CAPITULO 10: CONFESIÓN Y NUEVOS AMIGOS

La armonía era perfecta, la coordinación de sus movimientos era inverosímil, la destreza demostrada era increíble. Y así podríamos seguir describiendo al equipo de Quidditch de Gryffindor, quien tenía un dominio absoluto sobre el campo de juego y las diferentes pelotas del mismo. La Quaffle no abandonaba nunca las manos de los expertos cazadores. Las Bludgers eran golpeadas una y otra vez por los experimentados golpeadores. Y por si todo esto no fuera suficiente para que un espectador se desmayara, el imbatible buscador atrapaba a la Snitch numerosas veces, y casi no la perdía de vista. ¿Qué más se podía pedir? O mejor dicho, ¿qué más podían pedir los pertenecientes a la casa Gryffindor, cuando su equipo era por completo profesional? El espectáculo que brindaban los jugadores en ésta práctica en especial, era completamente asombroso.

Sin embargo, con el rápido pasar del tiempo, el agotamiento se hacía presente en una jugadora en particular. Katie no había tenido una buena noche, se había desvelado por interminables horas. Y aunque ella había dado su mayor esfuerzo por sus compañeros, ahora que se encontraba física y mentalmente agotada, su perspicaz cabecita comenzaba a pensar en cosas que no estaban muy ligadas a las jugadas programadas por su capitán. En estos últimos días, la rubia había puesto un gran empeño en no pensar en cierto galán de ojos grises. Y aunque antes ella adoraba las prácticas de su deporte favorito, ahora le estaban jugando una mala pasada. Sencillamente lo que ocurría es que su mente se distraía y deliraba acerca de un tal Black. Esto comenzó a afectar su rendimiento de juego, y para su capitán Potter que también era un cazador como ella, esto no pasaba desapercibido.

James estaba realmente concentrado en su tarea como cazador, pero no se olvidó ni por un segundo de que él también era el capitán del equipo. Lo que significaba que debía prestar atención a los movimientos del resto de los leones. Ésta tarea era sumamente complicada, pero él la realizaba muy gustoso y orgulloso. Esa noche se encontraba especialmente satisfecho; el sábado iría con Lily a Hogsmeade, y su equipo era el mejor de todos sin duda alguna. Cuando estaba a punto de acabar con la práctica, se dio cuenta de que una cierta rubia estaba bastante distraída. Y cuando vislumbró el objeto de su atención, se sorprendió sobremanera al saber que era su amigo Canuto. Finalmente hizo sonar su silbato dando por terminado el juego, y se dirigió a los vestidores.

Mientras James se vestía, decidió hablar con Kate Bennet. No es que fueran amigos precisamente; pero el conocía muy bien a Sirius, y ella a Lily. Tampoco él era un simple interesado egoísta, de verdad tenía intenciones de ayudarla de alguna manera. Pero no sabía cómo demonios empezar la charla, aunque lo que tenía claro es que debían hablar completamente a solas. Otra complicación más.

Aunque por esa vez, la suerte estuvo al lado de Potter, ya que los más rezagados en vestirse resultaron ser él mismo, Canuto y Kate. ¿Sería una cuestión de suerte o del destino? Nadie sabe. Y acto seguido el de gafas se acercó a Sirius para decirle en el oído:

- Por favor Canuto, déjame a solas con Bennet que necesito urgentemente hablar con ella.

- Está bien. - dijo después de cierta vacilación Sirius. Pero para sus adentros pensó, ¿Qué demonios quiere James con Kate? ¿No que él estaba interesado en la pelirroja? ¿Y ahora qué tanto se trae entre manos con mi rubia?... Un momento, ¿pero qué estupideces estoy diciendo? ¿Desde cuándo Bennet es Kate? O mejor aún, ¿desde cuándo Kate es mi rubia? Por Merlín, alguna maldita Bludger debió haberme golpeado la cabeza muy fuertemente... No me importa en lo más mínimo lo que Cornamenta quiera con ella, ¿o sí?... ¡No! ¡Por supuesto que no! Mejor me voy a dormir...

Cuando estaba a punto de salir de los vestidores, Kate se sorprendió al darse cuenta de que estaba sola con Potter, y de que él se estaba acercando a ella.

