-Nunca me pondré algo así.- Insistió Harry, mirando con horror la camisa que llevaba su padrino en la mano.- Jamás.

Sirius miró la camisa, y luego a Harry. Tenía los ojos abiertos de par en par, totalmente desconcertado.

-No entiendo que le pasa a esta ropa. Remus¿le pasa algo?- Preguntó, alzando las cejas varias veces, pidiéndole cooperación a su pareja.

-Bueno, quizas es un poco… llamativa para Harry.- Contestó con una sonrisa, meneando la cabeza.

Harry no pudo más que estar de acuerdo. Claramente una camisa negra transparente a la que le faltaban botones en la parte superior del pecho, era muy llamativa para el.

-Pues yo me ponía este tipo de ropa en séptimo y ligaba un montón.- Siguió insistiendo Sirius. Aun con la camisa en la mano, se acercó a Harry, tendiéndosela.

-¡Sirius! Tú eres tu, y Harry es Harry. No puedes compararos. No tenéis el mismo estilo de ropa.- Intentó convencerlo Remus.

Con un gesto algo ansioso de su cabeza, Harry le dio toda la razón. Se alejó casi corriendo de su padrino, hacia el otro lado de la tienda.

Buscó entre algunos estantes y, finalmente con algo que le gustaba en la mano, volvió hacia donde un enfuruñado Sirius se quejaba por lo bajo.

-Esto es más de mi estilo.- Señaló Harry, mostrándole la sudadera más común que había podido encontrar.- Nada extravagante.

Hizo oídos sordos a las palabrotas de Sirius, para acercarse a Remus. Mucho más sensato desde su punto de vista.

-Ayúdame a elegir cosas así.- casi le suplicó, viendo cómo Sirius seguía teniendo la camisa firmemente agarrada.

Casi una hora después, el mostrador estaba lleno de ropa. Incluso había alguna cosa que otra elegante, que Harry no estaba nada seguro de que fuese a llegar a utilizar.

Gracias a Dios, Remus le había quitado la camisa a Sirius en un descuido. No quería ni imaginar a su padrino delante del armario insistiendo en que se la pusiese para ir a Hogsmeade.

Aunque con un poco de remordimiento al ver la suma que iban a pagar por la compra, Harry estaba contento. Por primera vez en su vida, el mismo había elegido la ropa que le gustaba y, para colmo¡era de su talla!

Con la sonrisa en los labios ante sus propios pensamientos irónicos, e ignorando el murmullo constante de las quejas de Sirius, siguió a la pareja para ir a la Madriguera.

Tenia muchas ganas de volver a la señora Weasley, a la que consideraba casi como una madre para el. Por muy enfadada que esta estuviera, sabia que el mosqueo había sido producido precisamente por el cariño que le tenía.

Y, por supuesto, también tenía ganas de ver a Ginny. Una vez que la chica había superado su "enamoramiento" infantil, se habían convertido en muy buenos amigos. ¿Qué habría sido de ella?

Ahora que lo pensaba, no sabía absolutamente nada acerca de lo que habían estado haciendo sus amigos en esos cinco años. ¡Ni si quiera Remus o Sirius!

-¡Sirius¡Remus!- Chilló Harry, deteniéndose en seco.- ¿A qué os dedicáis?.- Preguntó, totalmente desconcertado. No es que fuese el mas desconsiderado de la Tierra, simplemente no se había parado a pensarlo.

-Bueno, no es que necesite trabajar para tener dinero…- Dijo Sirius, quitándole importancia, mientras Harry veía como Remus hacia una mueca de descontento.

-O sea, que no hacéis nada.

-Ey, soy un aristócrata. Estoy en todo mi derecho de no hacer nada.

-No le hagas caso. A decir verdad, estábamos pensando en montar una academia para enseñar magia defensiva. Como artes marciales de muggles pero para magos. No existirá Voldemort, pero eso no quiere decir que no haya personas malas.- Dijo Remus, y Harry estuvo seguro de que habían meditado sobre la idea mucho tiempo.

-Sería genial. Incluso podrías dar clases de refuerzo para aquellos que vayan peor en la escuela de Aurores. También podríais enseñar defensa muggle, e incluso podrían ir niños…

Harry hablaba con los ojos brillantes por la alegría. Sabía perfectamente que Remus, por ser un hombre lobo, no encontraba trabajo tan fácilmente como los demás, y ser dueño de su propia escuela era una oportunidad perfecta para él.

-¡Para el carro Harry! Sólo era una idea. No te emociones tanto todavía.

