Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Casualidad


X

Socios


—Este lugar es deprimente. Se parece a las pocilgas que habité luego que purgaron mi planeta —comentó Bulma con la mirada en la mancha de humedad que cubría gran parte de la pared a su izquierda. Ya se había acostumbrado a esta y resultaba la menos desagradable de todo el cuarto.

—¿Cómo fue eso? —preguntó Vegeta, acostado a su lado.

Los dos se encontraban desnudos sobre la cama. Habían despertado hace un rato, y ya que ya no quedaba comida, ni agua y ni siquiera cigarros hicieron lo único que quedaba: coger.

—¿Quieres saber de mi vida en las pocilgas? —Levantó una ceja.

—No. La purga en tu planeta. Cómo fue.

—Ah, eso —murmuró. No tenía deseos de hablar de los lugares horrendos donde habitó y mucho menos sobre cómo tomaron su planeta y lo destruyeron—. Tú sí que sabes cómo llevar una conversación después del sexo.

Vegeta frunció el ceño por esa respuesta. No sabía qué decir a eso.

Bulma no le dio tiempo para responder y continuó

—Necesitamos efectivo. Después de desviar mi dinero tendré que ir a retirarlo y para eso necesito un aerocoche elegante, ropa y maquillaje.

—Podemos robarlo —dijo con naturalidad.

—No. No quiero llamar la atención, debo pasar desapercibida. Es mucho dinero y no dejaran de buscarme en un tiempo. Tenemos que escondernos y esperar.

—Dalo por hecho.

Bulma no pudo evitar mirarlo de reojo por tal confiado comentario.

—¿Ya sabes cómo vas a conseguir tanto dinero?

—Tengo una idea —continuó con su actitud altanera.

—Está bien. Te creo… Ahora dime, ¿qué hiciste los días que estuviste afuera? —Giró en la cama para apoyar el torso desnudo en el pecho del hombre. Vegeta enseguida posó la mano en su espalda—. ¿Me extrañaste? —preguntó coqueta.

—Cada segundo —respondió cínico, con una sonrisa de lado.

—Fueron cinco días. Tuviste mucho tiempo para moverte. ¿Hiciste amigos? —preguntó y pasó la yema del dedo índice sobre sus labios—. ¿Alguna amiga menos guapa que yo? ¿O estuviste metiéndote en problemas?

—Haces muchas preguntas —dijo y puso sobre ella.

Bulma continuó acariciando su boca. Era lo que más le había gustado de él hasta ahora.

—Si vamos a trabajar juntos de nuevo tenemos que conocernos mejor.

—¿Mejor? ¿Qué más quieres de mí?

Bulma quiso contentar pero la calló con un beso.

Nuevamente reinó el silencio en la habitación que se vio interrumpido por los besos y gemidos de la pareja. En cuanto terminó con su boca, Vegeta bajó a sus pechos y succionó un pezón duro mientras la masturbó con la mano y cuando sintió algo de humedad no tardó en penetrarla.

Bulma cerró los ojos con fuerza. Pese a ser la tercera vez que lo hacían aún le dolía sentirlo adentro al comienzo. Hizo la cabeza hacia atrás, momento que él aprovechó para morder su cuello y hacerla gemir. Al contrario de las otras veces que cogieron, embistió con lentitud.

Con luz del día entrando por la ventana era posible observarla al detalle. Su cuello tenso, su rostro, la manera atractiva en que mordía su labio. Continuó el paso lento y profundo, hasta que la chica comenzó a quejarse en voz alta.


Volver a usar la nave de los gorilas no era una opción. Continuaron caminando un momento por las sucias calles de la ciudad, buscando un vehículo para poder movilizarse. No llegarían a ningún lado si seguían caminando.

Bulma llevaba su computador en el bolso y hablaba consigo misma en voz alta para aclarar las ideas. Vegeta iba a su lado en silencio.

