Holas…Espero se encuentren muy bien en este bello viernes inicio de fin de semana, que anden con las pilas puestas de la misma manera que yo o mejor. Como ando de tan buen humor los últimos días y como estoy como que muy inspirada decidí actualizar hoy. Pero antes permítanme agradecerles por su apoyo en esta historia. Ahora sin mas preámbulo les dejo el siguiente capítulo.

Cáp. 10: Riesgo

Se movió entre las suaves sábanas de la mullida cama, por primera vez en la vida no quería despertar se sentía flotando, se sentía libre, sin un peso sobre ella. Entre sus giros y vueltas en la cama para evitar el sol, que le daba en el rostro, chocó con algo, asustada abrió sus ojos y se levantó de improvisto…

- Inuyasha… - Susurró al verlo dormido, recostado en el espaldar de la amplia cama…la cama de él… ¡Estaba en su habitación!

Miró alrededor sin moverse mucho para no despertarlo, era una amplia habitación con un amplio ventanal cubierto por las persianas, el decorado era estilo antiguo con tonalidades rojas y ocres. Parecía el cuarto de un rey o algo así. De vuelta fijó su vista en él que aun dormía…que extraño ella pensó que no lo hacían, habia visto una pelicula y..., bueno pelicula es pelicula.

Inuyasha en definitiva era el chico mas lindo que jamás conoció, era diferente pero era la mejor diferencia. Acercó el revés de su mano al rostro de él, se veía tan pacifico durmiendo, y saber que era alguien letal; con lentitud acercó su mano al rostro de el y a tan solo unos centímetros, su mano fue apresada entre la de él…

- Lo siento – Brincó del susto.

- No lo hagas – Advirtió, se levantó como un resorte de la cama - ¿Cómo sigues?

- Bien…ya me siento mejor – Respondió nerviosa, la habían descubierto a punto de acariciarlo - Solo… - De momento su estomago rugió, sí, tenia hambre.

- ¿Puedes bajar? – Le preguntó con una débil sonrisa.

- Si – Movió las cobijas y salió de la cama.

Salieron de la habitación y bajaron los escalones, caminaron hasta la cocina donde escucharon un par de voces debatiéndose…

- Señora Higurashi usted acaba de salir del hospital – Caminaba tras la mujer tratando de detenerla en sus labores - Yo puedo preparar el desayuno…

- Oh de seguro un par de jóvenes no desayunan muy bien – Continuó la mujer mientras batía los huevos - Porque no toma asiento y me deja hacer el desayuno, además hoy me siento de maravilla…

- No pelees con mi mamá es inútil – Afirmó el niño sentado en la mesa.

- ¡Mamá! – Exclamó Kagome al ver a la mujer de aquí para allá como si nada hubiera pasado.

- Debería estar descansando señora – Le recomendó Inuyasha.

- Todos me quieren enviar a la cama, mejor siéntense y esperen el desayuno – Los calló la mujer obligándolos a sentarse.

- Me levante y ya estaba acá – Explicó Miroku sentado a la mesa.

- Así es mamá, por más enferma que este siempre anda de unos ánimos, uff… – Expuso el niño a todos - Aunque la verdad no nos sentimos mal…

- Bueno, ese hospital es de los mejores – Suspiró e inclinó su cabeza recostándose en el espaldar de la silla.

- Espero, tengan apetito – Se acercó a la mesa, colocando una canasta con pan y los tazones con chocolate caliente, luego puso los platos con omelet.

- Ah esos jóvenes son tan amables en traernos a su casa – Sonrió la mujer, acomodando las almohadas de la cama - Es una bella casa de campo…

- Mamá estas muy calmada – Suspiró Kagome - No ves que nuestra casa se quemó y…

- Hija, el templo es patrimonio del gobierno, es seguro que lo reparan y por las cosas que perdimos, podemos volver a empezar, compraremos las cosas y todo estará como antes, no son cosas para sentarse a llorar…

- Ay mamá – Ya se esperaba esta respuesta, todas las mamás eran casi siempre tan optimistas - ¿Cómo pasó ese incidente?

