Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de Hiro Mashima y esta es una actividad que realizo sin ánimo de lucro.
Capítulo nueve.
Hacía mucho tiempo que los habitantes de Magnolia lo llamaban 'El bosque de las hadas'.
Ninguno de los vecinos de la pequeña ciudad osaba poner sus pies en él por temor a terminar inmiscuido en asuntos de los que era mejor no saber nada. Se alzaba poderoso al otro lado de la ciudad. Grande. Frondoso. Misterioso. Y la leyenda de que los Rebeldes se escondían allí era más que una simple habladuría. Ellos lo sabían. Pero nunca en ningún lugar de todo Fiore se había mantenido más en silencio la ubicación exacta de un núcleo que podía resultar tan problemático, porque cuando en el pasado los habitantes de Magnolia se habían visto asediados por las tropas del rey con objetivo de subyugar, los únicos que hicieron algo para defenderlos fueron los miembros de Fairy Tail. Desde aquel día, cada hombre, mujer y niño residente en aquel lugar firmó el pacto tácito de llevarse esos rumores a la tumba; porque nadie nunca había movido un dedo por ellos, y nunca ellos moverían un dedo por nadie que no fuesen los miembros del antiguo gremio que les habían salvado de las llamas de la muerte.
Cuando Levy se lo contó durante la caminata que les separaba aún de su destino, Lucy se sintió profundamente conmovida por una entrega y un sacrificio tan grandes. Aquel gesto, unido a la amabilidad de los ancianos, le devolvió un poco la fe y la esperanza en las personas. Sin embargo Gray articuló que para él todo aquello continuaba siendo poco fiable, porque no podían esperar que absolutamente todos los que vivían allí fuesen a estar siempre de su parte, si bien era cierto que desde hacía más de quince años permanecían ocultos en el mismo sitio sin haber tenido que cambiar ni una sola vez. Eso decía mucho de la gente de la ciudad; no obstante, tampoco podía poner la mano en el fuego asegurando que la situación iba a permanecer así eternamente.
Lucy frunció el ceño, entonces, mostrando un poco su desacuerdo, pero tampoco dijo nada en voz alta, aunque a ninguno le hizo falta saber en quienes estaba pensando al respecto. Aquella era la tarde del segundo día desde que dejasen atrás los restos de la cabaña de Elise y Moses, y a veces la joven rubia se despertaba inquieta por las noches. Ninguno le había preguntado por sus pesadillas porque conocían el origen, y tampoco le decían nada; siquiera trataban de animarle. Ellos recordaban perfectamente tanto la primera vez que habían visto a alguien muerto como las secuelas que eso había dejado en sus almas, y no existía palabra de consuelo alguna que pudiese hacerlo más llevadero. Tampoco Gray, que creía ser el único que se había dado cuenta, había comentado nada al respecto de que Lucy, cuando se despertaba, se colaba en los brazos de Natsu en busca de consuelo, terminando dormida con más facilidad gracias al arrullo que le daba el calor de su cuerpo.
Esa escena le había reblandecido el corazón, porque no recordaba haber visto tanta fragilidad en una persona que evidentemente se esforzaba tanto por ser fuerte desde la primera vez que se había topado con Erza. Aún tenía grabado en la retina cuando la pilló sollozando sola a la playa para que nadie pudiese ser testigo de su pena. ¿Qué había de justo en un mundo que hacía llorar a niños pequeños, los arrancaba de brazos de sus padres y les obligaba a llenarse las manos de sangre? Todas las mujeres que conocía de su gremio tenían heridas en el corazón que nunca terminarían de cerrarse, y todos y cada uno de ellos llevaban a sus espaldas el peso de una cruz que no siempre se sentían dispuestos a soportar. Quizás era eso lo que terminaba de hacer fuertes sus lazos: el que eran conocedores del dolor ajeno; pero ojalá, ojalá apareciese algo que pudiese llevarse todo ese sufrimiento a otra parte.
—Mira, Lu, ahí está. —La voz de Levy rompió el silencio que se había instaurado, haciendo que todos, incluso los que ya sabían dónde se encontraban, mirasen en la misma dirección.
Habían llegado a una pequeña loma que permitía una visión perfecta del paisaje que les aguardaba. El gran bosque, más grande que el que había circundado el castillo que había habitado prácticamente toda su existencia; el río que venía desde Clover Town; la ciudad de Magnolia, según le indicaron, que se percibía a lo lejos como una marabunta de casas, coronadas con una enorme catedral, junto a otros núcleos poblacionales cercanos. Y el océano. Lucy avanzó unos pocos pasos sola hacia el frente, con los ojos brillantes por la emoción. No recordaba haber visto nunca el mar, y tenía la impresión de que jamás vería algo tan hermoso en toda su vida; la inmensidad azul con destellos plateados que brillaban bajo el enorme sol, dorado y abrasador, coronando un cielo celeste, despejado de nubes, que parecía fusionarse completamente con la eternidad de las aguas tranquilas. Nunca jamás podría volver a borrar esa imagen de su mente. Nunca, en lo que le quedase de vida.
Levy le tomó la mano, sobresaltándola por lo repentino de su contacto, y le sonrió, enternecida por tan evidente gesto por su parte. No necesitó palabras para comprender el motivo de su actitud, porque entendía, aunque no lo había vivido por ella misma, que debía de ser algo realmente fascinante la primera vez que se contemplaba el océano en toda su extensión. Como algo que no terminaría nunca. Tan maravilloso, tan incomprensible como el concepto de eternidad en sí mismo. Respiró el aire salado del ambiente, disfrutando de la sensación de haber vuelto a casa, y le tironeó un poco del brazo para indicarle que debía seguir avanzando. Natsu, Happy y Gray, que habían permanecido detrás observándolas, pronto le siguieron el paso.
