Aprovecho para aclarar que ninguno de los personajes, objetos, habilidades o conceptos ya registrados me pertenecen. Sólo los utilizo para moldear y crear una historia sin ningún fin económico.

Además: Debido al lenguaje, a las palabras utilizadas y a los géneros que caracterizan a esta historia, la misma es considerada para mayores de edad. Es importante también mencionar que; debido a conceptos sociales, religiosos y culturales que podrían llegar a dañar u ofender a cualquiera de los lectores, se recomienda leer esta historia con discreción:

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For the night is dark and full of terrors -Melisandre


Memorias…


Capítulo 10: Bajo la luz de la luna:

El cielo completamente estrellado, sin ni una sola nube que obstruyera la luz otorgada por la luna que, particularmente en ese momento, brillaba como si se tratase de un faro en la orilla de un mar.

Refrescantes brisas de aire veraniego hacían que aquel ambiente sea inclusive más perfecto.

Una noche extremadamente hermosa, como pocas veces vista en los últimos años, del tipo de noches que podrían recordarse en el futuro.

Una noche ideal.

Una noche ideal para ser recordada, una noche perfecta para hacerla memorable de alguna manera. Ya sea una fiesta, un evento, para pasarla junto a alguien en una cita, o un hecho de cualquier tipo.

O también para pasarla solo, ese no era el punto. El punto estaba en aprovecharla, porque una noche así no se daba con frecuencia.

Nuevamente, era una noche perfecta para volverla inolvidable. Pero con cuidado, porque la noche puede ser oscura, fría sin importar la temperatura, y peligrosa. Extremadamente peligrosa.

Y mucho cuidado con intentar hacer una noche inolvidable, porque si las cosas salen mal, puede que tu termines siendo olvidable. Puede que te pierdas en la oscuridad de la noche, y termines siendo olvidado por ella, olvidado por el mundo.

En noches como esta se tiene que andar con cuidado, porque son el tipo de noche que suelen tornarse trágicas.


Escabullirse. Esconderse en la oscuridad, volverse uno con ella.

Pasar de manera desapercibida.

No hacer ruido, lograr desplazarse sin emitir ningún sonido.

Moverse de manera tan rápida como un guepardo. lograr el silencio total.

Eran conceptos que regían su vida, eran todas cosas ya integradas en su ser. Eso era todo lo que sabía hacer.

Eso, y asesinar.

Matar, aniquilar, terminar con la vida de sus víctimas de una manera tan rápida, silenciosa y certera que no les permita ni siquiera percatarse de que sus vidas habían sido arrebatadas por completo.

Para ello vivía. Para asesinar. Asesinar sin ser asesinada, para matar sin ser vista, ni oída, ni sentida.

Vivía para su causa.

Y si su causa le pedía que asesinara, ella lo haría sin importar las consecuencias.

— ¡Lí, sulle scale dei sotterranei! ¡É un altro cadavere! — Se escuchó en aquellas viejas catacumbas.

Pegándose a la pared más cercana, dejando de respirar por unos segundos.

La luz de lo que parecía ser una antorcha acercándose cada vez más y más.

Viendo atentamente como tres soldados pasaban marchando con prisa justo delante de ella. Ignorándola, sin percatarse de su presencia. Como si de un fantasma se tratase.

Siguiéndolos, casi pisándoles los talones. Sin hacer ruido alguno. Como lo era siempre, como lo fue toda su vida.

Silenciosa, sin efectuar ningún ruido que la delatase.

— Propio di fronte! É il corpo di Eduardo! — Gritó el guardia que sostenía la antorcha. — L'intruso deve essere qui! Avvisare tutte le unitá! —

Sacando de quién sabe dónde una daga de combate angosta, extremadamente afilada. lanzándosela al guardia que previamente había hablado.

Atravesándole la cabeza por completo.

Saltando por sobre los demás guardias.

— Che cazzo?! — Gritó otro, observando a su compañero, abatido en el suelo. — Hanno appena ucciso Orlando! — Deteniéndose en el lugar. — L'intruso é qui-! — Siendo interrumpido cuando una daga le atravesó la boca desde atrás.

Retirando la daga de aquel cadáver.

Sosteniéndolo en sus brazos, impidiendo que caiga al suelo, agachándose al sostener el cadáver.

— Dannato figlio di puttana! — Gritó el tercero, desenvainando su espada.

Blandiéndola de manera descendente. Buscando cortarla.

Pateando fuertemente la hoja de la espada, todavía agachada. Golpeando al guardia en el estómago con la empuñadura de aquella daga.

Clavándole la misma en su muslo derecho con todas sus fuerzas.

Viéndolo inclinarse por el dolor y soltar la espada. Agachándose un poco, encogiéndose debido al dolor.

Levantando el mentón de aquel guardia, viéndolo fijamente a los ojos, obligándolo a devolverle la mirada.

Retirando la daga de su muslo.

Cortándole el cuello en un instante, sin titubear.

Manchándose la máscara que cubría la mitad de su rostro con sangre.

Dejando caer el primer cadáver al suelo.

— Veo que de verdad disfrutas el asesinar, joven. — Habló una voz detrás de ella, con un tono extremadamente frío. — No solo elegiste el camino más largo, sino que también asesinas a cada persona que te encuentras, interesante. — Comentó.

Poniéndose de pie, guardando la daga en una de las tantas fundas que se encontraban en sus holgados pantalones.

— Deberías apresurarte, en cualquier momento todos en este predio podrían darse cuenta de tu presencia. Déjame que yo me encargue de estos cadáveres, de la misma forma que me encargué de los demás. — Dijo aquella silueta, ocultándose en la oscuridad de la noche.

Ignorándolo.

Sin siquiera desperdiciar ni un segundo en dirigirle una palabra a aquel misterioso hombre.

Corriendo en dirección contraria a los guardias antes de ser asesinados.

Tomando el primer desvío que encontró en aquellas catacumbas.

Moviendo sus desnudas manos con gracia a la vez que corría, apagando todas y cada una de las antorchas que se encontraba en su camino, como por arte de magia.

Dando un salto hacia una de las paredes de aquel angosto lugar.

Tomando de la vaina que se hallaba en su espalda una especie de guadaña, corta y de doble filo.

Usando de impulso a dicha pared, abalanzándose hacia delante con muchísima fuerza y velocidad.

Rebanándole la cabeza a un guardia, sin que en ningún momento se percatara de su presencia, sin darle ni siquiera una milésima de segundo para hacerlo.

— Ehi, là! C'è un intruso! —

Escuchó delante. Levantando la vista, ubicando otros cinco guardias a unos cuantos metros.

Viendo gélidamente avanzar a uno, con su espalda desenfundada.

Lanzando una estocada frontal.

Girando hacia delante, esquivando el ataque como si fuese una bailarina de ballet.

Quedando apenas por delante de aquel guardia.

Sosteniendo el hombro de aquel sujeto con su mano, dándole la espalda.

pateándole la pantorrilla con gran fuerza, doblegándolo. Igualando la altura entre ambos.

Retirando la mano del hombro del guardia. Dando otro giro completo.

Cortando el posterior de su cuello en medio del giro con su guadaña.

Dando un paso al frente.

Bloqueando con su guadaña un corte descendente de uno de los guardias.

Haciendo la hoja a un lado, saltando sobre aquel guardia, sentándose en sus hombros.

Ahogándolo con sus piernas.

Aferrándose a él, tratando de no caerse cuando este comenzó a luchar contra su agarre.

Sacando de sus pantalones otra daga.

— Comunicare alla Santa Sed-! — Intentó gritar uno de los guardias, siendo atravesado de lleno en el pecho por dicha daga.

Sin perder el tiempo, clavándole una de las hojas de la guadaña en la coronilla de la cabeza, como si fuese un cuchillo.

Asesinándolo al instante.

Cayendo al suelo, aterrizando con gracia.

Viendo otro guardia acercársele.

Actuando con rapidez.

Tomando aquel cadáver, escondiéndose parcialmente debajo de él, utilizándolo de escudo, cubriéndose de dos poderosos cortes.

Lanzándoselo a su atacante como si se tratase de una simple almohada. Viéndolo caer debajo de aquel cadáver.

Pisando sobre él, impulsándose.

Saltando por los aires, aterrizando detrás del quinto guardia.

Girando hábilmente aquella arma en su mano.

Lanzando un corte ascendente mientras giraba aquella guadaña.

Rebanando por completo la espalda de aquel guardia con las dos hojas de dicha arma.

Manchando por completo su sobretodo con la sangre de aquel guardia que, como si se tratase de una fuente, se esparcía por doquier.

— ¡Aiutare, prego qualcuno mi auti! — Gritó el último guardia con vida.

Viéndolo intentar, en vano, sacarse el cadáver de encima.

Pateando el cadáver, viéndolo retorcerse del terror.

— Lasciami andaré, ti prego per quello che vuoi di piú! Ho una familia, ho una figlia piccola che mi aspetta a casa! — Gritó aterrado, comenzando a llorar.

— Sh… — susurró apenas, haciendo un mínimo ruido por primera vez en aquella oscura y sangrienta noche.

Inclinándose levemente, con una daga en su mano izquierda.