-Ademas,-Dijo Remus.- No estoy muy convencido de que funcione. Sigo siendo un hombre lobo.- Un tinte de tristeza inundaba su voz, aunque sus labios se estiraban intentando una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

-Pero las cosas han cambiado mucho. Hermione ha hecho un buen trabajo.- Desestimó Sirius, con un movimiento de su mano.

Harry se sorprendió al enterarse de que su amiga era abogada, pero estaba seguro de que era el trabajo ideal para ella. Siempre se había destacado por ser justa y noble, y le gustaba ayudar a los que mas lo necesitaban.

No le sorprendió tanto enterarse de que Ron era auror, al igual que Ginny.

-Ron, para llevar solo dos años trabajando, va bastante bien. Están incluso hablando de dejarle dirigir algunas incursiones.- Dijo Remus.- además, todo el mundo sabe que es muy buen estratega.

-A Ginny no le va tan bien.- Comenzó a reírse Sirius.- Es demasiado impulsiva… ¿Sabes que el otro día se peleo con su jefe? Estuvieron en San Mungo un buen rato intentando quitarle al pobre hombre el hechizo mocomurcielago.

-seguro que fue por una tontería.- Negó Remus, también con una sonrisa en la cara.

Esa era Ginny, pensó Harry.

Y no dejó de pensarlo cuando, al llegar a la Madriguera, la pelirroja comenzó a lanzarle hechizos sin parar. ¡Y qué demonios! Era muy buena. Se notaban los tres años de carrera que había estudiado.

-¡Ginny! Estas destrozando el salón.- Dijo la señora Weasley, con mirada reprobatoria. Harry iba a agradecerle, cuando volvió a hablar.- ¡Apunta mejor!

Las carcajadas de su padrino interrumpieron su protesta. Tuvo que aguantar hasta que, quince minutos después, Ginny pensó que había sido tortura suficiente.

Unos cuantos abrazos y disculpas por parte de Harry, las dos mujeres Weasleys estaban más tranquilas.

-Te he echado tanto de menos estos cinco años.-Dijo Ginny, casi enfadada.

¡Como si fuera su culpa!

-Y encima nos enteramos de que te gustan los hombres por el periódico. Podrías habernos dicho algo antes.- Dijo, esta vez, la señora Weasley.

-La verdad Harry, a mi tampoco me lo dijiste. No puedes guardártelo todo para ti.- Refunfuño Sirius.

-¡Ey! Dadme un poco de paz, por favor.-Dijo Harry, apabullado. Era su familia, y le querían, pero le agobiaban un poco.

O mucho, a decir verdad. Sobretodo con la señora Weasley insistiéndole en que tomara galletas, que se veía muy flaco. Sin embargo, se sentía feliz, porque se daba cuenta de que las cosas no cambiaban.

Si, quizás para todos habían pasado cinco años. Pero eso no era suficiente como para que dejaran de quererle. Se seguía sintiendo como uno más en esa familia.

Más tarde, cuando estuvo a solas con Ginny, esta ni hizo más que ratificar sus pensamientos.

-Sabes. Al principio eras tan… grandioso, famoso… ¡guapo! Me encantaba tu look de chico desamparado.-Comenzó la pelirroja.- Y luego te fui conociendo, y empecé a tomarte cariño. Y claro, estaba confundida. Mi fascinación infantil se convirtió en cariño de hermanos y no me di cuenta. Menos mal que no la cagamos intentando nada, hubiese sido horrible.

-Vaya, gracias por la parte que me toca.- Respondió Harry, sarcástico. Hubiese sido más creíble de no ser por la sonrisa sincera en su rostro.- Tampoco hubiese sido agradable estar contigo, a veces me das miedo.

Ginny le pegó un codazo cariñoso y siguieron sentados en el césped del jardín, mirando el atardecer.

Ella se llevó una mano a sus cortos cabellos y se los tocó, despreocupadamente.

-Te he echado de menos de verdad. No vuelvas a desaparecer.- ginny cogió su mano y apretó con fuerza, con demasiada quizás.- Esto no ha sido lo mismo sin ti. Pensar que estabas muerto…

-Creeme, intentaré no morir en, por lo menos, unos pocos días.- Intentó bromear, quitarle hierro al asunto, pero no era facil.

Ginny era demasiado impulsiva. Sus emociones cambiaban rápidamente, quizás demasiado emocional. Y, aunque casi siempre lo primero que hacía era enfadarse, él conocía esa faceta suya de tristeza repentina. Durante ese ultimo año de guerra se habían acercado mucho.