- No lo se – Respondió la mujer - Tal vez una fuga de gas, no se. Ahora ve a tomar un baño, no querrás que Inuyasha te vea en esas fachas…

- ¡¿Qué? – Se sonrojó, porque su mamá hablaba de…

- Ay…, pero si vi como lo…

- ¡Mamá! – Le recriminó Kagome- Estas viendo cosas… - Su mamá si que salía con unas…

Caminó por los pasillos de la casa, tratando de buscar un baño, bueno tal vez en la habitación de Inuyasha hubiera alguno, retrocedió en sus pasos y fue hasta el lugar donde era la habitación del chico, sin la menor preocupación entró en ella…

- ¡Ahhh! Lo siento – Se giró para quedar frente a la puerta; justo habia tenido que entrar en el momento en que el chico salía del baño ¡Tonta Kagome! - Es que estaba buscando un baño, y pensé que aquí encontraría uno…veo que si – Susurró lo último - Lo lamento no sabia que…bueno…lo siento – Sus mejillas se apoderaron de un gran calor y sabia que estaba sonrojada, y todo por ver a Inuyasha con tan solo una toalla anudada a la cintura y con el cuerpo cubierto de agua.

- No te preocupes, voy a vestirme y puedes usar el baño – Avisó con voz calmada, luego una puerta cerrarse se escuchó, dándose valor volvió a girarse e Inuyasha no estaba, de seguro se cambiaba en el baño, finalmente el aíre volvió a su cuerpo. Luego de un par de minutos el chico salio del baño esta vez vestido y con una toalla secándose sus cabellos que eran algo largos

- Todo tuyo – Informó.

- ¿Qué?

- El baño, todo tuyo, adentro hay toallas limpias – Indicó el joven que dejó la toalla sobre una silla y luego salió de la habitación.

Que clase de cosas estaba pensando su mente pervertida ahora, ¡Ella no era así!, bueno habían muchas cosas diferentes ahora, bueno el caso era que…Argggg ¿Qué le pasaba?, seguro eran estragos causados por los últimos acontecimientos.

Cerró el grifo y con sus manos tanteo en busca de una toalla, en cuanto la encontró se envolvió en ella, lo malo del asunto era que habia que colocarse la misma ropa, ¡Ugh!, la misma…se dio por vencida y salió del cuarto de baño…

- ¡Ahh! – Gritó y cerró la toalla aun más sobre ella - Inuyasha… ¿Qué…pasa? - Miró fijamente al chico que no se movía de su posición al pie de la puerta sosteniendo un par de bolsas

- Te traje algo de ropa – Le avisó con la mirada aun fija en ella - Sango…la trajo hace unos momentos – Salió de su mutismo, dejo las bolsas sobre la cama y se fue.

En cuanto el salió notó que su respiración aun era forzosa, que sus pies le temblaban y que sus mejillas estaban calientes. Fue hasta la cama aun con la vergüenza dibujada en su rostro y luego abrió las bolsas tampoco se iba a quedar desnuda, eso daba más vergüenza.

- Señora Higurashi no hace falta que limpie – Nuevamente Miroku trataba de detenerla.

- No trates Miroku, no lograrás nada – Dijo Kagome bajando las escaleras.

- Pero acaba de salir del hospital y…Bueno ya que – Se dio por vencido dejándose caer en el sofá - Veo que la ropa le sentó bien señorita, pensé que con los gustos que tiene Inuyasha iba a traer quien sabe que…

- ¿Inuyasha?, no, las compró Sango – Preguntó Kagome mirando sus ropas, una falda sencilla de jean, y una blusa blanca con un lindo estampado

- ¿Sango?, ella ni siquiera ha venido – Contestó con simplicidad - ¡Digo!...ahora que lo pienso si, si vino

- Ya entendí – Sonrió - Oye es seguro salir por aquí, no hay animales o cosas así

- No, solo no te pierdas – Habló Miroku tomando una revista y comenzando a leer, mientras su madre aparecía en la sala con un ramo de flores y las colocaba en un jarrón en el centro de mesa.

