PRIMERA PARTE - EL PORTAL
Capítulo III - Comienza la feria Milenaria
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No tardaron mucho en llegar. A pesar de las palabras de Marle, Crono estaba preocupado y cauteloso por la reacción que tendría su amiga al ver su hogar. Ella era de clase media-baja, mientras que Crono era sencillamente de clase baja. Supuso, ella estaría acostumbrada por vivir en el castillo a algunos lujos mayores de los que disponía en su humilde morada. En efecto estaba sorprendida, pero no para mal. En sus ojos destellaba la curiosidad de querer conocerlo todo, y a cada oportunidad, asaltaba a su amigo con alguna pregunta relacionada al campo o al cultivo. Las preguntas no pararon hasta llegar y tocar a la puerta.
Tamara apareció con el rostro crispado de los nervios. Tan pronto vio a su hijo se le lanzó para envolverlo con un desesperado abrazo, sorprendiéndolo a él y a Marle.
—¡Crono, estás bien! Hace poco hubo un temblor y temí que hubieras salido lastimado como la otra vez.
—Calma, mamá. Estoy bien.
—¿La otra vez? —exclamó Marle.
—El año pasado años bajaba las escaleras cuando sucedió el anterior a este. Me caí torciéndome un tobillo— aclaró.
Tamara se percató entonces de la presencia de Marle.
—Ha… Buenos días tenga señorita. Pero adelante, pasen, pasen.
Algo apenada al conocer a la madre de su amigo, entró a la vivienda detrás de él. La mirada de la doncella se paseó por toda la estancia, como cualquier otro noble lo haría para criticar la pobreza donde vivían, aunque esa no era la razón de Marle al hacerlo, por el contrario estaba maravillada de la grandiosa que le parecía la vida fuera del Castillo.
—Tienes una casa muy acogedora, Crono. Es muy interesante.
—Pues… gracias.
—Pero Crono, solamente te había visto con Lucca. ¿No vas a presentarme a tu amiga? —Agregó la señor Dejgel a su hijo, como quién no quiere recordarle buenos modales discretamente.
—Es un placer conocerla señora Degjel, mi nombre es Marle Q'bey. —Se presentó haciéndole una pequeña reverencia en señal de respeto.
—El placer es mío, querida.
El nerviosismo de Tamara se hizo evidente para su hijo. La mujer había visto el lujoso pendiente de Marle, y se dio cuenta de lo finas que eran sus ropas, sumando la cortesía y educación con la que hablaba, supuso que la chica era una noble como Lucca. Al comprender la suposición hecha por su madre, Crono agregó:
—Marle trabajaba en el castillo como mucama.
—¡Ah, ya veo! ¿Me disculpas un momento, querida? —refiriéndose a Marle para ir con Crono y aclarar algo en voz baja— Hijo, ¿ella es el motivo por el que rompiste tu compromiso con Lucca?
No captó la relación con el asunto.
—¿Mamá?
—Porque si es así, lo entiendo. Puede que una joven de clase alta no era lo que tú buscabas, después de todo solo sentías aprecio por Lucca. En cambio una jovencita de clase media puede que no…
—¡No mamá, espera! Ella y yo no… digo. Apenas la conocí esta mañana.
—¿En serio? Bueno, de igual manera no es un mal partido para ti.
La mujer regresó volviendo a dedicarle la palabra a Marle, ella estaba entretenida acariciando a "Tigre", el gato de Crono, ausente sobre los cuchicheos de los Degjel. Si era privado era mejor no meterse, pensó.
—Bueno, mamá. Solo venimos para dejar algunas cosas que recogimos en el camino.
—¡Aja! Crono y yo vamos a ir a la feria del Milenio, señora —agregó Marle con su entusiasmo, sin darse cuenta de su error.
—¿Pero qué no vienen de ahí?
—No, venimos de Porre, donde hicimos de entretenimiento para la fiesta del hijo del alcalde —no se daba cuenta tampoco cómo Crono se aclaraba la garganta para indicarle que se detuviera.
—Qué curioso. Crono no me comentó nada de eso.
Dándose por vencido, el muchacho no tuvo de otra más que explicarle a su madre el trabajo que le pidió el alcalde Mento, la autorización de Sir Dianos para portar una espada de verdad, y la necesidad de juntar dinero para costeársela. En el relato, Marle comprendió que lo metió en un apuro, apenada se mantuvo al lado de Crono para ayudarle de ser necesario durante la narración. Al terminar, Tamara no parecía tan molesta como el pelirrojo hubiese esperado.
—No me gusta que me guardes secretos, hijo.