- Kate, ¿podemos hablar un minuto, por favor? - le preguntó James ya a su lado. Potter no sabía muy bien cómo empezar. Pero estaba seguro de que si le preguntaba directamente si sentía algo por Sirius a parte de odio, ella no le respondería o le mentiría. Por lo tanto decidió que lo mejor sería que fuera él el primero en confesar sus sentimientos.

- Eh... bueno está bien. Aunque no creo que tengamos mucho en común para hablar. Excepto que me quieras decir algo de Quidditch - respondió la rubia.

- Sí y no.

- ¿Disculpa?

- Sí, que no tenemos tantas cosas en común. Y no; que no te voy a hablar de Quidditch.

- Entonces, ¿podrías explicarte mejor? Me exaspera que las personas no aclaren nada y no vayan al grano. Te pareces a Lily, sólo que ella suele hacerlo a propósito para enfadarme... - y Kate se calló porque ya estaba hablando de sobra.

- Bueno, es curioso que menciones a Lily, porque es justamente de ella de quien quiero hablarte.

- Mira, si lo que quieres es que te diga cosas, como por ejemplo cómo hacer para conquistarla, puedes irte olvidando de...

- No, no. Tranquila. - la interrumpió el moreno. - Lo único que quiero es que me ayudes, pero de una manera bastante distinta.

- Y cómo, si se puede saber. – respondió la rubia que estaba comenzando a exasperarse de tanta vuelta que estaba dando su capitán. Era una persona bastante impaciente, que prefería que la gente simplemente fuera directa al grano y ya.

- Bien, eh... no sé muy bien cómo decirte esto pero... bueno, lo intentaré... lo que sucede es que...

- Ya escúpelo - espetó impaciente Bennet.

- De acuerdo Kate. Es obvio que tú eres una de las mejores amigas de Lily, y que por lo tanto ella te cuenta lo que siente. Y básicamente, sin más rodeos, quiero pedirte dos cosas.

- ¿Cuáles? - preguntó ella haciendo gala nuevamente de la poca paciencia que tenía.

- Me gustaría mucho que me dijeras si mi intento por conquistar a la mujer de mis sueños es una batalla perdida, y por lo tanto debería conformarme con ser su amigo. No es que no me guste serlo, pero yo estoy perdidamente enamorado de ella hace años, y cada día la amo más si eso es posible. Y no puedo controlar lo que siento, créeme que ya lo intenté, pero la amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con todo mi cuerpo. ¿Acaso hay alguna manera de controlar algo tan fuerte? Yo ya me hice esa pregunta muchas veces y siempre me encuentro con la misma respuesta: no. Porque cada vez que consigo olvidarla por un ratito, cada vez que encuentro algo que me gusta en una chica que no se parece a mi pelirroja; entonces ella se cruza en mi camino, y aunque venga directamente a regañarme, me enamoro locamente de ella como el primer día. Y mi corazón me recuerda que él ya tiene dueña, y esa es Lilianne Evans. - y luego de terminar esta confesión de amor, que había empezado nervioso, hasta James se quedó sorprendido de sí mismo. Como aquella tarde en la Biblioteca cuando defendía a Lily. Nunca creyó que podría hablar de otra persona de esa forma tan especial. Pero tampoco nunca había imaginado que se enamoraría así de alguien.

- Vaya... - y es que eso era lo único que podía pronunciar la chica parada frente a él. Jamás imaginó oír eso de labios del arrogante de Potter. Y mucho menos que lo dijera haciendo referencia a su amiga a Lily. Ahora estaba viendo por fin al verdadero James enamorado de su amiga. Y no pudo más que sentir una inmensa alegría por ella, porque era muy afortunada al tener a alguien que la amara de esa forma tan especial. Por eso es por lo cual hizo lo siguiente. Kate saltó arriba de James y lo abrazó con mucha fuerza. Luego de que se separaron el muchacho estaba sumamente confundido. - Disculpa, pero es que recién ahora me acabo de dar cuenta de que sí amas a Lily en verdad. Y eso me alegra mucho, porque estoy segura de que ambos serán muy felices juntos. Ella es muy afortunada, James.

- ¡Eso significa que sí tengo una oportunidad con Lily! - gritó James radiante de felicidad. - Y no la voy a desaprovechar. Pero en realidad el afortunado soy yo, al contar con su amistad y con una chance para conquistarla.

