Avatar: El último maestro del aire no me pertenece. Sólo me divierto escribiendo y jugando un poco con los personajes.
Capítulo 9: La princesa de la Nación del Fuego.
Habían pasado dos semanas desde que Zuko, Iroh y compañía arribaron a la Nación del Fuego.
El mismo día en el que el Equipo Avatar había descubierto que Aang estaba con vida, Katara se puso manos a la obra y diariamente iba a ver al Avatar y darle sesiones de sanación con su agua control. Por otro lado, en ese día, Ursa, Ikem, Sokka y Suki, habían regresado al campamento para ir por Kiyi e informar a sus compañeros las nuevas noticias y los recientes acontecimientos. Hasta ahora no habían vuelto.
Iroh trabajaba de cerca con Mai para aminorar a la oposición y controlar el descontento que se vivía en el gobierno en esos momentos. Zuko, también trabajaba con Iroh, pero el príncipe se concentraba más en la restauración de las demás naciones que en la oposición. Toph y Piandao le ayudaban a Zuko a poner en orden sus ideas para reparar el mundo. Iroh decía que Zuko aún tenía cosas que solucionar y aprender antes de poder neutralizar por completo a todos aquellos que estaban en su contra.
El príncipe y la Reina tenían una relación que se basaba en miradas casuales y accidentales, sonrisas torcidas y frases de una a tres palabras. Mai sabía que tenía que lidiar con Zuko, pero la chica lo evitaba a toda costa, a menos que el contacto fuera enormemente necesario. El chico, por más que quería convivir con ella, no podía porque cada intento era inútil, Mai siempre terminaba haciéndolo a un lado con pretextos, pero Zuko no se daría por vencido y más con tantas preguntas que todavía le faltaban por responder.
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Era el inicio de la tercera semana y como ya era costumbre, Zuko era el primero en levantarse y dirigirse al comedor, para normalmente encontrarlo vacío. Este día fue la excepción.
Una pequeña niña soñolienta agarraba a un pato-tortuga de peluche con una mano y se tallaba los ojos con la otra al entrar al comedor. La niña no veía muy bien a dónde se dirigía lo que provocó que a la entrada chocara con Zuko, quien apenas había entrado al gran cuarto. El joven volteó a ver hacia abajo, la niña lo miró más despierta. Al principio miró a Zuko con curiosidad, pero luego le dirigió una gran sonrisa. El ahora príncipe, notó que la niña tenía unos grandes ojos dorados que rivalizaban con los de él, la piel algo pálida, más pálida que la de él y el cabello negro y largo. Zuko no pudo hacer otra cosa más que regresar la sonrisa.
-Hola- saludó la pequeña.
-Hola…- contestó él inseguro.
-¿Sabes dónde está mi mami?- preguntó con voz inocente y delicada.
-No… más bien no sé quién es tu mami- contestó Zuko, la niña hizo una mueca de disgusto.
-Prometió que iba a estar ahí cuando despertara y no estaba cuándo lo hice. Ahora tengo hambre, ¡mucha hambre!- explicó la niña, haciendo un puchero. A Zuko le pareció simpática, nunca le habían gustado mucho los niños, a excepción de Kiyi, pero esta niña se le hacía tierna.
-Bueno, entonces somos dos los que tenemos hambre, ¿te gustaría desayunar conmigo, emm…? ¿cómo te llamas? - Zuko pretendía llamarla por su nombre, pero se dio cuenta de que no lo sabía.
-Izumi…- le contestó la niña, agarrando la mano de Zuko y arrastrándolo a la mesa.
Izumi, ese nombre se le hacía familiar a Zuko, sentía que lo había escuchado anteriormente en algún otro lugar. Una vez ahí, la niña alzó los brazos para que Zuko la sentara en una de las sillas altas, aún era muy pequeña para sentarse por sí sola. El chico pidió té, leche caliente y algunas galletas de chocolate para él e Izumi. Ambos desayunaron entre risas e historias de la niña y pasadas una o dos horas, Zuko casi sintió que había formado un vínculo con su pequeña acompañante.
Izumi seguía aferrada a su peluche, hasta que en una de las risas compartidas, tiró a su pequeño amigo al piso.
-¡Oh! Espera…- Zuko se agachó por el peluche y se lo dio a Izumi.
-Gracias por salvar a Zuko- le agradeció Izumi a Zuko, dejándolo perplejo.
-¿Cómo dijiste que se llama?
-Zuko, Azula solía contarme historias en la noche sobre un chico llamado Zuko con el que ella tuvo muuuuchas aventuras… pero me las contaba en secreto porque mi mami se pone triste cuando le hablan de él y Azula me dijo que nunca, nunca, nunca debía de mencionar el nombre de Zuko delante de mi padre- contestó la niña con su sonrisa intacta. Fue ahí cuando Zuko se percató de que Izumi era la hija mayor de Mai.
-¿Azula?
