Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, blá, blá, blá… la historia es mía, blá, blá, blá… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, blá, blá, blá… o te acuso con Aro Vulturi.

Disfruten, queridos querubines :D

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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Capítulo 10: Conociéndola.

Empujé la silla de Bella hasta ingresar directamente en la recepción. Ella se mantenía en silencio, y el clima, gracias a Dios, se mantenía nublado, lo suficiente como para que yo pudiera salir a la luz del día. Evité con desagrado cada pensamiento inoportuno que tenían algunas chicas sobre mí.

¿Qué les pasaba a las mujeres?

Cuando entramos a la recepción, preguntamos a un guardia dónde estaba el aula de nuestra primera clase.

—Escaleras arriba, doble a la derecha y pregunte por el departamento de Literatura, queda cerca de la biblioteca. —El hombre sonrió. Observé mentalmente el plano que trazaba con sus descripciones, así que no tendría problema en encontrar el lugar que él especificaba. El hombre miró a Bella y contuvo un "Oh" y se excusó rápidamente—. El ascensor está por este pasillo hacia el fondo. Tiene una linda novia, señor —añadió giñándome el ojo.

Bella parpadeó un par de veces y su rostro recorrió todos los tonos de rojo posibles. Evité hacer comentarios al respecto, porque sabía que tartamudearía o que mi voz se cortaría en ello, por lo que le dirigí un asentimiento al hombre y empujé la silla de mi compañera hasta completar el pasillo. Un silencio incómodo recorrió el ambiente en ese trance. ¡Qué inoportuno era no poder leer sus pensamientos!

A veces me preguntaba qué tenía de mal que no podía leer sus pensamientos, sobre todo cuando la observaba dormir por las noches, ya que, me daba mucha curiosidad saber qué soñaba.

¿Habría tenido pesadillas con mi mirada y mis dientes afilados en aquella noche oscura? No quería ni pensarlo.

Pulsé el botón de llamado al ascensor, y me preocupé cuando se abrieron las puertas. El ascensor tenía espejos en sus cuatro paredes, por lo que noté que Bella gemía en voz baja y tenía sus ojos cerrados, con su rostro lleno de pánico. Ingresé con ella y pulsé el botón de subida. Me puse en cuclillas frente a ella, notando que sus manitas temblaban notoriamente, eso me asustó. Al acercarme, su aroma me envolvió, sin embargo, era completamente soportable.

— ¿B—Bella? ¿Estás bien?

—Tengo miedo —susurró cuando las puertas se abrieron—. No quiero que me rechacen.

Mi corazón, si es que seguía allí latiendo de algún modo, se encogió por las palabras de Bella, sabía que nada de esto le estaba gustando. Tenía que admitir que ella era muy valiente como para ir y enfrentarse a un grupo de desconocidos después de un trauma tan grande como el de su inoportuno accidente.

— ¿Quieres algún refresco, o algo? —tartamudeé.

—No, no. Estoy bien. —Luego de eso, abrió sus ojos y noté que estaban llorosos—. Es sólo que no soy muy buena haciendo amigos, pero ya se me pasará —respondió para contentarme.

—Bueno, eh… yo estoy aquí. Quizás aún no seamos cercanos, pero de veras quiero que estés bien, Bella —dije con naturalidad, sonriéndole.

—Gracias, Edward. Creo que en un principio te juzgué mal. Sé… que quizás no nos conocimos de la mejor forma, pero dado que tu padre es así de bueno conmigo, pues, bueno… sé que debería darte una oportunidad. Sé que eres bueno, aunque no entienda mucho tus acciones y tu ayuda. —Resistí el impulso de acariciar su mejilla, sostenerla en mi regazo y prometerle que todo iría bien… ¡AGH! ¡NO HABÍA ENTABLADO NI CINCO CONVERSACIONES CON ELLA! ¿Qué me estaba sucediendo? Carajo.

Eso no estaba bien, ¿cómo podría estarlo?

Bella es mi nueva amiga, pensé. Uno puede sentir esa simpatía hacia sus amigos, ¿no?

—Prometo que te lo explicaré más adelante. —Las palabras salieron apresuradamente de mi boca, traicionándome. No, no, no, ¡no! Ella no podía saber nada… No podía enterarse de quién era yo realmente, me odiaría para siempre, o al menos le daría un buen susto. Tendría que pensar una buena excusa para ello, o tendría que morderme la lengua, como siempre.

Me sonrió débilmente, pero un poco más compuesta. Seguí las instrucciones del guardia mientras avanzábamos, pero, de repente, mi estupefacción fue notable. Voces, tanto masculinas como femeninas, resonaban en mi cabeza, y francamente me habría gustado darles una buena paliza a todos ellos, a pesar de no considerarme violento en absoluto. ¿¡Cómo podían destilar tanto desprecio en sus pensamientos!?

