Jueves

Kōga frunció en ceño con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras le dirigía una mirada desaprobatoria a la azabache, está por su parte se encogió de hombros sin cohibirse ante su mal semblante.

La morena se apresuró todo lo que su torpe pie le permitía, el cual por cierto estaba vendado y ella mantenía el equilibrio con ayuda de una muleta.

–¿Aome que estás haciendo aquí? Deberías estar descansado–le intercepto con brusquedad impidiendo que esta se escabullera dentro del elevador.

Ella soltó un bufido y lo miro a los ojos.

Los ojos del moreno lucían molestos y preocupados.

–¡¿Cómo que, que hago aquí? Vine a trabajar!–explicó sonando exasperada–Te fuiste sin mi esta mañana–reclamo haciendo un puchero.

Kōga se pasó una mano por los cabellos, como un gesto tranquilizador.

–Eres terca, igual que una mula–Aome le dedico una obscura mirada–Tienes una orden medica para faltar al trabajo–recordó exasperado, la morena rodo los ojos– ¿Por qué viniste? ¿Acaso quieres empeorar?

La frente de Aome se arrugo–Necesito trabajar, no puedo quedarme encerrada sin hacer nada.

El moreno coloco su mano derecha sobre el hombro de la mujer y lo apretó suavemente–En las condiciones en las que te encuentras, no aras mucho.

–¿Que tratas de insinuar que soy una torpe?

Kōga sintió el impulso de reír, ella hacía muecas muy graciosas cuando estaba enfadada, pero si lo hacía seria hombre muerto–Sabes que no es así, solo estoy preocupado por ti, no quiero que vuelvas a herirte.

Ella lo miro por breves segundos a los ojos, las personas a su alrededor pasaban a su lado viéndolos con curiosidad, después de todo la mayoría pensaba que eran una especie de pareja.

Aome cogió sus manos grandes y fuertes para cobijarlas entre las suyas, Kōga supo que estaba perdido, desde el instante en el que ella suavizo el rostro para verlo con sus enormes orbes marrones brillando en suplica–Solo por hoy, déjame internarlo, te prometo que si me siento mal desistiré y regresare a casa.

El moreno suspiro, para luego asentir con la cabeza y ella le devolvió la más grande de sus sonrisas.

–Tamaki, por lo que tengo entendido siempre eres tú la cara de tus discos–Inu no Taisho comento observando a la joven pensativo.

–Así es, señor Taisho pero déjeme decirle que esta vez quiero algo… nuevo–Respondió la joven estrella

–Oh

–Sí, quiero que la cara de mi nuevo álbum sea algo diferente, algo que cuando las personas lo vean se sientan identificados, que cada una de mis canciones, tengo un pedazo de cada uno. Siempre relacionan mis discos a personas adineradas, personas que no aparentan tener problemas de ningún índole… quiero cambiar eso, mi música es para todos sin importar nivel social, color o religión–ella concluyo la explicación soltando un pequeño suspiro que inconscientemente había retenido.

–¡Es una idea maravillosa, Tamaki!

La aludida sonrió feliz–Quisiera hacer una pequeña petición–susurro con aire avergonzado.

–Por supuesto, lo que desees.

Ella paso sus ojos entre ambos hombres, el abogado quien permanecía en completo silencio la observaba con suma atención–No quiero ver el rostro de una modelo, quiero que una persona común me represente, una pareja a decir verdad.

Ambos hombres se miraron asombrados–Si eso es lo que deseas, lo tendrás, no debes preocuparte, deja todo en nuestras manos, estoy seguro de que no te arrepentirás–aseguro el mayor.

–Lo sé, confió en su experiencia.

–¿Miroku tu que dices?–inu no Taisho hablo hacia su jurista.

Miroku se acomodó el frente de su traje, mientras tocaba la punta de su barbilla con los dedos, en una pose pensativa–¿Yo?... Mn que tal una mini serie–repuso al fin.

El Taisho arrugo el gesto intrigado–¿Ha una serie?–repitió confuso.