Notando como el guardia muerto de miedo intentaba ponerse de pie, fracasando estrepitosamente.

Dejando la guadaña a un lado, tomando al sujeto por el hombro.

— LASCIAMI ANDARE! — Lloró con todas sus fuerzas.

— Sh… — Repitió. Apuñalándolo suavemente en el pecho, clavando aquella daga hasta el fondo, sin titubear ni un mísero segundo.

Sin romper contacto visual con aquel tipo en ningún momento. Viendo atentamente como la vida se le escapaba lentamente.

Retirando la daga de su pecho ni bien el guardia dejó de respirar.

Guardando la daga nuevamente en una de las vainas de sus pantalones.

Comenzando a correr nuevamente, camuflándose casi perfectamente con la oscuridad de aquellas catacumbas.

Siendo lo único que contrastaba en dicha oscuridad las incontables manchas de sangre que sus ropas tenían.

Corrió y corrió sin cesar, sin mirar atrás. Sorprendentemente sin encontrarse con ningún otro guardia.

Luego de unos minutos llegó al final de aquellas catacumbas. Donde no había nada.

Encontrando en la oscuridad una vieja y deteriorada escalera, ubicada justo en el final del camino de aquella galería subterránea.

Subiendo por dichas escaleras, llegando al tope.

Tranquila buscó algo entre sus ropajes, sacando del interior de su sobretodo una envoltura blanca.

Revelando una mano, que obviamente se le había sido arrancada a un muerto.

Colocando dicha mano extendida en el techo justo al final de la escalera.

Abriendo una especie de compuerta secreta.

Visualizando el cielo estrellado.

Saliendo de aquella catacumba, haciendo pie en una gran calle de adoquín. Parada en el medio de una gran, gran plaza.

Quieta, justo al lado de una hermosa fuente de dos pisos que vertía agua constantemente. Ubicando un obelisco justo en el medio de aquella plaza circular. Con una fuente idéntica a varios metros de aquel monumento.

Sin pensarlo dos veces dio un gran salto, aterrizando en el techo del pórtico que rodeaba aquella plaza, dándole su espectacular y bellísima forma.

Con cientos de estatuas ubicadas a lo largo de aquel pórtico. Todas antiguas, pero bien cuidadas, rodeando la plaza.

Concentrada levantó la vista, viendo frente a ella la bella cúpula de la basílica más importante de todo el planeta.

Una luz vigía se dirigió casualmente hacia ella. Obligándola a esconderse detrás de una de las tantas esculturas, todas extremadamente bien detalladas. Ocultando su presencia.

Escuchando el ruido de pasos hacerse cada vez más y más notorio, anunciando la llegada de alguien.

Con su guadaña en mano salió de su escondite. Actuando en un abrir y cerrar de ojos.

Clavando una de las puntas de la guadaña en el medio de la laringe del sujeto, impidiendo que este gritara.

Abrazando al guardia herido, lanzándose junto con él al vacío.

Aferrada a él cayó con gracia del otro lado del pórtico, afuera de aquella plaza.

En un espacio cuadrado un poco más chico que la mencionada plaza, entrecerrado por varios edificios, con solo una pequeña calle permitiendo el acceso.

Al parecer un estacionamiento, pensó, debido a los varios vehículos aparcados en el medio del lugar.

— Ehi,tu! Fermati adesso! — Escuchó detrás de ella.

Sin siquiera voltearse, lanzando la guadaña hacia atrás.

Escuchando el ruido de acero templado cortando carne humana.

Estirando el brazo hacia atrás, tomando la guadaña que mágicamente regresó hacia ella, como si se tratara de un boomerang.

Volteando justo a tiempo para ver el cuerpo de otro soldado caer al suelo, sin vida.

Largando un suspiro guardó la guadaña en su espalda, tomando el primer cadáver.

Apareciéndose al lado del segundo, cargándolo también como si fuese nada.

De un salto avanzó varios metros, cargando ambos cuerpos, pegándose a la pared del pórtico, ocultándose de los guardias que patrullaban el techo del mismo.

Al instante visualizó un edificio delante de ella, saltando sobre él, aterrizando en un predio verde, lleno de plantas y muchos árboles pequeños, cercado. Una especie de patio trasero.

Sabía perfectamente donde se encontraba, y las múltiples tumbas esparcidas por el lugar sólo lo confirmaban, era un cementerio.

Como si se trataran de dos bolsas de basura dejó ambos cadáveres en el suelo, limpiándose la sangre de las manos con sus ropas, también sucias con sangre y tierra.

Caminó lentamente hacia el frente, claramente contando las tumbas.

Parándose en frente de la ante penúltima tumba de la tercer hilera si se contaba de izquierda a derecha, un hermoso mausoleo blanco con un ángel en el techo.

Ingresando a este, cerrando la puerta tras pasar.

Corriendo con no mucha dificultad el féretro de piedra que se encontraba en el medio del lugar, haciéndolo a un lado.

Abriendo una antigua escotilla en el suelo, aparentemente secreta, que ocultaba una muy larga escalera de manos. Bajando por ella sin perder tiempo alguno.

Llegando a otro pasillo subterráneo, completamente oscuro, a casi cien metros debajo de la tierra.

Con toda la calma se adentró en él, caminando por lo que parecía ser la primera vez en toda la noche.

El túnel era largo y con varias desviaciones. Contaba con paredes estrechas y un techo bajo. Estaba muy deteriorado, todavía más que las catacumbas, claramente hacía décadas que nadie lo utilizaba.

Luego de unos minutos llegó al final del camino, deteniéndose en él lugar.

— Detesto interrumpirte mientras trabajas, pero no puedo evitar preguntarte ¿Necesitarás ayuda para guiarte dentro? —

Volteando apenas el rostro para contestarle a la presencia detrás de ella.

Negando levemente con la cabeza, sin siquiera verlo.

— Ya veo. — Susurró apenas la persona tras ella.

Sin prestarle atención, Colocando su mano desnuda en la pared frente a ella.

Esperando un par de segundos a que aquel pasadizo se abriera.

— Que tengas suerte en tu cacería —

Adentrándose en él.


Asustado se sentó en la cama, observando para todos lados con cierto desespero.

Tanteando con su mano la superficie de la mesita de luz al costado de la cama, buscando y encontrando sus anteojos. Encendiendo el velador.

— Cosa è successo qui?! — Preguntó en voz alta, a nadie en particular.

Levantándose de la cama. Poniéndose de pie.

Caminando hasta una de las paredes de su cuarto, con un enorme agujero en ella. Exactamente donde se suponía que tenía que estar el cuadro de San Francesco d´Assissi que el tanto amaba.

Viendo a través del agujero.

Sorprendido, sin poder creer lo que veía.

Un enorme túnel secreto.

— Cos´é questo…? — Susurró.

Abriendo los ojos como platos.

Sintiendo lentamente como un dolor en su pecho crecía y crecía, poseyéndolo. Abarcando todo su cuerpo.

Respirando de manera cada vez más y más forzada.

Desviando la mirada hacia abajo.

Notando aterrado la punta de la hoja de un arma blanca salirle del pecho.

Intentando desde el fondo de su ser gritar, esbozar un auxilio, un ruido.

Con la desesperación tomando el control de todo su cuerpo.

Y, lamentablemente, muriendo sin poder emitir ningún tipo de sonido.


Retirando la hoja del cuerpo de aquel hombre, dejándolo caer muerto al suelo.

Saliendo de aquel cuarto.

Parada en una gran habitación digna de un castillo, con un suelo de cerámica blanco, extremadamente reluciente. Paredes de oro brillantes, al igual que el techo y las columnas que lo sostenían. Varias puertas de habitaciones privadas se extendían por aquel lugar, pero ninguna le interesaba.

Retomando nuevamente su andar. Sin ubicar ningún soldado, exactamente como era de esperarse.

Corriendo por aquel gran lugar, buscando una habitación en específico, precisamente la última.

Ubicando la misma, abriendo dicha puerta.

— posso aiutarti? — Preguntó una dulce voz dentro de la habitación.

lanzando una daga dentro, dándole en la cabeza a un hombre parado en ella, que aparentemente se estaba preparando para irse a dormir. Muriendo en el acto.

Cerrando nuevamente la puerta roja de aquella habitación.

Sin detenerse ahí, dándose la vuelta, corriendo por aquel establecimiento, girando en una esquina, encontrando unas escaleras.

Bajando todavía más, visualizando dos guardias al final de estas.

Asesinando a ambos de un certero corte al cuello con su guadaña, todavía sin detenerse.

Corriendo y corriendo sin parar, sin hacer ruido, sin llamar la atención de nadie.

A punto de llegar a su destino, a unos metros.

Visualizando otros dos guardias más en la puerta de la habitación personal de su última y más importante víctima.

A unos pasos.

Corriendo con su guadaña en una mano y una daga en la otra. Apareciéndose frente a ellos.

Rebanándole la cabeza al primero con su guadaña.

Apuñalando al segundo tres veces con su daga.

Asesinándolos al mismo tiempo, de la forma más despiadada posible.

Sin nada que se interpusiera en su camino.

Abriendo aquella puerta, ingresando a esa habitación.