Quizás porque Ron y Hermione habían ido más a lo suyo, tonteando y cimentando las bases de lo que luego sería su noviazgo. Ginny, por su parte, había estado sufriendo mal de amores.

Se abrazaron fuerte, como hermanos que han estado mucho tiempo sin verse.

-Sabes, yo te veia como una hermana pequeña… ¡pero ahora eres mas grande que yo!

-No te preocupes, querido hermanito peque, te enseñare muchas cosas de la vida.-Rió Ginny, de nuevo feliz.- Aunque primero, has de contarme sobre ese amor secreto.

-Cuentame mejor que es de tu intensa vida sentimental.-Replicó Harry.

Había vivido un año entero de novios pasajeros, con traumas y rabietas incluidas. Seguía sin entender cómo una chica podía enamorarse con tanta facilidad de cinco chicos en unos pocos meses.

-Ya no es tan intensa. Ahora estoy prometida con Neville.- Le contestó, con una sonrisa de enamorada.

Y, aunque Harry contuvo un estremecimiento de horror pensando en el pobre Neville, sabía que ese era el chico perfecto para Ginny. Después de todo, aunque ella no se lo hubiese dicho, el también la conocía perfectamente. Y no era tan despistado… las miradas de enamorada que le mandaba entre novio y novio no eran tan difíciles de ver, por amor de Dios.

Draco masajeó sus sienes intentando relajarse. Tener que aguantar todo el día a Pansy podía con la paciencia de cualquiera.

Y por si fuera poco, aun tenía en la memoria la maldita conversación de esa mañana.

"No te preocupes. El chico que me gusta estará ahí", Había dicho Harry, con una voz de suficiencia insufrible.

¿Cómo había tenido ese descaro? Y encima¡decirlo como si nada! Todavía sentia las mejillas rojas cuando se acordaba de la vergüenza que había pasado.

Gracias al cielo, Pansy no se había dado cuenta en absoluto, pero estaba totalmente seguro de que la familia de Harry si. Y el había quedado como un idiota. Tenia que aprender a controlarse mejor, o si no le iban a salir canas antes de tiempo, con ese maldito "héroe".

La puerta sonó, y Draco respiró hondo varias veces para poder tranquilizarse. Sabia perfectamente quien estaba al otro lado, y no le iba a dar la satisfacción de saber que su presencia le alteraba en lo mas mínimo.

Así que cuando Harry apareció en el otro lado, totalmente sereno y con una pequeña sonrisa desentendida, él simplemente hizo un gesto con la cabeza y le dejó pasar.

-Hola Draco.-Saludo Harry, pasando dentro de la habitación sin dedicarle apenas una mirada.-¿Has visto ya que hora te viene mejor?

-La verdad es que he estado un poco ocupado.- No supo si lo consiguió del todo, pero habia intentado que su voz sonara indiferente.

Empezaba a enfadarse.

¿Cómo podía Harry decirle que estaba enamorado de él, mandar indirectas al periódico y a él mismo en presencia de Pansy, y actuar como si nada?

No es que el quisiera que fuese llorando por los rincones, o suplicando un poquito de cariño, pero es que ¿no era eso lo que hacían los enamorados?

Pues el maldito Harry no, tenía que tener esa maldita sonrisa de: tu no me importas demasiado; mientras curioseaba en su habitación.

-Bueno, pues mirémoslo ahora. Estoy un poco cansado.

Draco fue hacia su escritorio, a un lado del salón, para coger el papel con su horario.

Fue el trasero de Harry lo primero que vio cuando se dio la vuelta, y vaya. Que trasero. Se sentó en el sofá y se concentró totalmente en el pergamino. El hecho de que Harry se sentase tan cerca de él, tanto que casi podía sentir el calor de sus piernas, no le importaba nada. Nada.

-déjame ver.- Dijo Harry, asomándose por encima de su brazo, apoyando su mano en él.

Si lo que intentaba era ponerle nervioso, lo estaba consiguiendo.

Aunque, con solo ver la concentración de Harry en el folio supo que no era así. Lo peor que podía tener el ponerse nervioso era que encima Harry ni si quiera notara su presencia.

Pero bueno, el era Draco Malfoy, y si alguien sabia ocultar bien lo que pensaba, ese era él. Así que no le iba a dar la satisfacción a Harry de ponerse nervioso simplemente porque aquella pequeña lengua saliera entre sus labios, acariciándoselos lentamente en una mueca de concentración.

-Según esto, creo que podríamos vernos todos los días entre semana, de 8 a 9.-Dijo Harry, frunciendo el ceño.

