NOTA: Este capítulo sólo hará referencia al pasado.
Capítulo 10: La noche en que la fantasía terminaDurante el mes de ensayo Terry había estado muy animado, sus compañeros notaban el cambio; la felicidad del castaño se debía a que pronto presentaría a Candy como su esposa y la madre de sus hijos. Además el rumor sobre la relación que tenía con Eleanor Baker también sería aclarado.
Por suerte el estreno sería el mismo día que Candy cumpliera los 18 años. Estaba concentrado en eso que no notó que Susana lo acechaba, desde la prueba notaba a la rubia muy melosa, por Karen se había enterado que ella y Bryan habían terminado, la castaña también le advirtió que se cuidara de las trampas de esa mosca muerta. Una semana antes del estreno, mientras Terry ensayaba solo, Susana apareció.
Terry... – lo llamó – yo... quiero decirte algo...
Terrence – contesto el chico.
¿¡Qué!? – la rubia estaba temerosa por la mirada fría que le enviaba el castaño.
Mi nombre es Terrence, solo mis amigos me llaman Terry – se volteo con la intención de irse.
¡Me gustas! – escuchó y se detuvo, dando media vuelta para mirar a la ojiazul.
Tú a mí no – expresó simplemente. A Susana se le descompuso la cara, nunca había recibido una negativa.
¿Es por Karen? – todos los empleados los habían visto juntos y se rumoraba una relación amorosa.
Ella es mi amiga... – de nuevo intento marcharse.
¿Es por Candice? – no estaba dispuesta a rendirse.
¿Qué sabes de Candy? – un pinchazo en el estomago fue lo que sitió la rubia al escuchar la ternura con la que pronunció el diminutivo de su "rival".
Sé que ella te busca... – se acercó coquetamente – es una admiradora muy insistente – estaba cerca de su boca.
¿Así que una admiradora? – tomo su barbilla y Susana pensó que la besaría, cerró sus ojos - ¡Ella es más que eso! – le murmuró cerca del oído, la chica solo abrió los ojos sorprendida, Terry se alejo dejándola sola con una sensación de humillación.
Elisa Legan se había enterado del estreno de Romeo y Julieta y la participación que Terry tendría en ella, convenció a su madre y hermano para viajar a Nueva York, también deseaba que la tía abuela Elroy los acompañara, pero la anciana se encontraba de muy mal humor desde hacía algunos meses.
Durante tres días visitó el teatro llevando flores a Terry, pero éste nunca la recibía, Elisa regresaba furiosa al hotel.
El capricho por Terry cada día era más grande y no sólo porque en verdad sentía que lo amaba, sino también porque ahora que lo sabía soltero debía quedarse con él y probarle a todos que ella era mejor que Candy. Aún no olvidaba su venganza.
Albert, al principio, se quedaba en casa y cuidaba de sus sobrinos, los pequeñines lo llamaba tío, pero pronto comenzó a sentirse como una carga y decidió buscar un trabajo de medio tiempo en las mañanas, así, él regresaría cuando Candy tuviera que irse al hospital y Terry jugaría con sus hijos por las noches. Consiguió uno en la cafetería que estaba enfrente del edificio donde vivían.
Cuando Doria y Archie se enteraron de lo sucedido con Albert visitaron Nueva York inmediatamente y al cerciorarse de que el estado del rubio no era tan grave decidieron disfrutar de unas vacaciones y quedarse para el estreno de la obra donde Terry obtuvo el protagónico.
Kei Kun y Zwei cada día sorprendían a sus padres, en especial a Candy, quien, antes del estreno le dijo a Terry que deseaba llevarlos al hogar de Pony, el castaño también quería ir, pero los ensayos se lo impedían y Albert tampoco la pudo acompañar. No hicieron ese viaje inmediatamente porque el doctor Wisemel les había dicho que los niños no estaban en condiciones de viajar, pero ahora que tenían casi un año y medio, podían ir a visitar a las madres de Candy.
Candy había mandado un telegrama a Tom para que la recogiera y darles una sorpresa a la señorita Pony y a la hermana María.
Tom los estaba esperando en la estación, Candy sonrió al bajar del tren y ver a su hermano. Kei Kun dormía en sus brazos mientras Zwei caminaba tomado del vestido de su madre.
¡Candy, te ves muy bien! – exclamó Tom, la rubia era una hermosa mujer, el embarazo había definido su cuerpo de una manera espectacular.
Gracias, Tom – Zwei se escondió atrás de su madre, a diferencia de Kei Kun, al rubio no le gustaban los desconocidos – Zwei, no tengas miedo, él es Tom, ¿recuerdas que te hable del hogar de Pony? – el niño asintió tímidamente, Tom se agacho y le tendió la mano.
Mucho gusto Zwei, mi nombre es Tom Stevenson – el ojiverde sonrió y dejo su escondite.
Zi Ganchestir – Candy y Terry siempre reían cuando su hijo se presentaba.
Vayamos al hogar, Candy – el chico tomo la maleta de la pecosa y la ayudo a abordar la carreta – Debes estar ansiosa.
¡Sí! – grito emocionada y Kei Kun despertó.
El hogar de Pony, no importaba cuantas veces lo dejara, ella siempre regresaría porque ese lugar le devolvía las fuerzas, había hecho el viaje porque dentro de unos días sería presentada como la esposa de una gran promesa en el teatro, Terrence Granchester, y eso la tenía un poco angustiada, presentía algo que la incomodaba.
En el camino, Tom le platico las cosas más relevantes, ella correspondió poniendo al tanto de los sucesos más importantes de su vida a su amigo.
Llegamos – los niños parecieron extrañarse al ver la casa, Kei Kun estiro los brazos para que Tom lo cargará, al pequeño castaño le encantaba la atención, la herencia de Terry decía Eleanor. Zwei bajo con la ayuda de su madre, él odiaba estar en brazos de las personas, pero, al igual que su hermano, estiro los brazos para que Candy lo cargará porque un enorme perro lo asustó.
¿Y este perro? – preguntó Candy.
Es Mina... – Tom bajo la maleta - Hace tiempo un señor visitó el hogar para auspiciarlo, el año pasado murió y la condición para recibir la mensualidad era que Pony conservará a Mina.
¿Eso quiere decir que están estables económicamente? – preguntó entusiasmada la rubia.
Más o menos... – Tom camino sin darle más explicaciones a la chica.
Señorita Pony, hermana María – llamó Tom.
¿Candy? – la amable anciana fue la primera en aparecer, llenando su rostro de lagrimas al ver a la joven madre y a los pequeños gemelos.
La hermana María y lo demás niños también felicitaron a la rubia, por la noche todos fueron al rancho Stevenson para una cena que Steve daría a Candy, se entristecieron al saber que no se quedaría para su cumpleaños, pero igual se divirtieron mucho, Kei Kun se divertía con los pequeños, mientras Zwei seguía a su madre y solo se le acercaba a Tom. Pasada la media noche, la señorita Pony, la hermana María y los huérfanos regresaron a su casa, Candy se quedaría con Tom. Cuando la rubia pensó que todos dormían, salió de su habitación, revisando antes a sus hijos, estaban bien. Tom quien se había acostumbrado a levantarse temprano y dormir muy tarde, estaba recogiendo las cosas de la cena.
¡Candy! – la llamo cuando la vio pasar por el comedor.
¿¡Tom!? ¡qué susto! – Candy se tocaba el pecho, el chico sólo rió.
¿Qué haces despierta? ¿Necesitas algo?
Yo... no... nada – la chica dudaba, no esperaba ser descubierta.
¿Candy? – Tom la miro fijamente, algo le preocupaba a la rubia – Ven... – le extendió la mano.
Después de un rato llegaron a una colina, no como la de Pony, pero aún así se había convertido en el lugar preferido de Tom, la luna se veía en todo su esplendor.
¿Aún trepas? – cuestionó tocando un árbol.
Hace mucho que no lo hago... – ella también lo toco, añorando Tarzán pecosa hizo un mohín al recordar el mote.
Vamos – como cuando eran niños ambos comenzaron a escalar el árbol con gran agilidad.