¿Qué hace un galán como él con un ser humano tan decrépito como ella?

Oh, pobre chica; debe de sentirse realmente inferior ante tal chico. Es guapo…

¡Qué guapo! ¿Por qué pierde su tiempo en personas como ella?

Bueno, como dicen, siempre hay alguien que está peor que tú.

La cólera ardió dentro de mí como fuego vivo. La gente no podía ser tan cruel.

Pero lamentablemente, mi existencia como lector de mentes me había enseñado que era así: la gente y el mundo eran crueles, y trataban como una basura a quienes menos lo merecían. Las personas eran hipócritas, irradiaban envidia y odio por cada uno de sus mugrosos poros.

Intenté bloquear todos esos comentarios, pero se me hacía casi imposible. No quería armar una escena, y lo último que debía hacer era asustar a Bella; no ahora que quería ser su amigo.

No ahora que estaba ganándome su confianza.

No ahora, porque estaba convencido de que mi trabajo era reparar sus alas rotas y ayudarla a volver a volar.

No ahora, no podía ser ahora.

Y quizás… No, no era su dueño. No, aún no era su amigo. Pero, ¡agh! ¿Acaso no podían dejar de comentar el hecho de que Bella estuviera en una silla de ruedas? Mentalmente, me refería.

— ¿Te sientas conmigo? No quiero estar sola —musitó cuando ingresamos a nuestra primera clase, inglés; con su mirada de inocencia y paz, ignorante de los pensamientos del mundo sobre ella, sonreí con ganas, sintiéndome aliviado de inmediato.

—Claro.

Estaba segura de que la universidad sería terrorífica, y eso me tenía aterrada.

En realidad, sólo tenía dos razones para estar así: la universidad, y Edward, sobre todo él.

O sea, me extrañaba que se hubiera ofrecido de la nada a darme aventones para movilizarme hacia las clases. ¿Quién demonios hacía eso con un desconocido? No me desagradaba, pero me incomodaba. No me consideraba alguien dependiente, en absoluto, creo que ese era todo el problema.

Siempre había sido reservada, y quién me conocía sabía que no era una novedad.

Por eso, me costaba tener que simular que me llevaba excelente, bien, o que conocía de toda la vida a alguien que no conocí de la forma más bonita del mundo.

Edward era un chico muy extraño, pero por lo que alcanzaba a notar, se veía agradable.

Lo que más me había llamado la atención en la mañana, fue su pálida y fría piel, además, sus ojos seguían de un tono acaramelado; eso pude apreciarlo con claridad cuando me había cargado en sus brazos, y temía que producto de lo mismo, yo hubiera enrojecido notoriamente. ¡Estúpida piel rosácea!

Me consoló, en cierto modo, que Edward accediera a tomar asiento conmigo; ya que él se veía bastante perturbado, quizás tanto como yo. ¿Habría dicho algo malo? Era el único ser viviente que no temería relacionarse conmigo, al menos aquí. No quería espantarlo.

Aparentemente, tendríamos una profesora mujer en esta asignatura. Me incomodó que a lo largo de su introducción mirara tanto a Edward, ¿o me había molestado?

Tenía la sensación de que todas las miradas estaban sobre nosotros, clavados sobre nuestras espaldas. Sobre todo cuando Edward tuvo que retirar una silla para dejar la mesa libre para que pudiera acomodarme. Él estaba siendo muy caballeroso, y eso me hacía sentir protegida.

Él comenzó a masajearse las sienes luego de un rato. Di vuelta mi libreta y saqué un pedazo de papel.

¿Estás bien?

Le entregué el pedacito de hoja y esperé con paciencia mientras anotaba un par de apuntes sobre pronombres y adjetivos. Anotó algo que por la distancia no pude distinguir. Me entregó el mismo papel pero escrito con su caligrafía elegante y perfecta. Sentí que me reducía a un tamaño minúsculo, sola, y en mi miseria.

Tranquila, no es nada importante… Después tenemos que esperar una hora hasta nuestra siguiente clase. ¿Te apetecería un café y un pastelillo?

Garabateé una respuesta, intentando hacer mi caligrafía más bonita. Se suponía que la situación debería ser al revés, porque generalmente las chicas tienen la caligrafía más linda, ¿o no?

Puedo pagar algo yo solita. No quiero abusar de tu hospitalidad.

PD: ¿Cuánto falta para salir?

Seguí redactando mis ideas, cuando la profesora, de la cual ya ni recordaba el nombre, terminaba de enseñar una tabla con todos los artículos y preposiciones que debíamos aprender. Miré de reojo a Edward, quién sonreía con calidez cuando me entregó otro papel, ya que el nuestro estaba muy rayado.

No seas tramposa, yo tuve la idea; así que yo invito.

