar la sensación de alimentar su retorcido sadismo―. No pongan esas caras, la víctima real es él, porque si en verdad alguna lo ha visto desnudo, comprobará que yo he dejado en Kakashi mucho más que él en mí. ―Anko puso las manos en su delgada cintura y se dio la vuelta con rapidez, logrando que sus enormes tetas saltaran y Jiraiya cayera de espaldas por la excitación―. Supongo que éramos demasiado lunáticos para que lo nuestro funcionara, ¡pero hey! Si alguna todavía quiere "tirárselo", que se atreva a quitárselo a Hana Inuzuka ¡Jajaja!
De improvisto, desplazándose con la velocidad propia de un ninja, Anko pasó a situarse junto a la pelirroja otra vez, presionándole el cuello con la punta del kunai, sin que ninguna de las muchachas pudiera captar siquiera su movimiento.
―Lo que no puedo tolerar, ―apretó un poco su arma, haciendo que la chica explayara los ojos en pánico―, es que un gusano como tú hable de tirarse a un saiyajin cuando no podría siquiera con un chunin de poca monta. ―En cuanto retiró el kunai, Anko lo llevó a su boca y lamió el diminuto punto de sangre que corría por la hoja, para luego señalar el inmenso monumento Kage que se veía desde cualquier punto de la aldea―. ¿Ves esa montaña? Pues el que te quieres tirar levantó esa cosa sobre sus hombros, así que cuida esa lengua, mocosa, porque tendrías que ser como mínimo tan buena como yo para montarte a semejante hombre.
Anko estaba loca: una vez soltó a su víctima, se fue al lado opuesto del estanque y se sumergió hasta el cuello, tarareando como si nada, disfrutando del agua caliente entre suspiros mientras las muchachas se iban despavoridas pero en orden, sin emitir sonido, dejándola sola.
Allí fue que Jiraiya se hizo a un lado y anunció a Goten que era su turno de aprender, que mirara con mucha atención, pues estaba por descubrir por qué tener relaciones sexuales era tan provocativo.
―Después me dirás en qué pensaste. ―Sonrió, con los dientes y la toalla blanca salpicados en sangre. Las piernas le temblaban, se sentía débil por tantas hemorragias nasales en tan poco tiempo.
Goten no estaba seguro con qué se iba a encontrar. Lo cierto es que apenas se asomó por la ranura, reconoció en la cabeza violeta que se asomaba sobre el agua a Anko Mitarashi. Aun cuando el saiyajin no profirió ni la más tenue respiración, la kunoichi se puso alerta y arrojó con letal precisión el kunai que tenía en la mano directo al entrecejo de su espía.
―¿Quién anda allí? ―Gruñó amenazante, con el agua por la cintura y los enormes senos al frente. Sus sentidos de serpiente parecían saborear el aire, detectar la temperatura corporal de su presa, porque no había manera de que se hubiera dado cuenta que la veían.
Si se trataba de un civil, habría de estar muerto o agonizando con el kunai enterrado en la frente, igual a Anko no le preocupaba, estaba defendiendo su intimidad. Y si se trataba de un shinobi, pues ahora mismo estaría adolorido y arrepentido como nunca. Pero ni lo uno ni lo otro, porque a pesar de lo improvisto del ataque, Goten capturó el cuchillo entre dos dedos sin prestarle importancia.
―¿No has tenido suficiente, pervertido? ―Rugió, ladeando la cabeza y entrecerrando los ojos para distinguir lo que parecía una oscura mirada a través del agujero.
―¡So-soy yo, Go-Goten. ―Tartamudeó, no por los nervios, sino embelesado y a la vez abstraído con el voluptuoso cuerpo desnudo de Anko, brillante y algo rosado por el agua caliente lamiendo su piel.
