"Doctor por favor, estoy embarazada no tengo ninguna enfermedad grave, puedo levantarme, estoy bien." Rose acarició la mejilla del Doctor y sonrió, para luego salir del dormitorio.
Estaba cansada, no tanto por el embarazo, sino más bien por estar todo el día en la cama. Tenía que descansar, de eso no le cabía ninguna duda, pero Rose era una persona activa y estar mucho tiempo sin hacer nada no era algo que pudiera aguantar sin más.
"Rose cariño, no tienes un embarazo normal, tu misma dijiste que no podía ser que un bebé humano diera patadas a los dos meses. Puede ser peligroso que estés por ahí. ¿Por qué no descansas?"
ella se dio la vuelta y se cruzó de brazos, colocándolos justo sobre su vientre, más abultado de lo que sería normal con tan poco tiempo de embarazo. Adoraba a ese hombre, pero a veces le parecía que la cuidaba demasiado, que la protegía en exceso, cuando le había demostrado sobradamente que podía cuidarse por si misma.
Sin embargo no dijo nada, el Doctor, después de todo lo que había hecho por ella y de todo lo que le había dado, incluyendo el bebé que llevaba en su vientre, no se lo merecía. Tan sólo sonrío y alargó la mano para que él la tomara.
El Doctor no dudo y fue hacia ella, pero en lugar de coger su mano, rodeó sus hombros y apretó el cuerpo de Rose, le besó en la mejilla. "Estuviste infectada por lo mismo que Ianto, no quiero que te ocurra nada." Le susurró al oído.
"Me gustaría saber que es lo que hice. No entiendo porque no me lo quieres decir, ni que fuera tan grave."
El Doctor suspiró. Habían tenido tantas veces esa conversación, que en ocasiones deseaba que Rose olvidara para siempre esos horribles, días y no tener que contarle las pesadillas que había tenido y lo cerca que había estado de hacer daño a alguien.
"Y por cierto, no tienes porque hacer que mi madre se convierta en mi perro guardián, que no muerdo a nadie." El Doctor sonrió para evitar tener que contestar a eso, porque recordar la brecha que había hecho en la frente de Jack por imaginarse lo que había ocurrido en la TARDIS, le daba ganas de reír. "¿De que te ríes?"
"De lo graciosa que te pones cuando frunces el ceño y te sale esa arruga ahí." El Doctor deslizó el dedo sobre la piel de Rose, hasta que notó que ella se estremecía y sonreía como un niño al que habían pillado haciendo una travesura.
"Mira estás muy raro desde que volviste de ese planeta y ni siquiera me has dicho lo que me ocurre, ni lo que le ocurre a Ianto. Puede ser algo malo para el bebé y yo no siquiera lo sabría."
El Doctor le besó de nuevo en la frente, pero no contestó; de nuevo el silencio, de nuevo las excusas para no decir la verdad. No podía ser tan malo lo que había hecho, no podía ser nada que ella pudiera pensar en ese momento.
"Que desconsiderada soy." Dijo de repente Rose. "¿Cómo está Ianto después de lo que pasó? Gwen me ha dicho que no recuerda nada."
Siguieron caminando por el pasillo. Pese a lo que le había aconsejado el Doctor de quedarse en la cama, Rose había quedado con su madre en la sala.
- o -
Jackie, junto con Gwen a conocer la base, dejando a un lado las partes más secretas, como el atracadero de los submarinos y lugares semejantes. Jackie disfrutó del lugar como si estuviera en una de esas películas de espías que veía los fines de semana por la tarde en casa.
Siempre había creído que esas cosas no existían en la realidad, que los espías no eran más que historias que vendían muchos libros, nada que fuera real. Ahora se daba cuenta que estaba equivocada y que el mundo era mucho más complicado si podía, de lo que había descubierto junto al Doctor.
"¿Dónde está el capitán Harkness? Rose me ha hablado mucho de él y tengo por curiosidad por saber quien es el hombre que…"
Gwen sonrió, había escuchado tantas cosas sobre Jack, que justo cuando creía conocerlo bien, justo cuando Ianto le había contado tantos informes del pasado de Jack, que creía que no tendría más curiosidad por lo que había hecho el capitán, pero se dio cuenta que estaba equivocada.
"¿Quieres decir que Rose y el capitán…"
"No, no por favor. Lo que me dijo Rose es que gracias a Jack, pues que el Doctor decidió dar un paso más en su relación." Jackie suspiro. "La verdad es que tienen una relación muy especial, ni yo misma podría explicarla. Los veo juntos y se que están hechos el uno para el otro, a pesar de lo diferentes que soy, se que no podrían vivir el uno sin el otro."
Al escucharla hablar así a Jackie, Gwen pensó en Jack y Ianto, dos personas tan diferentes, uno inmortal que había visto tantos mundos había vivido tantas vidas que no podría nadie compararse con él, por otro lado Ianto, un chico normal, cayado, metido en su mundo, tanto que la gente que lo rodeaba apenas lo conocía y sin embargo, cuando estaban juntos hacían la pareja perfecta.
"Echo mucho de menos a mi hija, pero se que con el Doctor está mucho mejor, simplemente es feliz."
"Ya ves ahora, te van a hacer abuela." Gwen sonrió, esperando la misma reacción por parte de Jackie, pero la mujer se quedó con la mirada clavada en el suelo. "¿Qué ocurre algo va mal?"