Ser madre es una actividad para la que se necesita agilidad – le dijo a su amigo al ver su cara de sorpresa por haber llegado primero. Por un par de horas estuvieron hablando de sus anécdotas y recordando a Annie, la rubia no creyó conveniente contarle lo de la chica pelinegra y cuando le pregunto si la había vuelto a ver, le contestó que ella vivía en Francia, pero la realidad distaba mucho...
¿Qué pasa, Candy? – preguntó de pronto Tom, rompiendo el silencio en el que se habían mantenido.
... – suspiro largo - ¿por qué crees que pasa algo? – contestó sin mirarlo.
Tal vez a Pony o incluso a tu esposo les puedas ocultar la verdad, pero no a mí... ¿ya olvidaste que fui yo quien te encontró? – la pecosa negó con la cabeza.
Tengo miedo... – él la miro – tengo miedo... Terry pronto me presentará como su esposa ante la sociedad y...
¿Y?
Cuando voy a los estrenos siempre lo veo rodeado de admiradoras, mujeres hermosas que le ofrecen sus favores y siento muchos celos, pero también me siento común... muy común.
¿Común? – Tom limpio las lágrimas de la rubia – Hay algo más, ¿verdad?
Sí... – dudó – me... siento... fuera de... su... mundo.
¿Y no es la razón por la que él planea darte tu lugar?
Supongo que sí...
Candy se preguntaba si de verdad esa era la razón, sentía que algo malo pasaría después de la presentación... Sin embargo, hablar con Tom la animó un poco. Regresaron al rancho.
Dos días después, la rubia y los mellizos eran despedidos por todos los que querían a Candy, llegarían a Nueva York una noche antes del estreno, solo para enterarse de algo grave...
Bryan O'Connor hacía mucho que había sido olvidado por la prensa, aún así, Susana obtuvo el papel de Julieta y eso lo tenía muy celoso porque, según los rumores, esa chica se ofrecía a quien fuera con tal de obtener el protagónico.
Pero no le reclamaría a Terrence, ya había conocido sus golpes y no volvería a arriesgarse, pero sí podía arreglar eso con su "novia".
Hola princesa – la saludo.
¿Bryan?
¿Se puede saber para qué quieres esa maleta? – se acercó y ella tembló.
Voy a regresar con mi madre – lo miro fijamente.
¿Con tu madre o te mudaras con Granchester? – su mirada era fría.
Estas borracho – se cubrió la nariz.
Sólo unas copas... ¿recuerdas nuestras celebraciones? – acarició su mejilla ella sintió asco.
No me toques...
Antes no decías eso – Bryan era violento cuando estaba borracho y no era obedecido, pero esa noche Susana lo olvido y de nuevo tomo su maleta, como respuesta recibió una bofetada que la tumbo sobre el piso, la mira del chico pelinegro era amenazadora, la ojiazul estaba aterrada. En los labios de Bryan se dibujo una sonrisa y comenzó a poseer a "su" chica, ella se defendía, pero era más débil y pequeña.
Cuando Bryan se tendió rendido sobre la cama las lágrimas de Susana salieron, se vistió rápidamente y se dirigió a un lugar, gracias a sus encantos había convenido al conserje para que la dejara entrar a al oficina de Robert.
Terry extrañaba mucho a Candy, pero por las noches se entretenía jugando cartas con Albert y Archie. Los tres caballeros contaban anécdotas y el rubio trataba de recordar, pero el resultado no era nada complaciente.
Dos noches antes del estreno mientras los chicos se divertían preparando la comida, unos toquidos en la puerta se escucharon. El dueño del departamento atendió.
¡Susana! – exclamo sorprendido, la chica rubia estaba muy golpeada y también cojeaba – ¿qué te paso? – la tomo en brazos y la depositó en el sofá.
¿Qué pasa Granchester? – se asomó Archie - ¿quién es ella?
Es una compañera del teatro, esta herida – Albert se acercó y limpió la sangre de la ojiazul, ella miraba a los caballeros, su ego se incrementaba al saberse atendida por tres guapos chicos.
¿Estas bien? – preguntó Terry.
Terry... fue... Bryan – ella se lanzó a sus brazos, Archie y Albert endurecieron sus gestos.
¿Bryan?
Sí, le dije que no quería nada más, pero se molesto y me... – lloro más, Archie no tolero más la escena y clareo su garganta.
Perdóname – dijo Susana limpiando sus lágrimas.
¿No tenías otro lugar a donde ir? – Terry se alejó.
Yo quería... verte – se sonrojó, el castaño la miro molesto.
Te llevaré a tu casa... – de nuevo la tomo en brazos.
¡NO! Bryan podría buscarme ahí...
Llevémosla a la policía... – Archie estaba muy enojado, la chica no le agradaba.
Archie tiene razón... – secundó Albert, la rubia los miro molesta. Terry la dejo en el asiento delantero, Archie y Albert los acompañaron.
En la comisaría, Susana le contó los hechos a un oficial. Dos horas después los oficiales regresaban con Bryan O'Connor. Susana estaba satisfecha, se había deshecho de su "novio" y hecho la primera visita, de muchas se decía, al departamento de Terry. Sin embargo, los golpes no le permitirían participar en la obra y la odiosa de Karen la remplazaría.
Al salir de la comisaría, Archie le dijo a Terry y a Albert que regresaría caminado a su hotel, los Legan ocupaban la mansión de Nueva York y había acordado con Doria quedarse en un hotel para evitar confrontaciones absurdas.
En el camino, Archie se debatía en un monólogo interno, la presencia de Doria lo tenía algo inquieto, no se explicaba si era porque a su lado se sentía tranquilo, en paz... o porque ella le atraía. Al principio se convenció a sí mismo para evitar cualquier clase de contacto amoroso con la pelirroja, su corazón aún sentía "algo" por Candy y no quería cometer el mismo error que con Annie, pero el evento de esa noche lo tenía confuso, ¿por qué le había molestado tanto ver a Terry abrazando a otra mujer? ¿acaso su corazón ya solo sentía cariño fraternal por Candy? ¿sus pensamientos, ahora, le pertenecían a Doria? Necesitaba un señal y así se lo pidió a una estrella fugaz... al terminar esa noche comprendería la frase "ten cuidado con lo que deseas... podría volverse realidad"
¡Archie! – una dulce voz lo saco de sus pensamientos.
Terry y Albert llegaron al departamento, el rubio permaneció callado en todo el transcurso, algo que incomodo a Terry.
Albert... – lo llamo antes de que entrara a su habitación - ¿sucede algo? – el rubio lo miro sobre su hombro.
Dímelo tú, Terry – contestó tranquilamente.
¿Susana? – el ojiazul tomo asiento enfrente del castaño – Ella es una compañera del teatro.
Eso ya lo dijiste... quiero saber por qué vino al departamento... – se detuvo – estoy consiente de que yo soy tu invitado, pero quiero mucho a Candy y no me parece correcto que te hable y abrace de esa forma tan cariñosa – Terry no dijo nada inmediatamente, Albert tenía razón, debía parar a la chica rubia antes de que lo metiera en un problema con Candy.
Yo... no sé qué le pasa a Susana, siempre le he dado negativas, pero parece que no las entiende...
Terry... no es mi intención reprocharte nada, pero si esa chica insiste, Candy saldrá lastimada... aún si tú la rechazas.
Terry y Albert no se dijeron nada más, el castaño decidió esperar hasta la noche del estreno para que Susana se diera cuanta de que con él no tenía oportunidad alguna.
Karen, quien se había ido a vacacionar a casa de su tío en Florida, recibió un telegrama urgente para que regresará a Nueva York y reemplazará a Susana Marlow en la obra "Romeo y Julieta", la castaña estaba feliz, era el momento de demostrarle a todo el mundo que ella era la mejor.
Debía apresurarse para llegar un día antes del estreno, daría lo mejor de sí y saberse la "Julieta" de Terry la tenía muy ilusionada, estaba consciente de que el castaño era casado y con una chica a la que consideraba una excelente amiga, pero el chico le atraía y no podía razonar con eso.