La colina parecía no tener fin mientras la recorrían, desviándose ligeramente hacia la izquierda, para no atravesar ninguna de las ciudades, ya que ni les gustaba ser vistos ni les gustaba causarles problemas a los inquilinos. Era cierto que de vez en cuando tenían que deslizarse hacia Magnolia para buscar víveres, pero solían hacerlo los miembros menos conocidos por las tropas del reino, y pasearse con Natsu y Gray podía resultar poco más que imprudente en esos momentos. Sobre todo después del revuelo que habían armado en la aldea cercana al bosque de Lucy, sumado al incidente de los ancianos. Seguramente aún les estaban buscando, de modo que podían sentirse de lo más afortunados por haber conseguido esquivarles, aunque, como había manifestado el mago de fuego repetidas veces, nada le habría apetecido más que tenerles delante para reventarles el trasero a patadas.
El cambio de ambiente había mejorado, sin lugar a dudas, el humor de todos, cansados ya de tanta pradera húmeda, solitaria e idéntica, se mirase por donde se mirase. La expectativa de caminar al abrigo de los árboles, con el mar de fondo y el sonido de las gaviotas, era, desde luego, muchísimo más apetecible. Gray y Natsu volvieron pronto a sus estúpidas peleas habituales, mientras que Happy se empeñó en recuperar el tiempo perdido en meterse con Lucy en esas últimas horas de viaje. La situación le sacó más de una sonrisa, acompañadas de sonoras carcajadas, a Levy, que disfrutaba enormemente del contraste entre todos mientras continuaba de la mano de su nueva amiga.
Ni siquiera se detuvieron para comer, ansiosos como estaban de ingresar al fin en la foresta para perderse de vista del resto de personas del mundo, que no se atreverían a pasar de allí, ya que se habían encargado de hacer correr otro tipo de rumores, más peligrosos e inquietantes, desde hacía ya muchos años. Sólo los habitantes de Magnolia sabían que no eran ciertos, pero tampoco ponían demasiado empeño en intentar atravesar los límites del bosque. Aceleraron el paso cuando vieron el linde cercano, siguiendo el camino del río, agradeciendo el consuelo de la caricia de las sombras que marcaban las ramas de los árboles en el suelo con un gemido de alivio. No fue hasta ese momento, hasta que hubieron pasado las primeras hileras, cuando se dieron el lujo de hacer una pequeña pausa para beber agua. Las provisiones que les habían dado los ancianos pronto se terminarían, por lo que decidieron que era mejor consumirlas en ese momento, ya que al llegar al núcleo del grupo no serían necesarias.
Después de varios minutos de descanso volvieron a reanudar la marcha, optando por ir comiendo mientras caminaban, ya que necesitaban atravesar las defensas de Makarov antes de que se escondiese el sol, para lo que ya no restaban demasiadas horas. Esta vez fueron Natsu y Happy los que se encargaron de guiar a Lucy hacia los más pequeños rincones del bosque para mostrarle las cosas más estúpidas e increíblemente tontas que la muchacha hubiese visto nunca a lo largo de su vida. Pero le dio igual. Le encantó que sus amigos volviesen a volcarse en ella como lo habían hecho al salir del aislamiento en el que había pasado toda su vida, sin expresiones de fastidio y sin rezongues, intentando familiarizarla con la cara sombría de los árboles para orientarse hacia el norte o los que daban mejores frutos. Levy y Gray les dejaban hacer, con una sonrisa relajada esbozada en los labios. La tranquilidad ante la cercanía del hogar les hacía optimistas.
—Creo que Lu encajará muy bien aquí —comentó la pequeña maga, observando cómo los otros dos la mareaban completamente a una ligera distancia. Gray ni siquiera se movió; siguió caminando con la mirada fija en el frente, aunque Levy sabía que le estaba escuchando—. Es divertida, inteligente y posee un gran corazón. Y si su madre era maga tiene grandes posibilidades de serlo ella también.
—Sí. El problema es que si no ha usado nunca sus poderes va a ser complicado dar con la tecla.
—Eso es cierto. —Suspiró, algo apenada—. Pero tampoco es imposible. Y nosotros estaremos para apoyarle en todo momento —continuó, más animada—. Además, con lo lista que es, seguro que no tarda demasiado.
—A veces no tiene mucho que ver con la inteligencia y lo sabes, Levy. ¿Cuánto tardaste tú en darte cuenta de que podías crear cosas sólidas de la nada cuando te trajeron aquí?
—Dos semanas.
Gray gruñó, perplejo, porque ni había esperado la respuesta ni le servía, evidentemente, como ejemplo. Aunque bueno, no sabía de qué se sorprendía. Por todos era conocido que McGarden tenía un cerebro privilegiado donde los hubiese. Eso echaba por teoría cualquier idea que pudiese haber tenido, arrancándole una carcajada a Levy por la expresión de su rostro en esos momentos.
—Vale, pero no todos tienen ni tu cabeza ni en todos se aplica lo mismo. Natsu siempre ha dicho que lo suyo era innato.
—Natsu tiene una especie de inteligencia super desarrollada para el combate. Cosa que podría aplicar a su vida diaria, por cierto —suspiró pesadamente—. Porque a veces parece que sólo tiene la mente para comer y pelear.
—En realidad, y no se te ocurra comentarle esto porque dejaré de hablarte de por vida, es menos tonto de lo que parece. —Levy esbozó una risilla traviesa, pero decidió que lo mejor sería hacerle caso.