El abogado asintió sonriendo levemente–Si veras podríamos contar una breve historia de amor, que concuerde con la letra de una de las canciones o usar esa base como punto inicial y de desarrollo de la historia–explico.

La mirada de Tamaki brillo con entusiasmo–¡Como un Dorama!–chillo.

Inu no Taisho medito la opción, era algo que jamás habían hecho y sonaba muy interesante–Sin duda la audiencia lo amara…–murmuro cada vez más convencido.

–Así es, captara el corazón de los jóvenes–aseguro el abogado.

–¡Hagámoslo!– alego Tamaki con notable entusiasmo.

–Alto Aome por favor quédate quieta, no es necesario que me ayudes–regaño la castaña, quien se apresuró a quitarle la caja repleta de guirnaldas que la morena intentaba llevar, hasta el armario.

Aome suspiro negando con suavidad

–Estas exagerando, estoy perfectamente bien–bufo entre dientes recostando el peso de su cuerpo sobre la pared más cercana. Sango le envió una mirada desaprobatoria.

–¡Tiene el pie hinchado, definitivamente no estás bien!–le recordó, Aome sonio su amiga parecía una mama preocupada y regañona.

–Pero quiero ayudar…–murmuro la azabache.

–Solo hazme compañía con eso me basta–Sango dijo sonriendo suavemente–hazme caso o juro que terminare amarrándote a una silla

La higurashi sudo frio.

–No maltratarías a un enfermo–le dijo con cierto tono receloso.

–Oblígame y veras…–susurro Sango entre dientes.

Aome negó rápidamente y se quedó inmóvil en su lugar, mientras su amiga cargaba paquetes un más grandes que el anterior con todo lo necesario para decorar el salón, a causa de la fiesta que se llevaría a cabo este mismo sábado.

Rebusco el móvil del bolsillo trasero en sus pantalones, el aire en sus pulmones se retuvo al momento en que sus ojos captaron nuevamente la conversación de la noche anterior.

Las mejillas de la morena se tiñeron de rosa, "Sr. mirada-intensa"

Jesús

¿En qué momento lo había guardado con ese peculiar nombre?

Si alguien la pillara, estaría perdida, aunque no podía negar que el interés de su jefe por su estado de salir, le era gratificante, le producía un sabor agridulce en la boca del estómago.

–"Solo eres su secretaria.

No te emociones demasiado.

Solo está siendo extrañamente amable"–

–¿Aome, crees que el color azul este bien?

La aludida levantó la vista hacia su acompañante, Sango esperaba una respuesta a su cuestión mal oída.

–Quedara… estupendo–respondió mostrando una sonrisa, se regañó mentalmente y se obligó a poner la mente sobre la tierra–Sera una gran fiesta–agrego luego.

Oh my god, baby–se escuchó a voz chillona de Jakōtsu a un lado–¿Qué te has hecho?–inquirió con las cejas levantadas, Aome se encogió de hombros y sonrió avergonzada.

–Una pequeña caída–murmuro apenada.

Jakōtsu hizo una mueca–Pero que torpes pies tienes, espero que al menos un apuesto macho te halla rescatado–soltó sin tapujos.

Sango rio a carcajadas, mientras que Aome lo miraba incrédula.

–¡Que cosas dices!–regaño la morena.

El moreno arqueo una ceja, con las manos puestas sobre sus caderas, eran tan delicadas y finas que pasarían por las de una mujer–Estas muy estresada Baby necesitas un buen revolc-

–¡Ya!–Aome chillo.

Sango volvió a divertirse a cuesta suya.

Jakōtsu rodo los ojos–Necesitara más que uno…– susurro en voz baja con cierta malicia–¿Entonces no hubo un príncipe?–volvió a inquirir sonriendo de lado, Aome le devolvió la mirada un poco molesta, aunque en el fondo se sentía descubierta, aquel joven había sido lo más apuesto que había visto en su corta vida.

–Fue uno muy apuesto–Sango comento, recibiendo una mirada recriminatoria de su amiga, aunque esta no le presto atención.

Jakōtsu dio brincos de entusiasmo–¡Pronto vas a follar!–canturreo en dirección de la azabache.