-¿No le parece un tiempo excesivo?-Preguntó Draco arqueando una ceja. El quería tener una vida propia y ver a Harry todos los días no iba a ser precisamente bueno.

-Es que voy tan mal con pociones…-Suspiró mordiéndose el labio.

Y no es que fuera un gesto precisamente sensual, pero imaginar todas las cosas que podían hacer esos dientes, esos labios… se le ponía dura nada más que pensarlo.

Esto no podía seguir así. Era un ser humano, no podía aguantar tanta provocación. Tenia que echar un polvo, YA.

-Bueno, pues todos los días a esa hora. Ahora hay que ir a cenar.-Dijo Draco poniendose de pie.

Si seguía un minuto más a solas con Harry, después de tantos días sin follar, no sabia de lo que era capaz.

-Desde luego. Estoy muerto de hambre.-Contestó, poniéndose de pie. Fue hacia la puerta y le dedico una sonrisa, acompañada de un gesto de la mano.- Nos vemos luego.

Solo se permitió sentir aquel escalofrió una vez que la puerta se hubo cerrado.

Quizás le iba a costar más de lo que había pensado eso de estar tan cerca de Harry. Después de todo, era muy atractivo. Ambos estaban solos… a lo mejor se podía arreglar para echar un buen polvo. Sólo uno, por supuesto. Lo suficiente para quitarse las ganas¿no?

Lo había intentando todo. Todas esas cosas que salen en las películas de morderse los labios, lamérselos, acercarse a él lentamente, mostrar indiferencia… y NADA. Ni si quiera un pestañeo fuera de lo común en Draco.

Le ponía nervioso esa fría indiferencia que mostraba, como si fuese superior al resto del mundo. ¡Pero es que estaba TAN bueno!

Y sabia que en el fondo Draco era una buena persona. Simplemente tenia que ayudarle a hacérselo ver.

No estaba dispuesto a renunciar a él. No tan pronto.

Así que con nuevos ánimos entró en el comedor.

Si por lo que sea se hubiese olvidado de aquel articulo de periódico, todos los cuchicheos y los dedos señalándole se lo hubiesen recordado.

Se sento al lado de Phillip, sin suprimir el bufido molesto que pugnaba por salir de sus labios.

-Ey, has sido de nuevo el centro de atención. Hoy no se ha hablado de otra cosa.- le saludo, con su sonrisa siempre en el rostro. ¿Acaso no se cansaba?

-Eso es porque la vida en este colegio es demasiado poco interesante.-Contestó encogiéndose de hombros.

No pudo evitar fijarse en que Draco entraba en ese momento por la puerta, tan seguro de si mismo como siempre.

Y se hubiese quedado mirando como un bobo de no ser por el golpe que recibio en el hombro, desde atrás.

Se dio la vuelta para encontrarse con un chico de apenas quince años, que le miraba con la cara totalmente enrojecida, alternando sus ojos entre el suelo y él.

-¿Si?-Le preguntó, dudando entre si el chico querría burlarse de él o hablarle sobre algo.

-Quería darte las gracias.-Su voz sonó suave, apenas un murmullo. Tuvo que tragar saliva antes de continuar.- En nombre de todos los homosexuales del colegio, lo que has hecho ha estado genial.

Harry abrió la boca, sin saber qué decir. Ni si quiera sabía que hubiese mas gays en el colegio….

-Ahora ya no tendremos que ocultarnos. Tú has dado el paso más importante. Muchas gracias Potter.

-De-De nada.-Todo el salón estaba en silencio, observando la conversación. Fueron varios los chicos y chicas que se pusieron de pie. No muchos, comparado con la multitud de alumnos que había en colegio, pero Harry sintió un nudo al saber que todos sentían igual que él, que todos le daban las gracias.

El otro chico, que ni si quiera conocía, hizo un gesto con la cabeza y volvió a su asiento. Todos los demás se sentaron, y ni si quiera se escucho un pequeño murmullo en el salón comedor.

No, hasta que cientos de lechuzas irrumpieron por las ventanas, a una hora en la que no deberían estar ahí.

La mano de Phillip apretó la suya, dandole apoyo, al ver que todos los mensajes iban dirigidos a el.

Sus amigos les ayudaron a quitar los pergaminos de las patas, mientras el cogio el primero para leerlo, ante la atenta mirada del comedor.

Gracias. Nos salvaste una vez. A mi me has vuelto a salvar ahora.

No tenía remitente, ni decía ningún nombre, pero Harry no lo necesitaba. Solo eso fue suficiente para sentirse emocionado.