Mucho más grande y lujosa que las anteriores, repleta de cuadros de santos colgados en las paredes.

Con un candelabro de oro colgando en el techo, también de oro, como las paredes.

Una alfombra roja cubría todo el suelo del cuarto.

Un par de lujosos, lujosísimos sillones colocados alrededor de una mesa de madera de roble hermosa, y una cama con frazadas y sabanas de seda en el medio de la habitación, con una persona durmiendo en ella tranquilamente.

Girando la daga en su mano, dando unos pasos hacia adelante.

Su presa, su víctima principal.

Su misión.

Lista para ser asesinada.

— Alto. —

Habló la voz sin emoción que en ese punto ya se le había vuelto familiar.

— A el no. —

Resonó de nuevo la voz. al mismo tiempo que unas llamas negras aparecían en frente suyo, dando forma a la misma silueta de antes que, debido a la luz, era mucho más clara y fácil de distinguir.

— Joven, déjame agradecerte por tus servicios. — Habló aquel hombre alto, de complexión delgada y piel blanca como la nieve. — La misión ha sido un éxito. —

— La misión no ha terminado. — Habló, dando un paso adelante.

Deteniéndose nuevamente cuando aquel hombre estiró un brazo, en señal de impedimento.

— Si joven, la misión ha terminado. —

— Mi misión era asesinar a Alfonsino Catalano; Obispo y jefe de protocolo de la secretaria de estado de la santa sede. Al arzobispo Baldassare De Simone; Presidente de la comisión Pontificia del estado de la ciudad del Vaticano. Al obispo y doctor Giuseppe Borgognoni; Jefe de la dirección de Contabilidad del Estado. Y a su mismísima santidad, obispo de Roma y soberano del Estado de la ciudad del Vaticano; El Papa Frances- —

— No me esperaba que hablaras tanto. — Lo interrumpió aquel hombre, emitiendo una mueca que simulaba una leve sonrisa. — No quiero sonar grosero, pero tu misión era asesinar a Baldassare De Simone, a Giuseppe Borgognoni, a Alfonso Catalano y llevarme hasta la habitación del Papa, sólo eso. Lamento si tu amo no te dio el objetivo de la misión correctamente. —

— … —

— Como dije, debías llevarme con el Papa, y lo hiciste. Tu misión ha concluido, joven. Estamos muy agradecidos y satisfechos con tu servicio. —

— Insisto. Debe haber un error. El amo sólo nos da misiones de exterminio. —

— Estoy de acuerdo con que hay un error joven. Evidentemente tu amo no te explicó de manera correcta la misión que debías de efectuar. Aunque es entendible, se dio la orden de forma tan repentina que pudo haberse prestado a una confusión. Pero nuevamente insisto, la misión que se te pidió ha sido completada de manera rápida y a la perfección. — Caminando hacia donde el hombre dormía, posando una de sus largas, huesudas y espeluznantes manos sobre su frente.

— La orden de la misión fue clara. —

— Lamento la tardanza. Estaba encargándome de los últimos cadáveres. — Habló una tercera voz, claramente femenina. entrando en la habitación, interrumpiéndola.

Volteándose tranquilamente, observando a la dueña de la voz.

Una mujer, que probablemente no llegaba a los veinte años, de piel casi tan pálida como la de aquel hombre. De cabello largo y voluminoso. De color rubio platinado, muy claro, brillante y bien cuidado.

— Oh, no te preocupes Lana. No te has tardado ni un segundo. Lamento que hayas tenido que lidiar con esos cadáveres por mí. — Habló el hombre alto y pálido. Por primera vez sonriendo, apenas.

— No se preocupe amo, ha sido un placer. — sonrió aquella muchacha, ignorando la otra presencia parada en el medio de la habitación.

Vestida con unos jeans azul claro algo ceñidos, un sweater holgado de mangas largas y cuello de estilo bufanda color gris, que le llegaba hasta las rodillas y unas botas de tacón grueso marrones.

— Llegas a tiempo, le estaba agradeciendo a… Nuestra peculiar escolta… — Claramente pensando dos veces en las palabras que usó. — Por su trabajo bien hecho. —

— Si usted insiste con que la misión está terminada. — Habló, con una voz fría. Carente de emoción — Será mejor que me retire, debo reportarme y dar detalles de lo sucedido. — Caminando hacia la puerta.

Deteniéndose a un lado de la muchacha cuando el hombre habló otra vez, con cierto tono burlón en sus palabras.

— Ten un viaje tranquilo y seguro, joven. — Dijo. — Trata de no asesinar a nadie más en la salida. Sería una lástima que se tuviera que derramar aún más sangre. — Simulando dolor en sus palabras.

Amagando a voltear, decidiendo mejor fijar su mirada en la muchacha a su lado, que le devolvía la mirada con cierto desagrado.

Desafiándola por unos segundos.

Retomando el paso saliendo de esa habitación tranquila, desapareciendo de la escena.


— Creí que su trabajo era infiltrarse en las habitaciones del vaticano y asesinar al Papa —

— Es curioso, ella creyó lo mismo que tú. Pero se decidió al último momento que necesitábamos que nuestro viejo amigo siga con vida — Acariciándole la cabeza al hombre recostado en aquella costosa cama.

— Una de las famosas asesinas de The Sisters of the Veil… Qué decepción. — Dijo despectivamente la rubia, denotando cierto desprecio en sus palabras.

— Oh ¿Qué no te ha sorprendido nuestra pequeña invitada? —

— Para nada. Este último tiempo he escuchado interminables historias y mitos de ellas. Tan sólo vi una simple asesina. Yo podría haber hecho lo mismo que ella. — Dijo, mirándose las uñas aburrida.

— Eso está más que claro Lanaia, pero el amo de ella, nuestro nuevo… socio, fue quien la ofreció para hacer el trabajo como motivo de buena fe. Y debo decir que ella si ha despertado mi curiosidad. — Confesó.

— No puede hablar en serio. —

— Créeme que sí, Lanaia. Asesinó a cincuenta efectivos de la Iglesia en menos de veinte minutos, eso es un promedio de mínimo dos personas y medio por minuto. No sólo eso, sino que además consiguió infiltrarse en el vaticano sin ser vista, llegó hasta la habitación personal del Papa ¿Te parece poco? —

— Claro que me parece poco. Admito que es buena para escabullirse, pero es sólo una mera asesina, nada especial. —

— Su amo me dijo que prefiere mantener las cosas simples, no se esfuerza más de lo que la misión lo requiera. Para ser una humana tan joven tiene una fuerza, velocidad y técnica impresionantes. Pero eso no es lo que me llamó la atención. — Admitió el hombre. — Sino su sed de sangre, la manera en que disfrutó asesinar a cada una de esas personas, viéndolos sufrir, obligándolos a que la vean a los ojos… Fue exquisito. — Se relamió los labios.

— Aun así… — Siguió, cruzada de brazos. — Yo podría haberlo hecho muchísimo mejor. — Denotando celos.

— Claro que tú lo hubieses hecho mejor, Lana. Tu eres única. Tienes algo en tu interior que te vuelve similar a mí, y por eso eres indispensable e irremplazable. —

— Me alegro que lo tenga en mente, mi Lord. —

— Además que hubiese sido una lástima que te ensuciaras tus preciadas ropas con sangre. —

— De haberme avisado que la toma se realizaría hoy hubiese asistido con ropas adecuadas, creí que no actuaríamos hasta dentro de dos semanas. —

— Sabes que me gusta hacer circular información falsa para que nadie se interponga en mis planes. —

— ¿Los demás miembros de la brigada sabían que hoy se efectuaría la toma? —

— ¿Por qué deberían? No confío en nadie que no seas tú, pequeña. Y sabes que sólo me beneficio de sus mentes simples y su comportamiento tonto, nosotros no trabajamos con ellos… —

— Sólo los utilizamos…— Caminando hasta el borde de la cama, observando al hombre dormir profundamente. — ¿Qué haremos con él? —

— Acabo de darle ideas y pensamientos nuevos, también lo utilizaremos. Lo mantendremos vivo para controlar todo este imperio, será muy sencillo. —

— Yo ya separé los cadáveres y reemplacé a todos los soldados asesinados, nadie se va a dar cuenta de lo que pasó aquí. —

— Excelente como siempre, Lana. Ahora sólo resta avisar a los demás que ya hemos concluido aquí. Será turno de ellos que hagan su parte y se pongan a trabajar. —

— ¿Llevarán el plan a cabo de inmediato? —

— Lo desconozco, y francamente no me importa. Lo único que quería era apoderarme del vaticano, lo que hagan los demás con sus planes no me interesa en lo más mínimo. —

— Entiendo por sus palabras que seguiremos por nuestra parte entonces. —

— Así es, seguiremos como lo venimos haciendo desde el principio, Lanaia, por nuestra cuenta. —

— Como usted lo desee, mi lord. Aunque tengo una duda — Haciendo una pausa. — El amo de las hermanas ¿Trabajará con nosotros? —

— No, él es tan sólo un nuevo miembro de esa estúpida brigada, nosotros solo lo utilizaremos cuando lo creamos conveniente. Aunque he de admitir que sus… adeptas me llaman la atención, quien sabe, a lo mejor termines teniendo una o dos amigas con quien platicar. — Se burló.