La chica pelinegra nunca se imagino que esa noche se decidiría su vida. Había regresado de Francia en compañía de sus padres por razones de seguridad, salió con su nuevo novio, el tipo era un patán y cuando ella se negó a ir a un hotel con él, éste, se molesto y la dejo sola en la calle, estaba asustada... ante los demás personas fingía ser fuerte y super segura de sí misma, pero una vez sola todos sus temores salían a flote.
Caminaba temerosa cuando lo reconoció, se veía muy puesto, como siempre, pero ahora notaba algo distinto en él: un brillo en sus ojos.
¡Annie! – exclamó sorprendido, nunca pensó que la vería de nuevo - ¿qué haces en Nueva York? – por toda respuesta ella se lanzó a sus brazos.
¡Archie, qué gusto verte! – él no se movió, por su cabeza pasaron las imágenes de cuando estuvieron en la segunda colina de Pony, uno en especial: Doria desmayada en sus brazos, sonrió y Annie se alejo, esa sonrisa no era para ella.
¿Estas perdida? – el tono del chico era amable, pero impersonal.
Sí... yo... no sé cómo regresar al hotel.
Te acompañaré – Annie le dio el nombre y caminaron juntos, cuando estaban cerca Annie vio una cafetería.
Archie... – él la miro – ¿podríamos tomar algo y conversar un poco?
Claro... – no estaba seguro, Doria seguramente lo estaba esperando, pero Annie se veía mal. Entraron al lugar, estaba un poco vacío, tomaron asiento en una de las mesas más alejadas, no era apropiado, pero nadie los miro de todas formas. Una chica los atendió, cuando dejo el servicio, Archie le contó a Annie sobre Candy y Doria, la pelinegra ponía especial atención a sus gesto cuando el chico mencionaba a Doria, la pelinegra ya no existía en la vida del chico de ojos color miel. Por unos minutos se quedaron callados, la chica se alegro por su amiga, para él el silencio era incómodo.
¿Cómo has estado tú, Annie? – preguntó al percatarse que ella no le había contado nada de su vida.
Bien... regresé hace unos días de Francia, la guerra es cada vez peor – Archie sintió una opresión en el pecho al escuchar eso - ¿tienes novia, Archie?
Eh... yo – sonrojó – no... ¿y tú?
No...
Annie... ¿qué paso? – la pregunta había sido formulada, no había marcha atrás.
Tú sabes... – comenzó ella – siempre he sido una chica tímida, pensé que si era bondadosa todos se acercarían a mí... pero todo fue porque siempre he temido estar sola – Archie escuchaba con atención – Candy... ella siempre fue mi amiga, ¿alguna vez te mencionó que los Britter la eligieron a ella primero? – él negó con la cabeza – Lo imagine, así es Candy... yo siempre temí que los demás no me quisieran... en ese momento por mi pequeña cabeza paso la idea de que si yo tenía una buena posición las personas me aceptarían sin importar qué.
Eso es hipocresía...
Lo sé... no sabes cuántas noches lloré pidiendo perdón por dejar a Candy... por ser egoísta, pero ella siempre me recibió como si nada hubiera pasado...
Annie... yo no creo que tú seas egoísta, siempre te he visto como una chica buena y agradable...
¿Cómo sabes que no estoy actuando? Hubo muchas veces en las que ya no estaba segura de mis propios sentimientos...
Annie... – Archie tomo su mano, ella se alejo como si quemara.
Hace mucho, alguien llamo profundamente mi atención. En un principio creí que esa persona se parecía mucho a mí, más tarde descubrí que estaba muy equivocada – el joven entendió que hablaba de él – No lo podía sacar de mi mente y fue cuando me di cuenta de que me había empezado a gustar mucho, realmente me gustaba, pero él nunca mostró ningún interés en mí y eso me ponía muy mal, cuando lo veía no tenía el valor para hablarle... poco después él se fue del país... Traté de olvidarme de todo y concentrarme en cosas seguras... eso no funcionó, me decidí a escribirle y le rogué a mi padre que me inscribiera en el mismo colegio en donde él estudiaba. Ahí me entere de lo mucho que él gustaba de la presencia de la que era mi mejor amiga y de nuevo fui egoísta, sabía que si me escondía, ella y tú se preocuparían. Candy estaba enamorada de Terry, aunque ella todavía no lo sabía; y me dejaría el camino libre contigo.
Annie... – era la enésima vez que solo decía su nombre con ¿lastima?
Cuando Candy se casó yo la envidié porque ella podía estar y ser feliz con la persona que había elegido y que también la había elegido. Me pase noches pensando si yo alguna vez me encontraría en la misma situación, fue desgastante porque la respuesta era no. Ella huyó por seguir sus ideales, y me di cuenta de que Candy era valiente... mucho muy valiente y, de nuevo, la envidié. Quise recorrer mi propio camino. Me fui a Francia para hacer todo lo que quisiera, pero no podía dejar de pensar en ese chico. Al final no pude escapar de mis sentimientos... no pude escapar del amor. Y mezquinamente pensé que ese chico me esperaría el tiempo que fuera necesario porque así se lo había pedido mi amiga, la mujer que él amaba – Archie pasaba de una impresión a otra, furia, lastima, molestia y... ya no sabía que le provocaba esa conversación – Perdóname, Archie, perdóname... No tengo derecho a amarte... pero te amo... ¡Realmente te amo!
Yo...
¡No digas nada! – silencio – No importo que hiciera, nunca deje de pensar en ti. Hubo un momento donde no pude negar más mis sentimientos, quería verte... pero tenía miedo de enfrentarte. Y sin embargo, el Archie que yo conocí ha desaparecido completamente. Es como si te hubieras vuelto más seguro y feliz. Me sorprendiste mucho y durante todo el recorrido he pensado en lo qué te sucedió cuando yo no estuve... Mientras me contabas sobre Doria lo entendí... es ella.
¿Ella? – Archie aún no estaba seguro de sus sentimiento.
Doria... ella se ha vuelto un soporte en tu vida... lo más importante para ti... – las lágrimas de Annie corrían libres por sus mejillas – La amas, ¿verdad? – el chico lo pensó unos segundo, su vida a lado de la pelirroja era grata, ella estuvo en todos los momentos importantes... sí, la amaba, más de lo que creía.
Sí... – se levanto y la abrazo, ese encuentro era su señal – Annie... yo...
No te preocupes, yo te amo a mi manera... siempre será así – se separo del abrazo para mirarlo a los ojos – Por eso, nunca dejes de amar a Doria Lumiere... sé feliz, Archie...
No eres egoísta, Annie... – fue lo último que se dijeron en esa cafetería, minutos más tarde, Archie dejo a la pelinegra en su hotel, jamás volverían a verse en persona. Annie se quedo dormida llorando, pero aceptando su decisión... y de todas formas aún si Archie la hubiera elegido a ella, nunca tendría el valor de aceptarlo porque se había entregado a otro, lo que para Archie fue un acto de bondad para ella fue la liberación de la humillación y el remordimiento... un acto, de nuevo, egoísta.
Archie paseo un poco más por la ciudad, una hora atrás había aceptado que amaba a Doria Lumiere, no era un amor cualquiera, era puro, la amaba como amiga, como confidente, como persona pero especialmente como mujer, ella era su mundo entero.
Regresó con el corazón rebosante de alegría, Doria estaba en el lobby del hotel.
¡Buenas noches, Archie! – saludo la pelirroja cuando el chico entró al hotel.
¡Doria! – la tomo en sus brazos, elevándola un poco.
Bájame Archie – estaba seria, el joven se desconcertó – ¿Te divertiste hoy? –preguntó una vez que sus pies tocaron el suelo.
Sí... mucho – contestó inocentemente.
¿Te divertiste? – preguntó, de nuevo, asombrada.
Doria... – levanto una ceja.
A veces no me entiendes... – le dio la espalda – hoy te vi con Annie.
¿¡Qué!? – casi grito - ¿Cómo?
Terry llamo para avisar que regresarías caminando y que tal vez llegarías tarde, salí con Rie – su dama de compañía – para buscarte y que no estuvieras solo, pero al parecer alguien se me adelanto – su cara era de dolor y decepción, pero seguía dándole la espalda a Archie.