"No lo se, no se como tomarme eso de que mi nieto va a ser medio extraterrestre."
"Lo se, no es fácil de aceptar yo digamos que estuve a punto de tener un bebé alienígena y pese a que sabía tenerlo ahí me mataría, al final digamos que lo vi como algo natural, era mi bebé, estaba allí y de alguna forma lo quería."
"¿Cómo no voy a querer al bebé que tenga Rose? Va a ser mi nieto, no se porque a veces me pregunto estas cosas. Es como si me convirtiera en una mala madre con Rose."
"No digas, eso tan sólo quieres proteger a tu hija, es normal. yo quiero a Ianto y a Jack como si fueran mis hermanos y si algo malo les pasa haré pagar a quien lo haga, no puedo pensar estar sin ellos. Es lo mismo, tu quieres lo mejor para tu hija y tienes miedo que pueda ocurrirle algo malo. Es lo más normal."
"Por eso me gustaría hablar con el capitán, tal vez él sepa algo de lo que le ocurre a Rose, a lo mejor me puede dejar más tranquila."
"Jack… Jack está ocupado con algo muy importante."
Gwen no quería decir donde estaba Jack, no porque fuera un gran secreto, sino porque respetaba profundamente la intimidad de su amigo y sobretodo porque se trataba de algo tan doloroso para él como Ianto.
- o -
"Este es mi dormitorio." Jack esperó a que Ianto decidiera entrar. "No es un gran espacio pero es suficiente para mi. Lo malo es cuando te quedas a dormir, la cama no da casi para los dos."
"No recuerdo haber estado aquí antes y deja de tratarme como si tuviéramos una relación íntima o algo así." Jack se acercó a su compañero, pero Ianto se apartó.
Jack sintió aquello como una punzada en el centro del corazón. Adoraba a Ianto, no sentía con nadie lo que sentía con el al hacer el amor, al ver el amanecer juntos y decirle al oído, no tan a menudo como debería, que le quería.
"Ianto, no se como ha podido pasar esto y la sola idea de perder todo lo que hemos pasado juntos me está matando. Te necesito a mi lado, necesito que estés conmigo para seguir en esta lucha, que a veces veo un completo sin sentido. No creo que pueda hacerlo sin ti."
"Capitán por favor, se quien eres, se todo lo que has hecho y se que puedes salvar al mundo una y mil veces sin necesidad de atarte a nadie." Ianto se sentó en la cama y miró a su alrededor.
No reconocía ese lugar, no había nada en su mente que le dijera que había estado allí anteriormente, pero aún así estaba esa sensación, como una extraña nostalgia porque conocía bien ese sitio al que no había entrado.
"Tu me conoces mejor que nadie, tu sabes que tengo una pose de superhéroe delante de los demás, pero delante de ti, me abro por completo, soy otra persona." Jack se arrodilló frente a Ianto y cogió las manos de él, que el muchacho pronto liberó.
"Capitan…"
"Deja de llamarme capitán."
Ianto lo miró sorprendido, Jack estaba nervioso, nunca lo veía nervioso sin no era por una misión que no estuviera saliendo bien. Se quedó paralizado y por un momento se ruborizó cuando el capitán lo miró a los ojos.
"¿Qué ocurre? ¿Te encuentras mal?"
Ianto se cubrió el rostro con las manos y rompió a llorar sin poder evitarlo, sin saber porque le estaba ocurriendo eso, sin saber como detenerlo. Todo su cuerpo se estremecía, todo él había perdido el control de su ser.
"Ianto."
Jack se sentó a su lado y muy lentamente rodeó su cuerpo con ambos brazos. Ianto respiraba entrecortadamente, sentía que le faltaba el aire, que alguien apretaba su garganta con fuerza. Pero no podía dejar de llorar, pues sentía que le faltaba algo demasiado grande en su interior, como si alguien le hubiera robado una parte de su vida.
"Ianto dime algo, necesito saber…"
"¿Por qué te echo tanto de menos cuando trabajamos todos los días juntos? ¿Por qué notaba que me faltaba el aire hasta que me has abrazado? ¿Por qué se que no debería salir de esta habitación o de lo contrario me voy sentir como una mierda?"
Se dejó caer sobre los brazos de Jack, como no sentía haberlo hecho nunca, pero eso le reconfortaba, y le hacía recuperar la calma poco a poco.
"Mira esto." Dijo por fin Jack, poniendo algo en las manos de Ianto.
El muchacho miró el papel y se dio cuenta que era una foto, una foto en la que estaba él. llevaba puesta una camisa de Jack, los botones abrochados sólo hasta la mitad y unos pantalones vaqueros viejos, estaba descalzo, recostado sobre esa misma cama y despeinado, como si se acabara de levantar. Sonreía feliz, como no recordaba haberlo hecho en mucho tiempo.
"Soy yo."
"Si, y la foto te la hice yo." Ianto sonrió sin saber porque al mirar la fotografía. "No le digas a los demás que tengo estás fotos, no quiero que piensen que soy excesivamente sentimental."
"¿Hay más fotos?"
"¿Las quieres ver? Tal vez te ayuden a recordar algo.
Ianto aceptó, se acomodó en la cama y dejó que Jack pusiera un fajo de fotos sobre la sábana. Aquello iba a llevar un tiempo pensó Jack, pero haría lo que fuera necesario para recuperar al Ianto que el conocía y que el tanto quería.
"Esta es la primera que nos hicimos."