- Aprovéchala muy bien. Hay una larga fila de chicos que querrían salir con ella. Pero tranquilo. - añadió rápidamente al ver la furia del chico - Ella por ahora no está interesada en salir con ninguno de ellos. Pero me dijiste que querías que te ayudara con dos cosas, y hasta ahora sólo te he dicho que sí puedes llegar a conquistar a Lily. ¿Cuál es la segunda?

- No importa, ya me has ayudado muchísimo.

- Insisto, ahora nosotros dos también somos amigos, ¿o no?

- Claro que sí. Lo segundo era que le hablaras bien de mí a Lily, pero eso no hace falta. Me ganaré su corazón yo sólo.

- De todos modos lo haré. Me caes bien, y es importante que ella lo sepa.

- Muchas gracias entonces.

Y así dieron por finalizada la charla y se dirigieron a su Sala Común. Aunque el muchacho aún no había hablado de todo lo que quería. Todavía quedaba pendiente el temita de Sirius y Kate. Así que en los pasillos, decidió comenzar a hablar nuevamente.

- Escucha Kate, ahora que tú me has ayudado tanto, y de que vas a seguir haciéndolo, me gustaría poder agradecértelo de alguna forma.

- Descuida, lo hago desinteresadamente. O mejor dicho, en interés de la felicidad de Lily.

- Eso lo sé. Pero lo que quiero decir es que no pude evitar notar que estabas un poco distraída al final de la práctica. - ante esto la rubia se puso un poco nerviosa.

- Estaba cansada. Dormí mal, eso es todo. – replicó tensa la muchacha, lo cual la delataba ante los atentos ojos del Gryffindor.

- No quiero molestarte, mucho menos después de todo lo que haces por mí. Es que simplemente me di cuenta de que dirigías la vista más de lo normal hacia un lugar, o mejor dicho hacia alguien. Más específicamente, Sirius. - luego de esto él esperaba que lo negara, por eso lo siguiente lo tomó por sorpresa.

- ¿Tanto se nota? - contestó con un suspiro derrotada. No tenía sentido negar nada, el otro ya se había formado una opinión bastante clara de lo que sucedía, y no tenía la energía para intentar convencerlo de lo contrario.

- Bueno... creo que no. Es que como capitán del equipo debo asegurarme de que todos rindan al máximo, y cuando me di cuenta de que estabas distraída, también noté que mirabas a Sirius. Pero sólo por eso. - ante esto último la muchacha soltó una risita. Parecía como si James quisiera disculparse por darse cuenta de que le interesaba su amigo.

- Mis amigas también lo notaron. Y me torturaron para que les dijera la verdad. - el de gafas se rió por este comentario y Kate prosiguió - Tú no me harás lo mismo, ¿no?

- Bueno, yo sólo saqué este tema a relucir porque de verdad me gustaría ayudarte si sientes algo por Sirius. Pero no tienes que contarme nada que no quieras.

- Ante esa muestra de caballerosidad, no tengo más remedio que contarte la verdad - bromeó Katie. - Y lo cierto es que lamentablemente creo que me gusta más de lo conveniente tu amigo...

- ¿Lamentablemente? – preguntó un tanto ofendido el de gafas. Y es que bueno, estaban hablando de su casi hermano después de todo.

- Mira James, no te lo tomes a mal, pero tú ya sabes la fama de rompecorazones que cosechó Black. Y bueno, yo sinceramente no creo que cambie nunca. Él es un mujeriego que parece ser incapaz de querer verdaderamente a una sola mujer. Esa es la realidad.

- No lo juzgues antes de tiempo, Katie. Él no es como los demás piensan que es. En realidad ha vivido situaciones muy difíciles por lo que su comportamiento podría llegar a entenderse. – saltó en defensa de su amigo Canuto. Y era verdad, el entendía todo por lo que el otro había pensado, así que intentaba justificar sus acciones ante la chica.

- Comprendo que lo defiendas, pero no lo estoy juzgando antes de tiempo. Lleva varios años con esa actitud, y nadie que yo conozca cree que cambiará. No creo poder llegar a entenderlo nunca.

- Primero que nada, tampoco creías en mí y míranos ahora. - en eso tenía razón. - Además, te aseguro que si conocieras su verdadera historia, podrías llegar a compadecerte de él.

- No lo creo. Por otro lado, ése es justamente el problema: nadie lo conoce bien. - y como James enarcó una ceja se apresuró a añadir - Al menos nadie que no sea un Merodeador.

