Nebelstreif: El rastro de la niebla
Por Maru de Kusanagi
DISCLAIMER: Bleach no me pertenece, ni nunca me pertenecerá, a menos que me case con su autor, me divorcie o enviude (seguramente lo segundo por vengarme de que mató a Gin Ichimaru) y obtenga los derechos sobre ella. Si eso pasara, dejaría que cualquier fan siguiese escribiendo lo que se le ocurra. En fin, esto es sólo una historia hecha por amor a esta serie y al arte de escribir. Por cierto, esta historia está basada en un argumento original propio, pero la musa reversionaria es Game of Thrones de G.G. Martin.
NOTA: Agregué el Nº de capitulo al título de cada uno, porque se repiten puntos de vista, y el sistema me rechazaba capítulos con títulos iguales…
GRIMMJOW
Desde que había descubierto el placer del sexo, no había un día en que Grimmjow evitaba el perdérselo. Tras su ascensión como espada, y posterior asignación a número seis, Yylforte demostró ser un sirviente eficiente y leal. La primera noche de su designación, apareció en su cama y se rindió ante su rey. Al principio le dio cierta reticencia tener su iniciación sexual con alguien de su mismo sexo, pero por fortuna descubrió que Yylforte era excelente en conseguir ponerlo cómodo y darle el mayor placer que era posible.
La verdad es que tenía muchos arrancar privaron dispuestos a ofrecerle satisfacción, aun después de que Yylforte se convirtiera en su fracción. Por ejemplo, Cirucci, una bella ejemplar de oscuro cabello, le había dado el gusto de descubrir los placeres del cuerpo femenino, mientras que Yylforte le enseñó cómo era dominar a alguien de su propio sexo, y con Grimmjow podía ser casi el animal que era cuando su alma se unía a Pantera. Yylforte no le reclamaba por ser rudo hasta casi llegar a la brutalidad en el lecho, ni le reclamaba por caricias post orgasmo, como descubrió que a Cirucci le gustaba, al igual que escuchar frases cursis al oído. Y para ser sinceros, no entendía a las mujeres, a pesar de que una exuberante mujer como Neru fue su madre, pero ella nunca le pidió que fuese cursi.
Pantera le lamió la frente cuando se incorporó en el lecho, donde Yylforte aún yacía, completamente exhausto. Los cortes de su cuerpo ya estaban sanando, y el sudor ya se le había secado. Sólo quedaban algunos rastros de semen, y el olor a sexo en el lecho revuelto. Por suerte, su rubia fracción se encargaba de que todo quedase impecable luego de despertarse.
Su relación con los demás espadas no había cambiado demasiado, salvo que el anterior temor de su niñez se había tornado de una simple incompatibilidad a un absoluto desprecio, entre los cuales se destacaba su odio hacia la quinta. Despreciaba a esa mantis tuerta y su perro faldero, que no perdía tiempo en indicarle su sitio como superior y que había sido capaz de gozar "de las tetas de Nelleil". La primera pelea fue detenida a tiempo de que llegase a dejar alguno desmembrado, pero no disminuyo en su desprecio a la quinta. No le había molestado que le dijese semejante cosa sobre Neru, había sido el modo, entre lascivo y perverso con el cual se había expresado, lo que le había molestado a Grimmjow. Neru le había comentado que había tenido algo con Nnoitora una vez, "antes de que la locura lo tomara por completo."
Sin embargo, con quien se llevaba peor era con la Cuarta, Ulquiorra. A pesar de haber crecido parte de su niñez a su lado, y haber sido enseñado por éste, poco después de convertirse a arrancar y ser elevado a sexta espada, su relación cambió drásticamente. Le era imposible descifrar a ese extraño personaje de y su avatar: Ulquiorra parecía que carecía de la habilidad de emitir emoción alguna, y aparentemente, también de juicio propio, ya que todo era según "lo ordena Aizen-sama". Despreciaba a Ulquiorra, su mirada vacía de ojos de vidrio verde, su excesiva pleitesía para con Aizen, y, por sobre todo, aquella mirada desdeñadora que le daba cada vez que se cruzaban, como si Grimmjow no fuese más que un gato callejero que ahora ya había perdido lo que lo hacía interesante y solo estaba para hacer bulto, al cual le debía sólo lástima. Ulquiorra lo superaba en categoría, en conocimientos y en fuerza, pero eso no era le molestaba, lo encabronaba el ser tratado como un inútil y un débil, cuando Grimmjow estaba perfectamente consciente de que no lo era. Y que Murciélago le siseara "basura" al oído cada vez que se cruzaban tampoco ayudaba a que se llevasen bien.