—No podemos volver. Es el primer lugar donde me buscarán. No puedo poner en peligro a nadie, así que no podemos contar con mis cosas... Tendremos que hacer dinero rápido, y necesito algo de ropa. Pero primero… —Se detuvo junto un simple aerocoche estacionado en la parte trasera de un local de comida, frente a dos grandes contenedores de basura a medio llenar. Miró hacia todas direcciones, esperando el momento oportuno de atacar—. Vigila que no pase nadie.

Vegeta se sintió un poco torpe, no obstante, obedeció. No se veía mucha gente salvo por un animal callejero en busca de comida en los basureros.

La joven levantó el capó del vehículo y observó el modelo de la máquina.

—Solamente tengo que cortar unos cables y desactivar los seguros… —Frunció el ceño cuando notó que necesitaba una herramienta para acceder a ellos. Un simple destornillador que tenía en casa.

—¿Qué esperas? —preguntó el hombre aburrido.

—Dame un segundo —respondió con el ceño fruncido—. Estoy pensando.

—¿Qué tanto piensas? ¿Eres inteligente, no? Hazlo ya.

—Claro que soy inteligente —dijo molesta de que pusiera en duda su capacidad intelectual y no por el tono—. Este modelo tiene un sello y no puedo abrirlo con las manos. Es metal, y no puedo doblar el metal.

Vegeta se acercó y la miró.

—¿Puedes desactivar la alarma?

En respuesta, Bulma tiró y cortó un delgado cable verde.

—Listo.

Vegeta se acercó al asiento del conductor y con un simple golpe de puño rompió el vidrio. Bulma dio un pequeño brinquito de susto por el ruido del estallido de los cristales.

—Gran idea, cavernícola —comentó Bulma. Debió quitar gran cantidad de vidrios del asiento antes de poder sentarse. Vegeta ya estaba en el asiento del copiloto esperándola—. ¿Dónde vamos?

—Necesito un mapa.

Bulma apretó un botón que activó el mapa del vehículo. Éste se reflejó frente a ellos, en el parabrisas y era posible ver a través de él, hacia la calle, incluso pilotar si fuese necesario, no molestaba en lo absoluto.

Le costó unos segundos orientarse en el mapa, pero cuando lo hizo, se movió bien por él. Con el pulgar y el índice movía, achicaba y agrandaba la imagen a su antojo.

—Eres bueno orientándote… —comentó Bulma en voz baja.

—Aquí debemos ir—. Resaltó un lugar en el mapa al mantener el índice presionado contra el vidrio.

—¿En ese lugar conseguiremos mucho dinero? —Le llamó la atención la ubicación. Se trataba de un área de la ciudad muy peligrosa. Estaba segura que anduvo metido por esos lares estos días.

—Eso fue lo que dije —respondió y se cruzó de brazos.

—Está bien, está bien. Vamos por ese dinero.

Despegó la nave y se dirigió al punto que Argon indicó.


El lugar era bastante similar al mercado que ella recorría habitualmente, sólo que en este ofrecían todo lo que estaba prohibido en el otro o vendían a escondidas. Aquí las drogas, armas ilegales, prostitutas de cientos de razas diferentes estaban al alcance de la mano. También corrían las apuestas de todo tipo y contrabando para todos los gustos.

A Bulma le hubiese encantado visitar antes esta área de la ciudad, pero sola y con buen cuerpo hubiera terminado de esclava sexual en algún prostíbulo de mala clase. Si la policía no resguardaba donde ella vivía, aquí era tierra de nadie controlada por mafias galácticas y policías corruptos que mantenían sus negocios ocultos.

Para mayor seguridad, Bulma no soltó del brazo a Argon en ningún momento. Sentía las miradas de algunos, pero no se acercarían a molestarla ni intentar nada estúpido mientras estuviese con él y su cara de matón.

—Imagino que ya conoces el lugar. Y es mejor que no me digas que estuviste haciendo por aquí.

—Intentando recordar.

—¿Funcionó? Porque tienes aspecto de haber pasado por aquí antes.

