Volví para atormentarlos :D

_ Sí, estás en lo cierto: Misa trabajaba de modelo, su carrera nació definitivamente después de que se fuera a Japón_ dijo Watari. Light enmudeció, reflexionando y luego se dedicó a mantener una extensa conversación:

_ ¿Cuándo empezaron a salir con Ryuzaki?

_Aproximadamente, unos meses más tarde de su partida. Ella estaba emocionalmente inestable, y el joven Ryuzaki fue el único apoyo que tuvo durante ese tiempo.

_Ah, ya veo. ¿Cuándo se casaron? Yo solamente estuve cuatro años fuera, y cuando volví, me enteré de que Misa había muerto, que Ryuzaki estaba casado y que Near era el bebé de ambos. Estaba completamente desorientado, ya que con L habíamos tenido casi nada de contacto.

_Al año de estar en una relación, él decidió ceder ante la petición de Misa y casarse. Ryuzaki no deseaba el matrimonio, no le gustaba la idea de verse involucrado con otra persona para el resto de su vida.

_ ¿Cuando murió ella, Near tenía dos, verdad?

_No, todavía no había cumplido los dos años. Tenía un año y ocho meses.

_Oh, apenas sabía caminar. Watari, ¿Tiene idea de cómo murió Amane? Al llegar y preguntar por mi hermano, me mandaron al velatorio. El cajón estaba cerrado, así que supuse que había pasado algo grave. Un accidente de autos, un asesinato brutal, pero no. Un incidente en la casa, describió Aizawa, que el moreno se negaba a relatar.

_No, por desagracia no puedo contarle mucho sobre el tema, debido a que yo no me encontraba dentro de la residencia cuando ocurrió. La ambulancia ya se había llevado el cuerpo para cuando regresé a la casa. Era mediodía, había salido a comprar lo necesario para preparar el almuerzo. Ryuzaki no me informó nada cuando le quise preguntar. Estaba mudo.

_ Sí, claro, es comprensible. Pero…_ Light hizo una pausa, las preguntas debían ser pausadas y sutiles, no debía abrumar al viejo con ellas. Bastante tenía haciéndose cargo del inmaduro de Ryuzaki y del algodón-pendejo- infumable como para molestarle con una charla que debía haber tenido con su hermano.

_ ¿Near también presenció la muerte de Misa?

_Sí, él vio cómo moría su madre. Estaban los tres juntos cuando sucedió. Supongo que habrá sido un fuerte golpe en la cabeza que la dejó inerte.

_Sí, Misa era algo torpe, podría haber resbalado y caído con mala suerte.

_Tal vez._ admitió el anciano, y metió las llaves en la cerradura. Habían llegado por fin a la casa. Light había decidido acompañarlo al mercado para poder sonsacarle información útil. No le había dicho mucho, Watari sabía sobre la muerte de la rubia tanto como él, o sea, casi nada. En el comedor estaban los susodichos. El menor estaba sentado en su silla de ruedas, extendiendo la pierna enyesada y encogiendo la vendada. Jugaba con un avioncito, en la Segunda Guerra Mundial, él era piloto de los Aliados. Se cuestionó si aquella postura no le haría daño. Bueno, no era su problema, después de todo.

En cuanto al mayor, estaba frente a su laptop, y con dos dedos escribía palabras a velocidad de un relámpago cruzando el cielo. Su espalda hacía una C casi perfecta. Sin duda alguna, cuando envejeciera, L tendría serios dilemas con su columna vertebral. ¿Sus piernas no se acalambran en esa postura tan extraña? Padre e hijo eran un par de fenómenos.

Cargando con las bolsas rebosantes de productos, el castaño y Watari fueron a la cocina y guardaron los alimentos en su correspondiente lugar. Light se había tomado la molestia de clasificar cada uno de los espacios de los estantes, cada envase con su etiqueta y apilados en orden de tamaño.

Ryuzaki había diagnosticado que él padecía de trastorno compulsivo obsesivo por la limpieza. Y no, no era una obsesión, era en pos de mantener una mínima decencia en la casa. Alguien tenía que mantener el orden en la casa, par de cerdos inmundos.

Watari le pidió que les llevara algo de comer, dado que la cena tardaría un tiempo en estar lista. Light cerró la boca, pero se sintió como si en esa casa él estaba cumpliendo el rol de la madre. Un papel que aborrecía y no quería adjudicarse.

En una bandeja, puso un café con una rosquilla cubierta de chocolate, y sabiendo que el insípido de su sobrino no comería nada si le daba algo que picotear, puso tres galletitas de osito para él. Cruzó el umbral de la puerta hacia la sala, y al hacerlo, un dolor agudo en su pie provocó que chillara. Una rueda le había aplastado el dedo gordo del pie. Si no hubiera sido por sus buenos reflejos, la bandeja se habría ido al garete.