No es lo que crees...
¿Entonces? – se quedo callado – Tal vez no lo parezca, pero realmente estoy muy celosa...
¿Celosa? – Doria hablo de más y se sobresalto cuando él repitió esa palabra, pero Archie sonrió, otra señal.
No... olvídalo... yo estoy algo cansada, te he estado esperando y creo que... tengo sueño, sí eso es...
Akai... – por juntarse con Terry se le habían pegado algunas costumbres – yo...
Tú amas a Annie – lo enfrento y grito para después calmarse y apretar sus puños – ella tiene muchas cualidades que yo no tengo... sé que es importante para ti... y también sé que ahora yo salgo sobran... – no pudo terminar, unos cálidos labios estaban sobre los suyos, ese beso había sido tan repentino que ni siquiera cerro los ojos.
Te amo, Doria... – susurró cerca de sus labios – realmente te amo demasiado.
Archie, yo también te amo y no sé qué hubiera hecho si la hubieras elegido a ella.
Shhh... – otro beso tan sorprendente como el primer, pero más perfecto.
Albert recogió a Candy en la estación y le contó los acontecimientos más relevantes, por supuesto, suprimiendo la visita de Susana.
La rubia se alegro por su amiga, el rubio no la conocía porque ella ya casi no visitaba el departamento para evitar sospechas de un posible romance con Terry.
Terry se alegro cuando al abrir la puerta de su departamento unos labios muy conocidos por él y que lo enloquecían lo esperaban, y también dos pequeños duendes... su familia.
Por alguna razón, los ojos verdiazules estaban algo inquietos, Candy y Albert lo notaron y decidieron quedarse hasta tarde para conversar un poco.
La mañana siguiente, Candy despertó con una sensación de incomodidad, pero no le dio importancia. Albert estaba en la cocina preparando el desayuno, ambos habían pedido permiso para faltar a sus trabajos. Alguien llamo y Candy fue la encargada de abrir.
¡Buenos días! – entro Susana Marlow sin siquiera ser invitada, Candy la miro extrañada mientras la chica se quitaba los guantes – quiero ver a Terry.
¿Disculpa? – Susana no había visto bien a la persona que la atendió y al volverse casi se cae de la impresión.
¿Quién era, Candy? – el cuerpo de Albert se tenso al descubrir a la intrusa. Por la mente de Susana cruzaron varias preguntas, entre ellas: ¿qué hacía Candice en casa de Terry? su débil mente contestó: Tal vez están de visita y él es el esposo de Candice.
Hola de nuevo – saludo la ojiazul y Candy miro a Albert.
Disculpa, pero ¿qué haces aquí?
Quiero ver a Terry y desearle suerte – tomo asiento, Candy apretaba los dientes.
No eres bienvenida en esta casa – Albert abrió la puerta – Por favor, vete – los ojos de Susana casi se salen de sus orbitas.
Esta es la casa de Terry, él será quien me corra y – sonrió triunfante – dudo que lo haga.
¡Largo de mi casa! – grito Candy, la desfachatez de la chica la saco de quicio.
¿¡Qué!? ¡Estas loca! – grito – Esta es la casa de Terry, ustedes solo son sus visitas – en ese momento Terry despertó a causa de los gritos. Susana lo vio en la puerta y corrió para abrazarlo – Terry, tus amigos quieren correrme de tu casa – Candy no lo creía y le mando una mirada fulminante a la ojiazul.
Susana... – dijo sonriente Terry, Candy casi se cae de la impresión – qué bueno que no los obedeciste – ella sonrió triunfante, Terry la tomo por la cintura, ambos rubios estaban desconcertados – porque así me daré ese gusto... ¡Largo de mi casa! – grito cargándola y depositándola fuera del departamento. Candy y Albert rieron a carcajadas, la ojiverde se lanzó a los brazos de su esposo y lo beso.
Susana se había ido del edificio apresurada y ciegamente en un remolino de furia. Sentía que había sido una completa estúpida, estaba profundamente enfadada.
Por ordenes de Terry, Candy llegaría al estreno con Eleanor, como siempre, pero ahora las acompañarían Albert y los niños.
Antes de irse al teatro para los últimos detalles, Terry le dio tres cajas a Candy como regalo de cumpleaños. Al atardecer, la hora de arreglarse había llegado, cuando la rubia termino con sus hijos Albert los cuido mientras la chica se daba un merecido baño, no podía quitarse esa sensación de desconcierto.
Aún en bata, abrió la caja más grande, sonrió al ver el contenido e inmediatamente se lo puso, el vestido en tono verde se ajusto a su esbelta figura dejando descubiertos sus hombros, se recogió el cabello dejando escapar algunos rizos, los zapatos hacían juego con el vestido y en la caja más pequeña estaba una cadena con un dije en forma de "C", sus hijos tenían uno igual con las letras "K" y "Z", era casi seguro que Terry también usaría uno esa noche.
Albert... – el rubio aparto los ojos de los niños y su mirada se ilumino.
¡Candy te ves hermosa! – dijo embelesado, los niños se acercaron a su madre, admirados de lo linda que se veía esa día.
Vamonos... – tomaron el taxi que los llevaría a casa de Eleanor y de ahí partirían el teatro.
Terry y Karen no pararon de repasar sus líneas, los demás miembros se asombraron por el talento de la castaña, Susana también lo notó y se molesto, odiaba a Bryan y pagaría lo que le hizo.
El momento había llegado, el teatro estaba en lleno completo, Karen estaba algo nerviosa, pero actuar con Terry la tranquilizaba mucho, esa noche sería la última en que los demás pensarán que había un romance entre ambos.
Los asistentes comenzaron a tomar sus respectivos asientos y palcos dispuestos a entretenerse con la mejor actuación de la joven promesa de Broadway, Terrence Granchester. Candy y los demás se acomodaron en su respectivo palco cuando se dio la segunda llamada, las luces seguían encendidas, Elisa reconoció a Candy y su cuerpo se hizo presa de la ira y el odio ¿cómo era posible que el vagabundo y Candy estuvieran entre lo mejor de la sociedad neoyorquina y que ocuparan un mejor lugar que ella? Así era, la ojiverde estaba en el mejor palco del teatro.
Las luces comenzaron a apagarse dando entrada a la tercera llamada, todos se sentaron y detrás del escenario los actores ocuparon sus lugares en el enorme escenario. Zwei y Kei Kun miraban con atención, nunca antes habían visto a su padre actuar, y gracias a las influencias de Robert y Eleanor los pequeños tuvieron el permiso para permanecer en el teatro. El narrador inicio con su relato:
"Dos familias..."
Candy y los mellizos escuchaban cada palabra, por la mente de Terry pasaban las imágenes del Festival de Mayo y aprovechaba cada oportunidad para enviarle una mirada fugaz a su hermosa esposa.
La obra avanzaba y con ella las emociones de cada uno de los asistentes, estaban fascinados por la actuación del joven Terrence.
La escena del balcón hizo su parición, el mejor palco estaba justamente a un lado del mismo y con la mirada fija en Candy, su Julieta, recito cada palabra, cada verso, cada expresión... y de pronto el teatro estaba vacío, solo Candy y Terry, pero esa sensación de pertenencia fue percibida por dos almas que la borrarían por completo.
"... nunca hubo historia mas dolorosa que la de Julieta y su Romero"
Los aplausos retumbaban en la sala, la multitud clamaba al actor por haber hecho una de las mejores presentaciones jamás vistas.
Se cerró el telón y detrás, Terry daba gracias a Dios, de nuevo se abrió y comenzaron las caravanas de los actores y con ello una lluvia de aplausos, Candy estaba tan emocionada y conmovida que las lágrimas afloraron en sus ojos. Se volvió a cerrar el telón y cuando se abrió, nuevamente, solo aparecieron Karen y Terry.