—Nada.

La joven se distrajo al ver que en plena calle ofrecían la batería atómica de un crucero de batalla. No le agradaba la tecnología bélica, pero con esa batería en su poder podría ahorrarse mucho dinero y tiempo en la reparación y mejoramiento de naves particulares. Intentó detenerse para regatear y sacar información respecto su procedencia, pero el hombre continuó caminando y no le permitió hacer negocios.

—Más te vale hacer mucho dinero. Quiero esa batería.

—Podrás conseguirla una vez que saques el dinero del mafioso.

—Pero quiero esa batería ahora —se quejó y continuó mirándola, pese a que seguían avanzado y alejándose más de ella.

—Luego. Ya estamos por llegar.

—¿Vas a decirme cómo piensas conseguir tanto dinero?

—Haciendo lo que mejor sé hacer.

—¿Vas a ganar dinero rompiendo cabezas?

Él le sonrió en respuesta.

Se detuvieron cuando estuvieron en frente de unos carteles gigantes que promocionaban un club de pelea ilegal. Al parecer en esta parte de la ciudad si algo llevaba la etiqueta de ilegal lo hacía más interesante comercialmente hablando. Bulma sonrió y miró a Argon.

—No sé porque no lo imaginé antes.

—¿Quieres dinero rápido? Vamos.

Vegeta caminó, pero se detuvo cuando ella se puso en su camino y apoyó ambas manos en su pecho.

—Está bien —dijo ella—. Hay ciertas reglas que hay que seguir si vamos a continuar con todo esto.

Él esperó a que hablara.

—Si vamos a ser socios…

—Ya lo somos —la interrumpió.

—Sí. Ya que somos socios, tienes que prometerme algo.

—Habla de una vez.

—Nada de muertes, ¿entiendes?

—¿Por qué no? —Retrocedió un paso para detener el contacto y se cruzó de brazos.

—Porque simplemente está mal. No puedes andar matando a todo el mundo.

—Se gana más dinero si mato.

—Estoy segura que encontrarás la forma de hacer mucho dinero sin degollar a nadie.

El respondió con una mueca. Bulma no podía creer que tuviera que tener este tipo de conversación.

—Vamos, promételo. No vas a matar a nadie —insistió firme.

—Está bien —dijo fastidiado—. Nada de muertes.

Entró al local de peleas. Bulma lo siguió apresurada para no quedarse sola.


Definitivamente Argon ya era conocido en el lugar, ya que no los hicieron esperar y enviaron a Bulma a uno de los mejores lugares para observar las batallas, alejado de la gente y el escándalo. Quiso volver a advertirle sobre la promesa, pero sólo consiguió de respuesta que le lanzara su chaqueta a la cara. Lo insultó por poco caballero y se la puso para protegerse del frío.

Bulma recordó un famoso y antiguo coliseo de su planeta, sólo que este era más pequeño e industrializado, construido enteramente de metal, en lugar de piedra. Podría ver con claridad las manchas de sangre y partes de cuerpos regados por todo el lugar. Seguramente pertenecían ahí para alimentar el morbo de los espectadores.

En menos de media hora la capacidad del recinto estaba copada y la gente rugía a la espera de los guerreros que se sacarían la cabeza. Las apuestas no paraban, al igual que la venta de comida y bebidas. Bulma rechazó todo lo que se acercaron a vender. Tenía hambre, pero no por eso comería la basura tóxica que ofrecían.

Pronto comenzaron a salir los guerreros al centro de la arena de combate. Había seres de todos lados de la galaxia que se ganaban la vida de esa manera. Hombres y mujeres fuertes que a diario apostaban su vida y se esforzaban para ser el competidor de moda. Al parecer Vegeta era el guerrero de moda en esta ocasión, ya que todo el lugar rugió cuando lo vio aparecer.

