Capítulo 10

Cosas que no debieron suceder

A la mañana siguiente, Byakuya no estaba precisamente muy cómodo con lo que había estado a punto de hacer, y su malestar se resumía a un minúsculo pero relevante detalle ¡Kanna era un niñata! Él no era mayor que ella, pero la apariencia física afectaba en más de un factor.

Y justo cuando pensó que lo ocurrido quedaría a salvo en sus pensamientos, se topó de frente con Naraku.

-¿Algo te molesta, Byakuya?- le preguntó Naraku sonriendo con cierta maldad.

No creía que ayer los hubiera estado espiando, lo que en otras palabras quería decir que era demasiado obvio cuando algo lo fastidiaba.

-¿Te importa?- le preguntó sonriendo con desgana, arqueando levemente una ceja.

-Digamos que si te molesta, no puede ser tan malo- su burló Naraku -. Ahora ¿Hablarás o debo seguir mi camino?

Por todos los cielos ¿Decirle a Naraku que estuvo a punto de "poner más cómodo" con Kanna no era su opción favorita. Aun así... lo que quisiera o no, él sólo tenía menos de un año de vida, y Naraku más de cincuenta. O sea que podría aclarar algunas dudas o mandarlo por un tubo.

-Bien...- comenzó casi sin quererlo, recargando su espalda en la pared, como siempre sin titubear ni hacerse de rodeos -Ayer casi pasa un incidente con Kanna.

Por incidente Naraku no sabía que entender, y menos con ese cabeza hueca. Aunque más de un "posible incidente" se lo cruzó por la cabeza.

Tal vz había sido un error querer matar el tiempo incomodando a Byakuya.

-¿Incidente?- le preguntó serio.

-Quise recostarla sobre el pasto para estar más cómodo.

Debía deducir que la estaba besando.

Naraku ya lo sabía, el par de tontos se habían enamorado al ponerse de curiosos. Y era molesto, porque a causa de eso, casi pierde unos fragmentos. Y también sabía que Kanna empezaba a sentir cosas, única y exclusivamente hacia Byakuya, lo cual era desconcertante y perturbador en muchos sentidos.

Pero no esperaba que Byakuya sin quererlo pasara a mayores, y era lógico, lo había creado con el cuerpo de un hombre de veinticinco años. Él le había dado sus poderes y sus habilidades, pero del carácter casi nunca era responsable (a excepción de Kanna), aun así, no era un humano, era la viva forma de un demonio, y sin embargo los demonios tampoco quedan exentos de sentir esa clase de cosas, ese... instinto digamos de procrear. Que no era el caso Byakuya. Su caso era que en medio de "la inocencia" de ambos, acabaron enamorados y flechados, pero cada uno con distintos puntos de vista y casi diferentes necesidades. Ahora ¿Cómo explicarle eso al tonto de Byakuya?

Diablos, se volvía incómodo.

-Lo quieras o no, de un modo eres mayor que ella. Tú sientes más que ella, y digamos que tus... necesidades no se acoplan a las de ella.

-¿Necesidades?- le preguntó Byakuya -¿Cómo comer y esas cosas?

-Me refiero a...- Por primera vez se había quedado trabado ¿Cómo explicarle a Byakuya que indirectamente era un instinto natural de tener una pareja?

Cuando menos se lo esperó, volteó a ver a Byakuya y casi juraba que se había hecho pequeños y sus ojos brillaban de ilusión (Byakuya chibi ¡LOL! )

Era un ridículo.

-Encontraste una pareja en Kanna, pero ella es más pequeña en el contexto físico. En otras palabras no abarca todos tus instintos de tener pareja.

Ya lo había entendido. Estaba diciéndole perro en celo.

-Maldición Naraku- dijo Bykuya dándole la espalda, caminando en dirección a su habitación -, las cosas entre tú y yo no volverán a ser las mismas.

Lo mataría estrujando lentamente su corazón, pero era inteligente y más fiel que un perro, y esas cosas normalmente no le venían juntas.

Por su parte Byakuya estaba molesto, en verdad lo estaba. Básicamente le había dicho que buscaba reproducirse. ¿Él?, ¿con un hijo? Primero diez metros bajo tierra.