"Ulquiorra siempre ha sido así, desde su nacimiento." Le contó Yylforte "Aizen-sama fue quien le diseñó ese carácter, ya que simboliza el vacío. Es sólo una cáscara, sin emociones, deseos o aspiraciones. Es el número cuatro, y en japonés, el cuatro, shi, es la muerte, el vacío, el fin."
"¿Seguro que es por eso?" preguntó, mientras Yylforte le soltaba los pantalones "A mi parece que es porque no coge…"
Yylforte esbozó una sonrisa cómplice antes de tomar el miembro de Grimmjow entre sus hábiles manos.
"Quién sabe… nunca supe de que tuviera un amante… Aizen-sama se sirve de cualquier arrancar que esté a su servicio según su deseo…"
Grimmjow tomó un baño rápido y se vistió con su atuendo usual: la chaqueta corta, los pantalones blancos. Se pasó una mano por los cabellos y acarició ausentemente la parte de máscara de hollow que ahora llevaba en el rostro, pero todavía le faltaba obtener el hoyo en alguna parte de su cuerpo, que sucedería cuando su corazón fuese devorado por otro hollow u arrancar, y Aizen se veía interesado en escoger a un arrancar a que desempeñara ese papel. Debería ser alguno de los cinco que estaban por encima suyo, y la verdad, solo esperaba que no le tocase con Nnoitora o Ulquiorra. Si al menos estuviese Neru, dejaría que ella le comiese el corazón sin oponerse.
"Que el corazón sea devorado por alguien en quien confías, o incluso amas, garantiza que la desesperación será mucho más intensa en tu alma, y ello contribuirá a que el instinto de preservación del hollow en que te convertirás será mayor. No estamos hablando de entregar solo tu corazón, es una pérdida de uno mismo, y es algo que sólo se consigue por medio de una traición."
Aizen-sama lo había convocado para una reunión, al igual que el resto. Le fastidiaba tener que sentarse y escuchar como un animal entrenado a su domador, pero era preferible a estar fuera de los espadas.
"Como sabrán, dentro de pocos días será la luna roja, y ha llegado el momento en que diga cuál de mis apreciados espada me acompañará. Como ya saben casi todos, quien me acompañe deberá dejar a su avatar aquí, ya que es un requisito exigido por la sociedad de almas para que un arrancar visite los dominios de los shinigami." Los ojos de Aizen recorrieron atentamente la sala, hasta posarse en los de Grimmjow, quien no pudo evitar un ligero escalofrío "Mi querido Sexta espada, creo que nunca te has cruzado con los shinigamis, ¿verdad? Todos mis otros arrancar ya han, más o menos, tenido algún encuentro con ellos. Sí, creo que serás quien mejor aprovechará de este encuentro."
"Aizen-sama," interrumpió Ulquiorra, con su usual tono sin vida "sin desear ofenderle, creo que escoger a la sexta espada es un despropósito. Conociendo su vulgar comportamiento-"
"Basura" siseó Murciélago en el hombro de su amo, y Pantera le enseñó los dientes.
"-me atrevo a decir que es mayor la posibilidad de dañar vuestra reputación a sacar provecho alguno de este evento tan particular."
"¡¿Pero quién pensás que sos, opinando así?" rugió Grimmjow, ya harto de ser visto por debajo. Iba a ajustar las cosas en ese mismo momento.
"Basta." la voz de Aizen resonó en la sala, junto con su oscuro reiatsu "Ulquiorra, comprendo tus palabras, pero también conozco a la sexta espada, y comprendo su forma de ser, algo que te es imposible de evaluar. Y si bien no creo que tu juicio sea poco fiable, deseo ver la reacción de los shinigamis a la primera espada nacida de un humano." Aizen sonrió maliciosamente a Grimmjow, quien tuvo que bajar la mirada, temeroso.