A Bulma no le gustó ver que mientras todos usaban armaduras para protegerse y distintos tipos de armamento, Argon vestía su ropa. Temió por su integridad. Ya casi no tenía heridas y podía salir gravemente herido contra tremendos contrincantes que lo doblaban en tamaño y peso. Si terminaba mal y algo le pasaba, sería la integridad de ella la que correría peligro en un lugar así.

Se escuchó desde los parlantes la voz del presentador dando la bienvenida a la distinguida clientela sedienta de sangre y violencia. Como cada noche de espectáculo, detalló las reglas del juego a los participantes y reiteró el premio para el último que quedara en pie. Eso le gustó mucho a Bulma, era una suma considerable, aunque no suficiente para lo que necesitaban, pero si Argon ganaba eso esta noche podrían descansar en un hotel de categoría y comer comida de calidad.

Sonó una bocina ruidosa y molesta. Bulma supuso que era la señal para comenzar la pelea y tuvo razón. Abrazó su computador de forma inconsciente cuando los guerreros comenzaron a atacarse entre ellos. Por lo que entendió esta modalidad era todos contra todos. Había otras plataformas donde sólo dos personas combatían hasta que uno muriera o se rindiera, o combate en equipos del mismo número, pero en este caso las alianzas se formaban en medio de la batalla y duraban lo que fuese necesario y no más.

Se tapó los ojos para no ver cuando dos hombres altos fueron a atacar a Argon. Definitivamente no le gustaba la violencia, no sabría si podría soportar ver toda la pelea. Cuando volvió a mirar, Argon iba camino hacia otros guerreros y dejaba atrás a los dos golpeados e inconscientes contrincantes.

Bulma suspiró aliviada.


Luego de llevarle comida al señor Zip, verificar que se encontraba bien y encargarse que tomara sus remedios, Milk salió a la calle directo al departamento de Bulma para revisar si en ese poco tiempo había regresado, pero no. No le gustó encontrar el interior tan desordenado. Ella era un desastre cuando se trataba de mantener en orden el hogar, pero parecía haber rastros de pelea y forcejeo, además la puerta principal se encontraba deformada y forzada. Alguien había entrado a la fuerza.

Pensó que podía tratarse de Argon. No le extrañaría que hubiese regresado y tenido otro ataque de ira y las cosas terminaran mal entre él y Bulma, pero ¿quién podría ayudarla a buscarla? A nadie le interesaría la desaparición de una simple humana en una ciudad con millones de personas.

Mientras tanto, lo único que podía hacer era asegurarse de mandar a arreglar la puerta para que no entraran a robar y esperar que Bulma se encontrara bien. Era la única humana que conocía en este planeta y sería una pena si no volvía a verla. No se comportaban como amigas, eran demasiado diferente para pasar un día entero compartiendo y conversando, pero era el único recuerdo de su planeta destruido y eso terminó uniéndolas de algún modo.

—Hey, tú. La flacucha de pelo negro.

Milk miró a quien le habló, no porque pensara que encajaba en aquella burda descripción, sino porque la tomaron de sorpresa. Miró al hombre delgado, calvo y de piel morada que vestía un traje ajustado y corbata arrugada.

—¿Perdón? —Puso las manos en las caderas y aguardó por una disculpa.

—¿Tú conoces a la mujer que vive acá, no? Su nombre es Bulma.

—No voy a hablar con gente sin modales —dijo molesta. De haber podido se hubiera marchado de regreso a su negocio, pero no quería dejar el de Bulma hasta que llegara el hombre que arreglaría la puerta. Todas sus pertenencias se encontraban ahí dentro, debía protegerlas.

—Vas a hablar, te guste o no —respondió el tipo acercándose para intimidarla—. Mi jefe necesita hablar con ella y está desde ayer esperándola y a mi jefe no le gusta esperar.

—¿Así? Pues dígale a su jefe que Bulma no está aquí y no sé dónde pueda estar. —No se movió de su lugar pese que el sujeto se puso a su lado. No había sobrevivido todos estos años en un planeta extraño dejando que cualquier mojigato intentara intimidarla.