Jiraiya se dio una palmada en la cara, susurrándole al chico lo idiota que era por contestar, y que por nada en el mundo se le ocurriera decir que estaba junto a él. De hecho, el viejo anudó la toalla en su cintura y se dispuso a correr a los vestidores, porque lo que vendría sería un verdadero infierno, mucho más si la involucrada era Anko, una sociópata de alto rango. Pero lo que el viejo escuchó a continuación, le durmió los músculos de la mandíbula por la impresión, le erizó los vellos de cuerpo, lo dejó plantado en su sitio con la rigidez de una estatua.
―Vaya, vaya, ¡pero mírate nada más, no conocía ese lado tuyo, Goten! ¿Y… estás solo? ¿O Trunks te está acompañando?
―Estoy solo. ―Respondió para no involucrar a Jiraiya como le había ordenado.
―Ahh, qué lástima… pero no importa, algo es algo. Y dime, ¿te gusta lo que ves?
A Jiraiya le iba a dar una convulsión, podía imaginarse a Anko pasándose las manos por las tetas mientras mecía un poco sus grandes caderas, cosa que de hecho la kunoichi hacía para deleite del saiyajin.
Goten no respondió. Tenía el corazón apretujado, la lengua seca y dormida, los ojos grandes y brillantes, y la cola de mono, erizada hasta el último pelo, se agitaba salvajemente y daba fuertes e involuntarios azotes a la pared de madera, cosa que sonsacó una sonrisa perversa en Anko porque imaginó tal cosa sin verla.
No sólo eso, la toalla se le había desamarrado, y tenía el miembro tan duro e hinchado como hace unos días cuando estuvo con Sakura en el hospital, culpa de la cola de mono que maximizaba sus instintos reproductivos de bruto macho saiyajin.
Contrario a lo que podría creerse, los saiyajins eran bastante calenturientos, era un mecanismo de adaptación necesario para preservar la especie porque sus esperanzas de vida se acortaban dada su condición de guerreros. Por lo mismo también eran muy fértiles, pero así como la mayoría de los animales, mantenían relaciones sólo cuando la hembra estaba en celo, apta para quedar embarazada. Tal cosa no era tan frecuente, sin embargo, en las mujeres saiyajins como en las terrícolas, y justo ahora Anko estaba en sus días más fértiles al igual que Sakura.
―Si no vas a contestar, entonces esfúmate, gusano. Yo seguiré con lo mío. ―Exigió con mal simulada rabia. Lo cierto es que la kunoichi empezó a frotarse el cuerpo tan exagerada como indecentemente, haciendo un baño erótico para provocar a su espía en tanto se estimulaba a sí misma.
Anko se sentía más atraída por Trunks, pero Goten también era saiyajin, y era apuesto, joven, enérgico, y de seguro podría hacerle lo que ningún shinobi sería capaz debido a su fuerza ridícula y sin comparación. Y es que de sólo imaginarse entre tan brutas manos, indefensa, sacudida como una muñeca de trapo de arriba abajo a merced de tan poderoso hombre, se le embotaba la mente y humedecían las piernas.
Está de más decir que Anko acompañó a su espectáculo de la masturbada que jamás se había dado, poseída por el morbo de estar siendo admirada, de imaginarse que el tallado cuerpo del saiyajin, duro como el acero y salpicado en cicatrices, golpeaba contra el suyo, moreteándola mientras la penetraba entre desbocados brincos y ferales movimientos de cadera, haciéndole daño, desvaneciéndola en el delicioso morir de repetidos orgasmos.
―¡Goten, desgraciado infeliz, no pares o te corto la garganta!
Jiraiya convulsionaba sobre un charco de sangre propulsado desde su nariz. ¡Qué locura escuchaba! Con lo de hoy tenía suficiente material audiovisual para narrar varios capítulos en un futuro libro, protegiendo las identidades de los involucrados y quizá añadiendo más participación de su parte, pero todo basado en hechos reales. ¡Quién lo diría, el pendejo de Goten cargaba a Anko loca como una cabra!