Terry brillaba y todas las mujeres presentes estuvieron de acuerdo en que esa noche se le veía mucho más apuesto, el castaño se sentía pleno y la presencia de Candy y sus hijos lo puso especialmente feliz. Terminada la caravana en compañía de Karen, él chico soltó la mano de la joven y mirando al palco, y especialmente a la rubia, dio una pronunciada caravana y lanzo un beso al aire, como respuesta obtuvo una sonrisa encantadora. La multitud paro la ovación y miro curiosa a la chica rubia y pecosa. Los flachazos por parte de la prensa no se hicieron esperar.
La compañía teatral fue recibida con una nueva ovación por los asistentes a la cena.
Terry buscaba con desesperación a Candy, pero lo que el chico no sabía era que gracias a su caravana, los reporteros provocaron un retraso al arribo de la ojiverde.
Robert, al igual que Karen, estaba enterado de las intenciones de Terry y le pidió a un mozo que le avisara en cuanto llegará la señora Eleanor, por fin aparecieron y Robert le dijo a Terry que "prepararía el terreno".
¡Candy! – la abrazo, Eleanor cargaba a Kei Kun y Albert a Zwei.
¡Terry estuviste grandioso! – ella seguía emocionada.
Mientras Robert agradecía, Candy y Terry sentían un mariposeo en el estomago y se sobresaltaron cuando Robert dijo:
Como todos saben hoy hizo su primer protagónico el joven Terrence Greum Granchester y en la compañía Stratford le auguramos muchos éxitos – comenzaron los aplausos – Pero eso no es todo, además él les tiene una sorpresa – Susana y Elisa abrieron sus ojos como platos, estaban una cerca de la otra. Terry apareció con Candy tomando su brazo, detrás Eleanor y Albert con los niños.
¡Buenas noches! – saludó el castaño – Gracias por su apoyo y buenos deseos – hizo una caravana – Ahora quiero presentarles a mi esposa Candice – miro a Candy, el silencio se hizo presente – y también a mis hijos Kei Kun y Zwei – Eleanor le dio a Kei Kun y Candy tomo a Zwei en sus brazos – Agradezco todo el apoyo, amor y comprensión que mi esposa me ha dado, pero en mi vida existen otras personas importantes – Eleanor sonrió – mi madre, Eleanor Baker y mi mejor amigo, Albert... mi familia... la familia Granchester – el sonido de una copa rompiéndose fue todo lo que se escucho antes de que empezaran las murmuraciones y por parte de Karen, Robert y otros miembros de la compañía los aplausos y gritos de emoción.
La copa era de Elisa Legan, la chica rubia que estaba a su lado había chocado con ella y en un descuido la dejo caer. Susana estaba llorando no es posible que tenga esposa e hijos... ¡no es posible! Yo lo amo... ¡Lo amo!
La ojiazul no era la única consternada, Elisa Legan estaba furiosa y recordó su venganza contra los dos, el ¿amor? que sentía por Terry se desvaneció en ese momento y sonrió porque en su malévola cabeza ya se estaba formulando un plan infalible y usaría a la chica llamada Susana Marlow.
¡Susana! – salió del salón para buscarle y convencerla de ayudarla.
¡Quién eres y por qué me buscas? Yo no te conozco – la encontró llorado bajo un árbol ¿Había escena más patética? Se dijo Elisa.
Mi nombre es Elisa Legan – la rubia se levanto – soy prima de Candice.
¿¡Qué!? – dio un paso para atrás - ¡Ah! seguramente vienes a burlarte – la ojiazul seguía hipando.
¡Quieres callarte! – gritó desesperada Elisa, Susana la miro espantada - yo odio a Candy, la odio y también a Terry – Susana como mujer entendió que Elisa había sido desairada por Terry, pero no dijo nada – y puedo ayudarte para que te quedes con él si me ayudas a deshacerme de Candy.
¿Deshacerte? – la voz decidida de la castaña la atemorizo - ¿quieres decir... matarla? – la sonora carcajada de Elisa angustió aún más a la rubia.
Por supuesto que no, eso sería muy fácil – los ojos de la heredera Legan era chispeantes – quiero que sufra... y con tu ayuda lo conseguiré... – Elisa no escondió sus intenciones de utilizar a Susana, ésta lo pensó, quedarse con Terry sonaba tentador, pero a qué precio.
¿Qué pides a cambio? – se aproximo segura.
Que me obedezcas completamente... no quiero que hagas nada por tu cuenta.
¿Algo más? – preguntó insegura.
Nada...
Pero... ¿y los niños y ese amigo suyo?
De eso me encargo yo... seguramente la casa Andly se quedará con uno – ninguna de las dos regreso al salón, Elisa le platico su plan a Susana, por momentos la rubia se sorprendía de la maldad de su acompañante.
Durante la recepción, Terry presentó a Karen y Albert, ambos hicieron buena pareja, tanto de baile como en conversación y puntos de vista. Albert la halago por su maravillosa actuación y Karen se sonrojaba cada vez más.
Las personas que admiraban y respetaban a Terry lo felicitaron y también a su joven esposa, quien usaba un pronunciado escote y causaba miradas indiscretas, lo que daba un pretexto perfecto a Terry de abrazarla y pegarse a ella lo más que podía cuando caminaban o bailaban; pero el mundo esta lleno de personas hipócritas y algunos grupos rumoraban acerca de la relación de los jóvenes y especulaba cualquier tontería. Las admiradoras de Terry hubieran vendido su alma por estar solo unos momentos en los zapatos de Candy.
La mañana siguiente los diarios más respetados de Nueva York alaban el trabajo de la compañía Stratford y la maravillosa actuación de Terrence Granchester, además agregaban una nota de felicitación por tan hermosa familia. Mientras que los diarios amarillista no hacían mención alguna de la actuación, solo suposiciones del por qué existía esa familia, pero Terry y Candy evitaron esa clase de lectura.
Una par de semanas después Robert le informó a Terry que gracias al éxito de la obra la gira se extendería un mes más, por la noche el joven le dio la noticia a sus esposa.
¡Te voy a extrañar estos tres meses! – dijo Candy recostándose en su pecho, habían terminado de amarse como otras noches.
Tú y los niños irán conmigo – dijo cerrando los ojos.
¿De qué hablas? – se levanto y cubrió su desnudez con la sábana.
Le he dicho a Robert que ustedes me acompañaran, él ha aceptado, pero los gastos los cubriré yo.
Terry... – el chico conocía ese tono de voz, ella se negaría por alguna razón – no sería mejor que usarás ese dinero para comprar una casa – no dijo nada, desde que ella había rechazado la idea, él jamás lo volvió a mencionar, la miro levantando una ceja.
Quieres decir... – la sonrisa sincera de ella y su asentimiento con la cabeza lo sacaron de dudas y sonrió besando los labios rojos – Será fantástico, al fin tendremos nuestra casa.
Sí... – se entregaron nuevamente a la pasión de los besos.
Terry, Candy, los mellizos y Albert salieron a buscar una casa adecuada, el último se había negado, pero los jóvenes lo convencieron alegando que él vivía con ellos y eso nunca cambiaría, al menos hasta que él recuperara la memoria.
Compraron una casa mediana con lugar suficiente para que cada uno tuviera su propio espacio.
Se mudaron antes de que Terry se fuera de gira, Candy y Albert se encargaron de los detalles.
Junto a Terry, Doria y Archie abandonaron Nueva York, no sin antes hacer participes a sus amigos de relación y arreglar todo para la cena de compromiso, a la que , por supuesto, Candy y Terry no pudieron asistir.
Una nueva navidad llego y con ella buenas noticias. Candy recibió una nueva carta de Patty y Archie de Stear, ninguno les contestaba por petición de los Cornwell mayores. Ambos se encontraban muy bien.
La cena de Navidad y el cumpleaños de los mellizos tuvo lugar en la residencia Granchester, pero contó con menos invitados. Karen y Albert estaban cada vez más unidos y "ese" algo que la castaña sentía por Terry poco a poco fue desapareciendo.
1917 estaba lleno de expectativas, especialmente para aquellos que esperaba el fin de la guerra.