—¿A qué te refieres?
—¿No crees que fue raro que Natsu no pusiese ninguna pega para escondernos el otro día? Simplemente se dejó llevar por el grupo porque, dentro de lo que cabía, era lo más lógico. Y dime, ¿desde cuándo ese cabeza caliente de cerilla piensa en la cosa más lógica antes que dar un puñetazo?
—… Tienes razón. En ese momento me pareció extraño pero no le di demasiadas vueltas porque la situación me sobrepasaba.
—Precisamente. Y es porque se dio cuenta de que si realmente alguien nos había seguido y nos pillaba, como fuese muy poderoso entre él y yo solos quizás no podríamos hacerles frente. Porque Happy y Lucy no saben pelear, además de que tu magia no siempre es ofensiva.
—Pero eso refuta mi teoría de que sólo es listo en lo que se refiere a estrategia de combate. —La respuesta hizo que Gray bufase, dirigiendo la mirada hacia la derecha. —No refunfuñes, anda —continuó, divertida—. Pero es cierto que nos puso por delante de la idea de enfrentarse a alguien, formase parte de su estrategia o no —dijo, frunciendo levemente el ceño.
—A nosotros no —añadió misteriosamente Gray—. A ella. —Alzó la cabeza para señalar a Lucy, que en ese momento se encontraba agachada pasando los dedos suavemente por una corteza llena de musgo.
El desconcierto de Levy no fue tan grande como hubiese cabido a esperar, pero miró a Gray con la comprensión bailándole en los ojos. En realidad, no era sorprendente para ninguno de ellos. Ya lo habían hablado mientras Lucy y Natsu hacían las paces pocas noches atrás en el tiempo, antes de encontrarse de frente con el horror de la muerte; probablemente la rubia era la primera persona a la que Natsu se había acercado tantísimo voluntariamente desde la desaparición de Lisanna. Era normal que quisiese protegerla para que no sucediese lo mismo otra vez. La fragilidad de Natsu era algo que no todos podían percibir, pero para los que pasaban más tiempo con él, para los que le habían visto encogerse junto a la improvisada lápida de la chica contra su propio cuerpo, desazonado y solo, sabían que el interior del alma del joven era mucho más precario de lo que parecía. Al menos con respecto a ese tema. Abandonado por su padre, sin madre, con la bufanda que llevaba al cuello como única compañía, Lisanna se había acercado a él nada más aparecer en el gremio y le había ayudado a integrarse con los demás —aunque probablemente no le habría hecho falta porque Natsu sabía ganarse el reconocimiento de todos—. Lisanna había sido su primera amiga en el mundo, y un día, simplemente, se había ido.
El recuerdo de la muchacha seguía escociendo a todos, porque había sido muy querida por cada integrante del grupo, aunque para nadie peor que para sus hermanos. Levy estaba segura de que la presencia de Lucy suavizaría un poco las cosas, como lo había hecho con Natsu, porque la muchacha tenía algunos gestos similares a ella. Al menos debían tener la misma edad, una complexión parecida y las mismas energías para estar soportando el inacabable entusiasmo del mago de fuego constantemente.
La joven de pelo azul soltó una ligera carcajada al ver cómo Natsu tiraba de la mano de Lucy para llevarla de nuevo al camino con una sonrisa en los labios, reconociendo el entusiasmo de quien trae a alguien querido a su hogar. Desvió la mirada hacia los frondosos árboles, altos, esbeltos, robustos, bajos y nudosos, o espigados cuales lanzas, y acarició el lomo de alguno de ellos. Aquel lugar había sido su hogar desde que había conseguido escapar de las garras del Ejército Real. Ella también amaba cada rincón de ese bosque como pocas cosas en el mundo, y en pocos sitios se sentía tan a gusto como en su cabaña, aunque estuviese en la mejor cama del mundo. Cada rincón guardaba hermosos y valiosos recuerdos que permanecerían allí por el resto de la eternidad, como el olor a hierba, a humedad y a tronco viejo. Respiró profundamente, llenando sus pulmones con el aire que les rodeaba, notando la felicidad de sentirse en casa.
Fue la mano de Gray sobre su cabeza, acariciándole suavemente los cabellos, la que le trajo de vuelta de sus propias elucubraciones. Al alzar el rostro hacia él vio que le sonreía, y Levy le devolvió la mueca. Todos eran hermanos en aquel lugar. Todos sentían lo mismo, reían por lo mismo, lloraban por lo mismo, y cada persona era irremplazable. Siempre lo sería. Tuviesen más contacto o menos, fuesen más amigos o menos, todos eran uno solo. En eso se basaba su fuerza, cimentaba su espíritu inquebrantable y les daba fuerzas para seguir luchando. No sólo para acabar con la injusticia reinante en Fiore, sino para proteger al que estaba al lado. Porque todos eran amados en ese lugar. Hasta el más solitario de ellos.
Cuando Gray se cercioró de que los ojos de Levy volvían a observar este mundo, no el de su subconsciente, apartó los dedos de su pelo. La muchacha había tenido siempre facilidad para abstraerse, probablemente por todo lo que había vivido. Esa idea hizo que un escalofrío le recorriese la espalda, observando de ojo la frágil y menuda figura que caminaba felizmente a su lado, y de nuevo sintió náuseas y asco por el mundo en que vivían. Un reino en el que una niña era capturada, torturada y vejada simplemente por su naturaleza mágica no era un reino que mereciese seguir existiendo. Si por él fuera acabaría con el sistema hasta los cimientos para regenerarlo de nuevo, porque había traído demasiadas desgracias a todo lo que él conocía. Pero por suerte la presencia siempre firme de Erza le recordaba que no todos tenían la culpa de lo que sucedía. Que no podían destruir el modo de vida de un país entero sólo porque un rey hubiese sucumbido a la locura. Debía de arreglarse solo. Debía de guiarse solo. Y si tenía que cambiar y reestructurarse, lo haría solo.