Aome deseo que la tierra se abriera y la tragase.

–¡Cállate!

–¡Tsk, todo yo siempre yo!–Inuyasha se quejó frunciendo el ceño, mientras sus brazos se cruzaban por encima de su pecho.

Miroku miro con aires de diversión a su amigo.

–Ya, Inuyasha es un favor

–¿Un favor? O una orden–arqueo una ceja enseñando los dientes.

El abogado se encogió de hombros–Solo digo lo que tu padre y tu hermano decidieron.

–¡Medio hermano!–corrigió y la contraparte negó lentamente.

–¡A vamos!-alentó este sonriendo– ¿Qué tan difícil puede ser encontrar a una chica para el proyecto?

–¡No es difícil, pero ya tengo cosas que hacer!–murmuro el menor reclinándose sobre el asiento, provocando que este emitiera un gracioso sonido similar al de un gas.

Inuyasha se avergonzó y Miroku comenzó a reír a carcajadas, en ese instante Byakuya los interrumpió

El menor de los Taisho, sintió la lámpara de las grandes ideas encenderse con tan solo verlo.

–Eso es, Miroku Byakuya puede encargarse de encontrar a una chica–recomendó con entusiasmo al joven peliplata.

El moreno lo observo sin comprender a que se refería, y el abogado sin embargo quedo pensativo.

–Él siempre ha tenido buen gusto para las mujeres–agrego después, a lo que Byakuya asintió sonriendo con arrogancia.

Miroku masajeo el puente de su nariz antes de asentir dándole a razón, seguidamente sus ojos se posaron sobre la figura del recién llagado–¿Podrías encargarte de la entrevista para la modelo del proyecto de Tamaki?

Inuyasha los miro expectantes, y cuando Byakuya sonrió para después asentir, suspiro aliviado.

–Solo una cosa, ella no quiere una chica famosa, trata de que seas la pareja más normal sobre la tierra–Miroku agrego sonriendo, a lo cual el contrario se sintió asombrado por un momento, para reafirmas su participación con un nuevo movimiento de cabeza.

Un hombre y una mujer común y corriente

–Me complace saber que toma en serio su trabajo, pero no era necesario

–Estoy agradecida con la oportunidad que se me ha dado, no quiero decepcionarlos.

–Después de todo mi padre se ha tomado muchas molestias con usted Higurashi.

Aome no entendía como este hombre podía ser tan cambiante de un día para el otro, su actitud bipolar la sacaba de quicio.

Parecía amable un día y al siguiente regresaba a su actitud calculadora.

Aome le sostuvo a mirada, él podía ser muy guapo e incluso su jefe, pero ella no estaba dispuesta a dejarse intimidar por nadie.

–Estoy, avergonzada por causar tantas molestias– su voz solio neutral y en un tono amable, Sesshōmaru estrecho ligeramente los ojos sobre ella.

–No lo dudo

La mujer parecía ser protegida por un campo anti miradas-letales.

Eso le complacía y le disgustaba en partes iguales, el cerro los ojos un momento alejando todo pensamiento estúpido de su mente, para luego volver abrirlo con nueva determinación, Aome se estremeció, su jefe lucia molesto y el pensamiento de que la causante de todos sus estados de ánimo eran ella, azoto su mente.

–Puede retirase y traerme unos documentos que le entregue a Inuyasha en la mañana–la morena asintió y antes de que se girara para marcharse el volvió a hablar– Señorita Higurashi, procure no tardar demasiado–y dedicarle una señal con la mano para que se retire.

Ame sintió su sangre arde, sin embargo contuvo las ansias de cometer un asesinato y marcharse con toda la prisa que su pie vendado y torpe le permitía.

Sesshōmaru sintió que era invadido por la culpa, en cuanto ella se fue, estaba siendo muy desconsiderado, pero era lo mejor, esa mujer lograba incomodarlo.

Higurashi lograba sacarlo de su zona de confort, el hacía cosas imprudentes e impredecibles, por su sola presencia, a Sesshōmaru no le gustaba para nada.