_Perdón tío Light, no vi que venías._ se disculpó con tonito inocente Near. Qué bastardo basura, aprovecharse de que estaba semi paralítico para joderle la vida a él, desde hacía una semana y media. Y lo peor es que no podía retarlo ni culparlo. ¡Oh, pobre bebé! ¡Está lastimado! ¡Démosle con todos los caprichos porque está en silla de ruedas! Muy a su pesar, se contuvo y mantuvo su compostura. Le dijo con una voz extremadamente aplacada:

_Near, ten un poco más cuidado para la próxima ¿Si? Y en todo caso, si quieres buscar alguna cosa, pídenos a nosotros, tú no te muevas ¿Si?_ el albino hizo una mueca burlona. Qué lindo era ser un niño. No dudaba que si fuera un adolescente, Yagami se habría encargado de sacarle un cardenal en su regordete rostro.

_Bueno, ¿Me alcanzarías de arriba mi robot rojo? Yo no puedo_ dijo, sabiendo que su tío estaba a punto de empezar a echar humo por las orejas, como una pava hirviendo. Chasqueó la lengua, que se moría por gritarle unas cuantas verdades, y asintió, mientras sus mejillas se tornaban de un color carmesí y la vena de su frente se marcaba.

_Quédate acá. Ya vuelvo._ apoyó la bandeja sobre la mesa, donde L examinaba la escena, risueño por dentro.

_Gracias, "Mamá"_ Oh Dios. Esto de estar con fractura era espectacular. La cara de él fue para ponerla en un cuadro, con la inscripción "Tomando Vinagre con limón". Magnífico, excelso. El pequeño diablillo se regocijó, una fiesta ocurría en su cerebro.

_ No te abuses tanto, Near, ya sabes cómo es. Su paciencia, aunque lo dudes, tiene un límite._ Le pidió, y su pecho se infló de orgullo. Sí, su hijo sería un investigador tan capaz como él mismo. Sin duda alguna, había heredado ese sentido del humor tan ácido de él. Pondría como locos a sus colegas de trabajo, y más a sus rivales.

Rápidamente, ese sentimiento pasajero se fue, y su concentración recayó en la pantalla del monitor. Estaba investigando si existían más casos como aquel, en el que una explicación lógica no se hallara, y recurrieran a elementos paranormales. Naturalmente, había testimonios de fanáticos religiosos que adjudicaban todo lo sucedido a espíritus, que ignoró dado lo ineficiente y fantasioso de sus argumentos. A ver… No era posible que alguien haya entrado por la ventana del segundo piso en menos de cinco minutos, sin escalera, claro está. Se podía trepar por los ladrillos de la casa. El tiempo necesario para estrangular al niño, unos cuarenta segundos mínimos. Para bajar, a menos que sea un suicida o tuviera súper poderes, le tomaría sesenta segundos. En total, seis minutos con cuarenta segundos.

Lo chocante del crimen era que el estrangulamiento había sido con los cables del Play. ¿Cómo demonios lo había conseguido? Había que ser muy hábil para lograrlo. Estos cables tenían una extensión no muy larga, eso sin contar que Matt no había gritado. El baño estaba a unos cuantos metros de la habitación.

Posterior al asesinato, Near había dormido en su pieza, con él. En honor a la sinceridad, había sido Ryuzaki quien se había negado rotundamente que volviera a esa habitación. Su hijo había rechazado cambiarse de dormitorio después de unas semanas. Dijo que estaba bien, que no tenía miedo. No entendía nada.

Para remate, estaba el problema con el restaurante, en el que había ocurrido algo parecido. Cuando fue a indagar en los papeles del sitio, resultó que los papeles estaban perfectos. Es decir, el Departamento de Sanidad había pasado el día anterior al accidente. Los extintores habían sido cambiados esa misma semana. Los aspersores eran nuevos y funcionaban. Y las salidas de emergencia no tenían traba desde afuera. En el local, había un sistema anti incendios que destrababa las puertas inmediatamente después de que los sensores captaran el humo. Era un equipo nuevo, que había sido probado delante del inspector, quien era el único con buena reputación en todo el cuerpo de Salud. Era un restaurante grande, que anteriormente había sido una especie de boliche, pero lo habían cerrado y arreglado.

¿Por qué habrían fallado? Ninguna persona externa podría haberlo hecho a modo de atentado. Ni de venganza o amenaza. Los dueños eran ancianos carismáticos que no tenían enemigos. Si fuera un mensaje para las autoridades, lo habrían realizado en una institución gubernamental.

