ESTA HISTORIA NO ME PERTENECE, ES DE UNA AMIGA... LOS PERSONAJES SON DE ROWLING EXCEPTO DOS: LORENA Y SARA, CREACIÓN DE MI AMIGA.
CAPITULO IX
El día amaneció con una tormenta de nieve. Toda la habitación ya estaba decorada con guirnaldas y bolas de cristal. La sala común brillaba con pequeñas lucecitas encantadas que colgaban de los marcos de los cuadros y por encima de la chimenea. La gente que se encontraba allí iba abrigada con bufandas y guantes y se despedían de los compañeros que pasarían allí las navidades. Encontraron a Ginny despidiéndose de Dean y Seamus. Los dos amigos se despidieron de ellos también. Hermione apareció muy agitada en la sala. Ella también iba bien abrigada.
- ¿Cuándo pensabais bajar? Os estábamos esperando. Nos vamos ya. - Les dijo Hermione.
Los tres chicos salieron presurosos por el retrato de la señora gorda, la cual los felicitó las pascuas mientras corrían por el pasillo.
En el vestíbulo les esperaba Lorena. Llegaron justo cuando subían los carruajes tirados por los Thestlrals.
Al llegar a la estación de Hogsmeade, subieron en seguida al expreso y encontraron rápidamente un compartimiento. Pronto se les unieron Ginny, Fred y George. El viaje fue corto. Tras las ventanas no se veía el paisaje nevado a causa de la gran tormenta que caía con fuerza sobre el tren.
Al llegar a la estación de King's cross, bajaron a un frió anden nueve y tres cuartos. Al atravesar la barrera, la señora Weasley los esperaba junto con su marido. Cerca de ellos se encontraban los padres de Hermione. La chica corrió hacia sus padres y los abrazó. Lo mismo hizo Ginny con los suyos. Tras besar y abrazar a sus hijos, la señora Weasley se dirigió hacia Harry y Lorena que contemplaban aquella escena con un poquito de envidia. La señora Weasley supo reconfortarlos y estos le devolvieron el gesto de buen agrado.
Tras despedirse de Hermione y desearle una feliz navidad, se montaron en el viejo ford anglia, que según acertó Harry, habían agrandado para dar cabida a todos.
Cuando Harry entró en la madriguera, sintió la misma sensación de siempre, se sentía como en su casa. Ya estaban allí Bill, Fleur y Charlie para pasar la navidad con su familia, tras haberlos saludado subieron los baúles a sus respectivas habitaciones. Ron compartiría su habitación con Harry, Ginny lo haría con Lorena.
Solo faltaba un día para la gran cena de navidad. Los chicos se acostumbraban pronto a la madriguera. El señor Weasley acababa de llegar cuando Harry y Ron bajaron a desayunar. En la mesa de madera desgastada que tanto gustaba a Harry, se hallaban sentados Ginny, George, Bill, Fleur y Charlie. La señora Weasley mientras tanto preparaba el desayuno en la cocina.
- Buenos días muchachos. - Saludó el señor Weasley.
- Ginny, ¿Lore sigue durmiendo? - Preguntó Harry.
- No, ya hace tiempo que se levantó. Se ha ido con Fred a pasear a Pepe. - Le contestó ella.
Tras el desayuno, Harry, Ron y Ginny salieron al patio. Brillaba un débil sol que apenas calentaba. Vieron acercase a dos personas, eran Fred y Lorena con Pepe. Los esperaron fuera, pero en cuanto llegaron entraron todos dentro, allí hacia mejor temperatura. La señora Weasley ordenó a cada uno una tarea para preparar la fiesta del día siguiente. El señor Weasley anunció que irían a cenar Lupin y Sirius.
Estuvieron toda la tarde recogiendo cosas de aquí y limpiando cosas de allá. Mientras tanto, Ginny, Fleur y Lorena hacían cadenetas y adornos de papel.
- ¿Por qué no puedo hacer yo también adornos? - Se quejaba Ron.
- Porque tú no sabes, Ron, solo sabes hacer churros de papel. - Se burló Fred.
- Déjalas a ellas que lo hagan, quedara mejor, no es porque tú lo hagas mal, Ron, pero ellas tienen más maña. - Le dijo Bill.
Bill siempre defendía a Ron de las burlas de los gemelos. Harry reía por lo bajo, su amigo siempre se andaba quejando por cosas como limpiar y arreglar cosas, a Ron no le gustaba mucho la idea.
Al cabo de un par de horas, la casa quedó completamente adecuada para la fiesta del día siguiente. Las chicas hicieron un gran trabajo con el papel. Las cadenetas colgaban desde el salón hasta la cocina.
Tras una estupenda cena, los chicos se acostaron, tardaron bastante en dormirse pensando en la cena que prepararía la madre de Ron la noche de nochebuena.
Harry despertó muy bruscamente, un rayo de sol le traspasó los parpados cerrados.
- ¡Ron! Tu madre dice que bajes enseguida.
Ron se levantó de un sobresalto y la voz que lo había despertado, soltó una carcajada.
- ¡Harry! Venga, arriba. Ya es hora de levantarse. - Lorena lo desarropó entero.
Se negaba a levantarse, pero poco a poco le iba entrando frió. Sin más resignación, se tuvo que levantar.
- ¿Podrías salir para que no vistamos? – Pidió Ron.
Lorena salio enseguida de la habitación.
- Daos prisa, os necesitamos abajo.
Harry aun estaba medio dormido, pero por el frió que sentía, se vistió lo mas rápido que pudo. A Ron le costaba un poco más. Al rato, ya vestidos, bajaron. Cuando entraron en la cocina les inundo un olor delicioso. La señora Weasley andaba de acá para allá con cacharros y platos. Pese a todo, la magia no era suficiente. Ginny pelaba unos guisantes a lo muggle y, Lorena, vigilaba como se pelaban las patatas.
- Chicos, al jardín. Quitad las malas hierbas como están haciendo Fred y George. - Ordenó la señora weasley cuando los vio en el umbral de la puerta parados.
Los dos amigos salieron enseguida. No hacia tanto frió como el día en que llegaron. Encontraron a Fred y George arrancando hierbas con un aparto extraño. Era una barra larga, plateada, con la punta en forma de dientes. Esto arrancaba las hierbas de cuajo. El trabajo de Harry y Ron consistía en vigilar que las escobas barriesen los restos de las hierbas. Una de las escobas se rebeló contra Fred. Esta comenzó a darle escobazos en la cabeza y en el trasero. Harry, Ron y George se desternillaban de la risa al ver como Fred corría de forma cómica delante de la escoba, y esta le daba un golpe cuando lo alcanzaba.
- ¡Finite incantatem! – Gritó la señora Weasley que acaba de salir con una bandeja de té humeante.
Al girarse para ver quien había lanzado el encantamiento, vieron a las chicas riéndose por detrás de la ventana.
- Por lo menos habrás entrado en calor. - Dijo riendo la señora Weasley mientras les dejaba la bandeja.
El té caliente los animó junto con lo ocurrido con la escoba. La victima de la escoba, al rato, seguía frotándose allí donde esta lo había golpeado. Cuando la señora Weasley los llamó para comer aun seguían las carcajadas.