Patricia Cornwell, antes O'Bryan, era una enfermera titulada, la idea principal era solo ser auxiliar, pero conforme avanzaba el tiempo, la montaña de cuerpos inertes y desangrados era alarmante y el equipo medico insuficiente, Patty se había vuelto más segura y decidida, con un coraje y orgullo inigualable y su superior, Flammy, la había animado mucho para que estudiara y se convirtiera en una excelente enfermera, durante su año de preparación había visto la muerte y la desolación en cada uno de los pacientes que estaban a su cargo, su alegría y noble corazón eran algo muy valioso para los desesperados heridos, era como una pequeña luz en medio de la profunda oscuridad.
Allister Cornwell, había superado varias pruebas, cuando se ofreció nunca imagino que antes de poder tocar un avión debía trabajar como ayudante, estuvo a punto de retirarse, pero recordar que había "arrastrado" a Patty al peligro le devolvía las fuerzas. Le escribía cada tres días a Patty y recibía cuatro cartas al mes, se alegro por ella y también estaba feliz porque a pesar de no verse más que una vez al año se seguían amando con la misma intensidad.
Durante la primavera de 1917 una emboscada a la base aérea dejo herido al mejor amigo de Stear, Jet, quien fue a dar al hospital donde trabajaba Patty, estaba grave y tal vez no pasaría de media noche.
¡Buenas... noches! – saludo Jet débilmente.
¡No debe hablar! – contesto Patty acercándose, le tocaba guardia y él era el paciente más preocupante.
¡Patricia! – exclamo.
¿Por qué me conoce? – Patty estaba sirviendo un poco de agua para darle medicina para le dolor.
Allister... Stear... ¿usted es su esposa?
¿Conoce a Stear? – Patty estaba preocupada, había leído las noticias sobre la emboscada y decidió escribirle una carta al pelinegro, pero aún no tenía respuesta – Por favor ¿él esta bien? – tenía el corazón en la mano.
Sí... él esta seguro... dijo algo de tener que sobrevivir por su esposa... antes de que me... trasladaran él siempre me hizo compañía... y una noche me hablo de su esposa y me mostró la foto de su boda – Patty revivió ese momento, ella había usado un vestido sencillo y blanco, su cabello lo recogió y Stear usaba traje negro.
Qué alivio – contesto poniendo su mano en su pecho.
Tengo miedo, Patricia – de pronto la visión del joven se nublo, anunciando su próxima extinción.
Piense en su familia, no tenga miedo... – Jet sonrió, Patty nunca supo que su último pensamiento había sido dirigido a Stear, su único amigo y familia en todo el mundo. La chica de lentes hizo una plagaría, al terminar cubrió con delicadeza el rostro del joven rubio.
El verano había comenzado y una nueva emboscada tuvo lugar en la base aérea donde se encontraba Stear, apenas se estaban recuperando de la última y en esta ocasión la cantidad de destrozos había sido sorprendente.
Los soldados y mecánicos debían sacar los aviones y llevarlos a un lugar seguro, Stear abordó uno y lo domino de forma hábil, pero los refuerzos aéreos del enemigo le impedirían el paso, tres aviones lo rodearon y Stear se defendió apuntando al hélice de cada uno, no deseaba matar a nadie y, gracias a que él también participo en algunos entrenamientos y su conocimientos en esos aparatos, sabía que solo perderían el control por unos minutos, suficientes para que él y sus compañeros huyeran.
Pero Stear no contó con un cuarto avión que estaba a punto de bloquearle el paso, Stear vi el arma del piloto apuntarle directo a la cabeza, él también podía dispararle, estaba preparado pero... en una fracción de segundo, todo el terror vivido esos casi tres años lo inmovilizaron, en eso estaba cuando escucho una dulce voz dentro de su cabeza "Te amo, Stear y nos volveremos a ver, nunca pierdas la esperanza" Sabía que para volver a ver los hermosos ojos de su esposa debía matar al sujeto que tenía enfrente, pero ¿matar? Era mucho para un pacifista como él, cuando vio que su enemigo, ¿en verdad debía llamarlo enemigo? Muchas dudas surcaba la brillante mente de Stear, seguramente ese chico también tenía familia, pero él lo prometió, a Patty, a su hermano, regresaría por ellos y con la imagen de sus seres queridos en el horizonte disparo, la bala dio en la cabeza del chico castaño y el avión perdió el control cayendo a una velocidad impresionante.
Stear había salvado su vida y ayudado mucho a que los demás pudieran huir, sin embargo la marca de haber derramado sangre lo acompañaría el resto de su vida.
Candy vivía tranquila, la carrera de Terry iba en ascenso y estaba orgullosa de él, casi nunca leía las noticias acerca de la guerra, pero una nota llamo su atención, un barco se había hundido cerca de Irlanda, por alguna razón que no entendió, leyó los nombres de los pasajeros y muertos, su corazón se detuvo al leer Ursula, Minnete, Geral y Wilson Granchester. Sabía que el duque estaría deshecho y decidió escribirle una carta para brindarle todo sus apoyo.
En Londres, Richard Granchester permanecía alejado del mundo, tres semanas atrás había enterrado los cuerpos de sus tres hijos, la ex duquesa había sido enterrada en otro lugar, tenía una pila de cartas sobre su estudio, el mayordomo no sabía qué hacer con tantas cartas, no podía tirarlas, pero de todas formas el duque nunca las leía.
Por alguna razón, se sintió atraído esa mañana a las cartas y comenzó a verlas hasta que llego a una que venía de Nueva York, y la abrió rápidamente, como temiendo que fuera mentira, era de Candy. Había seguido la ascendente carrera de Terry por los diarios, pero poco se decía sobre su vida personal, por algún tiempo pensó que Terry y Candy se habían separado, pero esa carta le decía lo contrario.
Duque Richard Granchester:
Hace unos momentos me enteré de su perdida, sé que debe estar desconsolado y le doy mi más sincero pésame.
Sin embargo, también quiero comunicarle una noticia que tal vez lo ayude a sobreponerse: Hace dos años Terry y yo nos convertimos en padres de dos hermosos mellizos, y quiero que sepa que puede ver a sus nietos si lo desea.
Espero que pronto nos visite y sé que a Terry le alegrará verlo porque ahora él es muy feliz haciendo lo que más le apasiona y todo se lo debemos a su comprensión.
Con cariño sincero,
Candice Granchester.
Así que tengo dos nietos pensó feliz, una familia, pero... ¿Terry aún estará resentido? Le contestaría a Candy y si ella lo aceptaba intercambiarían correspondencia, Richard no podía presentarse así como así.
Durante tres largos meses, Candy y el duque Granchester se pusieron al tanto de sus vida, ella se entero del plan de la duquesa y él de la vida que habían llevado cuando llegaron a Nueva York, su experiencia como padres y ahora la dicha de ser una gran familia; en la última carta Candy lo invitó al estreno de la nueva obra de Terrence, Hamlet. Richard aceptó gustoso, aunque tenía miedo de ver de nuevo a su hijo.
Susana se encontraba desesperada, Elisa no se había comunicado con ella para empezar el plan, según la castaña debían hacer las cosas bien y para ello necesitaban tiempo y personas leales, el primer encargo de la rubia era conseguir a un enemigo de Terry para que los ayudará sin titubear, el único al que ella conocía era a Bryan, pero acercarse a él era peligroso, aún así decidió buscarlo.
Bryan O'Connor era la vergüenza de su familia, una familia con una tradición actoral, después del "incidente" con Susana Marlow había permanecido en prisión durante 6 meses, odiaba con todas sus fuerzas a la chica rubia, pero también la amaba, era un amor enfermizo y obsesionado, por ella daría su vida entera si así se lo pidiera.
Estaba feliz porque Susana lo había contactado. Estaba esperando en un pub, era tarde.
¡Hola, princesa! – dijo cuando la chica estuvo frente a él.
¡Bryan! – movió su cabeza en señal de fastidio.
¿Para qué me citaste? ¿Acaso será porque Terrence esta ocupado? – la mueca de burla molesto sobremanera a Susana, pero trato de reprimirse para no pararse y dejarlo solo, lo necesitaba.
Necesito un favor – coqueteo un poco.
¿Favor? – la miro a través de sus copa - ¿qué clase de favor, princesa?
Quiero deshacerme de alguien para que Terrence sufra, cobrarle cada una de las humillaciones – mentía, peri era la única forma de que el pelinegro aceptara.