—¿Podrías dejarme pasar? Debo verificar por mí mismo que no esté —preguntó con falsa caballerosidad. Intentó entrar al negocio de Bulma, pero Milk no se movió de la entrada.

Los dos medían casi lo mismo, por lo que se miraron directamente a los ojos.

—Lo siento, pero no puedo dejarlo pasar.

—Insisto, tengo que pasar. Tu amiga tiene algo que le pertenece a mi jefe y está muy ansioso de conseguirlo.

—Cuando Bulma llegue le daré su recado. Ahora, por favor, estoy esperando a alguien, puede retirarse.

—No lo estás entendiendo —. La tomó del brazo para hacerla a un lado, pero terminó en el suelo por el golpe de puño que Milk le dio directo en la nariz.

—Quien no entiende nada es usted, señor —exclamó un poco alterada, pero se recompuso enseguida y limpió su mano. Hace tiempo que no tenía que golpear a nadie—. No puede intentar tocarme sin mi permiso. Ahora por favor, le pido que se vaya.

—¡Zorra estúpida! —El hombre se puso de pie y metió la mano en su bolsillo para sacar su cuchillo, pero la dejó ahí cuando vio por sobre el hombro de la mujer. Su expresión cambió y sonrió nervioso—. Lo dejaré pasar, pero no vuelvas a interferir en mi trabajo, o si no...

—¿Estás amenazando a mi mujer? —preguntó una voz masculina y calmada detrás de Milk.

La joven reconoció enseguida quién se trataba, pero contuvo las ganas de voltear y abrazarlo. Se mantuvo cruzada de brazos con expresión seria mirando al hombre.

—No, por supuesto que no —respondió el tipo, con la cara más roja que morada. Soltó el cuchillo y dio unos pasos hacia atrás.

Kakarotto avanzó hasta el hombre y miró hacia abajo, ya que le llegaba a la altura del pecho. No tuvo que hacer mucho para intimidarlo, el porte, la ropa oscura, los músculos y el ceño fruncido bastó para que saliera arrancando sin importar que eso lo hiciera ver como un cobarde.

Milk corrió a los brazos de Kakarotto y este no dudó en recibirla y dar una vuelta entera con ella antes de bajarla y besarla.

—No avisaste que llegarías tan pronto. De haber sabido te espero con un plato especial. —Se puso de puntillas para volver a besarlo.

—No tenía planeado regresar aun. Es por el trabajo que estoy aquí.

—Eso quiere decir que te irás pronto —preguntó apenada. Siempre era así, no podían estar mucho tiempo juntos debido al demandante trabajo de Kakarotto. En más de una vez insistió en que buscara algo más relajado, que les permitiera estar tiempo juntos y formar una familia, como ambos querían, pero él insistía en mantenerlo. Su objetivo era reunir suficiente dinero para comenzar una nueva vida en un mejor y más tranquilo planeta.

—No lo sé todavía. Por eso es que vine a buscarte. Me dijeron que te encontraría aquí —dijo con una sonrisa—. Y por lo visto llegué en buen momento.

—Es Bulma, otra vez se ha metido en problemas… Pero no hablemos de eso ahora, acompáñame a su casa, veamos si tiene algo de comer para prepararte mientras esperamos al hombre que arreglará la puerta. Tenemos mucho de qué hablar.

Lo tomó de la mano y llevó al interior del departamento.


—¡Vamos, Argon! ¡Encárgate de ese gigantón! —gritó Bulma. Hacía un rato que había dejado su asiento para asomarse al balcón y ver mejor el combate.

Ya solo quedaban cuatro hombres en la arena, Vegeta incluido. El resto de los competidores agonizaban, sus partes estaban repartidas por la arena, o para suerte de quienes se enfrentaron a Vegeta, inconscientes.