— Sí, como si esas inmundas asesinas supieran hablar. — Claramente fastidiada.

— Bueno. Será mejor que saquemos los cadáveres de las autoridades de sus habitaciones, tenemos que prepararnos Lanaia, tenemos tan sólo cuarenta días antes de la reunión con los sintoístas, habrá que comenzar cuanto antes. —

— Sus deseos son órdenes, Mi Lord. —

— Oh, permíteme preguntar ¿Cuántos cadáveres buenos has separado? —

— Treinta y tres —

— Perfecto, envía el resto a la brigada, no los necesitamos. — Sonriendo desquiciadamente, relamiéndose los labios. — Buen trabajo, justo me apetecía un delicioso bocadillo nocturno. —


. . . . . . . . . . . . . . . . . .

La escasez de luz volvía aquel lugar sombrío, oscuro.

Con la luna brillante e imponente. Sirviendo de faro, alumbrando tenuemente aquel departamento.

Parado en el balcón del mismo, ingresando dentro del apartamento por la puerta corrediza de cristal.

— Te tardaste. — Habló una voz dentro de dicho edificio ni bien entró, aparentemente desde la sala de estar.

Caminando cautelosamente, teniendo cuidado de no chocar con nada.

— Enciende una luz, por el amor de dios. —

— Solo tú puedes ser tan idiota para para decirme que haga algo en el nombre de ese viejo imbécil. Además, así logro concentrarme mejor. — Le contestó llanamente.

— ¿Has logrado saber algo? —

— Por supuesto que sí, ¿Con quién crees que hablas? Estos cadáveres eran de ángeles caídos… Alguien quiso experimentar con ellos, o de seguro se ofrecieron voluntariamente. Como sea, pese a que estén descuartizados su causa de muerte no es esa. Murieron a causa de esos experimentos. —

— ¿Los cuales eran? —

— Vincular ángeles caídos con Sacred Gear, volverlos portadores. —

— Y los descuartizaron para que nadie reconociere los cadáveres, o los experimentos que hicieron en ellos… —

— Muy probablemente, otra explicación lógica no se me ocurre. Aunque es sencillo de determinar esos experimentos, el aura residual de los Sacred Gear sigue en sus cadáveres… O bueno, sus restos. —

—…—

— Ya que estás aquí podrías servir de ayuda. —

— ¿Qué necesitas? —

— Enciende la luz, el interruptor está al lado de la puerta principal. —

— ¿Y ahora qué? — Encendiendo la luz, dándole un leve vistazo a aquella escena.

Observando al ángel caído examinar los cadáveres. Pasando sus manos por las extremidades arrancadas, con dos círculos mágicos pequeños y de color gris en ambas palmas de sus manos.

Extrayendo una especie de energía roja, algo trasparente y poco densa de aquel cadáver. Sosteniéndola entre ambos círculos mágicos, moviéndose con cautela.

— No te quedes ahí parado mocoso. — Le reprochó. — Pásame aquella probeta mágica. —

Observando la mesa que el ángel caído señalaba, no muy seguro de cual de todos los utensilios agarrar.

— El último de la primera fila, el más pequeño. — Como si leyera su mente.

Haciéndole caso, tomando dicho utensilio, entregándoselo.

— No puedo creer que pasé horas explicándote cada uno de esos utensilios para nada. —

— Y yo no puedo creer que hayas esperado a que yo llegase para ponerte a trabajar. —

— ¡No digas eso! He estado haciendo otras cosas, estuve muy ocupado hoy. —

Observando atentamente al caído crear un nuevo círculo mágico de color blanco, justo en la boca de aquel tubo.

Vertiendo la energía roja en dicho tubo, tomándose su tiempo.

— Y ahora simplemente lo sellamos. — Exclamó en voz alta, hablando solo.

Moviendo su mano con gracia, sosteniendo el tubo con la otra, envolviéndolo en una cadena mágica blanca, sellándolo.

— ¿Qué se supone que acabas de hacer? — Habló el rubio.

— Acabo de extraer los restos de energía que dejó el Sacred Gear en… El cuerpo… —

— ¿Lo estudiarás? —

— Sí y no. Sólo me fijaré qué código mágico tiene —

— ¿Que qué? —

— Sí que eres idiota… — Suspiró. — Es un deja-vú. Esto ya te lo expliqué una vez. Las Sacred Gears tienen distintos códigos mágicos con las cuales se programan, se crean. Si descubro qué código mágico tiene esta energía — Moviendo el tubo que sostenía en su mano. — Podré saber qué Sacred Gear le quisieron dar a este sujeto. —

— Para haber colapsado así de seguro se trataba de algún Sacred Gear poderoso. —

— No lo creas, es más — Saliendo de aquella habitación, dejando al rubio sólo. — Estoy seguro de que esto fue una simple prueba estúpida. — Continuó hablando desde la otra habitación. — Hay una ley mágica que es extremadamente simple pero muy cierta. Las energías de cargas iguales se repelen, en casi absolutamente todos los casos. —

Entrando nuevamente en la habitación, llevando consigo una bolsa transparente con pequeñas varillas en una mano, y una botella de whisky oscura en la otra mano.

— Toma. — Entregándole la bolsa. — Enciende tres o cuatro de estos y déjalos por ahí. —

— ¿Sahumerios? ¿Para qué los querría prender? —

— Para que saquen el olor a muerto que hay aquí, imbécil. Prefiero oler incienso antes que oler cadáver podrido. —

— Esta vez te daré la razón. — Haciéndole caso, encendiendo varias varillas de incienso, dejándolas alrededor de dicha habitación.

Viendo al ángel caído servir dos enormes vasos con whisky.

— ¿Quieres? — Ofreciéndole uno de los vasos.

— Diría que no… Pero sería un desperdicio. — Aceptando el vaso, bebiéndose todo el whisky de un tirón.

— De a poco ya comienzas a entender cómo funciona la vida, Naruto — Acompañándolo con el trago. — Volviendo a lo de antes… ¿Dónde me había quedado? —

— Con que energías iguales se repelen. —

— Ah… Cierto. Cómo te decía, es estúpido intentar asimilar una Sacred Gear en el cuerpo de un ángel, o ángel caído. Ambos, el ángel y el Sacred Gear, presentan núcleos de energía sacra distintos, por algo el viejo difunto inventó las Sacred Gears para que las utilicen humanos y no ángeles. —

— ¿Por qué entonces alguien querría entregarle Sacred Gears a ángeles caídos? No tiene mucho sentido. —

— Nunca dije que no fuese posible que ángeles caídos pudieran asimilar Sacred Gears, es más, lo es. Pero para eso primero deberías de estudiar el código mágico con el cual la Sacred Gear está programada y modificarlo según el portador que desee asimilarla, es un proceso que lleva tiempo de dominar y no es para nada sencillo. Aunque hay otra forma — Sirviéndose otro vaso de whisky. — Podrías simplemente vincular una Sacred Gear a un ángel caído y a su vez aislarla con distintos hechizos y sellos, de esa forma no dañaría el cuerpo del usuario. Aunque en ese caso cada vez que el usuario decida usar la Sacred Gear el poder de esta se verá disminuido, y el usuario se cansará el triple de rápido, y a la larga también se vería dañado por portar una Sacred Gear. —

— Me perdiste Azazel —

— Lo siento, había olvidado que tu concentración no supera los siete segundos. —

— Ya… ¿Qué opinas? —

— Que es algo grave, mucho más grave de lo que hubiese imaginado. Pese a que el que haya hecho esto sea un completo ignorante, la posibilidad de que no sea un hecho aislado es muy grande. —

— Lo más probable es que lo que esté ocurriendo en esta ciudad, también esté ocurriendo en otros lugares del mundo. — Ofreciéndole su vaso al ángel caído.