Lo que más le inquietaba del asunto era el hecho de la mención de Mello. Las dos veces que había escuchado de boca de su hijo, había sido para traer problemas. "Se lo está tomando muy en serio al juego" ¿Se puede saber qué demonios significaba eso? ¿Juego? Near no conocía a Mello. Y ese dibujo que había realizado le helaba la sangre. Era tal cual se lo había imaginado. Esos ojos celestes, ese pelo rubio. Si no fuese por la sonrisa demoníaca, habría dicho que era el segundo niño más precioso de Londres.

Volviendo al tema, ya no era una mera casualidad la existencia de ése ser, algo tenía que ver. Pero… Su existencia prevalecía en la mente de Near. Es decir, aquel joven no era un humano vivo. No le echaría importancia, no obstante, el albino le había adjudicado la catástrofe a él. ¿Sería verdad lo que decía su hijo? ¿En realidad vivía un chico al que sólo el niño podía ver? Bien, ya estaba pensando boludeces. Por supuesto que no, ya se había repetido por enésima vez, Mello estaba muerto, y Near no lo había llegado a conocer.

Ojalá fuera producto de la imaginación de él, y esta cuestión no pasara a mayores. Sí, seguramente, para poder sentirse protegido ante las situaciones emocionalmente fuertes, Near había creado un amigo que lo seguía a todos lados, un compañero. Como un ángel de la guarda, pero más creppy. Y como a todo compañero, y frente a un suceso que carecía de la explicación de los adultos, le echaba la culpa. Era similar a culpar a Dios de nuestros problemas. Alguien a quien culpar, alguien que estuviera a su lado en los momentos de tensión. Un escudo psicológico. Y dado que un estereotipo muy común en los programas televisivos era incluir un personaje rubio con ojos celestes, no era tan deforme que le hubiera imaginado con ese aspecto. Sí, por fin estaba recuperando la lógica fría que lo caracterizaba. Ahora todo sonaba menos fantástico. Su paranoia por el fallecido se estaba empezando a disipar. Estaba muerto, calcinado por las llamas, convertido en cenizas que L rechazó en guardar. Sería morboso haberlas conservado.

_ Joven Ryuzaki, yo voy a buscar la ropa del patio que estaba para secar, ya vamos a comer, así que ¿Podría poner la mesa, por favor?_ Watari lo salvó de perderse por los pasillos del complejo laberinto de su cerebro. Afirmó con su melena revoltosa y se puso de pie para cumplir con lo que le habían pedido. Light volvió con el juguete estrangulado entre sus dedos de pianista, y se lo entregó a Near.

_Este no era el que quería, pero bueno_ dijo el crío provocando el irrefrenable volcán de ira en Light, que tuvo que morderse el labio inferior para no expulsar la lava por todos lados. Si no quería decirle nada era por pura contradicción a sus ideales: no quería parecer un desgraciado por gritarle a un niño semi inválido, pero tampoco se dejaría tomar el pelo. Estaba fingiendo que no le molestaba, cuando la ira de su orgullo herido le corroía en el interior.

_ A ver, Ryuzaki, pongamos la mesa rápido ¿Te parece?_ lo apuró y le ayudó a colocar el gris mantel y los cubiertos de un bello mango dorado. Se dieron cuenta de que faltaban servilletas.

_Voy yo a buscarlas_ dijo Near, en un arranque de amabilidad impropia de él.

_No, estás herido, deja que nosotros vayamos_ L temía que se golpeara al intentar manejar la silla.

_No padre, quiero aprender a usarla. Yo voy_ Lawiet sabía que discutir con un chiquillo tan obstinado como él era una pérdida de tiempo, así que le permitió hacerlo.

_ ¡De paso, fíjate si la olla está chorreando! Habrá que limpiar la cocina si se derrama._ pidió Yagami a su sobrino, quien para impresión de los dos, logró controlar bien el aparato. Avanzó tranquilamente hacia la cocina. Se detuvo en seco y con una voz inalterada, pero de elevado volumen, le respondió a su tío:

_Tío Light, creo que tenemos un problema mayor que la olla chorreando. _ Los adultos intrigados por lo que había dicho el niño, se aproximaron hacia donde estaba. Abrieron los parpados desmesuradamente, al observar lo que había allí.

_ ¿¡PERO QUÉ MIERDA!?_ Gritó el castaño, apabullado. En la mesada de piedra de la cocina, sobre lar verduras y la tabla de madera, se enroscaba una serpiente gigante. Era corpulenta, y sus escamas de color amarillo reflejaban la luz de la bombilla que estaba colgando, balanceándose. Medía, a cálculo fácil, dos metros. Estaba formando una espiral con su cuerpo, y su cabeza estaba apoyada sobre una tabla de madera. Parecía estar durmiendo. Una serpiente gigante, durmiendo en la cocina. Oh, santo bebé Jesús.