Salió de la casa, y miró alrededor, solo árboles, y había un pequeño camino tal vez por ahí salían y entraban con el carro, aunque nunca habia visto que Inuyasha usara uno, tal vez era de Miroku. Decidió dar una vuelta alrededor de la casa, eso fue lo único que se le ocurrió, ¿Por qué, que hacías en medio de una selva?, nada, caminar.

Llevaba varios minutos caminando y debía admitirlo tan malo no era, había pequeñas y estrechos caminos formados quizás por Miroku o Inuyasha, no sabia a donde llevaban pero a algún lugar debía llevar. El caminar era tranquilo y ese lugar era plácido, habia majestuosos árboles, inmensos y frondosos, hacia buen clima y la caminata era la mejor idea que hubiera podido tener.

- Oh…que lindo – Dijo viendo un pequeño nido entre las ramas bajas de un árbol, en el habían un par de criítas - Que bonitos…ya, ya no llamen a mamá –Se retiró al ver que empezaban a piar - Pero que gruñones…lo mejor será volver… ¿Por donde era? - ¡Tonta!, no recordaba estaba en medio de un claro se habia salido del camino, ¡Que tonta! - Bueno lo primero es no tener pánico, ¿Ayy donde estoy?

- A la derecha encontraras el camino – Indicó la voz tras ella.

- ¡Inuyasha! – Trastabillo hacía atrás y estuvo a un paso de caer al tropezarse sino fuera por él que la sujeto a tiempo - Eso estuvo cerca

- Debes fijarte por donde caminas – La enderezó - Para no perderte o caerte… - Se burló.

- Pues discúlpame por no ser excelente con mi inteligencia espacial – Habló Kagome bajando de las raíces de las que casi cae - Y en lugar de burlarte no deberías sacarme de aquí…

- Si…tal vez – Caminó tras ella, muy cerca de ella, para aumentar los nervios en Kagome.

- ¿Por donde es? – Preguntó girándose a verlo.

- ¿No me tienes miedo? – El omitió su pregunta e hizo la suya.

- ¿Miedo? ¿A ti? – Preguntó como si se tratara de una broma - No lo creo

- ¿Estas segura? – Mientras le habló, se acercó a ella y la acorraló contra un árbol.

- Si… - Contestó, con el corazón sobresaltado - ¿Por qué debería de tenerte miedo?

- Sabes lo que soy, sabes de lo que me alimento, deberías tener pavor de quedarte conmigo a solas, estamos muy lejos, tu familia no te escucharía, Miroku no te ayudaría, Sango esta muy lejos como para escucharte – Susurró mirándola fijamente a los ojos - Tu no representarías problemas para mi, podría con una sola mano acabar contigo, tomar hasta la última gota de tu sangre

- Lo se – Afirmó sin perder rastro de los ojos de el - Pero se que no me harías nada, durante noches estuviste conmigo y no te atreviste siquiera a tocarme, no me asustas…

- Pero sabes que no debería ser así – Acercó su rostro mas al de ella, dejando que sus alientos se mezclaran, su corazón latió desbocado como por muchos años no lo habia hecho, si fuera un humano diría que sufría de taquicardia pero no, él sabía el porque de su reacción.

- Pero lo es – Su corazón brincaba en su pecho a ritmo acelerado, creía y estaba segura de que el lo escuchaba, pero aun así el no se alejó por el contrarío se acercó mas, y una suave presión se apoderó de sus labios.

La boca de Inuyasha rozó la de ella, con lentitud y sin prisa, sus alientos chocaron y se mezclaron y ese fue el aliciente para él, sus ávidos labios se encontraron con desesperación, las manos de ella se posaron en el fornido pecho de de él, y las de él presionaron la cintura de ella. La opresión de sus labios aumentó, la respiración se hizo aun más forzosa para ambos, la presión del árbol tras su espalda fue más. Subió sus manos para pasarlas tras el cuello de él, pero de un momento a otro el roce se acabó, y su cercanía fue mínima; abrió sus ojos y vio a Inuyasha alejado mirando para otro lado y con la respiración en las mismas condiciones que la de ella… ¿Qué habia pasado?