— Exacto… — Sirviéndole whisky. — En principio y por motivos obvios tendremos que centrarnos en lo que sucede aquí. A propósito: ¿Qué hiciste con los cadáveres de los dos niños que encontraste en aquella iglesia? —

— Llamé a las autoridades de este pueblo, ellos se los llevaron. —

— Una lástima, me hubiesen servido mucho, hubiera podido detectar sus Sacred Gears —

— Llevaban muertos más de un día, estaban desaparecidos… Imagínate la desesperación de sus familias… —

— No me malinterpretes, no cuestiono para nada tus acciones. — Aclaró. — Deberé volver a Grigori cuanto antes — Dejando escapar un largo suspiro. — Supongo que mis vacaciones han llegado a su fin. Deberé de analizar bien la energía que extraje, así como también revisar quiénes han sido los últimos en ingresar a mi laboratorio —

— Qué extraño. Creí que tu laboratorio era el edificio más seguro del universo — Bromeó

— Y lo es, cualquier ser que ingrese sin permiso cuando yo no estoy presente morirá —

— Entonces el problema recae en la gente que sí tiene autorización a ingresar a tu laboratorio. Digamos que la teoría de que hay un traidor en tus filas sea correcta. ¿Qué se podrían haber llevado? —

— Infinidad de cosas, pero hay una en especial que tengo en mente… ¿Recuerdas que te dije que es posible que un ángel caído asimile una Sacred Gear? La razón por la cual te dije eso es porque… Con mis investigaciones yo lo conseguí —

— ¿Hablas en serio? —

— Así es, fue hace poco… Digamos ¿Doscientos? ¿Trescientos años tal vez? Tal vez más. Cómo sea, luego de haberme estudiado y aprendido todos los códigos mágicos de todos los tipos de Sacred Gear, conseguí modificarlos. A decirte la verdad fue algo muy sencillo, esperaba un reto. Sin más vueltas, sólo tenía la teoría, entonces decidí hacer un experimento, y le implanté a un lacayo de Sariel un Sacred Gear de uno de los humanos que hay en Grigori. —

— ¡¿Asesinaste a un humano por un simple experimento?! —

— ¡Juro por todo los mundos conocidos y por conocer que si sigues saltando a conclusiones completamente estúpidas sin tener toda la información, se me reventará un testículo! ¡Qué irritante eres! ¡Por supuesto que no asesiné a nadie, idiota! —

— Los portadores de Sacred Gear mueren cuando se les es extraído. —

— ¿Sabes por qué mueren? Porque quien se los extrae lo hace con esa intención, o lo hace de manera apresurada, o simplemente es un completo imbécil e ignorante. Yo no tengo intención de matar a nadie, ni me apresuro en mis experimentos, y no soy ni un imbécil ni un ignorante. —

— Ignorante no lo sé, pero imbécil lo eres, y a un cien por ciento. —

— ¿Sabes por qué me llaman "Azazel el alquimista"? Te daré una pista: No es por ser un imbécil, todo lo contrario. —

— Ya, ya, solo era una broma. Cielos, qué susceptible estás hoy —

— Estoy molesto. Me molesto mucho cuando me arruinan mis vacaciones. — Refunfuñó.

— Te comportas como un niño, Azazel. —

— Cierra la boca y deja de interrumpirme. — Haciendo una pausa. — Como decía: Logré que el lacayo de Sariel asimilara el Sacred Gear por un mes sin que colapsara en ningún momento. Luego de eso se lo devolví al portador original, todo salió bien. Muchos creen que dejé ese proyecto porque las demás facciones comenzaban a levantar sospechas… —

— Escuché rumores de ese estilo, algo como "Grigori planea atacar a las demás facciones con ejércitos de portadores de Sacred Gear"—

— Sí, decían estupideces de ese calibre, por eso detesto a todos; creen que si uno acepta razas que ellos consideran "inferiores" en sus filas es para de alguna forma controlarlos y atacarlos a ellos. —

— Exageras Azazel. —

— *Tsk* Había olvidado que tú eres el amiguito de todos ellos. No interesa, la realidad es que dejé ese proyecto porque me aburrió, sólo quería demostrar que era posible que un ángel o ángel caído pudiera asimilar un Sacred Gear, estoy seguro que esos ineptos del cielo asesinarían a cualquiera por poder alcanzar lo que yo hice. —

—…—

— Entiendo, no opinarás. —

— No sería conveniente que dijera algo sobre una raza siendo un simple humano, Azazel. —

— De "simple" tienes lo que yo tengo de fiel a la obra del señor. Te crees objetivo, pero no lo eres, y está perfecto Naruto, no me malinterpretes. —

— Nos hemos desviado… —

— Tienes razón. Has venido por algo ¿No es así? —

— Vine a revisar si te habían llegado… — Sin terminar la oración. — Y también a decirte que tengo algo de información respecto a esta ciudad. —

— ¿Estuviste investigando? —

— Si y no. Me encontré a la heredera Gremory. —

— Ya… Te la encontraste, así como así. — Bromeó.

— Ella me encontró, en la iglesia. Me presionó y bueno, no me quedó otra más que involucrarla. —

— Te… Presionó. Una niña te presionó… — Tomando un gran trago de whisky. — ¿Te escuchas cuando hablas? De verdad, deberías hacerlo, es un buen ejercicio terapéutico. —

— No me presionó… Es que… Como la guardiana de este territorio pidió respuestas y explicaciones… Creí que sería correcto involucrarla… ¿Qué opinas tú? —

— Hace unos días te dije que deberías dejar que ella y la otra demonio se encargaran. ¿Recuerdas? Tú fuiste el que se opuso, no yo. Pero, el decir que te presionó… Eres patético —

— Ya, entiendo. Exageré. —

— Lo único que me interesa ¿Dijo algo útil? —

— Cuarenta y uno —

— ¿Muertos? —

— Así es, contando los dos que encontré hace unas horas. Todos con un agujero en el pecho, con energía residual en sus cuerpos. —

— Todos portadores de Sacred Gears. —

— En efecto, y la mayoría ligados de una manera u otra a alguna iglesia. Todos extranjeros que vinieron a este pueblo por una beca de intercambio. —

— Así que son enviados por la iglesia… Pese a que me irriten mucho, sé que los del cielo no lo harían a propósito. ¿Problemas en el paraíso? —

— Eso parece, no es algo cuerdo el mandar estudiantes ligados a la iglesia a territorio de demonios, mucho menos el seguir enviándolos luego de saber que muchos han muerto. —

— Cuando hablas de la iglesia… ¿Te refieres a una en particular? —

— La Ortodoxa y la Protestante. Los Católicos no, ellos tienen muy buena relación con el cielo, sé que no harían nada. —

— Bueno, eso es más de lo que me esperaba. ¿Seguidores de la iglesia traicionando a la misma? O peor… ¿La iglesia traicionando al cielo? Es lindo saber que no soy el único al que traicionan, qué alivio — Bromeó. — Deberías decírselo a Michael, o a Raphael, o si quieres organizo una reunión con Gabrielle, sabes que jamás podría rechazar su presencia. —

— Pervertido de cuarta… —

— Y a mucha honra mocoso. —

— Supongo que tienes razón, con la ley de libre albedrío el cielo no se percata de nada de lo que hacen —

— Pero aquí estás tú para salvarlos otra vez. Eres un príncipe azul. No, eres el salvador, ¡el nuevo cristo! ¡Naruto Uzumaki, el protector del cielo! —

— Si dices tantas estupideces en voz alta alguien podría escucharlas, y hasta creerlas… —

— Sólo digo verdades — Se rio.

— Ugh… — Acariciándose el entrecejo. — Ahora recuerdo porqué dejé Grigori, me pones los nervios de punta, me irritas. —

— Ey, eso es lo que yo siempre digo de ti. Además, ambos sabemos que te fascina mi encantadora personalidad, soy un tipo genial. —

— No sé si estás borracho o estás demente. Aunque probablemente ambas… —

— No niego ni afirmo el estar borracho, este whisky es bueno — Revolviendo el contenido del vaso, guiñándole un ojo. — Pero el demente aquí eres tú Naruto-kun — se burló. — Yo estoy más que cuerdo. —

— ¿Podemos por favor centrarnos en esto? Estoy cansado, quiero irme a dormir. No he estado durmiendo mucho últimamente. —

— ¿Estrés? — Preguntó, curioso.

— ¿Muy notorio? —

— En tus ojeras, y en el hecho de que no te hayas dado cuenta de que, quien desvió el foco principal fuiste tú, no yo. —

— Discúlpame por eso... ¿Puedo sentarme? — Desplomándose en uno de los sillones de aquella sala.

— ¿Para qué preguntas si ya lo has hecho? — Rio el caído, alcanzándole la botella de Whisky.

— Gracias — Tomando un gran trago de esta. Aclarándose la garganta — Cielos, si que es fuerte… —

— Probablemente lo mejor que puedas beber en este mundo. —

— En eso te doy la razón. — Bebiendo aún más.

— ¿Mejor? —

— Admito que beber esto es una buena manera de desestresarse. —

— Necesitas vacaciones Naruto. Por lo que me has contado y por lo que puedo ver, pareces sofocado. —

— Admito que me siento así. Desde que dejé el inframundo que he estado siguiendo el rastro de estos tipos, la Brigada del Khaos, viéndolos cometer semejantes crímenes, es estresante. — Terminándose la botella de un tirón.

— Crímenes… ¿Cómo cuáles? —

— De todo tipo, no sé por dónde iniciar. Han manipulado la historia. Han robado artefactos importantes, y personas importantes… Han asesinado a sangre fría. Han tomado ciudades, instituciones. —

— ¿Instituciones? ¿Cuáles? —

— Cuatro de las siete instituciones de magia que existen en el mundo trabajan para ellos. En secreto, obviamente. —

— Eso sí que es grave… — Admitió. — Creo que podría deducir una, tal vez dos- —

— Nieumeghen, Hexennacht, Dämmerung y Schala están completamente tomadas. —

— Mierda… Esos sí que son muchos humanos…— Haciendo una pausa. — Nieumeghen tiene sentido… La doctrina del imbécil de Fausto siempre fue despegarse de todo lo positivo de la vida y aferrarse a las cosas negativas… Hexennacht es todo un problema, tienen dos Longinus en su poder, incontables cantidades de seguidores a lo largo y ancho del globo terráqueo y mucha influencia. De las otras dos no puedo decir mucho, solo rumores. —

— ¿Qué rumores? —

— Dicen que Dämmerung tiene magos increíbles, del mismo calibre que Golden Dawn, y ocupa cuatro asientos en el consejo mágico. De Schala escuché algo peor. Dicen que tienen en su poder una parte del Santo Grial… —

— En efecto, todo eso es verdad. —

— Mierda, eso si llega a preocuparme… El Santo Grial en las manos equivocadas podría ser terrible. —

— A mí me preocupó, y todavía me preocupa. Por ello pasé todos estos años intentando localizar los demás pedazos del Santo Grial. —

— ¿Has tenido éxito? —

— Pues claro que sí Azazel, ¿Por qué crees que me persiguen? —

— Bastardo hijo de perra…—

— Ya me conoces, si la lío la lío en grande, yo no juego. — Se rio.

