10º Destinos alternos

"Cásate demasiado pronto"

El cielo estaba nublado y amenazaba con romper a llover de manera muy violenta en muy poco tiempo, pero Hermione no parecía haberlo notado. Cerró los ojos, notando como una brocha de sombras le rozaba los parpados, llenándoselos de color. No habló, no musitó, apenas respiro.

Podía escuchar como su madre entraba y salía de varias habitaciones muy rápido, intentando no dejar ningún cabo suelo. Si alguien estaba emocionada por la boda era ella. Hermione no podía decir lo mismo.

El ritual muggle del casamiento los uniría para siempre frente a la familia maga de Víctor y la muggle de Hermione.

- Abra los ojos señorita Granger, voy a ponerla el rimmel.

La muchacha obedeció y admiró frente al espejo el trabajo que había realizado la maquilladora. Las marcadas ojeras, producto de una noche de llanto e insomnio habían desaparecido casi milagrosamente. Su cara pálida ahora tenía un color saludable y en sus mejillas el rubor la hacía parecer aun más inocente.

- Oh Hermione, estas preciosa - musito la señora Granger tapándose la boca con las manos, admirando a su única hija -

Hermione intentó mandarle una sonrisa a su madre, pero solo consiguió que una mueca extraña cruzase su cara.

- ¿Estas nerviosa? - preguntó la señora Granger acercándose y cogiendola de la mano.

Ella asintió y pudo evitar contestar porque la muchacha que hasta hacia dos minutos la estaba maquillando ahora la estaba arreglando el pelo.

Cuando Hermione levantó la mirada y observó su reflejo comprobó que su pelo enmarañado ahora estaba recogido en un hermoso y elegante moño francés. Sin darla tiempo a descansar, la señora Granger tiró de su brazo y la guió hasta uno de los dormitorios, donde esperaba es blanco e impoluto vestido de novia.

- Vamos, cariño - la apresuró la señora Granger - póntelo, vamos a llegar tarde.

Hermione obedeció y se metió el vestido por la cabeza. Su madre tiró de este hacia abajo para ayudarla. Cuando el vestido estuvo en su sitio, la señora Granger comenzó a abrochar los botones de la espalda y estiró los pliegues de la falda.

Sonrió satisfecha y esperó a ver que decía su hija, pero Hermione no abrió la boca.

- Cariño, quítate ese horrible collar, esas perlas son asombrosamente falsas - comentó perdiendo la paciencia.

La muchacha llevó una de sus manos al collar que llevaba en el cuello y negó.

- Me gusta mucho - dijo con simpleza

- Pero no es adecuado para una boda.

Sin embargo sus palabras se vieron interrumpidas porque la puerta se abrió de golpe, dejando entrar una brillante cabellera rojo fuego.

- Ginny - dijo Hermione con una débil sonrisa

La pelirroja se tiró a los brazos de Hermione ante la mirada de desaprobación de la señora Granger.

- Estas preciosa, me encanta el vestido

- Gracias… lo eligió mama.

- Os dejo unos instantes solas, voy a comprobar como esta el tiempo.

En cuanto la señora Granger salió de la sala, Ginny cambió el semblante, estaba muy seria y parecía debatir consigo misma.

- ¿Qué ocurre?- musitó la castaña

- ¿Por qué lo hiciste?... ¿Por qué invitaste a Ron?

- Para que pensase que seguíamos siendo amigos… para que… todo fuese normal- mintió cerrando los ojos con fuerza.

- Él no va a venir.

Hermione casi suspiró aliviada, sabía que si Ron viniese, todo sería mucho más difícil para ella.

- Le han trasladado - continuó la pelirroja agachando la mirada.

Entonces Hermione descubrió por la mirada de la pelirroja que algo no marchaba bien.

- ¿Trasladado? ¿Donde?

- Él… bueno… esta en Mozambique

La muchacha sintió que las piernas le flaqueaban y cayó al suelo, sin importarle que se manchase el vestido blanco.

Ginny la ayudó a levantarse y ambas se abrazaron con fuerza.

En ese momento alguien llamó a la puerta y Harry Potter entró con media sonrisa en la cara.

- Vaya Hermione… - dijo Harry - te ves preciosa

Hermione le miró e intento aguantar las lágrimas. Ni siquiera la llegada de Harry había disipado sus pensamientos de los peligros que suponía una misión de auror en Mozambique.

La puerta se volvió a abrir y entró la señora Granger, visiblemente nerviosa.

- Chicos, es hora de marcharse, Hermione aun tiene muchas cosas que hacer.

Ginny y Harry asintieron y cerrando los ojos se desaparecieron a la vez.

Ya no había nada que hacer, Ron se había marchado para siempre, asimilando que lo que había entre ellos estaba muerto, y a ella apenas le quedaban minutos para la ceremonia que la uniría para siempre a Víktor Krum.

"Y te arrepentirás demasiado tarde"

Lejos de allí, un muchacho sangraba abundantemente por el labio.

- Víktor… jamás te traicionaría, lo sabes de sobra.

- No me mientas… rrrata inmunda…

Víktor parecía nervioso, y el pobre Edgar no sabía porque.

- No le he dicho nada a nadie de las cartas, lo juro

- No quierrrrro que te acerques ni a mi ni a mi Herrrmione jamás, o sino te matarrré

Y sin decir nada más desapareció. El muchacho que estaba en el suelo se pasó la mano por la boca, retirándose parte de la sangre.

- No se le retira la palabra a un Dohorovich, no sin pagar por ello. - y seguidamente se desapareció, dejando el callejón vació.