—Gray, te estás desviando. —La voz de Levy le hizo darse cuenta de que sus pasos comenzaban a apartarse ligeramente de la senda que estaban siguiendo. Natsu, Lucy y Happy le miraban en la distancia, perplejos, aunque la muchacha era más bien porque no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo.
—Joder, casi la cago… —Levy se echó a reír, le tomó del brazo y le obligó a colocase tras ella.
—Si vas a estar distraído al menos aférrate a mi capa para no perderte. —Ese comentario le hizo enrojecer, sobre todo por la mirada maliciosa que Natsu le estaba dedicando, con promesas de 'pienso recordarte esto por toda la eternidad', pero él simplemente bufó y se dejó llevar.
Lucy parpadeó perpleja, aún observando a los que iban tras ellos, mientras Natsu le ponía la mano en la parte baja de la espalda para indicarle que continuase caminando. La rubia le miró en busca de explicaciones, y el mago de fuego adoptó una expresión que debía ser algo parecido a una súplica para que no le preguntase nada. Pero Lucy nunca había acallado sus inquietudes, salvo con su padre, que siempre se había mostrado frío y tajante con ella. De modo que frunció el ceño al ver que no decía nada antes de asaltarle.
—¿De qué iba todo eso? —El suspiro pesado, cansino de Natsu, le hizo estar más en sus trece—. ¿Por qué Gray no podía desviarse?
—Porque si no se habría perdido en el bosque y no habría podido encontrar la ruta hacia el gremio —explicó pacientemente Happy, que flotaba a su lado—. La zona donde está situado está protegida por un encantamiento que diseñó el maestro y hay que cumplir unos pasos muy concretos para poder llegar sin problemas.
—Entiendo. No abandonar este camino debe de ser una de ellas. —El gato asintió—. ¿Cuáles son las otras? —Se aproximó a su oreja para hablar de forma que sólo ella pudiese percibirlo.
—Hay que recorrerlo tres veces seguidas, porque es una especie de laberinto. Luego hay que girar a la izquierda y darse contra un árbol —farfulló contra su oído.
—¿Eh? —exclamó sin entender—. ¿Cómo que tres—? —Natsu le tapó la boca con las manos, haciéndole algo de daño, indicándole que no hablase tan alto. Pero Lucy pataleó hasta que la soltó—. ¿Pero qué haces?
—¡No chilles! Nunca se sabe quién está escuchando.
—¿De qué hablas? —Levy y Gray aceleraron el paso hasta donde estaba el trío, que se había detenido en su caminar. Entonces Lucy miró a su amiga y suplicante, habló—. Levy, no me entero de nada. ¿Quién va a estar espiando aquí? ¿Y cómo funciona esa cosa de llegar al sitio que estamos buscando? —La joven suspiró.
—Happy y Natsu no son los más adecuados para darte las indicaciones correctas.
—Desde luego que no —apuntilló Gray, ganándose una mirada asesina de Natsu, quien se acercó a él para empezar de nuevo con sus estúpidas peleas.
—Demasiado tranquilas hemos estado —farfullo Levy por lo bajo, antes de volverse hacia Lucy para empezar a explicarle lo que sucedía, todo en voz muy baja para que sólo ellas pudiesen percibirlo—. En general el bosque es seguro, pero nunca se sabe cómo ni qué tipo de espías puede mandar el rey, así que siempre evitamos hablar del patrón que hay que seguir. Cambia cada cierto tiempo, por lo que hay que aprenderse el camino de nuevo muchas veces. Es algo pesado, pero acostumbrarás. —Lucy asintió, dándole permiso para que continuase—. Desde que nos adentramos en la foresta hemos estado en un laberinto mágico. No tiene salida, salvo el sitio al que vamos, y si no conoces el patrón, podrías perderte eternamente aquí. —Sonrió entre dientes—. A Natsu una vez le pasó y tuvimos que salir a buscarle—. Las dos chicas se mordieron el labio para no reír. Entonces Levy usó algo de su magia para generar tanto un ruido grave como un ruido de baja frecuencia que aturdiese a oídos finos, como fue el caso de Natsu, que se cubrió las orejas con las manos y tuvo que avanzar bastante para no percibirlo tan intensamente—. Así que lo que hay que hacer es recorrer la misma senda tres veces, porque siempre nos mandará al mismo punto pasado un rato. Tres veces, sin detenerse mucho y sin cambiar un ápice. Luego, una vez que nos mande por tercera vez al punto de partida, debemos girar a la izquierda, que es el sentido contrario al que hemos seguido, y entonces aparecerá un gran roble con las hojas de un verde intenso. Una vez allí debemos atravesarlo, ya que es la puerta de entrada.
—¿Aunque sean caminos diferentes siempre hay que hacer lo mismo? —Levy asintió—. Es bastante ingenioso.
—Sí. Pero es cierto que estoy intentando que el maestro cambie eso también, porque nunca se sabe qué puede suceder y…
—¡Levy, corta ya, por favor! —suplicó Natsu en la distancia—. ¡Que no puedo soportarlo! —La joven sacó la lengua, chasqueó los dedos y todo se quedó de nuevo en calma. Se escuchó el suspiro del muchacho en la distancia, lo que las hizo reír—. No tiene gracia —farfulló, habiendo enrojecido hasta las orejas—. Es doloroso. No vuelvas a hacerlo.