Entró a su habitación pensando indirectamente en Kanna. Al principio había sido divertido, pero tenía que admitir que cada vez sentía cosas más profundas por ella. No les molestaba, pero por él ¿Qué diría Kanna?

Dio vuelta cerrando la puerta corrediza, y al ver hacia la ventana, se encontró con Kanna sentada en el marco de esta.

¿La invocó? No; más bien no estaba en su habitación, se metió a la de ella.

Kanna no lo miraba, sabía que estaba ahí, pero también la había dejado pensando el hecho de que ayer en la noche, Byakuya la hubiera inclinado mientras la besaba. Se quedó pensando en que hubiera pasado a partir de ahí.

Lo único malo, era que Kanna no tenía ni la más mínima idea de lo que era un beso hasta que lo vio, por ende no sabí lo que seguía. En su vida se lo imaginaría.

Ella se acercó hacia Byakuya y lo jaló de la manga con toda tranquilidad hacía la ventana, invitándolo a sentarse a su lado.

Byakuya no se esperaba eso, pero no le molestaba. Se sentó con ella y se quedaron un rato vagando cada uno en su mente.

Y mientras tanto, Kanna recordaba a todas las extensiones que había habido antes de Byakuya; entonces recordó al bebé Akago. Sabía que él había sido una creación de Naraku, pero si así no nacían los bebés ¿Cómo lo hacían?

-¿Cómo nacen los bebés?- le preguntó seria y pacífica.

La habitación se puso negra, y un rayo atravesó a Byakuya justó en el estómago.

No estaba de suerte.

-¿Por qué me preguntas eso?- le preguntó con indolencia, luego de recuperarse de su conmoción.

Kanna sólo lo miraba. Si quería decirle, bien; sino, también. Igual era una duda.

-Verás, cuando dos personas se aman... No así no- se dijo sin mostrarse nervioso en ningún momento. La verdad no lo estaba, pero tenía que esquivar algunos temas que lo tendrían ahí lo que restaba del día -¿Sabes por qué un hombre es diferente de una mujer?

Kanna asintió con la cabeza. Al menos eso ya lo sabía.

-Bien- dijo acercándose a su oído, explicándole las cosas como eran, sin pena ni pudor -¿Entendiste?

Un asentimiento de cabeza de Kanna fue su respuesta, Y era cuando pensaba mejor las cosas y se daba cuenta de que a ella jamás le interesaría tener un bebé. Tal vez después de todo, por eso estaban juntos.

-Entonces...- dijo Kanna con la misma seriedad de siempre - ¿crees tú y yo algún día podríamos pasar la noche juntos sin tener un bebé?

-Si creces, es una promesa- respondió con una sonrisa boba, preguntándose internamente si Kanna crecería, pues él la veía igual de enanita.

Kanna se puso de pie, quedando a la altura de Byakuya mientras estuviera sentado, pegando su frente a la de él, pues lo cierto es que ella había salido hacía unos días, y vio a otros jóvenes solos en el bosque, y en todo momento observó como la muchacha actuaba, preguntándose si así era como debía hacerse.

-Kanna...- dijo Byakuya al tenerla así con él.

Mataría a todos los enamorados del mundo, porque sabía bien que ella imitaba a algún par de tortolos que ingenuamente pensaban que estaba a salvo de él.

Y a pesar de eso, no le molestaba mientras fuera con Kanna.

Posó su manos sobre la mejilla fría y blanca de su acompañante, cerrando sus ojos con suavidad, besándolo con nunca lo había hecho. Siempre se recargaba en sus labios; ahora los movía junto con los de ella, y lentamente, Kanna dejó que la lengua de Byakuya pasara a acariciar con suavidad la de ella, sintiendo un extraño calor en sus mejillas que jamás había sentido.

Byakuya acariciaba lentamente su lengua con la de Kanna, disfrutándolo tanto que ahora estaba seguro de que no había marcha atrás en cuanto a lo que sentía, pero de haberlo sabido, nunca, nada de eso debió haber sido.