Bulma pensó que no le gustaría ver las peleas. Aún no cambiaba de opinión respecto a las mutilaciones y el exceso de sangre, pero se concentró en Argon quien hasta ahora había cumplido su promesa en su totalidad. Le gustó la forma en que se movía, era veloz y se notaba que sabía lo que hacía. Cada movimiento, cada golpe o salto para esquivar era tan natural que Bulma sintió que el hombre no lo planeaba y toda su vida se había dedicado a perfeccionar su cuerpo y mente para los combates. Era sexy ver tanta seguridad en sus movimientos.

Vegeta corrió directo hacia el gigante que podría tomar su cráneo con una sola mano, y estuvo a punto de hacerlo, de no ser que se tiró al suelo y pasó entre sus piernas abiertas para ponerse justo detrás. Con el mismo impulso saltó y lo golpeó en la nuca y lanzó al suelo. No fue suficiente con eso, ya que intentó ponerse de pie, pero el príncipe saiyajin aplicó una llave en su cuello con ambos brazos para impedirle respirar.

El público con Bulma incluida rugió ante la supremacía de Argon sobre un hombre que a simple vista podría haberle ganado sin mucho esfuerzo y que ahora luchaba en vano por liberarse y respirar. En poco tiempo terminó humillado durmiendo en el frío suelo de acero.

Bulma gritó cuando vio que los otros dos guerreros aprovecharon que Argon estaba ocupado con su contrincante y se unieron para acabar con él. Ya se habían dado cuenta de lo poderoso que era y sólo luchando juntos podrían tener una oportunidad para que alguno de los dos ganara el premio final.

Vegeta alcanzó a girar cuando los sintió detrás de él y alcanzó a poner el brazo para protegerse el rostro del ataque con un fierro que podría haber matado a cualquiera o al menos romperle los huesos del brazo, pero en lugar ocurrir eso, fue el fierro que terminó doblado cuando hizo contacto con la piel del hombre.

Incluso Vegeta se sorprendió de su fuerza, pero no tuvo tiempo para meditarlo, ya que tenía que encargarse de dejar inconsciente a dos basuras suertudas que vivirían una noche más gracias a la tonta promesa que le hizo a Bulma.


La ovación no se hizo esperar cuando el favorito de todos fue el último en quedar de pie. Vegeta no sudaba ni se encontraba agitado luego de haber dejado fuera de combate a más de una veintena de competidores poderosos. Pese a no haber matado ni derramado gran cantidad de sangre, el público celebró la victoria debido a la calidad del combate. No era fácil dejar inconsciente a contrincantes poderosos que atacaban a matar.

Debido a la emoción de la victoria, Bulma estuvo a punto de dejar su computador en el asiento. Corrió para buscarlo y no se detuvo hasta salir de las graderías e ir al punto de encuentro por Argon. Cuando lo vio con el premio en la mano y casi sin ningún rasguño en el cuerpo, sin pensarlo se lanzó a sus brazos y abrazó con piernas y brazos. El hombre la recibió sin pensarlo y respondió el beso. También estaba emocionado por la lucha, aunque sentía que no era suficiente y quería continuar y que fuera más desafiante.

Interrumpieron el beso cuando casi al unísono a ambos le rugió el estómago. Después de todo, no probaban bocado alguno desde el día anterior.

—Vamos a comer —dijo Bulma cuando se soltó de Argon—. Luego nos encargaremos de mi computador y de buscar un lugar para dormir.

—Vamos —respondió interesado en la comida.

Justo cuando se marchaban, un hombre con aspecto de insecto les habló:

—¿Vendrá mañana señor? Nos gustaría anunciarlo. Las apuestas aumentan cuando usted está en la arena.

Bulma se adelantó y respondió por él.

—Por supuesto que vendrá. Ya saqué la cuenta. Necesita al menos venir una semana aquí. Pueden anunciarlo donde quieran para atraer más público, pero eso también les costará más dinero —dicho eso, tomó de la mano a Argon y se marcharon.


(...)