Pero, ¿qué había de Goten? Sencillamente no entendía el escenario. Se asustó de ver cómo la grácil figura de Anko, brillante y mojada, se agitaba entre violentos espasmos; de cómo arqueaba la espalda de manera casi imposible, blanqueando los ojos y enterrando un colmillo en la esquina del labio inferior hasta hacérselo sangrar; de cómo se acariciaba los pechos en un trance energúmeno con su diestra, resguardando la zurda para frotar con empeño brioso su mojada intimidad mientras sostenía el kunai.
En la misma medida que lo asustó, el inexplicable espectáculo también terminó por gustar y encender las entrañas del saiyajin. Las sensaciones que le anegaron aquella tarde en el hospital retornaron idénticas, sino es que potenciadas, y justo ahora no quería más que saltarse la pared y tocar el cuerpo de Anko como ella misma lo hacía, de la misma forma que quiso tocar a Sakura para luego espantarse por creerlo una idea malvada, terrible, por creer que estaba loco.
Cuando Anko hubo de satisfacerse hasta quedar lánguida y colorada por el agua caliente, se secó obscenamente con la toalla y despidió de Goten como si nada hubiera pasado.
Luego Jiraiya le insistió que le contara lo que había sentido, pero ante el sepulcral silencio del pasmado muchacho, leyó la respuesta en su expresión y lenguaje corporal (y en su enorme verga), para concluir diciéndole que todo lo que había pensado y sentido era natural, que no estaba mal, que era justo el punto que pretendía probar, y que mantener relaciones sexuales con alguien involucraba sensaciones más o menos similares, pero aún más acentuadas.
Ya era de noche cuando los dos se retiraron del balneario de aguas termales, con Goten pálido y callado en contraste de un muy satisfecho y sonriente Jiraiya. Cada uno tomó su propio camino, el sannin en dirección a la taberna más cercana para empinarse unos tragos de sake, y el saiyajin se suponía que a dormir a su casa… pero rememorando mil veces el sensual show de Anko en el agua, y repitiéndose otras mil la enseñanza final de Jiraiya, asumió que, como todo eso era normal, podía desviarse a último momento a casa de Sakura.
Tocó la puerta. Le llegaron desde adentro las voces de sus padres, que cenaban junto a ella. La kunoichi gritó un pesado "¡voy!" mientras se apresuraba a abrir al inesperado visitante.
Quedó absorta al encontrarse cara a cara con Goten. Pensó que podía tratarse de cualquiera menos él, y por eso estaba algo sorprendida. Pero mayúsculo fue en verdad su asombro cuando escuchó las palabras del saiyajin.
―¿Di-disculpa? ―Tuvo que decir, porque escuchó mal, su mente le jugó una mala pasada y entendió algo que no era.
Pero no, no escuchó ni entendió mal, y Goten sí había dicho aquello que no se podía creer.
―Sakura, quiero tener sexo contigo ahora mismo…
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Fin del capítulo
Este capítulo no es relleno, aunque lo parezca. Como dije al principio, no me sentía con ánimo de escribir, de allí que pasara de una primera escena seria, diplomática y demás, a la mierda de las aguas termales. Ojo, igual planeaba escribir eso en algún momento, aunque no todavía.
En el siguiente cap. tendremos a Trunks junto a su nuevo equipo con las andanzas en el País del Rayo. Creo que llegó la hora de darle entrada a Killer Bee, quien peleará con un Sasuke convencido por Obito, pues no tiene oportunidad alguna sin las técnicas que le da Itachi en el manga. Todo es parte del plan de Obito.
Espero les haya gustado. Si en algún punto se les pintó una sonrisa en la cara, logré mi cometido, que no era escribir lemon, lime o lo que sea, sino algo patético y gracioso que involucrara a Anko y algún saiyajin.
No prometo nada, pero en 15 días espero traerles el cap. 11.
Cuídense y no dejen de comentar, por favor.
¡Saludos!