-Sí, Azula. Mi hermano Tom-Tom dice que ella era mi hermana mayor, pero a Azula no le gustaba que yo le dijera hermana, así que yo la llamaba sólo Azula- explicó Izumi jugueteando con sus pies.
-¿Hermano Tom-Tom?- preguntó Zuko aún más extrañado al recordar el nombre del hermano menor de Mai.
-Mi mami dice que en realidad es mi tío, pero yo le digo hermano, porque mi tía Ty Lee dice que los hermanos crecen juntos y se quieren, y también dice que él y yo parecemos hermanos, por eso yo le llamo hermano.
En la mente de Zuko se comenzaron a formar muchas más preguntas de las que ya tenía, pero antes de que pudiera preguntarle algo más a la niña, Mai apareció en el comedor.
- ¿Izumi? ¿Qué haces aquí? - preguntó Mai alarmada.
-Desayunando con él, mami- contestó la niña, feliz de ver a su madre.
-Te dije que no quería que en estos días estuvieras rondando por el palacio sin supervisión- dijo Mai con el ceño delicadamente fruncido.
-Lo siento, mami- contestó la niña un poco abrumada.
-¿Dónde está Akemi?- preguntó Mai, refiriéndose a la niñera de Izumi y dama de compañía.
-No lo sé, desperté y ya no estaba, creo que está con mi hermanito. Pero mami, tu prometiste que ibas a estar ahí cuando yo despertara- la niña hizo un puchero. Mai no pudo evitar sonreír.
-Lo siento, pero siempre despiertas tan temprano…-se excusó la Reina con su pequeña sonrisa todavía intacta. –Oye, eso no quiere que puedes hacer lo que quieras y desobedecerme- le dijo Mai, regresando a su postura de madre.
-Pero tenía hambre, mami y lo encontré a él y me dijo que desayunara con él y le dije que sí- explicó la niña, sonriéndole a su madre.
-¿Qué te he dicho de hablar con extraños?
-Pero él no es un extraño, es mi nuevo amigo- dijo Izumi, burlona.
-¿Qué voy a hacer contigo, Izumi?- dijo Mai soltando un suspiro.
-No me molesta…- dijo Zuko, haciéndose notar.
-A ti no, pero a mí sí- dijo Mai fríamente.
-Él me cae bien, mami. Me contó sobre su bisonte volador. Dice que está en nuestros establos. También me habló sobre su dragón.
- ¿Ah sí? – contestó Mai incrédula, ¿de qué estaba hablando su hija?
-Sí, dijo que me llevaría de paseo. ¿Él te agrada, mami?- preguntó la niña consternada por el evidente rechazo de Mai.
Mai no sabía qué contestarle a su hija. No quería decirle algo que complicara más las cosas o provocar que la niña hiciera más preguntas que ella no pudiera contestar.
-Tal vez…- logró decir Mai, después de un rato.
La chica se dirigió hacia dónde Izumi estaba sentada y le dio un pequeño beso en la cabeza, cuidando de no hacer contacto visual con Zuko. Sin embargo, él la observaba y nunca había visto a Mai ser así de cariñosa con nadie, excepto con él…
-Oye, ¿cómo te llamas? Si vas a ser mi amigo tengo que saber tu nombre- al parecer, Izumi se dio cuenta de que no sabía el nombre de su nuevo amigo.
-Me llamo Zuko.
-¡¿En serio?! ¿Cómo mi pato-tortuga? ¡¿Cómo el héroe de las historias de Azula?!- dijo Izumi, casi gritando.
-Sí, como él.
-¿Escuchaste eso, mami?- preguntó la niña a su madre, quién parecía palidecer con cada palabra que la niña decía. Mai se limitó a asentir y pasó una mano por el cabello de la pequeña.
-Tal vez ella no hablaba del mismo Zuko- dijo el príncipe, tratando de cortar el ambiente tenso entre él y Mai.
-Hablaba de ti, estoy segura, ahora lo recuerdo. Pero… ella se confundió de lado con la cicatriz- contestó la niña divertida.
-Izumi… no debes de hacer esa clase de comentarios- la regañó Mai.
-Lo siento…
-No importa, ¿quieres tocarla?- Zuko no sabía por qué estaba haciendo eso. Nunca una persona había tocado su cicatriz en tan poco tiempo de conocerlo.
Izumi asintió y acercó lentamente su pequeña mano hacia la cara de Zuko. La niña tocó suavemente los bordes de la cicatriz y luego por dentro, provocando que el príncipe cerrara el ojo y sonriera por el toque tan suave de Izumi. El chico no podía decir mucho de la niña, sólo tenía unas horas de conocerla, pero casi podía sentir que la conocía. Tal vez era el vínculo familiar que los relacionaba.
-¿Te duele?- preguntó Izumi regresando a tocar los bordes de la cicatriz, con un leve tono de preocupación en su voz.
-A veces, ya no tanto como antes, el dolor suele regresar- admitió Zuko.
-¿Te duele ahora?- preguntó la niña, curiosa.
-Casi nada.