Los días pasaron más rápido de lo esperado. Entre las noches en la arena de combate y el día en el computador rastreando el dinero, el tiempo pasó sin que se dieran cuenta. Hoy había sido la última noche de peleas, ya tenían el dinero necesario para adquirir el coche, la ropa y el maquillaje para lucir como toda una millonaria a la hora de ir al banco al retirar el dinero. Sólo faltaba que ella hiciera su parte del trabajo, y faltaba poco, lo sabía.

La semana juntos no había sido mala, todo lo contrario. Hacía tiempo que Bulma no lo pasaba tan bien en compañía de un hombre y aunque solían discutir por cualquier cosa la química entre ambos era indiscutible, tanto que durante el tiempo libre que les dejaba el trabajo en el computador, los combates y las discusiones (muchas sin sentido) lo pasaban muy bien juntos en la cama, la tina, en el cómodo sillón junto al pequeño balcón e incluso la cocina. No era un lugar muy grande donde se estaban hospedando, pero sí limpio y acogedor y se las habían arreglado a la perfección para pasar tiempo juntos en cada rincón del lugar.

Ahora Bulma trabajaba en su computador en una pequeña mesa cercana a los pies de la cama. Aún quedaba comida y algo de vino que bebieron luego de llegar de la arena de combate, Argon se había dormido hace más de una hora y la joven estaba a punto de unírsele. Era tarde y tenía sueño.

Justo antes de apagar el computador, gemidos de Argon llamaron su atención. Seguramente estaba teniendo una pesadilla (de nuevo). Todas las noches debía despertarlo y al preguntarle qué había soñado él decía no recordarlo. Se levantó y fue a verlo. En cuanto se subió a la cama lo meció con gentileza para despertarlo.

Vegeta despertó desorientado por unos segundos y antes de que pudiera darse cuenta, ya había olvidado por completo que soñaba con su hermano Tarble. Ahora sólo quedaba un leve e incómodo dolor de cabeza.

—¿Quieres agua? —preguntó Bulma con voz suave. Permaneció a su lado y acarició su rostro.

—No —respondió un poco más repuesto y se sentó. Estaba desnudo y cubierto hasta la cintura con una manta. Ella vestía una camiseta como pijama.

—Puedo traerte algo para comer —dijo a sabiendas que se si negaba era porque aún se sentía mal. Era en estas ocasiones cuando la culpa atacaba y hacía lo posible por redimirse.

Durante el día cuando estaban comiendo, teniendo sexo o simplemente conversando y durante la noche, cuando lo veía pelear, se duchaban juntos o él comía mientras ella estaba metida en su computadora se sentía como una pareja casi normal que pasaba el tiempo juntos, pero durante la noche, cuando las pesadillas atacaban y él la miraba con ojos confundidos la culpa la golpeaba y recordaba lo que le había hecho. Lo que seguía haciéndole, ya que hasta que no fuera honesta continuaría dañándolo y afectando su recuperación.

—No tengo hambre —respondió con voz ronca y frotó sus ojos. Antes se esforzaba por recordar el sueño. Recordar un rostro, una palabra, lo que fuese que lo ayudara, pero ya no insistió más. Había decidido preocuparse de su vida actual y si algún día recuperaba la memoria sería magnífico. Ya se había cansado de perder el tiempo y dar lastima, como ahora estaba sucediendo. Podía verlo en los ojos de Bulma.

Lo que él pensaba que era lástima hacia él, era en realidad culpa.

—Entonces apagaré el computador y vendré a la cama —susurró contra su oído—. Yo puedo hacer que te sientas mejor. —Tomó su rostro con ambas manos y le dio un largo y profundo beso. Cuando quiso levantarse él la tomó de la muñeca y la atrajo hasta él.

Bulma se sentó sobre él y quedaron frente a frente. Vegeta le quitó la camiseta para sentir su piel contra la de él, entonces reanudaron los besos y agregaron caricias. Además de los combates, el estar con ella lo hacía sentir a gusto, como si aquello fuese parte del pasado olvidado. Bajó a su cuello y mordió cuando sintió las manos de la mujer estimular su pene. La dejó seguir y se recostó en la cama cuando ella le dijo que lo hiciera.