- De acuerdo. Te propongo una cosa. Te contaré algunas cosas de Sirius, de su pasado. Y tú debes ser sumamente sincera, ya que si te compadeces o sorprendes, deberás permitir que ambos se den una oportunidad para conocerse más. Lily me la dio y mira cómo estamos ahora. Si quieres, pueden ser sólo amigos, tú decides. ¿Aceptas?

- Claro. No hay nada de Black que pueda sorprenderme. - respondió tranquila Katie.

- Muy bien. Entonces prepárate.

En ese momento ambos habían entrado en la Sala Común y se estaban sentando en unas cómodas butacas. No necesitaban bajar la voz porque eran los únicos que permanecían despiertos. Entonces James comenzó a relatarle la historia acerca del difícil pasado de su amigo Canuto. Le dijo que creció en un ambiente muy distinto, que se peleaba mucho con sus padres quienes seguían las ideas de la pureza de sangre y la intolerancia hacia los muggles. Él los desafiaba continuamente porque no estaba de acuerdo con esas ideas. Luego, las discusiones empeoraron notoriamente cuando entró en Hogwarts y fue enviado a Gryffindor. Sirius estaba que no cabía en sí de gozo, pero en su familia lo veían como a la oveja negra. Aunque eso a él no le importaba, decía que le gustaba marcar las diferencias entre él y quienes se hacían llamar sus padres. Éstos últimos lo maltrataban constantemente, y más tarde lo comparaban con su hermano menor Regulus, quien sí fue a Slytherin y se la pasaba molestándolo. Mientras más años pasaban, peor se hacía la vida de Sirius en su casa, dónde era humillado constantemente. Hasta que en un punto se hizo insostenible, y Sirius huyó de su casa. Así cortó con cualquier lazo de parentesco con su familia. Y se dirigió al hogar de los Potter, que lo sentía más como su verdadera casa que el número 12 de Grimmauld Place. Cuando terminó con su historia, James observaba apenado a una Kate asombradísima y boquiabierta.

- Ahora que sabes todo esto, no me puedes decir que no entiendes aunque sea sólo un poco a Sirius. - le dijo el chico.

- Yo... no sé qué decir...

- No digas nada entonces. Sólo piensa si no es injusta la percepción que tienes de él. Piénsalo, y luego dime si crees que merece una oportunidad o no. Respetaré tu decisión sea cual sea, lo prometo. Buenas noches.

Y sin más se fue a su dormitorio, dejando a Kate sola en la Sala Común. Pero ella no necesitaba pensar nada. Porque ya sabía la respuesta. Ella estaba enamorada de Sirius Orión Black, por lo que no dudaría un instante en darle una oportunidad para conocerse.

En el cuarto de los chicos de séptimo, Sirius esperaba impaciente a que Cornamenta llegara. No sabía bien por qué lo hacía. Pero necesitaba urgente saber qué demonios quería James con Bennet. Cuando James se asomó por la puerta, Black lo agarró del cuello de su camisa y le dijo:

- Ya mismo me dices ciervito qué tanto tenías que hablar con Kate, que vuelves a estas horas.

Por toda respuesta James se rió estruendosamente. Sospechaba que Sirius sentía algo por su nueva amiga Kate, y ahora lo confirmaba.

- Tranquilo Canuto. ¿Qué te pasa? ¿Desde cuando la llamas Kate? ¿Por qué te quedaste tú despierto esperándome? Y por último, corrígeme si me equivoco cachorrito, pero ¿acaso eran celos lo que noté en tu voz?

- No me pasa nada. Kate es su nombre, ¿no? ¿Entonces por qué no puedo llamarla así? No me podía dormir. Y, claro que te equivocas, yo jamás he estado celoso. – contestó como autómata a la serie de preguntas del otro animago. La verdad es que siempre podían hablar de esa manera sin confundirse por la cantidad de preguntas o respuestas.

- Seguro. Lo que tú digas. Ahora mejor vamos a dormir.

- ¿Y no me vas a decir de qué hablaban Bennet y tú?

- No. Hasta que no me digas la verdad acerca de lo que sientes por Kate, no. - respondió astutamente Potter.

- No tengo nada para decirte. Buenas noches. - concluyó Sirius.

- Igualmente perrito mentiroso y celoso. - dijo con una gran sonrisa. Como única respuesta, recibió una almohada en la cara de parte de Black. Pero él no se molestó, estaba seguro de que su amigo casi hermano estaba en proceso de enamorarse.