Izumi se subió a la silla para posteriormente subirse a la mesa y quedar exactamente frente a Zuko. Mai estaba a punto de regresar a la niña a su lugar en la silla y explicarle que subirse a la mesa no estaba bien, pero se detuvo al ver que su pequeña hija tomó entre sus dos pequeñas manos el rostro del hombre y se acercó a plantarle un pequeño beso en dónde yacía la cicatriz. La Reina pudo ver que Zuko esbozó una amplia sonrisa ante el acto de la niña, pero a su vez, Mai no pudo evitar sentir una pesadumbre en el pecho. La pelinegra no quería que Izumi se encariñara con el príncipe, ni él con ella.
-Cuando me duele algo, mi mami suele darme besos y se me quita, ¿se te quitó el dolor?
Zuko tomó las pequeñas manos de Izumi entre las suyas y le dio un beso en la frente, volteó a ver a Mai, quién tenía la mirada fija en el muro detrás de él y notó que su respiración era pesada.
-Se me quitó el dolor, muchas gracias Izumi- la niña sonrío satisfecha ante el comentario del chico.
Mai estaba a punto de quitar a Izumi de las manos de Zuko, pero la nana de la niña entró al comedor.
-Mi señora…- dijo Akemi, en un tono altamente preocupado. Mai levantó la mirada hacia la otra chica y su semblante se endureció.
-¿Me quieres decir por qué no estabas con Izumi cuando despertó?- preguntó la aún Reina Fénix, con tono enojado.
-Mi señora, es que yo…- antes de que la niñera pudiera terminar la frase, Mai la interrumpió.
-¿Sabes lo que le pudo haber pasado a mi hija mientras estaba sin supervisión? ¿Te lo puedes imaginar? Akemi, si no puedes hacer el trabajo o si necesitas ayuda, dímelo para conseguir a alguien más…
-Mi señora, es Kazuo, tiene mucha fiebre.
-¿Que mi hijo qué?- preguntó Mai en la voz más gélida que Zuko había escuchado jamás.
-Tiene mucha fiebre…- repitió Akemi temerosa.
-¿Desde qué hora?
-Desde la madrugada, mi lady.
-¿Y por qué, en el nombre de Agni, me estás informando hasta ahorita?
-Traté de bajarle la fiebre, pero…
-¡Pero nada! La próxima vez, en cuanto a alguno mis hijos les pase algo, me informas de inmediato- Mai estaba exasperada.
-Lo siento, mi señora.
Mai volteó a ver a Izumi, la niña estaba sentada en el regazo de Zuko, escondiendo su cara en el pecho del chico debido a su miedo por el enojo repentino de su madre. La pequeña tenía aferrado al pato-tortuga en su pecho. Mai soltó un suspiro y le habló a una de sus damas.
-Matsuri, llévate a Izumi a jugar al jardín con Tom-Tom.
-El carruaje para llevar al joven Tom-Tom a la escuela ya estaba listo, mi lady. ¿Les indico que ya no será necesario?- contestó la dama, también algo asustada por la rabia de Mai.
-Si te estoy diciendo que lleves a Izumi con Tom-Tom a jugar al jardín es porque no va a ir a la escuela… ¿tengo que explicarlo dos veces?
-No, mi señora- la dama hizo una reverencia ante Mai.
La Reina Fénix caminó hacia Zuko y le quitó a la niña del regazo. Izumi parecía aún asustada, pero Mai pasó su mano por el cabello de su hija, le dio un beso en la mejilla y le dirigió una pequeña sonrisa.
-Vas a pasar el día con Tom y Matsuri, ¿de acuerdo?
-¿Y mi hermanito?- preguntó la niña, asustada.
-Él va a estar bien, no te preocupes- Izumi se limitó a asentir.
Mai pasó a Izumi a brazos de Matsuri, la dama se volteó y comenzó a salir del comedor, pero antes de que fuera poco visible, Izumi levantó su pequeña mano y con una sonrisa triste le dijo adiós a Zuko.
-Llama al doctor de inmediato, dile que si no está en la habitación de mi hijo en cinco minutos, yo misma lo mato- le dijo Mai a una asustada Akemi.
-Mi señora…- Akemi se inclinó ante Mai y salió corriendo a buscar al doctor.
-Sora…- Mai llamó a otra de sus damas.
-Lady Mai- se inclinó la otra chica.
-Llama a Renzo en este instante y dile que Kazuo está enfermo, que lo quiero en la habitación de mi hijo ahora.
-Si Lady Mai.
Mai salió corriendo del comedor y Zuko tras ella.
Nota del autor: La hija de Mai hizo su aparición… ¿les gustó el capítulo? Me gustó mucho escribir las partes de Izumi, explorar en la mente de un niño es interesante. ¿Sugerencias, comentarios, quejas? Todo es bien recibido. Muchas, muchas, muchas gracias a todos los que me han dejado mensajes y reviews, me hacen muy feliz. ¿Alguien ansioso por el siguiente capítulo?
GirlFanatic30.