Él amaba el control, su seguridad y sobre todo aquel poder que ejercía sobre las demás presencias… pero con ella no era posible.

Sesshōmaru se perdía a sí mismo, cada vez que la tenía enfrente, los únicos pensamientos que rodeaban su mente era la de estrecharla entre sus brazos y devorarla a besos.

Comerla en todos los sentidos existentes.

No encontraba sentido a la lujuria que sentía por higurashi, si el la odiaba, al menos eso demostraba.

El Taisho bufo pasando una mano entre sus cabellos, debía tranquilizarse.

Necesitaba distraerse y como una señal divina su celular vibro, para segundos después la pantalla encenderse mostrando el nombre de una persona conocida.

–Buenos días Aome, que sorpresa verte aquí, creí que estarías descansando–Comento la joven estrella con su peculiar sonrisa, Aome se sintió avergonzada había echo un alboroto frente a una arista nacional.

–Decidí trabajar, aun soy nueva en esto… no deseo causar más inconvenientes–y por eso se refería a que no quería darle más motivos a Sesshōmaru para que la despidiera, la castaña le dedico una suave mirada.

–Que linda eres Aome, tan amable y dedicada. ¡Qué envidia me das!–Tamaki dijo soltando un suspiro.

–¿He?–Aome jadeo–no veo porque debería tenerme envidia–ella balbuceo bajando la mirada hacia el piso.

La contraria sonrió–Ahí tanto en ti que me gustaría tener, empezando por tus amigos, por mi carrera nadie se acerca a mí, si no es con segundas intenciones, en cambio tu… ellos son sinceros y de verdad envidio eso–expreso con tono dulce–Además eres hermosa el hombre que se fije en ti, te amara con sinceridad.

La azabache alzo la vista con sorpresa–Yo… gracias. Quiero decir…–Aome carraspeo y su mejillas se calentaron–Yo podría ser su amiga si usted quiere. ¡Le ofrezco mi amistad!-finalizo la joven mostrando una sonrisa genuina de completa sinceridad.

Tamaki asintió devolviéndole el gesto.

–De acuerdo, amiga…–respondió con dulzura.

En ese instante Takuma llegaba en dirección a ellas, pero no puedo saludar la azabache ya que esta se retiró a toda prisa, aun debía ver al hermano de su jefe.

Los nudillos de Aome, golpearon la impoluta puerta de madera blanca que dividía el pasillo, espero con paciencia hasta que un tenue pero firma "Adelante" la hicieron reaccionar, ella asomo la cabeza, se percató de que el menor delos Taisho estaba como otras veces en compañía de Miroku, ella les sonrió para seguidamente ingresar de cuerpo entero.

–Buenos días–saludo cortésmente.

–Buenos días…–murmuro Inuyasha, detallando desde su lugar el gran vendaje que cubría el pie de la joven.

–¡Mujer tu sí que amas trabajar!-exclamó el abogado a verla en el actual estado, ella caminaba gracias a la ayuda de una muleta. Aome rio ante su arrebato.

Inuyasha se sintió ligeramente sorprendido, había oído del accidente pero jamás, pensó que la joven fuera capaz de regresar al día siguiente.

Cuando el hubiera echo hasta lo imposible por no pisar la empresa hasta estar sano por completo.

Aunque Inuyasha siempre exageraba sus dolencias.

–Señor Inuyasha, he venido por unos documentos, el señor Sesshōmaru me envía–informo la joven

El susodicho bufo.

–¡Señor mi trasero, Es un desconsiderado!–gruño entre dientes sorprendiendo a la joven, quien no pudo evitar sonreír y diferencia de Miroku que soltó una sonora carcajada.

–Ya lo conoces–respondió el abogado.

El menor negó, mientras revisaba el primer cajón de su escritorio y tomaba una de las carpetas, para seguidamente extendérsela en dirección a la joven.

–No puedo creerlo…–murmuro aun molesto.

Aome dio las gracias y se alejó rápidamente.

–Esa chica ¿Cómo soporta a ese desgraciado?

Miroku sonrió con cierto aire misterioso–Debe gustarle mucho…

Inuyasha arqueo una fina ceja interrogante

–Su trabajo, me refiero.