—Lo lamento mucho.
—Descuida. Por mí no te fijes. Si Sir Dianos te ha concedido el derecho para portar una espada, confío entonces en su criterio, solo por favor ten cuidado.
—Por supuesto.
—Entonces déjenme aquí sus cosas, y vayan a divertirse.
—¿No quiere acompañarnos, señora? —Agregó Marle.
—Lo lamento querida, pero no me será posible. Le prometí a Taban pasarme por su casa para echarle un ojo a Lara de vez en cuando. Ella no quiso acompañarlos porque se sentía mal, pero tampoco deseó que se quedaran por ella. Tú sabes lo orgullosa que es a veces.
—Lo entiendo mamá, aunque —contestó Crono— de cualquier manera tenía contemplado ir ahora a su casa para buscar a Lucca.
—Vamos, no quiero que te atrases para que regreses temprano a casa e invites a Marle a cenar con nosotros. Si es que no tienes inconveniente querida.
—Será un placer, señora.
La joven mucama subió a la habitación de Crono siguiéndolo con Tigre en brazos, apenas el escudero aprendiz, le decía el nombre de su mascota a la que cayó en gracia a la joven. El gato parecía no darle importancia quien se le acercara si Crono, Tamara o Marle, siempre y cuando le prestaran atención y mimos. Mientras Crono guardaba las cosas, Marle miraba maravillada por la ventana de la habitación.
—¡Desde aquí puedo ver la Plaza Leene y el castillo de Guardia!
—La vista siempre es agradable acá arriba, es lo mejor que tengo, supongo. Ya estoy listo.
—¿Vas a llevarte tu espada de madera?
—Así es, tengo pensado pasar parte del rato en la feria pegándole al Gato.
La doncella arqueó una ceja sosteniendo entre sus brazos algo nerviosa y con más fuerza a Tigre, el felino emitió un débil maullido.
—¡A Tigre no, Marle! Gato es el nombre de una de las atracciones en la feria, lo hizo la amiga de la que te hable. Te sorprenderá cuando lo veas. Por cierto pronto la conocerás, es a la casa de ella a donde nos dirigiremos ahora.
—¿La noble de buen corazón?
—La misma, vamos.
Bajaron a la estancia de nuevo. Se despidieron de la señora Degjel.
—Los dos vayan con cuidado. Marle, casi lo olvido querida. ¿Ya habías venido antes al pueblo de Truce, cierto?
—Pues… hace mucho tiempo que ni lo recuerdo, ¿por qué lo piensa? —Preguntó nerviosa.
—No estoy segura, pero me da la sensación de ya haberte visto antes en alguna parte. Me parece que… quizá entre la multitud hace un año. Cuando el Rey Guardia hizo una proclama real cerca del puente Zenan.
La expresión de Marle fue como si hubiese visto a un fantasma.
—Pues… sí. Creo que me vio. Recuerde que solía trabajar en el castillo. ¡Claro! La servidumbre de Guardia bajó también para acompañar al Rey Guardia. Ya ni lo recordaba, ya sabe, muchas proclamas reales y apenas hubo tiempo de ver las cosas con atención, je.
—¡Pero claro! Este es un mundo pequeño. Entonces no les quito más tiempo, partan y vayan con cuidado. Crono, sé un caballero.
Los despidió a ambos con un beso en la mejilla. Sin duda el muchacho se había dejado llevar por instantes una mala impresión de Marle antes de haber entrado en su hogar; su comportamiento, si bien no fue muy natural, no fue en absoluto nada irrespetuoso, sino todo lo contrario, incluso cuando salieron rumbo a la casa de Lucca, Marle no se resistió a agregar:
—Tu madre es una mujer muy agradable, Crono. Me recuerda mucho a la mía.
—Tal vez algún día pueda conocer a la tuya.
—Eso no sucederá. Murió hace mucho, cuando era una niña.
Hizo una mueca suponiendo haber metido la pata.
—Lo siento.
—Descuida. ¿Cómo decías que se llamaba la bondadosa noble?
—Su nombre es Lucca.
—Me suena su nombre. También el de Lara, tu madre la mencionó. ¿Es acaso su madre?
—Así es. Lara es la esposa de Taban Gendius, por consiguiente, Lucca es su hija.
La joven se detuvo de pronto.
—¿Gendius? ¿Ese hombre no es el inventor real de Guardia?
—El mismo. Ya veras, Lucca es tan buena como su padre en esa área… bueno, quizá más creativa. No pienses mal, pero Gato es uno de los pocos inventos en los que le ha ido bien a su hija.