De repente, la reptil se percató de los tres humanos que la miraban, anonadados, y enfadada porque la habían despertado de su sueño, levantó la cabeza y abrió sus fauces amenazadoramente, mostrando unos colmillos de cinco centímetros cada uno. Su lengua roja se agitaba por su siseo, y su mandíbula se extendió todo lo que podía. Con una agilidad digna de un animal así, se desenroscó y comenzó a reptar enojada hacia los tres desafortunados, en segundos. No hace falta decir que salieron despavoridos.

Yagami corrió escaleras arriba, gritando. Ryuzaki sacó a su hijo de la silla, y lo alzó entre sus brazos yendo en la misma dirección. La serpiente siseó y los persiguió. Por el pasamano se enroscó, y subió con una celeridad temible, pisándole los talones a los tres. L cargaba a un paralizado Near, quien se aferraba al cuello de su padre. Light entró en la primera puerta que encontró y se encerró allí, dejando a su hermano y sobrino a merced de la espantosa criatura del mal.

¡Hay una serpiente persiguiéndonos! ¡Una mágica y puta serpiente!

Con desesperación, entró en su recámara, al final del pasillo. La reptil amarilla lo siguió de cerca, y por milímetros no ingresó con ellos en el cuarto. Protestó golpeando con su cola la madera hueca, que amplificó el sonido de los golpes. Inició una serie de coletazos y cabezazos contra ésta.

Era fuerte, y la puerta no resistiría mucho. Se alejaron lo más que podían de ella, y el padre tomó de su mesita de luz un plato con restos de pastel. Con su brazo libre, sostenía a su niño contra su pecho. No tenía ningún arma con la que defenderse. No había tiempo para preguntas obvias, ¡Una serpiente iba a atacarlos! Finalmente, ocurrió lo inevitable, el material cedió ante los reiterados golpes que la serpiente daba. Hizo un agujero lo suficientemente grande como para que el sector más gordo de su alargado cuerpo pasara. Entró, sacando la lengua afilada y de textura dudosa.

L levantó sobre su cabeza el plato ovalado, sabiendo que no le haría daño suficiente como para matarla, sin embargo debía tratar. Se lo arrojó con todas sus fuerzas, y la reptil quedó aturdida, lo suficiente como para que el moreno y el albino se movilizaran lejos de su alcance. No obstante, la bicha se enfureció más ante su repentina acción y les bloqueó la salida, con sus colmillos deseosos de clavarse en sus carnes. Oh, Dios.

El detective buscó a tientas otro objeto para lanzárselo, para espantarla, pero sólo se topó con un tenedor en sobre su almohada. Lo extendió en sus narices, para ver si se alejaba. Ella se aproximó con lentitud, y el tenedor en la mano de Ryuzaki tembló, no sabía si por coraje o por pavor.

_Papá, eso no ayuda_ dijo Near, aferrado a él, con un miedo bien disimulado. Al instante de ver los dientes prominentes de la serpiente, susurró_ Mello, por favor. _

L tragó saliva. Y cuando creían que se iba a abalanzar sobre ellos, un cuchillo de cocina fue clavado en su sien, haciendo que se retorciera y se desplomara en el suelo, quieta. Entonces, su piel se fue descascarando, reduciéndose, consumiéndose a sí misma. Sus escamas se ennegrecieron, y se convirtieron en polvo gris.

En el sitio donde estaba una serpiente, ahora había una extensa línea gris de tierra sucia, y el cuchillo en medio. Se había desintegrado. Había desaparecido, como en una de esas películas bizarras donde la gente que se pulveriza deja una mota de polvo que se esparce. Eso estaba pasando.

Ryuzaki respiraba por la boca, agitado y con el corazón a punto de la taquicardia. Miró la dirección donde había provenido el arma salvadora, y vio a Light exhalando, con su brazo todavía extendido en un ángulo de lanzamiento.

Al encontrarse los ojos grises y marrones, se reanimaron y salieron de la pieza. Bajaron y ya en la planta baja, L se dejó caer sobre el sillón abrazando a un enyesado y traumatizado Near. Su hermano tomó del perchero su abrigo negro y se lo puso, al borde de la locura.

_ ¿A dónde vas, Light?_ preguntó Ryuzaki, controlando su respirar.

_A lo de Takada. Ni en pedo duermo hoy aquí._ anunció, y se retiró dando un sonoro portazo. Padre e hijo se observaron mutuamente, comprobando si el otro estaba bien.

_Near, Hoy no duermo. Me quedaré aquí a ver películas malas._ dijo Ryuzaki, tomando el control y sintonizando el primer canal que se acordó.

_Por supuesto._ contestó Near y escondió la cabeza en la clavícula de su padre.

Watari entró por la puerta trasera como si nada. Ni se había enterado del caos que acaba de finalizar.

Dios qué clase de alucinógenos me habré tomado xD.