¡He terminado exámenes! Ok, no, tengo dos más el 28 y el 30 de este mes, pero como estoy contenta porque puedo descansar un poco, he decidido premiarnos con el capítulo con el que creo que me perdonaréis un poquito jajajaja. Es cortito, apenas 1'4k, pero vale la pena ;)

Sin más, a leer.


LO QUE LA MEMORIA ESCONDE


Capítulo 9

Hermione siempre había creído que Draco Malfoy sería como un trozo de metal al tacto: frío. Pero allí, con su mano entre las de él, descubrió que las tenía cálidas como una noche de verano.

Ese pensamiento la distrajo un segundo mientras la masa blanca de aire y magia se convulsionaba en el aire y empezaba a cambiar de color. Tanto Draco como Hermione contuvieron el aliento en los interminables segundos en que esos hilillos adquirieron un color verde claro.

―¡Enhorabuena, es un niño! ―exclamó Tom.

Los ojos de Hermione se humedecieron; iba a tener a un pequeño niñito. Alguien que un día la llamaría mamá y a quien curaría las heridas cuando se cayera de la escoba y a quien avergonzaría cuando fuera a despedirlo a King's Cross…

Draco seguía sin reaccionar. Hermione le dio un suave apretón en las manos; empezaba a preocuparla verlo con esa expresión perdida.

―Draco, ¿estás bien? ―preguntó.

Su voz sirvió para que el hombre parpadeara, como si lo hubieran sacado de un sueño. Volvió la cabeza lentamente y miró a Hermione.

―Vamos a tener un niño… ―susurró, como si por decirlo en alto fuera a romperse su burbuja de felicidad.

Hermione sonrió.

―Sí.

Draco la abrazó. La fundió en un cálido abrazo tan fuerte que Hermione creía que iba a ahogarse, perdida entre sus brazos. Al principio, ella lo rodeó con sus brazos con vacilación, pero cuando posó sus manos en la espalda de Draco y este se relajó ante su contacto, cerró los ojos. Si todavía no se había decidido sobre qué hacer con su actual situación, la forma en que él hundía la cabeza en su cuello y la sujetaba, como si tuviera miedo a dejarla ir, le dejaron las cosas claras.

Cuando se separaron, Draco carraspeó.

―Lo siento ―musitó.

―No te disculpes, hombre ―respondió el médico, que se había perdido los matices de su relación actual―. He visto todo tipo de reacciones, y la vuestra ha sido de las más light. ¡Bueno ―dio un par de palmadas―, todo va de perlas! ―Miró a Hermione, que ya se había levantado de la camilla―. La próxima revisión será dentro de un mes. Si tienes cualquier molestia o pregunta, no dudes en mandarme una lechuza.

Se estrecharon las manos y se despidieron.

Hermione ralentizó el paso hasta que llegaron a la salida. Draco se detuvo al verla dudar.

―¿Estás bien? ―preguntó. Levantó una mano para tocarle el brazo, pero la bajó rápidamente.

Hermione lo miró como si lo estuviera viendo por primera vez; se dio cuenta de que, tal vez, lo había prejuzgado sin saber.

―¿Te apetece tomar un café?

―La primera vez que decidimos tener una cita en un lugar mágico, vinimos aquí ―dijo Draco de improvisto. Nos sentamos en aquella mesa ―se giró y señaló la mesa que estaba más alejada de la ventana, ahora ocupada por un hombre de mediana edad que leía un libro― y tomamos un chocolate caliente. El tuyo llevaba nata y nubes por encima. ―Señaló su taza―. Como ahora.

Sonrió, ensimismado. Hermione empezaba a lamentar no poder ver lo mismo que él. Según ella, no había estado en aquella cafetería en la vida. Draco borró la expresión de felicidad de golpe y miró a Hermione con gravedad.

»Lo siento, no pretendía divagar. La verdad es que fue una cita bastante tranquila, sobre todo teniendo en cuenta que la editorial de El Profeta está cerca. Por suerte, esos metomentodo no nos vieron, o hubiéramos sido la noticia de la semana.

Ella miró a su alrededor. Estaban en una cafetería situada casi al final del Callejón Diagon, en el extremo contrario al Banco de Gringotts y muy cerca de la editorial. Era un lugar pequeño, con muebles de madera pintada y flores naturales en cada mesa.

―Me gusta este sitio. ¿Quién lo eligió? ―inquirió, apoyando la cabeza sobre un puño―. Tal vez si me cuentas cosas nuestras, termine por recordar algo. Lo que sea.

Draco entrecerró los ojos y sonrió de lado ligeramente.

―Ambos sabemos que eso es altamente improbable, por desgracia. ―Bebió un sorbo de su chai latte e inspiró hondo―. Te parecerá gracioso, pero lo eligió mi madre.

Hermione abrió los ojos con sorpresa. No podía imaginar a Narcissa Malfoy en ninguna situación posible que implicara una interacción entre las dos.