—Si había alguien como tú por aquí, podría haberlo escuchado también.
Lucy no comprendió a qué se refería con eso de 'como tú'. Intuyó, de buenas a primeras, que debía de tratarse de alguien que hubiese nacido también con unos sentidos tan desarrollados como los suyos. Pero al contemplar la mirada significativa que se dedicaron el uno al otro, comprendió que entre ellos dos había una especie de complicidad, de secreto, que por algún motivo no podían compartir con ella. Ni con Gray, porque él también había enarcado una ceja al escuchar a Levy. La diferencia era que al mago de hielo eso no parecía importarle. Pero Lucy, por primera vez, sintió una punzada de celos atenazándole fuertemente por dentro. ¿Por qué ella, que era su supuesta mejor amiga, no podía saber eso de Natsu, y Levy, con quien, según sus propias palabras, "no tenía demasiado contacto salvo cuando les tocaba ir juntos de misión o algo parecido", podía conocerlo? Frunció los labios, pero dejó que sus pensamientos bullesen dentro de su cabeza, porque le daba vergüenza reconocer algo tan infantil delante de los demás. ¿Acaso no le había ella reprochado a Natsu que era un idiota por pensar que prefería a Levy antes que a él? Haber reclamado conocer ese secreto habría sido echar por tierra sus propias palabras, de modo que prefirió encerrar ese sentimiento consigo misma antes que exponerlo al público.
Pero no consiguió hacer desaparecer ese amargor en la boca durante mucho rato.
Continuaron caminando. Esta vez Lucy le dedicó especial atención al paisaje que les rodeaba para intentar reconocer la senda, pero lo cierto era que todos los árboles le parecían exactamente iguales; todos los matorrales, las piedras, los animales; y la desesperación la inundó ligeramente. ¿Cómo demonios iba a recordar por dónde tenía que ir si no era capaz de distinguir a los elementos propios del bosque? Suspiró pesadamente, desviando por primera vez la vista hacia sus propios pies. Estaba tan distraída compadeciéndose de sí misma y de su mala suerte que al principio no lo vio, pero tras parpadear un par de veces y frotarse los ojos, se dio cuenta de que no estaba frente a ninguna ilusión.
—Levy… —llamó a la chica, que continuaba regañando a Natsu, los dioses sabían esta vez por qué. El tono de su voz, entre asustado e intrigado, llamó la atención de todos—. Levy, ¿qué es esa línea que está en el suelo entre nuestros pies?
Los cuatro amigos se miraron, contemplando a Lucy con verdadera sorpresa en el rostro, como si no terminasen de creer lo que estaba diciendo. La muchacha se ruborizó hasta las orejas, sintiéndose algo estúpida porque a lo mejor se trataba de algo tan evidente que debía de haberlo visto desde un principio. «¡Pues lo siento!» pensó, avergonzada y enfadada al mismo tiempo, «no todos somos poderosos hechiceros acostumbrados a estas cosas.» Estuvo tentada de avanzar por su cuenta, desde luego, aunque la idea de perderse resultaba tan perturbadora que decidió que no era la mejor opción, precisamente. Fue lo único que la frenó en ese momento.
—Lu, ¿me estás diciendo que puedes verla? Es brillante, amarilla y se mueve en una dirección muy concreta… —Lucy parpadeó, pasando a encontrarse realmente perpleja.
—S-sí… Está ahí… —Señaló en la dirección correcta, y cuando los ojos de Levy se encontraron con los de Happy, Natsu y Gray, sonrió abiertamente, igual que el resto—. ¿Qué pasa?
—¿¡Lo ves!? —exclamó Levy, dirigiéndose a Gray—. ¡Te lo dije!
—Sí, sí, pero tampoco tiene mucho sentido, la verdad. ¿Cómo puede verla si aún no pertenece realmente a nuestra causa?
—Eso es cierto… —murmuró la muchachita, llevándose una mano a los labios.
—En realidad sí lo tiene —comentó Natsu, llevándose las manos tras la cabeza. Lucy empezaba a irritarse porque hablasen con tanto misterio sin hacer referencia ni a qué demonios era esa línea ni qué le había dicho Levy a Gray que Natsu también pudiese entender—. Resulta evidente que el viejo ya sabe que estamos aquí y la ha reconocido como una aliada. —Tanto Levy como Gray se sintieron realmente estúpidos por no haber sopesado esa realidad. El mago de fuego sólo alzó los hombros, como diciendo que no era culpa suya si no se habían percatado antes—. Así que démonos prisa.
—¿Podríais explicarme al menos qué está pasando, por favor? —cuestionó Lucy con un deje ligeramente enfadado—. Porque si me tenéis en la inopia durante más rato os juro que me pondré a patalear.
—Perdón, Lu. Tienes razón. Pero aún a riesgo de enfurecerte, me temo que será algo que tendremos que revelarte luego. —Miró de soslayo a Natsu—. Porque si vuelvo a usar lo mismo de antes, se volverá loco —rió—. Sin embargo, te garantizo que es algo sorprendente y muy bueno para ti. —Sonrió con orgullo—. Ya lo verás. ¡Ahora continuemos! El sol se ocultará pronto y aún tenemos que dar una vuelta más.