— ¡¿Por qué no me dijiste desde un principio que tenías un fragmento del Santo Grial?! —

— ¿Porque jamás surgió la oportunidad? No lo sé, supongo que me habré olvidado —

— ¡¿Cómo te olvidas algo como eso?! ¡Es ilógico! —

— Ya, ya, no grites. Relájate. —

— Oh ¿Ahora el que pide calma eres tú? ¡Es imposible relajarse contigo cerca! —

— No te lo dije porque no sabría cómo reaccionarías. Deberías alegrarte, eres la única persona a la que le conté, sé que puedo confiarte este pequeño secreto. —

— Sí, pequeño secreto… Increíble, ¿Cómo hiciste para encontrar una parte del Santo Grial? Ha estado perdido hace casi dos mil años… —

— Con mucha paciencia y ayuda, ayuda importante. —

— ¿Te refieres a tus invocaciones? ¿O a otro tipo de ayuda? —

— A mis invocaciones, y sí, recibí algo de ayuda extra —

— ¿Del cielo? —

— Tal vez—

— ¿Gabrielle? —

— … — Desviando la mirada.

— ¡Lo sabía! ¿¡Has tenido sexo con Gabrielle, no es así!? —

— ¡¿Qué?! —

— ¡Es que sí hombre, no hay otra explicación! ¡Siempre está para lo que le pides! —

— ¡Y-yo no le pedí nada! ¡Ella se ofreció! —

— ¿¡Se ofreció a tener sexo contigo!? —

— ¡Que no tuve sexo con ella, maldita sea! ¡Me refiero a que ella se ofreció a ayudarme a encontrar ese fragmento! —

— Oh… Entonces ¿Por qué me mentiste? Dijiste que era el único que sabía de esto. —

— No, dije que eras el único al que le había contado. De hecho, a Gabrielle no le dije que estaba buscando ese fragmento, ella simplemente lo supo, de alguna manera. —

— Ya… "De alguna manera" —

— Sí, aunque suene raro… De alguna manera se enteró y decidió ayudarme. —

— Sabes que desde el cielo te espía, ¿No? —

— ¿Eing? —

— ¿No lo sabes? —

— ¿Tu sí? —

— ¡Pues claro! Si tú no le dijiste a nadie, ¿Cómo es que se enteró? —

— Ahora que lo dices… Tiene sentido… —

— ¿Y qué? Te ayudó a encontrar ese fragmento ¿Y luego? —

— Luego me dijo que me lo quedara… Y ahora que recuerdo dijo que mantendría eso en secreto, que no le diría a nadie —

— ¿¡Ni siquiera a Michael!?—

—Así es. — Asintió.

— ¡¿Gabrielle ocultando información a Michael?! — Gritó. — ¡¿Qué le hiciste a Gabrielle?! ¿Cómo puede ser que hasta le mienta a Michael? —

— Ocultar información no es mentir… —

— ¡Es prácticamente lo mismo! —

— No, no lo es. Deja de reaccionar así Azazel, estás haciendo un escándalo de nada. —

— ¡No hay manera de que todo esto sea simplemente "nada"! ¡Estamos hablando de la serafín Gabrielle! Jamás un serafín interactuó tanto con un humano —

— Ya, de verdad, tranquilízate. Sólo me ayudó con algo que también la beneficiaba a ella y a su causa. —

— No me refiero a eso, sabes exactamente a qué me refiero con "interactuar con un humano" —

— ¿Qué no te interesaba saber cómo y dónde encontré el fragmento del Santo Grial? —

— ¡Tu relación con Gabrielle también me interesa, y mucho! —

— Si tanto te interesa entonces otro día lo discutiremos, este no es un buen momento. —

— A mi si me parece un buen momento —

— Azazel, estamos sentados en una sala de un departamento barato en una pequeña ciudad de Japón, con dos cadáveres de ángeles caídos descuartizados en la mesa, mientras bebemos whisky… —

— Ya, entiendo, el tiempo de bromear ya terminó. —

— Como decía, ese fragmento lo encontré en una cueva en el fondo del océano. Estaba tirado en dicha cueva, a varios metros de profundidad, ignoro quien la haya puesto ahí, pero sí que fue difícil de encontrar. —

— ¿En dónde? —

— al norte del océano atlántico, cerca de la costa de Escocia. —

— ¿Cómo lo encontraste? —

— Una larga investigación, basada en información que le robé a la brigada, intuición de Gabrielle y mucha, mucha suerte. En otro momento te contaré la historia completa. —

— Tienes muchas cosas que contarme, y aunque no lo creas lo digo en serio. Estoy seguro que ese fragmento del Santo Grial no es la única razón por la cual un grupo de asesinos despiadados te quiere muerto. —

— Son muchísimo más que un simple grupo de asesinos. Y sí, tienes razón. Hay muchas cosas que vi y que sé. —

— Cosas que no deberías de saber ni haber visto… ¿Cómo cuáles? —

— Planes sobre qué hacer con el Santo Grial una vez lo tengan en sus manos, formas de reemplazar sus poderes en caso de no obtenerlo. Teorías sobre posibles ubicaciones de artefactos antiguos, muy antiguos. —

— ¿Qué tipos de artefactos? —

— Desde espadas sacras hasta las famosas armas creadas por los enanos en el viejo mundo. Teorías de donde pueden estar, esperemos que sean solo eso, teorías. No estoy al tanto de si encontraron alguna. —

— Eso definitivamente si es algo grave. —

— Lo sé, y aún hay más Azazel, mucho más. Han estado pasado tantas cosas estos años, y a nadie parece importarle, es frustrante. —

— ¿Lo hablaste con las demás facciones? —

— Sí, ya te lo dije. En su momento le dije a Sirzechs, lo habló con el consejo y los demás maous, decidieron desestimar mi advertencia. En parte es entendible, recién terminaban con una guerra civil. —

— ¿Por eso te fuiste? —

— Para esa época ya no pasaba tanto tiempo en el inframundo, pero sí. Alguien tenía que hacerse cargo de la brigada. No es por ser engreído, pero creo que si no les hubiese seguido el rastro como lo hice, algo terrible podría haber pasado… —

— ¿Y qué hay de Michael? ¿Rafael? ¿Gabrielle? ¿No les dijiste a ninguno? —

— Hay muchos humanos involucrados, ya sabes, ley del libre albedrío. —

— La ley del libre albedrío es una completa mentira Naruto. Incontables veces el cielo ha irrumpido en el mundo humano y los ha detenido de hacer cosas estúpidas. Dime la verdad. —

— No creo que sea conveniente… —

— Dilo de una vez mocoso, no tengo toda la noche. Sabes que no diré ni haré nada. —

— … —

— Vamos mocoso, escúpelo. —

— Están teniendo problemas… —

— ¿Qué tipo de problemas? —

— El sistema les está fallando. —

— ¿El sistema del viejo? —

— Así es… Desde que el dios de la biblia murió no han podido acceder completamente a él, de hecho el único que tiene la entrada disponible al santuario de dios es Michael. —

— ¿A qué te refieres cuando dices que el sistema está fallando? —

— Está debilitado, sólo llega un tercio de las oraciones de los creyentes, por ende solo llega un tercio del total de poder que antes recibían. Eso sin contar que desde que murió El Dios Bíblico que no han nacido nuevos ángeles, por ende su población no aumenta… —

— ¡Ha! ¡Esto es genial! — Chilló de alegría el caído, extendiendo un puño al aire. — ¡Sabía que no éramos los únicos con problemas después de la gran guerra! —

— No, para nada. Es más… Tienen un piso del cielo reservado para purgar ángeles… —

— ¿Purgar ángeles? — Curioso. — ¿De qué rayos hablas? —

— Se vieron tan reducidos en número que comenzaron a perdonar ángeles pecadores… — Explicó. — Si un ángel peca, pero luego de hacerlo está verdaderamente arrepentido y dolido, lo bendicen y lo expían de sus pecados… —

— ¡Malditos hijos de perra! ¡Siempre hacen lo posible para molestarme, no importa qué! Son tan irritantes. — Maldijo. — Aunque tiene sentido… Cuando nosotros caímos hubo más de uno en nuestras filas que estaba un tanto arrepentido de ello… Me sigue molestando que hagan todo lo posible para joderme la vida, eso no lo negaré… — Suspiró. — Pero me parece una idea espectacular que hayan permitido eso, ahora los ángeles podrán elegir un poco más… —

— ¿Elegir? —

— Así es… Podrán ver más lados y perspectivas de la vida que sólo la gran obra del viejo difunto, y si no les gusta las demás perspectivas regresarán. De esta forma los ángeles podrán ser un poco más libres, y los ángeles que sigan al cielo tendrán una fe que verdaderamente se pueda llamar inquebrantable. —

— Ángeles más libres y ángeles más devotos al cielo, no lo había pensado de esa manera... —

— Así es… Un momento. ¿Tú cómo demonios sabes todo eso? —

— Bueno…—

— ¿Sí? —

— Me lo dijo Gabrielle…—

— ¡UGH! — Gruñó. — ¡Lo sabía! —

— Y aquí vamos de nuevo… —

— La serafín Gabrielle, contándole secretos ultra importantes del cielo a un humano… ¿¡Y tú actúas como si fuese normal!?—

— Bueno, lo siento. Sólo es que ya estoy acostumbrado… —

— ¡¿Acostumbrado a qué?! —

— ¿A que me cuente cosas? —

— ¡AH! — Gritó.