»Llevaba varios días nervioso perdido; lo único que podía hacer era pensar y pensar en dónde podía llevarte. ¿Un restaurante? No, habíamos llevado demasiado tiempo lo nuestro en secreto, pero por otra parte no llevábamos tanto tiempo juntos como para dar ese gran paso. ¿Un bar? No, demasiado ruidoso y vulgar.

Una sonrisa fue extendiéndose lentamente en el rostro de Hermione mientras Draco contaba la anécdota.

»Entonces ―prosiguió él― apareció mi madre al rescate. Me dijo: «¿Sabes, hijo? ―Draco agudizó su timbre vocal, en un pobre intento por imitar la voz de su madre―. El otro día pasé por el Callejón Diagon y han abierto una cafetería muy bonita donde antes estaba aquella tienda de ropa». Y sin levantar la vista de su libro, añadió: «Pásate por allí algún día, tengo entendido que preparan buenos cafés. Pero no vayas solo: las mesas son para dos».

Para cuando terminó de hablar, Hermione ya se cubría la boca con una mano, intentando contener las carcajadas. Los ojos de él se iluminaron al verla reír.

―¿Tu madre? ¿En serio?

A Hermione le costaba creer que Narcissa Malfoy la había aceptado tan a la ligera como novia de su hijo, mucho menos aconsejar a su hijo sobre dónde llevarla.

―Oh, va muy en serio. Mi madre fue la primera a la que se lo conté. Sabía que si ella reaccionaba mal, las relaciones con mi familia iban a terminar peor todavía. ―Hermione se conmovió; le parecía increíble que estuviera dispuesto a renunciar a todo lo que era por ella―. Menos mal que se lo tomó bien. ―Draco soltó una risita―. El día que mi padre amenazó con desheredarme, ella, sin inmutarse, ordenó a un elfo que le preparara las maletas a mi padre, que se marchaba por un tiempo indefinido. Técnicamente, la casa es de mi padre, pero cualquiera le dice que no a Narcissa Black.

Todo el mundo en la cafetería se giró al oír las risas de la pareja, pero ellos no se dieron cuenta. Cuando la risa murió, se sumieron en un silencio medianamente cómodo, solo interrumpido por los sorbos que daban a sus bebidas.

Hermione, todavía con la cabeza gacha, levantó la vista y observó a su marido mientras él miraba por la ventana. Empezaba a costarle creer que el hombre que tenía delante y el chico arrogante, insufrible y abusivo que conoció en la escuela eran la misma persona.

Tal vez eso era buena señal.

―Draco ―llamó―. He estado pensando. ―Draco enarcó una ceja y abrió la boca para soltar un comentario que seguramente era sarcástico, pero Hermione levantó un dedo―. No me interrumpas, Malfoy. ―Cogió aire―. No podemos volver a como estábamos hace dos semanas, eso es un hecho. Pero podemos… ―hizo una pausa― puedo intentar que nos llevemos mejor hasta que las cosas se solucionen.

Draco se acarició el mentón.

―Sé que no puedes corresponder a mis sentimientos por ti ―dijo. Hermione apreció lo mucho que le costaba pronunciar esas palabras y se sonrojó por sus implicaciones―, pero te agradezco la oportunidad.

Hermione extendió una mano.

―¿Amigos?

Draco asintió. Se la estrechó con una sonrisa que solo podía ser determinación.

Amigos. Era el mejor desenlace posible que Draco hubiera podido imaginar, tanto que ni se le había pasado por la mente que Hermione se lo propusiera. Al menos ahora podría estar cerca de ella. Ganarse su afecto de nuevo. Hacer que se enamorara de él otra vez.

Aunque tuviera que empezar desde la habitación de invitados.

Habían acordado que volviera a casa, pero como dormir en la habitación de matrimonio era inviable (al menos por parte de ella), habían decidido que ocuparía la de invitados hasta que la situación mejorara. Si es que mejoraba. Pero Draco no perdía la esperanza. Por primera vez en unos días que se le habían hecho interminables, no perdía la esperanza.

―¿Estarás bien aquí? ―preguntó Hermione desde el umbral de la puerta.

Draco estaba terminando de arreglar su ropa él mismo.

Él se giró y le sonrió.

―Por supuesto. Estoy en casa.


¿QUÉ, EH? AHORA YA NO PODÉIS QUEJAROS: LAS COSAS EMPEZARÁN A IR MEJOR, I PROMISE. Más os vale perdonar a Hermione, pobrecita mía. Os puede parecer más o menos creíble que Narcissa ayudara a su hijo, pero mi Narcissa mental siempre ha sido very supportive de la relación de su hijo con Hermione, porque hijo no hay más que uno y lo quiere más que a nada en el mundo.

Dejad review si queréis a un Draco Malfoy tan mono como este en vuestra vida ;)

¡Gracias por toooodos los reviews en el capítulo anterior, estoy que no me lo creo!

Os quiero,

MrsDarfoy