Entre dientes, Lucy accedió. Intentó poner de nuevo atención al paisaje sin demasiado éxito, porque el brillo de la línea le abstraía, le atraía de sobremanera, aunque no entendiese el por qué. Alzó el rostro un momento, intentando apartarse de su influjo. Fue entonces cuando se percató de que ninguno de los otros cuatro le estaba prestando más atención de la debida al entorno; sólo agachaba la cabeza de vez en cuando. Ya está. Ella repitió el gesto, percatándose de que era cierto que seguía una ruta muy concreta: todo recto hasta girar a la derecha. Siempre a la derecha. Más centrada en lo que estaban haciendo que antes, no le costó mucho percatarse de que era, en realidad, el patrón que les marcaba la dirección que debía seguir. Por eso Gray había estado a punto de desviarse: había estado saliendo de su radio de acción. Su simpleza le hizo maravillarse un poco, nuevamente, porque resultaba tan evidente que probablemente cualquiera que intentase entrar en el bosque no buscaría precisamente ese mecanismo.
Estuvieron trazando un semicírculo hasta que volvió a ser una recta que les dirigía infinitamente hacia el frente. Al desviar la mirada de nuevo, reconoció, esta vez sí, el tronco nudoso que le había llamado la atención al entrar, pues tenía algo de un rostro humano en las líneas de aquel pequeño saliente de madera. Un escalofrío y un oscuro pensamiento le hizo plantearse si no era un intruso que había quedado atrapado ahí eternamente por dirigirse hacia donde no debía. Se alejó de esas ideas, satisfecha consigo misma por haber descubierto el truco sin necesidad de que se lo explicasen; claro que era tan sencillo que hasta un niño podría haber dado con la solución, pero eso era algo que ella prefería eludir. También llegó a la conclusión, por las propias palabras de Natsu, que no podía verlo nadie a quien Makarov no considerase aliado. Pero aún así, ¿qué era lo que les había sorprendido tanto? ¿Ese hecho, simplemente? ¿O quizás había algo más que no alcanzaba a comprender?
«Algo muy bueno para mí…» pensó, dejando las manos rozar suavemente las flores de algunos arbustos que estaban a los lados de su paso. «Muy bueno para mí…» frunció el ceño, sin comprender aún.
Repasó lentamente cada conversación, cada gesto y cada movimiento. Cada expresión que había intercambiado con cada uno de los presentes en ese viaje, y por un momento se centró en la espalda de Gray, que estaba de nuevo desnuda porque había dejado caer a sus pies, sin darse cuenta, su camisa. Lucy, aún sonrojada por la vergüenza que eso le producía, se entretuvo en recogerla antes de continuar avanzando, pensando con cierta intriga que realmente no había hablado demasiado con él, a pesar de la conexión tan profunda que había experimentado la primera vez que le había visto. Seguía sin entender el cómo ni el por qué, pero lo cierto es que, aunque atenuada, continuaba ahí. La sensación de que podía contar con él para cualquier cosa. En cierto modo, le molestaba, porque quería sentir algo así sólo con Natsu, de momento. Gray era un extraño para ella y se encontraba siendo capaz de confiar en él sin reservas; igual que Natsu, pero él significaba mucho más. Alejó esas ideas de sus pensamientos, porque el joven moreno tampoco era culpable de lo que ella sintiese o dejase de sentir. Aún así, no le devolvió la ropa porque no le apetecía hablarle. Por el contrario, miró a Natsu, sintiendo que esbozaba una sonrisa al ver el pelo de la coronilla revuelto y erizado, como siempre. Apostaba a que nunca había cogido un peine en su vida; claro que, ¿para qué? Le había visto ponérselo de punta con el simple uso de su magia…
Su magia.
Magia…
«¡Magia!»
Todo encajó en su cabeza, de pronto, como un puzzle perfecto. Sonrió, temblorosa, pero no le comentó nada a nadie; demasiado excitada quizás, ante la idea. ¿Tendría ella magia latente en su interior y por eso habría podido ver la línea? Porque quizás, y sólo quizás, los humanos no podían percibirla; sólo los magos. Tuvo ganas de sollozar, también, porque podría resultarle útil a sus amigos. Natsu podría dejar de preocuparse en protegerla constantemente porque ella podría luchar por sí misma. Se encontró tan satisfecha que, a pesar de sus reticencias iniciales a hacerlo, se aproximó para devolverle a Gray sus prendas, provocando risas, insultos y bromas a su costa una vez más. Su sonrisa era tan brillante, no obstante, que se quedaron mirándola durante unos segundos, una vez estuvieron todos completamente vestidos.
—¿Sucede algo, Lu?
—No, nada. —Su rostro, por supuesto, decía otra cosa.
—Lucy es muy rara… —comentó Happy—. A lo mejor quiere ir al baño. —La chica enrojeció.
—¿¡De donde sacas a esa maldita conclusión!? —gritó, casi, alarmada.
—Hacéis tanto ruido que podríais atraer a toda la legión del reino sin ningún problema.
Una voz nueva sonó justo frente a ellos. Era femenina, ligeramente aguda y ligeramente repelente, con un cierto aire de soberbia. Happy se puso de pronto más nervioso de lo habitual, y salió volando hacia donde flotaba la figura de una gata blanca que les miraba con severidad en sus ojos castaños, cruzada de brazos. De no haber conocido antes a Lily, se habría sorprendido por encontrarse a otro exceed, pero lo que le cogió desprevenida fue la aparición de la criatura en sí. Levy saludó, entre disculpas, a la que parecía llamarse Charle —o eso era lo que podía escuchar de entre los ronroneos estúpidos de evidente enamoramiento de Happy—, quien sólo alzó el mentón, como si aquello no fuese suficiente.
—Vamos, vamos, Charle, no seas… —empezó a decir Gray.