— Ya… Será mejor que me vaya… Creo que el no dormir te está afectando. —

— ¡Huye, cobarde! ¡No podrás escapar toda tu vida! ¡La próxima vez que nos veamos me contarás con detalle todas tus charlas con Gabrielle! —

— Sí… — No muy convencido. — Como digas… Hablando de eso, ¿Qué planeas hacer? —

— Bueno… — Aclarándose la voz, intentando adoptar una actitud más seria. — Volveré a Grigori, seguiré con lo que estaba haciendo aquí… Revisaré quienes fueron los que entraron a mi laboratorio mientras me ausentaba, entrevistaré a varios… Y veré si todo está en su lugar en mi laboratorio, ya sabes, que no falte nada. —

— ¿Cuándo regresaras? —

— No lo sé, todo depende de cómo se resuelva la situación allí… Con todo el optimismo del mundo volveré en una semana, si no es así… Ya veremos… —

— Ya, mantenme al tanto si algo sucede Azazel. —

— Lo mismo digo mocoso, ten cuidado. — Le sonrió — Después de que resolvamos todo esto podríamos ir a pescar en alguna parte del pacífico. Ya sabes, como en los viejos tiempos, comiendo esa comida extraña que a ti te gusta y tomando alcohol. —

— ¿Te refieres al ramen? —

— Exactamente a eso. —

— Es gracioso… Hace muchísimos años que no como ramen… —

— Y hace muchísimos años que no vamos a pescar borrachos, mocoso. —

— Tienes razón. — sonrió nuevamente.

— ¡Y más te vale que mientras pescamos me cuentes todas tus charlas con Gabrielle! —

— Y… Mejor me voy antes de que comiences otra vez…— Dijo, sin más.

Desapareciendo de aquel apartamento en un resplandor amarillo.

— Ugh… Mocoso…— Suspiró el caído, recostado sobre el sillón. — Vuelves a aparecerte frente a mí luego de muchísimos años y lo único que logras es traerme problemas. — Dijo a nadie en particular, con una leve sonrisa dibujada en su rostro.

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La luz del sol le irritaba los ojos, lo molestaba muchísimo.

Jamás en su vida había sido una persona madrugadora, por más responsable que el fuera. No había nada que le doliera tanto el corazón como dejar la cama ni bien se despertaba. Pero lamentablemente él era el adulto responsable, y era en situaciones como esa, habiendo dormido tan sólo cuatro horas y con una terrible resaca por haberse bebido más de media botella de un Whisky Macallan oscuro, en las que debía de demostrar qué tan responsable en realidad era.

Y debido a esto fue que se levantó a regañadientes ni bien el despertador sonó, y prosiguió a ejercer la rutina que todos los días hacía, por más dolor de cabeza que tuviera.

Primero la sagrada ducha de todos los días, aunque esta vez con agua helada y con el cerebro en piloto automático.

Luego pasó a despertar a Gásper de la misma manera de siempre, abriendo las ventanas de par en par y amenazándolo con una dieta de por vida a base de ajos si se negaba a cooperar.

Porque de todos los hábitos que el pequeño dhampiro podría haber absorbido del rubio mayor, lamentablemente tuvo que ser el de odiar despertarse temprano.

Después de eso le tocó hacer el desayuno. Un té rojo con azúcar para el pequeño, y un café extra cargado para él, con dos aspirinas de acompañamiento.

El desayuno fue increíblemente tranquilo, ninguno de los dos habló demasiado. Sorprendentemente, el pequeño dhampiro también estaba de mal humor, al parecer había dormido tan poco como él.

Porque siempre que él saliera a la noche y Gásper se diera cuenta de su ausencia, el heredero Vladi se quedaría toda la madrugada haciendo lo que más le gustaba hacer, jugar videojuegos.

Sabía que debía de castigarlo, que lo que el rumano había hecho estaba mal, ¿Pero quien era él para hacerlo? Si después de todo se quedó hasta la madrugada bebiendo whisky y hablando con un ángel caído… Eso no era un ejemplo digno de copiar, pensó.

Y en una nota aparte, su dolor de cabeza tampoco lo dejaba pensar con claridad algún castigo, y francamente le quitaba las ganas de hacerlo.

Así que por esta vez lo dejaría pasar.

El camino al instituto también fue tranquilo, sin muchas palabras mediadas entre ambos, se despidieron y cada uno se fue para su lado, el dhampiro a estudiar (O probablemente a quedarse dormido sobre su pupitre ni bien arrancasen sus clases).

El, por su parte, no sabía qué demonios hacer.

Había estado caminando por los alrededores de la ciudad, perdido, pensando, hasta que llegó al único parque de toda esa ciudad. Todavía pensativo, sentado, recapitulando toda su mañana hasta recién.

Definitivamente tendría que haber castigado a Gásper por haberse quedado hasta la madrugada jugando videojuegos, el pobre mocoso no podía ni mantener los ojos abiertos mientras se dirigían de camino al instituto.

Y, también definitivamente, tendría que haber puesto una tercera aspirina en su café, la cabeza le retumbaba como si lo estuviesen golpeando como a un tambor.

La luz del sol claramente no ayudaba, demonios. Sí que lo molestaba.

Lo irritaba horrores.

Estaba irritado, no. Estaba de mal humor.

Por primera vez en lo que parecía una eternidad, Naruto Uzumaki estaba genuinamente de mal humor.

Por eso no sabía qué hacer, jamás estaba de mal humor.

Jamás.

Normalmente habría regresado a la casa y se hubiese puesto a ordenar, a ver reportes de investigaciones de Mafura o Pakkura. O también vería informes sobre la vida de sus ex inquilinas, porque dios sabía cuánto las extrañaba.

Sobretodo en momentos como ese, que no sabía qué demonios hacer con su tiempo. Si fuesen los tiempos de antes probablemente estaría entrenando con Xenovia, o Ravel, o Le Fay, o con todas a la vez.

O estaría hablando con Le Fay sobre magia, o historia, o ambas. Podría también estar probando algún pastel que Ravel le hubiese hecho, o acariciando su cabeza como a ella le gustaba mientras ella le explicaba el por qué la casa Phoenix era la mejor casa de demonios de la historia del inframundo.

Pero considerando el horario, de seguro estaría viendo algún programa de deportes con Xenovia mientras ella discutía con él sobre si el equipo de futbol soccer de Milán era el mejor del mundo o no. Y siempre al termino de la discusión ella se enojaría muchísimo. Siempre.

Todas esas cosas y muchas más eran las que extrañaba, las cosas que solía hacer con ellas cuando no estaba siguiendo a la Brigada de aquí para allá. Esa era su anterior rutina, su anterior vida, y la extrañaba. Las extrañaba de la misma forma que Gásper las extrañaba.

Algo era seguro, el dolor de cabeza y el mal humor lo ponían muy melancólico, pensó.

Volviendo a la pregunta de antes. ¿Qué podría hacer?

Sin Azazel en la ciudad, no le quedaban muchas opciones.

Bueno…

Tenía muchísimas cosas que hacer en realidad, como rastrear por todo el pueblo a los exorcistas que sabía que se escondían en algún lugar, o dar con todos los ángeles caídos que asistían al instituto de Gásper.

¿Alguien lo culparía si dijera que no tenía el humor para hacer esas cosas?

Estaba cansado y molesto. Se tomaría un día de descanso, sí, eso haría.

Definitivamente los problemas podían esperar un día.

¿A quién quería engañar? Ni él se creía eso.

Probablemente, no. Lo más seguro es que se quejara internamente por diez minutos más y luego se pondría a trabajar. Jamás descansaba, jamás se tomaba un día de descanso, el sólo pensarlo lo hacía sentirse culpable.

Las pocas veces que se había tomado días de descanso en su larga, larguísima vida se había sentido inútil al hacerlo.

No era lo suyo, no podía descansar, el tomarse días de descanso era algo de Azazel, no era algo propio de él. Esa era la mala influencia que tenía el caído en él, ni un mes de vuelta en su vida y ya le había hecho más mal que bien.

Aunque probablemente Azazel podía decir lo mismo sobre él.