Dejar a Pantera atrás había sido lo peor de todo. Era como dejar la mitad de su alma atrás, y sentirse completamente indefenso, tal como un recién nacido en el mundo. Aizen y Grimmjow subieron a un carro no demasiado ostentoso – a los otros shinigamis no les agradaba los despliegues de fastuosidad material, según le explicó su señor – para que los llevara al primer territorio de los shinigamis, donde se desarrollaría el encuentro de los trece lideres. Primero se realizaría la ceremonia de la luna, donde se alzaría al nuevo señor del decimo territorio, pero ellos no asistirían.
"Esa sacerdotisa puede ser complicada." Fue todo lo que Aizen dijo al respecto.
Los shinigamis le parecieron patéticos, a pesar de su estado. Pocos tenían un reiatsu del cual debería preocuparse, y solo se trataba de los trece señores y algunos de sus segundos puestos y otros shinigamis, pero aún así era un porcentaje mínimo. La mayoría lo evitaba, temerosos de él, y Grimmjow estaba orgulloso de sí mismo por esto.
"¿De dónde sacaste eso que tienes en la cara?"
La pregunta lo descolocó completamente. Grimmjow se había sentado bajo un sakura para observar la luna, y al mirar más arriba se encontró con el rostro infantil de un chico de cabello naranja.
"No eres un shinigami… no vistes igual, y no te sientes de la misma manera." Agregó el niño.
"No me compares con esa basura. Yo soy un Arrancar. Soy Grimmjow, la sexta espada."
Grimmjow se volvió para ver al niño con mayor atención. Vestía como shinigami, se veía como tal, pero su olor y su reiatsu se sentían distintos, era un gusto en el paladar entre sabroso y tentador. Tenía un rostro relativamente bonito para un niño varón.
"Yo soy Ichigo." Le dijo el niño de cabellos naranjas, sin inquietarse por su figura.
"¿Frutilla?" rió Grimmjow, a lo que el chico le dio una patada "¡Pedazo de…!"
"¡No me llamo frutilla! ¡Significa 'un guardián', maldita sea!"
Grimmjow cogió a Ichigo del cuello y lo levantó sin problemas "Mira, pendejo: no me aguanto esas idioteces demasiado bien, así que no me provoques." Grimmjow acercó la nariz a los cabellos del niño, el sabroso aroma le penetró la nariz y le embargó el interior. Percibió bajo su mano la sangre palpitante y su agudo oído escuchó "tu-tum, tu-tum". Ese chico era un humano.
Lo miró a los ojos y se enfrentó a un par de orbes chocolate que lo miraban sin miedo, desafiantes. Eso le gustó. Comenzó a analizar el resto del niño: era delgado aunque no frágil, esbelto. Un pañuelo atado al brazo izquierdo con un emblema… seguro era la marca del shinigami que lo estaba criando. Volvió a acercar la nariz, esta vez al cuello y resopló. Notó que la piel se le ponía de gallina y Grimmjow no pudo evitar darle una lamida, a lo que Ichigo respondió con un respingo y un grito ahogado. Decidió soltarlo, ya que estaba comenzando a asfixiarse.
Ichigo cayó de rodillas, tosiendo. Grimmjow aprovechó a arrancarle el pañuelo.
"¡Da… cof... dame eso!" chilló el niño, mientras se secaba la saliva del cuello.
"¿El emblema de qué territorio es este?"
"Se… seis…" respondió Ichigo, consiguiendo incorporarse.
Seis… como él. Grimmjow rió para sus adentros, nunca hubiera esperado hacerse con semejante botín.
Ichigo lo miró, aprensivo. Se notaba que no estaba acostumbrado a ser tratado de esa manera, seguramente era la mascota malcriada de los shinigamis.
"¿Qué tanto temes? Acaso no sabes que somos iguales, tú y yo?" Grimmjow avanzo hacia a Ichigo, consiguiendo arrinconarlo contra un sakura. Ichigo lo miraba fijamente, la respiración agitada, los músculos tensos, era un conejito asustado, y Grimmjow saboreaba su miedo, junto con su exquisito aroma joven.