–Tsk.

Luego de eso Aome regresado, en un tiempo record a su oficina, o por lo menos así lo sintió, correr por los pasillos con muletas era digno de recibir un premio y más aún después de ver aquel irrisorio gesto de sorpresa en el semblante serio de su jefe.

¡Le había cerrado la puta boca!

El peliplata le dio un par de indicaciones más, para mantenerla ocupada, la morena estuvo ocupada el resto del día respondiendo llamadas para intercambiar citas, horarios de reuniones.

Había visto a su jefe un par de veces más, entrando y saliendo de su oficina, se percató de que el arquitecto había pasado la mayor parte del tiempo con él, Aome sintió curiosidad.

Cuando lo veía ella había el gesto de ponerse de pie y acompañarlo, pero la detenía con un movimiento de mano y su mirada seria, Aome suspiraba y regresaba la atención a la pantalla del computador.

¿Aquello sucedía porque ella estaba herida? O solo ¿Por qué la creía una inútil y pasaba de necesitarla? Aome se cubrió el rostro con ambas manos, ahogando un grito de frustración, sino hubiera sido tan torpe.

¡Maldición!

Ella expuso el aire de sus pulmones a través de un suspiro ¿Por qué todo le salía mal? Estaba maldita, desde aquel día en concreto hacía muchos años atrás, la suerte pero sobre todo la vida de Aome había cambiado, de una forma horrorosa.

Movió la cabeza de un lado a otro alejando todo los recuerdos negativos.

Cerca de las síes de la tarde Sesshōmaru salía por decimoquinta vez del interior de su oficina.

–Señorita Higurashi–la nombrado lo miro expectante– Puede retirase el día de hoy–el informo mostrando aquella serenidad que lo caracterizaba, Aome no percibió molestia o desprecio en sus palabras.

Ella asintió anonada y descolocada una vez más por su cambio de comportamiento. El Taisho regreso a su oficina.

Como el turno de Aome había terminado antes de lo acostumbrado, por lo tanto Kōga aún no dejaba su puesto, suspiro debatiendo internamente si esperarlo e irse untos o pedir un taxi y llegar a casa antes. La morena ordeno su despacho y tomo su pequeño bolso de mano antes de retirarse con calma.

–Disculpe–fueron las palabras que brotaron de sus labios, cuando parte de su hombro cocho con un cuerpo extraño, la morena distraída levanto la vista.

Aome la reconoció, había buscado en internet acerca de ella.

Esta arque sus finas y casi perfectas cejas con arrogancia–Solo ten más cuidado– ella soltó con cierta malicia en sus palabras, antes de continuar su trayecto

La azabache estaba estática, ni si quiera pudo dar un paso más, sus ojos captaron el momento en que esta ingresaba a la oficina de su jefe para luego cerrar la puesta tras de sí.

Aome paso saliva y la curiosidad la lleno por completo.

Quería escuchar, deseaba saber que… pero se contuvo y se obligó a si misma a moverse antes de cometer una tontería y verse en apuros, después de todo no era de su interés.

Lo que su jefe y esa mujer llamada Kagura hicieran.

No, claro que no.

–Takuma no es necesario que esperes por mí, el señor Taisho me ha invitado a cenar, por favor tomate el resto del día libre– la joven informo con una amable sonrisa adornando la piel de su rostro.

El aludido asintió antes de responder–Como usted ordene Señorita–e hizo una pequeña reverencia.

–Diviértete–la mujer comento momentos antes de despedirse con la mano al aire, sin perder la sonrisa.

Takuma suspiro, y desaflojo el asfixiante nudo de su corbata.

Odiaba el traje formal

–¿Señorita?

La azabache se detuvo al escuchar una voz familiar, giro el rostro aun lado y se encontró con el muchacho de ayer.

Arque una ceja al notar la muleta–Veo que se encentra mejor–él dijo con el morado de sus ojos brillando con diversión. Aome inflo las mejillas, avergonzada.–Por cierto soy Takuma Onizaki–extendió la mano en forma de saludo.