Tensó la mandíbula al advertir ahora la boca de Bulma envolver su miembro mientras una mano la pasaba por su abdomen duro. Cuando luego sintió su lengua ejercer presión, bajó inconscientemente la mano hacia su cabeza y terminó con los dedos enredados en su cabello celeste. Segundos después, con esa misma mano la hizo cambiar de ritmo a su gusto y la retiró cuando ella lo siguió por sí sola. El sonido que hacía Bulma al succionar no lo ayudaba a contenerse y de seguir así no duraría demasiado.

No recordaba el sexo con otras mujeres. Claramente había tenido, pero estaba seguro que Bulma debía ser de las mejores.

Se le escapó un gemido más muerte de lo normal, a lo que ella respondió con un intento de risa que interrumpió un poco el ritmo.

—No te detengas —dijo evidentemente tenso.

—Lo siento, su majestad —murmuró en broma y volvió a la carga.

Un sonido proveniente del computador comenzó a sonar. Sólo Vegeta fue capaz de escucharlo en un comienzo, y por supuesto no le prestó atención. Sin embargo, cuando fue audible para Bulma, ella se detuvo sin aviso y cortó cualquier contacto para salir corriendo de la cama directo a su computadora.

Vegeta apoyó los antebrazos en la cama y la miró molesto, esperando una explicación.

—En seguida continuó. Es solo que… —No volvió a hablar. Se concentró tanto en la pantalla que Argon quedó en segundo plano.

Vegeta se tumbó y perdió la vista en el cielo raso. Lo único que podía escuchar ahora era el sonido que hacía la chica con el teclado. Escribía y escribía sin parar, tan veloz que estaba seguro que casi no se venían sus dedos moverse.

Cinco minutos después, Bulma se levantó y saltó hacia la cama. Sus ojos brillaban y no dejaba de gritar de alegría.

—Más te vale que sea bueno. Y no grites más.

—Ya está —exclamó.

—¿Ya está qué? —Mientras a ella le dolía la mandíbula tanto sonreír, él se mantenía serio.

—¡El dinero! Lo encontré y cambié a una cuenta a un nombre falso que yo manejo. —Arrodillada en la cama dio más brinquitos emocionada.

—¿Todo? —Vegeta continuó calmado.

—Por supuesto, todo.

—Ahora es tuyo.

—Sí, cada peso de ese hombre horrendo es mío. Mañana, con el dinero que ganaste iremos por el vehículo, algo de ropa y nos iremos de aquí a retirarlo todo a un banco. —Quiso levantarse, pero él no se lo permitió. La tomó de las caderas y obligó a acostarse y para asegurarse de que no pudiera moverse se le puso encima.

—El dinero ya es tuyo. Deja ya ese aparato.

—Quería mostrarte la transacción —dijo feliz.

—Son números en una pantalla —respondió más interesado en reanudar lo interrumpido.

—Corrección. Son muchos números en la pantalla, Argon. —Tomó su rostro y acercó para besarlo—. Muchos.

—Mañana habrá tiempo para eso, ahora concéntrate.

—Como órdenes —respondió dichosa.

Desde mañana todo sería más fácil y placentero.


Continuará...


Hola de nuevo. Estoy batiendo record en actualización jajaja. Pero estoy inspirada y con tiempo libre, dos cosas que no se dan muy seguido y al mismo tiempo, así que hay que aprovecharlo.

Les cuento que estuve viendo los resúmenes de este fic y creo que serán un total de 20 capítulos, lo que significa que recién vamos en la mitad. Ojalá me sigan acompañando hasta el final.

Muchas gracias por sus rws. Me encanta que les encante la historia y me motiva a seguir escribiendo.

Nos estamos viendo en una próxima actualización, que estén bien y espero sus comentarios.

Dev.

15/ 07/ 2018.