Dando un suspiro, que pronto se transformó en un bostezo, se puso de pie.

— Qué demonios… — Susurró.

Sintiendo un cambio en la densidad y el transcurso del aire en el ambiente.

Endureciendo el rostro, serio.

Una fluctuación de poder, una fluctuación grande, muy grande, de poder.

Tan sólo duró un segundo, sólo eso. Pero el la había sentido, hubiese sido un tonto de no sentir semejante fluctuación de energía, sacra para ser exactos.

Qué pésimo momento para que sucediera algo, pensó.

Otra cosa sobre la cual debería de investigar, otro misterio que debería de resolver.

— ¡Es un milagro! —

Escuchó un grito a lo lejos, como desde la otra punta del parque.

Deteniendo un segundo su concentración en el tono de aquella voz, hubiese jurado que le era conocido.

Pronto olvidó ese pensamiento, sin prestarle atención, tenía cosas extremadamente importantes en las cuales pensar.

Como por ejemplo el saber qué demonios había sido esa fluctuación tan grande de poder sacro.

— ¡Naruto-kun! — Escuchó nuevamente la misma voz, mucho más cerca que antes, sacándolo por completo de sus pensamientos.

Había estado en lo correcto, esa voz si la conocía. La conocía bien, y la recordaba bien.

— ¡Naruto-kun! —

Otra vez escuchó por tercera vez la misma voz, llamando su nombre a gritos.

Escuchando cada vez pasos de alguien corriendo hacia él.

Sin voltearse a su llamado, tratando de convencerse de alguna manera que la voz que escuchaba tan solo estaba en su cabeza.

— ¡Naruto-kun, por fin te encuentro! — Habló la dulce voz, casi alcanzándolo.

Rendido tomó aire, reuniendo fuerzas, esperanzas.

Comenzando a voltear su cuerpo lentamente.

Con los ojos completamente cerrados.

Rezando, implorando en su cabeza.

"¡Que no sea que no sea que no sea!"

Se repetía, una y otra vez.

"Que no sea que no sea que no sea que no sea"

Sintiendo como la persona corriendo hacia su dirección se detenía justo en frente de él.

"Que no sea que no sea que no sea que no sea que no sea"

Abriendo por fin los ojos, mirando fijamente el suelo.

Observando al levantar apenas la vista unas botas cortas aterciopeladas bordó de plataforma.

Obviamente que la persona frente a él, por su voz y su calzado, se trataba de una mujer.

Subiendo levemente su mirada.

Pasando la vista por unas largas (Y aunque no lo admitiría ni en un millón de años, sensuales) piernas cubiertas por unos jeans negros ceñidos.

"Que no sea que no sea que no sea que no sea que no sea que no sea que no sea que no sea"

Subiendo aun más la cabeza, llegando a ver un sweater blanco puro liso, de mangas largas y cuello redondo, junto con una bufanda que hacia juego con sus zapatos.

"Que no sea que no sea que no sea que no sea que no sea que no sea que no sea"

Por fin viéndola a la cara.

Sus ojos azules, grandes y brillantes, similares a los de él.

Sus labios grandes, rosados y carnosos.

Su piel pálida, algo rosada, de aspecto delicado.

Su cabello rubio, brillante. Como si se tratara de oro, aparentemente más largo de lo que lo recordaba. Lo llevaba semi recogido en una trenza diadema, con un mechón de su flequillo suelto, al igual que el resto de su cabello, que caía sobre sus hombros, con las puntas cuidadosamente onduladas, resaltando (si era posible) aún más su belleza divina. Con una pequeña flor blanca decorando su cabello, como accesorio.

Era una princesa vestida con ropas civiles, hermosa y a la vez vestida de manera casual.

Era un ángel.

Y es que literalmente, esa mujer era un ángel.

— ¡G-Gabrielle! — Balbuceó.

— ¡Oh, Naruto-kun! — Exclamó, irradiando felicidad. — ¡Me alegro tanto de verte! — Abrazándolo como si fuera un oso.

— ¡G-Gabrielle, suéltame, n-no puedo respirar! —

— No temas mi Naruto-kun — Abrazándolo con más fuerzas, sin haber escuchado al rubio. — Tu ángel de la guarda Gabrielle ha escuchado tus llamados de auxilio ¡He venido para protegerte, mi Naruto-kun! — Exclamó.

— ¡¿QUÉ?! —


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Lo iba a seguir, pero estoy muerto de sueño. Prefiero cortarlo aquí y seguirlo mañana.

Y otro más al saco, el número 10. Llegamos a los dos dígitos de capítulos al fín!

Primero que nada muy pero muy buenos días/noches a todos.

Este capítulo lo escribí en tiempo récord a decir verdad. Bajé del avión. Llegué a casa y en un día prácticamente ya tenía escrito todo, y solo me llevó 9 horas y como 12 termos de mate.

Y si, recién lo termino. A las cuatro de la mañana.

Vuelvo de las vacaciones y la verdad es que estoy MUY pero MUY inspirado y motivado, jamás desde que comencé a escribir he estado tan inspirado, estoy feliz!

Espero que todos hayan tenido un hermoso comienzo de año. El 2018 fue un año horrendo para la mayoría de las personas en general, espero que el 2019 los esté tratando de la mejor manera!

Y nuevamente. Disculpo si el capítulo termina de forma repentina, pero prefiero cortarlo ahora y seguir con el siguiente mañana. Que dicho sea de paso me juego la cabeza a que en menos de una semana lo tengo ya listo.

Y por favor. Sigan, faveen, dejen reviews y compartan esta historia. No saben lo feliz que me hacen, al fin y al cabo uno escribe y sube esta historia para que lo lean, no hay nada más gratificante que eso.

Hasta la próxima.

REVIEWS:

Ivan meza: Gracias a ti por tomarte el tiempo de leer y comentar! Grayfia es sin dudas la personaje más underrateada de toda la obra, aquí se le planea dar el espacio y el crédito que de verdad merece. Saludos!

Trollmemex: ¿Murieron? ¿De verdad eran Issei y Asia? Quién sabe, a lo mejor sólo cayeron en una trampa que el autor planeó desde un principio, todo es posible. Gracias por comentar, me alegro que te esté gustando. Saludos!

Leo Ishura: Reviews como el tuyo hacen que todo este trabajo valgan la pena, de verdad. Muchísimas gracias por tus palabras, me alegra de corazón que te haya gustado. Tu opinión es válida, y en muchas partes tienes razón, esa es una de las ideas del fic, que el lector vea que Naruto no está en lo correcto en muchos pensamientos y dudas que tiene, en los últimos capítulos has visto varias personajes discrepar con esas dudas, y se lo han hecho saber. Respecto a tu primer pregunta: Lo iniciaré de a poco, en este capítulo te presento a Gabrielle, y como habrás leído, Azazel cree que el comportamiento de la arcángel no es algo común (En otras palabras, cree que está interesada en Naruto). La segunda pregunta no te la voy a responder, en el futuro lo sabrás (A lo mejor es Gabrielle, quien sabe). Y la tercer respuesta que te doy es sí: Lo explicaré todo, pero creo que falta bastante para ello. Muchísimas gracias por comentar, de verdad. Saludos!

Army Maller: ¿Issei y Asia murieron? Hmmm, quien sabe… A lo mejor caíste en una trampa del autor (O tal vez no). Gracias por tus palabras, me halagas! A decir verdad yo tampoco pude encontrar ninguno, al menos en español. Todos los fics que leí sobre este tipo de crossovers son todos iguales, ponen a Naruto en el mismo plot que DXD y lo hacen interactuar con todos los personajes femeninos de la serie. Por eso comencé a escribir este fic, quería hacer algo diferente, algo interesante, Naruto es una obra que te da un personaje principal único y de la ostia, y DXD te da un sinfín de posibilidades, con todos los panteones de dioses, todos los personajes históricos de distintas culturas, para una persona como yo que le encanta la historia y la mitología, es el paraíso. Creo que me excedí con las palabras. Gracias por tu review, saludos!

Bladetri: Gracias por tu like, saludos! Hahahaha

Loquín: Hola! Así es, cada vez todo esto se pone más pesado, cada vez falta menos para la "explosión", vendrán muchos problemas nuevos para nuestro Naruto, pobre de él. No no, me compré un cuaderno que lo llevo a todos lados, y cuando no lo tengo anoto las ideas en el celular (No se quién me creo, JK haciendo Harry Potter tal vez? O R R Martin anotando las ideas para el nuevo libro de ASOIAF) Gracias por tus reviews! Eres de los pocos de la antigua camada de lectores, se te agradece el tiempo que gastas en leer esta historia! Saludos!

Elchabon: Me alegro que me historia te interese y llame tu atención, de a poco la trama se va desarrollando, prometo no tardar en ello. Muchas gracias por tu review, Feliz año nuevo a ti también, saludos!

DarckMaster: Una lastima no haber alcanzado tus expectativas. Gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar, saludos y que encuentres una historia que te agrade!

Anderson Yagami: Seré sincero, de momento esos son mis planes, y dudo mucho que vayan a cambiar. Gracias por tu review, saludos!

Y bueno, eso es todo. Gracias por tomarse el tiempo, hasta la próxima!