Una vez tuve un profesor de inglés, que tenía veintitrés.

Era tan atractivo…

Por alguna razón, me duele en el hígado hacer a un Hiccy mayor que Jack, a pesar de que técnicamente lo es. Asi que modificare la idea original un poco, para que no se lleven mucho.

¿Bien? Bien, me alegro de que hayamos llegado a un acuerdo.


La luz acababa de cambiar, brillando en un rojo chillón.

"Así que…Te casaras" Repitió Jack, asimilando la información recién recibida. Su vista fija en el semáforo sobre sus cabezas, esperando la oportunidad para cruzar la abarrotada calle. A su lado, la figura silente de Hiccup tenía la vista fija en el frente, observando los autos pasar con aire estático.

Asintió con la cabeza, de manera lenta.

Ambos volvían juntos de la facultad, cómo hacían casi todas las tardes. Jack como estudiante, Hiccup como profesor, a pesar de que sólo hubiera una diferencia de poco más de un par de años entre sus respectivas edades. Los veintidós que pronto serían veintitrés, junto con los recién cumplidos veinticinco. Cuando los veías juntos parecían sólo un par de amigos.

Y aun así, su relación estaba tan mal desde tantos puntos de vista.

Hiccup estaba comprometido.

La chica era preciosa, y él siempre había creído amarla, pero no todo ocurre como uno lo planea. Jack se había metido en su vida justo en el momento indicado, cuando las peleas con Astrid eran cada vez más constantes y el empezaba a tener sus dudas.

Todo había ocurrido tan rápido, apenas había tenido tiempo de notarlo.

Al principio había sido un simple coqueteo, una simple salida nocturna de vez en cuando, un bar, un club, una discoteca, no importaba, simplemente necesitaba una distracción de su vida, que de un tiempo para acá parecía cerrarse alrededor de su cuello, ahogándole entre problemas, deudas y frustraciones.

Después, un día, se vio despertando desnudo en una cama que no era la suya, con una persona que no era su novia. Y descubrió que la culpabilidad no era algo tan horrible como siempre había creído, por lo menos, no con Jack.

"¿Te irás de la ciudad, también?" Siguió Jack, en una conversación casi unilateral, donde el silencio concedía y él buscaba la información de pasados intercambios. Hiccup se mantuvo en silencio "Es bueno, quizá puedas ejercer si te vas" afirmó, su tono ya no era tan jovial.

Hiccup era uno de esos típicos casos en el que "Él que no logra, enseña." Por alguna razón, los profesores escaseaban más que los profesionales. Eran cuestiones de dinero, más que todo.
De nuevo, el silencio concedió.

Jack sentía que rompería a llorar en cualquier momento, pero aquella despreocupada sonrisa suya permaneció reinando sobre su rostro, como una máscara a punto de romperse.

"Bien, felicidades."

Agradecía todos los momentos pasados.

"¡Oh! Sé me olvidaba"

¡Dios, como le extrañaría!

"Es mejor que borres mi número..."

Lo único que quería era acostarse con su profesor de Inglés, sólo una sucia fantasía cumplida.
Entonces, ¿Por qué dolía tanto?

"Yo borrare el tuyo"

Cortar de raíz era lo mejor, ¿no era así?

Sólo seguiría su camino como lo había hecho ya tantas veces. Cuando el semáforo diera la luz verde, esa sería la última vez que vería a Hiccup, lo había decidido.

Lo había decidido…

La decisión moralmente correcta, la mejor para todos.

¿Incluso para él?

Entonces, Hiccup habló.

"Puede que no sea apropiado decir esto, pero..." Su voz se fue alejando, decayendo, hasta llegar a un simple susurro que puso su mundo de cabeza. "...¿Esto no te entristece, aunque sea un poco?" Y esos ojos maravillosos le observaron por primera vez en todo el día.

La luz brillo, en ese verde escandaloso, en el mismo instante en que Jack se inclinó para besarle.

Alrededor las personas se movían, envueltas en su propio mundo, deudas, trabajo, responsabilidades, preocupaciones, y entre ese interesante mar, dos amantes solitarios se daban ese último beso, que marcaba el final, un cierre dado por el mismo Jack, con las siguientes palabras:

"En lo más mínimo"

Y fuera cuales fueran las palabras dichas, en esos ojos sólo se podía ver aquella tristeza infinita, antes de que se alejara y se perdiera, entre las caóticas calles del centro.

No le importaba adónde iba sólo le importaba alejarse lo más posible, antes de que sus emociones salieran a flote, le llevarán a hacer una locura, una locura que su antes amante deseaba silenciosamente que se atreviera a cometer.

Esta era una relación prohibida, entre un profesor y un estudiante, entre un hombre comprometido y su amante, entre dos personas de un mismo género. Entre un hombre solitario y un chico aprovechado.

Ninguno de ellos tenía algún tipo de sentimiento en especial desde el comienzo, ninguno de ellos sentía más que lujuria, más que la emoción que lleva hacer lo que no se debe.

El lugar al que Jack volvía nunca era el hogar de Hiccup.

La persona con la que Hiccup se casaría nunca sería Jack.

La única regla establecida desde el comienzo era jamás decir "Te odio" o "Te amo", expresar su soledad o su tristeza, ninguno de ellos se encontraba en su derecho.

En el centro de Berk, justo al final de la calle tres, hay un semáforo qué acaba de ponerse en rojo, el joven parado bajo él le ha visto cambiar ya cientos de veces, mientras que sus lágrimas parecen no poder nunca detenerse, mientras el sol avanza de lugar en el cielo.

Sólo un poco.
Aunque sólo un poco...
Por favor, qué mis verdaderos sentimientos lleguen a él a través de la punta de mis labios...