PD: Quedan cinco minutos.

Me giré hacia a él, quién se encogió de hombros. Gemí disgustada, él simplemente se rió.

Cuando llegó el momento de retirarnos del aula, noté un poco tenso a Edward, pero cuando habíamos llegado a la cafetería, luego de consultar un pequeño mapa del campus, se notaba más repuesto, más sonriente, y más juvenil.

Me dirigí al mesón para comprar un capuccino y un panecillo, pero tomó mi silla y me arrastró hacia él nuevamente. Se me hizo imposible avanzar más allá de cinco centímetros.

— ¡Hey! —repliqué audiblemente, frunciendo el ceño—. ¡No hagas eso!

Cuando miré hacia atrás, vi a Edward soltando una risa musical que me estremeció hasta los huesos. Cuando me volteé hacia adelante e iba a hacer mi pedido, él me tapó la boca. Gemí con sus manos sobre mí, pero noté el excelente aroma que desprendía su piel, un aroma que no se parecía a ninguna colonia… ¿Estaba oliendo sus manos?

La vendedora se rió mientras preparaba mi café y me entregaba mi panecillo.

Nos sentamos en una mesa alejada del centro, mientras Edward se reía triunfante: él había pagado la cuenta, presumido.

— ¿Y tú no piensas comer nada? —consulté desenvolviendo mi cupcake de frambuesas. Tomé un sorbito de mi capuccino y le ofrecí un pedazo, pero él negó con la cabeza, suavemente.

—Nada de hambre, gracias. —Me encogí de hombros y le di un mordisco al panecillo, boté muchas migajas, pero mientras buscaba la servilleta, noté que Edward la tenía en su mano. Antes de que replicara, limpió mi boca con suavidad y depositó la servilleta doblada frente a mí.

— ¿Qué? —preguntó.

—Tengo dieciocho, no es necesario que me limpies la boca, campeón —me burlé—. Pero gracias, es lindo de tu parte.

Él rodó los ojos, solté una risotada. Este definitivamente era mi día. Bella: 2 – Edward: 0.

—Ya —se quejó. Cuando solté la bombilla del café, volvió a limpiarme la boca. Fruncí el ceño—. Si te ríes de mí, créeme que lo haré más a menudo.

—No seas pesado —repliqué. Nos miramos severamente por unos segundos y rompimos en risas.

—Cuéntame de ti, Isabella Swan.

— ¡Es Bella!

—Préstame tu identificación. —Esta vez mi rostro reflejaba confusión, pero hice lo que me pidió. Cuando se la entregué, la giró frente a mí e indicó con su dedo índice, junto a mi foto—. ¿Ahí que dice? I-S-A-B-E-L-L-A —deletreó—, así que no me regañes si te llamo de esa forma. Oh, por cierto, luces bien en la foto.

— ¡Qué malo eres! —Le quité el documento y lo guardé en mi billetera—. No me gusta que me digan Isabella.

— ¿Algún trauma relacionado con eso? —Enarqué una ceja. ¿Este hombre estaba hablando en serio?

—No.

—Bien, cuéntame más de ti, Bella. —Enfatizó mi nombre, yo simplemente rodé los ojos.

—Hola, sociedad anónima de seres mentalmente desorientados. Soy Isabella Swan, alias Bella. —Miré alrededor de nuestra mesa fingiendo que teníamos amigos imaginarios, y Edward se rió. Soltó una precaria imitación de la respuesta grupal que se supone que debía oír.

—Hola, Bella.

—Bien, tengo dieciocho años y vengo de Phoenix, Arizona. No me gusta la sangre y las cosas viscosas, tampoco los bichos. Disfruto leer, y mi sueño es escribir profesionalmente y publicar un libro. Bueno, eh… muchos.

—Disculpa, Bella, pero esa es la presentación más pobre que he oído. —Edward me interrumpió y yo le lancé dagas con los ojos.

—Entonces pregúntame tú lo que gustes —espeté. ¿Acaso le gustaba irritarme?

—Bien. ¿Tu cumpleaños?

—Trece de septiembre —solté a regañadientes. Estuve pensando en mentir, pero no tenía caso, su padre tenía mi ficha médica y no quería exponerme a malos entendidos, él podría perfectamente buscar mi ficha y comprobarlo—. ¿El tuyo?

—No es de importancia —respondió jugando con sus dedos.

—Oh, ¡por favor! Yo te dije el mío, de verdad no estás cooperando con esto. —Hice un puchero.

Edward se rió y prosiguió.

—Veinte de junio.

Continuamos con una ronda de preguntas, y aprendí mucho de Carlisle y su mujer, Esme.

Edward me contó que sus padres habían fallecido hace mucho tiempo, pero que Esme y Carlisle los habían criado. Explicó que para él, ellos eran sus padres.