¿Su esposa? – ella asintió - ¿matarla? – sonrió y negó con la cabeza – Ella es muy hermosa – la cara se le desfiguro a Susana por un momento, ese había sido un golpe duro a su orgullo de mujer - ¿Cuál es el plan? – Susana quito algunas cosas y le explico lo mejor que pudo - ¿Qué recibiré a cambio? – con su dedo índice acaricio el hombro desnudo de la rubia.
¡Yo! – contesto disimulando su asco.
¡Acepto!
Permanecieron un poco más en el pub, luego Bryan le pidió un adelanto, Susana se lo dio jurándose que sería la última vez.
Al principio del otoño, un paciente llego con algunos golpes, no era nada grave, tal vez una pelea.
¡Buenas tardes! – saludo Candy
¡Buenas tardes, señorita! – contesto el joven.
Candice...
Candice – repitió seductoramente, Candy no le dio importancia, no era el primero y ella sabía como desairarlos.
Parece que no tiene fracturas, pero se le hinchara un poco el rostro, le daré algunas medicinas para eso y además para el dolor.
Muchas gracias... – silencio mientras la rubia llenaba el expediente - ¿le gustaría tomar un café conmigo? – por toda respuesta, Candy le mostró su mano izquierda - ¿es casada? – asintió en silencio – Lo siento.
Esta bien, no se preocupe señor O'Connor – Candy salió y Bryan sonrió, ninguna chica había escapado de sus encantos, Candice Granchester no sería la excepción.
Las semanas siguientes, Bryan visitó en insistió mucho con Candy, pero ella siempre le dada negativas.
Una tarde mientras regresaba a casa, él la siguió, lo que había comenzado como un juego se estaba volviendo algo primordial en la vida del joven O'Connor, Candy vería ese día al duque Granchester, y debía ir por los niños, Terry regresaría tarde del teatro y Albert saldría con Karen, quien ya no era suplente, ahora era la estelar.
Acordaron encontrarse en Central Park, Richard estaba nervioso y Candy no sabía como reaccionarían sus hijos al conocer a su abuelo.
¡Buenas noches, Sir Richard! – saludó la rubia.
¡Candy! – exclamó, se veía preciosa - ¡Qué gusto verte! – le dio un abrazo y los mellizos lo miraron curiosos.
Él es Zwei, el mayor – dijo dándole un pequeño empujón al rubio para que se acercara, el pequeño se puso serio y miro desafiante al hombre mayor – y este es Kei Kun –el pequeño castaño saludo feliz.
Mucho gusto niños, soy su abuelo – estrecho la pequeña mano que le tendió Kei Kun, Zwei no se movió. Candy le explico que primero debía ganarse su confianza. Durante un par de horas permanecieron en el parque caminado. Richard se veía animado y eso alegro a la pecosa, en sus cartas le había pedido perdón y ella no entendía el por qué, aún así se lo concedió.
Cuando regresaron, Candy, con toda la paciencia que una madre tiene, trato de explicarles a sus hijos que no comentara nada sobre el encuentro de esa noche, por suerte así lo hicieron y esas salidas se dieron cada viernes hasta que llego el 4 de diciembre de 1917. Por alguna razón, Richard Granchester no se sentía con valor para ver a Terry y se conformaba con solo ver a sus nietos.
Terry notaba muy extraña a Candy, algunas veces él llegaba antes y no encontraba a nadie en casa, estaba consiente de que Albert salía con Karen, pero entonces ¿qué hacía Candy? Uno de esos viernes se sentó a esperarla y por su mente cruzaron algunas ideas que trataba de alejar, ya una vez había sentido celos y de su amigo ¡su mejor amigo!, pero por qué se había producido tal sentimiento, fácil, cuando él llegaba del teatro veía a Candy y Albert preparar la cena y platicar de sus días, los niños jugaban con Albert y sintió, en repetidas ocasiones, que Albert le estaba robando a su familia, lo que él no notó fue que al sentarse a cenar, Albert y Candy siempre le preguntaban por su día y platicaban de muchas cosas hasta tarde, además los niños siempre lo recibían con un abrazo y un gran ¡Papá, bienvenido! Y por las noches Candy solo tenía ojos para él, aquella vez que regreso de sus gira, la sorpresa de Candy desvaneció cualquier duda, pero en esos días nuevas incertidumbres se estaban formando.
¡Al fin llegas! – sorprendió a la rubia una vez que cruzo la puerta.
¡Terry! – tuvo que despertar a Zwei porque no podía cargarlos a ambos, Terry tomo en brazos al rubio y siguió a su esposa a la habitación de los niños, depositaron a los mellizos en sus respectivas camas y les dieron un enorme beso.
¿Dónde estabas, Candy? – el tono del castaño era serio, casi molesto.
Sabes que me gusta llevar a los niños a pasear al parque, hoy se nos hizo un poco tarde porque Kei Kun se alejo un poco y Zwei y yo tuvimos que buscarlo – era cierto, pero fue culpa del duque que Kei se perdiera.
¿Y qué mantenía ocupada tu vista para que no percataras de que uno ya no estaba – el tono de Terry era de sarcasmo, hacía mucho que no lo usaba con ella. Candy se puso nerviosa.
Nada... estaba comprándoles un helado y al momento de pagar... Kei Kun... se alejo – no era del todo falso, como un favor muy especial para el duque aún no le diría nada a Terry.
Candy... ¿no me mientes? – la miro directo a los ojos, ella mantuvo la mirada, una verdad a medias no es mentira, ¿o si? Pensó Candy.
No, amor... – lo beso y él dejo atrás su enojo, pero solo por ese momento.
El estreno de una nueva obra llego, Hamlet, Candy trato de convencer al duque para que fuera al estreno, pero él se negó, en cambio, sí se presento con Eleanor, al principio ella no lo quiso ver, pero Richard fue muy insistente y accedió, pero no lo perdonaría fácilmente.
¿Cómo puedo acercarme a Terry, Li? – le dijo en una ocasión.
Terry ahora tiene una familia, además te debe su "libertad" y sé que te perdono hace tiempo, Ricky – a pesar de todo lo seguía amando - ¿Por qué no vas al estreno o tal vez a al cena de navidad? – Eleanor debía convencerlo para que viera a Terry antes de que los celos de sus hijo alcanzaran sus nivel más alto.
Creo que será mejor que me presente en su cumpleaños número 21.
Como tú quieras... – silencio – supe lo de tu esposa
Ex – aclaro – ella lo miro tranquila.
¿ Cómo estas? – la platica continuó.
Terry brillo como en cada una de sus actuaciones, Candy y los niños aplaudieron hasta que las manos les dolieron. Cuando iban a salir, Albert se adelanto con los niños porque la rubia había olvidado su bolso en el palco, al salir de nuevo se tropezó con un joven.
¡Candice! – exclamo con fingida sorpresa Bryan.
¡Señor O'Connor, qué sorpresa!
¿Le gusta el teatro? – a Candy le parecía conocido Bryan, pero no lograba recordar de dónde.
Sí... mi esposo actúa.
¡Oh, ya veo! – esa noche Candy llevaba un vestido negro pagado por arriba y con una gran vuelo que comenzaba en la cintura, su cabello largo y suelto – Luce hermosa – la rubia se sonrojó.
Me tengo que ir – dio un paso, pero una brazo le impidió que avanzara más.
Disculpe si la incomodo, esa no es mi intención, solo quiero tu amistad... yo... mira – saco una tarjeta y se a dio – cuando necesites ayuda o cualquier cosa búscame.
Gracias – a la pecosa no le gustaba la presencia de ese chico, aún así guardo su tarjeta.
Los planes de reencuentro de Richard Granchester se vieron cancelados, un viernes antes del cumpleaños de su hijo, Terry siguió a Candy, sus celos lo estaban torturando y le pidió a Robert el día libre, salió como siempre de la casa, pero permaneció oculto hasta que Candy regreso solo para llevarse a los niños.