- Vamos…ya esta caminata se extendió demasiado – Retomó de nuevo el camino y ella le siguió sin objeción.

El regreso a casa fue apresurado, el caminaba a paso raudo y ella intentaba seguirlo, solo en algunas ocasiones se detuvo para ayudarla a subir o a bajar por algunos lugares, pero en ningún momento la miró a los ojos o le habló.

En cuanto estuvieron en la casa, el solo se perdió escaleras arriba.

- ¿Y como estuvo tu caminata con la señorita Kagome? – Preguntó en tono cómplice.

- ¿Cómo lo sabes? – Rebatió cerrando el libro, desde que llego se encerró en la biblioteca a continuar con el dichoso libro.

- Cuando llegaste vi desviar tu camino por el mismo de la señorita – Contestó despreocupado - ¿Y como te fue?

- No te interesa – Volvió de nuevo al libro, del cual no había avanzado ni una mísera hoja.

- Oh vamos, no seas así y dime – Se sirvió un trago y esperó…nada - Inuyasha, no me dirás que nada pasó, tu llegaste como alma que lleva al diablo y hasta le despreciaste la cena a la señora Higurashi y la señorita Kagome casi no comió y se retiró en mitad de la cena para irse a la cama… ¡Y no pasó nada!, por favor no soy idiota, porque mejor no me…

- La besé – Habló interrumpiendo las palabras del otro.

- Vaya… ¿Dónde quedo el discurso de la última vez?, eso de que tu y…

- No me molestes Miroku, ¿Querías saber? Ahí tienes, lo demás es mi asunto

- Como quieras – No hablaría mas - Pero aun así deberían estar como un par de… ¿Te rechazó? – Preguntó con seriedad.

- No fue eso Miroku – Dejó el libro en la mesa de al lado - Ella no me rechazó, ella correspondió a mi beso y fue… - Un suspiro salió de sus labios - Nunca debí hacerlo, suficiente tenia y ahora me inmiscuyo mas…

- No se si sepas pero ella…

- Lo sé, no sé si es lo mismo, pero… ¡Argggg!, no Miroku, no correré el riesgo, no con ella, yo no sé que pueda hacer – Caminó hasta un estante y se sirvió un trago que bebió de un sorbo - Y ella dice no tenerme miedo…pero ella no sabe lo que puedo hacerle, ella solo…

- Debes dejar que ella decida – Y en eso el tenia mas que razón - Pero eso es cierto ella no te tiene miedo, ni a ti, ni a mi, y eso que somos un par de extraños y…

- ¡Ella no sabe lo que dice! – Bramó enfadado - Lo mejor es que yo…me aleje, no puedo ponerla en riesgo; hoy entre a su habitación en el momento en que salía del baño y su olor me invadió y por un momento me cegó

- La sed no es lo único que te mueve por ella Inuyasha, no te dejes cegar ante las cosas – Le aconsejó para luego dejarlo solo en la habitación.

¿Qué no se dejara cegar?, por lo mismo lo hacia, por lo mismo se alejaría de ella, porque estaba perdiendo la razón cada vez mas. Y nunca debió permitirse eso, no debió ingresar a esa escuela, no debió hablarle o acercársele pero a veces las emociones no te hacen razonar…

- ¡Demonios! – Lanzó el vaso de cristal a la chimenea encendida - Eres un imbecil…

- Inuyasha – La suave voz lo sorprendió por un instante luego simplemente volvió a su tono frío.

- ¿Qué sucede? – La miró fijamente, conteniéndose.