No me inmuté en absoluto cuando contó que sus hermanos estaban emparejados entre sí. Naturalmente, no eran familia, así que no podía tomarse como incesto. Me reí cuando me contaba detalles bizarros sobre Emmett, su hermano; sentí curiosidad por Alice y Rosalie; y escuché con atención cada detalle sobre Jasper.

—Siempre juegan Guitar Hero, pero son pésimos perdedores. Terminan arrojándose los controles de juego a la cara. Es todo un espectáculo. —Sonrió mientras yo me partía a carcajadas.

También me comentó que Esme no podía tener hijos, y que por eso los quería tanto a todos, eso me dio un poco de pena, sobretodo viniendo de una mujer como ella, quién se oía tan agradable y cordial. Era una pena oír sobre aquellas mujeres que deseaban con tanto fervor un niño pequeño y simplemente, por causas biológicas, no podían concebirlo.

Luego, me tocó a mí. Le conté sobre mi escasa vida social, cómo eran Renée y Phil. Hablé de la separación de mis padres con toda naturalidad, y a la vez, de quién era yo. También bromeamos sobre Charlie y su amenaza de sacarle la cabeza si es que hacía algo "fuera de su agrado"; eso realmente me avergonzó pero me reí quitándole importancia.

También me preguntó sobre mi vida amorosa, tema que no duró mucho. Cuando le devolví la pregunta, noté lo mismo y asentí con desinterés pero extrañada. ¿Cómo con esa pinta de estrella de cine no había tenido nunca una novia?

Hablamos sobre colores favoritos, canciones favoritas, y pasatiempos. Supe que Edward disfrutaba el olor a flores, y yo le dije que me agradaba el aroma de las galletas recién horneadas. Además, me enteré que Edward tocaba el piano y le pregunté si algún día él podría tocar algo para mí, me sonrió encantado, deslumbrándome hasta la médula.

De pronto, Edward se tensó levemente en su asiento. Yo no comprendí su reacción, hasta que reconocí a Alice y a Jasper caminando en nuestra dirección, junto a otro par de jóvenes que no reconocí, pero supuse que eran Emmett y Rosalie.

Rosalie y Alice eran dos polos opuestos. La primera, era una rubia escultural de cabello largo, alta, y muy bella, pero no sonreía. Alice también era hermosa, pero era más bien menudita, mucho más baja que mi metro sesenta, con su pelo corto y negro azabache, apuntando en todas direcciones, ella sí sonreía, maliciosamente.

Emmett también se oponía a Jasper, era musculoso y grande, alto como un rascacielos, pero se notaba cómodo y su sonrisa era enorme. Por otro lado, Jasper era delgado, de aspecto desgarbado y su cabello era rubio. Él también sonreía, pero con timidez.

— ¿Esos son tus hermanos? —Abrí los ojos de sopetón y Edward asintió calmadamente. Frunció los labios, pero parecía un poco… ¿incómodo?

El clan Cullen se sentó a nuestro alrededor, dándome la impresión de que tramaba algo. Abrí los ojos aterrada, buscando la mirada de Edward. Él fingió una sonrisa, seguramente buscando contentarme, pero supe que me perdía de algo, porque Emmett contenía la risa. Luego Alice apoyó sus codos sobre la mesa y su cabeza en el hueco que formaban sus manos. Entonces, ella habló:

— ¿Interrumpimos algo, mis queridísimos?


¿Es mi idea o este capítulo es más corto? ñeh.

GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAACIAS por todos los favoritos, RR, y toda esas cosas xd cuando llegamos a los 95 saqué un vaso de leche y brindé con mi mamá, lol. Le canté y le hice toda una escena por eso, pero en fin...

¿Les gustó el capítulo? ¿Lo odiaron? ¿Qué les parece este Edward? Tan iluso el pobre chiquillo... Alice del mal que interrumpe todo y la jode xd

Un beso enorme a Flor, que me betea los capítulos con todo el amor del mundo. 3

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Adelanto:

—¿Y bien?

—¿Y bien qué?

—Tú y Bella se las traen —Alice entrecerró sus ojitos y luego me guiñó uno de ellos.

—Ella está... Está tan rota, Pequeña pixie... —Llevé mis manos a mi cabello, sin estar demasiado seguro de lo que me estaba pasado. Porque, claramente, algo estaba pasando aquí, y estaba seguro que sería el último en enterarme. —No sabes cuánto quisiera poder repararla, quisiera que Bella pudiera reparar sus alas, para luego poder volver a volar. —Fue todo lo que pude responder.

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¡Nos vemos el viernes que sigue! Cualquier inquietud, elogio (los cuales aprecio con cada mísera partícula de mi corazón de melón), comentario... háganmelo saber en el cuadrito de abajo.

¡Mordiscos!

-Vale.