Los tres tomaron un taxi, el castaño los siguió en su auto hasta Central Park, al menos si los lleva al parque se dijo Terry, durante algunos minutos caminaron sin rumbo fijo hasta que los niños gritaron.
¡Abuelo! – y Kei Kun corrió a los brazos del caballero inglés, quien lo elevo y acarició la cabeza del rubio.
¡Buenas tardes, duque Granchester! – saludo Candy con una sonrisa.
¡Buenas tardes, Candy! – caminaron hacia una banca y tomaron asiento, Terry veía la escena incrédulo, su padre en Nueva York y Candy no le había dicho que se frecuentaban – Así que pienso ver a...
¡Qué linda familia! – una voz sarcástica y muy conocida por los dos adultos los interrumpió.
¿¡Terry!? – Candy se sobresalto, conocía el carácter de su esposo. Los verdiazules ojos la miraban fríos e inexpresivos.
¡Duque! – el inglés menor, se había enterado del descenso de la familia Granchester, pero nunca imagino que vería a su padres después de casi cuatro años.
Terrence... no es lo que parece yo... le pedí a Candy que no te dijera nada – trato de acercarse, pero el chico dio un paso hacia atrás.
¿Qué hace aquí, duque? – la voz era de indiferencia y reproche - ¿Acaso viene a sustituir a su familia?
¡Terry, por favor! – Candy no entendía la furia del castaño, hace mucho que había perdonado a su padre.
¿Por favor, qué Candy? – la rubia se paralizo – Vamonos – tomo las manos de ambos niños y le hizo una seña a Candy para que lo siguiera.
Pero Terry... – suplico la chica.
Pero nada, VAMONOS – grito y Candy solo se despidió de Richard Granchester con un movimiento de cabeza.
En el auto, Terry iba concentrado en el camino, Candy y los niños lo miraban con miedo, nunca lo habían visto tan molesto por algo tan insignificante, pero para el castaño no era así.
¿Cómo pudiste, Candy? Me ocultaste que mi padre estaba en Nueva York y que lo veías junto a los niños... No sé por qué estoy molesto, pero siento una rabia muy grande, es como si me hubieras traicionado... No entiendo lo qué siento, pero estoy decepcionado de ti... ¿mi padre merece más lealtad que yo?
Por días Terry mantuvo su mutismo, pero decidió hablar con Candy el día de su cumpleaños.
Candy, ¿desde cuándo? – ella estaba despierta mientras, él se levanto de la cama dándole la espalda.
Hace medio año...
¡Tanto! – la miro sobre su hombro, ella se sentó recargada en las almohadas.
Su familia murió... solo le quedan tú y sus nietos, no era justo que viviera solo... yo...
¿Y fue justo lo que él nos hizo? – volvió a girar la cabeza para no mirarla.
Fueron las circunstancias... la duquesa... – Candy le contó lo de la correspondencia que había mantenido con Richard Granchester y cómo lo invitó a ver el estreno de una de las obras para que lo viera, pero el duque quería acercarse a Terry hasta el día de su cumpleaños.
No sé qué pensar...
Piensa que tu padre esta orgulloso de ti y que esa es la razón por la que teme acercarse a ti nuevamente – la miro levantando una ceja – durante un tiempo él te quiso priva de esta vida, pero tú le has demostrado que eres muy capaz y que pudiste sobresalir, teme que se lo restriegues y...
No sé... pero no entiendo por qué me lo ocultaste – se recostó a un lado de su esposa.
Porque le correspondía al duque presentarse contigo, yo solo quise que por un tiempo conviviera con sus nietos... – la abrazo y beso, la muralla se había roto, pero aún quedaban escombros...
El duque Granchester permaneció en Nueva York hasta finales de marzo, durante ese tiempo convivió más con Zwei y Kei Kun, pero también con Terry y Eleanor, Candy estaba feliz, pero una sombra había empañado su matrimonio, sabía que Terry aunque la había perdona seguía algo desdeñoso con ella.
Karen frecuentaba la casa, Albert se lo había pedido porque pronto él se marcharía, hacía unas semanas que había recuperado la memoria y la única que lo sabía era precisamente Karen, el rubio necesitaba volver a Chicago y estar presente en la futura boda de Archie. La primera noche de abril, el rubio les dejo una nota de despedida a sus queridos amigos.
Candy se sintió más sola por la partida de Albert, Terry cada vez estaba más alejado de ella, recordó que alguien le había ofrecido su ayuda y sin dudarlo fue a ese lugar...
Bryan O'Connor estaba sorprendido por la llamada que había recibido, hacía tiempo que no veía a la rubia, hasta el punto en que pensó que ya nunca lo buscaría.
Ella estaba desesperada, los eventos pasados de sus vida la obligaron a ir con él, necesitaba hablar con alguien y ese chico le brindaba su amistad... por el momento...
¡Buenas noches, preciosa! – saludo un galante Bryan - Me alegra verte de nuevo – ella sonrió algo temerosa y tomo asiento, durante algunas horas estuvieron platicando – Espero verte muy pronto – dijo el pelinegro cuando se despidieron.
¿Qué te parece si nos vemos los viernes? – sugirió al rubia, esos días estaba sola y él acepto gustoso.
Eleanor no comprendía por qué Candy insistía tanto para que Roxette cuidara a los pequeños los viernes, pero nunca dijo nada, de todas formas no le molestaba porque podía estar con sus nietos y ver a Terry, ya que él los recogía, también con la duda de qué hacía Candy con ese tiempo libre.
Durante un mes sus salidas con Bryan se habían realizado en el mismo pub, hasta que una noche, él la beso y ella sin poner resistencia le correspondió, su vida no podía empeorar más... después de unos besos más, O'Connor pago la cuenta y se dirigieron a su departamento, la rubia estaba temerosa, pero ya era tarde para arrepentirse, se entrego a ese hombre sin reserva alguna.
¡Huyamos! – propuso Bryan, los ojos de color lo miraron asombrada, sí tenía problemas, pero ¿huir? – Dejemos todo atrás... iniciemos una nueva vida – La rubia no contesto inmediatamente, cómo podría dejar una vida que consideraba estable, independientemente de los problemas, por un futuro incierto... pero...
Una noche antes de su cumpleaños número 20, Candy abrió su armario con una determinación en su cabeza, Terry debía entender sus razones y perdonarla...
En la residencia de Eleanor, Terry caminaba como león enjaulado, celebrarían el cumpleaños de Candy, pero la rubia no daba señales de aparecer pronto. Estaba desesperado, su limite de paciencia fue rebasado rápidamente, tomo su saco, Eleanor lo acompaño con los niños.
Al llegar a su casa no encontró a la rubia, solo una nota en la mesa de la sala y un sobre que deslizaron por su puerta, tomo el sobre y antes de abrirlo leyó la nota, su cara se desfiguro y al sacar el contenido del sobre su furia se hizo presente, tiro y rompió todo lo que se cruzo en su camino hasta llegar a la habitación que compartía con su esposa, era verdad... era verdad...
Eleanor y los niños habían visto todo asustados, Eleanor tomo la nota y el sobre, no podía creer lo que veía...
Terry:
Ya no puedo seguir con esta situación, espero que me puedas perdonar.
Cuida y cría a nuestros hijos, sé que harás un buen trabajo.
Candy...
Y el contenido del sobre eran tres fotografías, en todas Candy estaba desnuda con un hombre a su lado, pero no cualquier hombre, era Bryan O'Connor...
Continuará...
ESPACIO PARA CHARLAR¡Hola, chicas!
Disculpen la tardanza, pero es que me tomo varios días acomodar las ideas para este capítulo, no quería develar muchos secretos todavía.
Espero que sea de su agrado y ya saben que cualquier comentario es bien recibido y que siempre procuro responder.
NOTA 1: Algunos diálogos que se dieron entre Annie y Archie; Doria y Archie pertenecen a un manga llamado Ai Yori Aoshi©, que fueron cambiados para ir acorde a mi historia.
NOTA 2: Ai = amor, Aka – iro = rojo, pero lo cambie para que sonara más lindo (Akai).
NOTA 3: Supongamos que las fotos se revelaron muy rápido, ¿ok?
06 – 08 – 2007
Ceshire…