- No puedo dormir y… - Que tonta era, ni sabia que hacia así, no podía dormir pero pudo haber ido con su mamá no con ¡Él! - Yo…olvídalo – Estaba por irse cuando unos fuertes brazos la rodearon - Inu…

- ¿Por qué no puedo? ¿Eh? – Le dijo, pero mas bien era para si mismo - No debería ser difícil, pero tu lo haces así…

- ¿Qué pasa? – Podía escuchar su voz llena de frustración - ¿De que hablas?

- Tu…me estas enloqueciendo – Se separó del abrazo y la miró fijamente, luego sin explicación atrapó los labios de la chica.

No pudo evitar sorprenderse ante la impulsividad de él, pero tampoco quería alejarse, desde hace tiempo se habia dado cuenta de que él era indispensable para ella, al lado de él sus tormentosas pesadillas desaparecían, a su lado podía sentir que nada la lastimaría que todo era posible. Ella sin saber como ni cuando habia quedado atrapada por él…

- Ve a dormir – Se separó de sus labios a duras penas - Yo cuidare de ti….

De nuevo, el actuaba así, primero quitaba esa fría barrera, la besaba y luego puff la barrera volvía…¿Por qué era así?. Sin responderle nada se marchó…

- ¿Por qué nos vamos? – Preguntó el niño - Aun no reparan nuestra casa…

- Tu hermana quiere irse – Explicó la señora Higurashi sentada al lado del pequeño.

- ¿A dónde iremos? – Preguntó con resignación.

- Hablé con mi hermana y podemos quedarnos allá un par de días – Le dijo la mujer - Pasaremos Navidad allá

- Me gusta aquí

- Yo puedo ir donde mi tía, ustedes pueden quedarse aquí – Sugirió Kagome entrando en la habitación.

- Iré a despedirme – Avisó el niño bajándose de la cama.

- Mamá pueden…

- Nos iremos contigo, no se que haya sucedido para que quieras marcharte, pero no te dejare sola hija…

- Gracias mamá – La abrazó, a veces un abrazo de tu madre era necesario - Voy a buscar mis cosas, no tardo

Salió de la habitación y caminó hasta el cuarto en que se habia quedado estos días, la habitación de Inuyasha. Una vez que llegó al lugar entró en ella…

- ¿Te vas? – La voz la escuchó cuando la puerta se abrió - ¿Por qué?

- Creo que ya hicieron mucho por nosotros – Respondió sin mirarlo - Y bueno, mi madre y mi hermano pueden empezar a sospechar así que prefiero que nos vayamos

- No es bueno que se marchen – Aseguró Inuyasha - Sesshomaru fue el culpable del ataque en tu casa, quiere dejarte sola, aislarte, una vez que lo consiga irá por ti, no debes correr ese riesgo, y tampoco puedes poner a tu familia en el…

- ¿Qué?, él fue el que… ¿Cómo lo sabes?

- Ese día, Miroku me llamó, pudo localizar a Sesshomaru luego de varios intentos, nos encontramos y él nos guío hasta tu casa, nos dijo cosas manifestando que había hecho quien sabe que en tu casa, fuimos y llamamos a emergencias, saqué a tu madre y Miroku se encargo de tu hermano –Terminó de contar Inuyasha - Si te vas de aquí, no podremos cuidarte ni a ti ni a tu familia, lo mejor es que no expongas a tu familia a semejante riesgo…

- Pero tu también lo eres – Le dijo ella - No me lo dijiste ese día en el bosque, que eras peligroso para mi, tal vez…

- Antes de tocarte, me mato – Sus palabras no pudieron mas que sorprenderla - Antes de lastimarte acabo conmigo… - Dicho esto salió dejándola sola.

- Ya me estas lastimando…

Continuara****************************************

Bueno Kagome como que anda medio pervertida con la imaginación aflorándole…Jajaja…La verdad yo en su lugar pasaría de la imaginación a los hechos en un segundo… Ahora el caso aquí es que Inu se decida… ¡Por mi! Jajajaja…

Espero les haya gustado, tratare de actualizar lo más pronto posible…Un abrazo para todas un beso…bye…