—¿Que no sea qué? Por favor, si se os escucha casi desde el campamento. ¡Makarov ha tenido que pedir que inspeccionásemos la zona, y tenéis suerte de que no haya espías en este bosque! ¡Si no, les estaríais conduciendo directamente hacia nosotros, merluzos descerebrados!
—¡Charle, no digas esas cosas!
De detrás de un árbol surgió, como si se tratase de una dríade, el cuerpo delgado y blanquecino de una muchachita de rostro dulce. No debía sobrepasar los quince años, con una hermosa melena azulada, unos enormes ojos castaños y una voz aguda pero nada estridente, sino suave, casi tímida. Desde el primer momento Lucy sintió que despertaba en su interior una gran ternura. Natsu no tardó en lanzarse contra ella para abrazarle con fuerza, haciendo que la jovencita sonriese, avergonzada a la vez que contenta, por aquella espontánea muestra de afecto. La escena no hizo sino enternecer aún más el corazón de la rubia, que lo contempló todo con la misma risa que los demás en los labios. Salvo Charle, que intentaba mostrarse tan dura y serena como antes.
—Na-Natsu, yo también me alegro de verte.
—¡Has vuelto, Wendy, genial!
—¡Hola, Wendy! —saludó Happy alegremente desde las alturas. Ella le devolvió el gesto con alegría.
Levy y Gray también se acercaron. Lucy descubrió con cierta diversión que Levy era algo más bajita que la adolescente, a la que, probablemente, aún le quedaban varias etapas de crecimiento. Sin embargo eso no parecía acomplejar a la maga en absoluto. Al menos, de buenas a primeras. Entonces los ojos de Wendy se enfocaron en su persona, y sobreentendió que le habían hablado de ella en ese breve encuentro. Temiendo que tuviese reparo en conocer gente nueva, Lucy se aproximó un par de pasos mientras le tendía la mano con una sonrisa.
—Soy Lucy. Encantada. —Wendy le devolvió el gesto y el apretón.
—Yo soy Wendy, encantada yo también. Espero que hayáis tenido un buen viaje —comentó, antes de girarse a los otros tres—, pero está anocheciendo y como tardabais más de la cuenta Makarov nos ha enviado para que os llevemos cuanto antes frente a él. ¡Así que vamos!
La comitiva apresuró un poco el paso durante los siguientes minutos, pues parecía que el tiempo marchaba en su contra. Ciertamente no se habían percatado de que el color del sol era ahora rojizo, al igual que el cielo que le rodeaba. El ocaso andaba realmente cercano y con la caída de la luz, la línea que les indicaba el camino desaparecería por completo hasta la mañana siguiente —era lo que le había sucedido a Natsu en su momento, al parecer—.
Wendy y ella no se dirigieron demasiadas frases durante el trayecto, pero a la mayor no le importó demasiado, pues había adivinado en el rubor que coloreaba sus mejillas que entablar conversación con desconocidos era algo que, ciertamente, tenía escasa facilidad. Por ese motivo no pudo evitar preguntarse qué hacía alguien como ella, de apariencia tan frágil, tan dulce, en un grupo así. El resto de sus acompañantes parecían tener siempre un ojo sobre ella, además de la propia Charle, y probablemente la cuidaban y la protegían en los momentos más duros. Pero aún así, ¿qué le había motivado a estar allí?
«¿Y a mí? ¿Qué me impulsa? ¿Los sentimientos nobles? ¿El encontrar a mi padre? ¿Que no tengo otra meta a seguir?»
Sus ojos se desviaron inconscientemente hacia Natsu y Happy, que no se habían apartado ni un segundo de Wendy y Charle desde su aparición. El rubor la coloreó a ella, entonces, algo agitada sin saber por qué. ¿Acaso era por ellos por lo que estaba haciendo ese viaje? ¿Por estar en su compañía el máximo tiempo posible? Porque, aunque fuese maga, ¿quién le podía asegurar que sus poderes iban a poder servir realmente para algo? ¿Quedaría relegada a permanecer encerrada en ese bosque el resto de su vida, sin poder ir y venir con sus amigos? ¿Sin poder ver mundo, como él le había prometido? ¿Y si al final tenía que marcharse a otro lugar, esconderse en un sitio sin nombre y permanecer allí, con los recuerdos borrados y el vacío que antes habían ocupado ellos dos? El que había ocupado Natsu. De pronto se sintió abrumada por el dolor, por la idea de marcharse de su lado y no poder volver a verle nunca más. Ni a él ni a Happy, ni a Gray, ni a Levy. La idea se le hizo insoportable en un momento, y al mismo tiempo se tuvo rabia, porque no podía ser que fuese alguien tan egoísta como para hacer un viaje tan largo y sufrir penalidades simplemente por estar en compañía de alguien, por mucho que fuese querido.
No, sin lugar a dudas, sus metas eran otras, mientras recorría esa línea dorada. Ella no estaba allí sólo por Natsu. No era capaz de esclarecer, en ese momento, por qué había aceptado embarcarse en esa aventura, pero sabía que había algo más detrás. Algo más noble y, al mismo tiempo, místico. La imagen de Jellal se le apareció ante los ojos como una ilusión. Cuando volviese a verle, hablaría largo y tendido con él. Quizás pudiese iluminarle al respecto.
Tan absorta había estado en sus divagaciones durante los últimos minutos que no había prestado atención a nada más. Sólo había seguido el murmullo de los pasos de sus compañeros y el reflejo oscuro de sus capas. Por eso cuando se detuvieron no pudo preverlo, provocando una breve colisión contra la espalda de Gray, quien se giró rápidamente para evitar que cayese al suelo de bruces.