"¿Qué quieres decir? Yo no tengo nada que ver contigo." Dijo Ichigo, sin perder su aplomo, aunque el miedo era evidente en sus movimientos.
"Yo fui humano hasta hace poco tiempo. Fui criado por los arrancar, hasta que maduré lo suficiente y me convirtieron. A mi también me dijeron que era especial…" Grimmjow deslizó un dedo descuidadamente por la mejilla de Ichigo, consiguiendo hacerle brotar sangre, Ichigo contuvo el aliento "que era verdaderamente amado…" Grimmjow se llevó el dedo manchado de sangre a la nariz, percibiendo su aroma y luego la lamió lascivamente, sin dejar de observar las reacciones del niño. Ichigo lo miraba con los ojos amplios, apretando los puños, entre asustado y absorto "Y, ¿sabes qué descubrí? Que sólo somos peones en el juego de los que están por encima de nosotros… ellos escogen nuestros destinos, y se deshacen de nosotros a su antojo… ¿cómo llegaste aquí? ¿Te entregaron tus padres, fuiste elegido de tu cuna…?"
"¡Ya te dije que no tengo nada que ver contigo!" exclamó Ichigo "¡Mis papás murieron! ¡Renji me salvó de morir en la nieve!"
Grimmjow rió de buena gana, no podía creer que ese niño fuese tan crédulo "¿Y quién mató a tus padres? Porque estoy seguro que no fue una muerte natural… seguramente los shinigamis les mataron..."
"¡No fueron los shinigamis! ¡No sabes nada!" Ichigo lo golpeó con fuerza con sus puños, y gimió de dolor. Sus manos habían dado con la protección de hierro de la piel de Grimmjow, y seguramente se había herido gravemente la mano, que se las sostenía conteniendo sus gemidos de dolor. Por alguna extraña razón, eso lo hizo sentirse incómodo.
"Déjame ver…"
"¡No!" gruñó el niño y consiguió escabullírsele. Grimmjow lo dejó ir, se lo cruzaría nuevamente, de eso estaba seguro: ya había captado su esencia, y probado su exquisito sabor. Ese aspirante a shinigami seria suyo.
"Esos son deseos bastantes conflictivos" Grimmjow se volvió a ver a la persona que le había hablado. La cara de Momo Hinamori se dejó ver bajo la sonrosada luz "Te gustó ese niño, pero, ¡vaya! Ya tiene dueño… Padre no querrá que le causes problemas…"
"Aizen-sama no tiene porqué preocuparse. Yo puedo escoger la presa que desee, y ese chico, aunque marcado, no ha sido tomado. Se lo queda quien lo tome, esa es la ley."
"Efectivamente… pero a los shinigamis les gusta que sea una elección voluntaria, no algo que se toma por la fuerza."
Una brisa sacudió los sakuras, haciendo remolinos de pétalos que danzaron entre ambos. Era un espectáculo hermoso, que hasta Grimmjow era incapaz de ver sin sentirse admirado.
Mein Vater, mein Vater, und hörest du nicht,
Was Erlenkönig mir leise verspricht?
Sei ruhig, bleibe ruhig, mein Kind!
In rürren Blättern säuselt der Wind –
-Padre mío, padre mío, ¿no escuchas
las promesas que el rey de los Elfos me hace?
-Estate en paz, tranquilo, hijo mío:
Es que al mover las hojas secas murmura el viento.
"Me sorprendes" dijo Momo, sinceramente admirada "No creí que conocieras ERLKÖNIG. Es uno de mis poemas predilectos de los humanos. En especial su final."
Dem Vater grauset's, er reitet geschwind,
Er hält in Armen das äschzende Kind,
Erriecht den Hof mit Mühe und Not:
In seinen Armen das Kind war tot.
Recitó Momo, y Grimmjow agregó la traducción:
Se estremece el padre, cabalga veloz,
lleva entre sus brazos al niño doliente,
y llega a su casa con grande fatiga;
en sus brazos el niño estaba muerto.
"Es curioso," dijo ella, luego de asentir ante la correcta traducción de Grimmjow "suena a una traducción que hizo Ulquiorra hace tiempo."