La morena sonrió correspondiendo el gesto –Soy Aome, Aome higurashi

El asintió sonriendo de lado–¿Ya se va?–inquirió con interés.

La azabache se encogió de hombros, porque era tan difícil hablar con un chico guapo.

–Le importaría si la invito un café–Aome le miro con sorpresa, sin embargo fue capaz de asentir, Takuma extendió su mano en dirección a ella, como una invitación a que la tomara.

Ella titubeo antes de aceptarla, esta vez la calidez de la piel extraña cubrió a suya.

¡Maldición Aome pareces una colegiala!

¡Deja de ruborizarte!

–¿A qué has venido? Acaso no entiendes que tengo cosas que hacer–el mascullo las palabras mirándola con toda la rudeza que le fue posible reunir.

Kagura suspiro antes de recostar la espalda sobre la fría pared de metal del elevador.

–Quería verte…–ella susurro con suavidad por un intento de apaciguar la molestia del Taisho.

El frunció el ceño ante la inutilidad de su táctica–Te dije que nos veríamos mañana, debes irte antes de que alguien más te vea.

La modelo arrugo el ceño con fastidio– Pero soy tu novia, no pueden echarme–aseguro.

Sesshōmaru tenía el deseo de corregirla, pero si lo hacia ella comenzaría a discutir y jamás se iría, no sin atraer la atención de todos–Sabes que no eres bienvenida aquí

–Como sea–ella respondió bufando as palabras, y las puertas del elevador se abrieron.

Sesshōmaru sostenía a Kagura de la mano, para sacarla a toda prisa de la empresa se detuvo abruptamente.

¿Por qué seguía aquí?

Aome los observo a ambos desde la vereda de la calle, el contacto visual entre ambos duro tan solo segundos, luego su atención se centró en el joven que sostenía su mano y la ayudaba como todo un caballero a ingresar al auto y marchase luego.

Sesshōmaru reprimió un gruñido, antes de reaccionar y caminar con su supuesta novia aún más apresurado y agresivo que antes, Kagura chillo ante el tirón de su miembro, pero el ignoro sus quejas y la subió al primer coche que encontró aparcado, que por suerte era uno de la empresa.

La música retro lleno el interior del automóvil, haciendo que el silencio entre ambas personas fuero un poco menos incomodo, sobre todo para la joven mujer de lacia cabellera.

Ella suspiro tratando de alejar la curiosidad de su cabeza, sin embargo fue imposible.

–¿Qué ocurre?-ella sonaba preocupada.

El hombre la miro de reojo por breves segundos antes de brindarle una escueta respuesta

–Nada

La mujer parpadeo ante aquella agresiva respuesta, él siempre era frio, pero no así, no con ella.

–Estas más serio de lo usual el día de hoy–Kagura respondió encorvándose de hombros, el albino le dedico una mirada de reojo.

–Te dejare en tu apartamento, recordé que debo hacer algo–informo este neutral.

–¡¿Qué?!-ella chillo incrédula–No, llevo mucho tiempo esperando para estar contigo–balbuceo con cierta desesperación–Acompáñame esta noche.

–Tengo un compromiso– respondió con cierta acidez.

–¿Me dejaras plantada?

Sesshōmaru asintió.

Kagura, se movió de manera que su rostro estaba casi frente al de su acompañante, los ojos de la mujer lo estudiaban en silencio.

Sesshōmaru arqueo una ceja interrogante.

–¿Hay otra mujer?–ella dijo y sus labios se volvieron tan solo una línea fina y pálida.

–Es suficiente, no digas tonterías–el respondió con tono impasible, como una advertencia de que ni si quiera se le pasara por la cabeza pensar en esa estupidez.

Kagura se estremeció y supo en ese instante que debía dejar de hablar o las cosas terminarían muy mal.

Sesshōmaru se detuvo frente al complejo departamental donde la mujer se hospedada, ella le dio un ligero beso en los labios y salió a regañadientes, finalmente este se marchó a toda prisa y sin mirar atrás.

La había dejado vestida y alborotada.

Continuar…