—Cuidado. Ya nos habíamos detenido.
—Lo siento —murmuró ella, frotándose la nariz mientras la fuerza del joven la impulsaba a ponerse de nuevo de pie. Gray sonrió, enarcando una ceja en el proceso—. Estaba distraída.
—Es habitual verte distraída, desde luego.
Lucy hinchó los carrillos, algo ofendida, y él rió. Odiaba sentirse tan cómoda a su lado sin motivo aparente. Por fortuna los ojos de Natsu le rescataron pronto de esa sensación, quien le miraba divertido junto a Happy.
—Lucy es raaaara —dijo el gato—. Iría pensando en comer cientos de toneladas de comida.
—¡Cierra la boca! —farfulló. Entonces centró la mirada en el enorme, no, el gigantesco árbol frente el que se habían parado, sintiéndose sobrecogida como pocas veces en su vida—. Increíble…
Se trataba de un enorme roble, tremendamente anciano, como dejaban ver sus inmensas ramas y su monumental envergadura. Lucy no recordaba haber visto uno tan grande en los días de su vida, y se había pasado la gran mayoría de ellos rodeada de bosque. Sus hojas habían empezado a colorearse de tonos ocre, bailarinas que danzaban con el viento, provocando suaves melodías que los envolvían a todos, junto con su olor. Sin embargo, lo que más le llamó la atención era la figura de una muchacha, probablemente también adolescente, que les observaba desde las alturas. Su larga melena era rubia y sus grandes ojos verdes. Iba descalza, vestida de rosa, con dos pequeñas ¿alas blancas a cada lado de la cabeza? Parpadeó un par de veces para asegurarse que no era una ilusión, pero ella continuaba allí, con una hermosa sonrisa esbozada en el rostro.
No sabía quién era, pero su mirada le pareció muy profunda, para nada vacía de pensamientos o sabiduría; incluso desde donde estaba podía percibirlo. La boca se le secó ampliamente, puesto que cuanto más la contemplaba, más perdida, más sobrecogida se sentía. Y cuando fue a hablar, a preguntarles a los otros de quién se trataba, uno de los dedos blancos de la misteriosa chica se posó sobre sus labios rosados, indicándole que guardase silencio. Ignorando qué fuerza le empujaba a obedecerla, calló.
—¿Lu? —la voz de Levy la guió de nuevo hacia el suelo, y batió las pestañas, como si acabase de salir de un sueño.
—¿Qué?
—¿Estás bien? —Alzó la mirada de nuevo. La jovencita había desaparecido.
—Sí —dijo con voz ausente antes de reafirmarla—. Sí, no te preocupes —giró el rostro hacia ella—. Sólo estaba contemplando el árbol. Es increíble.
—Lo es —respondió, algo más tranquila—. Todos pensamos lo mismo cuando lo vemos por primera vez. —Le cogió de la mano suavemente, intuyendo que podía encontrarse nerviosa. Sin embargo, el breve encuentro del que había sido única testigo había tranquilizado su alma a tales niveles que sólo sentía paz. A pesar de todo, entrelazó sus dedos suavemente con los de su amiga—. Ahora respira hondo. Pronto habrás llegado con nosotros a casa.
N/A: Apuesto a que os pensabais que me había olvidado de vosotros. ¡Pues no! Con mucho retraso... ¡FELIZ AÑO NUEVO! Espero que a todos os haya comenzado bonito y bien, porque no os merecéis otra cosa ^^ Por mi parte de momento ando maravillosamente; desde hace tres meses tengo un contrato que, por desgracia, revocará el 30 de abril, pero de momento os congratulará saber que estoy trabajando de auxiliar en la Biblioteca Pública de mi ciudad, por lo que ando infinitamente contenta. ¡Mi primer trabajo!~
Por otro lado, las excusas de la tardanza sobran, como siempre, pero me alegrará recibir a todo aquel que quiera seguir conmigo esta pequeña aventura, que en esta ocasión se ha manifestado en un capítulo de 12 páginas y 6975 palabras. Sé que el final puede parecer abrupto, pero he decidido dejarlo ahí para empezar en el siguiente ya con una visión completa y total de nuestro amado gremio.
Por otro lado, os notifico que en el capítulo 2 he hecho un pequeño cambio. Ahí decía que el rey llevaba 25 años corrupto, y lo he cambiado a 22, que es la edad que tiene Jellal en esta historia, si de momento no me he contradicho nunca xD Lucy y Natsu tiene unos 20. También aquí os dejo la habitual cronología para que ni yo, ni vosotros, nos sintamos perdidos.
¡Un beso y nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Como siempre, gracias por leer!
27 de Agosto - Natsu, Happy y Lucy se conocen.
27 de Septiembre - Las fuerzas de Siglein atacan el castillo donde vive Lucy. Lucy se escapa. Jellal la encuentra.
28 de Septiembre - Jellal deja a Lucy con Natsu y Happy.
29 de Septiembre - Jellal tiene un encuentro con el holograma de Siglein en el castillo en el que vivía Lucy.
30 de Septiembre - Ultear ataca a Natsu para intentar probar su fuerza.
2 de Octubre - Natsu y Lucy llegan al pueblo donde se encuentra Levy. Tienen que salir huyendo precipitadamente.
9 de Octubre - Jellal se encuentra con Erza. Natsu, Lucy, Levy y Happy se encuentran con Gray. Minerva aparece.
10 de Octubre - El grupo se pone en marcha tras enterrar a los ancianos.
12 de Octubre - Llegada al bosque. Aparecen Wendy y Charle.
